Es la casa de La Boétie

 

Escribe Montaigne:

«Si alguien me dice que servirse de las Musas como mero juguete y pasatiempo las envilece, no sabe, como sé yo, cuánto valen el placer, el juego y el pasatiempo. A punto estoy de decir que cualquier otro fin es ridículo. Yo vivo al día; y, hablando con toda reverencia, solo vivo para mí. Mis planes terminan ahí. De joven, estudié para la ostentación; después, un poco para volverme sabio; en este momento, para distraerme; nunca por la ganancia. La inclinación vana y pródiga que tenía por esta clase de utensilio, no solo para proveer a mi necesidad, sino tres pasos más allá, para tapizarme y adornarme con él, hace tiempo que las he abandonado. Los libros poseen muchas cualidades agradables para quienes saben escogerlos. Pero no hay bien sin sufrimiento. Se trata de un placer que no es neto y puro, como tampoco lo son los demás. Tiene sus inconvenientes, y muy graves; el alma se ejercita, pero el cuerpo, cuyo cuidado tampoco he olvidado, permanece entretanto inactivo, se abate y entristece. No conozco exceso más dañino para mí, ni más que deba evitar, en esta declinación de mi vida».

Yo sigo haciéndome daño. Nada fructífero se aprende sin sufrimiento; así lo vengo diciendo hasta ahora y no veo por qué cambiar de opinión. Supongo que esto quiere decir, por suerte, que sigo siendo algo joven,

No obstante, hago alguna incursión en el futuro. El viernes pasado paseaba por Sarlat y me encontré con la casa del amigo del alma de Montaigne. Hice esta foto.