Lo excepcional

Dice hoy mi querido Jabois que a veces hay que saltarse la ley y que eso es lo que hizo Macron al que compara con Merkel. Léanlo, porque dice más cosas y así no tengo que resumirlo y quizás malinterpretarlo.

El problema de su columa no es que no aborde las consecuencias de su planteamiento (y no hablo del problema para una sociedad del ingreso masivo de personas, cuestión de fondo, que no voy a plantear porque voy sentado en la sala de espera de um dentista mientras escribo esto y porque tampoco la plantearía en una entrada de este blog si estuviese sentado en mi despacho). No está bien saltarse la ley. Menos si eres el que manda. No solo no está bien, sino que es el preludio de muchos males.

Pero, como decía, no es ese el problema de su columna. Su problema es que la comparación entre una y otro inmigrante es errónea. Macron no incumple la ley. Da la nacionalidad porque puede hacerlo conforme a la ley. Supongo que Merkel también podría. El Gobierno español puede, ya que existe ese procedimiento excepcional (se llama nacionalidad por carta de naturaleza). Por definición, es excepcional y discrecional. La diferencia entre Merkel y Macron es la diferencia entre una y otro. Ella lloró  en un plató y puso voz a muchos. Él hizo algo excepcional y salvó a un niño. Puede que Jabois crea que ser niña y llorar en un plató ante Merkel sea suficiente. Merkel no y explicó por qué. O quizás crea Jabois que él, que actuó espontáneamente para salvar a un crío desconocido en un país extranjero, arriesgando su vida y jugándose la expulsión no hizo algo cualitativamente diferente de ella. Yo creo que sí. Y creo que el que exista esta espita es mejor que el que no exista.

Porque ¿qué diríamos si la ley careciera de mecanismos para al menos asumir casos así, que demuestran —o pueden tener ese afán— que el problema no es la raza o la clase social sino el número? ¿Cómo sería el artículo de Jabois si se le estuviera expulsando a él porque hay que cumplir la ley?

El artículo se despeña ahí. Premiamos lo extraordinario (al menos admitimos la posibilidad). Ser niño, pobre y extranjero no lo es.

Él es Mamadou Gassama. Ella es Reem Sahwil y, al final, como indica la noticia, pudo quedarse en Alemania.