No me jodas, ¿eso es penalti?

 

Al ver que mucha gente se quejaba del arbitraje de ayer en el partido entre el Barcelona y el PSG, calificándolo de escandaloso, he echado un vistazo a las jugadas y me he encontrado con algo que me ha llamado mucho la atención, por lo que supone.

Se trata del penalti que le pitan al jugador Meunier por un derribo en el área a Neymar.

Al ver las jugadas me ha asombrado escuchar (en particular a un comentarista que, al parecer, es árbitro) que conforme a las normas actuales, un derribo no solo involuntario, sino en el que no existe ninguna imprudencia es penalti. Siempre había creído que como mínimo era precisa una conducta imprudente.

Las palabras exactas del comentarista son: “es un penalti clamoroso” porque da igual que el jugador sea un “inconsciente” y la “mayoría de los penaltis no se hacen a propósito”.

Entiéndanme, no es que no sea admisible. Al fin y al cabo se trata de un reglamento de un deporte y no de un código penal. Pero, como resulta raro que se responsabilice a alguien de una conducta totalmente fortuita, he mirado las normas actualmente vigentes. Ya, ya sé que es algo bastante frívolo que pierda el tiempo en esto, pero me ha podido la curiosidad. Ya ven, incluso a las normas de la FIFA le podemos aplicar ciertos instrumentos de interpretación de las normas.

Pues bien, el penalti no es sino una falta sancionable con tiro libre directo dentro del área (regla 14). La regla 12 se refiere a las faltas y a la conducta incorrecta.

Y dice esto:

Los tiros libres directos e indirectos y los penaltis solamente podrán concederse por infracciones cometidas cuando el balón esté en juego.

1. Tiro libre directo Se concederá un tiro libre directo si un jugador comete una de las siguientes infracciones de una manera que el árbitro considere imprudente, temeraria o con el uso de una fuerza excesiva:

• cargar contra un adversario;

• saltar sobre un adversario;

• dar una patada un adversario o intentarlo;

• empujar un adversario;

• golpear un adversario o intentarlo (cabezazos incluidos);

• hacer una entrada a un adversario o disputarle el balón;

• poner una zancadilla a un adversario o intentarlo

Si una infracción implica un contacto físico, se penalizará con un tiro libre directo o penalti.

• “Imprudente” significa que un jugador muestra falta de atención o de consideración o actúa sin precaución al disputar un balón a un adversario. No será necesaria una sanción disciplinaria

• “Temeraria” significa que un jugador realiza una acción sin tener en cuenta el riesgo o las consecuencias para su adversario, y deberá ser amonestado

• “Con uso de fuerza excesiva” significa que el jugador se excede en la fuerza empleada, pone en peligro la integridad física del adversario, y deberá ser expulsado

Si vemos todo lo anterior, es obvio que solo existe falta cuando hay, como mínimo imprudencia. Lo dice la norma con absoluta claridad. Y, de una forma no muy precisa, pero suficientemente clara, la imprudencia exige falta de atención o precaución.

¿Cómo cojones va a ser imprudente resbalarse en el campo y terminar como consecuencia de las leyes de la física golpeando a alguien con la cabeza si no puedes evitarlo? (esto sin considerar si es A quien golpea a B o B quien golpea a A, algo no especialmente claro).

No obstante, la norma continúa diciendo:

Se concederá asimismo un tiro libre directo si un jugador comete una de las siguientes infracciones:

• tocar el balón deliberadamente con las manos (excepto el guardameta dentro de su propia área de penalti;)

• sujetar a un adversario

• obstaculizar a un adversario mediante un contacto físico

• escupir a un adversario

Voy a analizar esto por considerar todas las posibilidades, aunque creo que ni en broma se puede hablar de “obstaculización” en este caso. Las reglas definen “obstaculizar” como “dificultar, bloquear o impedir la acción o el movimiento de un adversario”. Lógicamente todas las enunciadas en primer lugar —cargar, saltar, dar una patada, empujar, golpear, etc— implican también una obstaculización tal y como se define, por lo que estas son “especiales” frente al término general. Si se da una de las especiales no puede darse la general, que tendría una función residual.

Pero es que, además, la obstaculización en mi opinión ha de ser necesariamente voluntaria, conforme a las normas, y ahora explicaré por qué.

Para empezar, de las cuatro conductas que se reúnen, las otras tres son indiscutiblemente voluntarias: sujetar y escupir -a alguien- implican voluntariedad en sí mismas. Y en el caso de tocar el balón con las manos, la norma se cuida de añadir “deliberadamente”. Lo razonable es pensar que todas ellas lo sean, ya que se mencionan juntas (a diferencia de las otras, que sí pueden ser imprudentes, algo lógico, ya que implican contactos que pueden ser mucho más dañinos – es decir, la norma pretende en esos casos anteriores proteger al jugador-).

En segundo lugar, porque más adelante, al analizarse la obstaculización sin contacto se explica en qué consiste:

Obstaculizar el avance de un adversario sin que exista contacto

Obstaculizar el avance de un adversario supone colocarse en el camino del adversario para obstruir, bloquear, ralentizar o forzar a cambiar de dirección a dicho adversario cuando el balón no está a distancia de juego de los jugadores involucrados.

Todos los jugadores tienen derecho a su posición en el terreno de juego; encontrarse en el camino de un adversario no es lo mismo que moverse hacia el camino de un adversario.

Un jugador que se coloca entre un adversario y el balón por motivos tácticos no cometerá una infracción mientras el balón se halle a distancia de juego y el jugador no retenga a su adversario con los brazos o el cuerpo. Si el balón se hallara a distancia de juego, el adversario puede cargar contra el jugador, dentro de los márgenes permitidos por las Reglas de Juego..

Como puede verse, la clave es que el jugador se coloque (algo voluntario, pues has de moverte hacia) en el camino de otro, no que se encuentre (involuntario) en ese camino. Más aún, se admite que no lo sea -sancionable- incluso en el supuesto de que se haga voluntariamente, siempre que no se retenga al rival con los brazos o el cuerpo y el balón esté a distancia de juego.

Así que, salvo mejor opinión, fundamentada en estas normas (que creo son las vigentes) yo diría que no es penalti. Algo bien razonable, porque de serlo, también lo sería una jugada similar en la que el jugador cae no porque se tropieza, sino porque le da un infarto o porque le ha golpeado violentamente la pelota, por ejemplo. Y sería raro, ¿verdad?

Por cierto, el mismo árbitro de ese programa afirma que en otro penalti (este no pitado) por falta de Mascherano a Di Maria, el jugador no debe ser expulsado aunque sea ocasión manifiesta de gol, porque “este año”se ha suprimido la regla del “triple castigo”. No sé a qué se refiere con eso del triple castigo, pero mirando el reglamento me he encontrado con esto (y es una regla nueva, efectivamente):

Cuando un jugador impida un gol o malogre una oportunidad manifiesta de gol del equipo adversario mediante una mano deliberada, el jugador será expulsado independientemente de donde se produzca la infracción.

Cuando un jugador cometa una infracción contra un adversario dentro de su propia área de penalti que malogre una oportunidad manifiesta de gol de un adversario y el árbitro conceda un penalti, el infractor será amonestado a menos que:

• la infracción consista en sujetar, alejar o empujar a un adversario, o bien

• el infractor no intente jugar el balón o no tenga posibilidad alguna de jugarlo o bien

• la infracción fuera sancionable con expulsión en cualquier lugar del terreno de juego donde se produjese (p. ej. juego brusco grave, conducta violenta, etc.)

En todas las circunstancias anteriores, se expulsará al jugador.

