Malik Mir Sultan Khan

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Es muy poco lo que se conoce de Malik Mir Sultan Khan. Esa ausencia de información, unida a su extraordinaria aparición en el ajedrez mundial durante apenas cinco años, exige mucha cautela a la hora de dar por buenas anécdotas que aparecen en libros, artículos y memorias.

Los datos seguros son los siguientes: que había nacido en la India británica, concretamente en el Punyab; que prácticamente no hablaba inglés; que llegó a Europa acompañando a Sir Malik Mohammed Umar Hayat Khan, soldado, terrateniente y aristócrata; que ganó tres veces el campeonato británico de ajedrez; que era un genio.

Al parecer Sultan Khan aprendió ajedrez de su padre, pero con las reglas del juego tradicional indio (sin enroque y sin la posibilidad de avance inicial del peón de dos escaques). Cuando se convirtió en el ajedrecista más fuerte del Punyab, Sir Umar lo acogió en su casa para que aprendiese ajedrez conforme a las normas internacionales. Dos años más tarde, en 1928, con veintitrés años, se convirtió en campeón de la India, demostrando, al ganar prácticamente todas las partidas (solo firmó unas tablas), que no tenía rival. Sir Umar, que iba a viajar a Londres, se lo llevó consigo. Su primera participación en un torneo de entrenamiento fue mediocre, pero solo un par de meses más tarde, y después de unas clases aceleradas con un fuerte maestro inglés —Frederick Yates— venció en el campeonato británico. Al parecer necesitaba la asistencia constante del secretario personal de Sir Umar, como traductor.

A partir de ese momento, Sultan Khan ingresó en la élite del ajedrez. Participó en tres Olimpiadas (Hamburgo, 1930, Praga, 1931, Folkestone, 1933), en algunos de los más fuertes torneos (Lieja, Hastings, Berna, Londres) y se enfrentó a los más fuertes jugadores de la época. La más famosa de sus partidas es la que le enfrentó a Capablanca, en 1930, en el torneo de Hastings. Capablanca, para muchos estudiosos el ajedrecista más dotado de la historia, afirmó tras jugar ese torneo y perder esa partida que Sultan Khan era un genio. Tenía que serlo para vencer a y hacer tablas con esos monstruos sin saber nada prácticamente de la teoría de aperturas. Sus partidas se caracterizan precisamente por la necesidad de recuperarse en el medio juego de las debilidades que otros maestros creaban en la apertura.

Khan, en esos años, ganó a Capablanca, a Flohr, a Tartakower, a Rubinstein, y obtuvo tablas con dos campeones del mundo de la época, Euwe y Alekhine. La enormidad de este logro es difícil de evaluar. Estamos hablando no solo de los jugadores más fuertes de su época, sino de algunos de los más extraordinarios genios de la historia del ajedrez.

En 1933, Sir Umar volvió al Punyab y con él se marchó Sultan Khan. Se dice que no se aclimató y que siempre estaba enfermo. Es comprensible que se le haya llamado el Ramanujan del ajedrez. Ambos compartieron el talento natural, la ausencia de formación académica y la aversión por la humedad de Londres. A lo mejor también influyó el resultado de la última Olimpiada en la que participó, la menos exitosa. Quizás Khan no pudiera recuperar el tiempo perdido y fuera consciente de que, sin la base teórica y una vez superada la sorpresa inicial, cada vez le iba a resultar más difícil enfrentarse a oponentes que yo no lo subestimaban.

Prácticamente no se supo nada de él hasta su muerte en 1966 (de vez cuando aparecieron noticias en periódicos occidentales sobre aquel jugador indio que asombró al mundo, normalmente falsas; en una de ellas se le confundió con un cantante). Su patrón, muerto en 1944, le había legado una granja. Cuentan sus biógrafos que no enseñó ajedrez a sus hijos para que dedicaran su tiempo a algo útil. A saber si es cierta esa anécdota. No obstante, encaja con lo que contó Reuben Fine, el fortísimo jugador estadounidense, en su libro Lessons From My Games. 

After the tournament [the 1933 Folkestone Olympiad] the American team was invited to the home of Sultan Khan’s master in London. When we were ushered in we were greeted by the maharajah with the remark, “It is an honor for you to be here; ordinarily I converse only with my greyhounds.” Although he was a Mohammedan, the maharajah had been granted special permission to drink intoxicating beverages, and he made liberal use of this dispensation. He presented us with a four-page printed biography telling of his life and exploits; so far as we could see his greatest achievement was to have been born a maharajah. In the meantime Sultan Khan, who was our real entrée to his presence, was treated as a servant by the maharajah (which in fact he was according to Indian law), and we found ourselves in the peculiar position of being waited on at table by a chess grand master.

De sus partidas, la que más me gusta es esta contra Flohr.

Por cierto, entre los datos seguros, el último que he citado es que Khan era un genio. Lo afirmo porque, como ya he contado, es lo que dijo Capablanca, y no vamos a poner en entredicho la opinión del gran cubano, ¿verdad?

 

 

Un comentario en “Malik Mir Sultan Khan

  1. Acabo de ver El hombre que conoció el infinito” sobre el matematico hindu Ramanujan hace menos de 1h. Me pongo a navegar por internet y leo este texto. ¡¡Que casualidad!!

    Me ha gustado mucho, por cierto.

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