Artículo franco emparedado

 

He escuchado esta mañana a Pablo Iglesias hablar de los bolsonaros españoles (o algo así). Me congratula comprobar que ya podemos introducir de nuevo claves internacionales en el discurso político patrio y que no se nos acusará de sacar a Venezuela a pasear.

Eso sí, Bolsonaro es una promesa, Maduro una realidad. De lo mismo.

Sobre esto, leí el otro día que Bolsonaro era la respuesta de muchos brasileños al miedo a que su país se convirtiera en Venezuela. Menudos ilusos: para evitar la tiranía y el liberticidio, eligen a un prototirano liberticida. A un Maduro.

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El País se ha convertido en un agregador de noticias sobre Franco. Lo más gracioso es que la mayoría de las noticias las crea el propio periódico con un procedimiento que recuerda a la maravillosa máquina de creación de textos posmodernos, solo que la máquina del periódico es mucho más burda, ya que la randomización no más utiliza Franco, franquismo y algún otro término equivalente, lo que produce cierta indigestión.

Esto es la versión especular, por cierto, de lo que hacía la dictadura franquista. En alguna ocasión, he contado que viendo Las sandalias del pescador descubrí que la versión doblada incluía una escena en la que a un operario que realiza trabajos en el Vaticano se le había cambiado el nombre: dejó de ser Franco y pasó a ser Paolo, o algo similar.

Como el divertimento no puede fundamentarse en la combinación, tan paupérrima ella, se limita a la conexión disparatada. No me extrañaría que hubiera en la redacción del medio un premio a la inclusión más descacharrante. Podríamos, incluso, convertirlo en un concurso nacional; un «ponga a Franco en la sopa».

Estoy por participar. Escribir una entrada en la que ponga Franco en cada párrafo, y obligarles a ustedes a consumir el engrudo.

Voy a ser franco: como me caen bien, mejor les evito el mal trago.

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Hoy Rivera le ha preguntado a Sánchez machaconamente si ha prometido el indulto a los golpistas secesionistas para el caso de condena.

Sánchez se ha amparado en su derecho constitucional y ha decidido no incriminarse.

 

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Suicidio es a asesinato lo que esta noticia a periodismo

 

El Periódico anuncia esta noticia con este tuit:

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No es un exceso del cm. Es la hipótesis que se cuenta en el cuerpo de la noticia:

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Un suicidio «ampliado» (el adjetivo es aterrador) solo podría ser una hipótesis admisible si el niño hubiera consentido. El niño tenía cuatro años. Cuatro.

Sigamos con el cuatro. Solo caben cuatro hipótesis: un accidente, un asesinato doble, un asesinato y un suicidio o un asesinato y un suicidio efectuado por alguien inimputablr por tener sus facultades mentales alteradas.

Lo terrible de esta época es que se llame periodismo a algo que nos libra de la información «inapropiada» ideológicamente: de ser un hombre y su hijo no habría más hipótesis que la del asesinato (con el añadido casi seguro de otra víctima: la madre, convertida en objetivo principal del crimen); al ser una mujer, se llega al disparate de inventar una figura que solo tiene sentido si el hijo de cuatro años es considerado un objeto, una propiedad de la madre.

Así estamos.

Fake news. Basura periodística.

Luego los grititos histéricos cuando un Trump o un Bolsonaro.

AMPLIACIÓN 1: Me dice Mercutio que suicidio ampliado es una expresión habitual para describir determinados casos.

Sí, pero:

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AMPLIACIÓN 2: Había sido ingenuamente restrictivo con lo de las hipótesis admisibles.

Copio esto de El Diario:

Lees el titular y lo primero que piensas es ¿debía recibir esa atención? La noticia nos explicará, imagina el lector, que sí. Por alguna razón, por algún indicio.

Pero no. La noticia es la nada. Peor, la noticia es la búsqueda.

Ese titular demuestra dos cosas: que lo primero que han hecho los periodistas es buscar si el marido era culpable de algo. Ese algo sería el artefacto que les faltaría para explicar la hipótesis: el suicidio ampliado podría convertirse en una especie de homicidio doble, en el que el marido sería la causa remota. En el hombre se presume el mal y en la mujer la locura. Así las cosas, ¿qué hay más lógico que la locura se cause por el mal? La propia mujer sería un instrumento del mal, del patriarcado, del machismo.

