Complejo de inferioridad

En España es noticia (1, 2, 3, 4, 5) que el presidente del Gobierno de España no responda a un periodista que le pregunta en inglés. Sí, aunque parezca increíble, es noticia. Imaginen a Teresa May o a Donald Trump, preguntados por  un periodista de RTVE —ya sé que es difícil, el periodista no llegaría ni a la valla del jardín—, en español. Imaginen la trascendencia de la “noticia” en tal caso  (y eso que en Estados Unidos viven millones de hispanohablantes).

Es difícil ser más paletos.

 

Tsastenia

Llevo varios meses dándole vueltas a algunas historias, para aquí y para JotDown (lo siento, bola). La última de ellas la conocía de hacía bastante tiempo, pero me volvió a llegar, de forma muy extensa, hace apenas una semana. La primera referencia aparecía, como sucede tan a menudo, en un libro que tenía poco que ver con los hechos en sí y se ha completado ahora que estoy leyendo otro que sí trata específicamente de los acontecimientos históricos en los que empezó a tener lugar.

En esta semana de búsqueda he encontrado fuentes, obituarios, fotografías, informes. Reúne las características de otras historias que me atrajeron en el pasado. Es, en un cierto sentido, un caso paradigmático de lo que he venido contando aquí. Ya tengo todo lo que necesito. Solo me falta ponerme a ello. Hasta hace poco, este último paso era el más fácil. Lo más trabajoso (¡y muy divertido!) es reunir la información. Lo otro, lo de contar, es empezar, revisar un par de veces y ya está (en mi caso, aclaro). Al fin y al cabo, el impulso esencial que me ha movido siempre no es “literario” (y por eso las entradas están en construcción y cuando las leo, ya publicadas, las voy corrigiendo), sino el de compartir historias interesantes.

Sin embargo, cada vez me cuesta más. Tanto que he llegado a pensar en simplemente poner algunos enlaces aquí o quedar con los colegas y, tomando una caña, soltar un: ¿conocéis la historia del Dr. Alexander? (no, no es la del tipo que volvió del más allá).

No sé por qué esta apatía, la verdad. No sé si me explico: en vez de hacer algo provechoso, ayer perdí el tiempo que me había reservado para escribir esa historia, y me puse a mirar el reglamento de la FIFA.

No voy a publicar esos enlaces. Voy a ser positivo y guardarme la información en el cajón de las historias pendientes, cada día más lleno. A ver si se me quita esta tontería, vuelvo a la normalidad, a eso que siempre me ha gustado tanto, nos tomamos unas birras y, cuando se tercie, os cuento la historia. No sé si la conocéis, pero es cojonuda.