Agradecimientos

 

 

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Javier Bilbao Atlas del bien y del mal

J. Ernesto Ayala-Dip Geografía de la infamia

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10 Manuel SolloTsevan Rabtan selecciona en “Atlas del bien y del mal” treinta y una anomalías históricas sobre tan sinuosa frontera territorial y moral

 

 

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No. No se presume que sea culpable. Si se presumiera, no habría habido ni juicio.

 

De aquí: 

Durante el juicio a La Manada, el grupo de cinco jóvenes acusados por una chica de 18 años de violarla en San Fermín, se ha producido una confusión interesada: quien criticase la estrategia de los abogados de La Manada estaba condenando a los acusados.

[depende. En algunos casos, no; en otros, sí. En particular, en todos aquellos que no comprendían que la admisión de ciertos medios de prueba no implicaba nada en absoluto acerca del resultado final del procedimiento. En cierto sentido, el propio Jabois incurre en este vicio. Si no se cree a la presunta víctima, dice, se la presume culpable de mentir. Ese es el error: a la víctima no se la cree o no. Se la escucha y si su historia es simplemente verosímil y se apoya en algunos datos objetivos, se activa una maquinaria muy cara, que incluye policía, servicios sociales, peritos, instituciones penitenciarias, fiscales y jueces. Pero concluimos hace mucho que no basta con eso: que con todo ese apoyo del Estado es preciso que la víctima —de forma mediata— demuestre que lo que dice es cierto. Si no lo demuestra, esto no implica que mienta. Suspendemos el juicio. Porque, para afirmar que miente, para afirmar que es culpable, los miembros de la Manada tendrían que probarlo. Y presumiríamos, en tal caso, que ella es inocente. Esas son las reglas y no hay otras que sean civilizadas]

Es evidente que la obligación de la defensa es desacreditar a la denunciante: al fin y al cabo la chica, según su versión, se ha inventado una violación para enviar a cinco inocentes a la cárcel.

[me interesa en particular esta afirmación porque en ella se encuentra el meollo del asunto: si ninguno de los acusados hubiese dado su versión, si no hubiesen siquiera hablado, bastaría con que los abogados discutiesen con éxito que el Estado ha demostrado la comisión de hechos delictivos para que no se pudiese condenar. Si se entiende esto que acabo de explicar, se entiende el asunto. Si no se entiende, no se entiende nada. Por cierto, los tribunales también valoran la cuestión problemática: ¿por que´alguien se inventaría una violación para llevar a la cárcel a cinco inocentes? Por eso hay criterios sobre credibilidad de los testigos. Lo curioso es que, a veces, denuncias falsas así se demuestran, pero nunca llegamos a saber por qué].

El problema, sin embargo, no es que la intentasen desacreditar, sino cómo, a qué se debe y a quién afecta esa estrategia.

[De nuevo, depende. Si la prueba que se pretende es ilegal o impertinente no se debe admitir. Y todo acusado tiene derecho a utilizar medios para su defensa legales y pertinentes. Y se parte de una interpretación laxa de este principio, porque creemos que a diferencia del violador o del asesino o del secuestrador, cuando el Estado priva a alguien de libertad ha de hacerlo con justicia, no con injusticia].

Para convencer al tribunal de que la violación nunca se produjo …

[dudo de que pretendiesen eso: porque de haber existido prueba no se habría llegado a juicio. Considerando los hechos, seguramente solo intentaban que el tribunal no se convenciese de lo contrario]

… y que las relaciones sexuales de la denunciante con los acusados fueron deseadas por ambas partes, la defensa ha usado el comportamiento de la chica como prueba: no tanto su comportamiento durante los 96 segundos grabados del supuesto delito como el de antes y el de después, incluida su declaración en el Palacio de Justicia.

[las defensas habrán usado todo lo que pueda introducir una duda. Espero. Porque de no hacerlo, no habrían hecho bien su trabajo].

