Reeducación

 

Hoy Pablo Iglesias ha utilizado la expresión delincuente potencial para hacer una comparación entre los que hay, según su diagnóstico, dentro del Congreso y los que hay fuera.

Al margen de la comparación concreta, esa expresión, delincuente potencial, es una nueva demostración de coherencia. En el pensamiento totalitario, el delincuente es. Lo que importa es la personalidad, la peligrosidad. Ese pensamiento es la base del genocidio, por cierto. El terror se basa en la existencia de algún rasgo, a menudo inventado, que permite calificar colectivamente a los que nos molestan como delincuentes (si no como subhumanos —cucarachas decían los hutus—). Los nazis usaban el concepto de raza. Los comunistas utilizan el concepto de enemigo del pueblo. Los jemeres asesinaron a los miembros de tres grupos: los traidores (se incluía a todos los familiares del “traidor”), el subpueblo (los intelectuales) y el pueblo nuevo (los que, por vivir en las ciudades, se encontraban bajo la influencia burguesa). Los rusos asesinaron a millones de ucranianos “acusándolos” de ser kulaks, propietarios, explotadores del pueblo. Todas esas personas, por ser de una determinada forma, ya son o delincuentes o delincuentes potenciales, gente a vigilar. No se juzgan hechos. Qué importan los hechos al lado de la defensa de los justos.

Al delincuente potencial, ese sujeto peligroso, lo mejor que le espera es la reeducación. El proceso de “autocrítica” totalitaria se basa en la necesidad de eliminar permanentemente todo asomo de discusión. Por eso la “autocrítica” es pública. Para que todos vigilen a todos. Y exige que el hombre, el ser humano individual, no solo se someta físicamente. Exige el sometimiento psicológico y moral. El totalitario no admite ni el exilio interior. A veces, tras la “autocrítica”, una vez extirpado el mal, llega la destrucción física; pero el totalitario ha salvado el alma del desviado. Esa es su justicia.

Iglesias utiliza la expresión “delincuente potencial” y luego avisa de que el que discuta ese uso, protestando, corre el riesgo de que se le identifique como tal. Desempolva su manual para inquisidores.

9 comentarios en “Reeducación

  1. No soy un hombre que se asuste fácilmente. Lo considero un defecto, siempre me ha creado más problemas que soluciones. He estado escuchando a Joan Tardá en Radio5. Acojona. Cinco minutos más y voto por Bárcenas hasta que me jubile.

  2. Yo he venido aquí a hablar de mi libro, así que permítame que le deje la definición que sobre el tema se recoge en “Te voy a hacer una autocrítica” (Trama Editorial) próximamente en todas las tiendas de dietética.

    Aprovecho de paso la ocasión para saludarles a usted y a la audiencia y de transmitirles las muestras de mi consideración más distinguida. Les pasaría un bombón de Ferrero Roché, pero no pude robarlo en la cena con el embajador porque los cónsules comen como limas.

    autocrítica
    Auto de fe comunista en el que se reprende amablemente a un camarada por sus desviaciones antes de someterlo a purga o reeducación (en inglés, ‘torture’). Cuando un correligionario dice «camarada, te voy a hacer una autocrítica», lo sensato es huir. A otro país.

  3. A veces uno se pregunta qué pasaría si Pablo Iglesias desaparecieran como desaparecieron el Pequod y Ahab en el océano Pacífico.

    ¿Volveríamos a hablar de política o seguiríamos con el psicoanálisis y la poética del discurso?

    Yo creo que hablaríamos de nada.

    Al fin y al cabo, analizar una ley como, pongamos, la Ley Mordaza, en términos intrínsecos, sería muy aburrido.

    Sobre todo porque al fin y al cabo Pablo Iglesias es un gilipollas (nunca he conocido a nadie que opine lo contrario, la verdad). Pero a una ley no podemos juzgarla de antemano.

    Y, para colmo, las leyes pueden justificarse por los fines que persiguen. Pero si juzgamos a Pablo Iglesias por el fin que persigue (hacer el bien universal) lo consideraremos un idealista o un facha.

    Qué suerte tienen las leyes, que no requieren de etiquetas ni psique.

  4. Quiero decir que lo que yo juzgo son hechos o declaraciones sobre algo, y no perspectivas.

    Si no me gusta el PP, se debe a que hacen cosas que no me parecen racionales: a que dicen cosas como “indemnización en diferido”.

    Y me descorazona que aquí, en este blog que tanto me gusta leer, nos analicen mil cosas, y sin embargo sean incapaces de analizar (cuando no había Podemos en este mundo) lo que era un despido con indemnización en diferido.

    ¿Por qué es más importante para el lector saber que Pablo Iglesias es imbécil que el hecho de descubrir que Doña María Dolores de Cospedal se inventó una absurda condición legal para justificar que no habían despedido aún a un tipo que les había supuestamente robado?

    Yo no recuerdo un post sobre este asunto.

    No soy fan de Podemos: odio la lengua inclusiva, no me molestan los toros, me cae mal Pablo Iglesias, no quiero que gobiernen y soy anti-nacionalista.

    Pero me resulta inquietante que aquí parezca más perjudicial para el país aquellos que los que NO están en el poder.

  5. En síntesis para despistados:

    Considero personalmente más necesario que me explique cómo la secretaria general del gobierno de inventa una respuesta para justificar el no despido de un corrupto manifiesto y tardía, que el análisis de las ideas de un tipo que no ha pasado de ser un diputado.

    Insisto en que no me gusta nada Pablo Iglesias. Menos aún la asimetría.

    Y menos aún en alguien a quien admiro desde antes de que saliera Podemos.

  6. Anónimo. Hablé de eso. En tuiter. Y durante mucho tiempo dije (y sigo diciendo) que Rajoy debió dimitir precismente por eso. Ahora bien, yo decido sobre qué escribo y cuando. Es usted muy libre de no compartir mis decisiones, pero no voy a cambiar ese humilde hábito.

  7. Buenas noches.

    Por supuesto que nunca podré decirle de qué debe usted hablar.

    Solo quería indicarle que el psicoanálisis de un tipo cuyo éxito se debe a la desesperación popular tal vez no merezca tantos esfuerzos: Pablo Iglesias y sus tretas son demasiado simples y tangenciales.

    Considero objetivamente más enriquecedor una lectura cabal y sensata sobre el CETA, por ejemplo. Que acaba de aprobarse sin que apenas haya nadie reparado en ello:

    http://ctxt.es/es/20161026/Firmas/9231/CETA-firma-del-acuerdo-UE-Canada.htm

    El CETA no es un señor con coleta, sino un tratado legal.

    Y, a lo que parece, va a tener más consecuencias en nuestras vidas que las ínfulas de Pablemos.

    Sé que usted habla de lo que quiere, pero muchos lectores no le leemos y admiramos por sus dotes psicoanalistas, sino por su prodigiosa prosa y por sus dotes excepcionales de divulgador jurídico. Personalmente le leo con absoluta entrega cuando se pone objetivamente analítico.

    Muchas gracias y un saludo.

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