Vivan las cadenas

 

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill se encontraba, aparentemente, en la cumbre de su poder. Nadie simbolizaba como él la resistencia frente al nazismo.

Sin embargo, en el Reino Unido hubo elecciones y las perdió. Como de costumbre, las simplificaciones terminan amontonando los votos de forma binaria y la gente confunde las sumas con las razones. La más usual dice que los británicos no creían que el hombre que les había mandado en la guerra fuese el más adecuado para mandar en la paz; otros creen que pasaron factura a los conservadores por los errores previos a la contienda. A saber. Sobre todo, a saber si se puede saber. Lo importante es que da igual: los votantes le dieron una patada en el culo. Y eso, además, no impidió que volviera a ser Primer Ministro cuatro años más tarde. Como es evidente, no hay ninguna razón para pensar que eso que llaman “las oligarquías” o la “casta” prefiriesen el gobierno de los laboristas. También los británicos, ya ven, se ciscaron en las explicaciones sobre el control de las élites del proceso político.

Así de raras son las democracias. La gente vota y le vuela la cabeza “figuradamente” a cualquiera. Dan igual los méritos. En particular, dan igual los méritos históricos.

Por eso me repugnan tanto las portadas sobre Fidel Castro. Gente de todo tipo hablando de la importancia de un sujeto que siguió mandando porque no hubo una sola ocasión en la que los cubanos pudieran votar. Fíjense: es posible que de haber podido votar, hoy Castro no apareciera más que en la necrológica de algún periódico de una Cuba libre.

¿Saben por qué no hay gobernantes democráticos que estén cinco décadas en el poder? Porque a la gente se la sudan los destinos históricos, los fines de siglo, los pilares de la civilización y las luces y las sombras. Cuando la gente decide, decide sin pensar en los libros de historia y en las masturbaciones de lo intelectuales.

Antes de entrar a discutir las mentiras de los hagiógrafos del tirano, la reflexión es esta: ¿no os da asco, en pleno siglo XXI, alabar la figura de un tipo que nunca permitió a su pueblo darle la patada?

Joder, cincuenta años mandando. Y va a seguir mandando, a través de su hermano, después de muerto. Pero esto no les llama la atención. Al parecer, el pecado original es menos importante que sus erecciones juveniles.

Hay que ser imbécil.

6 comentarios en “Vivan las cadenas

  1. Eso le ocurre a los que creen que la democracia es la única forma de gobierno legítima, en lugar de la menos mala.

  2. Desde luego que Fidel Castro merece portadas, páginas y opiniones dado su protagonismo internacional en la segunda mitad del Siglo XX. Desde luego si merece elogios deben ser desde puntos de vista en los que se admira el símbolo o la imagen idealizada pero nunca la realidad. Y es que en la realidad prácticamente todo el que sale de Cuba no quiere o no puede volver, al menos con ese régimen o sin cambiar de pasaporte, y ese es el principal indicio de que algo muy malo pasa allí. Es un régimen totalitario, o como mínimo autoritario, y siendo seres humanos, no animales, ya sabemos que es complicado convencernos a base de palos. Comprendo que despierte simpatías alguien que no le ríe las gracias al imperio (se lo puede permitir) pero, fuera de ese contexto, por lo demás no es digno rendir homenaje a un señor que si bien tuvo su momento de gloria derrocando a su innombrable predecesor (que tuvo que venir a morir a Marbella el cabroncete), después se apoltronó en el poder como hacen todos estos megalómanos que se creen imprescindibles, si no por ellos mismos por su camarilla que les regala el oído. Por eso no entiendo a la gente que se acerca a la embajada cubana a homenajearlo: puede que estuvieran aburridos, puede que no hayan viajado mucho (desde luego a Cuba poco), o puede que sus aires de grandeza sólo les permita empatizar con el cubano enchufado o de alto rango, y no con el cubano medio de a pie. O sí, porque luego dicen que cualquier cubano tiene garantizada la salud y una carrera, y que eso brilla por su ausencia en el resto de latinoamérica. Bueno, pues habría que preguntarle a los cubanos de a pie si prefieren en sus vidas esa seguridad impuesta o más riesgo y libertad. Y eso es lo que durante casi 60 años nadie les ha preguntado oficialmente, pues los que mandan son tan presuntuosos que saben lo que el pueblo quiere en el fondo (o quizás tienen miedo a llevarse una sorpresa). En definitiva, que un dictador menos pero no una dictadura que sería lo importante, puesto que en realidad a efectos prácticos ya murió en el 2006, así que lo de después es puro sensacionalismo y morbo, y para los que lleguen un poco más lejos, una excusa para revisar la historia, que siempre viene muy bien.

  3. Completamente de acuerdo, me repugna que por ser de izquierdas haya que alabar a una figura tan perniciosa como la de este dictador.

  4. “¿Saben por qué no hay gobernantes democráticos que estén cinco décadas en el poder? Porque a la gente se la sudan los destinos históricos, los fines de siglo …”

    No sé, a Jordi Pujol, 23 años honorapla ganando sucesivas elecciones, no le dieron la patada, se fue él. No podemos saberlo, pero estoy seguro de que hubiera seguido ganando elecciones si hubiera continuado en activo. Teniendo en cuenta además de que las primeras elecciones las ganó a los 50 años, imaginen si hubiera empezado con 30.

    Pero el argumento principal de la entrada es correcto: Fidel nunca dio a su pueblo la oportunidad de darle la patada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s