Un debate epistemológico de puta madre

 

Leo que Iglesias elogia el panfleto. Y yo elogio su sinceridad. Los diputados de Podemos, liderados por Iglesias, son partidarios entusiastas de la acción. En cierto sentido eso es lo que es un panfleto. No digo que no pueda haber inteligencia detrás de un panfleto, pero por definición esa inteligencia no se dirige a desarrollar un argumento. El panfleto es breve, manipulador, a menudo difamatorio y siempre es contra alguien o algo. El que usa panfletos puede que quiera convencer, pero desde luego no está dispuesto a ser convencido. Por eso el panfleto es una llamada a la acción: tengo razón y punto, tú eres un mierda y si protestas te arreo un mamporro. Un panfleto es, en suma, una muestra de mala educación. También es una muestra de mala educación entrar en un parlamento y dedicarte habitualmente al teatro (ellos lo llaman visibilización), utilizando cartelitos, camisetas y eso tan poco moderno que ahora se conoce como lenguaje no verbal. Esas representaciones simbólicas tan poco sofisticadas y esas consignas panfletarias, además, son una demostración de clasismo. Ciertas “élites” siempre han creído que sus análisis de la realidad son demasiado complicados y que al pueblo hay que dirigirlo. Como la gente es idiota y no sabe lo que quiere, ni comprende las profundas trampas del sistema, capaz de crear una superestructura que enmascara la realidad de la dominación, a esa gente hay que engañarla con píldoras que suenen rotundas y cojonudas, que no nos exijan pensar demasiado y en las que la culpa siempre la tenga otro.

El hombre de acción no cree en al acuerdo, no cree en el razonamiento. Cree en el movimiento. Ellos ya han localizado el lugar en el que se sitúa el mal, han formalizado sus explicaciones circulares y ya saben cuál es la forma de acabar con aquel. Básicamente poder aplicar sus programas, que son una versión ampliada de su visión panfletaria: la manifestación permanente, la movilización permanente, la búsqueda permanente del enemigo exterior o interior hasta que la realidad coincida con sus explicaciones. Nunca el acuerdo imperfecto, la rendición de cuentas o el análisis limitado y objetivo de lo que hacen y de sus contradicciones.

Para el hombre de acción, un parlamento es un obstáculo, salvo que lo controle. Los parlamentos son un coñazo: hay reglas de intervención, presentación de propuestas y debate; en ellos se cuentan votos y hay turnos de palabra; hay comportamientos sancionados, entre ellos los que más gustan al hombre de acción; en ellos se hacen leyes, pero lentamente, después de discusiones técnicas en las que intervienen personas aburridas que se empeñan en que las normas sean coherentes y tengan alguna lógica interna. Los parlamentos tienen competencias y no lo pueden todo.

El hombre de acción prefiere al camarero del bar del Congreso, antes que al diputado de otro partido, y si por él fuera, cagoendiós, para acabar la jornada tomando algún despacho a hostia limpia.

Por cierto, esta entrevista es fantástica. También recomiendo esta otra, igual de profunda.

 

3 comentarios en “Un debate epistemológico de puta madre

  1. No he visto jamás en la historia de la democracia a un ser tan psicoanalizado masivamente como Pablo Iglesias. A los políticos se les desprecia, se les insulta, se les calumnia y se les tacha de ser radicales, reaccionarios, o de derechas o izquierdas. Se les puede llamar meapilas, extremistas, rancios o cafres.

    Pero nunca había asistido a ejercicios de introspección psicológica tan hondos como sucede con Pablemos. Para bien o para mal, cada nueva entrevista da pie a que media España ahonde en sus motivaciones y sesgos psíquicos.

    Eso está bien para tomarse una caña con el camarero del congreso, sin duda.

    Pero cuando se habla de política en serio (o sea, parlamentaria) la psique de los actuantes cuenta poco. Porque contamos con leyes y reglamentos, que son los cauces por los cuales fluyen las acciones políticas.

    Pero bueno, como redacción para el título de “Pablo Iglesias psicoanalizado como hombre de acción” es un muy buen ejercicio de estilo.

    No puedo imaginarme algo igual acerca de Mariano Rajoy. O sí puedo imaginármelo, pero vendría de ciertos planfletos de la extrema izquierda, y seguramente no querría yo leerlos, porque es prensa rosa del corazón. Pura y dura. Etopeya psíquica pura y dura.

    Qué diferencia, en cambio, cuando surge la magia y las inteligencias afinadas se dedican a hablar con rigor y seriedad sobre política. Surgen hojas memorables como esta:

    https://tsevanrabtan.wordpress.com/2016/10/18/no-dejemos-que-lo-razonable-te-impida-conocer-la-verdad/

    Un saludo.

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