¿Alguien me lo explica?

 

No tengo una opinión fundamentada sobre la gestación subrogada porque no he pensado gran cosa sobre el asunto, aunque por defecto mi postura siempre es la defensa de la libertad. Por tanto, por defecto y de partida, mi posición es que una mujer pueda decidir utilizar su cuerpo como incubadora del feto de otros y preciso argumentos para que se prohíba. También, por defecto, mi yo legalista prefiere que cualquier práctica no prohibida se regule con claridad, y que se permita y estimule la documentación de los acuerdos basados en la autonomía de la voluntad. Vamos, que siempre es mejor un contrato con sus cláusulas y un listado de derechos y obligaciones. También, por esta razón, creo que la prostitución debe ser legal, regularse y convertirse en una actividad sometida al derecho laboral, a las normas sobre seguridad social y a las fiscales. Naturalmente, cualquier forma de imposición debe estar proscrita y ser perseguida de forma radical. También creo que los argumentos sobre la dominación encubierta que lleva a alguien a prostituirse (como fundamento de una prohibición) son una forma de enmascarar nuestras posiciones morales (y nuestras fobias). La mayoría de las actividades importantes realizadas por los seres humanos se encuentran condicionadas de forma más o menos intensa. Entre ellas, la práctica totalidad de los trabajos. Sin embargo, pasa que a muchos nos cuesta entender que haya gente que haga “ciertas” cosas, y necesitamos una explicación extrínseca. Esto vale para la mujer que se prostituye, pero también podía valer para cualquier conducta “mal vista” (en algún tiempo pasado o lugar), como, por ejemplo, la homosexualidad. O el aborto. Tengo tendencia a sospechar de esas justificaciones. No puedo evitar pensar que se dirigen, no tanto a hacer el bien, como a tranquilizar las conciencias de los que no comprenden que la libertad de los demás consiste también en que puedan hacer aquello que nosotros no haríamos y que nos repugna.

No pretendo, no obstante, desarrollar mucho lo anterior, porque aún ando pensando en ello. El motivo de esta entrada es otro. Creo que un factor que lleva a muchas personas a condenar ciertas actividades es la presencia del dinero. El dinero se convierte en la clave para que algo admisible se convierta en inadmisible. Parece que lo altruista es bueno, mientras que el intercambio es pecaminoso. Lo altruista es difícil de comprender, claro está, sobre todo en el supuesto de comportamientos heroicos; por eso es tan alabada (y por eso llevan los biólogos décadas planteando hipótesis que explique un comportamiento aparentemente antievolutivo). Sin embargo, ¿por qué se ha admitido tradicionalmente el matrimonio de conveniencia? Nunca he comprendido la diferencia entre la prostitución y las relaciones estables (incluso con descendencia) basadas en el interés económico, la seguridad o el estatus. Y han sido mayoritarias. Y hoy seguramente continúen siendo frecuentes. ¿Por qué el dinero no mancha las relaciones personales cuando se extienden en el tiempo y sí cuando son fugaces? Aclaro: esta pregunta no busca una respuesta del tipo emic, sino del tipo etic. No pretendo que me expliquen por qué lo vemos así, sino por qué hay una diferencia y cual es (si es que realmente existe).  

Nunca he obtenido una respuesta satisfactoria. Quizás ustedes tengan alguna.

 

Anuncios

Mar

 

La primera vez que hablé con Mar, hace ya cinco años, me soltó de golpe, tras el saludo de rigor, un “¿cómo es que no estás escribiendo en Jot Down?”. Ella no se acordará; seguro que utilizó esa misma frase muchas veces para convencer a los “autores” —sonrío con mi broma privada y una enciclopedia hecha a medida en la que Rabtan, Tsevan aparece con una entrada enorme después de una telegráfica sobre Rabearivelo, Jean Joseph—. Desde ese día, he hablado con ella muchas veces. Sabía que no se llama Mar de Marchis. Ella, que no me llamo Tsevan Rabtan. Entre otras razones, porque al pactar mi colaboración con su revista me pidió que no firmase como Tsevanrabtan, que hacía falta un nombre y un apellido, y ya saben cual uso desde entonces. Lo malo del capitalismo es que, al ser ella mi patrona, pronto conoció mi nombre civil, pero tampoco me importó ni exigí como contrapartida conocer el suyo porque ¿a mí qué cojones me importa?

