Mar

 

La primera vez que hablé con Mar, hace ya cinco años, me soltó de golpe, tras el saludo de rigor, un “¿cómo es que no estás escribiendo en Jot Down?”. Ella no se acordará; seguro que utilizó esa misma frase muchas veces para convencer a los “autores” —sonrío con mi broma privada y una enciclopedia hecha a medida en la que Rabtan, Tsevan aparece con una entrada enorme después de una telegráfica sobre Rabearivelo, Jean Joseph—. Desde ese día, he hablado con ella muchas veces. Sabía que no se llama Mar de Marchis. Ella, que no me llamo Tsevan Rabtan. Entre otras razones, porque al pactar mi colaboración con su revista me pidió que no firmase como Tsevanrabtan, que hacía falta un nombre y un apellido, y ya saben cual uso desde entonces. Lo malo del capitalismo es que, al ser ella mi patrona, pronto conoció mi nombre civil, pero tampoco me importó ni exigí como contrapartida conocer el suyo porque ¿a mí qué cojones me importa?

Por eso me llamó la atención que un medio dedicase el tiempo de uno de sus periodistas en descubrir quién es la “misteriosa” mujer que hay detrás de Jot Down, incluso enviándolo (lo visualizo y me descojono) a sondear a los vecinos de una conocida localidad costera española. ¿Noticia? ¿Dónde? Admito, no obstante, que tengo una manera de ser bastante extravagante y que es cierto que tras años de amistad un día descubro que un amigo tiene dos hijos y convive en pecado con un antiguo lama tibetano. Es lo que tiene ser la persona menos cotilla del mundo. Aunque, envido más: ¿la prensa se debe ocupar de las noticias o del cotilleo? Sigo admitiendo: a lo mejor hay un trasfondo en estas cuestiones que se me escapa, despistado como soy, y el reportaje estaba en la sección de vamos a ver quién es esa que se da humos y apadrina a un montón de inútiles que nos están quitando el sitio, porque, claro, qué otra explicación hay para que nos quiten el sitio salvo la del poder y la conspiración.

Lo extraordinario, sin embargo, es que, a falta de un Moriarty o de un Dios que mece la cuna mozartiana, sí parecía haber, por casualidad, una de esas llamadas “noticias humanas”, ese lugar en el que hozar. Tanto hozar jode el olfato, ya ven: por lo visto, bastaba con el nombre y los apellidos, y con las impactantes declaraciones del quiosquero local.

En un mundo perfecto, Mar habría engatusado de nuevo a Cebrián. Y Cebrián habría emitido una nota de prensa en la que reconocería que él es Mar de Marchis, que lleva años poniendo voz de mujer por teléfono y convenciendo a todo tipo de gente para que escriba o se deje entrevistar, y que esa es la razón por la que se fotografió con el casco de Vader. Porque, piénsenlo, ¿qué impacta más, que los inexplicables éxito e influencia de Jot Down se deban a un magnate de los medios o que sean producto del trabajo de una mujer desconocida de mediana edad agorafóbica y que mueve los hilos usando el teléfono?

En un mundo perfecto, Mar, ebria de poder y de autoridad, habría creado un Andy Kaufman. Sin embargo, a pesar del inexplicable capricho de intentar evitar que se conozca su biografía, su vida privada y su historial médico, en este mundo imperfecto Mar ha defraudado nuestras ganas de ver el lado divertido de la vida y ha cedido a la presión de explicar lo que no tenía que explicar. Puedo fabricar hipótesis, ya que hay una empresa que funciona, nóminas que pagar y familias que dependen de su ya mítica capacidad para el movimiento de tropas, y no hay que desdeñar que, una vez saboreado el éxito, quisiera, pese a ser una mujer de mediana edad exagorafóbica a la que no conoce nadie destinada a la mediocridad, seguir adelante, mangoneando en las redacciones. No lo sé. Si no he visto a Mar cara a cara, cómo conocer sus motivaciones.

Lo único que sé es que Mar siempre ha cumplido sus compromisos conmigo. Lo que prometió lo cumplió. Y sí, me ha dado mucho la brasa para conseguir que entrevistara a este o aquel, o para que hiciera una serie de artículos sobre un canon de obras de música clásica o sobre las bases jurídicas del independentismo (por mencionar dos de las muchas que me ha ido proponiendo), pero sin lograrlo (cuando me convenció ustedes han visto el resultado). Conmigo, al menos, ha sido insistente y pesada (ese es su trabajo), pero, lo siento, carece de superpoderes y se le puede decir que no. Incluso con cierta frecuencia.

Desde hace un tiempo leo poco Jot Down. Y ya casi no escribo para ellos. La explicación para ambos hechos es sencilla: ando escaso de horas y de motivación, me gano bien la vida haciendo otras cosas y no soy fan de las revistas culturales. No voy a opinar, por tanto, sobre su calidad actual. Sin embargo, en el estrecho mundo español, es un milagro salir de la nada, hacerte un hueco y que llegue el momento en que el director de un periódico paga el viaje a Santa Pola de un periodista porque has llegado a ser molesto. Tengo la sensación de que ese milagro solo se explica por Mar, una mujer exdesconocida de mediana edad y exagorafóbica destinada a hacer cosas difíciles de creer.

En un mundo perfecto todo esto habría sido divertido. En el mundo imperfecto en el que vivimos no tiene ni puta gracia.

 

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4 comentarios en “Mar

  1. esta frase:
    “un día descubro que un amigo tiene dos hijos y convive en pecado con un antiguo lama tibetano. Es lo que tiene ser la persona menos cotilla del mundo. ”

    me ha recordado a esta otra de Leoncho:

    “Nunca, en 34 años de profesión, he publicado algo sobre la vida privada de los jugadores, salvo cuando había una clara conexión con el rendimiento deportivo […]. Y tampoco lo voy a hacer ahora, porque no hay indicio sólido alguno de que las relaciones sentimentales de Carlsen estén incidiendo en la calidad de su juego. ”

    http://deportes.elpais.com/deportes/2017/06/28/la_bitacora_de_leontxo/1498665970_622789.html

    y hasta aquí puedo leer

  2. “Entre otras razones, porque al pactar mi colaboración con su revista me pidió que no firmase como Tsevanrabtan, que hacía falta un nombre y un apellido, y ya saben cual uso desde entonces” , en tus articulos de Jot Down SI firmas como tsevan lo que sea ; entonces q?
    Nunca he entendido porque la gente se oculta en pseudonimos, es por vergüenza ?, me gusta saber el nombre ( real ) sobre quien estoy leyendo algo, sea un cometario en un foro ,o un articulo ; es como hablar con alguien i que esconda su cara debajo un pasamontañas

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