Esto ha producido el siguiente resultado. Sentarse con un pie debajo del trasero ante el juez y mostrarse jovial reduce las posibilidades de haber sido violada, como colgar en Instagram la foto de una camiseta que dice “Hagas lo que hagas, quítate las bragas”. Si la chica está sola a las tres de la mañana en una noche de fiesta, es menos probable que alguien se crea que ha sido violada. Si ve un reality de jóvenes de su edad que beben y tienen sexo su credibilidad es menor, menos aún si su personaje favorito es “muy fogoso” y no una chica más recatada, en cuyo caso sí tiene más probabilidades de haber sido víctima de una violación.

[No voy a entrar en las motivaciones de la defensa. Hablaré en general. Creo que esto está muy desenfocado. En realidad, es justo al revés. Una violación es mucho más probable si tienes un determinado comportamiento. Esto es algo que a menudo se entiende mal. Si esquías es más probable que te rompas una pierna que si juegas al mus. Si estás en sanfermines a las doce de la noche y has bebido mucho alcohol, y vas de parranda con cinco desconocidos, es más probable que sufras una agresión sexual que si estás en casa viendo tu serie favorita de HBO. Ni el esquiador ni la víctima son culpables. Hablamos de pura estadística. Entonces, ¿por qué la defensa puede haber intentado utilizar ciertos datos? No porque esos datos demuestren por sí solos que no ha existido violación, sino porque, a falta de una prueba indiscutible de la violación —sigo especulando, ya nos dirán los jueces si realmente la había o no— es razonable intentar demostrar que lo que se dice fue una violación, fue sexo consentido. Hagamos la pregunta: ¿pudo ser sexo consentido? ¿pudo la víctima haber admitido tener relaciones sexuales con cinco desconocidos en un portal a altas horas de la noche? Si demuestras que una conducta así encaja con el perfil de la victima, el simple hecho de las relaciones sexuales no bastará como prueba de violación. La fiscal, en su informe —según contaba el propio Jabois— hizo hincapié en el sometimiento, en que era de tal naturaleza que la víctima ni siquiera manifestó una negativa que se deducía de las circunstancias. Si la fiscal plantea esto, estamos muy cerca de defender que cualquier situación similar es violación. Sin embargo, sí existe el sexo en grupo consentido. Ese es el terreno de juego. Recordemos que a la defensa le basta con que no se pruebe que el consentimiento no existió].

Esta estrategia de defensa no afecta sólo a la víctima de La Manada. Esa estrategia y la consideración que de ella tome el tribunal es que una víctima de violación sólo lo será en tanto haya creado las condiciones necesarias para tener credibilidad en caso de haber sido violada.

[Completamente en desacuerdo. Esa estrategia es ad hoc. Siempre es ad hoc. El abogado coge el caso y busca costuras. Ya se trate de un obispo, de un ministro, de un yonqui, de una prostituta, o de un abogado. No hace tesis ni estudios generales. Puede basarse en prejuicios, en falacias lógicas. De hecho intentará engañar al tribunal y puede que lo consiga. Pero la frase que comento es terrible porque, además, da a entender que pueda bastar la “credibilidad” para condenar. Y no. Siempre debería haber algo más. De hecho, en este caso, hay más pruebas. De no haberlas, el delito, de haberse cometido, quedaría impune. Porque presumimos la inocencia y si bastase la declaración de la víctima estaríamos muy cerca de saltarnos ese principio sagrado —algo que, por cierto, sucede en ocasiones—].

Es decir, adecuar su vida privada a una eventual violación para que, si ésta se produce, sea una violada perfecta: una persona de la que nadie dude.

[insisto: no debería bastar la declaración, pero llevemos el ejemplo de Jabois al extremo absurdo: una niña de dos años es la violada perfecta. Nadie duda de que, si un adulto la agrede sexualmente, se ha cometido un delito. Tan obvio es que ahí es la propia ley la que presume la culpabilidad. También lo es una mujer que sufre un trastorno mental que la deja completamente indefensa. ¿Si no debemos valorar ningún elemento exterior por qué valoramos la edad o la capacidad de entender y querer? Naturalmente, claro que valoramos esos elementos exteriores. No todas las violaciones son iguales. En ocasiones, la valoración la hace la propia ley, defendiendo más intensamente a los niños, a las personas vulnerables, a las que padecen estas infamias de personas cercanas, como los propios padres, a las que son sometidas a actos especialmente vejatorios dentro de una categoría general especialmente degradante, a las mujeres violadas por grupos de hombres. Y, en todos ellos, si un elemento esencial de la violación es la declaración de la presunta víctima la defensa siempre intentará acreditar que la relación pudo ser consentida. Porque basta que pueda haberlo sido para que no sea delito. Habla Jabois de la adecuación de la vida privada en este caso, pero se olvida de la puta realidad. Por ejemplo, si nos planteamos adecuar la vida privada a los perfiles de la víctima perfecta, qué mal lo tienen los que son feos, los torvos, los que se expresan mal, los tímidos, los extranjeros. Constantemente hay víctimas que tienen que subir un Everest de prejuicios en un juzgado para que se los crea. Se olvida, por ejemplo, de los propios acusados. De los tipos esos a los que ha condenado todo cristo. Imaginemos que apareciera una prueba indudable de que no existió violación. ¿Diría Jabois lo mismo, que algunos hombres deberían adecuar su vida privada para que si alguien les acusa en falso —también es un delito, y quien lo sufre también es una víctima— parezcan la víctima perfecta?]

Este es el resultado en crudo del alegato de la defensa de La Manada: si la chica no fuese fan del programa de televisión Super Shore (MTV), si estuviese acompañada la noche del suceso, si no se enrollase con nadie, si se sentase como una joven normal, si llorase en su declaración y si colgase en redes sociales frases depresivas daría mejor imagen como violada. “No le cuentes a nadie que veo porno por si un día me violan” como resultado final.

[Sí, hay personas que dan mejor imagen como víctimas. También como violadores. Pero este no es el “resultado en crudo del alegato”. Ese, todo lo más, será el prejuicio que intenta utilizar. Pero los prejuicios a menudo son como vampiros, se alimentan de trozos de realidad. Puede que el abogado defensor, al decir, mira lo que le gusta, mira cómo es, intente dar un paso más allá; que no solo quiera plantear la sencilla cuestión de la posibilidad de sexo grupal consentido, sino que intente desacreditar el testimonio de la víctima apelando a un juicio de carácter. Pero esto a veces es peligroso: se supone que, si te pasas de frenada, un juez profesional te va a castigar. Lo curioso es que eso mismo se puede decir de la fiscal: al defender que los actos objetivamente son una violación por la superioridad física de sus presuntos agresores, pese a que no exista ninguna resistencia aparente de la víctima, también puede estar intentando utilizar un prejuicio muy potente: ninguna mujer tendrá relaciones sexuales consentidas con cinco desconocidos en el portal de una casa, de madrugada].

Hay más conclusiones de una estrategia así: si una chica practica sexo en grupo, si sale sola o si supera rápidamente sus traumas, es una víctima idónea para un violador.

[Invierte el orden temporal. Pero, incluso aunque el violador escogiera a la víctima atendiendo a la posibilidad de salir impune, esto solo sería consecuencia de un sistema para el que no existe alternativa razonable. De hecho, todos los delincuentes intentan salir impunes, utilizando a su favor la ocultación, el engaño, el poder y la apariencia. Cientos de mujeres, muchas de ellas millonarias, nos explican que durante décadas han estado soportando abusos de actores y productores, la mayoría de ellos ejemplo del perfecto progresista. La cuestión es si eran víctimas idóneas porque eran más libres o por alguna otra razón. Yo creo que el problema no es de libertad, sino de hipocresía]

Y una conclusión escandalosa más: con cuanta menos libertad viva una mujer, más posibilidades tiene de ser creída si la violan.

[Confunde la libertad con los productos de la libertad. Una mujer puede ser perfectamente libre no practicando sexo en grupo, no saliendo sola o superando más tarde sus traumas. Basta con que lo decida así. Pero, en todo, caso, si se refiere a personas realmente menos libres, tiene razón. Claro, cuanto menos libre eres menos posibilidades hay de que alguien restrinja tu libertad. No es escandaloso. Es perfectamente lógico. De hecho, las sociedades civilizadas han ido ampliando la libertad de sus ciudadanos en determinadas direcciones, restringiéndolas en otras, precisamente para minimizar estos riesgos. Por eso hay tantas regulaciones].