Lo segundo es el engrudo. No han encontrado nada, pero ¿por qué no publicar que su búsqueda no ha dado resultado? ¿Y, más aún, por qué no hacerlo dejando caer el excremento, chof?

La noticia ya no es el suceso, sino la ausencia del suceso.

No hemos encontrado nada.

De momento.

Expertos en periodismo

 

He leído el auto que confirman la conclusión del sumario contra los dirigentes secesionistas que encabezaron el golpe de Estado del año pasado en Cataluña (también se ha dictado auto de apertura del juicio oral).

Son resoluciones sin especial importancia, que solo revelan los intentos desesperados de los abogados por retrasar el juicio. El auto reproduce las ingentes diligencias que se piden. No puedo juzgar la relevancia de todas ellas ya que no conozco la causa, pero de muchas se puede decir que obviamente solo buscan inundar el procedimiento para más tarde alegar infracciones de derechos fundamentales, en particular dada la naturaleza de la fase en la que nos encontramos, en la que no es precisa la existencia de una prueba plena y en la que la sala únicamente ha de considerar si la narración del magistrado instructor en el auto de procesamiento es típica (es una especie de juicio formal de encaje en los diferentes tipos de delito por los que se abre el juicio), algo similar a lo que se pedía a los famosos jueces de Schleswig Holstein (con la diferencia de que el juicio de tipicidad de estos se refiere al derecho alemán, no al español).

Si escribo esto es solo porque, aunque hay muchas diligencias solicitadas que son pintorescas, hay dos solicitadas por el abogado de Jordi Cuixart tan lisérgicas que no quería que muriesen ahí, entre las toneladas de palabras del legajo, sin que los amables lectores de este blog tuviesen la oportunidad de conocer de su existencia. Son estas:

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Hoy también hemos sabido que el Tribunal Supremo ha decidido archivar la causa contra la senadora del Partido Popular Pilar Barreiro. Dice la nota de prensa:

Tras practicar todas las diligencias posibles, analizar la documentación que obra en la causa, así como las testificales celebradas, la magistrada concluye que la instrucción está terminada y que no se ha consolidado un principio de prueba que de vigor a “las sospechas de corrupción contra la investigada”.

En un auto, la instructora afirma que la “precariedad de los indicios” acumulados contra la investigada sobre el concierto para desarrollar a través de la contratación pública una trama defraudatoria que pudiera encajar en el delito de fraude (artículo 436 del Código Penal) imputado como primera infracción, arrastra al resto de delitos.

De acuerdo con el criterio del fiscal, la magistrada explica que acuerda esta decisión debido a que “el débil, equívoco, y ambivalente material probatorio” carece de toda aptitud para generar un mínimo de certeza que justifique la continuación de la instrucción. Añade que sin perjuicio de que las actuaciones puedan ser reabiertas en un futuro contra la investigada, si se añadieran nuevos elementos de incriminación y sin que esta decisión trascienda respecto a las demás investigaciones realizadas en la causa que se sigue en el juzgado central de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional.

Ya ven: “precariedad de los indicios” y “débil, equívoco, y ambivalente material probatorio”.

Naturalmente, esto ya no importa nada.

 

Análisis Sánchez

Ayer, el presidente del Gobierno reflexionó sobre el delito de rebelión y veo que El País reflexiona sobre la reflexión. Así:

Como bien saben ustedes, yo he sostenido desde el primer momento y sostengo aún que no veo rebelión en el golpe de Estado del año pasado (tal y como está «diseñado» el tipo, que debería, por cierto, reformarse). Ahora, la cuestión es bastante más sutil que esa de que solo hay rebelión si hay armas.

Y si no, que nos explique Sánchez esto:

Este es el delito «básico» de rebelión:

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Si la rebelión, el alzamiento violento, exige el uso de armas, ¿cómo se explica que haya una forma agravada de rebelión como esta?

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Venga, ánimo.

Mal, todo nos parece mal

 

A veces, mi querido Jabois, argumenta y se despeña. Dice hoy:

Y cuando se olvide el crimen, porque se olvidará como se olvidan esos envenenados o tiroteados que le caen del cielo a Rusia, podremos detenernos en la fuerza de los medios y las imágenes: por qué en un país en el que las ejecuciones y lapidaciones son orden del día nos llama la atención y provoca una crisis un asesinatoSi ejecutan en público, bien; si lo hacen a escondidas y nos enteramos, mal.

Se despeña por varias razones.

En primer lugar, y por ser precisos, porque las lapidaciones —como castigo oficial ejecutado— no están al orden del día en Arabia Saudí. De hecho, son bastante raras en todo el mundo.

El último informe publicado por Amnistía Internacional sobre la pena de muerte y su cumplimiento dice literalmente:

CÓMO SE UTILIZÓ LA PENA DE MUERTE EN 2015

Como en años anteriores, Amnistía Internacional no recibió información sobre ejecuciones judiciales por lapidación. Dos mujeres fueron condenadas a muerte por lapidación por cometer “adulterio” estando casadas, una en Maldivas y la otra en Arabia Saudí. La mujer de Maldivas obtuvo la anulación de su declaración de culpabilidad y de la pena de muerte; en Arabia Saudí se revisó el caso y se conmutó a la mujer la condena a muerte en diciembre.

La lapidación es una pena prevista en la ley saudí, pero suele conmutarse por decapitación, que es el método de ejecución más habitual.

En segundo lugar, porque el plural mayestático es especialmente inapropiado en este caso: ¿a quién se refiere Jabois cuando afirma «si ejecutan en público, bien»? Que yo sepa, casi todo el mundo dice lo contrario: si ejecutan en público, mal.

Como nos parecen mal, por ejemplo, los miles de ejecutados en China e Irán, la dictadura castrista y el desastre venezolano, el terror coreano, el autoritarismo filipino, ruso y turco —y el que se avecina en Brasil—, los miles de muertos en Siria y Yemen y, a muchos, las ejecuciones en Estados Unidos.

Porque Estados Unidos es una democracia, pero ejecuta a gente.

Yo creo que a la mayoría de los españoles nos parece muy mal lo de Arabia; pero no solo las ejecuciones, sino en general todo su pútrido sistema. Luego, hay quien cree que pese a esto podemos hacer negocios con ellos. Yo creo que no deberíamos. Ni con ellos, ni con algunas otras dictaduras especialmente repugnantes. Más aún, aplaudo la utilización de divisiones aerotransportadas en los casos límite, pero ya sabemos que luego —a los que piensan como yo— nos acusan de militaristas e imperialistas. Incluso por proponerlo para quienes ni siquiera son un Estado, como sucede con el ISIS. Pero, volviendo a lo de antes, creer que las relaciones internacionales y comerciales son complejas e incluso creer —sinceramente— que tratar con las dictaduras y tiranías puede ser bueno a largo plazo —algo para lo que podría enumerar muy buenos argumentos, por lo que no retiro el saludo a los que lo defienden—, no equivale a que te parezcan bien las ejecuciones públicas. Digo yo.

En tercer lugar, porque hay un salto desde una ejecución por un Estado en su territorio por incumplir sus leyes —por asquerosas que nos parezcan y por corrupto que sea su sistema judicial— al secuestro de un tipo en territorio de otro país, seguramente tortura, ejecución extrajudicial y troceamiento del cadáver. Lo primero no se pretende ocultar y lo segundo sí, sobre todo porque lo primero es legal y lo segundo no. Por esa misma razón, los asesinatos de ciudadanos rusos fuera de Rusia, si los ordena el autócrata de Rusia, son mucho más graves que las ejecuciones en Rusia. Porque, en uno y otro caso, son como la versión especular de la jurisdicción universal: ya no se trata de perseguir en cualquier lugar del mundo a los que cometen crímenes de lesa humanidad, sino que los que cometen crímenes de lesa humanidad crean que puedan cometer impunemente sus crímenes en cualquier lugar del mundo y que no pasará nada, porque, total, son como las decapitaciones o los ahorcamientos en sus prisiones. Un ciudadano de Arabia Saudí sabe que en su país no está seguro, porque ese régimen tiránico puede acabar arbitrariamente con su vida. Y sabe que eso va a ser así por mucho tiempo y que será muy difícil que cambie. Pero un ciudadano de Arabia Saudí debería esperar razonablemente que las zarpas de su país no le alcancen fuera de él.

Como es evidente, las razones para considerar este caso más grave que una ejecución en Arabia Saudí son objetivas y no dependen de los medios o de las imágenes, por más que la naturaleza de los hechos atraiga especialmente a los medios y a los que los consumimos. No todo lo que nos parece mal es igual. Ni siquiera cuantitativamente igual.

Tampoco espero que España vaya más lejos de la consternación que critica Jabois. Ni la derecha ni la izquierda van a actuar correctamente: los miles de empleos de los astilleros y la campaña electoral lo van a impedir. Porque, además, es cierta la siguiente reflexión: si no construimos nosotros esos barcos los van a construir otros. Es decir, es cierto que nuestra protesta solo tendría como recompensa saber que hacemos lo correcto. Esto en un país que se cagó de miedo tras el atentado de Atocha y llamó asesino al presidente de su Gobierno, para luego vender que lo que castigaba era la mentira, es imposible.

En algo sí tiene razón Jabois. Pronto algún asunto ocupará el lugar del muerto. Algún asunto gravísimo en el que podremos demostrar lo buenas personas que somos, nuestra defensa de la tolerancia cero en X y nuestra indignación contra alguien que, probablemente, no tendrá la culpa de nada, pero reunirá, sin que se vean afectados nuestros intereses, todas las marcas públicamente reconocidas del hijoputa.

 

Contraindicaciones

 

Ayer —alabado sea el Señor— no leí prensa ni anduve por los mundos de internet, salvo para colgar un par de fotografías de un fantástico lugar que estuve visitando en muy buena compañía. Otro día, si eso, contaré algo más.

El caso es que un amigo me indicó que echase un vistazo al editorial de El País. Ya sabemos que se está ejecutando una estrategia de blanqueamiento del golpe de Estado secesionista. Es obvio en el PSOE y en el Gobierno. No lo es en Podemos, porque los de Podemos nunca han estado en el lado de la ley en este asunto. Podemos no engaña a nadie. Este editorial es, evidentemente, un engranaje más en la máquina de fijar un relato que tiene una doble finalidad: presionar a los fiscales y a los jueces, y, en su caso, legitimar un indulto.

Por eso es tan indecente todo.

«La prisión preventiva constituía un expediente judicial muy frecuente durante el franquismo.»

El comienzo es magistral. Franco aparece en la primera frase. Franco, voy a recordarlo, murió hace 43 años. La Constitución ha cumplido 40 años. ¿Tiene de verdad algún sentido mencionar el franquismo al hablar de prisión preventiva hoy y, en particular, cuando el asunto del editorial no es la prisión preventiva, sino la prisión preventiva de unos pocos? ¿Cuántos editoriales de El País en los últimos, no sé, veinticinco años, han tratado el asunto de la prisión preventiva en general en España?

He preguntado si tiene algún sentido mencionar a Franco. Naturalmente que lo tiene: desde la primera línea se crea la relación entre la prisión de Junqueras y cía y el franquismo. Ya saben, la derecha, la extrema derecha y la extrema extrema derecha. Para que el lector vayas situándose en el lugar correcto.

«Su empleo ha descendido progresivamente desde la Transición y hoy apenas un 14% de la población reclusa española permanece entre rejas antes de que se dicte sentencia, aunque en los dos últimos años se ha producido un pequeño repunte. La tasa está por debajo de la media europea, en torno al 25%, lo que muestra el progreso liberal de nuestra judicatura.»

El País, en este párrafo, nos ofrece su tradicional cara moderada. Reparte primero caramelos, que ya llegará el barro.

«La mayor parte de los presos preventivos se circunscribe a protagonistas de presuntos delitos relacionados con el tráfico de drogas, miembros de organizaciones criminales y autores de robos con violencia.»

Qué cosas. La mayoría de los presos preventivos lo están por su presunta intervención en los delitos más graves habituales. Claro, no suelen ser presuntos asesinos o presuntos agresores sexuales, porque, por suerte, estos delitos son bastante raros en España. Imaginen el porcentaje de presos por delitos de rebelión o de genocidio. Sí, pocos. El dato, ya ven, o es superfluamente idiota o tiene otra finalidad. Sí, exacto, tiene otra finalidad. Ya vamos viendo que lo de la prisión preventiva es franquista y propio de narcos. Aunque, no sé si el autor del editorial habrá caído en que los presos golpistas formaban (forman, en realidad) parte de una gran organización criminal.

«Una singular anomalía suele acontecer con los enjuiciados en asuntos de especial trascendencia mediática: los jueces tienden a dictar para ellos mayor número de autos de prisión provisional, quizá por un exceso de prudencia, por el prurito de no ser criticados por exceso de benignidad o por la permanencia psicológica del antiguo requisito de la alarma social —que ya no está vigente— para imponer este tipo de medida.»

Este párrafo, que es bueno para el convento, me llama la atención. Yo tendería a pensar que puede ser así. Pero lo reconozco como un prejuicio. ¿Tiene El País datos para afirmarlo? ¿Hay algún estudio, por primario que sea, que demuestre que los investigados en asuntos de esos que salen en la prensa van más a prisión por esas posibles razones que enumeran? Porque se da el caso de que los asuntos más mediáticos —cuando no afectan a famosos— suelen ser criminalmente más graves. Personalmente, solo he visto supuestos claros de dureza judicial en la concesión de beneficios tras la condena (normalmente la suspensión).

«La prisión preventiva constituye una medida cautelar destinada a garantizar que los encausados estarán en todo momento a disposición judicial, especialmente en el momento de la vista oral.»

No. Ese es uno de sus fines. Hay más.

«No es en modo alguno una pena anticipada. No lo es incluso aunque deba relacionarse como medida de proporción con la pena asociada al tipo delictivo del que está acusado el delincuente: a mayores penas previsibles, más lógica tiene dicha cautelar, pero siempre y cuando se cumpla alguno de los requisitos previstos en la ley.»

Efectivamente. Lo curioso es que El País no explique aquí la situación práctica, ya que comienza su editorial hablando de la prisión preventiva en España. Por ejemplo, ¿conoce El País alguien investigado por delitos que pueden llevar aparejadas penas de hasta 25 años de prisión que esté en la calle esperando el juicio? Porque la realidad es que los investigados por delitos que lleven aparejadas penas de ese calibre nunca esperan el juicio en la calle: su influencia sobre el riesgo de fuga es tan intensa que los jueces siempre la acuerdan. Eso sin contar el riesgo que supone que personas que han cometido gravísimos delitos reiteren su conducta, bien sobre la víctima, bien sobre otros.

Esta sucinta doctrina general es también aplicable al caso más estentóreo de presos preventivos de hoy, el de los independentistas catalanes que permanecen encarcelados, en algunos casos desde hace ya más de un año. Resulta falaz la acusación de parcialidad que algunos de sus seguidores lanzan sobre el juez instructor y el Tribunal Supremo, por más que sus resoluciones sean susceptibles de examen crítico. Ni es extemporánea una prisión preventiva argumentada jurídicamente ni la judicatura española persigue al movimiento independentista in toto ni los dirigentes de ese sector son los únicos sometidos a medidas similares (el ex secretario general del PP madrileño Francisco Granados estuvo dos años y medio en idéntica situación).

De nuevo, el viejo mecanismo que tan bien conocemos. Primero la palmada en la espalda y el caponcito para los otros —que tampoco son los míos—, para que se perciba que El País habla desde la razón y la moderación. La pregunta, sin embargo, es: ¿a qué cojones viene pedir que se libere a alguien —que esa lo que viene tanta palabrería, ya que lo único que importa es la última frase del texto— si los jueces españoles no persiguen a nadie ni son parciales? Sobre todo, ¿frente a los escritos y recursos de las partes, y a las resoluciones judiciales, qué entidad, que sustancia, tiene un editorial como este, como para que podamos pensar que es un simple ejercicio de examen crítico? Las resoluciones ya explican utilizando muchas más palabras que El País por qué sí consideran que hay riesgo de reiteración delictiva y de fuga. Naturalmente, el párrafo es un beso de Judas. Porque lo que importa es lo que viene después.

«Todo ello no significa que las medidas cautelares, por esencia efímeras, no puedan o deban ser reexaminadas atendiendo a razones jurídico-judiciales en virtud de las distintas situaciones individuales.»

Bueno, el adjetivo «efímero» para una situación que puede durar hasta cuatro años parece un tanto cachonda. En todo caso, ya que El País dedica medio editorial a explicar una institución jurídica, debería no ponerse estupendo afirmando lo que no solo saben los jueces, sino que han razonado que hacen. Los jueces siempre nos dicen que examinan y reexaminan las situaciones personales. ¿Afirma El País que en este caso no es así? No, claro. Hace lo de siempre: no lo dice, solo lo insinúa.

«De los tres requisitos necesarios para legitimar una prisión preventiva, hay dos que parece que ya no concurren: el riesgo de destrucción de pruebas (obsoleto con el paso del tiempo) y el de reincidencia en el delito (al no ocupar los justiciables sus anteriores responsabilidades).»

Esto es gracioso. En mi opinión —que se va reafirmando cada día que pasa— el riesgo, no de reincidencia (ya que no hay condena), sino de reiteración, no solo concurre, sino que lo hace de una manera intensísima. Se juzga a determinadas personas porque fueron los líderes del golpe de Estado, pero contaban y cuentan con el soporte y apoyo de cientos de miles de personas (y los resortes, de nuevo, de una administración del Estado). Entre esas personas se encuentran los que hoy gobiernan en Cataluña. Esos que han llevado al presidente Sánchez a la Moncloa, y esos que necesita para seguir gobernando. Esas personas no han renunciado a obtener sus objetivos políticos por medios ilegales: consideran legítimo y democrático el golpe de Estado y lo valoran como un momento fundacional de la república catalana. Esto es notorio. De hecho, consideran a uno de los procesados presidente de esa república. Si esta es su conducta con parte de los investigados en prisión y con otra parte fugada de España, de tal forma que no pueden regresar sin ingresar inmediatamente en prisión ¿qué pasaría si se les pusiese en libertad?

Sin embargo, para El País no hay riesgo porque no ocupan ningún cargo (a pesar, por cierto, de que sean diputados y puedan ocuparlos en cuanto salgan de prisión). Como si, además, no fuese lo propio de las organizaciones criminales en las que hay reparto de papeles el que exista una estrategia secreta y una organización paralela y también a menudo desconocida o difícil de probar.

Y, de hecho, El País olvida que para los secesionistas el referéndum ya es y la república ya tuvo lugar. Si se dieran las circunstancias, ¿la ausencia de un nombramiento formal conforme a la «legalidad española» impediría que Puigdemont y Junqueras salieran a un balcón y volviesen a proclamar la república ante miles de personas firmando cualquier papel de esos que acostumbran a perpetrar y que los secesionistas dijesen que todo esto es válido? ¿Tan difícil es entender esto?

Tan solo podría contemplarse el peligro de fuga en caso de que los procesados fuesen liberados. No es un riesgo teóricamente menor para asegurar el buen fin del proceso. Pero es mayor en función de la apariencia: en cuanto que la huida de algunos dirigentes afianza la percepción de que el resto podría seguir su camino.

Aquí El País menciona la apariencia, pero olvida intencionadamente un dato: esa estancia de los procesados que se encuentran en el extranjero no se ha organizado individualmente y utilizando medios particulares de los fugados. Se produjo gracias al apoyo precisamente del aparato secesionista. Es la existencia de ese aparato secesionista el que hace absolutamente probable una fuga al extranjero.

«Pero apariencia y realidad no siempre caminan juntas.»

LOL

«Varios de los hoy encarcelados fueron en su momento puestos en libertad. Descartaron drásticamente utilizar esa ventaja para convertirse en prófugos. Y acudieron a declarar cuantas veces fueron llamados a ello, aun a sabiendas de la probabilidad de ser sometidos a procesamiento por delitos muy graves, y gravemente penados.»

Vean el argumento: no se puede decir que todos huirían porque hayan huido otros, pero cuando hay que valorar si los que están en prisión huirían hay que considerar que otros no han huido. El argumento vale cuando apoya mi tesis; cuando no la apoya, no vale.

Lo gracioso es que se olvide precisamente que las resoluciones analizan —acertada o equivocadamente— la situación personal de cada investigado y su papel en la trama criminal, y que los investigados, como todo hijo de vecino, hacen juicios de probabilidad.

Es un insulto a la inteligencia sostener que no existe riesgo de fuga de los investigados en prisión, más aún ahora que se acerca el juicio. Sobre todo, teniendo en cuenta la situación de algunos de sus compañeros, que viven confortablemente en países europeos y que, además, saben que la justicia española no les alcanzará salvo que vuelvan a España. Y que el único argumento sea que el tribunal haya acordado la libertad para algunos de los encausados —los que ocuparon puestos de menor relevancia en la trama criminal tal y como se describe provisionalmente en el auto de procesamiento— y estos no se hayan fugado.

«Por ello, teniendo en cuenta que cada una de las conductas y situaciones individuales no son idénticas, que ha transcurrido ya largo tiempo de prisión preventiva y que falta poco tiempo para la apertura del juicio oral, no resultaría contraindicado que el alto tribunal reexaminase la oportunidad de revisar las resoluciones de prisión preventiva.»

Este final es fantástico. Ese «por ello» que, como vemos, no nos remite más que a la nada argumental. ¿En qué consiste el «ello»? ¿Es un «ello» de Junqueras, de Forn, de Sánchez? ¿La cercanía del juicio es un argumento a favor? ¿Lo es la duración cuando llevan un año, una prisión en absoluto de duración inusual en casos de delitos con penas similares? Y también es maravillosa la elección de las palabras: por ejemplo, contraindicado. Parece como si estuviesen recetando un medicamento a los jueces. La prisión preventiva sí es un medicamento; la libertad, no. La libertad es el estado natural y legal. Que los jueces agredan a un bien tan precioso solo debe ocurrir precisamente cuando está indicado para evitar males mayores.

Lo que pasa es que el «ello» sí es de Sánchez, pero de Pedro Sánchez. Y la prisión está contraindicada para que siga en el cargo.

 

Los niños del Brasil

 

A las personas a las que he escuchado hablar peor de los andaluces es a andaluces. Y a las que he escuchado hablar peor de los españoles es a españoles. Y lo más gracioso del asunto es lo que siempre se olvida: que no solo no conocemos a todos los andaluces o españoles, sino que ni siquiera conocemos a una ínfima parte de ellos. Y esto es aplicable a todo el mundo.

Por eso esto es una sandez:

Además, ¿cómo van a ser todos los niños andaluces de diez? ¿Para que sirve una «nota» si todos los niños obtienen la misma? Una de dos, o el diez del señor Moreno equivale a la nota que obtiene el «peor» niño andaluz (lo entrecomillo porque no quiero ponerme a explicar qué significa peor) y los demás no obtienen mejor nota porque está prohibido —en cuyo caso, decir esto equivale a decir «todos los niños andaluces tienen mitocondrias»— o, en realidad, la peli Los niños del Brasil no se desarrolló en Brasil, sino en Andalucía, y todos los infantes andaluces son clones sometidos a un entorno absolutamente idéntico y controlado.

Bueno, hay otras dos opciones: la primera, que el señor Moreno no sabía lo que decía —pese a que fue un niño andaluz— por algún problema, transitorio o prolongado en el tiempo; la segunda, que se puso a hacer una acrobática felación colectiva a los andaluces profesores o con hijos.

Por las mismas razones, es insufrible leer a todos los que se empeñan en decir que García Tejerina insultaba a los andaluces, a los niños andaluces o a la patria andaluza. Yo creo que esa legión de indignados enfáticos saben perfectamente que no estaba insultando a nadie. Lo saben, pero les da igual. Que, acertada o no, que no lo sé, se estaba refiriendo a unos datos de los que deducía que, de media y conforme a unas determinadas pruebas, los niños andaluces de diez años han adquirido competencias equivalentes a otros más jóvenes de Castilla y León. Esto o es falso o es verdadero o está por ahí, entre medias, pero no es un insulto.

De hecho, la reacción de los indignados es o irracional o interesada. De la irracional no digo nada. Para qué. En cuanto al interés, el PSOE lleva décadas gobernando en Andalucía. Cuando se mencionan los elementos estructurales —algunos muy antiguos— que pueden explicar los niveles económicos y sociales de Andalucía, parece olvidarse que ese gobierno de décadas es uno de ellos. Sin embargo, una reacción habitual excluye de cualquier análisis la influencia de las políticas públicas en manos de la Comunidad Autónoma, es decir, en manos del PSOE, ¡precisamente para justificar que se siga votando a los que han aplicado esas políticas durante décadas, que, ahora sí, en esta elección sí, van a servir para reducir y eliminar las diferencias con otras zonas de España!

Es mágico: el PSOE siempre está en la oposición. Incluso en Andalucía. Salvo, por supuesto, cuando los datos son favorables.

Aunque también es cierto que uno comprende la depresión del votante andaluz. Menos mal que todos los niños andaluces son de diez. La solución está ahí. No hacer nada y que crezcan. Todo resuelto.

 

De titulares falsos y ministras relajadas

 

Veo este titular:

Me molesta mucho este titular. Transmite algo que no es cierto. La ministra no dice que van a rehacer el presupuesto porque saltárselo sea fácil. Ni siquiera lo dice en el corte que aparece en la noticia, en la que interesadamente no se incluye la pregunta. Más evidente es que no lo dice si la añadimos. Aquí está el corte con la pregunta.

Lo que dice la ministra es que, con unos presupuestos aprobados que incluyen un máximo de déficit, es posible después, y siempre que se haya aprobado un déficit superior tras la aprobación de los presupuestos, y sin necesidad de modificarlos, al aplicarlos, tener un resultado último de déficit superior. Es decir, no cumplir los presupuestos originales porque ya sabes que el déficit admitido y legal es más alto.

La clave es esa: la ministra no asume que, de no darse esa modificación de la ley de estabilidad —lo que permitiría que el Senado no vetase una modificación de los objetivos de estabilidad presupuestaria—, no vayan a ajustarse al 1,3%. Es decir, la ministra no dice lo que el titular afirma que dice.

Me molesta, además, porque, sin necesidad de manipular las declaraciones, el asunto es lo suficientemente grave —aunque bastante usual, por cierto—. Esas declaraciones, sumadas a los datos que se dan en el artículo son la prueba, en realidad, de que la ministra sabe perfectamente que van a presentar una ficción. Que los recortes adicionales los hará como sea y los sacará de cualquier lado, porque espera no tener que aplicarlos, una vez se dé vía libre a la reforma de la ley. Que, para entendernos, los presupuestos que van a sacarse de la manga son como la tesis del presidente, algo para justificar el expediente.

Como sabemos, lo de los presupuestos no suele tomarse con suficiente seriedad en este país nuestro. Y he leído que hay quien dice que lo de Montero no es muy diferente de lo de Montoro. Sí, una vez ejecutados los presupuestos —considerando la naturaleza de predicción que se contiene en una ley así, ya que depende de estimaciones— resulta que siempre el déficit superior al previsto, nunca inferior.  Ya es mala suerte. Ahora bien, en esto de las comparaciones entre monteros y montoros, yo solo quiero recordar la desviación del último Gobierno de Zapatero: en 2011 —ya llevábamos tres años de crisis, no había sorpresa—, el compromiso era de un 6 %. A finales de noviembre de 2011 aún insistían en que lo iban a cumplir. Vean:

El déficit no fue dos puntos superior al comprometido en los presupuestos como dice Soraya Sáenz de Santamaría en el vídeo. Fue de un 3,64 % superior.

La ministra Salgado, socialista, a punto de irse, mentía a la nación y ocultaba una monstruosa desviación en el déficit.

Por eso me acojona tanto ver a la ministra Montero presumiendo, casi de chufla, de lo fácil que es gastar de más si se puede. Porque, cuando no podían, y cuando juraban que estaban cumpliendo, mentían como bellacos dilapidando el dinero de los españoles.

 

Experimento politonal mesetario

 

Me cuenta un amigo que, hace muchos años, estaba en misa en un pueblo de Guadalajara. En un momento determinado, según su propia narración, dos grupos de ancianas se arrancaron a cantar, pero sin acertar con la canción que tocaba. Un grupo empezó «Una espiga dorada por el sol», mientras que el otro le dio a «Qué alegría cuando me dijeron». Eso sí, las cantinelas las interpretaron cuadrando los tempos, con lo que lograron un prodigio musical. Me dice mi amigo que, no solo descubrió que las canciones eran compatibles, sino que vivió algo parecido a un satori de proporciones rústico-cósmicas.

Gandules como somos, aprovechamos cualquier oportunidad para la procrastinación. Así que rápidamente he buscado las canciones para comprobar la veracidad del relato. Pónganlas a la vez:

Lagrimones me caían hace un rato.

Por cierto, esto me ha recordado lo que contaba Charles Ives sobre el origen del segundo movimiento de una de sus más famosas obras: Three Places in New England. Al parecer, intentó reproducir la sensación que le había producido escuchar simultáneamente dos obras en dos tonalidades diferentes a dos bandas que se alejaban y acercaban. Se trata, por otra parte, de un procedimiento muy típico del gran compositor norteamericano. Disfruten la obra: