Traduzco al niño: si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate la puta boca

 

Yo me preguntó qué hay que tener en la mollera para preguntar a unos niños por qué quieren dar gracias este año y echar en cara a uno de ellos que se alegre porque, por fin, va a ser adoptado.

Porque, al margen de las opiniones que tenga esa maestra sustituta, hay que ser muy cabestra para negar a un niño de once años su derecho a alegrarse y agradecer que las personas que lo están cuidando se conviertan en sus padres. Y, además, provocar en el pobre crío el miedo a confesar la diatriba a sus futuros padres por si, quizás, esto los lleva a echarse atrás en su decisión de adoptarlo.

Pero no les traigo esta noticia por esto, sino por otra razón. A esa maestra la expulsaron del colegio porque tres niñas, supongo que también de once años, le pidieron que parase y, ante su negativa, se marcharon de clase y fueron a quejarse al director.

Tres niñas de once años protegiendo a su compañero.

Molan.