Por fin sé qué ha dicho Plácido Domingo. Eso sí, en inglés

 

Desde que, esta mañana, he leído la noticia sobre el reconocimiento por Plácido Domingo de las acusaciones de acoso sexual, he intentado encontrar la declaración completa para poder valorarla. Ha sido imposible. He mirado en un montón de periódicos y medios de información españoles (se suponía que se había remitido a Europa Press), pero en todos ellos aparecían las mismas glosas, las mismas comillas y los mismos extractos. Y, como comprenderán, después de décadas leyendo noticias manipuladas, no me fío de que no me estén vendiendo una burra.

Sin embargo, parece que aquí la declaración, aunque troceada, se reproduce completa:

«I have taken time over the last several months to reflect on the allegations that various colleagues of mine have made against me. I respect that these women finally felt comfortable enough to speak out, and I want them to know that I am truly sorry for the hurt that I caused them. I accept full responsibility for my actions, and I have grown from this experience.

I understand now that some women may have feared expressing themselves honestly because of a concern that their careers would be adversely affected if they did so. While that was never my intention, no one should ever be made to feel that way.

I am committed to affecting positive change in the opera industry so that no one else has to have that same experience. It is my fervent wish that the result will be a safer place to work for all in the opera industry, and I hope that my example moving forward will encourage others to follow.»

Aunque la declaración está pensada al milímetro y la ambigüedad es evidente y de diseño, no deja mucho margen respecto a un hecho esencial al que luego haré referencia. Se le acusa de una serie de hechos concretos y no los niega. Sí, cabe que adopte esa postura por cálculo, a sabiendas de que se trata de hechos que se remontan a mucho tiempo atrás, que muestran a un acosador, pero no a un violador, y que tras el comunicado piense que puede evitar que el asunto vaya más lejos y, aunque su carrera en Estados Unidos no vaya a remontar, quiera echar tierra, con un reconocimiento de, digámoslo así, baja intensidad, que el mundo es grande. Es decir, que asuma que es una batalla que no puede ganar y decida rendirse ahora, antes de que la guerra vaya a más, quizás por consejo de algún equipo legal o como estrategia de comunicación. También es posible que sea sincero.

Lo anterior es especulación. Frente a la especulación, contamos con el dato objetivo del comunicado. Si se te acusa de una serie de hechos y, en vez de analizarlos uno a uno y negar todos o alguno, afirmas que asumes la total responsabilidad por tus acciones, pides perdón por el daño causado y proclamas tu respeto por la valentía de las acusadoras, es legítimo afirmar que lo ha reconocido todo. Que todo, sustancialmente, es verdad.

Y si eres Dios y esas acusaciones las hacen personas que pueden legítimamente haber creído que sus carreras dependen de que Dios esté de buen humor, afirmar que ese factor no formaba parte de tus cálculos a la hora de solicitar favores sexuales suena a chiste malo.

Poco más hay que decir. Domingo, en suma, ha decidido confesar después de que se le hayan leído sus derechos. No termino de comprender que haya quien sea más placidista que el gran tenor y siga insistiendo en lo contrario, incluso sobrepasando el sentimental «yo sí te creo» que tantos aplicaron al artista por eso de que es un artista sobresaliente. Hay ahí algo religioso.

Es verdad que en esta época flotamos en esa sopa sentimental en la que hemos decidido que más que la búsqueda serena y objetiva de la verdad, lo que importa es la pertenencia al grupo. Los linchamientos, ya lo saben, exigen un grupo que lincha y con poder. Pero también las impunidades. Que a veces olvidamos esta cara oculta de la injusticia.