Con perspectiva. Sí. Claro.

 

He llevado, a lo largo de los últimos veinticinco años, cientos de casos penales de violencia doméstica. De todo tipo. Normalmente soy abogado de ellos, pero no siempre. No obstante, también como abogado de ellos conozco a mujeres maltratadas.

Conozco otros muchos más asuntos similares, que han llevado compañeros de despacho.

He llevado muchos, decenas, de asuntos civiles de familia en los que mi cliente es una mujer que ha denunciado maltrato. En los que, a menudo, la parte contraria ha sido condenada.

Sin embargo, escribes lo que yo escribí ayer, criticando una serie de cuestiones concretas y el circo, sí el circo, montado alrededor de Juana Rivas, y una periodista, supongo que incapaz de decir ni mu sobre la sustancia de mi entrada, se atreve, sin saber nada de mí, a escribir esto:

* * * * *

Hace tiempo leí unos tuits de un hombre que contaba que había sido maltratado por su mujer o pareja, quejándose de determinados sesgos.

La historia me hizo recordar un episodio lamentable. Por suerte pasó hace muchos años, más de veinte.

Yo era abogado de un hombre (bastante cazurro) en un procedimiento de liquidación de gananciales. En mitad del procedimiento, por circunstancias que no vienen al caso, él contó que su mujer, una noche, cuando él llegaba a casa, le arreó un golpe en toda la cara con una figura de un cristo con pie de mármol y lo dejó medio grogui.

Lo acojonante vino después. Nada más contarlo ella empezó a descojonarse. Luego él. Casi inmediatamente todos los presentes: el juez, el agente, el abogado de ella. Mi cliente se reía de una forma extraña, con una especie de orgullo primario.

Yo no me reí. No creo que fuese por conciencia de nada. Solo es que estaba demasiado acojonado ante lo que presenciaba.

Fue en un pueblo de Toledo.

 

Anuncios