Los deberes de los padres

 

Mi hija mayor leía al cumplir dos años. La pequeña tardó un año más en aprender a leer. Aprendieron con un silabario, una pizarra y, pronto, con libros infantiles. Me propuse esa tarea aplicando un razonamiento sencillo: si sabes leer y tienes libros a tu disposición eres —vas siendo— libre para decidir qué quieres saber. Mejor cuanto antes.

Cuando mi hija mayor entró en el colegio, en la primera reunión que tuve con su profesora, después del saludo, lo primero que hizo esta fue regañarme. Había hecho mal. Para todo hay un momento, me vino a decir, y no tenía sentido que con tres años ya supiera lo que sabían los niños de cinco.

Creo que fue ese día —admito que iba a corriente de mis prejuicios— cuando decidí —decidimos— dos cosas: no interferir en cuestiones académicas y seguir adelante, enseñando lo que pudiera, adelantando lo que pudiera, contradiciendo aquello que lo mereciera. Esto último no es contradictorio, valga la redundancia. Constantemente les he indicado a mis hijas que diferencien entre lo que hay (el estándar que se encuentran en las instituciones académicas que pisan y en los discursos de los que allí enseñan) y lo que podría haber. Más aún, que diferencien entre el modelo que se supone se promueve y el que a ellas, en concreto, les vendría mejor. De esta forma se han convertido en, admítanme la broma, criptorrevolucionarias. Se han ajustado a lo que se les exigía y a los límites que se les imponían, pero, a lo Batman, mantienen una vida paralela.

Estoy razonablemente contento. Llego a la irrelevancia muy pronto. Es una consecuencia inevitable y un síntoma de un buen trabajo. Las miro y me recuerdo a su edad, y ya me hubiera gustado.

Así que he decidido darme un sobresaliente.

 

11 comentarios en “Los deberes de los padres

  1. Merecidisimo ese sobresaliente.
    Mis padres me enseñaron a leer con La Hoja del Lunes, el único periodico que entraba en mi casa en mi más tierna infancia.
    A veces uno tiene la sensación que en la educación también hay modas, por lo tanto coincido contigo en que es buenos que los niños aprendan a leer pronto.

  2. ¿Por qué se ha puesto de moda eso de que los niños aprendan leer cuanto más tarde mejor? Le oí comentar a una persona que tenía hijos que la profesora se “empeñaba” en enseñar a leer a los niños de 6 años y este padre se mostraba en contra. Me quedé estupefacta, yo no aprendí a los 2 años como tu hija pero sí que recuerdo que por curiosidad ya sabía leer antes de lo esperado. Cuando mi profesora de entonces habló con mi madre y le comentó que yo ya sabía leer lo hizo como un elogio, no como una regañina, así que no entiendo nada…

  3. Desde luego, el sobresaliente está ganado. También tengo esa clase de jodíos churumbeles, aunque más pequeños, y creo que han sido ustedes muy afortunados. La falta de concordancia entre las necesidades de estos niños y lo que el colegio les ofrece, muy a menudo se traduce en problemas de conducta y desinterés; en el mejor de los casos, el suyo por lo que parece, la cuestión se resuelve una muy feliz indiferencia mutua. Que suceda una cosa u otra depende de los padres, desde luego, pero también de los profesores. El poder destructivo de un mal maestro es infinito.

  4. “Así que he decidido darme un sobresaliente.”

    No sé yo, Tse, no sé yo. Esto me recuerda a un matrimonio conocido mío (médico ella, ingeniero de minas él) que llevan toda la vida dando explicaciones por los resultados académicos de sus hijos: el chico mayor en primer año de MIR, la chica en 4° de medicina.

    -No nos felicite. Al pequeño lo hemos educado igual y es un auténtico desastre.

    Ustedes han sido más inteligentes: no han tirado los dados una tercera vez.

  5. El otro día entrevistaron en El País al presidente del MIT, que decía esto:
    “Los niños al crecer son muy curiosos. Tienen una imaginación muy vívida hasta que ingresan a la escuela y allí su imaginación es aniquilada. En MIT resucitamos esa fuerza.”.
    Hoy la mayoría de los padres delegan en el sistema educativo no solo la enseñanza, sino la educación de sus hijos, renunciando así a muchas cosas que podrían enseñarles. Cosas notables; y, en algunos casos, sobresalientes.

  6. Pues yo lo estoy haciendo fatal. Les compre sus libros para que leyeran, están por toda la casa, y además tienen los suyos. Y nos ven leer, y les insistimos en lo importante que es leer, y dale que te pego… y lo único que quieren hacer es coger el ipad y demás cacharros electrónicos. No hay manera. Si, ya sé que es culpa mía, porque hay cacharros en casa y no debería haberlos, bla bla bla. Pero es frustrante. Al menos no ven mucho la tv. Algo es algo. También van a un cole bueno, pero son del rollo slow & be water my friend. No tienen ni deberes. Ya veremos que nota me acabo dando. De momento creo que vamos mal.

  7. Abate, que no le pese. En mi casa también sobran libros y ejemplo de lectura paterno y materno, y a mis hijos no les gusta leer, salvo cosas muy específicas relacionadas con sus aficiones, y por supuesto adoran sus cacharros electrónicos. Ahora bien, hablan con toda corrección y escriben sin faltas de ortografía en castellano e inglés, odian la telebasura y van sobrados de sentido crítico. Como usted dice, algo es algo.

  8. Enhorabuena caballero. A mí mi madre me enseñó a leer con tres años, me compraron todos los libros que quise y más, y cuando empecé parvulitos la profesora me dio otros libros porque ya sabía leer, pero no les echó la bronca a mis padres. Sin embargo, a mi hermano le educaron igual y no lee ni el periódico. Aun así, presuma usted, presuma.

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