Lastra es portavoz del PSOE

 

Adriana Lastra, portavoz del PSOE ha escrito un tuit que ha dado lugar a polémica y a una acusación de mentirosa.

Pero lo mejor es que vean la secuencia completa, porque tiene mucha gracia. Todo viene de una entrevista a Albert Rivera:

1.- Primero veamos qué dice Rivera. Por favor escúchenlo completo. Es obvio que Rivera cuando menciona que la gestación es «sin dinero de por medio» se está refiriendo precisamente al planteamiento inicial de Julia Otero: vientres de alquiler. Es decir, a que una mujer cobre una remuneración COMO PRECIO por gestar y dar a luz. Todos sabemos qué es eso. Yo, en mis presupuestos, explico que mis servicios como abogado valen XXX € y que, además y al margen, el cliente me pagará los gastos de hotel o de restaurantes o de transporte, pero no porque yo gane dinero con esto, sino para no perderlo. No sigo, que dar más explicaciones es como llamarle a usted, querido lector, idiota.

2.- Más tarde, esta tuitera —a la que no conozco— publica este tuit:

Es un tuit o imbécil o malintencionado. Pero que demuestra que ha escuchado la entrevista, porque esa expresión («dinero de por medio») surge en la entrevista. Por cierto, no la usa Rivera inicialmente, sino que se incluye en la pregunta de una periodista y es evidente que se refiere a la existencia de una remuneración. La tuitera, o sabe esto y manipula, o cae en el imbécil vicio del literalismo y salta: ¡que sí, que sí, que hay dinero y Rivera miente!

Lo curioso es que, al citar la proposición de ley, remarca en amarillo y borra alguna parte interesante de la propuesta de Cs.

Sí, no se ve eso de cubrir los gastos «estrictamente derivados de las molestias físicas, los de desplazamiento« y otras partes. Pero, vamos, que leyendo el resto, cualquier persona alfabetizada sabe de qué se trata, ya que se lee en el propio título que es de naturaleza altruista, que la compensación es resarcitoria (es decir, que resarce gastos, por lo que NO HAY BENEFICIO) y que hay que aprobar un reglamento que asegure que esto no sea un coladero que desvirtúe la naturaleza altruista de la gestación subrogada.

Vean también el detalle de que la tuitera menciona que «plantean una compensación económica», pero sin poner comillas, ya que no cita a Rivera. ESo es obra de ella.

3.- La portavoz Lastra retuitea a la tuitera, pero hace algo más, escribe su propio tuit, y ya no queda claro si ha escuchado a Rivera, porque dice que Rivera miente al negar que exista una «compensación económica»:

Sin embargo, Rivera no ha negado eso. En absoluto. Ojo, y dice QUE ES LO PEOR QUE HA DICHO. Algo que no ha dicho es lo peor que ha dicho. Así que, o Lastra miente y manipula o Lastra hace la del teléfono escacharrado y toma como literal lo que en el tuit anterior no es literal. Pueden escoger si es una irresponsable, si es una manipuladora o si es ambas cosas.

Más aún, Lastra conoce perfectamente el proyecto de ley. Perdón —qué tonto—, debería conocerlo, que uno ya no sabe lo que nuestros políticos saben. Sobre todo algunos.

Algo más, la captura con trozos ilegibles por la marca amarilla no es de Lastra, es de la tuitera.

4.- Y el final es que un montón de gente se lanza al cuello de la portavoz. Sobre todo gente de Cs o cercana a Cs. Y la acusa de poner las tachaduras en esos lugares aposta.

Que conste que se lo merece. Pero lo verdaderamente gracioso es que es posible que se trate de simple negligencia, por lo que he dicho: cualquier persona con dos dedos de frente y que sepa leer en español, leyendo lo que no está tachado, sabe que no se propone que se pague una renta por el alquiler de un vientre. Que es lo que se hace CUANDO SE ALQUILA ALGO, obtener un beneficio. Que se pretende compensar una labor altruista.

O, para que se comprenda, en Canadá, pagar un vientre de alquiler te puede llevar a la cárcel 10 años, pero se admite la gestación subrogada y el pago de lo siguiente:

  • travel expenditures, including for transportation, parking, meals and accommodation
  • expenditures for the care of dependents
  • counselling services
  • legal services
  • drug costs, as defined in Section 2 of the Food and Drugs Act
  • expenditures for products or services that are provided to assess, monitor and provide healthcare to a woman during her pregnancy, delivery or the post-partum period
  • maternity clothes
  • costs related to the delivery
  • costs for health, disability or life insurance coverage
  • costs for obtaining or confirming medical or other records

Esto es lo más divertido: una vez más Lastra actúa y uno no sabe con qué versión quedarse. Yo creo que no tiene escrúpulos, que es manipuladora, que tiene la estructura de un cubo de playa y que no comprende un porcentaje elevadísimo de las cosas sobre las que habla. El cóctel es tremendo y es una apuesta arriesgadísima optar por una u otra versión de la génesis de los hechos.

 

Ojalá sea solo un timo más

 

El PSOE, en su programa electoral para estas elecciones, incluye este disparate:

Dejaré de lado eso de que la supresión del delito de abuso sexual —algo que, además, es mentira con seguridad, solo van a cambiar el nombre: las conductas no se «suprimen» como delito— no transmite «adecuadamente» el carácter coactivo de los delitos contra la libertad sexual —cuando el abuso precisamente es un delito CONTRA LA LIBERTAD sexual—; por lo visto hay que hacer un código penal con dibujitos, marionetas, vídeos o alguna putamierda de hashtag.

Voy a centrarme en eso de que el consentimiento en cualquier relación sexual deba ser «explícito» y que «si una mujer no dice que sí, todo lo demás es no».

