Qué risas

treptow

El Ayuntamiento de Barcelona organiza una exposición en la que incluye unas esculturas, se supone que por su valor simbólico. A una de ellas —la estatua ecuestre de Franco de Josep Viladomat— alguien la había dejado sin cabeza, cuando se encontraba en un depósito municipal.

Al final han tenido que retirar la estatua, completamente destrozada. A nadie le ha preocupado que alguna gente se dedicase lanzar huevos, pintar, colocar banderas, muñecas y finalmente derribar la obra. En particular, a ninguno de los que deberían haberse asegurado de que esto no sucediera.

Es imposible no ver esto como un remedo tragicómico de los juicios inquisitoriales. El citado ante el tribunal que no comparecía era declarado contumaz, más adelante pertinaz, y la pertinacia llevaba a la condena del ausente como si fuera hereje, para después ser quemado en efigie.

Los que, con su dejadez, han permitido que la gente se dedique a destrozar la estatua de Franco simplemente pretendían una condena vicaria. En cierto sentido, todos los que participan en esta farsa se convierten en pseudohéroes que llevan a cabo una pseudojusticia realizando actos en los que el único riesgo es la muerte de alguna neurona por falta de uso.

Otra cosa es el precio que pagamos por este abuso del tiempo y del espacio. Crece la barbarie, pero hay que ver lo que nos reímos.

 

8 comentarios en “Qué risas

  1. Hace cuatro años estuvimos por Chequia y Hungría. Habían retirado o demolido (algunas con explosivos) cientos de estatuas de Lenin y Stalin. A mí me parece bien.

    Ni entiendo ni comparto esto que usted describe arriba (es una exposición), ni comprendo las reticencias de una parte importante de la sociedad española (al menos de las élites políticas y periodísticas) a retirar estatuas de Franco y/o simbología de la dictadura.

  2. S, puede que haya que retirar estatuas. No lo sé. Dependerá de muchos factores. Lo que me parece mal es destruirlas. Y, en particular, que se destruyan con la aquiescencia de los obligados a conservarlas, exponiéndolas de esta forma. Y si hay que destruir alguna, por alguna razón (carencia de todo valor, imposibilidad de conservarla, que nadie quiera hacerse cargo de ellas) que se haga previo informe al efecto y aclarando la razón. No porque le salga de los cojones a unos encapuchados, que actúan así porque saben que pueden. España no es Iraq. No estamos en guerra.

    Por cierto, que otros lo hagan no es un argumento. A lo mejor también hacen mal.

  3. Creo que el señor Tse dice algo que es importantísimo y a lo que sin embargo no se le da importancia: que el custodio de un objeto (en este caso una administración pública) no lo ha custodiado y no ha pasado nada. Sea cual sea el objeto, el custodio de la misma ha de velar por ella. Lo de que haya que quitar estatuas de Franco o no es una cuestión de opiniones, qué entre gente razonada se puede hablar. Lo de que una administración pública no sea capaz de conservar en perfecto estado algo que tiene el deber de conservar me parece lo más aberrante. Más que los imbéciles que destrozan cosas en la calle (y sí, desde pequeñito en casa me enseñaron a no romper nada, y más si no era mio). En un sitio civilizado una administración pública no permite que en sus almacenes se rompa nada. En un sitio civilizado la gente no rompe cosas porque no le gustan (a mí no me gusta, pero no por eso lo rompo). En un sitio civilizado el señor Tse y el señor S discutirían sobre el mantenimiento o no de las estatuas. Pero nunca se habría dado la opción de discutir sobre si un ayuntamiento no ha cuidado una cosa o unas personas no han destrozado lo que no les guste. A mi juicio, ese es el problema.

  4. Coño, les leo, me releo, y me he explicado fatal. Cuando digo “Ni entiendo ni comparto esto que usted describe arriba (es una exposición)”, por “esto” me refiero a los hechos descritos por Tse, no a la opinión de Tse. Son dos asuntos distintos: el caso concreto descrito en la entrada, en el que estoy de acuerdo con ustedes, y el que yo introducía de las incomprensibles reticencias a retirar estatuas de Franco de los sitios públicos.

    La clave está en esto del Sr. Paco: “En un sitio civilizado el señor Tse y el señor S discutirían sobre el mantenimiento o no de las estatuas. Pero nunca se habría dado la opción de discutir sobre si un ayuntamiento no ha cuidado una cosa o unas personas no han destrozado lo que no les guste.” Joder, Tse, Qtyop, después de tantos años cómo hostias podéis pensar que me ponga a discutir lo segundo.

  5. En otro orden de cosas. Acabo de pillar la novedad de Harari, “Homo Deus”. Y ya tenía en la mano “El problema de los tres cuerpos” y lo he dejado. ¿Ha leído este último; lo dejo para la peli, como hice con “El Marciano”?

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