Felicidades, compatriotas europeos

 

Estos días celebramos el sexagésimo aniversario de los tratados de Roma.

Muchas veces he afirmado que la Unión Europea es indestructible. Aprovecho esta efeméride para volver a repetirlo. La idea es tan inequívocamente buena, ha producido unos frutos tan extraordinarios, y es tan estúpida y dañina cualquier alternativa, que no concibo la posibilidad de que se pueda desmantelar. No hablo solo de buenos deseos, creo que ese desmantelamiento, por la inercia histórica y la enormidad de las tramas nacidas, es materialmente imposible —y si hablamos de él es porque no nos hemos puesto a ello—. Nada de lo que ha ocurrido me hace cambiar de opinión. Tampoco el brexit, ese accidente histórico, que se terminará revirtiendo. Europa es inexplicable sin el Reino Unido. Pasa que les gusta dar la nota. Pero volverán a la casa común, más tarde o temprano.

Solo espero que seamos lo bastante inteligentes como para no poner obstáculos a un proceso histórico irreversible a largo plazo. Seguirá adelante, pero lo podemos hacer fácil o difícil.

En todo caso, enhorabuena. Y ojalá lo antes posible dejemos de ser ciudadanos españoles y todos seamos ciudadanos europeos exclusivamente. No se me ocurre mejor herencia para nuestros descendientes.

 

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Esto de Perroantonio.

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