¡Aglutinar suena bien!

 

A menudo, cuando me preguntan por el monotema secesionista y «mi solución» alternativa a ese referéndum solo en Cataluña sobre la secesión, suelo negarme a entrar en ese terreno por una razón fácil de entender: entrar en la discusión equivale a admitir que existe un paralelismo entre estar fuera y dentro de la ley. Siempre contesto: cuando plantees un proceso de reforma constitucional que sea, valga la repetición, constitucional, con un texto concreto que pueda discutirse, explicaré por qué me parece un disparate admitir una reforma así (una reforma que abriera el paso a situaciones de soberanía troceada en la que una parte pudiera decidir sobre el futuro del todo). Salvo que sufra una iluminación repentina, un satori. Mientras tanto me mantengo en lo mío: la ley está para cumplirla.

Pero, que el señor Sevilla haya escrito este tuit …

… en el que plantea la cuestión de un nuevo Estatuto catalán que aglutine a «una gran mayoría de catalanes» como medio para resolver el problema frente a un 155 eterno, me permite explicar algunas cosas:

1.- El señor Sevilla, supongo que pensando que su tuit es un enorme éxito de sintetización del meollo, plantea una supuesta alternativa, pero no tengo yo muy claro que se haya dado cuenta de sus términos reales.

Si la alternativa es un proyecto que no existe o que se cumpla le ley, señor Sevilla, ¿qué hay de malo en que haya gente que quiera que se cumpla la ley? Por si no se ha dado cuenta, el artículo 155 es un artículo de una ley en vigor. Como están en vigor la propia Constitución y el propio Estatuto de Autonomía. ¿Tiene el señor Sevilla alguna objeción en que se cumpla el ordenamiento jurídico como opción sensata?

2.- Además, la alternativa es una cáscara vacía. Solo sabemos el nombre de la cáscara: «nuevo» Estatuto. No conocemos el texto que se propone. Y, además, la maravillosa idea se parece un huevo a otra que vimos hace doce años: ¡la solución era aprobar un Estatuto que llegaría al Congreso y en el que no se tocaría una coma! Luego se tocaron comas, se votó, con éxito desigual de crítica y público —yo diría que ni se cubrieron gastos— y se volvió a tocar por el Tribunal Constitucional que, pásmense, hizo el trabajo que le correspondía. En su momento estudié el Estatuto y me pareció un truño, pero como soy tipo de orden lo incluí entre las normas en vigor porque ¡lo estaba! Es lo que tienen la democracia y el proceso legislativo.

Así que sabemos qué dice la Constitución, qué dice el Estatuto, qué dice la Ley de Montes, y el Reglamento de Espectáculos Públicos, pero no sabemos qué dice el «nuevo» Estatuto, pero, como es nuevo ¡es la solución! Me recuerda a esto:

¿Qué nos tiene que atraer de ese «nuevo Estatuto aglutinante»? Pues que tiene un nombre cojonudo. ¡Suena muy bien! No entremos en detalles, es demasiado aburrido. Ya sabemos que no hay nada que pague la sabiduría madura del señor Sevilla.

3.- Por otra parte, el «nuevo Estatuto aglutinante» tiene que aglutinar solo a los catalanes, nos dice el señor Sevilla. Por lo visto, a pesar de que todo el coñazoproceso se refiere a la cuestión de la soberanía, para el señor Sevilla sobre la alternativa ilusionante da igual lo que piensen el resto de los españoles.

Veamos esto: hay catalanes que quieren la secesión. Hay otros que no, que quieren que todo siga igual. Pero también hay catalanes que quieren cambiar lo que hay e incluso devolver competencias al Estado para asegurar que no se adoctrine, se incumpla la ley, etc. No es que yo afirme nada de esto: lo afirman esos catalanes.