Por eso me llamó la atención que un medio dedicase el tiempo de uno de sus periodistas en descubrir quién es la “misteriosa” mujer que hay detrás de Jot Down, incluso enviándolo (lo visualizo y me descojono) a sondear a los vecinos de una conocida localidad costera española. ¿Noticia? ¿Dónde? Admito, no obstante, que tengo una manera de ser bastante extravagante y que es cierto que tras años de amistad un día descubro que un amigo tiene dos hijos y convive en pecado con un antiguo lama tibetano. Es lo que tiene ser la persona menos cotilla del mundo. Aunque, envido más: ¿la prensa se debe ocupar de las noticias o del cotilleo? Sigo admitiendo: a lo mejor hay un trasfondo en estas cuestiones que se me escapa, despistado como soy, y el reportaje estaba en la sección de vamos a ver quién es esa que se da humos y apadrina a un montón de inútiles que nos están quitando el sitio, porque, claro, qué otra explicación hay para que nos quiten el sitio salvo la del poder y la conspiración.

Lo extraordinario, sin embargo, es que, a falta de un Moriarty o de un Dios que mece la cuna mozartiana, sí parecía haber, por casualidad, una de esas llamadas “noticias humanas”, ese lugar en el que hozar. Tanto hozar jode el olfato, ya ven: por lo visto, bastaba con el nombre y los apellidos, y con las impactantes declaraciones del quiosquero local.

En un mundo perfecto, Mar habría engatusado de nuevo a Cebrián. Y Cebrián habría emitido una nota de prensa en la que reconocería que él es Mar de Marchis, que lleva años poniendo voz de mujer por teléfono y convenciendo a todo tipo de gente para que escriba o se deje entrevistar, y que esa es la razón por la que se fotografió con el casco de Vader. Porque, piénsenlo, ¿qué impacta más, que los inexplicables éxito e influencia de Jot Down se deban a un magnate de los medios o que sean producto del trabajo de una mujer desconocida de mediana edad agorafóbica y que mueve los hilos usando el teléfono?

En un mundo perfecto, Mar, ebria de poder y de autoridad, habría creado un Andy Kaufman. Sin embargo, a pesar del inexplicable capricho de intentar evitar que se conozca su biografía, su vida privada y su historial médico, en este mundo imperfecto Mar ha defraudado nuestras ganas de ver el lado divertido de la vida y ha cedido a la presión de explicar lo que no tenía que explicar. Puedo fabricar hipótesis, ya que hay una empresa que funciona, nóminas que pagar y familias que dependen de su ya mítica capacidad para el movimiento de tropas, y no hay que desdeñar que, una vez saboreado el éxito, quisiera, pese a ser una mujer de mediana edad exagorafóbica a la que no conoce nadie destinada a la mediocridad, seguir adelante, mangoneando en las redacciones. No lo sé. Si no he visto a Mar cara a cara, cómo conocer sus motivaciones.

Lo único que sé es que Mar siempre ha cumplido sus compromisos conmigo. Lo que prometió lo cumplió. Y sí, me ha dado mucho la brasa para conseguir que entrevistara a este o aquel, o para que hiciera una serie de artículos sobre un canon de obras de música clásica o sobre las bases jurídicas del independentismo (por mencionar dos de las muchas que me ha ido proponiendo), pero sin lograrlo (cuando me convenció ustedes han visto el resultado). Conmigo, al menos, ha sido insistente y pesada (ese es su trabajo), pero, lo siento, carece de superpoderes y se le puede decir que no. Incluso con cierta frecuencia.

Desde hace un tiempo leo poco Jot Down. Y ya casi no escribo para ellos. La explicación para ambos hechos es sencilla: ando escaso de horas y de motivación, me gano bien la vida haciendo otras cosas y no soy fan de las revistas culturales. No voy a opinar, por tanto, sobre su calidad actual. Sin embargo, en el estrecho mundo español, es un milagro salir de la nada, hacerte un hueco y que llegue el momento en que el director de un periódico paga el viaje a Santa Pola de un periodista porque has llegado a ser molesto. Tengo la sensación de que ese milagro solo se explica por Mar, una mujer exdesconocida de mediana edad y exagorafóbica destinada a hacer cosas difíciles de creer.

En un mundo perfecto todo esto habría sido divertido. En el mundo imperfecto en el que vivimos no tiene ni puta gracia.

 

Preguntas y respuestas

 

¿Votan los catalanes?

Claro. Constantemente. Desde la muerte de Franco han votado en decenas de elecciones democráticas: europeas, generales, autonómicas y municipales.

¿Deciden los catalanes?

Claro. Constantemente. Más aún cuando el poder territorial está tan enormemente descentralizado como en España. Y ni siquiera es cierto que pueda decirse que las decisiones “más” importantes correspondan al parlamento español o a su Gobierno. Muchas decisiones esenciales se adoptan ya en la Unión Europea. Muchas decisiones esenciales (y gestión de recursos) corresponden a las Comunidades Autónomas. El poder está muy repartido.

¿Deciden los catalanes sobre Cataluña?

Más que sobre ningún otro lugar. El parlamento catalán y el Gobierno catalán se eligen exclusivamente en Cataluña.

¿Deciden los catalanes exclusivamente sobre Cataluña?

