El gran negociador

 

Todos los días leo y escucho, a pensadores de todo origen y pertenecientes a las más diversas tribus, decir que en España no hay una negociación política para formar gobierno porque nadie quiere negociar. Esta afirmación, tan válida como hipótesis como la contraria (que no hay negociación porque no hay dos o más que quieran negociar), descarrila en cuanto la contrastamos con los hechos.

Hace mucho tiempo conocí a un abogado que se intitulaba “el gran negociador”. Se trasladó al común ese autoapodo gracias a un antiguo compañero de despacho algo cabroncete. Su estrategia siempre consistía en negarse a negociar de entrada. No niego que esto pueda servir a veces, pero si lo pensamos con calma, veremos que la mejor manera de no negociar —si ese es tu objetivo— es empezar a negociar algo y luego empantanar la discusión hasta que aparezca eso que los cursis llaman tu ventana de oportunidad. Si te niegas a iniciar una negociación, gastas tus balas, por lo que más te vale que la ventana esté allí, delante, abierta a un prado feliz y el otro se baje los pantalones automáticamente. Si te niegas a negociar y luego negocias, sin embargo, ya le estás diciendo al otro que tu fortaleza era una impostura. Ceder se convierte en una rendición. Para el que admite iniciar una negociación, sin embargo, ceder es un acto procesal natural y cada cesión un despliegue de trebejos.

Todo esto viene a cuento de lo que sigue: el PSOE nunca, en la anterior legislatura, quiso sentarse a hablar con el PP. El PP sí quiso hacerlo con el PSOE. Aclaro, para los que vendrán con matices, que me refiero a lo que dijeron abiertamente y con profusión de énfasis. Si el PSOE no quería negociar nada, hizo lo correcto. Luego hubo elecciones, ya sabemos lo que pasó y se repiten sus respuestas. En cuanto a Ciudadanos, no sé bien qué pretenden sus dirigentes. Afirman que no negocian nada (nada que tenga que ver con formar gobierno), pero a la vez conceden —como el sacerdote que hace una ofrenda— la abstención. Parece que se trata de hacer lo mismo que el PSOE: contentar a sus votantes con un mínimo. Es decir, abrir y cerrar el proceso con un solo acto que les etiquete, en vez de influir de verdad. Para el PSOE el acto equivale a un nunca con la derecha (ahora las derechas), para Ciudadanos es un nunca con Rajoy.

Si esto es así, y vuelvo al principio, efectivamente no hay negociación, pero no porque nadie quiera, sino porque el PSOE y Ciudadanos no quieren. No podemos afirmar esto del PP. No hay ningún test que demuestre que el PP se niega a negociar, puesto que afirma estar dispuesto a formar un gobierno de gran coalición. Solo podríamos afirmar esto si se iniciasen unas negociaciones y viéramos que la posición del PP, de tan intolerante y tan exigente (considerando su propia fuerza parlamentaria en comparación con las de otros), es una prueba de que realmente no tiene interés en negociar. Nada de esto ha ocurrido.

La razón fundamental es puramente dramática. La llamada negociación no es, en este momento, más que una función teatral abortada. Hay tres autores (bastante malos, por cierto) de la obra, pero no se ponen de acuerdo en la trama porque tienen miedo a los abucheos del público, de partes diferentes del público. Todos quieren adueñarse del relato, pero solo hay un relato, el del PP, en el que es posible negociar.

Decir que Rajoy es también culpable de que no se negocie cuando los otros ni siquiera están dispuestos a discutir la posibilidad de un acuerdo es absurdo. No, es algo peor: es un ejercicio de equidistancia.

Cuando, además, sería fácil poner la cara colorada al PP y a Rajoy si es cierto que no quieren realmente negociar. Bastaría con hacerlo.

Como ni el PSOE ni Ciudadanos hacen esto, yo me limito a no ir más allá con mis interpretaciones y creer exactamente lo que dicen. No quieren negociar con el PP, Ciudadanos se abstendrá, el PSOE votará no, habrá terceras elecciones y estaremos durante unos meses soportando el coñazo de los que quieren vender sus ficciones como realidades.

Salvo que descubramos que la obra es, en realidad,  una comedia francesa de esa con puertas que se abren y cierran, en la que uno de los personajes se cree un gran negociador. En tal caso, las risas estarán garantizadas y la obra seguirá en cartel muchos años, con abundante éxito entre las clases medias y la población adulta.

 

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9 comentarios en “El gran negociador

  1. Eso es lo que hacía Kissinger. “Cuando alguien pone los principios encima de la mesa, me levanto y me voy, porque se supone que con los principios no se negocia”.

