No, no os han dado la razón

 

La mesa del Congreso ha decidido declarar la suspensión de los cuatro diputados secesionistas procesados y presos.

Ha considerado, imagino, para ello, el informe de los letrados.

Personalmente —y al margen de  posibles consideraciones políticas en las que no entro—, creo que la presidenta del Congreso ha acertado en solicitar el informe a los letrados y falló gravemente al pedir inicialmente algo similar al Tribunal Supremo. Habría sido más sencillo pedir el informe a sus letrados desde el primer momento y no marear la perdiz.

No obstante, veamos cuál ha sido el comportamiento de Ciudadanos:

Comenzaron con esto:

Escritos similares fueron presentados por el PP y Vox.

Ahora, a partir de ese momento, se deslizaron por el tobogán de los mensajes enfáticos y populistas.

Por ejemplo:

O:

Y termina hoy con este mensaje:

Por cierto, ha sido borrado uno previo, más disparatado:

 

Tengo más tuits y opiniones de dirigentes de Ciudadanos y de personas afines al partido, bastante lamentables. Pero voy a resumir esta escalada con el siguiente tuit:

Nos dice Pedro Herrero que cómo va a haber filibusterismo del PP y Cs si el informe de los letrados dice «exactamente» lo que ellos pedían. Veamos lo que pedía Ciudadanos:

Como pueden observar, Ciudadanos pedía la suspensión por aplicación de los artículos 21.1.2º y 31.1.7º del Reglamento del Congreso.

Veamos qué dice el informe de los letrados sobre esto:

No es que el informe no diga exactamente lo mismo que pedía Ciudadanos, es que dice exactamente LO CONTRARIO.

Concluyo diciendo que los primeros días de oposición de Ciudadanos en el nuevo Congreso están siendo muy deficientes.

Calla, bobo

 

Ayer escribí esto.

Lo escribí porque creo que mis razonamientos jurídicos son correctos. Puedo estar equivocado, por supuesto. Puede, incluso, que más que equivocado, esta sea una cuestión discutible que admite soluciones diversas y que la que se adopte exija un proceso de interpretación del sentido y la ratio del ordenamiento jurídico en esta materia. Vamos, como se hace tan a menudo por tantos operadores jurídicos. Esto no sería estar equivocado, sino tener razón, obviamente.

Después de escribirlo, leí algunos artículos, hilos de tuiter, opiniones diversas. Las hay muy burdas —algunas hasta ofensivas—, así que no perderé el tiempo con ellas. Otras, aunque me parezcan forzadas, resultan de una aplicación de esos instrumentos interpretativos que utilizamos los que nos dedicamos a esto de las leyes y, por tanto, han de rebatirse usando esos mismos criterios. Pero no quiero hablar de esto.

Quiero hablar de los que consideran que esto está clarísimo. Un querido amigo, incluso atribuye mi análisis a ese defecto que tengo: la búsqueda de la objetividad. Como el defecto es auténtico, me reexamino constantemente (o, al menos, lo intento). ¿Y qué mejor manera de reexaminarme que analizar las objeciones a los argumentos que expongo? Sobre todo, objeciones de personas que aprecio y que utilizan argumentos.

El problema es que no existen.

No existen. Miro a amigos y conocidos. A juristas. Y veo que todos dicen: «está clarísimo, joder». Veo afirmaciones que eluden las cuestiones que planteo.

Comprendo que nadie quiera perder el tiempo rebatiendo mis argumentos. No puedo exigir un trabajo así a nadie, cuando yo mismo no lo hago a menudo. Normalmente, por pereza. Si tengo algo claro, y lo que leo me parece una bobada, ¿para qué cojones perder el tiempo?

Puede que este sea el caso. A lo mejor lo que he escrito es una gilipollez. A lo mejor está clarísimo que Batet está al borde de la prevaricación y la desobediencia. Yo no veo orden ninguna de ningún tribunal que esté desobedeciendo, ni creo imprudente pedir un informe jurídico, sino todo lo contrario, antes de decidir. Pero, otros dicen que sí.

A lo mejor lo que dice este editorial de El Mundo es acertadísimo —me refiero a la cuestión legal, no a la política, en la que no entro—, aunque yo siga sin ver, en absoluto, esa prístina claridad.

Intento, ya ven, reexaminar mis argumentos, pero es imposible por falta de contraste.

Ah, por cierto: que yo crea que una suspensión basada en los reglamentos exija una votación de las cámaras es perfectamente compatible con la obviedad de que las mayorías a favor de esos acuerdos deberían ser estrepitosas. Por dignidad, sobre todo de aquellos que llevan años hablando de los privilegios de los políticos.

De momento, seguiré opinando como un individuo. Con estos antecedentes, con tanta bandería agostándonos, me da que cada vez va a ser más difícil tener un criterio personal. Pero la ventaja de no ser nadie, es que puedo permitirme la soberbia de continuar equivocándome evidentemente.

 

ADENDA:

Vaya. Han hablado los letrados del Congreso. Y tienen exactamente la misma opinión que expuse en mi entrada anterior. Y, además, por razones sustancialmente similares.

Imagino que habrá algunas personas que dirán que los letrados son gilipollas y no saben ver algo que es clarísimo.