Claro. Porque nos acordamos.

 

Esta estupenda tribuna de Óscar Monsalvo —ojalá publique muchas más en El Mundo— creo que, sin embargo, minusvalora el problema que plantea Arkaitz Rodríguez, que puede tratarse en sus justos términos (por cierto, Óscar comete un error. Afirma: «Es decir, si alguien de la izquierda abertzale hubiera realizado un disparo por motivaciones políticas»; lo que pasa es que lo contrario de lo sucedido no es eso: lo contrario sería que alguien desconocido disparase contra la casa de, por ejemplo, Arkaitz Rodríguez). Yo creo saber a qué se refiere. Viene a decir que, si ese disparo se hubiera realizado contra la casa de alguien al que no le guste la gente como él, hoy muchas personas estarían hablando de terrorismo y de que vuelve ETA —o de que nunca se ha ido—. Como bien dice Óscar, los planteamientos imaginarios padecen de la debilidad de la libertad. Al analizar hechos, nuestras invenciones —o nuestra libertad para interpretar, venga, seamos positivos— se encuentran más restringidas. Cuando lo que analizamos es lo que hemos imaginado antes, podemos invertir el proceso: primero imaginamos el discurso y luego, ya con las conclusiones, inventamos los presupuestos que nos convengan. Pero, ¿por qué no jugar al juego que propone Rodríguez? Yo no tengo problema en intentarlo y hasta en darle la razón. Si hubiera sido al revés, puede que se hubiera producido esa asimetría que insinúa.

Lo divertido es que no se pregunte por qué. Exacto, esa reacción habría sido consecuencia de que los españoles aún recordamos lo que fue ETA y lo que ha sido Arkaitz Rodríguez. Y sabemos que una invitación a cenar de Hannibal el caníbal no es igual a una invitación a cenar de tu abuelita.

Lo recordamos aún y espero que sigamos recordándolo gracias a personas como Óscar Monsalvo.