  2. El test que pides ya se hizo antes de las segundas elecciones, y el resultado fue claro y contundente: el PP en todo momento se opuso y se opondrá a cualquier gobierno que no sean ellos en sus condiciones. Darle un valor no nulo a una “voluntad de negociación” del PP ahora (declaración que es completamente gratis si sabes que el otro lado pasa de ti) es, efectivamente, comprar el relato del PP (literalmente el mismo PP que asombró al mundo con su “voluntad de negociación” la pasada legislatura). La voluntad de negociación se demuestra haciendo concesiones, no con “palabras”, “relatos”, o proclamas de que todo el que no compre el relato que toque no es suficientemente “Maduro”.

  3. Al final todo se reduce a que gana y que pierde cada uno con sentarse a negociar.

    Ciudadanos no tiene mucho que ganar. Su tamaño parlamentario no es decisivo y su fuerza de negociación, débil. Por contra, gobernar con el PP tiene un gran riesgo de caer en el abrazo del oso. Su base electoral es débil y de adquisición reciente. Son votantes que no les importa cambiar de partido y por tanto mas proclives a volver a cambiar. Su única baza es intentar conseguir algo realmente significativo a ojos de sus votantes. Y, claro, un nuevo marco laboral, una justicia mas independiente o una simplificación de la administración serían significativas pero dudo mucho que para el común de sus votantes se aprecie como un gran logro (que lo sería). Por eso piden la cabeza de Rajoy como gran emblema del cambio. Sin duda poco relevante para cambiar las cosas pero muy relevante en términos “politológicos”.

    El PSOE si tiene una minoría decisiva para formar gobierno, pero electoralmente está muy tocado y pactar con el PP le puede erosionar mas aún su electorado por la izquierda. Sin duda en un gobierno de gran coalición conseguirían mucha influencia, pero para conseguir sobrevivir a ella necesitarían un líder carismático y fuerte en el partido, algo que no se da ahora mismo, en mi opinión.

    El PP tiene cubierto el flanco derecho, por lo que cualquier cesión hacia la izquierda tendría un impacto limitado es sus resultados futuros. Por otro lado, los gobiernos de coalición suelen favorecer al socio mayoritario en las siguientes elecciones por lo que su coste político de pactar es mucho mas bajo que el de sus rivales. Aceptar la renuncia de Rajoy como pide Ciudadanos no sería relevante para llevar a cabo sus políticas, pero con la estructura de poder del PP resulta muy poco probable que se acepte, mas cuando un no-pacto tampoco parece que les pueda perjudicar mucho.

    En resumen, las diferentes estrategias de pacto (o no-pacto) de los partidos nos pueden parecer mas o menos éticas, pero en las cúpulas de los partidos a nadie le importa eso. Solo actúan de la forma mas racional (léase egoísta) siguiendo sus intereses.

  4. D, no. Es bastante evidente que el PSOE en la anterior legislatura no quiso ni sentarse a hablar con el PP. Como comprenderá, no me voy a poner a buscar las pruebas. Por lo demás, es gracioso que usted diga que el PP tiene una voluntad nula de negociación y si dice otra cosa es porque el otro ni se sienta a negociar. Por lo visto, el PP tiene que demostrar que quiere negociar cediendo en cosas muy importantes antes incluso de que los otros admitan estar dispuestos siquiera a sentarse. Qué cosa más extraña.

  5. Las condiciones que acaba de poner Rivera son para que Rajoy diga “de acuerdo”, y luego ya se verá…
    Más allá de los posicionamientos iniciales ahora veremos la realidad.

  6. Después de hacer este comentario me puse a escuchar la COPE. La idea general entre opinadores y oyentes de la cadena era la que expresaba una mujer: ¿Quién son estos para pedir tanto si quedaron cuartos? Pedir tanto… Papistas.

  7. Tal vez uno de los actores quiere negociar con un cuarto actor (y quinto, y sexto…) que todavía no han asomado en este juego de puertas que se abren y se cierran. El problema es que su imponente papá, desde un palco, ve con malos ojos este giro de la trama, pues llevaría el drama a inmolación y tragedia. Así que el chico evoluciona cómicamente por el escenario a la espera de que la imposibilidad de un desenlace le permita adueñarse por fin del relato y montarla bien montada, mientras se encoge de hombros mirando a papá con cara de “no tuve más remedio”.

  8. D. Tsevanrabtan, no. Que el otro se niegue simplemente sentarse a negociar (asumiendo por otro al PSOE) obviamente no niega la capacidad negociadora del PP, como precisamente ese mismo hecho no sirve para demostrar que la tenga. Ha entrado en un absurdo.

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