Hay dos maneras de entender esto:

La primera: cuando usan la palabra «dice» y hablan de consentimiento explícito se refieren a cualquier forma de expresión. Puede ser hablada, escrita, por lengua de signos, por gestos o por comportamientos inequívocos. Por ejemplo, ella no verbaliza nada, ni escribe sí en una libreta o en un correo electrónico, pero a la pregunta de él acerca de si le apetece mantener una relación de índole sexual, sin decir ni mu, le baja la bragueta a él y le hace una felación. Vamos, que explícito incluye también implícito. Es implícito porque la conducta que ella realiza incluye el consentimiento, sin expresarlo. Pues bien, si se refieren a esto, NO HAY QUE CAMBIAR NADA. La ley actual ya habla de ausencia de consentimiento (que se presume inexistente en niños o en una persona inconsciente) o de un consentimiento viciado en los casos de abusos. Ya está. Por tanto, lo que se promete es una trola para que las mujeres crean que cambia algo.

La segunda: que es la que más se ajusta a la literalidad de lo que afirman, que solo se considerará que una mujer dice sí cuando diga sí. Y si no dice que sí, TODO LO DEMÁS ES NO y no hay consentimiento. En este caso, en el ejemplo que he expuesto, él habría cometido un delito.

Analicemos esta segunda opción. En primer lugar, resulta contrario a una serie de principios básicos en materia penal. Por ejemplo, al de que debe buscarse la verdad material. Es decir, debe procurarse saber si ella consintió; no saber si consintió explícitamente. Lo segundo, que la norma penal solo debe castigar conductas que afecten a un bien jurídico. En el caso de los delitos contra la libertad sexual, EL BIEN JURÍDICO PROTEGIDO ES PRECISAMENTE LA LIBERTAD SEXUAL. Solo una conducta que afecte a la libertad de las mujeres —hablo y seguiré hablando de mujeres porque, aunque parezca acojonante, el programa habla SOLO de mujeres— debe ser delictiva. En tercer lugar, que las presunciones, en general, y más aún si son iuris et de iure, en materia penal, son un recurso incivilizado salvo en circunstancias extraordinarias y muy justificadas (como lo es presumir que un bebé de dos años no puede prestar un consentimiento válido para una actividad sexual, por ejemplo). Por tanto, presumir, sin posibilidad de prueba en contrario, que un consentimiento para mantener relaciones sexuales no existió por no ser explícito en esos términos atenta contra esa regla básica.

Y esto sin tener en cuenta otras cuestiones como el error de hecho o el que las agresiones sexuales solo son delitos si son dolosas (es decir, voluntarias). En la segunda versión, el dolo exigible implicaría que un hombre comete un delito al admitir mantener relaciones sexuales con una mujer incluso estando seguro de que ella quiere (por ejemplo, deduciéndolo de su comportamiento) e incluso aunque estuviese conforme con esa apreciación cualquier tercero objetivo en abstracto, por la circunstancia de que ella no lo hubiese dicho explícitamente, y por el hecho de saber esto y aun así seguir adelante.

Es decir, en vez de atender a la realidad tal y como la percibiría cualquier observador objetivo, atenderíamos a la voluntad de la víctima (no antes, en el momento de la relación sexual —en el que es indiscutible que solo importa su libertad—, sino después, a la hora de que se decida si es o no delictiva); es decir, podría decidir si algo es o no delito en su esfera interna y con independencia de sus actos. Esto abriría la puerta a que algo no fuese delito en el momento de los hechos (ella consiente en su fuero interno y lo sabe), pero que pasase a serlo cuando denuncia (al no existir un consentimiento explícito y hacerlo valer).

Incluso se podría dar el supuesto de que ella denunciase y que, más tarde, reconociera haber consentido (solo implícitamente) y, por tanto, haber actuado libremente. Este reconocimiento carecería de valor alguno, ya que se trata de delitos semipúblicos, no disponibles por la víctima, una vez denuncia. Y él debería ser condenado.

En realidad, esta reforma anunciada es tan descabellada (en su versión b) que solo puede interpretarse en un sentido más prosaico, pero igual de grave. Dirán que estoy ridiculizando y que por supuesto que cualquier consentimiento claro que resulte de la conducta de una mujer es válido y que eso es lo que significa explícito y que el ejemplo que pongo es una caricatura. Añadirán que el problema lo tenemos con situaciones dudosas en las que él puede haber creído que sí, pero en las que ella dice que no existió consentimiento. Y que, en estos casos, lo que hay es que partir de que no existió el consentimiento. Véase, de entrada, que esto no es lo que se anuncia, sino otra cosa.

Lo malo es que el problema sigue siendo peliagudo porque existe un principio civilizado básico en derecho penal que es el de presunción de inocencia. Se presume la inocencia y el que acusa ha de probar. Esto no implica que se presuma el consentimiento, sino que no se presume el delito. Es decir, implica que quien acusa a otro de haber realizado una conducta (sexo sin consentimiento) ha de probar que el sexo existió y ha de probar de alguna forma admitida en derecho que no fue consentido. Y esto segundo es preciso porque LAS PERSONAS MANTIENE RELACIONES SEXUALES CONSENTIDAS CONSTANTEMENTE. Es decir, el asunto se convierte en un problema no de fijación de la conducta penada, sino en un problema de prueba. En el viejo problema de prueba. De hecho, y aunque a veces se diga que no, la prueba testifical de la víctima, por sí sola, puede ser —y es, a veces— prueba de cargo suficiente en nuestro derecho para condenar (en una práctica que personalmente me preocupa mucho como jurista).

¿Qué es lo que hay aquí, por tanto? O un timo o la cuadratura del círculo o una renuncia a uno de los principios más sagrados de la civilización: la inversión de la carga de la prueba sobre uno de los elementos centrales del delito, la ausencia de consentimiento. Se busca un comodín, un yo sí te creo, una carta de «salga usted de la cárcel»: si ella afirma «hubo consentimiento», aunque no fuese explícito, no hay problema; si ella dice «no hubo consentimiento», se invierte la carga de la prueba y es él quien ha de demostrar que hubo un sí explícito porque cualquier otra cosa es un no, aunque esa otra cosa equivalga a un consentimiento PARA CUALQUIER TERCERO OBJETIVO.

Esta es la deriva.

Lo gracioso es que los del PSOE acusan a Vox de ser un peligro público —con razón—, cuando ellos también lo son cuando promueven cosas así.

 

 

¡Y si hace un pedido ahora mismo, le damos un segundo programa económico gratis y un cd con los grandes éxitos de Manolo Escobar!

