Varios

 

Yo siempre he pensado que cuando te «metes» en política te deberías obligar a estudiar, a mejorar. Hablo de un desiderátum, claro. Lo que es bueno en general, en el político debería ser obligatorio. No sé, mejorar un idioma extranjero o aprender sobre proceso legislativo, sobre costes y consecuencias, sobre política internacional. Usar el poder y la influencia para salir del cargo mejor.

Sin embargo, sospecho que la política activa produce justo el efecto contrario.

Yo, por ejemplo, le aconsejaría a Gabriel Rufián que abriera un libro que trate sobre algo. Por ejemplo, un libro de historia del siglo XX  *.

Pero, por lo que vemos habitualmente, él abrir, lo que se dice abrir, solo abre tuiter a diario:

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Este artículo —una vez eliminada la última frase— me parece de gran interés. Si hay un lugar en el que debemos invertir dinero y recursos es en la educación y en la infancia. La cuestión es que no basta con ponerlo en la agenda: como con la política de inversión en ciencia, hay que hacerlo en serio —hay que saber qué se pretende, cómo se puede conseguir y cómo se evalúan los resultados—, a largo plazo, de forma sostenida y quitando dinero de otros lugares que quedan mucho mejor en las fotografías que coinciden con los cortos ciclos electorales. No basta con crear un comisionado, alto o bajo. Ni siquiera con contar con un presupuesto puntual.

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La hostia simbólica que se ha llevado el PP en estos días ha sido tan importante —con el problema añadido de que el discurso de la conspiración es mucho más difícil que, por ejemplo, en 2004— que ha surgido la inesperada oportunidad para algo que en otras condiciones sería imposible: acabar con las aspiraciones de todos los que han tenido un cargo de primer nivel en el PP entre 1996 y 2012. Escojo esa fecha porque es la fecha en la que Gürtel ya no era, ni siquiera para los que mandaban en el PP, una conspiración para acabar con el PP.

Es una oportunidad muy pequeña. Pero quién sabe. Ni Núñez Feijóo, ni Sáenz de Santamaría, ni De Cospedal cumplen los requisitos. Están contaminados.

Para que se me entienda: alguien con el perfil de un Borja Sémper.

Haría falta, eso sí, que los que cumplen con ese perfil quisieran arriesgarse, jugársela, unirse y discutir a sus mayores. Supongo que no pasará.

 

* Los nazis asesinaron a más de once millones de civiles directamente, mediante prácticas de «eutanasia», ejecuciones masivas, exterminio en campos. Se ha calculado que aproximadamente un millón de ellos eran niños de menos de ocho años. Si incluimos hambre y epidemias provocadas o consentidas, la cifra aumenta a entre quince y veintiún millones. En estas cifras no se incluyen los civiles muertos como consecuencia de combates. Y los primeros que banalizaron el nazismo fueron los que minimizaron a Hitler, los que minimizaron el discurso racista de Hitler, hablando de excesos que se contendrían después en el ejercicio del poder.