No, Cataluña forma parte de España y de Europa. Los restantes europeos y los restantes españoles también decidimos sobre Cataluña al escoger representantes en España y en Europa. Los catalanes también deciden sobre el resto de España y sobre el resto de Europa, por la misma razón.

¿Es eso lo que quieren los secesionistas, que los catalanes decidan exclusivamente sobre Cataluña?

No, qué va. Constantemente (salvo una minoría) afirman que quieren “seguir” en la Unión Europea. De hecho, sostienen (contra toda evidencia) que Cataluña seguiría en la Unión Europea pese a una secesión (incluso unilateral). Es decir, que admiten que los catalanes no decidan sobre un montón de cuestiones (muchas más de las que el ciudadano medio imaginaría).

Entonces, si los catalanes ya votan, ya deciden e, incluso tras una secesión conforme al escenario secesionista, no podrán decidir sobre todo, ¿qué quieren los secesionistas?

Los secesionistas no quieren nada de España o del Gobierno de España. Lo que buscan es privarnos a los españoles de un pedazo de nuestro patrimonio común. A todos los españoles. También quieren privar a los catalanes (secesionistas o no) de su patrimonio como españoles. Este es un patrimonio material e inmaterial y no se refiere solo a los recursos. El patrimonio inmaterial comprende también la existencia de un Estado democrático construido sobre la ley (de no existir esta, no sería democrático) y sobre la idea de ciudadanía igual en derechos y obligaciones. Como patrimonio que es, está repleto de activos y pasivos, de éxitos y fracasos, de contradicciones, incluso de señas de identidad contradictorias. Tras una secesión, los españoles (catalanes o no) ya no somos españoles, pues a todos nos faltaría una parte esencial de lo que que nos define como tales. Seríamos otra cosa.

Pero ¿no has dicho siempre que querrías ver cómo España desaparece para convertirse en una parte de un Estado europeo?

Sí, claro. Pero hay también aquí una flecha, una dirección de la historia correcta. En esa dirección no se desune lo unido para que después las partes desaparezcan en algo más grande y mejor. En esa dirección, lo unido se une en algo más grande y mejor, y desaparece para siempre. La operación secesionista es un sinsentido solo explicable como expresión de esa forma de sentimentalismo perverso llamado nacionalismo, que aplicado a la política ha sido la fuente de tanta muerte y destrucción. El ciudadano concreto no gana nada con una operación así: su poder está tan diluido como lo está ahora mismo.

Eso lo dices porque tu nacionalismo ya tiene su Estado: España.

No en mi caso, pero incluso aunque sí lo fuera en el caso de muchos españoles, una vez España es un Estado democrático, regido por una Constitución democrática, los accidentes de la historia que desembocan en esta realidad son los que son y es estúpido generar otros artificialmente para satisfacer las ansias infantiles por las utopías. Al contrario, lo inteligente es ser capaz de superar cualquier forma perversa de nacionalismo, construyendo un lugar en el que pudiera vivir todo el que admita determinadas reglas de convivencia basadas en la ley, la libertad y los derechos humanos, hable en el idioma que hable, rece o no, dance como dance. Por suerte, vivimos en el lugar que ha generado la tradición intelectual más cercana a ese modelo hacia el que se dirige inexorablemente la historia (por muchos imbéciles y fanáticos que no se quieran enterar) y aquí podríamos dar ese paso histórico, modelo futuro para los demás. Estas ansias no las satisfacen las “naciones culturales”, ese residuo folclórico.

Pero ¿tan grave es dejar que en este caso los catalanes decidan en exclusiva romper con España?

Sí, lo es. Y la propia pregunta lo demuestra. Los catalanes no romperían con España: romperían España. Una parte se arrogaría la capacidad de decisión que corresponde a todos. Una decisión así sería estúpida incluso adoptada por todos, tras una reforma de las leyes que nos dimos en 1978; una decisión así, adoptada solo por las catalanes, sería una arbitrariedad, un privilegio, que haría al español de vecindad administrativa catalana mejor que a los españoles de otros lugares. Sería ilegal y antidemocrática. Sería el equivalente al voto censitario, al voto solo masculino, al voto solo de los blancos. Sin embargo, se está vendiendo precisamente como la expresión de un ejercicio democrático. Esta es su perversión. Y, además, ¿para qué?

¿Como que para qué? Para tener su destino en sus manos.