 

En 2015 cogí el programa de Podemos y, de una forma muy grosera, intenté calificar sus propuestas desde el punto de vista de incremento del gasto. Sobre todo porque se cuidaban de cuantificar el coste de sus medidas.

Claro está: como no iban a gobernar y tenían que demostrar que ellos sí representaban de verdad a la sufrida gente frente a los malvados mercados, a la troika, al Ibex y al SIM, prometieron como si no hubiera un mañana. O como hacía cierta persona que conocí, que siempre explicaba a sus hijos los regalos que iban a recibir si le tocaba la lotería.

Los políticos por definición siempre sueltan trolas y se callan o minimizan la parte fea de sus programas (que no es cosa de asustar). Pero hay grados. Los políticos populistas no se caracterizan por soltar algunas trolas, sino porque todo lo que dicen es una trola que nunca se llevará a la práctica porque será sustituido por otra trola nueva que, además, culpabilice de las trolas previas a los demás. La trola no es, para ellos, un problema del sistema que han de sobrellevar, poniéndose más o menos amarillos, sino su manera de hacer política. Por eso son tan excelentes en ese mundo. Mentir no solo les da igual, sino que solo saben mentir, manipular y prometer lo que sea necesario para seguir en la bicicleta.

Pronto podremos hacer el mismo ejercicio con el programa económico de Vox. De momento, tenemos este disparate:

Lo más divertido es lo de la reducción «drástica» del gasto público (algo imprescindible considerando la salvaje pérdida de ingresos que supondrían esas rebajas de impuestos) que, según ese avance, se lograría recentralizando (como si la recentralización por sí sola pudiera suponer una rebaja de entidad en el gasto) y cerrando las televisiones.

Salvo, claro está, que «quitar competencias» incluya tener menos prestaciones sanitarias, peores juzgados (de los que ya tenemos, que son muy deficientes) y que nuestro sistema educativo empeore aún más, detrayendo recursos. Porque si se pretende mantener el mismo nivel de prestaciones, la recentralización solo supondría una reducción del gasto (y no sería muy significativo) con una gestión más eficiente, ya que la administración central tendría que hacer lo que ahora hace la autonómica (por cierto, tras una reforma constitucional y estatutaria).

En cuanto a las televisiones, las autonómicas cuestan unos mil millones de euros al año. En cuanto a RTVE, nos cuesta 343 millones anuales.

Para hacernos una idea: los ingresos tributarios estatales ascendieron a 193.000 millones de euros en 2017. Por IRPF se recaudaron 77.038 millones de euros. Por Impuesto de Sociedades 23.143 millones de euros.

Todo esto sin considerar cuestiones como el déficit público (y su aumento si se rebajan los ingresos) y la necesidad de ir aminorando la deuda pública (en el 100% del PIB).

Ahora, consideren el impacto de la medida estrella (es estrella porque es la única que mencionan) de ahorro, el cierre de las televisiones, por importe de 1.400 millones de euros (a lo bruto, que el cierre tendría un coste enorme) en comparación con las consecuencias de medidas fiscales como las propuestas.

Nah. Mejor no lo hagan. Total, para qué. Si ya sabemos que es una trola.

Teresa Giménez Barbat y Beatriz Becerra

 

De los que fueron eurodiputados en las listas de UPyD, hay tres personas que creo que merecen tener la oportunidad volver a ser elegidas y representarnos. Una de ellas, Maite Pagazaurtundúa, por lo que parece, va a formar parte de las listas de Ciudadanos, según leí hace poco, así que no diré nada de ella.

Las otras dos personas son Teresa Giménez Barbat y Beatriz Becerra. No tengo ni idea de si existe alguna negociación u oferta por algún partido —ni sé si ellas quieren, la verdad—, pero como tampoco creo hacer daño dando mi opinión, y como creo que esto mismo lo pensará bastante gente que ha ido conociendo el trabajo de estas dos eurodiputadas a través de twitter, de sus artículos y de las noticias de prensa, pues lo suelto, por si ayuda. Sobre todo porque he leído sobre el ofrecimiento de puestos en las listas como recompensa a algunos dinosaurios que supongo que pretenderán ir al Parlamento Europeo a dormitar y generar trienios.

Y no se trata de que coincida en todas sus posiciones políticas —que no— ni una cuestión de amistad. A Beatriz Becerra no la conozco personalmente; a Teresa sí la conozco, y mantuve diferencias sonoras con ella allá por el pleistoceno, en los orígenes de Ciudadanos. Simplemente sucede que son personas válidas, con ideas decentes, amigas de las sociedades abiertas, del imperio de la razón crítica, tolerantes con los que quieren una sociedad tolerante, e intolerantes con los fanáticos y los tiranos. Y, además, se han tomado su trabajo en serio y han representado muy dignamente a España en un lugar no solo cada vez más importante, sino en el que es probable que aumente la población de cavernícolas y tarados provenientes de todos los países europeos. Como hacen falta personas que defiendan a la civilización frente a las ventosidades del populismo, tendremos que darnos un premio buscando a ciudadanos adecuados para una tarea tan ingrata.

En fin, que no estaría bien que nos desprendiéramos de personas valiosas para colocar a algún proboscídeo con problemas de próstata. Por no jugar con las cosas de comer, digo.

 

Borrell enfurecido

 

Es verdaderamente sorprendente el mosqueo de nuestro ministro de exteriores en una entrevista concedida a una televisión alemana. No sé si el entrevistador es así siempre; de serlo, el error sería aún más grave. Quicir, a una entrevista con un entrevistador así, o no vas, o la preparas para desenmascarar lo que dice.

Sin embargo, el resultado es que se ve a una persona desencajada, faltona, que insulta al entrevistador, que pregunta ¿de dónde sale usted? o que lo califica como chiste. Es decir, el presentador suelta paridas a montones —algunas gordísimas—, incluso miente en algunas afirmaciones —por cierto, con el añadido en mi opinión repugnante de los carteles que explican a los espectadores «la verdad»— y el efecto que consigue, al sacar de quicio al ministro, es que todo eso parezca verdad.