Es sabido que las mujeres son menos libres que los hombres por muchas razones, una de ellas para que los hombres no las violen; …

[los hombres son los que violan. Los hombres son un peligro para la libertad sexual de las mujeres en mucha mayor medida que las mujeres para la libertad sexual de los hombres. Como es así, y es conocido, las sociedades —los hombres y las mujeres— han ido creando parapetos para protegerlas. ¿Son menos libres los obreros de la construcción por llevar cascos y sujeciones obligatoriamente? Quizás sí. Pero no dejamos que decidan si pueden llevarlos o no. ¿Lo son los conductores por tener que llevar cinturón de seguridad? Hay que tener cuidado con ciertas defensas de la libertad individual: llevadas al extremo producen monstruos]

… una defensa así trata de reducir aún más esas libertades para que, en el caso de que los hombres las violen, la justicia las crea.

[No. Ya no insisto más. Una defensa así no quiere reducir nada. Solo quiere cumplir con su obligación]

Esto no tiene nada que ver con la presunción de inocencia de los acusados, sino con la presunción de culpabilidad de la denunciante.

[Claro que tiene que ver con aquella y claro que no tiene que ver con esta]

Tampoco tiene tanto que ver con la defensa de La Manada como parece: para demostrar que el sexo fue consentido busca presentar a la denunciante con las características que la sociedad supone que debe de tener una chica que participa en orgías espontáneas; sin embargo, esa defensa ha conseguido que en el juicio no apareciesen, probadas, las características que la sociedad percibe que puede tener un violador.

[Me temo que no puedo rebatir ni coincidir: pasa que no hemos visto el juicio completo]

En realidad tanto unas como otras pueden ser falsas; de hecho, qué sería de los juicios sin las apariencias.

[Efectivamente]

Las certezas se reducen a que los acusados de violar a una chica en Pamplona tienen derecho a un juicio justo y la chica que los ha denunciado tiene derecho a no ser juzgada … 

[no se la juzga, este es el error básico de todo el artículo. Todo juicio es una ficción, un relato. Por eso tenemos que atender a las formalidades: para saber a quién se juzga hay que mirar los escritos de acusación y de defensa. Otra cosa es lo que haga la prensa. Y la gente. Otra cosa es que esto sea noticia. Ahí está la clave de todo. En una sociedad perfecta, no habría noticia hasta la sentencia. Y aun entonces simplemente se diría: A ha sido absuelto o condenado. En un mundo perfecto entenderíamos para qué sirve un abogado y no lo convertiríamos en un predicador o un profeta]

… bajo unos criterios machistas según los cuales existe una conducta en la vida de una mujer que la hace más o menos propicia a ser creída si es víctima de una agresión sexual.

[no es machista, amigo Jabois. Es simple sentido común. ¿sabes por qué? Porque no existe el derecho a ser creído. Ni porque seas mujer, ni porque seas hombre. Por tanto, claro que hay conductas en las mujeres y en los hombres que hacen más propicio que se te crea o no en determinadas circunstancias. De hecho, en nuestra conducta diaria tenemos esto en cuenta constantemente. Tú también. Y no siempre nos equivocamos. La selección natural nos ha hecho extremadamente buenos en nuestras predicciones, por más que llevemos siglos localizando nuestros prejuicios y describiendo los sesgos: aun con ellos somos eficacísimos juzgando. Y en todo caso, nada de esto tiene que ver con la culpa, sino con la carga de la prueba en abstracto. Si las mujeres, los blancos, los ricos son más creíbles —y pueden serlo si no cuestionamos su credibilidad considerando su conducta concreta— ya sabemos cuál es la consecuencia para los hombres, los negros y los pobres. Bastante jodido y lleno de mugre es el asunto, como para no asumir de frente las imperfecciones de un sistema que es así porque su alternativa sería peor].