No existe ese sujeto llamado los catalanes. No existe ese sujeto llamado los españoles. Cuando se usan se parte de una ficción radical que sirve para legitimar la acción de gobierno. El demos es una construcción. Esta es otra de las mentiras: cada ciudadano catalán concreto (con sus preferencias y su manera de ver el mundo), como individuo, puede tener más afinidad por otros ciudadanos europeos de fuera de Cataluña que por algunos de sus vecinos de comarca. Más aún cuando las diferencias son mínimas (aunque tendamos a no darnos cuenta) en Europa. Los nacionalistas, naturalmente, las exacerban. Ese es su juicio, racista en el fondo, ya que cree en la existencia de rasgos que se mantienen en el tiempo y que son resultado de un algo inefable, nacido de la raza, la historia y las piedras. Su fuerza es resultado de la naturaleza tribal del ser humano, que ve en el color de la piel, por ejemplo, una diferencia básica, porque se muestra, aunque el análisis genético nos demuestre lo contrario. Un catalán en una Cataluña secesionada no tendrá en sus manos su destino más de lo que lo tiene ahora. Y no tendrá más derechos, como individuo, de los que tiene ahora.

Entonces explícame por qué tantos millones de personas, muchas de ellas instruidas y expertas en muchas materias, se apuntan a una idea que para ti es idiota y antidemocrática. ¿No admites que puedes estar afectado por tus propios sesgos?

Naturalmente, siempre hay que admitir esa posibilidad, pero permite que analice tu argumento: muchas personas, algunas de ellas expertas, apoyan una idea y por eso la idea puede ser admisible, lógica, racional y benéfica. Por desgracia, la historia de la humanidad nos demuestra que personas con ese mismo perfil, en ocasiones, han apoyado activamente, por los motivos más variados, a regímenes, a gobiernos, a movimientos políticos que, con el tiempo, se han mostrado como dañinos, incluso como gravemente criminales. De hecho los historiadores se dedican habitualmente a mostrarnos las claves de ese comportamiento tan perturbador. Simplemente por esta razón, el argumento pierde su fuerza. Ya ha pasado antes que profesionales y expertos ayuden a las naciones a precipitarse en la ignominia y el mal. Si sucede en esos casos extremos, ¿por qué no va a suceder en otros de menor gravedad? Por cierto, los casos extremos siempre se producen tras una ruptura violenta con la legalidad. Es fácil comprender por qué: cuando se rompe la ley y se apela a una voluntad en bruto (sin reglas previas válidas para su formalización) se abre la puerta a toda arbitrariedad. Hace poco se ha sabido que una serie de personas proponen la secesión de Barcelona y Tarragona dentro de Cataluña. Rota la ley, ¿por qué no? Alguien dirá: porque toda Cataluña es una nación. Pero, ¿esto dónde lo pone? ¿en otra ley, en un estatuto de origen “españolista” -pues lo parió la Constitución española-, en una constitución catalana que no recoja las “legítimas aspiraciones de los ciudadanos de Barcelona y Tarragona”? Frente a esto, ellos dirán, es fácil saberlo: votemos, decidamos, que hable la democracia. Eso sí, que voten solo los de Barcelona y Tarragona, añadirán. La voluntad bruta por encima de la ley, admitida una vez, no puede ser repudiada por los que la utilizaron.

Vamos, que al final pasará lo de siempre. Terminaréis usando la fuerza.

No sé lo que pasará. Puede que se use. La fuerza es un recurso legítimo monopolizado por el Estado. Espero que no se llegue ahí. No obstante, si se usa, no la usaremos “nosotros” contra los catalanes: la usarán los catalanes (entre otros) contra los que quieren torcer el imperio de la ley democrática. La usarán los ciudadanos contra los golpistas.

 

Et in arcadia ego: el mundo prístino en el que los hombres eran libres y podían inscribir sus inmuebles en el Registro de la Propiedad sin pagar impuestos

 

Al azar he leído un texto de este club liberal. Me ha impresionado, por qué no decirlo. Así que lo traigo a mi blog, tal cual. Sin aditivos, sin comentarios, sin expurgar una sola de esas ideas que como puños seculares nos golpean sin compasión. Así es la verdad, inmarcesible, brutal, cristalina. Disfruten del texto:

Desde que el hombre se comprendió así mismo como un ser político y gregario, se puede palpar incluso en la historia más antigua, como se han librado luchas tanto intelectuales como sangrientas, las cuales han intentado detener el abuso del poder para salvaguardar al individuo de la tiranía.

Hoy en día esta lucha por preservar a la minoría más real y cierta –como lo son cada individuo– ha mutado, los que antes tomaron las armas para imponer sus ideas hoy se disfrazan de mansas palomas, prometiendo un mejor futuro e igualdad material para la humanidad.

Esta utopía es presentada en la actualidad como el Estado social, el cual tiene por fin último gestionar la “procura existencial”; esto no es más que un eufemismo, ya que en base a esa obligación que asume el Estado de proporcionar un estándar mínimo de vida a sus habitantes, puede excusarse para desconocer los derechos fundamentales de las personas como lo son la vida, la libertad y la propiedad; en consecuencia ese supuesto Estado de bienestar no es más que un arma a disposición de la política, que en cualquier momento puede accionarse contra las libertades individuales y desaparecerlas por completo.

