Ideas

 

Durante años los partidos políticos idiotizaron sus mensajes progresivamente. Llovía sobre mojado, pero daba igual. El acuerdo tácito entre los españoles y los gobernantes sobre la corrupción, la mentira y sus eufemismos (roba y engáñame, me da igual siempre que lo mío vaya mejor) se quebró con la crisis. Y lo que los partidos hacían antes por estrategia se convirtió en una huida hacia delante cuando la prosperidad se fue al garete. Ya no se trataba de ganar elecciones, sino de salvar el cuello; los mandamases, en pleno estado de pánico, ya no podían rectificar y tratar a los votantes como adultos. ¿Quién iba a creerlos? A ellos, que llevaban años tratándonos como a niños.

Naturalmente, la crisis abrió la puerta a nuevos populistas. El papel lo resiste todo, incluidas las longanizas imaginarias. Y, en todo caso, qué mejor camino que prometer venganza. Si te dicen que tienes derecho a vengarte, la primera consecuencia es que tu culpa se diluye. El culpable es otro y, como estás muy jodido, lo que antes comprabas con cierto cinismo, ahora lo comprarías cargado de razón. Los embusteros e irresponsables de siempre intentaron ponerse a la cabeza de la manifestación, incluso a empujones. Les costó, pero se hicieron hueco. Total, estamos hablando de expertos acreditados en el arte del embuste. En cuanto al precio, ¿a quién cojones le importa el precio? ¿A los que llevaban décadas comprando mentiras?

Este proceso de degradación, pese a todo, dejaba hueco a nuevos actores. Había (y hay) un número X de personas que estaban deseando que empezasen a tratarlas como a adultos. Gente capaz de entender la necesidad de medidas realistas, de admitir grises y matices, de comprender los límites y las inercias, de comprar la necesidad de paciencia para el éxito de políticas pensadas a largo plazo y de valorar las transacciones, los logros adquiridos y las instituciones. Este hueco se abría a derecha e izquierda. No hablo de modelos concretos, sino de una cierta actitud.

De hecho, ese hueco ya existía antes de la crisis. La crisis solo lo hizo más amplio y urgente. En 2006, en su congreso fundacional, Ciudadanos aprobó un ideario. Ese ideario, pese a sus defectos, es el documento más señero nacido en ese partido. Puesto que participé en su redacción y discusión, los editores de una revista digital, hoy desaparecida, me pidieron un artículo. Voy a recuperar una parte de lo que escribí:

«[El ideario] Afirma, antes que nada, que Ciudadanos quiere recuperar y actualizar los principios y valores del liberalismo progresista y el socialismo democrático. Es decir, recuperar la defensa de las libertades públicas, actualizadas en el hincapié en la defensa más intensa de la libertad de expresión y opinión; recuperar la idea de igualdad, actualizada al definirla como igualdad de oportunidades; recuperar la idea de fraternidad o solidaridad, actualizada como solidaridad entre ciudadanos y también entre estados.

Alguien puede preguntarse si la defensa de la libertad de expresión y opinión, como hito remarcado, supone realmente la actualización de la idea de libertad. Indudablemente, tal y como se expone, lo es. Hasta el punto de merecer un artículo en exclusiva, el artículo más brillante de todo nuestro ideario, el único que copiaré íntegro, que dice: “Cs defiende la libertad de pensamiento, es decir, el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de poner en cuestión las religiones, así como cualquier sistema de creencias, tanto religiosas como políticas, incluido el nacionalismo. Cs rechaza el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad y el irracionalismo, y se reafirma en las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos y búsqueda de la felicidad. De ahí que defienda el libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, el juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad”.

En esas pocas palabras hay un programa brutal y disolvente, como escribí en cierta ocasión al hablar de la Declaración de Independencia. Es un programa racionalmente consecuente con esas ideas en las que creían algunos varones blancos, que nunca pensaron en mujeres negras. Ésa es la fuerza de una gran idea. Se escapa al control del autor, invadiéndolo todo, permeando nuestra visión de las cosas. Los revolucionarios franceses y americanos creían en la libertad, pero hasta cierto punto. Unos adoraban la razón y la fraternidad y otros el sentido común y la felicidad, pero entre sus iguales no incluían a las mujeres o a los salvajes. Ni incluían tampoco su propia revolución. Por esa razón, de la miseria pudo surgir el socialismo científico, tan cercano en sus orígenes a esas revoluciones democráticas y tan desnaturalizado en su conclusión. Se había perdido de vista la felicidad del ciudadano y la libertad de opinión, en un error trágico. Volver, actualizándolas, a esas ideas, nos permite recordar el espíritu que las inspiraba: hombres que usaban su razón no acertaban a comprender por qué tenían que existir privilegios —contrarios al sentido común que afirma la igualdad de los hombres— que podían arruinar su felicidad y la de los suyos, castrándoles en lo más sagrado, su capacidad de analizar el mundo y obrar en consecuencia, libremente.

