Nunca digas de esta agua no beberé o este cura no es mi padre

 

Leo que Pablo Iglesias ha animado a los representantes de los agricultores a «apretar» porque tienen razón. No sé si Iglesias, tan entusiasta él del escrache, ha sufrido un episodio de eso que se llama desorden de personalidad múltiple y no ha caído en que esta vez podría terminar el asunto con un montón de oprimidos tractorizados rodeando el hotelito en el que reside con la señora ministra y su familia; o si tiene tanto hocico y su momento de epifanía actual es tan intenso que se la suda absolutamente lo que sus interlocutores puedan pensar; o si esto debe entenderse como una muestra de las preocupaciones de un auténtico hombre de Estado, al estilo de las que corrían por la cabeza del mariscal Mac Mahon cuando, en 1881, al serle presentado Camille Mortenol —oficial de marina, ingeniero, varias veces condecorado, negro guadalupeño, hijo de esclavo y primer alumno de su raza en la Escuela Politécnica de París— soltó aquello de: «Ah, ¿usted es el negro? Continúe así, continúe así« (*)

En fin, que no sé si cuando Iglesias dice «ah, ¿son ustedes los agricultores que dicen que el coletas come lubina y los agricultores en la ruina? Continúen así, continúen así» y los demás creemos que se chotea del personal, esto es consecuencia de nuestra incapacidad para siquiera vislumbrar las profundidades del pensamiento político-social de un gigante intelectual como él, pero el suceso —la mente escribe con renglones torcidos— me ha hecho recordar una historia que conozco de primera mano y que voy a relatar, con algunas modificaciones que introduzco por razones tanto artístico/literarias como preventivas. No obstante, les advierto de que lo que cuento a continuación está inspirado en personajes reales, como dicen en las pelis de sobremesa de Antena 3.

Ella era muy mona y en la España de los sesenta, muchas mujeres se casaban y no trabajaban. Así que, como era muy mona, se hizo novia de un joven que conducía un deportivo. A diferencia de las mujeres que se dedicaban a sus labores, en la España de los sesenta no había muchos jóvenes con deportivo. El joven era un «partido cojonudo». El menor de cuatro hermanos que iban a terminar siendo dueños de una empresa muy conocida por aquel entonces. Se casaron jóvenes, ella se prometía un matrimonio feliz y así lo preveían todos los de su entorno. Había hecho una gran boda, afirmaban deudos y amigos. Cuando murió el patriarca, la empresa pasó a los hijos. Uno de ellos se puso a cantar misa. Otro se dedicó al arte. Lo digo sin ironía. Incluso obtenía ingresos. Así que ambos renunciaron a dirigir la empresa y se conformaron con cobrar dividendos. Los otros dos tenían aspiraciones más prosaicas, y ya habían empezado a trabajar con el padre antes de su muerte. Sin embargo, desde ese momento sus trayectorias divergieron. Nuestro protagonista, el joven del deportivo, decidió que su lugar estaba en la cadena de montaje. Dio igual que sus hermanos, su mujer y todos sus parientes le preguntasen si se le había aflojado un tornillo. Estamos a mediados de los setenta y el joven se ha hecho comunista. Así que se calza un mono, cuelga el traje, renuncia a la administración y empieza a ensuciarse las manos en compañía de sus camaradas. A la vez que hace esto, continúa siendo dueño de una cuarta parte de la empresa y cobra dividendos. Cuando empiezan las huelgas, el joven del deportivo, ya no tan joven, se suma a ellas, protesta contra el patrón y pide aumento de sueldo. Es decir, protesta contra sí mismo. No se habla con los hermanos, ni va a las juntas. No cree en las vías intermedias ni en el eurocomunismo. Su mujer ha empezado a odiarlo —como lo odiará su numerosa prole según vaya creciendo—. Proclama que la única respuesta es la nacionalización de los medios de producción y que la empresa pase a ser, toda ella, de los trabajadores. Sus propios compañeros de trabajo empiezan a considerarlo un problema en la negociación con los jefes y a pensar que el tipo es una mezcla de jeta y gilipollas. La compañía empieza a tener pérdidas y ya no hay dividendos que repartir. Los otros hermanos deciden venderla cuando todavía pueden obtener un precio por ella. El hermano trabajador se opone de entrada y da por culo unos meses, pero al final, cuando se enfrenta a la tesitura de quedar en minoría en manos de personas con las que no ha cenado en nochebuena durante años, vende sus acciones como los demás y recibe su parte, empequeñecida por años de crisis. La esposa se dedica conscientemente a engordarlo, «a ver si así le da un infarto»,  según confiesa a sus allegados, pero el intento se revela como una tentativa inidónea de asesinato porque, aunque termina pareciendo un queso de bola, el exjoven del deportivo vive muchos años: Lo hace, por cierto, de las rentas que obtiene de la venta de las acciones, que no comparte con su mujer y sus hijos, a los que ha abandonado justo en ese momento. No puedo contarles gran cosa sobre su pensamiento político en estos años crepusculares, ya que el contacto con el resto de los miembros de su familia es prácticamente inexistente. Imagino que, como tantos idealistas, superó sus ingenuas creencias y evolucionó hacia posiciones más moderadas y complejas, compatibles con la vida de rentista.

(*) Algunos dicen que la anécdota es dudosa. ¡Qué sabrán ellos!

404 NOT FOUND

 

El presidente del Gobierno, hace una hora, ha calificado a Juan Guaidó como «líder de la oposición».

Hace un año, el mismo Gobierno de Sánchez reconoció a Guaidó como Presidente encargado de Venezuela.

No puedo decir que sea noticia que Sánchez mienta y falte a sus compromisos y a los propios compromisos asumidos como presidente del Gobierno de España sin molestarse siquiera en explicarlo oficialmente. No ha explicado ni uno solo de los bandazos que ha dado a lo largo de su carrera política. O se calla y se ríe, o simplemente cambia de conversación. Todos sabemos, también los que lo han votado, que Sánchez carece de palabra. Que nada de lo que sale de su boca tiene valor.

«No daré ni un paso atrás»

A menudo, cuando quiero conocer la situación concreta de un país acudo a una herramienta estupenda del Ministerio de Asuntos Exteriores: sus fichas de países. Están muy bien y, además, uno presume que están actualizadas. En esas fichas, naturalmente, aparecen los órganos de gobierno del país y quiénes los ocupan. Vean la ficha de, por ejemplo, Palestina:

Esta es la ficha de Venezuela.

Al menos el Ministerio de Asuntos Exteriores nos dice la verdad: Venezuela ha desparecido.

Como la vergüenza de Sánchez, si es que alguna vez la tuvo.

Culos con connotaciones eróticas

 

Esta noticia.

No es que yo sea muy partidario de eso de que sea ilícita la publicidad «sexista», salvo en casos extremos, pero, en fin, el argumento que se nos daba era obvio: es sexista cuando no viene a cuento. Cuando Muebles López pone como reclamo, sin más —o con algún eslogan refinado estilo «las mesas y los sofás más calientes»— a una mujer enseñando las tetas.

Y ya digo, de antemano, que casi nunca viene a cuento del todo. Que si aparecen personas muy atractivas (normalmente famosas) en los anuncios es porque nos están vendiendo una burra y proyectando que, de alguna manera, ese producto nos hará parecernos a ellos o, mejor aún, «conseguir» que gente como ellos nos haga caso. La cosificación está ahí, casi siempre presente. En ese conseguir. Por cierto, se suele olvidar que los cosificados sin recompensa somos los destinatarios (la o el modelo cobra pasta por poner su cuerpo), porque la cosificación no es solo sexual. La ilusión no se limita a provocarte la creencia burda de que puedes acceder a esos hombres o mujeres atractivos y de éxito, sino que te convierte (pobre bobo) en un objeto embalable que solo necesita un buen papel de regalo para pasar por lo que no es. Insisto, estas moralinas me van poco, pero a esto de extraer conclusiones podemos jugar todos.

Volviendo al meollo, si solo es admisible la publicidad que nos muestra el cuerpo de una mujer cuando se vincula con el producto, ¿cómo se puede entender que un juez diga?:

“La chica baja su cuerpo para coger otro libro, en un movimiento descendente y doblándose por la cintura, de forma que termina destacando el trasero“, explica el juez. En ese momento, el hombre que pasa junto a ella se detiene y la mira, gesto que una voz en ‘off’ se encarga de explicar: “Somos la razón por la que te giras al pasar“. Como broche final, la cámara enfoca el culo de una mujer mientras se dispone a mantener relaciones sexuales con un varón.

Y añada:

“El contexto en el que discurren los referidos fotogramas del vídeo denigra a la mujer: en el contexto del conocimiento, el saber y la inteligencia, no es ni la bibliotecaria que proporciona los libros a los usuarios de la biblioteca, ni la mejor alumna de algunos de los cursos que puedan darse en las facultades de la universidad a la que pueda pertenecer la biblioteca que se ve en los fotogramas, ni la futura catedrática de uno de los departamentos de la universidad, ni la futura número uno de una promoción de opositores a plazas del Estado o la Administración Pública, ni una lectora ávida de conocimientos o de aprender y saber que acude a una biblioteca pública. Es, solo y simplemente, ‘un trasero bonito y con connotaciones eróticas”, concluye la sentencia.

Por lo visto, las mujeres (y los hombres) no acuden a los gimnasios también para mejorar su aspecto exterior y tener culos bonitos con «connotaciones eróticas» (señor juez  ¡todos los culos tienen connotaciones eróticas!).

Y las frases son de traca: de una imagen fugaz (entre muchas) el juez deduce que la mujer no es la bibliotecaria, ni la mejor alumna (¿cómo va a ser la mejor alumna con ese culo?), ni ¡la futura! catedrática o ¡la futura! número uno de la oposición de jueces. Es tronchante: si tienes ese culo, vistes ese pantaloncito y te agachas a pillar un libro, ya puede tratarse de una biblioteca, que está claro el mensaje: eres un pedazo de carne con ojos.

Hay más. Dice el juez:

«La mujer aparece con un supuesto ‘short’ o pantalón deportivo que más bien parece ropa íntima de lencería femenina. Se trata de una prenda que deja al descubierto más de la mitad de las nalgas de la mujer y que se ciñe a la línea interglútea de forma parecida a un tanga»

«La ropa que lleva […] es, claramente, incómoda para un gimnasio: basta imaginarse cómo queda esta ropa cuando la mujer se siente o se suba a una de las varias máquinas existentes en el gimnasio»

Tras analizar la imagen, su conclusión es clara: “Se usa para captar la atención del público y mostrar el trasero de forma procaz”.

Vamos a ver: muchos hombres y mujeres usan su cuerpo y su ropa para captar la atención de los que los rodean. A veces hasta muestran el trasero de forma procaz. Y, de hecho, para conseguir ese objetivo hacen dieta, contratan a un cirujano y, pásmense, ¡van al gimnasio! Incluso hacen dieta, contratan un cirujano y van a un gimnasio, pese a que esa dieta o esa operación o ese ejercicio concretos sean malos para su salud. A veces, ¡hasta van al gimnasio a enseñar sus glúteos de forma procaz!

Así que, ¿cómo cojones no va a estar conectada la exhibición cotidiana de un cuerpo atractivo con la publicidad de una cadena de gimnasios?

Uno lee esos comentarios y sospecha que el problema lo tiene el que mira. Que nos muestra sus propios prejuicios. En este caso el que mira y decide es un juez.

En todo caso, este neomonjismo acelerado era inevitable visto lo visto. Este es el artículo 3 de la Ley General de Publicidad:

«Artículo 3. Publicidad ilícita.

Es ilícita:

a) La publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente a los que se refieren sus artículos 14, 18 y 20, apartado 4.

Se entenderán incluidos en la previsión anterior los anuncios que presenten a las mujeres de forma vejatoria o discriminatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados que vulneren los fundamentos de nuestro ordenamiento coadyuvando a generar la violencia a que se refiere la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.»

El segundo párrafo de esa ley sobraba. Con el primero teníamos suficiente, ya que incluiría todos los casos en los que la publicidad atente contra la dignidad de las personas, casos en los que se incluiría la publicidad que discrimina o veja a hombres o mujeres, niños, jóvenes, ancianos, personas de cualquier raza o condición. También la que favorece o incita la comisión de delitos.

Sin embargo, se tuvo que introducir la coletilla para que quedase claro que eso incluía una forma concreta: la publicidad que usa el cuerpo de la mujer desvinculándolo del producto o asociando su imagen a comportamientos estereotipados (con esos requisitos añadidos tan problemáticos por el casuismo: que se vulneren los fundamentos del ordenamiento y que ayuden a generar violencia). La idea que subyace es que hay que prohibir específicamente un uso «desvinculado» del cuerpo de una mujer, pero no el de un hombre. Es decir, que la publicidad que muestra a la mujer como un pedazo de carne es intolerable, pero la que lo hace con el hombre es admisible (ya que esta, por lo visto, no genera violencia como se supone que lo hace aquella). Es la misma estructura que consideraría que un anuncio racista (en nuestro país) habría de prohibirse si afecta a los negros, pero no si afecta a los blancos (ya que, qué risa, cómo va a haber racismo contra los blancos).

Sin embargo, prohibir algo debe basarse en si ese algo es malo o bueno por sí mismo. Lo que es esporádico o inusual, aunque sea pernicioso, puede convertirse en habitual si surge un movimiento de masas que lo legitime. Si se convierte en «el tema». Lo estamos viendo con los asiáticos y el coronavirus. Y lo estamos viendo con algunas manifestaciones imbéciles y dañinas de ciertos feminismos respecto de los hombres. El trágico error (tan frecuente en la historia de la humanidad) es la tolerancia con lo que sabemos que es malo e inmoral, porque supuestamente conviene a una causa o porque es residual. Y la indecencia intelectual es basar esa tolerancia del mal precisamente en los fundamentos de esa causa: querer convencernos que la discriminación y la desigualdad que promueven se basan en la igualdad y la dignidad, y no en la revancha. En la pérdida de los principios se encuentra la principal causa de los bandazos históricos y los retrocesos.

Mientras tanto, disfrutemos de este anuncio. También salen libros.

El círculo se cierra

 

Leo que Adriana Lastra anuncia que la apología del franquismo podría incluirse como delito en el Código Penal. Su anuncio viene aliñado con esta frase:

“En democracia no se homenajea ni a dictadores ni a tiranos”

Aunque lo he leído en un periódico, debe de ser cierto, ya que el propio PSOE lo incluye en un tuit:

En la democracia de Adriana Lastra y el PSOE, se pretende que sea delito lo que el vicepresidente del Gobierno y muchos dirigentes destacados de Podemos-IU llevan haciendo toda la vida.

El círculo se ha cerrado.

Por otra parte, ¿qué mejor forma de justificar su biografía acelerada que prohibir lo que querrían que todos olvidásemos?

 

Ley de libertades sexuales (de las mujeres)

 

La ministra de Igualdad ha anunciado que va a presentar una ley de libertades sexuales y, de paso, ha hecho algunas afirmaciones estúpidas iguales a otras afirmaciones estúpidas que hemos leído y escuchado últimamente: que solo sí es sí —como si en el código penal no estuviesen ya castigados los ataques contra la libertad sexual sin consentimiento— o que a las mujeres las agreden, violan o matan por el hecho de serlo —gigantesca banalidad, falsa en esos términos, que no explica nada de nada y que, en su única versión inteligible, equivale a afirmar que a los propietarios de cosas los roban por el hecho de ser propietarios de cosas—.

En todo caso, como Podemos ya presentó una proposición de ley sobre libertades sexuales en 2018 le he echado un vistazo, para hacerme una idea.

La Exposición de Motivos ya empieza fuerte:

«Las violencias sexuales son una manifestación de las violencias machistas.»

No algunas, «las». Como puede observarse, la definición o excluye que «las» (es muy mainstream y moderno esto de las definiciones con plurales, abiertas a todo tipo de sensibilidades, identidades, fórmulas y vivencias) violencias sexuales las puedan cometer mujeres o considera que si las cometen es que esas mujeres son machistas.

«Los roles de género sustentan la discriminación de las mujeres y la penalización, mediante formas violentas, de cualquier expresión de la disidencia respecto a la normatividad heterosexual, sexual y de género. Por este motivo, en su expresión, física y también simbólica, las violencias sexuales afectan de forma principal a las mujeres, y el feminismo es el fundamento imprescindible para la construcción de relaciones sexoafectivas basadas en el mutuo acuerdo y la libertad.»

Recuerden: esto es una exposición de motivos.

«Siguiendo el mandato del artículo 9.2 de la Constitución, la Ley considera las violencias sexuales como una vulneración de derechos humanos y establece para los poderes públicos la obligación de protegerlos a través de medidas transversales, en las distintas fases de las políticas públicas y en todos los ámbitos sectoriales de actuación.»

Hombre, yo diría que más que siguiendo el mandato del artículo 9.2 (que establece que los poderes públicos deben «promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas» y «remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud»), la ley considera que eso de la violencia sexual (voy a usar el singular) es una vulneración de los derechos humanos porque lo es de forma notoria, Y lo castiga, no para promover nada, sino porque como dice la Constitución, todos tenemos derecho a la libertad y a la seguridad.

Las fases, la transversalidad y los sectores tienen importancia porque:

«La presente Ley supone un cambio de paradigma en el marco jurídico de garantía de la libertad sexual de nuestro ordenamiento jurídico.»

