Lo que el Congreso te dio el Congreso te lo puede quitar y otras pequeñas cosas

 

Hoy El Mundo no está acertado en su editorial. Comparar a Sánchez con Orbán o Maduro y acusarlo de rebajar la calidad democrática «hasta niveles desconocidos» no se compadece con los hechos, por más que este Gobierno publirreportaje tenga un problema muy serio de forma y sustancia: quiere ser, pero no es, y por eso no puede echar a andar.

Lo primero que se puede reprochar a Sánchez es su hipocresía. Venía a salvarnos de la corrupción y convocar elecciones, a regenerar España y sus instituciones y, en el segundo uno, se ha puesto a repartir cargos a toda hostia a amiguetes —como los «corruptos»—, se ha puesto a dictar decretosleyes como si no hubiera un mañana —sí, los «corruptos» también lo hacían—, ha hecho muchas fotos de inmigrantes provocando lágrimas de amor para poco después echarlos en veinticuatro horas —esto los «corruptos» lo hacían al revés: primero echaban a los inmigrantes y ahora se hacen fotos con ellos— y, en suma , parecen dispuestos a comerse los batracios que sean necesarios —en el asunto catalán, los sapos parecen elefantes— para aguantar un poco más en el poder, hasta que no quede más remedio que convocar elecciones porque sea lo mejor para España (sí, esto es irónico).

NOTA: los de antes (y el propio PSOE con mayoría parlamentaria es «uno de antes») usaban el decretoley mal por simple soberbia: los técnicos del ministerio de turno no iban a esperar a los lerdos del parlamento (ese sitio al que no iban necesariamente los más capaces) para aprobar esa medida tan molowny. Así que se inventaban una urgencia o una necesidad inexistente en términos constitucionales para hacer lo que les daba la gana, a veces incluso dejando para el reglamento de turno lo mollar (sí, con un par), que ya vendrían después los lacayos del parlamento a decir sí bwana. Los de hoy no usan el decretoley por soberbia, sino por necesidad urgente: eso sí, la necesidad urgente no es de los ciudadanos, sino de ellos, que necesitan urgentemente seguir gobernando. Por eso estos han llegado a modificar ni más ni menos que el Código Civil de esta forma, y parece que van a ponerse amarillos y colorados al mismo tiempo aprobando un decretoley groseramente inconstitucional en el tema óseo. Pero, seamos sinceros, unos y otros se mean y han meado en el régimen constitucional.

Todo lo anterior es así. Pero el control independiente por el Congreso y el Senado de los objetivos de estabilidad presupuestaria y de deuda pública —que establece la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera— no se encuentra en la Constitución. Fue en última instancia el Congreso de los Diputados el que le dio carta blanca, ya que se fijó por ley orgánica. Para que quede claro, si el Senado se hubiera opuesto entonces a asumir esa competencia votando que no a esa ley, el Congreso podría haberlo aprobado de todas formas. Y podía haber aprobado otro sistema: por ejemplo, el más habitual, en el que el Congreso suele tener una última palabra en caso de discrepancia entre las cámaras. Naturalmente, lo de Adriana Lastra es de traca (minuto 4’10” en adelante): la soberanía nacional no reside en el Congreso, sino en el pueblo español, y el Congreso y el Senado representan al pueblo español.

NOTA 2: no sé si Lastra es una ignorante o una trilera. Pero, por favor, la urgencia de la que habla la Constitución no es la urgencia del diccionario. Ya está bien de soltar trolas y engañar a la gente. Lleva el Tribunal Constitucional décadas explicando qué es extraordinaria y urgente necesidad a efectos constitucionales, y esos requisitos no se cumplen ni de broma en el caso del Valle.

El Gobierno de Sánchez es un desastre, pero es constitucional. Sánchez no es un ocupa ni un presidente ilegítimo. Y la reforma de una ley orgánica por el trámite previsto en la Constitución para suprimir ese «veto» del Senado ni es inconstitucional ni supone una deriva autoritaria ni implica limitar los contrapoderes democráticos. Véase que el Congreso tiene la última palabra, por ejemplo, a la hora de reformar el Código penal, algo mucho más grave y con consecuencias mucho más peligrosas e intensas en la libertad ciudadana que el techo de gasto. ¿O es que España no es una democracia?

