Lo único que nos distinguirá

A lo largo de mi vida he visto cómo, recurrentemente, todo lo bueno, lo estable, lo civilizado está a punto de desaparecer. No, no lo he visto. Lo he escuchado. Amigos cenizos que me aseguraban que el fin de los tiempos estaba cerca y que vivíamos una era bajoimperial. Siempre veían a los bárbaros asomar por alguna esquina. Las suyas eran vidas de colonos cercados por los indios. Puede que fuera simple dispepsia, pero entiéndanlo, esto acaba afectándole a uno, por optimista que sea. La amenaza de la hecatombe nuclear se ha transmutado en la inminente invasión de millones de musulmanes locos que tienen más cojones que nosotros, aderezado con americanos e ingleses alternativos, chinos enamorados del vil metal y  europeos a punto de fallecer en una orgía transalgo ahogados en su vómito.

Quién sabe. Quizás tengan razón. El romano Sidonio Apolinar, yerno del emperador Avito nació en un imperio todavía vigoroso. Fue lo que eran los elegidos de su época: funcionario con Mayoriano y Antemio, y luego obispo en Auvernia. Allí, en su villa, conversaba también con los difuntos, contemplando su biblioteca. Allí apoyó la alianza con los visigodos en los cincuenta, empezó a dudar en los sesenta sobre la quinta columna bárbara y despreció en los setenta a los funcionarios que venían de la cada vez más lejana Roma, acusándolos de cobardía al regalar Auvernia para conservar Provenza (la que perderían poco después). Casi rendido, en los ochenta, rodeado por los visigodos de Eurico, que pronto tomarían su ciudad, volvió a escribir una de sus cartas. Hoy, dieciséis siglos después, Sidonio es el difunto que nos habla del fin de los tiempos: cuando todo se desvanece, la única prueba de nobleza que sobrevive es el conocimiento de las letras, escribió.

Sus cartas han quedado. Eurico es solo un nombre: quien lo conoce lo conoce porque conoce las letras. Y la alta cultura se ríe.

 

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3 comentarios en “Lo único que nos distinguirá

  1. Un lapso de, pongamos, 50 años, no es nada en cuanto a fijar una fecha histórica. ¿Cuándo empezó la Edad Moderna, en 1492 o en 1453?
    Así que no descarte que sus amigos cenizos acaben teniendo razón, si al fin uno de sus pronósticos se cumple.

  2. En El sueño del celta, Varguitas escribe esto:
    “Roger estaba hablando en un mitin en Cushendeun el 28 de junio de 1914 cuando llegó la noticia de que, en Sarajevo, un terrorista serbio había asesinado al archiduque Franz Ferdinand de Austria. Es ese momento nadie dio mucha importancia a este episodio que, pocas semanas más tarde, iba a ser el pretexto que desencadenaría la Primera Guerra Mundial.”

    Así que ríase, ríase, no le de mucha importancia a eso-que-le-han-dicho-sus-amigos-cenizos-que-es-el-signo-del-fin-de-esta-Era, ríase, pero tal vez dentro de unas semanas o meses o décadas, mirando retrospectivamente, tendrá que darles la razón.

  3. Fin de lo civilizado, llegada de los bárbaros, era tardoimperial, democracia cercada… Tse, al final siempre nos ponemos de acuerdo. Ya le decía yo que exageraba con Podemos.

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