Pero estas mismas posiciones existen entre los españoles no catalanes. La cuestión es que el asunto que se plantea nos afecta a todos, con un matiz, al que luego me referiré. Para que la secesión sea posible, hace falta que los españoles estemos de acuerdo. Para que se modifique el diseño del Estado para hacerlo más descentralizado o más federal —lo digo con una mueca, por eso de ser abierto: sigo sin saber qué se propone—, o para hacerlo más centralizado, también hace falta que los españoles estemos de acuerdo (entiéndase: que se obtengan las mayorías constitucionales).

Sin embargo, lo paradójico es que para que siga igual, no hace falta nada. Las normas en vigor siguen en vigor mientras no haya mayorías para cambiarlas. Ese es el matiz. La posición intermedia, la que al señor Sevilla le parece tan mal, es la única que no precisa de mayoría alguna. Yo no voy a un juzgado con un millón de firmas para que se cumpla el Código Penal. Voy con el puto Código Penal. ¿Por qué lo que vale para el Código Penal no vale para la Constitución? 

Vean la falacia del señor Sevilla: para él, las alternativas son cambiar hacia A o permanecer igual. Sin embargo, las alternativas son muchas más: cambiar hacia A, cambiar hacia B o hacia C —sigan— y justo la que no exige requisito alguno, permanecer igual. Además, la solución que estigmatiza: permanecer igual, ya aglutina a un montón de españoles, puesto que reproduce el ordenamiento en vigor. Sí, a lo mejor es como la vieja hipoteca, tan poco atractiva frente al «nuevo Estatuto aglutinante», ese vehículo de inversión estructurada de alta gama, y por eso engaña a algún incauto, pero la vieja hipoteca sigue en vigor mientras no se cambie. Sin embargo, están por ver las ventas del «nuevo Estatuto aglutinante». De momento, parece que fracasa en taquilla.

4.- El tuit del señor Sevilla, además, afirma algo muy peligroso: por lo visto, la alternativa de que se cumpla la ley en vigor —el 155 eterno— es intrínsecamente mala. Cada vez que un grupo numeroso y organizado, pero minoritario, desea obtener algo, los demás hemos de, al menos, movernos en esa dirección. No ya que no podamos endurecer nuestra postura. Por lo visto, ni siquiera es legítimo decir no.

Me gustaría conocer la opinión del señor Sevilla si dos millones de españoles se organizasen para reestablecer la pena de muerte, hicieran manifestaciones, amenazaran con imponerla unilateralmente y colgasen del cuello un poquito a algún asesino múltiple. Y qué pensaría si algunos dijésemos que a esa panda de energúmenos, por muchos millones que fuesen, se les aplicase el Código penal. Y alguien dijera que no, que es un lío, que a ver cómo reaccionan, que son legión, que provocamos incidentes, y que en Huelva incluso son mayoría. Y que alguien afirmase que pena de muerte no, pero que la solución es un «nuevo Código penal aglutinante» que no incluya la pena de muerte, pero sí el encierro de por vida de los criminales en un agujero sin ventilación.

Naturalmente, la gasolina más valiosa que reciben movimientos así la obtienen de los que empiezan a contemplar sus métodos como legítimos y empiezan a admitir el chantaje como forma de negociación política. Digo chantaje, porque eso es lo que se hace cuando uno negocia coaccionando y amenazando al resto con saltarse la ley unilateralmente.

Es el viejo asunto del negocio de la protección.

5.- Termino: el señor Sevilla pregunta. Imagino que le da igual lo que yo, humilde ciudadano piense, pero le contesto: sí, frente al chantaje y al incumplimiento de la ley, lo que yo defiendo es justo eso, su cumplimiento eterno. También defiendo el cumplimiento eterno de la ley frente a los asesinos, los violadores, los ladrones y los corruptos.

Paradójicamente —y esta es su última falacia— las dos alternativas del tuit tampoco existen: si se aprueba un «nuevo Estatuto aglutinante» el 155 seguirá existiendo y quizás tenga que aplicarse. Su «solución» no es una solución, solo es un falso dilema expuesto para hacer creer que hay dos posiciones enfrentadas y un grupo de personas moderadas en el centro. Él entre ellas, por supuesto.

Ya ven, un «vehículo de alta gama» para el engaño masivo. Una vez más.

 

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