Bajo ese “orden jurídico” que se impone con el welfare state, se pretende dar apariencia de legalidad a la destrucción de los derechos individuales, ya que de éste se desprende que la prioridad es el bien común o general de la sociedad, en consecuencia queda muy disminuido o en el peor de los casos desprovisto el individuo de medios para hacer valer en cada ámbito en que se desarrolle su interés particular frente a ese coloso que es el Estado benefactor.

Véase entonces, como esa organización política sirve para disolver al individuo en una abstracción como lo es el bien común; al asumir el Estado un rol activo tanto en economía, servicios etc, puede quien dirige todo aquel aparataje estatal destruir o manipular la democracia, bien sea activamente a través de amenazas de suspensión de beneficios –que en los regímenes más radicales se les otorga la calificación de derechos– o pasivamente a través de la exacerbada repartición de bienes o beneficios, con los únicos fines de permanecer en el poder.

.Otra grave consecuencia es la pérdida de la libertad de expresión –aunque no lo parezca–, pues cuando se intenta hacer ver las perversiones que conlleva el Estado social, más allá de las falacias ad homine típicas de los que defienden esas ideas, siempre se tropieza con la censura moral de que no se desea el bien para los demás y que en consecuencia se está defendiendo intereses “imperialistas” o “multinacionales”, así como otros argumentos falaces que no merecen la pena ni mencionar.

En esa misma minusvalía encontramos al derecho de propiedad, el Estado social es la excusa perfecta para desconocer absolutamente este derecho, con ella se pueden “legitimar” todo tipo de expoliación por parte del aparato del Estado, desde empresas hasta viviendas, todo ello basado en que es necesario asegurar tan cacareado bien común.

Un claro y actual ejemplo de cómo el Estado de bienestar no es más que un instrumento perverso con el cual las tiranías se disfraza, es el régimen venezolano, el cual se ha valido de él y de otras miles de falacias más para desconocer cualquier tipo de orden jurídico que proteja al individuo, para entregar “ayudas sociales” que van desde entrega de viviendas, electrodomésticos, divisas para viajes, hasta una perversión más grave como la de entregar comida a través de un sistema de identificación (carnet), para el cual es necesario entregar información sumamente personal y quien se atreva a contradecir el ideal “revolucionario queda execrado de todos estos “beneficios”.

Vemos pues, que esas pseudopolítcas, no son más que medios coercitivos para que las personas no puedan tener conciencia crítica, poder de decisión sobre su dinero y mucho menos sobre sus propiedades inmuebles, todo ello con la excusa de que es necesario controlar absolutamente todo para cumplir con los “derechos del pueblo”, ya que así lo ordena la Constitución, instrumento en el cual se dan los lineamientos del Estado social.

En conclusión, ya por sí mismo el poder y el estado son instrumentos que pueden acabar con la libertad, por lo tanto otorgarle más poder y más protagonismo en la vida de las personas, es entregar una poderosa arma para exterminar de forma definitiva la libertad, como ocurre en regímenes totalitarios como el de Venezuela, Cuba, Corea del Norte entre otros, donde reina la mentira y la tiranía en nombre del pueblo.

Nosotros, los elegidos

 

Como no me fío ni de mi fallecido progenitor, al leer que la autodenominada Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón, “rechaza” la donación efectuada por la Fundación Amancio Ortega para la adquisición de aparatos para el diagnóstico y prevención del cáncer, he pensado que a lo mejor se había malinterpretado y que simplemente querían hacer hincapié en la necesidad de una financiación pública mejor de la sanidad. Pero no, este es el comunicado. Extracto algunas frases (si tienen valor, léanlo entero):

(…) Nuestra Comunidad no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad. (…)

Hay que ser muy imbécil para decir algo así. Imbécil sin remisión. No voy a comentarlo. Hay que ser también muy imbécil para no darse cuenta de que esa frase solo la puede decir un imbécil.

Menos aún de quien siendo el mayor accionista de una de las mayores empresas y fortunas personales del Estado tendría que demostrar no su filantropía sino su obligación de contribuir al erario público de forma proporcional a sus beneficios y en la misma proporción que el resto de los contribuyentes.

El imbécil apuesta aún más alto, como ven. “Menos aún”, dice. ¿”Menos aún” que todos los demás, ya que no aceptan la generosidad o el altruismo de nadie? Todo para no decir la verdad, que les jode que el altruismo provenga de un señor que es muy rico. Esa es la estructura profunda de la frase, aunque no muy profunda, como ven —¿qué será eso de demostrar la obligación?—. Además, vienen a decir que ese señor no tiene que ser generoso, sino que tiene que pagar sus impuestos “en la misma proporción que el resto de los contribuyentes”. ¿En la misma proporción? ¿no más? ¡Joder, estos imbéciles quieren que pague aún menos dinero! Lo curioso es que —vean hasta qué punto son imbéciles— como no pueden decir que pague menos de lo que tiene que pagar según la puta ley democrática que resulta del voto del “resto de los contribuyentes” y de algunos que no contribuyen con nada, la consecuencia es que, aunque pague todo lo que tenga que pagar, no le admiten su “filantropía”. Es decir, que asumen que este señor, como es rico, no puede regalar nada y todo lo que quiera regalar es una obligación y hay que rechazarlo para que quede claro que es una obligación.

Sobre algunas “Fundaciones filantrópicas” como la Fundación Amancio Ortega

Si tan preocupada está por la salud, teniendo en cuenta que su ropa se elabora en gran parte deslocalizada en países como Marruecos o Bangladesh, que mejore las condiciones de trabajo de las personas que directamente o mediante subcontratas trabajan en condiciones de explotación y grave riesgo para su salud y su vida, y que trabaje para corregir las violaciones de los derechos humanos que se producen en la cadena de producción textil. Todavía está muy fresco el recuerdo de la tragedia del Rana Plaza, cerca de Bangladesh, con 1.134 muertos y más de 2.500 heridos

Defendemos el derecho a la salud de todos y todas las personas. Y la salud depende de sus determinantes sociales, como la alimentación, el trabajo, la vivienda, el medio ambiente, etc.  Le sugerimos, que el lobby textil se una a la iniciativa legislativa recientemente aprobada en el Parlamento Europeo para obligar a los proveedores de esta industria  que abastecen a la Unión Europea, a respetar los derechos humanos de sus trabajadores en todo el mundo. Si quiere pasar por empresa ética es en ese nivel donde tiene que demostrarlo y no ofreciendo regalos a quienes no le aprietan las clavijas fiscales.

Estos dos párrafos son muy significativos. Imaginemos que asumiéramos lo que dicen, aunque son dos párrafos llenos de trampas: ¿qué tiene que ver esto con la donación de millones de euros para la sanidad española? Salvo que se quiera decir que puede donarlos gracias a que joden a los ciudadanos de otros países y que la sanidad española debería, a su vez, donar estos millones de euros a Marruecos o Bangladesh. ¿Es eso lo que quieren decir? Porque si no es eso, hay un mensaje alternativo perfectamente compatible, pero no imbécil: “agradecemos a la Fundación Amancio Ortega esta donación, a la vez que denunciamos que puede mejorar las condiciones de trabajo de las fábricas en países del Tercer Mundo de las empresas y sociedades de las que se nutre”. No se dice, porque su discurso es ideológico. Tanto lo es que hacen una exhibición:

Sobre la penetración de la ideología neoliberal en la utilización de la tecnología médica

En un contexto de presiones (publicación de estudios en los que se señala la gran obsolescencia de los equipos de diagnóstico, monitorización y terapia en la sanidad pública) por parte de la patronal de empresas de tecnología sanitaria, Fenin, surge el “Plan Renove” de Tecnología Sanitaria anunciado por la ministra de Sanidad (ya se está gestando en colaboración con el Ministerio de Hacienda).

En estas circunstancias, hay que valorar la oportunidad y necesidad de este Plan multimillonario y del “regalo tecnológico” del Sr. Ortega al SALUD aragonés. Si lo que interesa es la mejora de la salud, hay que tener en cuenta el impacto de los aceleradores lineales, mamógrafos y otro aparataje sobre la salud de las personas.  Hay despilfarro, mala utilización de la tecnología, bajo rendimiento y efectos adversos por exceso relativo.  Por eso, es necesario calibrar  su adecuada utilización y sobre todo, insistir en otras políticas de carácter social de las que depende en gran medida la salud, especialmente como consecuencia de la crisis económica, las políticas neoliberales y los factores demográficos.

Las máquinas, la tecnología, son malas. Por eso los ricos (los de todo el mundo), cuando tienen cáncer las usan. Porque son también imbéciles. Nada de tecnología: contra la enfermedad lo mejor es una buena dieta y lecturas adecuadas. Una buena lectura es el propio documento:

Sobre los Determinantes Sociales de la salud

En esta fase de desarrollo de nuestro Sistema Sanitario, éste solo contribuye en un 11% a la salud. El resto depende de la biología humana, el ambiente o el estilo de vida, la alimentación, la vivienda, el trabajo, las ayudas sociales, etc. condiciones cada vez más deterioradas con las políticas de recortes y con la creciente desigualdad producida por las políticas neoliberales.

No es de recibo que se siga incrementando la carrera de la tecnología, que se dediquen costosos recursos que casi solo favorecen a la industria, mientras que muchas familias carecen de lo más elemental para poder conservar su salud. Las inversiones más rentables son preventivas. Las autoridades sanitarias suelen cargar con los programas de cribado y la promoción de hábitos saludables, pero olvidan lo más importante, mejorar las condiciones de vida de las personas. En este sentido, son muchas las organizaciones que insisten en advertir de la influencia en la salud de la extensión y persistencia de la pobreza en nuestro país, la precariedad, la exclusión y el incremento de las desigualdades. El 1% de la población española con mayor patrimonio acaparaba en 2016 más de una cuarta parte de la riqueza del país, mientras que el 20% más pobre se quedaba con un 0,1%. Casi 700.000 hogares (1,3 millones de personas) no tienen ningún ingreso. El desempleo en 2016 era del 19,6%, el doble de la media de la CE y el mientras que el poder adquisitivo de los trabajadores ha bajado un 10%, el valor de las acciones empresariales se ha multiplicado por 5 en los últimos 25 años.

¿Ven? Esta gente no habla de la sanidad pública. Porque todos sabemos lo que es la sanidad pública. Algo bien concreto. No, los iluminados estos hablan del paraíso. Empiezan criticando que se donen aparatos de esos a los que se refiere la SEOR, —que describen un déficit de la sanidad española en una serie de aparatos específicos— para luego hablar del neoliberalismo, la malvada industria, la carrera tecnológica y la segunda venida de Cristo.

Sobre los recortes

Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón es instaurar medidas para recuperar el derecho universal a la salud perdido desde el RDL 16/2012 y el RD 1192/2012 e instar para ello al Gobierno Central (que retiró 873.000 tarjetas sanitarias además de otros recortes y copagos/repagos).  Esta reforma afectó y afecta en especial, a los grupos más vulnerables: inmigrantes en situación irregular, personas de escasos recursos con enfermedades crónicas, a desempleados y en paro de larga duración que permanezcan fuera del Estado español por más de 90 días.

¿Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón? No, hombre, eso es lo segundo. Lo primero que debe hacer es rechazar la pasta de la Fundación Amancio Ortega. De hecho, ya está tardando. Da igual que ese dinero a lo mejor libere recursos para después mejorar otras áreas de la sanidad aragonesa.

También nuestro Gobierno de Aragón debe solucionar de forma urgente las carencias que desbordan centros y profesionales, falta de material, bajas que no se reponen, no se cubren descansos, cierres de camas… y el fraude que supone que haya listas de espera de varios meses incluso de años, para determinadas pruebas o para determinadas consultas

Naturalmente, si la Fundación Amancio Ortega dona dinero para, no sé, comprar camas, o para contratar más enfermeras, tampoco le aceptaríamos esa pasta. Ya lo dicen al principio del comunicado.

Sobre la pretendida colaboración “público-privada”

Estamos hartos y hartas de escuchar el mantra de la “colaboración público-privada” como solución a los problemas sanitarios, cuando en realidad supone un encarecimiento de la sanidad por estos procesos privatizadores. Una muestra de esto la tenemos en el CASAR aragonés (fórmula público-privada) con la MAZ, que ha dejado una factura a pagar por las arcas públicas de unos 18 millones de euros, además de múltiples irregularidades en la gestión

¿Ven? De nuevo el problema ideológico. ¿Cómo se encarece la sanidad pública aceptando 320 millones de euros donados? ¿Por qué mezclan la velocidad con el tocino? Es simple, porque la sanidad pública les importa una mierda; ellos solo trabajan para que llegue el paraíso a la tierra, un paraíso sin carrera tecnológica, en el que se atarán perros con longanizas y la gente vivirá 150 años gracias a métodos de vida saludables y a un uso inteligente de las estadísticas (esas sociedades incipientes son fácilmente localizables: son esas en las que los problemas desaparecen porque siempre hemos estado en guerra con Eurasia). Esas en las que no hacen falta medicamentos.

Ya no sigo. No les voy a la dar la murga con las farmacéuticas o la reforma laboral (sí también hablan de eso).

Al principio de esta entrada hay una pequeña trampa. He dicho que el documento está escrito por imbéciles. Es una forma de manipularles a ustedes, lectores. En realidad hay una explicación alternativa. Los que escriben el documento no son imbéciles; solo piensan que los imbéciles son ustedes y que no se darán cuenta de lo que pretenden decir en realidad: que no hay que aceptar ese dinero de Amancio Ortega porque lo que hay que hacer es quitárselo. Pero no una parte: todo. Y que hay que acabar con la puta propiedad privada, que es el origen de nuestros males, salvo cuando se trata de su peine o de una colección (modesta, eso sí) de discos de música popular albanesa. Lo que pasa es que no se atreven a decirlo tal cual, así que mienten, a ver si el mensaje cuela por la vía del resentimiento.