Y sí, parece que cuando hay penalti la simple existencia de la ocasión -y la falta sancionable con tiro libre directo- ya no supone expulsión (como sí, cuando sucede fuera del área de penalti), sino amonestación, salvo en esos tres casos. Y en mi opinión, es obvio que Mascherano ni intenta ni, sobre todo, tiene posibilidad alguna de jugar el balón. Por tanto, según esta norma, la jugada es penalti y el jugador ha de ser expulsado.

En cuanto al resto de jugadas, carecen de interés jurídico 🙂

 

 

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El Pílades trucho

 

Es recomendable e interesante este artículo de Aurora Nacarino-Bravo en The Objective porque hace hincapié en algo que a veces se minusvalora: la función de las redes sociales como escaparate personal. No hablo solo de negocios o de carrera profesional. Hay un aspecto que se refleja muy bien en el texto, personal.

Internet ha sido una excusa cojonuda. A diferencia de las connotaciones algo patéticas de las agencias de contactos y de la aprensión por esos friquis —los friquis son siempre los otros— que nos podíamos encontrar si hacíamos uso de sus servicios, el abrir un blog, intervenir en un foro, buscar amigos en facebook (esparciendo migas de tu vida personal) y discutir en tuiter fueron pronto perfectamente respetables. Internet como bar, pero como bar compartimentado en el que podías escoger las estancias y visitarlas ubicuamente, multiplicar tu personalidad, ser un hooligan allí y un profesional respetable más allá, y buscar la amistad, conjurar la soledad, demostrar tus aptitudes sin tener que exhibirte antes — con tu físico, tus taras, tus inseguridades, la distancia de una generación con el hambre—, pasando filtros diferentes, basados en la agudeza, la gracia, la destreza en la emisión de mensajes o consignas, y a menudo la capacidad para el uso de los buscadores de información y, en el mejor de los casos, del auténtico conocimiento.

No es que internet nos democratice, sino que las reglas para el ascenso son diferentes. Yo creo que esa es la clave: lo que no te vale fuera o lo que te lastra fuera, puede que te sirva dentro. Y no se trata de algo virtual, sino de algo perfectamente real. Porque es una mercancía. Internet no es tanto (aunque también lo sea) un canal para darte a conocer en el mundo, entendido como eso que hay fuera: lo de dentro es el mundo también. Prueben a dejar de usar su móvil, su tablet  o su ordenador durante un mes, a ver si son capaces.

Es obvio que lo ha cambiado todo y que no hay retorno. Y no es un simple instrumento. No entras para llegar a un sitio. Entras y no sales.

Por lo demás, tuiter, la única red que utilizo, es un lugar que me sirve para conocer gente (cuando luego la conozco fuera, a menudo ya la conozco), para acceder desde allí a información, a trabajos, a conocimientos, para descojonarme y para cabrearme. Para dar a conocer lo que escribo. No sirve para discutir seriamente sobre nada. No he leído, en estos años, nada en tuiter que me parezca brillante (salvo, todo lo más, y no tan habitualmente como se dice, como epigrama); no he leído nada en tuiter que me haya abierto los ojos o me haya transmitido un conocimiento profundo que ignoraba. Nada de lo que he escrito en tuiter tiene valor. Ninguno. Ni por un segundo he creído a los que opinaban que algo pudiera tenerlo. Tuiter es el reino de lo superficial.

Tuiter, en el mejor de sus días, parece acercarse al Pílades. Pero el Pílades es una ficción y por eso, allí, alguien parece improvisar brillantemente las categorías de tuiteros: el cretino, el imbécil, el estúpido, el loco y yo. Bueno, mejor dicho, y usted. Luego reflexionamos y nos damos cuenta  de que Eco imagina un bar y gasta horas en escribirlo.

Por eso cuando vamos creando ese pseudopílades parece mediocre. Es lo que tiene la inmediatez y el medio. Más que el hecho de que no seamos Umberto Eco, porque el caso es que podemos tener a Umberto Eco en nuestro TL y tuiter sigue sin ser el Pílades..

Supongo que no es preciso aclarar que hablo de mi tuiter. No los conozco todos. Extrapolo y puede que me equivoque.