El hedor

 

Ignoro si esto que cuenta Anabel Díez es cierto, pero como no tengo ninguna razón para dudar (y, además, que yo sepa no ha sido desmentido) voy a presuponer su exactitud.

Pues bien, simplemente quiero decir que lo que aquí se cuenta …

Los ministros, y el propio Rajoy, en primera línea, según fuentes del Ejecutivo, transmitieron a quienes tenían que tomar la decisión, la grave situación en la que se ponía al Estado si se permitía que el expresidente de la Generalitat resultara investido por la Cámara catalana. “No hubo presiones porque ningún miembro del Tribunal Constitucional lo permitiría, pero sí trasladaron el dramático cuadro en el que quedarían enmarcadas las instituciones democráticas con Puigdemont investido y obligadas a actuar después”, señalan fuentes conocedoras de las intenciones de Rajoy y otros miembros del Gobierno al ponerse en contacto con magistrados del Constitucional. “Se apeló a razones de Estado”, continúan estas fuentes.

… es de tal entidad, que solo se me ocurre un remedio: la dimisión del Gobierno en pleno.

Naturalmente, no solo no pasará nada de esto, sino que imagino que a la mayoría le parecerá estupendo, con tal de no dar una oportunidad al golpista.

Eso sí, contadme otra vez que estaba equivocado aquí, aquí, aquí y, sobre todo, aquí.

Y explicadme si merece la pena perder el tiempo en analizar las resoluciones que vengan de esos tribunales y los actos del Gobierno, sobre esta materia, para ver si son ajustados a derecho o no, sin sospechar que no se busca aplicar la ley, sino retorcerla lo que haga falta para lograr un fin determinado.

Sí, eso es lo que han conseguido los responsables y los inteligentes. Con su putrefacta razón de “Estado” han contaminado las instituciones democráticas. Las que dicen que querían salvar.

NOTA: Hoy Rajoy ha desmentido la noticia. La entrada está sujeta a la condición de que la noticia sea cierta.

Si no es cierta, ténganla por no escrita.

Incumbe a los que afirmen que lo es probar su realidad.