Y mira que era fácil:

1.- Sobre Forcadell: simplemente recordando que en todas las legislaciones del mundo existe la prisión preventiva, que usar el término abuela es puro populismo, que la prisión no solo es solitaria, es más cosas, pero que hablar de la soledad es una manera de dejar caer que se está aplicando alguna forma de aislamiento extremo, algo que es simplemente falso (más allá de lo que pasa con las decenas de miles de personas reclusas). Que la decisión en Alemania se hizo sin que se celebrase un juicio ni se practicase una sola prueba y que, por tanto, cómo puede pretender que los tribunales alemanes desautoricen algo que no han podido conocer, salvo que, piense, por supuesto, que un alemán es genéticamente superior a un español y puede juzgar algo sobre lo que no se ha practicado prueba. Que se está juzgando por otros delitos que no son rebelión y que llevan aparejadas graves penas de prisión.

2.- Sobre la independencia de los jueces, Borrell está mejor, sobre todo por la referencia a las condenas del TEDH a España, en comparación con otros países, pero sorprende que ignore algunas cosas y que deje pasar otras. Para empezar que no recuerde al entrevistador que todas esas organizaciones de derechos humanos denuncian prácticas que les parecen mal en todos los países. Que sí, que hay un señor en el Consejo de Europa que habla de la Ley de Seguridad Ciudadana (por cierto, es asombroso que el señor ministro no aclare que esas cifras se refieren a sanciones administrativas, no penales) y de España, pero es que hay otros tantos señores iguales que hablan de todos y cada uno de los países europeos. Y, en particular, me asombra que Borrell no sepa que esa estadística que utiliza, que sitúa a España en el puesto 23 en independencia judicial, tras Hungría, Rumanía y Portugal es una mierda como un piano. Vean, la gráfica:

Vamos, que ese dato sale de esta pregunta: ‘From what you know, how would you rate the justice system in (our country) in terms of the independence of courts and judges? Would you say it is very good, fairly good, fairly bad or very bad?’

¿Cómo cojones va esa estadística a decir nada SOBRE LA SITUACIÓN DE CADA PAÍS si el resultado es LA PERCEPCIÓN DE LOS CIUDADANOS SOBRE EL PAÍS PROPIO?

Lo curioso es que este dato falso ha sido usado por muchos secesionistas (ya sabemos lo aficionados que son a la trola). Sin embargo ¿el ministro no lo sabe?

3.- Que el entrevistador cite a Pérez Royo y Borrell no indique simplemente que este buen hombre ha perdido el oremus hace mucho, que carece de credibilidad en España, salvo entre aquellos a los que conviene su discurso y que afirmar que los siete jueces que juzgan ya tienen preparado un veredicto es insulto a España es desolador, pero que no se descojone del entrevistador cuando plantea lo de la reforma constitucional querida por el 70% de los españoles como si fuera un dato que sirviese para algo, es inexplicable. Con lo fácil que habría sido simplemente indicar que en ese 70% también están incluidos los que quieren acabar con el Estado federal y las instituciones catalanas.

No sigo. El resto no es mucho mejor. Es evidente que el entrevistador se dedica a rescatar opiniones sonoras de alguien rándom, en algunos casos las descontextualiza (lo de Gibraltar es desternillante) y las convierte en una categoría sobre la que hacer una pregunta general.

Borrell es un experto en España (o, al menos, debería serlo más que el entrevistador), pero es incapaz de demostrarlo. Y, además, un ministro de Asuntos Exteriores debería ser capaz de hacer algo tan simple como desmontar, con datos, las trolas de un fullero así. Pero hay que tener menos soberbia, más capacidad de encaje y de enfocar la mala hostia en algo que no parezca un usted no sabe con quién está hablando.

 

Esto es intolerable

 

Vaya. Ni más ni menos que una ofensa intolerable. El tipo eructa para ver si le prestamos atención y en vez de un bah, recibe su premio.

* * * * *

El otro día, al escuchar el discurso del regreso de Rambo Iglesias me llamó mucho la atención que mencionara varias veces a los taxistas. Pensé: qué mal deben ir las encuestas cuando intentas asegurarte el voto de los taxistas y sus familias (que ya, que seguro que son decenas de miles, pero vamos). Eso sí que es política identitaria en el nivel más cutre.

Luego veo que PP y Vox se ponen a fichar toreros.

En esto los del PSOE han sido más sutiles: han fichado a los que llevan años explicándonos con gráficos y artículos de opinión desde la más absoluta objetividad científica por qué las políticas del PSOE son las únicas correctas —bueno, más que en las políticas, se han centrado en la estética, las consignas y las vías—. Han sido más sutiles y más exigentes: antes de abrir su casa han cobrado las cuotas de afiliación durante años.

Yo lo veo bien. Los advenedizos folclóricos para las derechas.

* * * * *

41 senadores franceses han firmado una carta reclamando que cesen las violaciones de derechos humanos en la zona selvática de una alejada región del globo. Por lo visto, la iniciativa ha partido de un nativo de dicho lugar, exiliado en la patria de los derechos del hombre, que ha logrado, mediante relatos aderezados con detalles macabros e imágenes exóticas —penales infectos, torturas inimaginables, arbitrariedad, sacrificios humanos, cánticos rituales, ejecuciones sin juicio—, transmitir el horror de la persecución sistemática en lugares incivilizados. Alguno de los senadores ha contado que la experiencia de conocer de primera mano esos sucesos espantosos, tan propios del corazón de las tinieblas, ha sido tan potente que ha provocado que el desayuno no le siente bien del todo.

 

Pablo Iglesias comería cosas que harían vomitar a una cabra

 

Zapatero le dijo un día a su esposa algo así como: no sabes, Sonsoles, los cientos de miles de españoles que podrían ser presidentes del Gobierno.

Pablo Iglesias acaba de matizar la frase, introduciendo un requisito de calidad: limpiar culos y cambiar pañales durante, al menos, tres meses.

Como puede verse, excluye a todos los que no tengan hijos y que no se dediquen profesionalmente a proporcionar ese tipo de cuidados a niños o a adultos. Pablo Iglesias es tan sagaz que siempre cumplirá su lista de requisitos. Si fuera una mujer, diría que, al ser mujer, se ve más capacitada para gobernar. Si no fuera propietario de una vivienda unifamiliar con piscina, sino que viviera en un pisito de renta antigua de alguna barriada, diría que un alquilado en una casa modesta es mejor como gobernante. Si estuviera en el paro, o con un trabajo eventual, imaginen. O si fuera negro. O si no tuviera títulos universitarios y hubiera trabajado toda su vida recogiendo zanahorias. Las cualidades del gobernante son, para Pablo Iglesias, destilados —reales o inventados— de su biografía. Por eso, si su pareja se convierte en la número dos de su partido, esto solo se explica porque su pareja es tremendamente capaz, y quien haga preguntas es un machista y un retrógrado. Pero, si su número tres se rebela y se pira, añade una muesca en la lista de sus bondades haciendo «autocrítica» al afirmar que han (en plural) dado vergüenza con sus peleas internas.  Ya saben, apártate de la línea de fuego, que el líder está haciendo autocrítica.

Pablo Iglesias es de la gente: por eso cuando describe a la gente, la descripción siempre —con más o menos dificultad— incluye a Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias va a conseguir (y ya lleva cinco años en ello) mantenerse entre los privilegiados convenciendo a los españoles que le van a votar de que es como ellos. De que sigue siéndolo. De ahí su retórica a lo Rambo: he estado en las peores junglas, rodeado de ricos y poderosos, y he regresado, lleno de cicatrices, pero intacto y con la verdad. Lo va a conseguir él y lo van a conseguir centenares de los que ayer gritaban con entusiasmo real. El entusiasmo es real porque los que gritan alrededor también están en la biografía del líder. Están en el grupo de los privilegiados, por supuesto.

Rambo, tras vivir el horror de la guerra y presenciar la traición de los poderosos, se convertía en un homeless y recorría su país con su chupa de veterano, hasta que la patria le llamaba de nuevo y sujetaba su cuchillo entrelosdientescagoendios.

Iglesias ha hecho lo mismo. El coronel ese que decía cosas tan graciosas ha ido a su casa y le ha dicho: hijo, ya es hora de que dejes de limpiar culos y huir de tus responsabilidades. La gente te necesita. Y él ha vuelto, porque el culo que limpias y no te mata te hace más fuerte.

La peligrosa derechista Cayetana Álvarez de Toledo

 

El País a lo suyo:

Yo tengo una opinión provisional sobre Cayetana Álvarez de Toledo. No interpreten esto mal, tengo una opinión provisional sobre todo el mundo. Si se trata de alguien vivo. O, para que me entiendan, creo que Tsevan Rabtan es un tipo majo y racional. De momento lo creo.

El caso es que he leído algunos artículos de Álvarez de Toledo y la he escuchado en algunas ocasiones, y me ha parecido alguien que piensa, alguien que sabe de algunas cosas y alguien que da explicaciones de sus opiniones. Esto facilita las cosas. Como escribe y habla de manera articulada, puedes coger sus opiniones y analizarlas. Analizar exige, por supuesto, hacer lo mismo: es decir, explicar por qué discrepas de tal o cual opinión, pero no con generalidades.

En todo caso, su discurso es marcadamente liberal. Un discurso que reclama expresamente los valores de la ilustración y la democracia.

Sin embargo, qué concluye El País:

«Quienes, dentro del PP, critican su nombramiento, dirigentes de distintos territorios y épocas, lo hacen no solo por el hecho de que Casado haya decidido presentar en Cataluña, la plaza más difícil para el partido, a una candidata de fuera, sino también porque la ubican en el ala más dura de la derecha. Álvarez de Toledo, patrona de la fundación de José María Aznar, FAES, fue diputada del PP entre 2008 y 2015, pero aireó sus discrepancias con Mariano Rajoy, al que consideraba blando con Cataluña y a quien acusaba de “déficit de política”. Desde su nombramiento ha continuado criticándole, aludiendo al “desistimiento” que, en su opinión, permitió que los independentistas ganaran terreno. Esas críticas a Rajoy tampoco han sentado nada bien en las filas del PP, partido que hasta hace nueve meses presidía el ahora criticado.»

Esto es muy divertido: «(…) la ubican en el ala más dura de la derecha». Y esto es fantástico: «Álvarez de Toledo, patrona de la fundación de José María Aznar, FAES (…)». Y la fuente, por supuesto, es la fuente de siempre: «los que, dentro del PP». Es decir, nadie. Nadie con nombre y apellidos que pueda ser interpelado, el viejo truco del periodismo patrio.

Esa conclusión sobre su naturaleza duramente derechista, sin embargo, es resultado de algunas afirmaciones. Veámoslas:

La primera: que el golpe secesionista catalán es más grave que el 23-F. Yo no estoy de acuerdo. Me parece más grave que unos espadones con mando en divisiones acorazadas invadan el Congreso, saquen pistolas y metralletas, y se dediquen a disparar mientras esperan a la autoridad militar, por supuesto. Pero Álvarez de Toledo no dice que el golpe secesionista sea grave y el 23-F no lo sea. Simplemente plantea la cuestión del apoyo popular, del golpe desde la autoridad política, del blanqueamiento de los líderes, de la naturaleza supremacista y alienadora del golpe, y del hecho precisamente de que se le haya quitado importancia. Yo, que no estoy de acuerdo con ella, sí creo que sus palabras tienen mérito: porque sirven para señalar a todos los que llevan años empeñados en que lo del año 2017 fue una fiesta de estudiantes borrachos y no una serie encadenada de episodios gravísimos.

La segunda, lo de la jactancia de no hablar catalán. Aquí tengo que poner el párrafo literal, para que vean un ejemplo más de la sutil manipulación habitual en El País:

“Han dicho que me jacto de no hablar catalán, qué estupidez. Yo no me jacto de hablar inglés, español o francés pero ellos [en alusión a los independentistas] sí se jactan de hablar catalán y dicen que el español es la lengua de las bestias salvajes y que tenemos una tara en nuestro ADN por hablarlo”.

