Así somos los creadores, libres e ingenuos

 

Este artículo es indecente.

Quien lo afirma fue ministra de un Gobierno que gobernó hasta finales de 2011. Las normas que se han aplicado a los que han utilizado este tipo de sociedades (gente de la cultura o de la incultura) estaban ya aprobadas. De hecho se aprobaron durante los gobiernos de Zapatero.

Esos mismos gobiernos podrían haber aprobado reglas especiales para los que tienen problemas de «estabilidad» en sus ingresos más allá de las que existen sobre rendimientos irregulares, pero no se hizo porque ese es un problema muy jodido y afecta mucho a otra «estabilidad», la de las cuentas públicas. La cuestión es que la señora González-Sinde sufre por la inestabilidad de los ingresos de actores, artistas y escritores, pero parece no tener ni puta idea de los problemas de estabilidad en los ingresos de otros millones de autonómos. Yo también, como muchos abogados, puedo tener un año cojonudo y otro de mierda; de hecho, mejor no preguntemos qué ha sucedido en nuestro sector durante la crisis. Y no le quiero decir de otro tipo de profesionales: que pregunte a los arquitectos o a los periodistas.

Si hubiera planteado la cuestión en términos más generales y objetivos, a lo mejor merecería que la escuchásemos, pero es que escribe esto:

(…) le ha ocurrido a cientos, miles de personas en estos últimos años, especialmente gente de la cultura.

¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe que ha sido especialmente a ellos?

(…) y no había ministro de Cultura para defenderlos.

¿Que da a entender, que cuando ella era ministra de cultura dio órdenes para que los inspectores dejasen en paz a sus amiguitos y se centrasen en los demás?

La gente callaba por miedo, sí, sencillamente por temor a que las garras de Hacienda se hincaran todavía más en su carne. Yo misma tengo miedo mientras escribo estas líneas. ¿Y si por hablar mañana me toca a mí?

Estas líneas son asombrosas: parecen provenir de un ancap con cuenta en bitcoins. «Las garras de Hacienda» como imagen literaria no es muy buena, lo del miedo es simplemente repugnante. ¿Miedo de qué? ¿Qué anda haciendo usted si puede saberse?

Constituir una sociedad con la que facturar por los trabajos fue la alternativa de muchos para tener un tratamiento fiscal más favorable y poder ahorrar en los tiempos de vacas gordas, para vivir en los de vacas flacas. Eso no es defraudar ni engañar. Es tributar en un régimen o en otro, pero tributar.

Por lo visto, solo los socios del Club de la Cultura tienen derecho a decidir qué es defraudar o engañar, qué es cumplir la ley, porque se trata de ahorrar. De ahorrar para hacer el futuro, no como esos capitalistas de mierda que solo quieren amasar dinero para comer niños del tercer mundo entre risotadas. Es tributar, dice. Como si Urdangarín o Messi no hubieran tributado.

Ya sé que hoy los matices no importan, que lo que cuentan son los titulares,

Habla de matices la que suelta este grumo apestoso y clasista, a ver si cuela.

Es terriblemente duro, es tristísimo comprobar una vez más que en España pertenecer al sector cultural se paga muy caro.

Sí, claro. A los del sector de la minería les va de puta madre.

Deprime también pensar que ha triunfado lo que el Partido Popular se propuso desde el “No a la guerra”: propagar la idea entre la ciudadanía de que los artistas somos unos delincuentes que vivimos del cuento.

¡QUE FUISTE MINISTRA! ¡TÁPATE UN POCO!

La persecución fiscal, junto con acciones como penalizarles por cobrar sus pensiones de jubilación, ha desactivado a la gente de la cultura evitando que se organizasen y alzasen la voz contra el Gobierno como habían hecho en el pasado.

Léase: se ha jodido el lobby porque teníamos el armario lleno de cadáveres.

Debilitados moral y económicamente, afectados por la precariedad laboral de la crisis y el posterior estrangulamiento por parte de Hacienda del Ministerio de Cultura que administra sus intereses, ha sido la mejor receta para doblegarlos.

Doblegarlos es que ya no gritan una vez al año en una puta gala. Los de la Comuna de París, al lado de estos revolucionarios eran unos capaos.

Montoro ha vuelto a ganar la batalla contra la cultura sin necesidad de ocupar su despacho del Ministerio. Pero no somos delincuentes, somos trabajadores como cualquiera.

Como ya sabíamos, el PP tiene la culpa incluso cuando no gobierna.

Vaya montón de estiércol.