La peligrosa derechista Cayetana Álvarez de Toledo

 

El País a lo suyo:

Yo tengo una opinión provisional sobre Cayetana Álvarez de Toledo. No interpreten esto mal, tengo una opinión provisional sobre todo el mundo. Si se trata de alguien vivo. O, para que me entiendan, creo que Tsevan Rabtan es un tipo majo y racional. De momento lo creo.

El caso es que he leído algunos artículos de Álvarez de Toledo y la he escuchado en algunas ocasiones, y me ha parecido alguien que piensa, alguien que sabe de algunas cosas y alguien que da explicaciones de sus opiniones. Esto facilita las cosas. Como escribe y habla de manera articulada, puedes coger sus opiniones y analizarlas. Analizar exige, por supuesto, hacer lo mismo: es decir, explicar por qué discrepas de tal o cual opinión, pero no con generalidades.

En todo caso, su discurso es marcadamente liberal. Un discurso que reclama expresamente los valores de la ilustración y la democracia.

Sin embargo, qué concluye El País:

«Quienes, dentro del PP, critican su nombramiento, dirigentes de distintos territorios y épocas, lo hacen no solo por el hecho de que Casado haya decidido presentar en Cataluña, la plaza más difícil para el partido, a una candidata de fuera, sino también porque la ubican en el ala más dura de la derecha. Álvarez de Toledo, patrona de la fundación de José María Aznar, FAES, fue diputada del PP entre 2008 y 2015, pero aireó sus discrepancias con Mariano Rajoy, al que consideraba blando con Cataluña y a quien acusaba de “déficit de política”. Desde su nombramiento ha continuado criticándole, aludiendo al “desistimiento” que, en su opinión, permitió que los independentistas ganaran terreno. Esas críticas a Rajoy tampoco han sentado nada bien en las filas del PP, partido que hasta hace nueve meses presidía el ahora criticado.»

Esto es muy divertido: «(…) la ubican en el ala más dura de la derecha». Y esto es fantástico: «Álvarez de Toledo, patrona de la fundación de José María Aznar, FAES (…)». Y la fuente, por supuesto, es la fuente de siempre: «los que, dentro del PP». Es decir, nadie. Nadie con nombre y apellidos que pueda ser interpelado, el viejo truco del periodismo patrio.

Esa conclusión sobre su naturaleza duramente derechista, sin embargo, es resultado de algunas afirmaciones. Veámoslas:

La primera: que el golpe secesionista catalán es más grave que el 23-F. Yo no estoy de acuerdo. Me parece más grave que unos espadones con mando en divisiones acorazadas invadan el Congreso, saquen pistolas y metralletas, y se dediquen a disparar mientras esperan a la autoridad militar, por supuesto. Pero Álvarez de Toledo no dice que el golpe secesionista sea grave y el 23-F no lo sea. Simplemente plantea la cuestión del apoyo popular, del golpe desde la autoridad política, del blanqueamiento de los líderes, de la naturaleza supremacista y alienadora del golpe, y del hecho precisamente de que se le haya quitado importancia. Yo, que no estoy de acuerdo con ella, sí creo que sus palabras tienen mérito: porque sirven para señalar a todos los que llevan años empeñados en que lo del año 2017 fue una fiesta de estudiantes borrachos y no una serie encadenada de episodios gravísimos.

La segunda, lo de la jactancia de no hablar catalán. Aquí tengo que poner el párrafo literal, para que vean un ejemplo más de la sutil manipulación habitual en El País:

“Han dicho que me jacto de no hablar catalán, qué estupidez. Yo no me jacto de hablar inglés, español o francés pero ellos [en alusión a los independentistas] sí se jactan de hablar catalán y dicen que el español es la lengua de las bestias salvajes y que tenemos una tara en nuestro ADN por hablarlo”.

¿Ven el párrafo entrecomillado? Sí, tiene comillas al principio y al final. Por tanto, la frase se supone que es literal. Ah, ingenuos. Es El País. Y en El País, a veces palabras interesantes desaparecen misteriosamente y lo que queda se convierte en otro animal.