Naturalmente, el mensaje evangelizador y apocalíptico no se refiere a la sanidad. Como si a esta peña le importase que usted en concreto, o su madre, su padre, o alguno de sus hijos, o ese amigo del alma, padezcan cáncer y puedan curarse. Esa peña es mejor. Ellos no velan por un tipo concreto. No velan por la sanidad o el trabajo o la cultura o los niños. Ellos velan por la Humanidad. Así, en mayúsculas. Así, en abstracto. Y no dejan que un accidente los aparte de su objetivo.

¿Crees eso? ¿En serio?

 

Nos cuesta darnos cuenta de que alguien que nos cae bien ha perdido el rumbo. Puede caernos alguien bien aunque no compartamos sus opiniones, eh. Siempre he pensado que en esto de los afectos lo insalvable es más la manera de articular esas opiniones que su contenido. ¿Usted también conoce a un gilipollas que piensa casi exactamente igual que usted, verdad? A eso me refiero.

El caso es que un día descubres que esa persona que te cae simpática empieza a dejar caer cosas raras. Las justificas porque son pocas o porque siempre ha sido un poco trol, pero luego se hacen más frecuentes. Las madres siempre nos indican el camino, así que empiezas a sospechar de las malas compañías. Y lo ves con gente que no conoces o de la que te burlabas. Ves que enlaza a ese trolero, a aquel extremista, a ese otro chiflado. Ciertos asuntos empiezan a convertirse en recurrentes y, dentro de esos asuntos, consignas y tics que demuestran que empieza a asumir un discurso que aborreces. A veces, si preguntas (con cuidado, que es colega), te tranquilizas porque te contesta que sí, que sabe que ese tipo es un extremista, que aquel está como un cencerro y que eso que ha enlazado o retuiteado es una exageración o una trola. Pero luego insiste, y empiezas a sospechar que sus excusas son falsas. Que no le parece tan extremista, quizás solo políticamente incorrecto; ni tan chiflado, quizás solo apasionado; ni tan embustero: “todos manipulan, pero este al menos no miente en lo esencial”.

Un día descubres que tu colega no se dedica a epatar al personal, sino que realmente piensa así y se alimenta de basura, que engulle con satisfacción. Ya no reconoces en él a ese tipo que te caía bien, aunque dijese a veces alguna burrada.

Si el día que haces ese descubrimiento te preguntas si tu colega piensa de ti exactamente lo mismo que puede usted leer en los párrafos anteriores, estimado lector, cambiando algún matiz sin importancia, estarás a salvo. Él quizás ya no. Cuando hagas este descubrimiento es probable que lleve tiempo viéndote como una rémora, si no como un enemigo.

El mal prospera así. Llenándonos de certezas.

 

La libertad es la primera de mis pasiones

 

Las palabras reptilianas de Tocqueville que luego transcribo despiden un aroma de sinceridad. Por su incorrección insalvable, y por esa tensión entre la biografía y la inteligencia. Si hubiese hablado de otra aristocracia, serían excelentes. Pero no, Tocqueville, preso, como todos, de sus contradicciones, atribuye la razón y la individualidad a una clase social, y olvida las raíces materiales del odio y de la injusticia. Mi padre era camionero. Mi madre, ama de casa. Mis abuelos, pobres como ratas.

En todo caso, siempre nos dicen que el primer paso para curarse es diagnosticar la enfermedad.

(La traducción es mía; perdonen si hay alguna incorrección).

J’ai pour les institutions démocratiques un goût de tête, mais je suis aristocratique par l’instinct, c’est-à-dire que je méprise et crains la foule. J’aime avec passion la liberté, la légalité, le respect des droits, mais non la démocratie. Voilà le fond de mon âme. Je hais la démagogie, l’action désordonnée des masses, leur intervention violente et mal éclairée dans les affaires, les passions envieuses des basses classes, les tendances irréligieuses. Voilà le fond de l’âme. 

Je ne suis ni du parti révolutionnaire, ni du parti conservateur. Mais, cependant et après tout, je tiens plus au second qu’au premier. Car je diffère du second plutôt par les moyens que par la fin, tandis que je diffère, du premier tout à la fois par les moyens et la fin.

La liberté est la première de mes passions. Voilà ce qui est vrai.

“Mon instinct, mes opinions” (OC, t. III, 2, p. 87)

Por la razón aprecio las instituciones democráticas, pero soy aristocrático por instinto; es decir, menosprecio y temo a la turba. Amo con pasión la libertad, la legalidad, el respeto a los derechos, pero no la democracia. Ese es el fondo de mi alma. Odio la demagogia, la acción desordenada de las masas, cómo prorrumpen sombríamente en los asuntos, las envidiosas pasiones de las clases bajas, sus tendencias irreligiosas. Ese es el fondo de mi alma.

No soy de los revolucionarios o de los conservadores. Pero, sin embargo y finalmente, me inclino más hacia los segundos que hacia los primeros, pues difiero de los medios de los segundos, pero lo hago de los medios y los fines de los primeros.

La libertad es la primera de mis pasiones. Esto sí que es cierto.