ACTUALIZACIÓN / NOTA 3: Leo el proyecto. Lo único que no me gusta de la exposición de motivos es el apartado I, que viene a decir que lo que hay incumple con los objetivos de la ley y del mandato constitucional. No, no es verdad. Lo que hay atribuye al Senado una capacidad legítima, creando no tanto un problema de bloqueo, como se afirma, sino una situación de mayor control por el legislativo en conjunto (algo que sucede, por ejemplo, con la reforma constitucional). Era, en suma, una opción. Ahora se pretende aprobar otra opción, igualmente legítima y quizás más natural en nuestro sistema constitucional. Pero, dicho esto, el resto es perfectamente razonable. No hay, en ese proyecto, nada inconstitucional ni con olor a deriva autoritaria. Así que me reafirmo en todo lo anterior.

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Otra pequeña cosa. Valoro mucho la honestidad intelectual. Llevo unos días leyendo ciertos «argumentos» a algunas personas comprometidas con o simpatizantes del Gobierno Sánchez que dan auténtica lástima. Como valoro su inteligencia y preparación, solo me queda pensar que esos vómitos indignos solo pueden obedecer a la defensa de la causa. El reflejo de la honestidad intelectual —el respeto por tu razón— se pierde con enorme facilidad y luego es muy difícil recuperarlo. Cuando ya no se presume —por alguien leal, no por los sectarios, que siempre te van a tratar a hostias— has perdido algo muy valioso, la condición de interlocutor. Yo lo digo, por si a alguien le resulta de utilidad.

 

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Ya ves, defender que se cumpla la Constitución es ser un franquista.

 

Lo de los huesos de Franco y el Real Decreto-Ley empieza a ser francamente gracioso. Para explicar a qué me refiero voy a poner un ejemplo (que me perdone el aludido, del que tengo muy buena opinión, pero le ha tocado). Vean:

La estructura profunda del tuit es esta: cuando una causa es «justa» da igual la forma en que la promueves. Y si te quejas de las formas es que te gusta el mal.

Es esa. No otra. Seguramente su autor se defenderá diciendo que no, pero es esa. Se defenderá porque es seguro que no quiere decir que los secesionistas catalanes puedan declarar la secesión saliendo a un balcón y saltándose la ley, ni que esté bien meter en la cárcel a los de «la manada» sin juicio. Fíjense que seguro que piensa que estaría mal que Pedro Sánchez fuese con un pico y una pala a la basílica del Valle de los Caídos y sacase personalmente los huesos de Franco entregándoselos a sus familiares. Sin embargo, esto último sería menos grave, en mi opinión, que lo del Real Decreto-Ley. Porque esa norma, manifiestamente inconstitucional, es la forma de impedir a los familiares del muerto ir a una comisaría y denunciar a Sánchez. Hay más abuso de poder en sostener que se puede usar un instrumento jurídico cuando no se dan manifiestamente sus presupuestos habilitantes que en ir a cavar. Porque el Decreto-Ley no puede ser recurrido por la familia (es decir, por los ciudadanos), y porque el Gobierno usa el martillo de Thor y luego juega a que los partidos, siempre tan preocupados por el qué dirán los electores, traguen. Y si no tragan y recurren, entonces se dirá: es que Franco fue muy malo. Sí, lo que dice Roger Senserrich.

Tan obvio es esto, que veo a mucha gente que está en contra de esta arbitrariedad del Gobierno de Sánchez, añadir inmediatamente que está a favor de que se exhume a Franco. No sea que los confundan con un facha.

Eso es lo asquerosamente cachondo del tema. Nadie tiene cojones de decir: yo no voto sí a un Real Decreto-Ley tan groseramente inconstitucional ni de coña. Y no voy a decir más, me llamen lo que me llamen. Y si me llamas franquista te puedes ir yendo a tomar por culo.

Por eso soy tan pesimista. Lo he dicho mil veces. Cuando llega la hora de la verdad, que es la hora en la que algo que nos gusta mucho se hace mal, solo dos o tres aguantan el tirón de decir no. Los demás dejan de defender esas cosas que dicen defender y encima acusan a los demás de hacer malabarismos cuando los que hacen malabarismos, unos malabarismos alucinantes, son ellos.

Manda huevos.

Yo declararía el estado de excepción, no vaya a ser que los huesos de Franco den un golpe de Estado

 

Leo que el Gobierno va a aprobar una modificación de la llamada Ley de la Memoria Histórica para «blindar» jurídicamente la exhumación de los restos de Franco de la Basílica del Valle de los Caídos. Como se trata de reformar una ley, el Gobierno solo puede hacerlo por medio de un Real Decreto-Ley.

Es decir, que para «blindar» jurídicamente un acto concreto, se va a utilizar, tras cuarenta y dos años, un instrumento reservado a supuestos de extraordinaria y urgente necesidad, partiendo de que no habrá partido con diputados y senadores que voten no y presenten recurso de inconstitucionalidad por razones de imagen. La familia del dictador solo podrá esperar que un juez, dentro de mucho tiempo, plantee una cuestión de inconstitucionalidad, si es que el Real Decreto-Ley no se tramita más tarde como proyecto de ley y solo se convalida.

Es decir, que para poder tomar una decisión veraniega en asunto tan urgente (el PSOE ha gobernado en seis legislaturas en democracia) y «blindar» la decisión, el Gobierno va a actuar abiertamente de forma arbitraria. Eso sí, como los afectados son los Franco, que se jodan. Qué importa el abuso de poder si es para lograr esta victoria. Recordemos, además, que estos tipos han cambiado la regulación de la patria potestad en el Código civil por Decreto-Ley.

Todo, claro, si la noticia de El País es cierta.

Termino: lo más gracioso del asunto es que esto era tan urgente y tan extraordinariamente necesario que el PSOE no lo incluyó en la ley de 2007, ley que sí se tramitó en el parlamento como ley ordinaria tras un proyecto firmado, sí, por la actual vicepresidenta. A ver si Carmen Calvo nos explica qué ha cambiado entre 2007 y 2018 para que lo que entonces no era ni urgente ni extraordinariamente necesario (de hecho no era ni necesario, ya que no se incluyó) lo sea ahora. Que nos vamos a echar unas risas.

 

Injusticia poética

 

Él 17 años. Ella 37. Ella fue su madre en una película. Se ven. Anuncian el encuentro en redes sociales. Publican fotografías. Pero no publican todas. Él cuenta años después que tuvieron relaciones sexuales en un lugar en el que el consentimiento para mantener relaciones sexuales solo es admisible a partir de los 18 años. Hay fotografías de ambos desnudos en la cama de un hotel.

Él, en 2014, se embarca en un pleito contra su madre y su padrastro. Afirma que le han estafado una parte de sus ganancias. En 2014, justo cuando alcanza la mayoría de edad. A partir de 2013 empieza a ganar menos dinero. Tampoco sabemos exactamente cuándo. Nos dice la noticia que los cinco años anteriores a 2013 había ganado 2,7 millones de dólares (540.000 dólares de media), pero que han disminuido a 60.000 dólares al año. Pero no sabemos si esos 60.000 dólares son una media de los últimos cinco años antes de 2018 o un resultado final (en la fecha en la que se denuncian los hechos). Un artista infantil al cumplir 17 años empieza a ganar menos dinero. Él lo atribuye, cuando ya tiene 22 años, al encuentro sexual con ella. No al pleito contra su madre estafadora. Tampoco a la biología o al gusto del público, implacable aquella, voluble este.

En 2017, ella denuncia que un tipo muy poderoso la agredió sexualmente casi veinte años atrás. Su denuncia incluye datos aparentemente extraños, con relaciones sexuales posteriores consentidas. La denuncia se enmarca, sin embargo, en una ristra de acusaciones formuladas por muchas mujeres. Las denuncias muestran un patrón y el denunciado las admite parcialmente. Lleva décadas —se dice— haciendo algo que era conocido en un mundo que cultiva los buenos sentimientos, la igualdad, el progresismo, la lucha contra los peores ismos. Un mundo en el que se mueve mucha pasta y en el que montones de personas comprometidas se han callado y han tapado, durante décadas, las supuestas andanzas criminales de un sujeto abominable —ahora—. Un mundo que vende la cáscara y que, por eso, se apunta a lo que vende. Esa es la parte mágica: no se trata de autocrítica, sino de ventas. Y son especialistas en vender incluso su mierda abstracta. Los mismos tipos que daban abrazos al productor repugnante ahora lo señalan con el dedo. Qué importa que caigan algunos; ya sabemos que en otro par de décadas ganarán dinero rehabilitando a los premiados. Además, también sabemos que una característica del consumo en masa es la producción industrial de aquello que se vende. Desaparecen los matices y las circunstancias del caso. Si hay que vender un malo a cientos de millones de consumidores, un malo de superproducción, hay que dejarse de complejidades que dan dolor de cabeza. El agresor poderoso denunciado por decenas de mujeres por actos delictivos es igual al actor que hace cuarenta años quizás dijo lo que no debía. Quizás. Y además se incentivan los recuerdos interesados —dinero, venganza— cuando no la pura invención. Si basta con contar y no hay que demostrar, ¿por qué pararnos en contar lo sucedido, y no dar un paso más y fabular?

El ya no tan joven actor, ahora de 22 años, la ve denunciando un acoso sucedido hace décadas. Tiene pruebas de que ella estaba desnuda con él en una cama de hotel cuando él tenía 17 años. Ya no gana tanta pasta. Incluso recuerda que tras follar con ella —tras prácticamente verse forzado a follar con ella— se sintió mal. Sí, es verdad que un mes más tarde le manda un mensaje en el que le dice «te echo de menos, mamá», pero ¿acaso ella no tuvo relaciones sexuales con el productor después de que este la agrediese sexualmente? Afirma que ese encuentro le afectó tanto que su carrera se ha ido a pique y el abogado pide 3,5 millones de dólares. Ella paga 380.000 para cerrar el asunto.

Se filtra misteriosamente y ella ya no tiene salvación. Todo la condena. El acuerdo, las fotografías, la edad de él, su papel en la denuncia contra el productor, la diferencia de edad. Cada argumento que ella pudiera utilizar será como un bumerán. ¿Cómo argüir que el acuerdo solo pretendía evitar el daño publicitario en una época con tantos actores y directores con carreras arruinadas? ¿Cómo poner en duda la denuncia por los mensajes posteriores, por el tiempo transcurrido, por la posible búsqueda de pasta ahora que las vacas son tan flacas, cuando esos argumentos ya no sirven una mierda cuando él es ella y ella es él? ¿Cómo hablar de complejidades cuando los antaño fieles de la iglesia de Woody Allen, los que se pegaban de hostias por conseguir un papel en una de sus pelis, ahora se las comen —las complejidades— y las cagan expulsando ese «yo sí te creo» como si importase una mierda lo que pueda creer ese cobarde al que no puedes dar la espalda sin peligro?

Así están las cosas. Los que creen que el acoso y el abuso son cosas de «feminazis» salivarán con esta historia. Y los que se han apuntado a la caza de brujas, que Dios distinguirá, la despreciarán —qué otra cosa pueden hacer—, expulsándola del paraíso de la fama y la causa.

Yo, que creo que una persona de 17 años puede follar con otra de 37 sin que eso implique abuso de ningún tipo y que veo flotando alrededor del caso los sospechosos habituales, seguiré pensando que el productor es un cerdo, que posiblemente sea un criminal, que su hábitat está lleno de mierda —reluciente—, por mucho que ahora la mierda grite que aquí se juega y que no tengo ninguna razón, por el momento, para colocar a Asia Argento en el lugar de aquel. Tampoco a otros que ya no hacen ni anuncios de televisión.

Es lo que tiene ser, en ciertos asuntos, más papista que el papa.