Ni más ni menos que un cambio de paradigma. ¿Por qué? Seguro que lo han adivinado. Igual que hubo una época en la que las empresas gordas dejaban de llamarse con nombre sosos como Acererías del Noroeste y empezaron a ponerse nombres molones como Argentaria o Amadeus, o se comenzaron a abrir centros de interpretación de todo tipo de gilipolleces para colocar a los parientes, llevamos un tiempo instalados en la técnica legislativa de las leyes integrales, leyes que básicamente consisten en fabricar un texto lleno de generalidades, definicionesquememolan y conceptos repetidos y superfluos, con cantos a la preocupación pública por todo tipo de colectivos y entes inmateriales, que se concreta en que nos vamos a preocupar con mucha más fuerza e intensidad, con medidas que obliga a las administraciones a impulsar muy fuerte esto y aquello, y a vigilar lo de aquí y más allá incluyendo esas otras agencias de colocación conocidas como «observatorios». Lo curioso es que, casi siempre, en estas leyes, los únicos que importan de verdad son los artículos que cambian los artículos de otras (vamos que la ley integral es la reforma de leyes de siempre, pero con cosas que dan de comer a algunos).

Efectivamente, ese es el cambio de paradigma: ¡una ley integral!

«La libertad sexual deviene un bien jurídico objeto de protección integral que se identifica con la prestación del consentimiento libre, revocable y para unas prácticas concretas. El mutuo acuerdo se establece como marco de libertad y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo como elemento central.»

No como hasta ahora: que se permitía el consentimiento viciado, irrevocable y para toda la vida.

«En consecuencia, la Ley modifica el Código Penal para eliminar la distinción entre agresión y abuso sexual, y así se pasa a considerar delito de agresión sexual toda violencia sexual física no consentida, con tipos atenuados o agravados en función de los supuestos concretos.»

Tras los vítores y el humo aparece el ratoncillo: la clave es eliminar la distinción entre a) y b), cuando a) y b) son delito ahora. Delitos de esos que te llevan al trullo.

«La Ley parte de la idea que las violencias sexuales no son una cuestión individual, sino social; y que no se trata de una problemática coyuntural, sino estructural.»

Sin palabras me quedo. Por lo visto, hasta ahora la violencia sexual era algo privado y disponible. Y además coyuntural. Vamos, que las leyes actuales no parten de que las violaciones, los abusos, la trata, son delitos que nos repugnan y preocupan a todos, y que se repiten —como el homicidio o la estafa— sino cosas que pasan de vez en cuando, en algún solsticio o con ocasión de la operación salida de vacaciones.

«Son utilizadas por el agresor como medio para ejercer poder y reforzar una situación, relación o ideología de dominación»

O no, pero para qué joderles el invento. Por cierto, la gravedad de una violación es enorme sin necesidad de que el violador quiera algo más que violar.

«Al mismo tiempo que inflige un daño individual sobre la persona agredida, lo repercute de forma colectiva: sobre el conjunto de las mujeres, que reciben un mensaje de inseguridad y dominación radicado en el género, y sobre toda la sociedad, en la reafirmación de un orden patriarcal.»

Este párrafo, en mi opinión, es notablemente asqueroso. Lo esencial, años luz por encima de cualquier otra consideración, de cualquier acto contra la libertad sexual es el daño que se comete contra esa persona. Sin embargo, nuestros amigos de Podemos, ponen el énfasis en su apriori ideológico, trasladando la idea de que los actos delictivos contra la libertad sexual constituyen una especie de plan de quienes no comparten sus diagnósticos y análisis para lograr dominar a las mujeres. Volveré a esto cuando hable de las definiciones.

«Por lo tanto, la Ley surge de la necesidad de formar y enseriar conciencias activas, individuales y colectivas, en pro de relaciones igualitarias, de unas instituciones comprometidas con la erradicación de las violencias sexuales y de adoptar mecanismos para garantizar la reparación integral de las víctimas.»

Observen como el mantra «integral» se repite. Por cierto, ¿cómo se repara integralmente a alguien que ha sido violado? Qué presunción más imbécil. Aunque no es de extrañar en gente que quiere legislar para enseriar conciencias colectivas.

«No obvia que, además de la discriminación por razón de género, las mujeres se enfrentan a un sistema de discriminaciones solapadas que da lugar a formas de violencias multidimensionales y, en consecuencia, a vulneraciones múltiples de derechos humanos. Dentro de los factores de discriminación se incluyen el género, la orientación sexual, la identidad y expresión de género, el origen racial o étnico, la clase social, la situación administrativa de residencia, el estatus de migrante, el pais de procedencia, la religión, la convicción u opinión, la diversidad funcional, la edad, el estado civil o cualquier otra condición o circunstancia personal, económica o social.»

Como ven, la violencia sexual ya no se produce solo contra las víctimas —aunque sean hombres y el agresor sea una mujer— por el hecho de ser mujer (aunque no lo sean), sino también por todas esas variables entre las que se incluye todo. Reléanlo: todo importa. Un ejemplo más de textos campanudos llenos de vaguedades, generalidades y enumeraciones cliché que no sirven para nada de nada.

«En coherencia con esta realidad social, las medidas previstas incorporan tanto en su diseño, como en su aplicación y evaluación, la perspectiva de género con visión ínterseccional para la garantía de una vida libre de violencias.»

Enhorabuena.

Seamos positivos. Seguro que a partir de ahora el texto es más concreto y enjundioso.

«Las violencias sexuales vulneran los derechos fundamentales a la libertad, la integridad física y moral, la igualdad y la dignidad de las personas que las sufren o han sufrido en algún momento de la vida.»

Gracias por la información.

«La Ley tutela el ejercicio de la libertad sexual desde la premisa que un entorno seguro y libre de violencias machistas es imprescindible para el ejercicio libre de la sexualidad.»

Más banalidades idiotas. Fíjense, por cierto, que aquí las violencias sexuales ya no son sexuales, sino machistas. Es decir, literalmente, si en el barrio en el que vive una mujer hay muchas agresiones (no necesariamente sexuales) de hombres contra sus parejas o exparejas esto implica que se ve mermado necesariamente el ejercicio libre de la sexualidad de esa mujer.

«El derecho a la libertad sexual puede inferirse del derecho fundamental a la libertad personal reconocido en el artículo 17 de la Constitución, y como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico, conforme el artículo 1.1 del Texto Fundamental.»

Más que inferirse, yo diría que es una de sus manifestaciones más evidentes. Aunque puede que me equivoque y sea preciso hacer una tesis de 1500 folios para caer en la cuenta.

La Ley parte de la idea que el derecho a la libertad sexual implica el derecho a la autodeterminación sexual, es decir, la libertad de decidir sobre todo lo relativo al ejercicio de la propia sexualidad, con el límite en las libertades de las otras personas. El derecho a la libertad garantiza también el derecho a la seguridad de toda persona, que debe incluir la garantía de elegir libremente en relación al goce de experiencias sexuales agradables y seguras, sin sufrir injerencias o impedimentos por parte de terceros; exentas de coacción, discriminación y violencia.

Guau. El cambio de paradigma a todo tren. Todo novísimo.

«Asimismo, el bien jurídico protegido por el derecho fundamental a la integridad física y moral del artículo 15 de la Constitución es la inviolabilidad del ser humano, vinculada a la dignidad de la persona. Las prácticas sexuales no consentidas son una de las formas más extremas de ofensa y de humillación que puede sufrir una persona y, en ese sentido, suponen también un atentado contra el derecho fundamental a la dignidad humana previsto por el artículo 10 de la Constitución.»

Lo que estamos aprendiendo.

«La Ley impone obligaciones a los poderes públicos, debido a que estos tienen la obligación constitucional de proveer las condiciones materiales para el desarrollo del proyecto personal de, vida que para sí tiene la persona como ser autónomo, y la garantía de una vida digna. Las consecuencias físicas, psicológicas y emocionales de las violencias sexuales, especialmente en menores de edad, pueden afectar gravemente o llegar a impedir la realización de un proyecto vital personal.»

Alguien tenía que decirlo por fin, ¡joder!

«Además, la Ley es un avance más en la consecución del derecho a la igualdad entre mujeres y hombres. El artículo 14 de la Constitución se ha venido desarrollando legislativamente a través de normativa sobre igualdad, tanto de carácter general y transversal como específica, relativa a sectores concretos del ordenamiento jurídico.»

¿Además? ¿Además de a qué? Vean que hasta ahora, más allá de palabrería hueca, el único cambio real que anuncia la exposición de motivos es que se cambia el nombre a un delito.

«Así, por ejemplo, la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, a su vez, no excluye las regulaciones sectoriales, como la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de protección integral contra la violencia de género, o regulaciones específicas como la Ley 33/2006, de 30 de octubre, sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios.»

Insisto: guau.

«En este caso, la transversalidad de la regulación de la Ley se justifica atendiendo a la necesidad de un marco integral de prevención, persecución y sanción de las violencias sexuales en todos los ámbitos de la vida de las personas. Se contemplan medidas en distintos ámbitos como el penal, administrativo o laboral para prevenir, sancionar y erradicar las violencias sexuales y así garantizar la libertad sexual de todas las personas.

En definitiva, la Ley extiende y desarrolla para las violencias sexuales todos aquellos aspectos preventivos, de atención, sanción, especialización o reparación que, incluso estando vigentes para otras violencias, no contaban con medidas específicas para poder abordar de forma adecuada y transversal las violencias sexuales.»

Seguimos acumulando palabras y enumeraciones que no dicen nada concreto. Que solo enuncian una y otra vez benéficos propósitos con una agotadora verborrea. Ojo: hay gente que puede vivir una vida entera cobrando por repetir esto mismo para lo que sea. Vean el párrafo anterior e imaginen que propongo una «ley integral contra las violencias en el deporte» y digo:

«En definitiva, la Ley extiende y desarrolla para las violencias en el deporte todos aquellos aspectos preventivos, de atención, sanción, especialización o reparación que, incluso estando vigentes para otras violencias, no contaban con medidas específicas para poder abordar de forma adecuada y transversal las violencias en el deporte.»

Bueno, mejor no lo propongo que nadie me ha pagado por ello.

«De acuerdo con el artículo 10.2 de la Constitución, los tratados internacionales de derechos de las mujeres y contra las violencias machistas, como tratados en materia de derechos humanos, sirven de parámetro interpretativo de los derechos y libertades contenidos en el Título I del Texto Fundamental. En este sentido, la Ley supone un avance en el cumplimiento de los mandatos internacionales en materia de violencias sexuales contra las mujeres, incorporando a la legislación española las garantías de verdad, justicia, reparación y no repetición.»

Vaya. La ley es un avance. Veamos en qué.

«En el derecho internacional relativo a los derechos humanos, la violencia sexual constituye un acto de tortura o trato cruel, inhumano o degradante cuando es ejercida por un agente del Estado o toda otra persona en el ejercicio de funciones públicas. Igual sucede con los crímenes de violencia sexual cometidos por miembros de grupos alzados en armas. En estos casos, es todavía más manifiesto el uso de las violencias sexuales como mecanismo político de dominación.»

El avance es algo que ya sabíamos, que ya está en un montón de convenios firmados por España y que aparece específicamente en el Código penal como delito.

«Por un lado, la Recomendación General núm. 19 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la mujer (CEDAW) vincula la violencia contra las mujeres al hecho de ser mujeres, o por afectarles de forma desproporcionada, fijando el vínculo entre violencia machista y desigualdad de género, incluyendo en esta violencia la de índole sexual. Igualmente, la presente Ley presta especial atención a las violencias sexuales contra las mujeres, debido a la afectación desproporcionada consecuencia de la situación de discriminación estructural.»

Sí, ya imagino que este párrafo les suena. Normal, debe ser la cuarta vez que dicen lo mismo.

«Por el otro lado, la Ley pretende incorporar en el ordenamiento jurídico español la relevancia del daño sexual consecuente de las violencias machistas que atentan contra las mujeres. La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, de diciembre de 1993, que se usa internacionalmente como referencia para la definición de tal violencia, entiende que el concepto comprende todo acto de violencia basado en la pertenencia al género femenino y la violencia sexual figura junto al daño físico y el psicológico resultantes de los actos de violencia contra la mujer.»

Más novedades, como ven. Por cierto, recuerden que esta proposición no lo es para una ley integral de libertades de la mujer, sino de libertades sexuales. Que, como única medida concreta, hasta este momento, solo incluye una modificación de unos artículos del Código Penal que protegen a mujeres y a hombres.

«Además, el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, firmado en Estambul el 11 de mayo de 2011, se acerca a la violencia contra las mujeres desde una perspectiva más amplia que la referida a la violencia que se produce en el marco de la pareja; aborda e incluye todos los actos de violencia basados en el género. En la línea que incorpora la presente Ley, también utiliza la falta de consentimiento como elemento para definir las violencias sexuales que los Estados partes deben tipificar, sin requerir para esa tipificación la presencia de violencia o intimidación.»

Más cháchara: ese convenio está perfectamente recogido en la ley española (de hecho la ley española va más allá —y esto es criticable— de su contenido real). Y lo de que la falta de consentimiento sea preciso para definir las «violencias sexuales» es puro nominalismo. Lo que importa es si la falta de consentimiento implica la comisión de un delito, no de cómo lo llames. Cuando el código penal castiga a alguien por una agresión sexual habla de violencia o intimidación; las distingue. Y la castiga en principio igual. Y, aunque la intimidación pueda entenderse como una forma de violencia en un sentido más amplio, aquí el uso del término «violencia» es técnico y no por eso debemos dar a entender que se admite el sexo inconsentido.

«La presente regulación pretende recoger los consensos y obligaciones internacionales en la materia y poner fin a la invisibilidad, falta de credibilidad, estigma y revictimización institucional y social que enfrentan quienes han sufrido violencia sexual.»

Por lo visto las víctimas de violencia sexual en la España de hoy son invisibles, o se las estigmatiza o no se las cree de manera general o se las revictimiza. Pero, gracias a esta ley integral, todo cambiará.

Para no hacer esto demasiado largo, pueden leer la proposición completa y las medidas que propone. Siguen el modelo habitual:

a) Nombrar una comisión que haga un plan nacional. Ya saben, una comisión con gente.

b) Enseñar en los colegios que la violencia sexual es mala y que hay que respetar la igualdad y la diversidad. Sí, ambas. Ah, luego expresamente han de hacer lo propio en el ámbito digital.

c) Que las universidades hagan protocolos. Esos protocolos los hará gente, claro.

d) Intervenir la publicidad. «Se considerará ilícita la publicidad que utilice estereotipos de género que fomenten las violencias sexuales contra las mujeres».

«Es ilícita:

    1. a) La publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución (…) Se entenderán incluidos en la previsión anterior los anuncios que presenten a las mujeres de forma vejatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados que vulneren los fundamentos de nuestro ordenamiento coadyuvando a generar las violencias a que se refieren (…)»

Sin palabras.

e) Intervenir los medios de comunicación que tendrán que fomentar que su personal informe sin incluir estereotipos de género. Es decir, que deban someterse al ideario de la ley que se manifiesta en las definiciones. 

f) Promover la detección en el sistema sanitario. Al efecto, se incluirá en los Planes Nacionales sobre salud subplanes sobre esta cuestión. Ah, se cambia el nombre a la Comisión contra la Violencia de Género del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud por Comisión contra la Violencia Machista. 

g) Se obliga a que las empresas promuevan condiciones de trabajo que eviten la comisión de delitos de este tipo y si lo haces, te dan una distinción que podrás poner en el membrete. Vamos, que se trata de realizar más acciones preventivas para evitar riesgos, algo que a menudo suele traducirse en gastar más pasta en saraos, cursos y documentación inane (que alguien tiene que proveer) para que no nos multen; ah, y en nombrar al que al final se come el marrón.

h) También hay que sensibilizar a la tropa y marinería mientras los adiestras.

i) Para que todo esto sea efectivo, hay que incluir en el aprendizaje a profesionales sanitarios, de la educación, de publicidad, de la información, policías, jueces, fiscales, letrados de la Administración de Justicia, de instituciones penitenciarias, de defensa y de un cajón de sastre con varios formación sobre toda esta materia. Formación que dará gente.

j) Para que quede claro que la peña cumple con esto, se harán informes favorables o desfavorables a la hora de que te aprueben o certifiquen los planes de estudio y se creará un itinerario para los que han de hacer todas estas cosas, itinerario que certificará ANECA.

K) Ah, las Administraciones públicas darán pasta para investigación. Y premios. Todo esto irá, lógicamente, a los que más saben de esto, los que tendrán su nuevo itinerario que se ajustará a las definiciones de la ley, que para eso están.

l) En cuanto a los derechos de la víctimas, ya no hace falta resolución judicial. Se podrán ejercitar prácticamente con cualquier documento oficial redactado por cualquiera que se ocupe de estas materias que considere que existe cualquier indicio. Recordemos que hablamos de que esa persona es víctima de un delito cometido por alguien.

m) De darse la circunstancia anterior, esa persona no podrá ser expulsada si está en situación irregular. Por cierto, también se harán específicas campañas para mujeres migrantes.

n) Las mujeres que se encuentren en esta situación tendrán derecho a una asistencia integral que incluye información, atención psicológica, social, laboral, educativa, etc. Que presta gente, claro. Gente que puede pedir cosas al juez: lo dice la proposición. También tienen derecho a asistencia jurídica gratuita por abogados especializados que harán cursos que dará gente.

ñ) Si las víctimas mujeres son trabajadoras, tienen derecho, conforme al Estatuto, a reducciones a la reducción o a reordenación de su tiempo de trabajo, a la movilidad geográfica, al cambio de centro de trabajo, a la suspensión de la relación laboral con reserva de puesto de trabajo y a la extinción del contrato de trabajo. Y se articulan beneficios en la cotización para las empresas y para las trabajadoras por cuenta ajena en casos de suspensión, que se considera tiempo efectivo de trabajo a efectos de desempleo. Lo mismo básicamente si son funcionarios públicos.

o) Se harán planes específicos de fomento del empleo de estas trabajadoras (para las que se fijarán cuotas de reserva).

p) Se establecen ayudas económicas (compatibles con cualesquiera otras y con las indemnizaciones dictadas en sentencia) a favor de estas mujeres víctimas (si sus rentas no superan el salario mínimo) igual a seis meses de subsidio de desempleo.

q) Se les pagarán los «costes» (no sé bien qué implica esto) de la propia vivienda si lo necesitan o se les dará un alojamiento.

r) Se dice que «las mujeres víctimas de los delitos relativos a la violencia sexual tienen derecho a la reparación integral de los danos y perjuicios padecidos, con la finalidad de devolver a la víctima a la situación anterior a la agresión sufrida, incluidas las medidas necesarias para garantizar su recuperación física, psíquica y social». Tanto simbólica (sic) como económica. Por cierto, la económica incluye la responsabilidad patrimonial de la Administración en determinados supuesto. Este artículo es flipante. Incluye disposiciones como estas, que se comentan por sí solas:

«En los supuestos en los que la víctima lo solicite, la reparación simbólica incluirá la difusión pública de la verdad, el reconocimiento de la violencia y declaraciones institucionales que restablezcan la dignidad y reputación de la víctima.»

«El derecho a la reparación deberá garantizar la no repetición de las violencias sexuales como derecho a disponer de un porvenir sereno y seguro.

El Estado deberá desplegar como medidas reparadoras de los delitos los medios necesarios para asegurar que la agresión no volverá a repetirse y que las mujeres víctimas de violencias sexuales gozarán de la protección efectiva ante represalias o amenazas».

s) Como esto ya se está haciendo muy largo, no voy a entrar en el análisis de las reformas del Código Penal, leyes procesales y actuaciones policiales; además, como todo eso sí es serio, de hacerlo, prefiero que sea con la norma que se proponga.

t) La ley termina cambiando varios organismos con nombres muy largos que se convierten en blablabla para las Violencias Machistas, y con la coordinación, algo que exigirá que se hagan muchos planes (ya saben, planes que hace gente), con la actualización permanente de la canción patria, y recogida de datos y encuestas.

No quiero terminar sin hacer una referencia a las «definiciones». Son definiciones de una ley. Si se aprueba, esas definiciones (algunas parecen sumarios de paper) nos dicen qué se entiende en esta ley cuando se usa cada uno de esos términos o expresiones. En esta y en otras posteriores si no hay definiciones alternativas. Y en qué han de consistir esos criterios, planes, cursos, especializaciones. No solo nos las definen, sino que nos indican consecuencias, relaciones, programas, prohibiciones.

Es decir, con ellas, una cierta interpretación de la realidad y un sistema ideológico se lleva más allá de la dialéctica académica, en el que está sujeto a discusión, y se impone a todos como la verdad. En una sociedad supuestamente abierta, el legislador nos impone cuál es la construcción ideológica correcta para analizar cierta realidad individual y social y para realizar cambios en ella. Recuerden que la ley se basa en estas definiciones. Desde ese momento, ya no serán solo los partidarios de este sistema ideológico los que lo defiendan, sino que la propia Administración, con todo su poder y capacidad de coacción, lo impondrá a todos y lo promoverá.

Léanlas; la mayoría son fabulosas:

    1. «Libertad sexual»: derecho humano y bien jurídico de especial protección que se inserta en la esfera de la libertad personal, y cuyo contenido esencial tiene que ver con el derecho a decidir sobre la propia sexualidad, con las facultades de autodeterminación sexual actual o potencial. La libertad sexual está intrínsecamente relacionada con la dignidad humana. Todas las personas tienen derecho a la libertad sexual, lo que se traduce en la necesaria salvaguarda del libre desarrollo de la formación de la propia sexualidad, así como a la protección de la libertad de la persona, pata ejercer su derecho en libertad, tanto en su esfera positiva como en la negativa, sin más límite que el respeto a los derechos de terceros.
    2. «Violencias sexuales»: vulneración de derechos humanos y una ofensa a la dignidad humana que niega el derecho a decidir acerca de la vida sexual. Comprenden cualquier acto de naturaleza sexual no consentida en cualquier ámbito y con independencia de la relación afectiva y/o de parentesco entre víctima y agresor. Se consideran violencias sexuales: agresiones sexuales, acoso sexual, acecho, acoso, extorsión sexual y engaño pederasta, también cuando se lleven a cabo mediante tecnologías de la información y la comunicación; mutilación genital femenina, infección intencionada de enfermedades de transmisión sexual, matrimonio forzado, trata por razones de explotación sexual, explotación sexual, esclavitud sexual, así como las violencias sexuales simbólicas.
    3. «Violencia de género»: manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres que se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan sido ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.
    4. «Violencias machistas»: vulneración de derechos humanos contra las mujeres que surge como manifestación de la discriminación y de la situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de poder de género y que, producidas por medios físicos, económicos o psicológicos, incluidas las amenazas, las intimidaciones y las coacciones, tenga como resultado un daño o un sufrimiento físico, sexual o psicológico, tanto si se produce en el ámbito público como en el privado.
    5. «Discriminación contra las mujeres»: tal y como establece la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) en su artículo 1, la discriminación contra las mujeres denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.
    6. «Relaciones de poder de género»: constructo social que normativiza la relación entre los hombres y las mujeres como grupos sociales incluyendo cómo se distribuyen el poder y el acceso y control de los recursos entre los géneros. Las relaciones de poder de género interseccionan con otras categorías que influyen en las relaciones sociales, tales como raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, identidad sexual o de género, situación administrativa de residencia, estatus de migrante, país de procedencia, religión, convicción u opinión, diversidad funcional, estado civil o cualquier otra condición o circunstancia personal, económica o social, para determinar la posición e identidad de los hombres y las mujeres en un grupo social.
    7. «Discriminación múltiple»: comportamientos de distinción, exclusión o restricción basada en la intersección entre sexo, género, raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, identidad sexual o de género, situación administrativa de residencia, estatus de migrante, país de procedencia, religión, convicción u opinión, diversidad funcional, estado civil o cualquier otra condición o circunstancia personal, económica o social que tiene por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de las mujeres de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera. También se conoce como discriminación interseccional, sin embargo en la presente Ley se referenciará como discriminación múltiple por coherencia con la normativa internacional a este respecto.
    8. «Género»: sistema ideológico que dirige las diferentes representaciones del sexo en función de la pertenencia a diferentes categorías como raza, etnia, clase, edad, situación administrativa de residencia, estatus migratorio, país de procedencia, religión, convicción u opinión, diversidad funcional, estado civil o cualquier otra condición o circunstancia personal, económica o social.
    9. «Estereotipo de género»: conjunto de creencias compartidas sobre las características y roles de los hombres y las mujeres. Además del sexo, los estereotipos de género se significan en la intersección entre categorías de pertenencia como la raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, identidad sexual o de género, situación administrativa de residencia, estatus de migrante, país de procedencia, religión, convicción u opinión, diversidad funcional, estado civil o cualquier otra condición o circunstancia personal, económica o social, para determinar la posición e identidad social de los hombres y las mujeres. Los estereotipos de género constituyen la base ideológica que fomenta y justifica las vulneraciones de Derechos Humanos contra las mujeres. Por tanto, todos los Estados que han ratificado la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) están obligados a garantizar su erradicación.
    10. «Identidad sexual y/o de género»: vivencia interna e individual del sexo y/o el género tal y como cada persona lo vive y autodetermina, sin que deba ser definida por terceras personas, pudiendo corresponder o no con el sexo asignado al nacer y pudiendo involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido.
    11. «Orientación sexual»: capacidad de cada persona para sentir atracción emocional, afectiva o sexual hacia otras personas, ya sea de un género diferente al suyo, de su mismo género o de más de un género.
    12. «Daño social»: vulneración de derechos humanos que afecta sobre la autoconstrucción de las personas y el mapa relacional en que se desarrolla su vida cotidiana, Para su evaluación en el contexto de las violencias sexuales se tendrá en cuenta el impacto que sobre la víctima y sus redes de apoyo ha tenido dicha forma de violencia.

Educación

 

Es una gran noticia que la educación se haya convertido en un tema central en el debate político. Que discutamos sobre los medios con los que cuentan los centros educativos. Que lo hagamos sobre la preparación de los profesores y sobre su valoración social. Que analicemos si la enseñanza en idiomas como el inglés por profesores que quizás no lo manejan suficientemente está ocasionando una disminución en la cantidad y la calidad de los contenidos en asignaturas esenciales, y si, pese a que esto pudiera darse, compensa por la adquisición de capacidades esenciales en el mundo actual. Que nos preguntemos sobre las causas reales de los malos resultados académicos y sobre si tienen que ver con el presupuesto o con la ideología —es decir, con el modelo de escuela y con la cuestión secular de para qué sirve—. O con ambos. Que nos preguntemos por la preparación que recibe esa parte de los alumnos que continuará con estudios universitarios y si es adecuada o no para esa finalidad posterior. Finalmente, que nos cuestionemos si los padres están realmente interesados en la educación de sus hijos o solo se acuerdan de ella cuando truena y qué deben hacer en tal caso.

Bien, de acuerdo. No se está discutiendo sobre nada de esto, pero quién sabe, quizás en breve se produzca un milagro y dejemos de mostrar «performances» como trasuntos de la actividad diaria de los niños españoles o de caer en la pendiente resbaladiza y convertir a algún parricida chiflado en paradigma del padre español de derechas.

Sabemos que los hijos no son propiedad de sus padres, aunque este conocimiento es reciente. En las sociedades tradicionales no solo lo eran, sino que en muchas continuaban siéndolo incluso después de la mayoría de edad. Sin embargo, la evolución moral y el incremento del valor intrínseco de los niños en las sociedades avanzadas ha convertido las antiguas inversiones en mano de obra —casi pecuarias — en un gasto sin retorno. Hemos decidido que los seres humanos no deben tener dueño. Ni siquiera esos de los que nos ocupamos por obligación legal y por impulso genético. Pero, puesto que esa conclusión es resultado de un aumento de valor, se imponía la consecuencia de que había que procurar para ellos cuidado y educación. Una educación que los convirtiera en buenos ciudadanos. Uno de los meollos de la discusión se encuentra aquí: qué es un buen ciudadano. Alguien dirá que lo es un hombre libre; otro que lo es un hombre comprometido con sus semejantes. Pueden añadir ejemplos. Pero estas frases formulan nuevas preguntas. Por eso parecía razonable fijar unos mínimos: para no enzarzarnos en una eterna discusión. Más aún cuando los niños no son propiedad de sus padres, pero estamos de acuerdo instintivamente en que en la mayoría de los casos ellos se ocuparán de sus hijos mejor que un funcionario o un sistema de funcionarios. Hablo de las sociedades abiertas, claro. En las otras, el poder siempre perseguirá que el ciudadano se adapte al modelo que facilite la conservación del sistema, promoviendo al borrego, al fanático, al que se cree la ideología o la religión oficial.

Podemos, por tanto, centrarnos en el mínimo. En cuanto a los conocimientos, es relativamente sencillo llegar a un amplio acuerdo. La escuela no busca crear especialistas, por lo que basta con la introducción de cada disciplina, en las que el acuerdo —el estado mayoritario de la «ciencia»— puede ser casi absoluto. Siempre, claro está, que nadie quiera forzar sus suerte y colar sus «asuntos» por una puerta trasera.

El problema surge cuando se trata de cuestiones éticas y políticas. Las personas y los grupos organizados tienen agendas y saben que imponerlas exige vencer la batalla propagandística. Por eso el mínimo debería centrarse en formar a personas con cierta capacidad crítica, que cuenten con instrumentos y hábitos que les permitan cuestionarse las afirmaciones y proyectos de esas agendas, más que en bombardearlos desde el comienzo como si fuesen Sócrates. No lo son los adultos, cómo van a serlo los niños.

Deberíamos, por tanto, centrarnos en unos escasos axiomas, que deberían darse por sentados en su forma más desnuda (la libertad y la responsabilidad; la proscripción de las conductas manifiestamente dañinas; la vida en sociedad y algunos de sus corolarios, como la democracia y sus límites; el conocimiento de los otros y su consecuencia, el respeto al diferente) e introducir todo lo demás —por mayoritario que sea— como materia sujeta a análisis y discusión. Con esos axiomas como punto de apoyo, los niños usarían el resto para adiestrarse, sin pretender que lleguen a ninguna conclusión impuesta como correcta. Es decir, no para asumirlo o rechazarlo, sino para aprender las trampas del lenguaje, las inconsistencias, las falacias, las debilidades y los vacíos.

Un acuerdo de esta naturaleza dejaría el campo abierto al intento de adoctrinamiento, pero se produciría extramuros, de forma que la escuela fuese un campo neutral, una especie de sagrado al que acogerse. El lugar en el que se aprende a pensar. De hecho, esos padres convencidos de que pueden influir en lo que sus hijos van a creer podrían asumir lealmente el reto de enfrentarse a ellos si ya no pueden utilizar la excusa de que su fracaso en adoctrinarlos es resultado de que la escuela adoctrina mejor. Buena suerte.

Lógicamente, alguien podrá pensar que esta escuela que defiendo es también resultado de una cierta agenda. Puede ser. Pero es tan poco invasiva que tiene ventajas objetivas: centrarnos en pocas e importantes cosas evitaría que los niños se dediquen a perder el tiempo en gilipolleces. La clave se encuentra en que no digo en qué consisten esas gilipolleces y que, por tanto, cada uno puede pensar en el ejemplo que más le convenza.

En una escuela así sería absurdo que los padres vigilasen qué se va a enseñar a los niños en cuestiones morales y políticas, porque, al margen de esos pocos axiomas, el resto de la información que recibiesen se les mostraría ya en entredicho. Pero, para que una idea así fuese admisible, sería preciso que todo el mundo renunciase a que la escuela fuese el primer campo de batalla de sus guerras culturales e ideológicas. El problema más evidente es ¿cómo van a aceptar esto esas personas que tratan como apestados a quienes piensan diferente hasta el punto de impedirles hablar en una universidad —el que debería ser máximo ejemplo de templo para la libre discusión—? Quienes realizan campañas para silenciar y perjudicar a los que sostienen las doctrinas que definen como «peligrosas» no van a aceptar lo más cuando no aceptan lo menos. Los que no creen en las sociedades libres y abiertas cuando se trata de adultos, nunca asumirán que la escuela produzca adultos libres y críticos.

Los niños no son propiedad de sus padres. Pero tampoco de los fanáticos que quieren convertir y convierten la sociedad en un lugar irrespirable para los ateos del credo respectivo. En cuanto al resto, bastaría con firmar una tregua para que toda esta absurda discusión desapareciera y pudiésemos tratar lo importante. Todo eso que menciono en el primer párrafo.

 

Ceterum censeo

 

Se cuenta que, en su últimos años, Catón el Viejo daba la paliza a diestro y siniestro añadiendo al final de cualquier discurso, da igual el tema que estuviese tratando, la frase: «por cierto, creo que Cartago debería ser destruida». El censor temía por la rápida recuperación del rival más peligroso de Roma y soñaba con borrarlo de la faz de la tierra para la seguridad de la patria. Aunque la muerte le impidió ver su proyecto realizado, tres años después Cartago fue arrasada hasta los cimientos, se echó sal sobre el lugar en el que se había alzado y todos sus habitantes fueron vendidos como esclavos.

No se alarmen, no voy a patrocinar la destrucción de nada ni de nadie —sobre todo ahora que la tuna va camino de desaparecer de forma natural—, pero sí creo que se abre un momento en el que no quedará otra que aferrarse a ciertos principios y máximas, deducir de ellas determinadas consecuencias y descripciones, y recordar lo uno y lo otro constantemente y sin desfallecer. Aunque te llamen viejo y pesado.

Así:

El Gobierno de Pedro Sánchez es legítimo y democrático, pero se ha construido con el apoyo de los que quieren destruir la nación española.

Ese apoyo ha exigido del PSOE silencios y compromisos. Los silencios más sonoros han llevado al PSOE a eliminar la referencia expresa a la Constitución como marco legal para la discusión pública y a la renuncia de la defensa de la monarquía constitucional española —y de su naturaleza democrática plena—frente a los ataques y desprecios de sus socios. Los compromisos más sonrojantes obligan al PSOE a situarse en el marco mental y verbal del secesionismo y el nacionalismo, confundiendo el todo —la nación política— con sus partes y admitiendo saltarse los procedimientos ordinarios —que incluyen instituciones políticas perfectamente definidas y reglamentadas— para sustituirlos por otros innominados que se pretenden legitimar por referencias difusas a hermosas palabras —como democracia— a las que se ha vaciado previamente de contenido. Para entendernos, el PSOE ha reconocido que el creacionismo ha de enseñarse en las escuelas junto al darwinismo y que la RDA es una democracia porque lo pone en su nombre.

El acuerdo además supone admitir el blanqueamiento de los herederos de los terroristas, normalizando a los que no han reconocido la maldad absoluta de sus acciones o justifican la maldad de las acciones de otros. Esa normalización convierte el terrorismo en un «error», en una «respuesta» frente a una agresión ilegítima, en un «exceso» justificable entre otras «violencias». Para digerir este engrudo los dirigentes socialistas han construido una falsedad en la que la posibilidad de hacer política se ha convertido en una justificación moral del pasado y del discurso actual, cualquiera que sea su contenido, si quien lo perpetra está en el lado correcto de los votos.

Los que intentan destruir la nación española (esencialmente secesionistas, nacionalistas y herederos de los terroristas) y los que quieren destruir su régimen jurídico-democrático y sustituirlo por «otra cosa» (comunistas y populistas de izquierdas) siempre han sostenido —contra toda evidencia— que la ley española y sus instituciones no son democráticas y no deberían servir de parapeto frente a la voluntad de las «naciones» o de la «gente». Naturalmente, la consecuencia de esto es que la ley y el poder judicial son un obstáculo que hay que remover. El actual Gobierno cuenta con un apoyo suficiente para cambiar muchas leyes y para adoptar determinadas decisiones ejecutivas, pero no para cambiar la Constitución, ya que esta se construyó sobre un acuerdo amplísimo que incluía la exigencia de un acuerdo igual de amplio para su reforma. La Constitución solo podrá servir de refugio si hay jueces dispuestos a cumplirla y a imponer su cumplimiento. También por esta razón, esos movimientos antisistema y enemigos de la democracia española han repetido hasta la saciedad que los jueces españoles —cada vez que toman una decisión que los incomoda— son franquistas, fascistas, de derechas. Puesto que el PSOE ha deglutido el marco mental y discursivo del secesionismo y el nacionalismo, en lo relativo a los procedimientos y a la creación de canales paralelos y no reglados de discusión de los asuntos públicos, sin esas molestas líneas rojas marcadas por la Constitución y las instituciones nacidas de ella, para el propio PSOE un poder judicial independiente se ha convertido en un problema, no en un dique natural, legítimo y necesario frente a las veleidades del momento político y de la actuación de los que ocupan los otros poderes del Estado. Ha comenzado la búsqueda de la solución al «problema» judicial.

Para justificar su comportamiento mendaz, el PSOE ha acusado a los partidos que hacen suyo de manera natural el modelo constitucional —y entre ellos estaba el PSOE hasta anteayer— y que no quieren destruir la nación española tal y como quedó establecida en dicho modelo, de ultraderecha que no acepta los resultados de las elecciones, aprovechando además que sí existe una ultraderecha que insiste en la ilegitimidad del Gobierno y que incluso empieza a introducir una retórica golpista. Con esto pretende lograr el doble objetivo de convencer a los suyos de que hay que tragarse un montón de sapos y bulos para evitar un mal mayor —que ellos han creado— y, a la vez, dar aliento a la auténtica extrema derecha populista. Su objetivo es evidente: dividir el centro y la derecha, y unificar a sus partidarios con una retórica bélica.

Todo lo anterior se resume en lo siguiente:

1.- El PSOE se ha convertido, de hecho, en un partido que promueve a partidos antisistema y con ello ha comenzado a convertirse, él mismo, en un partido antisistema.

2.- Es muy difícil que el PSOE dé marcha atrás. Una consecuencia de la mentira sistemática y de la traición permanente a la palabra y a las promesas es que solo el poder te protege.

3.- El PSOE ha eliminado muchas barreras psicológicas. No hay ninguna razón para no eliminar otras si hace falta para mantenerse en el poder. Debemos esperar cualquier deriva, ante la ausencia de principios y el uso estructural y no puntual de la mentira como método de acción política.

4.- El PSOE va a promover la demolición de los diques institucionales siempre que perciba que estos puedan entrometerse en lo que hay que hacer para mantener los apoyos actuales o lograr otros nuevos. Da igual de qué institución se trate: en nombre de la «política», el «diálogo» y la «democracia» hará lo posible por vaciarlas de contenido, creando puertas traseras y falsas salidas.

5.- El PSOE utilizará sin rubor las instituciones que controle para lograr sus objetivos políticos. Debemos asumir que la acción del Gobierno nunca se dirigirá hacia una mayor neutralidad e independencia de esas instituciones, sino en el camino contrario.

6.- El PSOE, una vez investido Pedro Sánchez, intentará ocultar su deriva antisistema apoyándose en la actividad normal de su Gobierno. Querrá acostumbrarnos. Para ello intentará ocupar el discurso público con una retórica activa y constante sobre otros asuntos, ridiculizando a los que insistan en cuestiones estructurales, institucionales o de principios.

7.- Esa actividad retórica evitará el centro, aunque formalmente se llame a la concordia. Solo con la radicalización de un número mayor cada vez de votantes de los partidos de centro y derecha podrá continuar con su estrategia de alimentación de la extrema derecha y de fidelización de sus propios votantes como reacción. La moderación real desaparecerá.

8.- Cada vez habrá menos actores políticos que defiendan el núcleo de los acuerdos adoptados hace cuarenta años y desarrollados durante décadas. En España habrá cada vez más partidos con posiciones iliberales, nacionalistas y populistas, de izquierdas y derechas. Gradualmente el PSOE pasará de comprar la retórica de esas formaciones a adoptar con naturalidad esas mismas posiciones, al intentar aplicar las consecuencias de su «diálogo» sin contar con las mayorías exigidas —algo para lo que necesitaría contar, al menos, con el Partido Popular—, más aún cuando el PSOE tendrá que competir con sus socios (secesionistas y populistas). Este PSOE se podemizará inevitablemente para intentar sobrevivir.

Naturalmente, frente a estrategias inadmisibles, la única opción para esos millones de españoles huérfanos es reclamar a los partidos que se autodenominan constitucionalistas y que no son extrema derecha populista:

a) Que se olviden de la táctica y de la respuesta día a día basada en ocurrencias. Solo una política pensada y basada en principios, y mantenida a ultranza en todos los lugares en los que gobierne y en la actividad de oposición, puede movilizar a esos millones de españoles que, a derecha e izquierda, quieren defender nuestro régimen constitucional. Ello aunque puntualmente pueda parecer contraproducente.

b) Que se reitere constantemente que no te puedes fiar de este PSOE y sus dirigentes, por lo que, con independencia de que se actúe conforme a lo explicado en el punto anterior, cualquier pacto con ellos es inútil, como lo es confiar en un estafador o dejar que administre tu dinero un ludópata. El corolario de lo anterior es que no se ceda en nada, por pequeño que parezca. La cesión y el acuerdo, como forma de hacer política, se basan en la existencia de una mínima lealtad y confianza en el otro. Un segundo corolario es que se renuncie a una estrategia de confrontación total. Las medidas se deben juzgar una a una, por su bondad o maldad intrínseca y por la posible inclusión en ellas de algún tipo de caballo de Troya contra las instituciones. Esto no es ceder, es actuar consecuentemente.

c) Que no favorezcan la estrategia de los populistas de extrema derecha apoyando sus posiciones concretas salvo cuando puedan justificar lealmente y sin contorsiones ese apoyo como una expresión de los principios que se supone defienden. Aunque pueda parecer que un ataque concreto debilite al PSOE, si corroe tu proyecto, asusta a tus partidarios, debilita su compromiso y puede llevarlos a creer que están en la trinchera equivocada, solo se favorece con ello la estrategia de las dos Españas enfrentadas. Es decir, favorece a este PSOE y al populismo de extrema derecha.

d) Que asuman que, puesto que todo está en cuestión y es provisional, la única forma de evitarnos desengaños y falsas sensaciones de calma es aplicar la hipótesis permanente de que los enemigos de nuestro régimen constitucional trabajan sin descanso para destruirlo. Debemos aplicar el consejo que se da en los aeropuertos y vigilar nuestro equipaje constantemente.

e) Que actúen a sabiendas de que participar en la guerra cultural declarada no implica admitir acríticamente que, en esa guerra, hay dos bandos, los de derechas y los de izquierdas. De hecho, es crucial sostener con argumentos que sí, que hay dos bandos: que en uno están situados los antisistema —incluido este PSOE— y en  otro lo que defienden nuestro sistema constitucional. Es decir, hay que pelear por imponer el propio planteamiento de la cuestión.

f) Que no desfallezcan. Que no escuchen a los aduladores ni a los intoxicadores. Que se olviden de las encuestas. Que actúen a largo plazo, no solo porque sea lo correcto, sino porque es la única forma de prevalecer.

Este sería mi programa.

Sí, me consta que es irrealizable; no es necesario que me lo apunten. Pero, ceterum censeo.

 

El precio

 

Los acuerdos firmados por el PSOE con ERC y el PNV no son papel mojado. No son una simple llamada al diálogo o la negociación, vacía, para contentar a las parroquias. Ya sabemos que todos los partidos políticos son agencias de colocación y que el futuro personal de muchas personas depende del mantenimiento en el poder —en alguno de sus cubículos— y que esto condiciona toda actuación política. Sabemos que los políticos profesionales no solo mentirán y se desdirán sin rubor, sino que acusarán de mentirosos a los que les recuerden sus mentiras. Sabemos que muchos de ellos no merecen —por capacitación y capacidad— ocupar puestos que les aseguran comodidad, poder, influencia y tranquilidad para ellos y sus familias. Todo eso lo sabemos y hay que ser tacaños con nuestras expectativas acerca de aquellos que más nos convencen, porque casi siempre nos defraudarán amargamente. Pero la realidad de la condición humana no debería llevarnos a admitir cualquier cosa, como si se tratase de acts of god, cataclismos inevitables producidos por fuerzas incontrolables. Como si Pedro Sánchez fuese una figura trágica a la que una sucesión de plagas avasalla hasta el punto de tener que ceder ante un destino inevitable.