Leído el párrafo entrecomillado, parece que Álvarez de Toledo responde que es estúpido que se diga que ella se jacta de no hablar catalán porque no presume tampoco de hablar inglés, español o francés.

Vean las palabras literales de Álvarez de Toledo. Vean a partir del 4’10”:

Y ahora voy a poner lo que sí dice literalmente, usando el párrafo entrecomillado de El País y completando lo que falta en mayúsculas:

“Han dicho que me jacto de no hablar catalán, qué estupidez ES ESA. NADIE PUEDE JACTARSE DE NO SABER ALGO. NI SIQUIERA DE SABER ALGO. Yo no me jacto de hablar ni español, ni inglés o francés MIS LENGUAS DE INFANCIA O PATERNA pero ellos [en alusión a los independentistas] sí se jactan de hablar catalán y HASTA TAL PUNTO SE JACTAN que dicen que el español es la lengua de las bestias salvajes. QUE PERSONAS COMO YO Y TANTOS DE VOSOTROS tenemos una tara en nuestro ADN por hablar ESPAÑOL. Y SON ELLOS LOS QUE Y QUIERO DECIRLO CON MUCHA SOLEMNIDAD LOS QUE PERVIERTEN Y EMPEQUEÑECEN EL CATALÁN CUANDO LO UTILIZAN Y LO CONVIERTEN EN INSTRUMENTO DE EXCLUSIÓN”.

Examinen las palabras suprimidas en esa cita «literal». Son palabras que curiosamente cambian el mensaje. Ya no es la pija que presume de hablar tres idiomas y afirma que por eso es estúpido jactarse de no hablar un cuarto. Es la persona que explica que jactarse de no saber algo es de estúpidos. Y lo es. Y que añade un «ni siquiera» para los que presumen de hablar su lengua materna o de infancia.

Vayamos a la tercera afirmación: que Pedro Sánchez tiene un proyecto franquista. ¿Por qué? «porque consiste, básicamente, en sacar a Franco del Valle de los Caídos». En fin, viendo la explicación que da, caben dos posibilidades: o Álvarez de Toledo es imbécil, o está haciendo una coña con la manía que le ha dado a Sánchez y a los suyos por los huesos del dictador muerto (adoración por las reliquias como fórmula para convertir a todos los que no son ellos en enemigos mediante magia simpática). Sospecho que la segunda posibilidad es la correcta y que cualquiera lo entendería, a poco que le dé dos vueltas.

Vayamos con la última. Que Pedro Sánchez es «peor que Vox». Hablan de una entrevista es esRadio. Pese a la erisipela que me produce Losantos, he escuchado la entrevista, que dura más de media hora. Es curioso que tanto tiempo se resuma en tres palabras. Poca chicha deben haber encontrado. En todo caso, yo no he escuchado la expresión tal cual, aunque admito que quizás se me haya pasado (y no voy a volver a escucharla entera). No importa, porque sí he escuchado a Álvarez de Toledo afirmar que Sánchez es más peligroso que Vox. Por ejemplo aquí. Escuchen, que no está mal:

De nuevo discrepo.

Para mí Vox es más peligroso que Sánchez. Sánchez es un irresponsable y un cínico. Un hombre alérgico a la verdad, que es capaz de cambiar de opinión las veces que haga falta, con un punto de resentimiento y aficionado a juegos peligrosos con gente peligrosa sobre asuntos de enorme trascendencia. Pero si miro lo que defiende el PSOE y lo que defiende Vox (en sus programas), me quedo con el PSOE sin dudarlo. Sin dudarlo ni un instante. Pienso que mucha gente que está harta del revanchismo, de las trolas y de los juegos peligrosos del PSOE es capaz de admitir a un partido populista de derechas con un tono similar al de partidos populistas de derechas que nos dan miedo y asco (Le Pen, Orban o Salvini) rebajando los síntomas que nos alarman y engrandeciendo aquellos que parecen hacerlos algo respetables. ¿Por qué? Por eso, por hartura. Que, en suma, están haciendo lo que tantos votantes del PSOE hicieron con Podemos cuando surgieron y defendían chaladuras populistas con tufo totalitario (como las de Vox). Gente que dice: no será para tanto; no podrán hacer nada; no tendrán mayoría; son los únicos que hablan de A o B.

Enorme error.

Pero, dicho esto, veamos qué ha dicho Cayetana Álvarez de Toledo de Vox y de Abascal:

«El martes pasado, el líder de Vox, Santiago Abascal, fue interrogado por un estúpido comentario del secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique. Abascal podría haber triturado el tuit de Echenique, denunciado su sectarismo y hasta su vileza. Pero no. Decidió coger un atajo. Sórdido:

(…).

A los que dicen que Vox y el Partido Popular son prácticamente intercambiables, matrioshkas hispánicas: ¿se imaginan una respuesta así del Aznar más alfa? Ya. ¿Y qué diferencia real hay entre el comentario de Abascal y los exabruptos xenófobos de Nuria Gispert contra Inés Arrimadas, a la que ha señalado ya tres veces el caminito a Jerez? Ah, que Arrimadas defiende la unidad de España y Echenique la ataca. ¿Pero desde cuándo las ideas determinan la ciudadanía? Y si lo hicieran, ¿adónde deportamos al vasco Otegi, al catalán Torra y al madrileño Iglesias? ¿O es que el DNI español de Echenique tiene una tara -bestial- de origen? Entonces el mío también. Y yo que me creía española. Incluso españolaza. Orgullosa de que en mi país la sucia clasificación de los ciudadanos por sexo, raza, religión, ideología o lugar de nacimiento fuera patrimonio exclusivo del nacionalismo separatista y la ultraizquierda identitaria. Se ve que ya no. A la sombra del proceso y de la cobardía real y presunta de los buenos, ha brotado un colectivismo dispuesto a segregar a los ciudadanos en el nombre de España. Todavía no se ha desmelenado: unos días se jacta de sus reuniones con Wilders y Le Pen; otros las oculta, balbuceante. Y en el manejo de la paranoia sigue siendo bisoño. Este maravilloso cruce de Abascal con Leyre Iglesias, ayer, en Crónica:

(…)

Los datos, en cuarentena; las sensaciones, desabrochadas; la conspiración, en marcha; las noticias, uf. Es una política basada en convicciones, ciertamente. (…) Desde el apaciguamiento del señor Cameron hasta las embestidas de la señora Clinton -y qué decir de Italia, Polonia, Austria, México y Brasil-, todas las estrategias de contención del populismo han fracasado, salvo la de Macron y ya veremos. (…) Estamos en pleno bandazo. Décadas de despótica ultracorrección política han estallado en una bacanal de incorrección ultra. Años de corrosivo identitarismo centrífugo han cebado un histérico identitarismo centrípeto. A las rancias mentiras del posmodernismo se contraponen ahora las mentiras recalentadas del neonacionalismo. Vuelvo a Vox. Sus 100 propuestas son un pastiche populista, votos para hoy y frustración para mañana. No hace falta que las lean. Basta esta promesa, tan bonita y barata, vistosa e inviable, como un unicornio de papel: «Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario, con un solo Gobierno y un solo Parlamento». O esta otra, puramente trumpiana en su enfática forma y quimérico fondo: «Levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla».

Infranqueable: es un buen adjetivo, sí. Describe con precisión el carácter del muro que debería separar al PP de Vox y de todos los partidos que tratan a los ciudadanos «como si fueran insectos que se pueden clasificar» (G. Orwell, Anotaciones sobre el nacionalismo) o como párvulos a perpetuidad, seres no sujetos a las reglas de la realidad y la razón. ¡Oh, un muro! ¡Una línea roja! Nítida, como la que el PSOE debió trazar ante Podemos, por el bien de España y de sí mismo. Y a la vez seca, porque las formas también distinguen y porque para aspavientos ya están las ministras socialistas y La Sexta. Bastaría con que Casado afirmase una sola vez y con la solemnidad de un compromiso presidencial: yo soy un patriota, no un nacionalista; yo rechazo todas las formas de colectivismo porque atacan la libertad de los ciudadanos y su igualdad ante la ley; y yo sí digo a los españoles la verdad.

