Lo único bueno que podría pasarnos

 

Lean:

El Tribunal Supremo no ha argumentado NADA sobre esto. Nada de nada. Se limitó a decir que un diputado podía estar preso, porque así estaba previsto en el Reglamento. No dijo, en ningún momento, que los presos concretos de los que hablamos estuviesen suspendidos por aplicación de dicho Reglamento o debieran estarlo. De hecho, el propio informe —que parece no se ha leído nadie— en ningún momento dice estar contradiciendo nada acordado por el Tribunal Supremo ni tampoco alguna de sus «argumentaciones».

Hay una campaña para mostrar una supuesta politización del Tribunal Supremo en este asunto. Una campaña evidente —a falta de indicios, están utilizando algo tan endeble como un argumento inexistente—. Porque, si se convence a la gente de que ha entrado la política en la sala, será más fácil una solución que pase por dejar de lado una sentencia condenatoria, sobre todo si hace suyas las tesis más intensas de las acusaciones. Esta campaña, impulsada y asumida con fuerza por algunas defensas desde el principio —normal, les conviene—, se ha filtrado desde los creyentes a los que estaban dispuestos desde siempre a la concesión.

El estado de la cuestión se resume muy bien estos dos tuits:

Lo bueno es que los jueces «sean suaves». Para desarmar el discurso y que los «independentistas» moderados tiren «para atrás».

Es deprimente. Ni se plantea que lo correcto sea aplicar la ley penal. Llevamos meses de juicio, centenares de testimonios. Todo para averiguar si se cometieron delitos y por quién. Para llegar a una conclusión razonada sobre ciertos hechos. No dura o suave; razonada, prudente y legal. Hacer esto arma el «discurso dictaduroso» y, por supuesto, esto es malo. Lo correcto no es rebatir el discurso falso, sino ceder para que los que lo utilizan no se enfaden. Y, de paso, reforzar las otras partes falsas de ese discurso: todo fue correcto y democrático, y no hubo golpe de Estado, sino todo lo más alguna infracción administrativa. ¡Hasta el fascista Estado español  lo habría reconocido! Venga, hagamos lo mismo con otros discursos de otros populistas de derechas y tomemos unas pocas medidas idiotas e infames contra, por ejemplo, los inmigrantes, para desarmar el discurso de los más radicales de aquellos y conseguir que los ultraderechistas moderados «tiren para atrás». Por cierto, lo bueno es una absolución que no arme a «unos», como si «otros» no pudiesen concluir que esa absolución es prueba de alguna traición. Como si declarar la bondad de ceder al chantaje no sirviese para acreditar al común que el chantaje es útil y que quizás haya que empezar a utilizarlo.

Vean que hablo de la ley penal. Porque el grosero incumplimiento de otras leyes (en primer lugar de la más importante, la Constitución) ni se menciona. Ya sabemos que los líderes secesionistas las ignoraron a sabiendas y presumiendo de que lo hacían. Pero es a esta gente a la que hay que contentar; no a los ciudadanos que creen que no deberías poder incumplir las normas sin consecuencias. Lo más divertido es que los mismos que están dispuestos a mirar para otro lado para evitar la gresca, luego querrán que la ley se cumpla en todo aquello que sea sagrado para ellos.

A estas alturas del juicio, a falta solo de la prueba documental y de los informes finales, me he formado una idea de cuál debería ser el resultado del proceso y voy a aprovechar para exponerla, sin argumentarlo, que ya habrá tiempo de sobra para ello: no hay prueba de rebelión ni de conspiración para la rebelión; algunos —no todos— de los acusados deberían ser condenados por sedición; se ha probado la malversación, aunque habrá que razonar a quién alcanza conforme a la prueba; la condena por desobediencia es prácticamente inevitable. Ahora bien, cuando se dicte la sentencia me tomaré el tiempo de leerla, de contrastar sus conclusiones con las mías y de conceder a los argumentos de tan ilustres juristas las oportunidades necesarias para desmontar los míos; y a pesar de que se aparte mucho de esta opinión previa —en una dirección u otra— no reaccionaré interpretando de entrada que los magistrados han hecho otra cosa que no sea su trabajo. Juzgaré los resultados por sus pilares, no por mis expectativas.

Esta debería ser la conducta de todos. Sin embargo, tengo la certeza de que, antes de que nadie lea la sentencia, casi todos habrán opinado sobre ella conforme a sus prejuicios. Digo antes de que nadie la lea. Lo de que la juzguen solo los que la realmente la comprendan es el deseo imposible de un mundo perfecto en el que la mayoría cree en sus instituciones y trabaja para mejorarlas, no para derruirlas. Eso sí sería lo único bueno que podría pasarnos.