Los terribles y llenos de esperanza últimos doscientos años nos exigen esas afirmaciones: la libertad es sobre todo libertad para pensar. Para pensar distinto del otro, incluso para representarse un mundo completamente distinto del otro, aunque ese otro mundo sea un mundo de creencias. Y esa libertad, para ser una libertad también de los otros, tiene dos basas imprescindibles: la conciencia de los límites de la realidad y la afirmación positiva de la razón como vehículo del pensamiento político. Por desgracia se trata de una afirmación revolucionaria hoy. Esas ideas, locales en su origen, que maduran en un momento histórico, en una cultura relativamente homogénea, chocarán con la riqueza y complejidad del mundo. El éxito de Occidente las trasladará a todas partes, produciendo, a la vez, la contradictoria consecuencia de que la única sociedad que se plantea un modelo de conocimiento universal termine sosteniendo la igualdad de los valores de su cultura con los de otras que nunca asumieron con profundidad el pensamiento crítico. De la falsa superioridad intelectual de los estudiosos occidentales que renuncian al sentido común que inspiró y permitió sus métodos científicos se derivará, paradójicamente, el relativismo cultural. Por eso es revolucionario recordar, actualizándolo, el principio de libertad de pensamiento. Se puede pensar cualquier idea o conjunto de ideas. Por esa razón no se puede imponer un conjunto de ideas que niegue esa libertad, aunque ese conjunto de ideas se remonte a los albores de la humanidad. La acechanza del miedo a la libertad, unida a la muelle conservación de los privilegios, ha eclosionado en nuestras sociedades, manifestándose en una apatía en la defensa de nuestra libertad básica. Se oculta esa apatía bajo etiquetas vergonzantes como tolerancia o alianza de civilizaciones. Nosotros denunciamos esa apatía.

Las consecuencias de esa denuncia son, además, profundas. Creemos que la política activa de un partido no puede fundarse en los sentimientos o en las creencias, sino en lo objetivo y mensurable. Sólo así es posible el control ciudadano. Por esa razón, y porque la política activa no debe servir para la creación, mantenimiento o impulso de visiones sentimentales o mundos fantásticos como los que informan los nacionalismos o fundamentalismos religiosos.

Creemos que los derechos humanos solo tienen un titular: el ser humano, sin matices ni limitaciones de ningún tipo. No creemos en la prevalencia de la cultura o de imaginados derechos colectivos sobre el destino de los hombres. Por eso denunciamos la ambigüedad y el relativismo morales. Es insoslayable declarar que no hay razón o principio, por tradicional, añejo o querido que sea, que justifique el sufrimiento de las víctimas. Las víctimas no son números, son seres humanos individuales, dotados de razón y de derechos. Es la hora de afirmar, cueste lo que cueste, la primacía del ciudadano sobre la tribu.

Esa primacía se refleja en la ley.  Afirmamos el valor de la ley frente a la “voluntad” de la turbamulta. Una consecuencia de la llamada a la razón es reconocer la base biológica de nuestra conducta, nuestros miedos, nuestras reacciones incontroladas, el amor por la tribu, el miedo al diferente. Por esa razón se crean instituciones formales. Por esa razón se aprueban normas de contenido universal. Para protegernos de nuestros instintos, sobre todo cuando nuestro instinto se transmuta en instinto de la tribu. Expresamente, por esa razón, se afirma la primacía de la ley vigente frente a la violencia terrorista.

El corolario local de todo lo anterior es admitir que las instituciones que existen en nuestro país tienen un origen histórico, que no puede negarse para construir otro mítico, sobre todo cuando, con ello, sólo se termina despilfarrando las energías de todos, que deben dirigirse a aumentar las posibilidades de desarrollo de cada ciudadano. ¿Qué sentido tiene desmontar nuestra nación para la consecución de paraísos imaginados, cuando lo racional es preocuparse del bienestar de los individuos que la forman?

Son ideas para todos. Pero para llevarlas a la práctica es preciso asegurar además, materialmente, ciertas necesidades. Ahí se defiende de nuevo la aplicación de un programa racional. Frente a sistemas de ideas que parten de conjuntos de soluciones “a priori”, defendemos la necesidad de ajustar la respuesta de las instituciones a las soluciones más adecuadas, aunque se “salgan” del manual ideológico. Lo único indiscutible es la obligación de mantener ese sistema, sobre todo en sus aspectos más sensibles: educación, salud y subsistencia.»

Si Ciudadanos hubiera recordado su ideario, qué fácil habría sido distinguirlo de los partidos tradicionales y de los nuevos partidos populistas. Para ello tendría que haber sido fiel a estos principios flexibles. Si no totalmente fiel, sí lo bastante como para resultar reconocible.

El líder de un partido así podría haber sobresalido en el circo de ayer. De hecho, después de llevar años combatiendo la mentira, la corrupción y la debilidad de principios de los partidos de siempre, y de haber denunciado el programa vengativo y sectario de los nuevos trileros populistas de izquierdas, podría haber hecho exactamente lo mismo con el líder de un partido de ultraderecha, nacionalista y xenófobo, que ayer se hartó de mentir y acariciar los peores instintos de tantos españoles. Por cierto, algunos de esos españoles se llevaban las manos a la cabeza cuando los populistas de izquierdas vendían mierdas similares que solo se distinguen por el color del envoltorio. Qué cosas, ¿verdad?

No tuvimos esa suerte. Se perdió la ventana de oportunidad y volvemos a estar como siempre. Tenemos que escoger entre embusteros sin demasiados principios que solo se preocupan por decirnos lo que creen que queremos oír, o gente igual de mentirosa, pero que además está empeñada en reventar el sistema. Y me da igual si son cínicos irresponsables que creen que pueden parar y dar media vuelta, o iluminados que se creen de verdad sus delirios.

Los asesores y los que están todo el día analizando entrañas no estarán de acuerdo, por supuesto. Cómo se van a equivocar ellos. Total, el ideario es eso que se escribe para que nadie vuelva a leerlo nunca.

 

Hipócritas

 

Llevo tantos años escribiendo sobre la banalización de la violencia y del incumplimiento de la ley que, al releer antiguas entradas de mi blog, encuentro esparcidas las mismas ideas, año tras año.

Podría, hoy mismo, copiarlas, cambiando solo algún nombre propio. Vean esta, sobre María Antonia Trujillo, antaño diputada y ministra. Díganme si no podríamos aplicarlo a lo sucedido en Barcelona hoy mismo.

Sí, hoy. Lo maravilloso es que, también hoy, los que llevan décadas callando —en el mejor de los casos— o aplaudiendo toda esta basura cuando la esparcían «sus chicos» están empezando a poner el grito en el cielo porque vienen los fascistas.

Por lo visto querían que la fiesta fuera solo para ellos. Se olvidaban de que redactaron las invitaciones y las dirigieron a «gente que está hasta el gorro».

Enhorabuena, cabrones. Ya llaman a la puerta.

 

Ya he botado

 

He votado. En las europeas, a Ciudadanos. Me convence su lista más que las de otros partidos. Y ALDE es el grupo que está más cerca de aquello que me parece mejor para el indestructible proyecto europeo. En las municipales y autonómicas también he votado a Ciudadanos. Lo menos malo. Por desalojar a ese producto propagandístico, a esa pesadilla cursi, de nombre Manuela Carmena. El PSOE es invotable, encantado como está de encamarse con Podemos. El PP ha presentado a gente mu loca que dise cosas mu raras. En cuanto al otro partido importante, Voxdemos, solo deseo que se estrellen electoralmente y poder seguir disfrutando de este criminal sistema capitalista que mata a millones y promueve el bestialismo entre los supervivientes.

He votado a Ciudadanos, ese partido que lleva meses dando bandazos incomprensibles, que ha dado un espectáculo tan lamentable esta primera semana de oposición y al que tengo tanta manía, según algunos clarividentes. Así que, ya ven, tenían razón esos otros clarividentes que predecían, cuando hace meses vociferaba contra Vox, que pronto tendría un carguito en Ciudadanos. Si no ha caído todavía, es porque estoy ebrio de autoridad.

 

Lo único bueno que podría pasarnos

 

Lean:

El Tribunal Supremo no ha argumentado NADA sobre esto. Nada de nada. Se limitó a decir que un diputado podía estar preso, porque así estaba previsto en el Reglamento. No dijo, en ningún momento, que los presos concretos de los que hablamos estuviesen suspendidos por aplicación de dicho Reglamento o debieran estarlo. De hecho, el propio informe —que parece no se ha leído nadie— en ningún momento dice estar contradiciendo nada acordado por el Tribunal Supremo ni tampoco alguna de sus «argumentaciones».

Hay una campaña para mostrar una supuesta politización del Tribunal Supremo en este asunto. Una campaña evidente —a falta de indicios, están utilizando algo tan endeble como un argumento inexistente—. Porque, si se convence a la gente de que ha entrado la política en la sala, será más fácil una solución que pase por dejar de lado una sentencia condenatoria, sobre todo si hace suyas las tesis más intensas de las acusaciones. Esta campaña, impulsada y asumida con fuerza por algunas defensas desde el principio —normal, les conviene—, se ha filtrado desde los creyentes a los que estaban dispuestos desde siempre a la concesión.