No, Pedro Sánchez no es una figura trágica. Ni lo son todos los que miran para otro lado y llevan muchos días afectados por una ictericia galopante que se incrementa minuto a minuto para ocultar un episodio que sonrojaría al más eminente de los truhanes. Pedro Sánchez ha escogido. Para asegurar su poder ha optado por renunciar al lugar donde se sitúa la mayoría de los españoles, el centro, y por disolver las instituciones y su liturgia, apoyándose en los que quieren destruir la nación española y sus reglas democráticas.

Como esto no era posible con un centro y una derecha moderados, no solo se ha echado en brazos de los secesionistas golpistas, los nacionalistas y los herederos de los asesinos —lo son porque siguen aplaudiendo a los asesinos que vuelven a casa por Navidad y porque los manda un tipo que aún no ha admitido su pasado criminal—, sino que está intentando, con todas sus fuerzas que surja un espantajo especular que lo justifique. En su imaginación, en vez de una España centrada, civilizada, moderada y respetuosa de la ley, con minorías controlables en sus extremos, prefiere dos Españas que se gritan, se enfrentan, se acusan de traición, para ver si así, agobiados por el ruido y el miedo, los que temen a la España casposa y nacionalista optan por ellos, como mal menor.

El PSOE ha vendido la España constitucional a cambio de poder, y para que no se lo tengamos en cuenta ha apostado por el enfrentamiento entre españoles. Han creado el mal y quieren que lo compremos como si ese mal fuera el mal menor. La operación es tan cínica y asquerosa que solo espero que pague por ello el mayor de los precios. Que lo pague Sánchez. Que lo paguen todos los que han decidido acompañarlo en este descenso al pozo de la indecencia. Que lo pague el PSOE.

En cuanto a los que andan vendiendo crecepelo, dejadlo, de verdad. La baba que rezuman los papeles firmados con ERC y el PNV es tan repugnante que solo vais a conseguir perder cualquier microgramo de decencia intelectual que pudierais conservar.

La España que viene es una España mucho peor. Y la obra tiene autoría.

Estudios bíblicos

 

Titular de El País:

«Los especialistas».

Dejemos de lado que con cifras tan exiguas (desde 2009, por hablar de una década, se mueven en una horquilla que va de 51 a 73 mujeres asesinadas por año) no solo buscar causas de un supuesto repunte (pasar de 49 a 55 en cuatro años), sino incluso hablar de repunte, parece bastante absurdo. Estas son las cifras desde 2003:

 

Pero, en particular, citar dos «causas» de pasar de 49 a 50, luego a 51, y finalmente a 55, y que una de ellas sea el efecto del discurso «negacionista» de Vox es llamarnos gilipollas.

Veamos quiénes son y qué dicen «los especialistas».

Primer especialista: Miguel Lorente. Ay, Lorente. Simplemente reproduzco sus argumentos (en negrita):

«Aún es pronto para conocer a fondo los motivos de ese repunte y está por ver si se convierte en una tendencia en años posteriores. La violencia de género es un fenómeno complejo y de causas múltiples, pero distintos especialistas consultados alertan ya de que, junto la falta de medidas previstas pendientes de desarrollar, una de las causas que han influido en ese incremento es el discurso negacionista de Vox, que asegura contra el consenso institucional existente desde hace años tanto dentro como fuera de España que “la violencia no tiene género”. “No se puede decir que el aumento se deba exclusivamente a los mensajes contra la protección de las mujeres que lanza la ultraderecha pero sí es claro que es un factor que ha influido”, señala el forense Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de género.»

¿Ven los argumentos? Efectivamente, no hay ni uno solo. La violencia «de género» es un fenómeno complejo y de causas múltiples, pero está claro que si ha pasado de 51 a 55 los mensajes de Vox han influido; aunque no exclusivamente. Ese es el «análisis» que retrata al autor.

Veamos más «especialistas». Lucía Avilés, magistrada, y presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas.

«“La actuación de Vox se traduce en que las víctimas miran con mayor desconfianza la protección institucional que se les puede ofrecer y los agresores ven reforzada su conducta”, valora la magistrada y fundadora de la Asociación de Mujeres Juezas Lucía Avilés, que pide un “análisis profundo y objetivo para determinar todas las causas” del último repunte.»

Para empezar y como pueden ver, no parece estar refiriéndose, en la primera frase entrecomillada, a las mujeres asesinadas, sino a todas las víctimas de delitos. Por lo demás, esa primera frase no pasa de ser más que una opinión sin un solo dato que la apoye. De hecho, la misma magistrada pide un análisis «profundo y objetivo».

El último «especialista»: Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres. Dice:

«“Los discursos contra la protección de las mujeres generan dudas en las víctimas y en los dispositivos de protección judicial y policial y mayores situaciones de riesgo, pero no establecería una situación causa efecto directa porque las asesinadas son solo la punta del iceberg de lo que ocurre”»

Como pueden observar, es muy parecido al anterior. Opina algo, sin dar un solo dato que apoye esa opinión y luego introduce una adversativa que, además, no se entiende. Me explico, que las asesinadas sean o no una punta de iceberg no sé que tiene que ver con la existencia de una relación causa efecto «directa» entre ciertos discursos y la creación de «mayores situaciones de riesgo».

Por cierto, resulta también sintomático el uso de la expresión «discurso contra la protección de las mujeres» cuando, textualmente, el discurso de Vox sobre este asunto —que no comparto— no encaja en esa afirmación. Esto se une a la utilización del término «negacionismo». Parece que cualquier crítica a una visión de la violencia doméstica y sus causas que no comulgue con la mainstream (al menos, institucionalmente) inmediatamente se convierte en la negación de datos y hechos y en la defensa de los comportamientos violentos de algunos hombres contra mujeres con las que tienen o han tenido relación sentimental o familiar.

Este artículo es basura propagandística vestida de supuesta objetividad. Una forma no muy sutil de culpar a Vox de que, en 2019, hayan muerto asesinadas cuatro mujeres más que en 2018. ¿Con qué base? Con ninguna. Y, con ello y de paso, la creación de un espantajo que elimine cualquier discusión sobre las bases y la efectividad de las medidas implantadas en España hace ya década y media, y sobre el diagnóstico de un problema que parece estancado (y para el que nos prometieron soluciones). Ya lo sabes: si discutes que la legislación y medidas en esta materia se basen en diagnósticos certeros, sean efectivas y no provoquen problemas colaterales muy serios, eres un negacionista y responsable directo de que mañana maten a una mujer en algún lugar de España.

Como con la Iglesia Adventista del Séptimo Día, está prohibido discutir la segunda venida y los retrasos solo son producto de dos pecados: la falta de fe y no interpretar correctamente las sagradas escrituras.

Lo dicen los especialistas.

 

Reforma de la LOREG

 

Hay una cuestión que no he incluido, por falta de espacio, en la tribuna de hoy en El Mundo. Veo que hay quienes quieren reformar la LOREG para que investigados o procesados por cierto tipo de delitos no puedan presentarse a las elecciones.

Me parece un error. La presunción de inocencia sí es un efecto «fuerte» de derechos fundamentales (no lo es la inmunidad parlamentaria). Una cosa es que se pueda acordar una medida privativa de libertad si hay indicios de delito y se persigue con ello fines constitucionales legítimos, como evitar el riesgo de fuga, la destrucción de pruebas o la reiteración delictiva, y otra es presumir la culpabilidad privando a un ciudadano de la posibilidad de presentarse a unas elecciones y ser votado, sin sentencia condenatoria cuando menos —aunque no sea firme—. Naturalmente, el derecho a presentarte no incluye el derecho a dar mítines o salir de prisión para participar en debates, por lo que estas posibilidades deben valorarse y ponderarse, en caso de prisión preventiva, por el juez que está conociendo para conceder o no permisos.

Cuestión diferente es que se impida a una persona que desatiende el llamamiento de un juez hasta el punto de que se dicte una requisitoria contra ella presentarse a unas elecciones sin acompañar la justificación documental de que ha atendido dicho requerimiento. Esto sí me parece perfectamente razonable. Todos estamos obligados a atender a los llamamientos de los tribunales.

Por lo demás, todo es más sencillo. Bastaría con que los partidos que representan a la inmensa mayoría de los españoles y están supuestamente situados en las zonas moderadas del espectro político y supuestamente defienden cumplir con la ley y acatar las resoluciones de los tribunales actuasen a una en determinados asuntos.

Aprovecho para publicar una captura de pantalla de mi artículo en El Mundo: