Borrell enfurecido

 

Es verdaderamente sorprendente el mosqueo de nuestro ministro de exteriores en una entrevista concedida a una televisión alemana. No sé si el entrevistador es así siempre; de serlo, el error sería aún más grave. Quicir, a una entrevista con un entrevistador así, o no vas, o la preparas para desenmascarar lo que dice.

Sin embargo, el resultado es que se ve a una persona desencajada, faltona, que insulta al entrevistador, que pregunta ¿de dónde sale usted? o que lo califica como chiste. Es decir, el presentador suelta paridas a montones —algunas gordísimas—, incluso miente en algunas afirmaciones —por cierto, con el añadido en mi opinión repugnante de los carteles que explican a los espectadores «la verdad»— y el efecto que consigue, al sacar de quicio al ministro, es que todo eso parezca verdad.

Y mira que era fácil:

1.- Sobre Forcadell: simplemente recordando que en todas las legislaciones del mundo existe la prisión preventiva, que usar el término abuela es puro populismo, que la prisión no solo es solitaria, es más cosas, pero que hablar de la soledad es una manera de dejar caer que se está aplicando alguna forma de aislamiento extremo, algo que es simplemente falso (más allá de lo que pasa con las decenas de miles de personas reclusas). Que la decisión en Alemania se hizo sin que se celebrase un juicio ni se practicase una sola prueba y que, por tanto, cómo puede pretender que los tribunales alemanes desautoricen algo que no han podido conocer, salvo que, piense, por supuesto, que un alemán es genéticamente superior a un español y puede juzgar algo sobre lo que no se ha practicado prueba. Que se está juzgando por otros delitos que no son rebelión y que llevan aparejadas graves penas de prisión.

2.- Sobre la independencia de los jueces, Borrell está mejor, sobre todo por la referencia a las condenas del TEDH a España, en comparación con otros países, pero sorprende que ignore algunas cosas y que deje pasar otras. Para empezar que no recuerde al entrevistador que todas esas organizaciones de derechos humanos denuncian prácticas que les parecen mal en todos los países. Que sí, que hay un señor en el Consejo de Europa que habla de la Ley de Seguridad Ciudadana (por cierto, es asombroso que el señor ministro no aclare que esas cifras se refieren a sanciones administrativas, no penales) y de España, pero es que hay otros tantos señores iguales que hablan de todos y cada uno de los países europeos. Y, en particular, me asombra que Borrell no sepa que esa estadística que utiliza, que sitúa a España en el puesto 23 en independencia judicial, tras Hungría, Rumanía y Portugal es una mierda como un piano. Vean, la gráfica:

Vamos, que ese dato sale de esta pregunta: ‘From what you know, how would you rate the justice system in (our country) in terms of the independence of courts and judges? Would you say it is very good, fairly good, fairly bad or very bad?’

¿Cómo cojones va esa estadística a decir nada SOBRE LA SITUACIÓN DE CADA PAÍS si el resultado es LA PERCEPCIÓN DE LOS CIUDADANOS SOBRE EL PAÍS PROPIO?

Lo curioso es que este dato falso ha sido usado por muchos secesionistas (ya sabemos lo aficionados que son a la trola). Sin embargo ¿el ministro no lo sabe?

3.- Que el entrevistador cite a Pérez Royo y Borrell no indique simplemente que este buen hombre ha perdido el oremus hace mucho, que carece de credibilidad en España, salvo entre aquellos a los que conviene su discurso y que afirmar que los siete jueces que juzgan ya tienen preparado un veredicto es insulto a España es desolador, pero que no se descojone del entrevistador cuando plantea lo de la reforma constitucional querida por el 70% de los españoles como si fuera un dato que sirviese para algo, es inexplicable. Con lo fácil que habría sido simplemente indicar que en ese 70% también están incluidos los que quieren acabar con el Estado federal y las instituciones catalanas.

No sigo. El resto no es mucho mejor. Es evidente que el entrevistador se dedica a rescatar opiniones sonoras de alguien rándom, en algunos casos las descontextualiza (lo de Gibraltar es desternillante) y las convierte en una categoría sobre la que hacer una pregunta general.

Borrell es un experto en España (o, al menos, debería serlo más que el entrevistador), pero es incapaz de demostrarlo. Y, además, un ministro de Asuntos Exteriores debería ser capaz de hacer algo tan simple como desmontar, con datos, las trolas de un fullero así. Pero hay que tener menos soberbia, más capacidad de encaje y de enfocar la mala hostia en algo que no parezca un usted no sabe con quién está hablando.