Un poco de memoria

 

Hoy, Verónica Puertollano recordaba, en tuiter, que el 18 de noviembre de 1976 las Cortes franquistas aprobaron la Ley para la Reforma Política.

Usa el término harakiri y hace bien, ya que esa norma suponía de hecho y derecho su desaparición. Cuatro de cada cinco procuradores en Cortes votó sí y el 94,17% de los españoles (con una participación de un 77% del censo) la aprobó en referéndum.

Esa ley, formalmente, se basaba en la legislación autoritaria y, por tanto, ilegítima de las instituciones franquistas. Sin embargo, materialmente, la ley suponía su extinción y su sustitución por una democracia basada en principios de excelente simplicidad y potencia. De esto quería hablar.

La Ley para la Reforma Política es extraordinaria. Solo hay, en mi opinión, un residuo discutible en ella: la elección por el Rey de una quinta parte de los senadores. Si excluimos esto (algo que tuvo una trascendencia mínima, casi cosmética), el resto resplandece en comparación con la legislación posterior.

Me explicaré: la ley se puede leer sin dificultad. Ocupa un par de folios a pesar de su trascendencia. Su lenguaje es de una simplicidad extrema. Solo esto ya es destacable. Vean sus principios:

1.- La democracia se basa en la supremacía de la Ley, que compete a las Cortes, como expresión de la soberanía del pueblo español.

2.- Los derechos fundamentales de la persona son inviolables y vinculan a todas las instituciones del Estado. La ley no los enumera.

3.- El Congreso se elige mediante sufragio universal, directo y secreto entre los mayores de edad, mediante un sistema proporcional. En cuanto a los senadores se elige un número predeterminado por provincia. El mandato de los diputados y senadores dura cuatro años.

4.- La Ley establece un procedimiento sencillísimo de reforma constitucional, definiendo a quién incumbe la iniciativa (al Gobierno y al Congreso) y las mayorías para su aprobación, así como la obligatoriedad de someter la constitución aprobada a referéndum.

5.- La ley regula en dos artículos brevísimos el procedimiento de aprobación de leyes ordinarias y de referéndum.

6.- La Ley establece una remisión a la Ley de las Cortes hasta que cada cámara aprobase su reglamento, para el que, la propia, ley no establece ninguna limitación.

7.- Finalmente, la propia Ley delegaba en el Gobierno la regulación de las elecciones generales, ya previstas.

Esa ley es casi tabú, porque la redactaron y la aprobaron unos señores que carecían de legitimación, al provenir de un régimen autoritario, y porque muchos vieron en ella una forma de salvar la cara. Los franquistas aseguraban —dicen muchos— una sucesión entre regímenes, que mancha nuestra democracia. Esta opinión es, a mi juicio, de una ceguera inaudita.

En realidad, esa ley es simplemente un certificado de defunción mal disimulado. Casi una descripción fáctica: enumera lo que ellos no son y ordena que pase el tiempo. Es una ley que básicamente describe la dirección de la flecha que enterraba al franquismo, limitándose a enumerar cuatro o cinco principios básicos y a fijar unas reglas procedimentales válidas en la medida que no limitaban la capacidad y competencia de esas cámaras que surgirían tras unas elecciones democráticas. Todo lo procedimental es casi protocolario, un dónde se tiene que sentar cada cual antes de empezar a hablar.

Si hacemos abstracción de su origen, la norma, como he dicho, resplandece. Esa es su virtud. Ya no había nada “legalmente” atado. Ni siquiera el Rey. Las Cortes constituyentes podrían haber proclamado una república. La ley no lo impide. La ley solo dice que la democracia es un producto formalizado que proviene del pueblo español. Naturalmente, no hablo en absoluto de las circunstancias materiales que existían en ese momento en España. Lo que afirmo es que la ley no fue una de esas condiciones materiales que pudiera inclinar la balanza del poder en una dirección u otra.

No puedo alabar a esos procuradores, ya que no representaban a nadie. Más aún, su propia biografía los hace cómplices de un régimen liberticida. Ahora bien, alabemos su última obra en sí misma. No les absuelve a ellos de nada. Ni siquiera es una primera piedra de nuestro edificio constitucional. Como en las películas de espías, esa ley se autodestruyó desde el momento en que las Cortes democráticas empezaron a legislar.

Todo esto es así, pero qué extraordinaria muestra de buena educación.

 

 

3 comentarios en “Un poco de memoria

  1. http://www.elindependiente.com/opinion/2016/11/19/una-visita-a-la-verdad-del-pasado/

    Por lo demás:

    “Si hacemos abstracción de su origen, la norma, como he dicho, resplandece. Esa es su virtud. Ya no había nada “legalmente” atado. Ni siquiera el Rey. Las Cortes constituyentes podrían haber proclamado una república. La ley no lo impide. La ley solo dice que la democracia es un producto formalizado que proviene del pueblo español. Naturalmente, no hablo en absoluto de las circunstancias materiales que existían en ese momento en España. Lo que afirmo es que la ley no fue una de esas condiciones materiales que pudiera inclinar la balanza del poder en una dirección u otra.”

  2. Prego dice en su artículo que si se realizaba un referéndum se perdía, se entiende que desde la posición favorable a la Monarquía. Y que eso era una hipótesis imposible. Como colofón, plantear otra cosa es tener mucho entusiasmo y ser manipulador, remacha más abajo.

    Luego afirma que no estaba previsto que Suárez se presentara en el 77, pero para que no saliera González áquel dio el paso, pues la sociedad no estaba en condiciones de afrontar un gobierno socialista.

    insistir, por tanto, en que no había nada atado, siquiera legalmente, cuando estamos excluyendo otra salida posible con alusiones a imposibilidades, falta de condiciones y otros factores vaporosos (precisamente porque se habla con fervor desde el lugar que no acepta ni un referéndum ni un “prematuro” primer gobierno socialista), es una petición de principio.

    Ignacio Varela escribía el otro día en El Confidencial lo que sigue, que creo aplicable también a esto que tratamos, si tomamos la referencia al PP por la derecha española realmente existente, entonces y ahora:

    “La experiencia demuestra que en España solo son viables las reformas que exigen grandes consensos políticos (por ejemplo, la reforma constitucional) si la derecha está en el Gobierno, pero sin mayoría. Cuando el PP se ve en la oposición, se asilvestra y no se puede contar con él para nada constructivo. Cuando tiene el poder absoluto, se brutaliza y aplasta.”

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