Solo reconozco dos autoridades: Cataluña y el Señor nuestro Dios

 

Hay un programa de Catalunya Ràdio que ayer publicó una encuesta en tuiter. Es esta:catrad

El tuit es interesante por una razón. Leído, no ya literalmente, sino conforme a su sentido natural, lo que hace es preguntar a los tuiteros si están dispuestos a llegar a cometer un delito. Impedir físicamente que se juzgue a un acusado es delito en todas partes. También en España. Un delito muy grave, por cierto, con independencia de en qué consistiese esa actividad física (que también podría ser delictiva: imaginemos delitos de atentado, lesiones, homicidio, etc.).

Sin necesidad de plantear la hipótesis de la incitación más o menos sutil a la comisión de delitos (que podría plantear basándome en la extrañeza de una encuesta de este tipo —salvo que ya está alguna unidad policial investigando a grupos organizados que quieran cometer actos de esta naturaleza— y en el hecho de que lo primero que me haya encontrado al entrar en la web del programa en cuestión sea un artículo que habla de la caspa de la fiscalía y la dignidad del acusado) y, sin necesidad de plantear si es irresponsable que se haga una pregunta como esta, no cabe otra interpretación que mantener que lo que hace el medio es preguntar justo lo que acabo de describir.

Sin embargo, resulta que no. El programa de radio explicó más tarde que:catrad2

Esta aclaración es maravillosa. Digamos que es un ejemplo prístino de algo sobre lo que vengo escribiendo desde hace años.

El secesionismo está basado en el uso permanente de la mendacidad. Y los secesionistas aplaudieron a Mas porque veían en el político a un campeón de la mendacidad al servicio de fines comunes. Creían que el expresidente catalán, con su juego de mentiras, “engañaría” al Estado. Que la “jugada” del referéndum trucho era una jugada genial, porque bastaba con decir una cosa y hacer otra. Que Mas, al torcer el significado de las palabras, no se estaba comportando como un trilero, sino como un héroe, mezcla de Sun Tzu y Mijaíl Tal. Y así llevan años, amagando como el que ensaya frente al espejo arremetidas de macho alfa y aplaudiendo las retiradas “tácticas”. Han llegado a practicar tanto y tan profundamente este vicio, que se han convencido de que pueden hacer creer que cualquier cosa significa cualquier cosa. Así, cuando sobrepasan una línea roja con la puntera, con el otro pie le echan la culpa a los demás de malinterpretar los términos. Su grosero abuso de palabras como democracia, historia, pueblo y nación, estimulado con la complicidad del personal (siempre dispuesto a apuntarse al mainstream), ha provocado que crezca en ellos un poderosísimo sentimiento de inmunidad. Piensan, como mucho otros antes, que la Historia les absolverá.

La anterior es la interpretación bondadosa. Hay otra mucho peor: desconocen el significado de las palabras y, por tanto, el secesionismo, más que un diseño político, sería un error semántico. Según esta hipótesis, no habría que mandar a Cataluña psiquiatras (como dijo Boadella) sino millones de diccionarios. Yo no creo que Cataluña necesite psiquiatras (no más, al menos, que Madrid o Vigo). Los catalanes son secesionistas como podrían serlo los madrileños; es solo que han tenido estímulos, oportunidad y mala suerte, y una estupidez esencial y fatua ha sustituido a las estupideces transitorias como tema de conversación. El triunfo del tema único, esa ha sido su desgracia, aderezada con un complejo de superioridad que ha dado protagonismo a los más bobos de cada casa. Tampoco creo que haya que enviar diccionarios. Prefiero pensar que los secesionistas son conscientes de que están soltando trolas a carretadas, y que se justifican cuando leen y admiten ese segundo tuit embustero pensando que la verdad es menos importante que el destino de las naciones y que lo que piensen esos putos españoles de mierda.

Es uno de mis defectos: prefiero un embustero a un imbécil. El embustero puede, como el coronel Jessep, caer en la trampa: está deseando admitir que sabe que lo que dice es mentira. El imbécil repetirá, hasta el fin de los tiempos y sin vacilación en su voz, que tiene en su mesilla de noche solo dos libros, 100 motius per ser independentista y la Biblia del rey Jacobo.

 

5 comentarios en “Solo reconozco dos autoridades: Cataluña y el Señor nuestro Dios

  1. Ah, amigo bolaño, pero cómo el discurso organizado y estridente se apropia de la masa de la totalidad y la proyecta como un arma, aprovechando la inacción de los que desean una aproximación más racional y sensata al asunto y los que simplemente quieren ser dejados en paz…

    Respecto al dilema entre estupidez y mendacidad, por desgracia mi experiencia me advierte de que la realidad puede ser aterradora… cuántos buenos amigos tengo por toda Cataluña, grandes personas de trato afable, que cuando surge el asunto secesionista se convierten en meros voceros fanáticos de un discurso grabado a fuego desde su infancia…

  2. Por suerte ya nos han aclarado en otro tuit que todo se debe a una errónea interpretación del concepto “impedir un juicio” y del adverbio “físicamente”, y que la propuesta de participación a la audiencia surgió de las pacíficas reflexiones de un exconseller que, según el diario ABC, en 1992 reconoció ante el juez Carlos Bueren en haber participado en la comisión de dos atentados con bomba cuando militaba en la ya disuelta organización terrorista Terra Lliure.

  3. Carlo Maria Cipolla, Allegro ma non troppo:
    El estúpido es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.

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