¿Ven el párrafo entrecomillado? Sí, tiene comillas al principio y al final. Por tanto, la frase se supone que es literal. Ah, ingenuos. Es El País. Y en El País, a veces palabras interesantes desaparecen misteriosamente y lo que queda se convierte en otro animal.

Leído el párrafo entrecomillado, parece que Álvarez de Toledo responde que es estúpido que se diga que ella se jacta de no hablar catalán porque no presume tampoco de hablar inglés, español o francés.

Vean las palabras literales de Álvarez de Toledo. Vean a partir del 4’10”:

Y ahora voy a poner lo que sí dice literalmente, usando el párrafo entrecomillado de El País y completando lo que falta en mayúsculas:

“Han dicho que me jacto de no hablar catalán, qué estupidez ES ESA. NADIE PUEDE JACTARSE DE NO SABER ALGO. NI SIQUIERA DE SABER ALGO. Yo no me jacto de hablar ni español, ni inglés o francés MIS LENGUAS DE INFANCIA O PATERNA pero ellos [en alusión a los independentistas] sí se jactan de hablar catalán y HASTA TAL PUNTO SE JACTAN que dicen que el español es la lengua de las bestias salvajes. QUE PERSONAS COMO YO Y TANTOS DE VOSOTROS tenemos una tara en nuestro ADN por hablar ESPAÑOL. Y SON ELLOS LOS QUE Y QUIERO DECIRLO CON MUCHA SOLEMNIDAD LOS QUE PERVIERTEN Y EMPEQUEÑECEN EL CATALÁN CUANDO LO UTILIZAN Y LO CONVIERTEN EN INSTRUMENTO DE EXCLUSIÓN”.

Examinen las palabras suprimidas en esa cita «literal». Son palabras que curiosamente cambian el mensaje. Ya no es la pija que presume de hablar tres idiomas y afirma que por eso es estúpido jactarse de no hablar un cuarto. Es la persona que explica que jactarse de no saber algo es de estúpidos. Y lo es. Y que añade un «ni siquiera» para los que presumen de hablar su lengua materna o de infancia.

Vayamos a la tercera afirmación: que Pedro Sánchez tiene un proyecto franquista. ¿Por qué? «porque consiste, básicamente, en sacar a Franco del Valle de los Caídos». En fin, viendo la explicación que da, caben dos posibilidades: o Álvarez de Toledo es imbécil, o está haciendo una coña con la manía que le ha dado a Sánchez y a los suyos por los huesos del dictador muerto (adoración por las reliquias como fórmula para convertir a todos los que no son ellos en enemigos mediante magia simpática). Sospecho que la segunda posibilidad es la correcta y que cualquiera lo entendería, a poco que le dé dos vueltas.

Vayamos con la última. Que Pedro Sánchez es «peor que Vox». Hablan de una entrevista es esRadio. Pese a la erisipela que me produce Losantos, he escuchado la entrevista, que dura más de media hora. Es curioso que tanto tiempo se resuma en tres palabras. Poca chicha deben haber encontrado. En todo caso, yo no he escuchado la expresión tal cual, aunque admito que quizás se me haya pasado (y no voy a volver a escucharla entera). No importa, porque sí he escuchado a Álvarez de Toledo afirmar que Sánchez es más peligroso que Vox. Por ejemplo aquí. Escuchen, que no está mal:

De nuevo discrepo.

Para mí Vox es más peligroso que Sánchez. Sánchez es un irresponsable y un cínico. Un hombre alérgico a la verdad, que es capaz de cambiar de opinión las veces que haga falta, con un punto de resentimiento y aficionado a juegos peligrosos con gente peligrosa sobre asuntos de enorme trascendencia. Pero si miro lo que defiende el PSOE y lo que defiende Vox (en sus programas), me quedo con el PSOE sin dudarlo. Sin dudarlo ni un instante. Pienso que mucha gente que está harta del revanchismo, de las trolas y de los juegos peligrosos del PSOE es capaz de admitir a un partido populista de derechas con un tono similar al de partidos populistas de derechas que nos dan miedo y asco (Le Pen, Orban o Salvini) rebajando los síntomas que nos alarman y engrandeciendo aquellos que parecen hacerlos algo respetables. ¿Por qué? Por eso, por hartura. Que, en suma, están haciendo lo que tantos votantes del PSOE hicieron con Podemos cuando surgieron y defendían chaladuras populistas con tufo totalitario (como las de Vox). Gente que dice: no será para tanto; no podrán hacer nada; no tendrán mayoría; son los únicos que hablan de A o B.

Enorme error.

Pero, dicho esto, veamos qué ha dicho Cayetana Álvarez de Toledo de Vox y de Abascal:

«El martes pasado, el líder de Vox, Santiago Abascal, fue interrogado por un estúpido comentario del secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique. Abascal podría haber triturado el tuit de Echenique, denunciado su sectarismo y hasta su vileza. Pero no. Decidió coger un atajo. Sórdido:

(…).

A los que dicen que Vox y el Partido Popular son prácticamente intercambiables, matrioshkas hispánicas: ¿se imaginan una respuesta así del Aznar más alfa? Ya. ¿Y qué diferencia real hay entre el comentario de Abascal y los exabruptos xenófobos de Nuria Gispert contra Inés Arrimadas, a la que ha señalado ya tres veces el caminito a Jerez? Ah, que Arrimadas defiende la unidad de España y Echenique la ataca. ¿Pero desde cuándo las ideas determinan la ciudadanía? Y si lo hicieran, ¿adónde deportamos al vasco Otegi, al catalán Torra y al madrileño Iglesias? ¿O es que el DNI español de Echenique tiene una tara -bestial- de origen? Entonces el mío también. Y yo que me creía española. Incluso españolaza. Orgullosa de que en mi país la sucia clasificación de los ciudadanos por sexo, raza, religión, ideología o lugar de nacimiento fuera patrimonio exclusivo del nacionalismo separatista y la ultraizquierda identitaria. Se ve que ya no. A la sombra del proceso y de la cobardía real y presunta de los buenos, ha brotado un colectivismo dispuesto a segregar a los ciudadanos en el nombre de España. Todavía no se ha desmelenado: unos días se jacta de sus reuniones con Wilders y Le Pen; otros las oculta, balbuceante. Y en el manejo de la paranoia sigue siendo bisoño. Este maravilloso cruce de Abascal con Leyre Iglesias, ayer, en Crónica:

