La dirección de la historia

Desde las brumosas tierras que les cedió un rey (o que tomaron), los descendientes de los hombres del Norte se esparcieron por el mundo. Dos hermanos, Rogelio y Ricardo, empujados por su ambición de segundones, con algunas decenas de hombres, decidieron conquistar el sur de Italia y lo consiguieron. Rápidamente fueron absorbidos por una tierra que había visto pasar a griegos, fenicios, romanos, germanos, bizantinos y árabes. Y una de ellos, Constanza, fue casada con el heredero del Barbarroja, ese coloso que, pese a haber muerto ahogado en un río en la lejana Anatolia, pervivió en la imaginación del pueblo alemán, esperando en lo alto de la montaña, hasta que fuera preciso su regreso.

Constanza, secuestrada por el usurpador (es usurpador porque perdió), casi no sobrevivió a su marido, el emperador Enrique VI, rey de Sicilia, pero dejó un hijo, al que se terminará llamando Stupor Mundi y que fue bautizado con el nombre su abuelo. Se trata, claro está, de Federico II Hohenstaufen.

Recuerda a otro Federico. Por lo curioso, por lo cruel, por lo infeliz. Crecido bajo la tutela de un Papa, siempre prometiendo limitar su poder. Rodeado de sabios, aprendió ocho o nueve idiomas, mientras descuartizaba cadáveres, a oscuras, en los sótanos de palacio, como un moderno Prometeo.

Salimbene de Parma nos ofrece un retrato brutal del emperador …

fu uomo pestifero e maledetto, scismatico, eretico ed epicureo, corruttore di tutta la terra, giacché seminò il seme della divisione e della discordia nelle città d’Italia, tanto che dura fino ad oggi. Federico quasi sempre amò aver discordia con la Chiesa, e la contrastò in molti modi. Proprio la Chiesa, che lo aveva nutrito e difeso ed elevato. Della fede in Dio non ne aveva neanche un po’. Era un uomo astuto, sagace, avido, lussurioso, malizioso, iracondo. E fu uomo valente qualche volta, quando volle dimostrare le sue buone qualità e cortesie: sollazzevole, allegro, delizioso, industre. Sapeva leggere, scrivere e cantare; e sapeva comporre cantilene e canzoni. Fu bell’uomo e ben formato, ma era di statura media

… y nos cuenta una anécdota terrible, la de los niños secuestrados al nacer y criados en su propio palacio, bajo la prohibición de dirigirles la palabra. Quería Federico, con ello, averiguar, cuál lengua era la lengua adánica, presumiendo que podría probarlo cuando los niños arrancasen a hablar, quizás hebreo. Los niños murieron.

*****

Al Kamil Muhammad al-Malik era sobrino del gran Salah ad-Din Yusuf ibn Ayyub, al que en Occidente llamamos Saladino y que Dante, en el Canto IV, sitúa en el infierno, pero entre los justos no cristianos.

Su dinastía carecía de raigambre y además era kurda. Descienden de Ayyub, el que les dio nombre, un simple hombre de armas del señor de Mosul, un turco selyúcida.

Cuando murió su padre, Al Kamil tuvo que repartir el poder con sus hermanos y, además, resistir a los cruzados que, en su quinto impulso, llegaron a conquistar Damietta.

Les ofreció Jerusalén y la Santa Cruz, pero el legado papal, un cardenal español llamado Pelayo, se negó. Solo admitía la derrota y la derrota se produjo, pero la de los cruzados, sorprendidos por la crecida del Nilo, en un anticipo de la estúpida “gesta” de San Luis de Francia, treinta y cinco años después.

*****

Cuando a Al Kamil le hablan los cruzados de “al enboror”, el poderoso rey de los francos, no le da importancia. Muchas veces se ha hablado de la llegada de reyes que vienen de Occidente y la mayoría ha terminado sus días bajo el polvo del desierto. Sin embargo, la insistencia durante años, esos años en los que Federico II resulta excomulgado por su tardanza en acudir a la cruzada, termina excitando su curiosidad. Más aún cuando le cuentan que, por matrimonio, Federico es rey de Jerusalén.

Decide entablar negociaciones y envía a Fajr al Din ibn ash Sheij, uno de sus emires. A través de su mediación, en cartas que se demoran en los barcos que recorren el Mediterráneo, los dos gobernantes hablan, en árabe, de Aristóteles, de Averroes, de la creación del mundo. Al Kamil regala a Federico animales para su zoo particular, ese que le acompaña a todas partes. Incluso un elefante llega a Palermo. Y finalmente, le promete Jerusalén. Al fin y al cabo, ahora es de su hermano .

Sin embargo, cuando Federico llega por fin a Acre, Al-Mu’azzam, el dueño de Jerusalén, ha muerto y Al Kamil, sultán de Egipto, puede ocupar las tierras de Palestina. Duda en cumplir con su palabra. Federico, confiado, ha llegado casi sin tropas. Nuevas cartas se cruzan entre ambos y el honor prevalece. Se acuerda una pantomima de invasión que permita a Al Kamil jugar con la amenaza de la guerra.

En el año de 1229, Federico recupera Jerusalén para la cristiandad, aunque se acuerda que no podrá amurallarla.

Cuando visita Jerusalén, alaba Al Aqsa, a la vez que cierra el paso a un sacerdote furibundo que quiere profanar la mezquita. Sus interlocutores árabes transmitirán los comentarios del pálido emperador miope y los cronistas árabes de la época afirmarán de él que es ateo o quizás criptomusulmán.

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En 1229, el sultán de Damasco, An Nasser, hizo la guerra a su tío, Al Kamil. La causa fue la entrega de Jerusalén, la santa, a los infieles. Perdió, pero no descansó en su empeño; diez años más tarde la reconquistó definitivamente para el islam y el adhan volvió a resonar cinco veces al día.

En 1229, Federico recibió noticias de su imperio. Una revuelta, instigada por el papa Gregorio había estallado en Italia. Jerusalén no bastaba si no venía acompañada de sangre de infieles derramada y más si la conquista venía del excomulgado. Federico tuvo que regresar rápidamente y aunque ofreció la paz, la paz le fue rechazada. El Papa perdió la guerra y las ciudades del Patrimonium Petri fueron arrasadas. Perdió, pero Gregorio no descansó: incluso excomulgó, diez años más tarde, de nuevo, a Federico.

En 1250, nos dicen las crónicas, Berardo, arzobispo de Palermo, confesó a Federico en su lecho de muerte. El emperador viste el hábito del Císter, antes de expirar.

El círculo se ha cerrado de nuevo.

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Un comentario en “La dirección de la historia

  1. Casualmente estoy leyendo “Vísperas sicilianas” de Runciman y tenía curiosidad por saber más de este Federico II, encuentro poca bibliografía accesible sobre él.
    Gracias por sus escritos.

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