No me esperaba esto

 

Me imagino la cara de sorpresa de los dirigentes de Podemos cuando lean la denuncia pública de la Asociación de la Prensa de Madrid relativa a las campañas sistemáticas de acoso a  periodistas provenientes de dicho partido. Los imagino preguntándose “¿pero no puede hacerse esto?”.

Podemos, durante mucho tiempo, gozó del prestigio de lo fresco, lo joven y lo progre. Y, sin embargo, su idea y su práctica sobre la acción política fueron cristalinas desde el primer momento. Cualquier comportamiento identificado con el sistema y, sobre todo, cualquier comportamiento (incluyo aquí cualquier opinión o discurso más o menos desarrollado) que obstaculizase el camino a la nueva venida del Mesías era localizado, diagnosticado y atacado sistemáticamente. Naturalmente, solo se libraban, fuera de la secta, aquellos que, en un momento dado, pudiesen convenir por razones tácticas.

Esto siempre me pareció obvio. No lo fue, ni lo ha sido, hasta hace poco, para muchos comunicadores. Como eran lo nuevo y a todos nos gustan los juguetes y las novedades, y como además eran lo nuevo, pero en el lado correcto (es decir, en el de lo progre), se les dio toda la cancha  que hiciera falta. Porque, como dice un magistrado del Tribunal Supremo, estos simpáticos escrachadores representaban “la subcultura de algunos grupos sociales, integrados preferentemente por sujetos jóvenes, duramente maltratados, en sus expectativas de trabajo y vitales en general, por las crueles políticas económicas en curso desde hace ya un buen número de años” y formaban “parte de una manera difusa de reaccionar, de contestar, aquí exclusivamente en el plano del lenguaje, la cultura de un establishment del que, no sin razón, se consideran excluidos. Es, por decirlo con el vocablo a mi juicio más adecuado, un modo de épater. Esto es, de provocar o de escandalizar (como explica un diccionario sumamente autorizado). No van, ni debe llevárselas, más allá”.

Normal si ahora se asombran. Las campañas de Podemos en redes sociales contra políticos rivales, contra empresarios, contra cualquiera que pudiera servir de símbolo del “establishment” eran todo lo más gracietas de muchachos revoltosos, duramente maltratados (se los imagina uno en ese páramo en el que prosperan el hambre y el trabajo esclavo, conocido como universidad pública), síntoma de una nueva forma de hacer las cosas, más democrática, más transparente, más participativa, más moderna, en suma.

Ahora, sin embargo, cuando han dejado de ser nuevos, empiezan a estar muy vistos y cansan a la audiencia, y cuando han tratado de evitar la crítica haciendo lo mismo que hacían antes, descubren que los medios que tan bien los trataron cuando el objetivo del escrache eran otros se enfadan cuando los escrachados son ellos. Ya no son gracietas que se moderarán, sino trumps avant la lettre.

Es insólito. Los de Podemos quieren crear miedo, nos dice la APM.

Pues claro. Lo cachondo es descubrirlo ahora. Porque mira que lo dejaron claro desde el primer momento.

 

 

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6 comentarios en “No me esperaba esto

  1. De sus campañas en redes sociales no puedo opinar -nunca he sido muy de chigre- ahora que me las supongo.

    En lo que dice la APM quiero meter los dedos, ver las pruebas. No porque dude sino por ver las diferencias con las presiones e intimidaciones de la vieja política.

  2. Parece que no voy a ver las pruebas, y no lo entiendo. Se dice que es para proteger a los periodistas (“Y de paso los rematamos”, ironizaba Rubén Amón) y esto tendría toda la lógica. Si no fuera porque a la vez que se dice eso, se habla de nueve o diez periodistas –“de todos los medios, curritos”- que llevan la información diaria de Podemos. Se deja claro que no se trata de columnistas estrella ni directores de periódico. O sea, hablamos de los chavales que cubren los actos de UP. ¿En qué quedamos? ¿Con esos datos no será muy fácil identificarlos?

    Y claro, ahora, los que más y los que menos le pasan las cuentas pendientes a la APM. Que si Herrera con los azotes a Mariló, que si Público con el envío de la policía a su sede sin orden judicial, que si las presiones continuas en TVE.

    En fin, las hostias se las está llevando la APM. Y con razón. No se puede ser más torpe.

  3. Acabo de leer dos o tres cosas que la APM considera presiones. Madre mía, dan ganas de decirles aquello de “Aquí se viene llorado”.

    M.

    “Yo ahora no cubro la información diaria de ningún partido, así que no paso por lo que pasan mis compañeros. He hecho campañas electorales, llevo casi veinte años haciéndolas, y en ese tiempo he aprendido algo: la peor presión es la que no te cuentan; la presión que se ejerce internamente, no desde fuera. Al teléfono aguantas a mucho tipo grosero que a menudo pierde los estribos, a mucho señor que suelta amenazas o que se ríe de ti o te dice que estás comprado por otro partido. Es humillante porque no creo que nadie, con una posición de poder, tenga derecho a decir y hacer esas cosas. Y siempre me preocupó la libertad de jefes de prensa, asesores o cargos públicos en llamar a un teléfono y tratarte de esa forma. También he de decirte que cuando eso ocurrió nunca sentí miedo o me preocupó perder mi trabajo. Cuando sientes miedo real y te preocupa perder tu trabajo no es tu teléfono el que suena. Ésa es una circunstancia para mí importante en esta noticia: Podemos llama y amedrenta con palabras feas a los redactores porque no puede sugerir a sus jefes, con palabras suaves, que los releven o los echen.”

  4. Acabo de leer dos o tres cosas que la APM considera presiones. Madre mía, dan ganas de decirles aquello de “Aquí se viene llorado”.

    M.
    “Yo ahora no cubro la información diaria de ningún partido, así que no paso por lo que pasan mis compañeros. He hecho campañas electorales, llevo casi veinte años haciéndolas, y en ese tiempo he aprendido algo: la peor presión es la que no te cuentan; la presión que se ejerce internamente, no desde fuera. Al teléfono aguantas a mucho tipo grosero que a menudo pierde los estribos, a mucho señor que suelta amenazas o que se ríe de ti o te dice que estás comprado por otro partido. Es humillante porque no creo que nadie, con una posición de poder, tenga derecho a decir y hacer esas cosas. Y siempre me preocupó la libertad de jefes de prensa, asesores o cargos públicos en llamar a un teléfono y tratarte de esa forma. También he de decirte que cuando eso ocurrió nunca sentí miedo o me preocupó perder mi trabajo. Cuando sientes miedo real y te preocupa perder tu trabajo no es tu teléfono el que suena. Ésa es una circunstancia para mí importante en esta noticia: Podemos llama y amedrenta con palabras feas a los redactores porque no puede sugerir a sus jefes, con palabras suaves, que los releven o los echen.”

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