Sobre beneficios y privilegios

 

La política de dispersión de los presos etarras se inició (después de haberse optado durante años por la contraria) para conseguir una serie de objetivos: ninguno de los objetivos manifestados tenía que ver con la imposición de un castigo adicional —al previsto en la ley— a los condenados (o preventivos) o a sus familias (en el caso de las familias, esto habría sido no solo ilegal, sino inconstitucional). Los objetivos se relacionaban con la existencia de una banda terrorista en activo que quería controlar a sus miembros y evitar precisamente que alguno de ellos diera pasos para reinsertarse.

Estos objetivos oficiales son los que se alegaron constantemente por las autoridades españolas. De hecho, a lo largo del tiempo hubo declaraciones que daban a entender que esa política se mantendría mientras fuera precisa por la existencia de la banda. Conforme a esas declaraciones, no se trataba tanto de dar un supuesto premio o beneficio por la desaparición de ETA, como de constatar que si la razón para mantener esa medida era una, desaparecida la razón, la medida general quedaría sin sentido. Y si quedaba sin sentido, la cuestión del tratamiento penitenciario de los etarras se convertiría en un asunto individualizable al que se podía aplicar las mismas respuestas que al del resto de los presos.

Vivimos, por desgracia, una época populista. Al populismo instalado en la izquierda española desde que comenzó la crisis, se ha unido el centro-derecha español, en su hábitat natural. Lo hemos visto con la cuestión de la prisión permanente revisable. Y lo vemos de nuevo con este asunto. Ciudadanos aprovecha el voto del PNV a los presupuestos y su precio para echar en cara al PP un supuesto acuerdo sobre esta cuestión, y el PP tiene que negar que exista y recular, para evitar que sus votantes  tradicionales los consideren unos traidores.

¿Y cuál es el argumento? No el tradicional, sino uno nuevo. Tradicionalmente se sostenía que el proceso de reinserción justificaba el acercamiento de aquellos presos que se desmarcasen de ETA. Era el primer paso: para “salir” de ETA se trasladaba al que optaba por esa vía a centros concretos, fuera del contacto con los etarras que querían mantenerse en la organización terrorista. La pregunta es obvia: ¿qué sentido tiene exigir la salida de ETA como primer paso para un proceso de reinserción cuando ETA desaparece?

Naturalmente, esto no implica que otros posibles beneficios penitenciarios sí resulten de un comportamiento concreto. Otros. El acercamiento no es un beneficio penitenciario. La ley no prevé que se te instale lejos de tu lugar de origen y si haces a) o b) se te conceda el beneficio del acercamiento. El acercamiento es una simple consecuencia de la desaparición de esas otras razones que existían para mantener la dispersión (fundamentalmente la propia existencia de ETA). Al contrario, hay muy buenas razones legales y constitucionales para considerar que los presos tienen derecho a normalmente estar ingresados cerca de los lugares de los que provienen y en los que residen sus familiares.

Este es el argumento nuevo:

Sin embargo, es un argumento en el vacío discursivo. Nadie puede ser obligado ni a declarar contra sí mismo ni a incriminar a otros. Ni siquiera se puede presumir que un ciudadano concreto, por muy miembro condenado que sea de una banda terrorista, tenga que saber algo de otros crímenes concretos o de criminales huidos. El castigo por los crímenes es el que aparece en el Código Penal. Y es individual, no colectivo. Como decía antes, sí se puede premiar o recompensar al que demuestra una intención de rehabilitarse y apartarse de los fundamentos de su vida criminal pasada (por ejemplo, ayudando a esclarecer otros crímenes o a capturar a sus autores), pero ese beneficio tendrá que ser alguno de los previstos como tal en la ley para la preparación y el acceso a una vida no carcelaria: progresión de grado, permisos, libertad condicional, adelantamiento de la libertad condicional, indulto, parcial o total.

ETA se ha descompuesto y, por tanto, ya no actúa. El mal espectáculo de los etarras apareciendo en vídeos para decir sandeces ignominiosas, esa última guinda en la montaña de basura, no nos debería llevar a nada más que a una simple descripción forense. Ahora bien, hecha la descripción, deberíamos ser consecuentes con ella. Tan solo si se constatase la existencia de algo parecido a una ETA en liquidación, una gusanera que presionase a los presos para evitar que estos diesen ciertos pasos, podría justificarse de nuevo la dispersión. Mientras ETA existía no hacía falta probarlo, porque la presunción era fortísima.

Por supuesto, el Estado debe continuar intentando esclarecer los crímenes sin resolver y debe seguir intentando llevar ante los tribunales a sus autores, por difícil que sea esta tarea.

Y, por supuesto, hablo del Código Penal, de la prisión, de las leyes penitenciarias, de la Constitución. De lo que es aplicable a la hora de decidir que alguien vaya a prisión y sus condiciones en ella. Aclaro esto, porque como presumo que habrá quien quiera salir de ahí ya anticipo mi respuesta: está justo en este párrafo.

Dos cosas más. Vean esto:

Como es obvio, todo el discurso que aparece en el vídeo que consta en la noticia (y en el tuit anterior de Ciudadanos) parece sustentarse en la idea de que se están planteando privilegios para los etarras y, concretamente, que uno de ellos es su acercamiento a prisiones del País Vasco. Sin embargo, en su alocución, Rivera termina afirmando que los etarras no deben tener beneficios diferentes a los de «cualquier otro preso». Como ya he dicho, el acercamiento no es un beneficio, la regla general para favorecer la reinserción es que el interno lo esté en una prisión cercana a su domicilio (algo que facilita el contacto con su familia), y ha existido y se mantiene una política expresa de dispersión de presos etarras desde hace décadas. Pregunto: si Rivera afirma que un preso etarra no ha de tener otro beneficio diferente de aquel que le corresponde a un preso no etarra ¿está diciendo de forma manifiestamente mejorable que los presos etarras deben ser tratados exactamente igual que el resto de presos? Por aclararme. ¿O me ciño a las noticias y tuits que constan en esta entrada?

La segunda cuestión: he leído este manifiesto. Estoy de acuerdo con él, pero hay algo que me parece erróneo. Aunque se dieran todas las circunstancias que se mencionan en el mismo, esto no supondría un final digno de ETA. ETA no es una persona. Es imposible que tenga un final digno. Como mucho, algunos de los que participaron en ese plan criminal de décadas pueden aspirar a reparar una pequeña parte del mal causado. Ellos podrían aspirar a la dignidad —no sé si conseguirla—. ETA no. ETA es y será siempre un pozo negro.