(…)

Los datos, en cuarentena; las sensaciones, desabrochadas; la conspiración, en marcha; las noticias, uf. Es una política basada en convicciones, ciertamente. (…) Desde el apaciguamiento del señor Cameron hasta las embestidas de la señora Clinton -y qué decir de Italia, Polonia, Austria, México y Brasil-, todas las estrategias de contención del populismo han fracasado, salvo la de Macron y ya veremos. (…) Estamos en pleno bandazo. Décadas de despótica ultracorrección política han estallado en una bacanal de incorrección ultra. Años de corrosivo identitarismo centrífugo han cebado un histérico identitarismo centrípeto. A las rancias mentiras del posmodernismo se contraponen ahora las mentiras recalentadas del neonacionalismo. Vuelvo a Vox. Sus 100 propuestas son un pastiche populista, votos para hoy y frustración para mañana. No hace falta que las lean. Basta esta promesa, tan bonita y barata, vistosa e inviable, como un unicornio de papel: «Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario, con un solo Gobierno y un solo Parlamento». O esta otra, puramente trumpiana en su enfática forma y quimérico fondo: «Levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla».

Infranqueable: es un buen adjetivo, sí. Describe con precisión el carácter del muro que debería separar al PP de Vox y de todos los partidos que tratan a los ciudadanos «como si fueran insectos que se pueden clasificar» (G. Orwell, Anotaciones sobre el nacionalismo) o como párvulos a perpetuidad, seres no sujetos a las reglas de la realidad y la razón. ¡Oh, un muro! ¡Una línea roja! Nítida, como la que el PSOE debió trazar ante Podemos, por el bien de España y de sí mismo. Y a la vez seca, porque las formas también distinguen y porque para aspavientos ya están las ministras socialistas y La Sexta. Bastaría con que Casado afirmase una sola vez y con la solemnidad de un compromiso presidencial: yo soy un patriota, no un nacionalista; yo rechazo todas las formas de colectivismo porque atacan la libertad de los ciudadanos y su igualdad ante la ley; y yo sí digo a los españoles la verdad.

«¡Pero es que los españoles no quieren oír la verdad!». Vamos allá. Uno de los motivos del triunfo del populismo es el consenso en torno a la infalibilidad supra-papal de «la gente». Para todos los partidos, sin excepción, el votante es como el cliente: siempre tiene la razón. Todos sus sentimientos son legítimos. Todas sus decisiones están justificadas. Sus vísceras son sesos. Y así, de halago en halago, hasta el disparate final: el inmenso poder institucional de Podemos, el referéndum unilateral de independencia y la irrupción mediática de Vox.

Los españoles que el domingo pasado llenaron Vistalegre son gente normal -faltaba más-, pero no tienen razón en jalear lo que jalearon. El PP de Pablo Casado no es el de Mariano Rajoy. La solución al golpismo no es sumarse a la liquidación de la mejor Constitución de la Historia de España. El modelo autonómico no es incompatible con la bajada de impuestos o el aumento de las pensiones. La inmigración ilegal es para España un grave desafío técnico, no una amenaza existencial. Rechazar las cuotas sexuales para el Congreso y luego promover las cuotas étnicas o lingüísticas para la inmigración es peor que una incoherencia: puro pujolismo. La Europa del cuarteto de Visegrado no es un avance político, sino una «contrarrevolución cultural», como reconoce el propio Kaczynski. Y desde luego no es lo mismo decir «viva España» que «la España viva».

Puedo imaginar la réplica: «Ya, ya, pero los simpatizantes de Vox son patriotas cabreados». Muchos sí. Y Casado debería interpelarlos directamente, como un buen líder y no como una mala madre. Animar a cada uno de ellos a preguntarse como un adulto ante el espejo: ¿cuáles son los motivos concretos de mi cabreo? ¿Son todos igualmente justos? ¿Y tienen solución? ¿Cuál, exactamente? Los que no son nacionalistas ni ignorantes ni racistas contestarían con sentido. Y asumirían su responsabilidad, que es máxima. Superior al de las flácidas élites que encarna el empresario Rosell. Los votantes son dueños de la soberanía nacional y, por tanto, de la libertad, paz y prosperidad de la nación. Deberían aprender de Torcuato Fernández-Miranda, que explicó así el éxito de la Reforma Política: «De la olla hirviente del corazón vivo pueden surgir nieblas que turben a la cabeza. Por eso hay que tener embridado el corazón, sujeto y en su sitio». No podemos imitar la frivolidad de los que patean el tablero con un gesto Pantene/Podemos, la misma coleta: porque yo lo valgo, porque tengo derecho, porque los de enfrente son peores, porque sí. ¿Significa esto resignarse a la «derechita cobarde» o a la «veleta naranja»? Al contrario. Supone mantener intacto el nivel de exigencia. Con todos. No perdonar a un Casado lo que censuramos a una Soraya. No aceptar de un Rivera lo que nos irrita de un Sánchez. Pero tampoco aplaudir de un Abascal lo que deploramos de un Torra.

La identidad es una palabra peligrosa, escribió Tony Judt en sus memorias. Hoy vuelve a ser una realidad letal ante la que hay que aguantar la posición. Sólo los que, frente al sokatira identitario, defienden la supremacía del individuo merecen respeto y apoyo. Quizá pierdan algún voto a corto plazo. Pero habrán conservado algo mucho más decisivo en la permanente batalla de la civilización contra los reaccionarios de todo signo: lo que los argentinos, incluso los nacionalizados españoles, llamamos la rasón

Sí, he copiado muchos trozos del artículo. Las negritas son mías. Para que vean las hostias que daba Dª Cayetana a Vox hace nada.

¿En el ala más dura de la derecha?

Eso querríais, amigos de El País. Para no tener que hacer una caricatura tan grotesca de ella.

 

 

¿Tenemos derecho a la legítima defensa?