«¡Pero es que los españoles no quieren oír la verdad!». Vamos allá. Uno de los motivos del triunfo del populismo es el consenso en torno a la infalibilidad supra-papal de «la gente». Para todos los partidos, sin excepción, el votante es como el cliente: siempre tiene la razón. Todos sus sentimientos son legítimos. Todas sus decisiones están justificadas. Sus vísceras son sesos. Y así, de halago en halago, hasta el disparate final: el inmenso poder institucional de Podemos, el referéndum unilateral de independencia y la irrupción mediática de Vox.

Los españoles que el domingo pasado llenaron Vistalegre son gente normal -faltaba más-, pero no tienen razón en jalear lo que jalearon. El PP de Pablo Casado no es el de Mariano Rajoy. La solución al golpismo no es sumarse a la liquidación de la mejor Constitución de la Historia de España. El modelo autonómico no es incompatible con la bajada de impuestos o el aumento de las pensiones. La inmigración ilegal es para España un grave desafío técnico, no una amenaza existencial. Rechazar las cuotas sexuales para el Congreso y luego promover las cuotas étnicas o lingüísticas para la inmigración es peor que una incoherencia: puro pujolismo. La Europa del cuarteto de Visegrado no es un avance político, sino una «contrarrevolución cultural», como reconoce el propio Kaczynski. Y desde luego no es lo mismo decir «viva España» que «la España viva».

Puedo imaginar la réplica: «Ya, ya, pero los simpatizantes de Vox son patriotas cabreados». Muchos sí. Y Casado debería interpelarlos directamente, como un buen líder y no como una mala madre. Animar a cada uno de ellos a preguntarse como un adulto ante el espejo: ¿cuáles son los motivos concretos de mi cabreo? ¿Son todos igualmente justos? ¿Y tienen solución? ¿Cuál, exactamente? Los que no son nacionalistas ni ignorantes ni racistas contestarían con sentido. Y asumirían su responsabilidad, que es máxima. Superior al de las flácidas élites que encarna el empresario Rosell. Los votantes son dueños de la soberanía nacional y, por tanto, de la libertad, paz y prosperidad de la nación. Deberían aprender de Torcuato Fernández-Miranda, que explicó así el éxito de la Reforma Política: «De la olla hirviente del corazón vivo pueden surgir nieblas que turben a la cabeza. Por eso hay que tener embridado el corazón, sujeto y en su sitio». No podemos imitar la frivolidad de los que patean el tablero con un gesto Pantene/Podemos, la misma coleta: porque yo lo valgo, porque tengo derecho, porque los de enfrente son peores, porque sí. ¿Significa esto resignarse a la «derechita cobarde» o a la «veleta naranja»? Al contrario. Supone mantener intacto el nivel de exigencia. Con todos. No perdonar a un Casado lo que censuramos a una Soraya. No aceptar de un Rivera lo que nos irrita de un Sánchez. Pero tampoco aplaudir de un Abascal lo que deploramos de un Torra.

La identidad es una palabra peligrosa, escribió Tony Judt en sus memorias. Hoy vuelve a ser una realidad letal ante la que hay que aguantar la posición. Sólo los que, frente al sokatira identitario, defienden la supremacía del individuo merecen respeto y apoyo. Quizá pierdan algún voto a corto plazo. Pero habrán conservado algo mucho más decisivo en la permanente batalla de la civilización contra los reaccionarios de todo signo: lo que los argentinos, incluso los nacionalizados españoles, llamamos la rasón

Sí, he copiado muchos trozos del artículo. Las negritas son mías. Para que vean las hostias que daba Dª Cayetana a Vox hace nada.

¿En el ala más dura de la derecha?

Eso querríais, amigos de El País. Para no tener que hacer una caricatura tan grotesca de ella.