Cuando la frontera son las cuatro esquinas del mundo

Yesugei muere a manos de los tatar, envenenado en un convite, y se rompen las esperanzas de su viuda Oelon-Eke. El hijo, Temüdjin, es demasiado joven y los hombres no lo reconocen como bogatur de los kiutes de ojos grises. Es posible que, en ese momento, Temüdjin recuerde el viaje, con su padre, a las lejanas tierras de los chungiratos, casi donde empieza el Imperio del Medio. Allí se prometió a Burte, niña como él.

Es historia conocida la de las penalidades de Temüdjin, su madre, sus hermanos y medio hermanos.

Sois como lobos, como perros rabiosos que se muerden entre sí … Acaba de matar a Bektar, su medio hermano.

Sufre cautiverio y persecución.

La historia, real, se desenvuelve a través de la neblina de la leyenda. Le cuelgan el kang, el cepo, para dominarlo, y Temüdjin lo usa para abrir cabezas y huir. Cuatro años más tarde, cuando su nombre vuela entre las hogueras y las borracheras de kumys, reclama a su prometida. Así comienza la historia inmortal de Gengis Kan.

Hoy, sin embargo, quiero contar una anécdota que nos enseña algo sobre la mente del nómada.

Hombres del norte. Una expresión que han usado tantos pueblos. El miedo al bárbaro que viene del frío y de las selvas. De noche atacan el ordu, y los hombre huyen porque son sabios y saben que solo pueden vengarse si están vivos. Dos días después el ordu está en silencio. Los bandidos han robado el ganado y los carros, y se han llevado a las mujeres.

Temüdjin asciende a la sagrada cumbre del Burján-Jaldún, hace las genuflexiones rituales, vierte kumys y da las gracias al eterno cielo azul, porque tiene días por delante y flechas que gastar.

Pide ayuda al kan de los keraitos, el poderoso Toghrul, andah, hermano por adopciónde su padre. Se encamina al norte, a la tierra de los merkitas. Trescientos hombres son pasados a cuchillo.

Temüdjin busca a Burte y la encuentra en la tienda de uno de los raptores. Amamanta a un niño. Lo llamará Yochi.

El hijo mayor de Gengis Kan. Cuando Temüdjin se dirige a doblegar al indigno sah de Corasmia, atrincherado tras las murallas de su enorme ejército, manda a su hijo mayor a través del terrible Pamir, por pasos a más de cuatro mil metros de altura. Los hombres beben la sangre caliente de las venas de los caballos, que van muriendo lentamente, congelados pese a tener las patas cubiertas de pieles de yac; pero logran su objetivo. Miles de fantasmas aparecen en la retaguardia del sah, donde es imposible llegar. Bajan desde las montañas al feraz valle de la Fergana, el país de los viñedos y la seda, famoso por la destreza de herreros y fundidores.

El hijo mayor de Genghis Kan. Recibe de su padre las tierras de Kipchak, las ingentes estepas que darán a sus herederos el título de kanes de la Horda de Oro. Pero Yochi quería Corasmia y Corasmia no es para él. El Gran Kan está irritado porque su hijo no atiende a su llamada y sospecha por qué. Ha mandado caballos como homenaje; dice que está enfermo, pero no le cree. La infición la inoculan las palabras de los envidiosos. Dicen que lo han visto de caza … Decide mandar a su ejército. Entonces llega la noticia. Yochi ha muerto. Dos días, solo, en su tienda; Temüdjin habla con su hijo y le pide perdón.

Temüdjin entra en la tienda y ve a Burte amamantando a un recién nacido. Burte le dará tres hijos más, Chagatai, Ogodei y Tului. Pero antes le ha dado a Yochi, “el huesped”; al fin y al cabo, no sabe si su hijo mayor es hijo suyo.

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