Emociones simples

 

Año 2019. Un periodista escribe esto:

Curioso. Es emocionante que, en un país con educación obligatoria hasta los dieciséis años y con una población universitaria enorme, la número uno en selectividad sea alguien con un perfil que podría salir al azar de un bombo con todos los que se examinaban con alta probabilidad.

Lo inusual sería que la número uno fuese hija de uno de los cien más ricos de España (y no solo por improbabilidad estadística, sino porque es muy posible que no se presente a selectividad) o de un futbolista de primera división o de un presentador famoso de la tele.

Pero ¿la hija de un camionero? ¿En 2019? Yo tengo 53 años. Conozco a gente de más edad, de paupérrimo origen, que ya en los setenta estudió, sacó calificaciones brillantísimas y luego estudio en la universidad. En los ochenta, esto ya ni llamaba la atención. Muchos de mis compañeros de curso (yo terminé en el 82), cursaron estudios universitarios. Y nuestro colegio estaba en Usera, en uno de los barrios más humildes de la ciudad. Dos de  las personas de mi edad más notables que he conocido fueron, una la hija de un guardabosques, que sacó notarías en dos años en 1990, otra, la hija de una mujer que limpiaba escaleras, que terminó derecho en la Complutense con veintitrés matrículas de honor y que hoy gana mucho dinero en una multinacional.

Lo más gracioso es que, en realidad, en los 80 y 90, esto era más habitual. En aquella época prácticamente todos éramos hijos de personas sin estudios universitarios. Mi padre también empezó como camionero y terminó teniendo una pequeña empresa de transportes. Mi padre estudió hasta los catorce años, aunque presumía de las conjugaciones de latín que aún recordaba, y mi madre apenas sabía leer y escribir.

Sin embargo, en las clases de mis hijas en institutos públicos, abundaban los padres con carrera universitaria. No todos, claro, pero sí bastantes. Normal, nosotros somos sus padres.

En fin, quizás a Évole le emocionen las cosas normales, como un huevo frito, un atardecer, que un número de cinco dígitos sea premio gordo o que la hija de alguien en España sea inteligente y trabajadora.

 

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