 

A raíz de mi anterior entrada y de comentarios de gente que decía que no existe en España un derecho a la legítima defensa, sino que esta es una circunstancia que exime o atenúa la responsabilidad criminal, escribí unos tuits hoy en los que explicaba que esto no es correcto y que por supuesto que existe un derecho a la legítima defensa.

Y nada, de nuevo varias personas han insistido en que no, se han puesto a explicarme las circunstancias eximentes (asombroso) e incluso, uno de ellos, me ha dicho que no entiende por qué afirmo esto y ¡que yo sé que no tengo razón! (más sorprendente). Otro me ha dicho que no es un derecho, porque hace falta que lo aprecie una sentencia, y al final, otro me ha dicho que tenía razón, pero como en el caso de la enajenación mental ha de declararse tras un proceso y en la sentencia que lo resuelve.

Y yo digo: ay.

Voy a intentar explicar esto de otra forma, a ver si así.

1.- Los ordenamientos suelen partir de que el Estado y sus agentes tienen el monopolio de la violencia (que han de ejercitar con motivo y según ciertos principios). Por tanto, yo como ciudadano normal y corriente, no puedo decir a alguien «disuélvase» y, si no me hace caso, meterle un empujón o darle con una porra.

2.- Los ordenamientos, sin embargo (que no son tontos), admiten que TENEMOS DERECHO a defendernos (a nosotros y a las personas que tenemos cerca), cuando hay una agresión ilegítima (o una amenaza inminente y seria de sufrirla)  y la necesidad de defendernos. Esto de necesidad de defendernos se refiere a los medios que se emplean y a la racionalidad de esos medios (no les aburriré con casuismos). Si se dan ambos aunque la conducta APARENTEMENTE sea la descrita en el Código Penal (por ejemplo, matas o lesionas al que te agrede) la ley la considera justificada.

3.- Sucede también que la ley exime de responsabilidad penal, en ocasiones, por razones que afectan a la culpabilidad. Por ejemplo, estás como un cencerro. No encerramos al chiflado que mata a su padre porque cree que es un vampiro PERO NO TIENE DERECHO A MATAR A SU PADRE. Los locos no tienen derecho a cometer delitos. De hecho, si lo hacen, es probable que los encerremos, aunque no los castiguemos. Pero la conducta del loco asesino ES CONTRARIA A LA LEY; ES DECIR, ES ANTIJURÍDICA.

4.- ¿Sucede esto con la legítima defensa? NO. En este caso, sostenemos que la conducta NO ES ANTIJURÍDICA. Nadie nos encierra por matar a alguien que viene a matarnos, PORQUE ESA CONDUCTA ES CONFORME A LA LEY. De hecho A TODOS NOS PARECE MUY BIEN, MIENTRAS DEPLORAMOS LA CONDUCTA DEL LOCO QUE MATA A SU PADRE VAMPIRO.

5.- Y esa conducta es conforme a la ley EN SÍ MISMA. Por eso puedo afirmar que tengo derecho a matar a todo el que venga a matarme si tengo necesidad de matarlo para no sufrir daño o si esta conducta es racional. De hecho, PUEDO DEFENDERME MATANDO O NO. ¿Ven? Ni siquiera es obligatorio.

6.- ¿Qué sucede? Que lo de matar gente, a bote pronto, es sospechoso. Y, para evitar, automatismos (a los que se acercan más algunas legislaciones, sobre todo en el caso de domicilios) y dado que es una conducta que encaja formalmente con un delito, ES POSIBLE QUE HAYA QUE CELEBRAR UN JUICIO Y ESPERAR A UNA SENTENCIA para ver si concurría ESE DERECHO A MATAR (o a lesionar, por ejemplo) o si no concurría con todos sus requisitos, pero podía atenuar la responsabilidad. Algo que, por cierto, PASA CON OTROS DERECHOS. También es posible que tenga que ir a un juez para que me diga si poseo Villa Ludmila como arrendatario o si soy un jeta que la ocupa sin título.

7.- Pero es que lo anterior, ni siquiera ES NECESARIAMENTE ASÍ.  Y ya siento tener que explicárselo a alguno que se me presenta como jurista, PERO ES QUE EL TRIBUNAL SUPREMO TIENE DICHO QUE CABE EL SOBRESEIMIENTO LIBRE POR LA VÍA DEL 637.2 CUANDO LOS HECHOS CARECEN DE ATIPICIDAD Y/O ANTIJURIDICIDAD POR LA EXISTENCIA DE CAUSA DE JUSTIFICACIÓN SIEMPRE QUE SEA MANIFIESTA E INEQUÍVOCA. Y por eso, si un vecino de Algete MATA A UN TERRORISTA QUE VIENE CON UN PUÑAO DE BARRENOS PEGADOS NO HACE FALTA ABRIR EL PUTO JUICIO PARA QUE SE CONSIDERE QUE TENÍA DERECHO A MATAR AL ILUMINADO.

 

En fin, que no voy a ponerme a hablar de conceptos como relación jurídica, derecho subjetivo, facultad, derecho-deber, etc. y las masturbaciones mentales que tanto nos han ocupado (seguro que justificadísimas). Creo que, a veces, los que estudian derecho se centran tanto en aprenderse la terminología que se olvidan de entender en qué consisten las instituciones jurídicas.

Además, esto no le importa a nadie que no sea del gremio. La propiedad es un derecho subjetivo. Un derecho real. El más intenso de los derechos reales. Sin embargo, el propietario de una casa NO TIENE DERECHO A PEGARLE FUEGO. ¿Lo ven? Todos los derechos están limitados. Pero siguen siendo derechos.

En fin, que como yo intento explicarme y no confundir a nadie, sigo sosteniendo que cuando el ordenamiento jurídico considera que puedo hacer algo porque mi conducta ES JURÍDICA y no solamente porque no me se me pueda responsabilizar de ella por falta de capacidad de entender o querer o por algún tipo de error, esto implica que tengo derecho a ello. Esa es la diferencia entre el derecho a matar al que quiere matarme si es la única forma racional de evitarlo, y el no derecho a matar a mi vecino porque soy el único que sabe que, en realidad, es Belcebú.

Y ya no me explico más.