El color y el sexo de la opresión

 

A raíz de un tuit bastante desafortunado publicado por Amarna Miller sobre esclavos y mujeres del que luego se desdijo o matizó (afirmó haberse expresado incorrectamente), recordé algunos datos que había leído hace tiempo. Hay mucha gente empeñada en que la esclavitud (y más concretamente, el discurso racista que fundamenta ciertas formas de esclavitud) es un fenómeno propio de la cultura “blanca”. Y, cuando se mezcla lo anterior con el feminismo y el sometimiento tradicional de la mujer a los hombres, a la cuestión se le añaden más capas y peleas por saber quién ha sido más víctima (a veces, como es natural, con la intención de usar ese discurso como instrumento de poder, como sucede con todos los que se autoatribuyen la condición de víctimas vicarias por el pasado de sufrimiento de personas que pertenecen a ciertos colectivos).

Yo creo que tanto la esclavitud como el sometimiento de las mujeres tienen un fundamento básicamente biológico. Y que esa es la razón por la que se da en prácticamente todas las culturas y épocas. En el caso de la esclavitud basta con la aparición de excedentes, y de especialistas religiosos y militares. Hay pruebas y ejemplos para aburrir. A menudo (aunque no siempre), a este hecho de poder se le añade una justificación religiosa o ideológica racista. Pero esto también ha ocurrido en todo tipo de culturas y con personas de cualquier raza. Lo asombroso es que mucha gente ignora esto.

En cualquier caso, les decía que recordé cierta historia y ciertos datos. Se trata de esto:

Antoine Auguste Dubuclet II nació en 1774 en Bayou Goula, Iberville, Luisiana. Era negro y libre. Su padre, llevado a Luisiana en 1748, de nombre Antoine Dubuclet I, también era negro, pero no sabemos si libre o, si lo era, desde cuándo y cómo fue liberado (recuerden que Luisiana fue francesa, luego española, luego de nuevo francesa y, finalmente, fue vendida a los Estados Unidos en 1803).

Rosalie Belly era mulata y libre. Su padre, un francés, de nombre Pierre Belly, un hombre rico, propietario de casi cien esclavos y de una gran plantación, se casó, tras manumitirla, con una esclava jamaicana de su propiedad, llamada Rose Marie, y tuvo con ella seis hijas. La ley de Luisiana no admitía la legalidad del matrimonio y la fortuna de Pierre fue repartida: la mitad para sus hermanos, una cuarta parte para Rose Marie y la otra cuarta parte para sus seis hijas. Una de ellas era Rosalie Belly.

Antoine Auguste Dubuclet II y Rosalie Belly se casaron y tuvieron diez hijos. Al morir Antoine Auguste Dubuclet II, en 1838, el hijo varón de más edad Antoine Solide Dubuclet se hizo cargo de la plantación familiar, Cedar Grove (la madre fue a vivir a Nueva Orleans con los hijos pequeños).

Antoine Solide Dubuclet, en 1830, se casó con Claire Pollard. Claire era negra, libre y dueña de tierras y esclavos. Tuvieron nueve hijos. Claire murió en 1852. Antoine Solide Dubuclet volvió a casarse, casi una década después con una mujer llamada Mary Ann Walsh, con la que tuvo tres hijos más. Los hijos fueron educados en Francia.

las habilidades de Antoine Solide Dubuclet lo convirtieron en uno de los plantadores más ricos del sur. Era dueño de más de un centenar de esclavos y sus propiedades estaban valoradas en la época de la Guerra de Secesión en alrededor de cien mil dólares de entonces. Una fortuna enorme. Muy superior a la media de los propietarios blancos.

Tras la Guerra de Secesión fue designado secretario del Tesoro del Estado de Luisiana por los republicanos. Murió en 1878.

Hombres y mujeres, negros. Y propietarios de esclavos.

Puede que piensen que se trata de un caso raro, pero algunos estudios sugieren que no lo fue tanto. Según el censo de  1830, uno de cada ocho negros era libre y 3.775 negros libres eran dueños de 12.740 esclavos.

Larry Koger, en una obra sobre los propietarios negros de esclavos en Carolina menciona que había negros esclavistas desde Nueva York hasta Florida, aunque la mayoría vivía en Luisiana, y que era muy habitual, antes de 1860, que mujeres negras libres heredasen esclavos de hombres blancos y que los utilizasen como base para negocios de éxito. Tanto, que en Charleston, sobre 1860, el 70 % de los esclavos eran propiedad de mujeres negras.

Y aunque muchos de estos propietarios (hombres y mujeres) fueron “buenos amos” con sus esclavos (permitan esa inadmisible expresión), otros como John Carruthers Stanly o Justus Angel y Miss. L. Horry (propietarios en ambos casos de más de cien esclavos) fueron ejemplo —incluso entre tanto hijo de puta— de crueldad y de esas prácticas que tanto asco nos producen, como la venta separada de niños y padres.

Y esto en el mismo centro del esclavismo y el racismo blancos: los Estados Unidos de América del siglo XIX.

La visita al esclavismo y racismo africanos y asiáticos la dejamos para otro día.

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