El estado de la cuestión se resume muy bien estos dos tuits:

Lo bueno es que los jueces «sean suaves». Para desarmar el discurso y que los «independentistas» moderados tiren «para atrás».

Es deprimente. Ni se plantea que lo correcto sea aplicar la ley penal. Llevamos meses de juicio, centenares de testimonios. Todo para averiguar si se cometieron delitos y por quién. Para llegar a una conclusión razonada sobre ciertos hechos. No dura o suave; razonada, prudente y legal. Hacer esto arma el «discurso dictaduroso» y, por supuesto, esto es malo. Lo correcto no es rebatir el discurso falso, sino ceder para que los que lo utilizan no se enfaden. Y, de paso, reforzar las otras partes falsas de ese discurso: todo fue correcto y democrático, y no hubo golpe de Estado, sino todo lo más alguna infracción administrativa. ¡Hasta el fascista Estado español  lo habría reconocido! Venga, hagamos lo mismo con otros discursos de otros populistas de derechas y tomemos unas pocas medidas idiotas e infames contra, por ejemplo, los inmigrantes, para desarmar el discurso de los más radicales de aquellos y conseguir que los ultraderechistas moderados «tiren para atrás». Por cierto, lo bueno es una absolución que no arme a «unos», como si «otros» no pudiesen concluir que esa absolución es prueba de alguna traición. Como si declarar la bondad de ceder al chantaje no sirviese para acreditar al común que el chantaje es útil y que quizás haya que empezar a utilizarlo.

Vean que hablo de la ley penal. Porque el grosero incumplimiento de otras leyes (en primer lugar de la más importante, la Constitución) ni se menciona. Ya sabemos que los líderes secesionistas las ignoraron a sabiendas y presumiendo de que lo hacían. Pero es a esta gente a la que hay que contentar; no a los ciudadanos que creen que no deberías poder incumplir las normas sin consecuencias. Lo más divertido es que los mismos que están dispuestos a mirar para otro lado para evitar la gresca, luego querrán que la ley se cumpla en todo aquello que sea sagrado para ellos.

A estas alturas del juicio, a falta solo de la prueba documental y de los informes finales, me he formado una idea de cuál debería ser el resultado del proceso y voy a aprovechar para exponerla, sin argumentarlo, que ya habrá tiempo de sobra para ello: no hay prueba de rebelión ni de conspiración para la rebelión; algunos —no todos— de los acusados deberían ser condenados por sedición; se ha probado la malversación, aunque habrá que razonar a quién alcanza conforme a la prueba; la condena por desobediencia es prácticamente inevitable. Ahora bien, cuando se dicte la sentencia me tomaré el tiempo de leerla, de contrastar sus conclusiones con las mías y de conceder a los argumentos de tan ilustres juristas las oportunidades necesarias para desmontar los míos; y a pesar de que se aparte mucho de esta opinión previa —en una dirección u otra— no reaccionaré interpretando de entrada que los magistrados han hecho otra cosa que no sea su trabajo. Juzgaré los resultados por sus pilares, no por mis expectativas.

Esta debería ser la conducta de todos. Sin embargo, tengo la certeza de que, antes de que nadie lea la sentencia, casi todos habrán opinado sobre ella conforme a sus prejuicios. Digo antes de que nadie la lea. Lo de que la juzguen solo los que la realmente la comprendan es el deseo imposible de un mundo perfecto en el que la mayoría cree en sus instituciones y trabaja para mejorarlas, no para derruirlas. Eso sí sería lo único bueno que podría pasarnos.

 

Los apaciguadores

 

Una vez más, un montón de gente ha decidido que los dirigentes de un partido político no pueden ir a un pueblo de España a hacer un acto público. Que eso se hace para crispar y para obtener rendimiento electoral. Que se hace para provocar reacciones. Que no es prudente. Que no es adecuado.

Estas personas son las mismas que silban cuando se homenajea a un etarra que sale de prisión o cuando se blanquea a un tipo al que acaban de detener, responsable directo de la muerte de muchas personas, y, entre ellas, de varios niños. Lo hacen por las mismas razones. Se trata de no avivar las conductas que se han dejado atrás y seguir, todos, por la senda constitucional. Además, qué cojones tenemos que decir los que vivimos en otras partes. Como si supiéramos de qué hablamos.

Sin embargo, mira que es sencilla la cuestión. La normalidad que no hay que alterar es la que debería permitir a cualquiera ir a cualquier lugar a exponer sus opiniones, con independencia de la bondad o maldad de sus motivos. La que debería admitir que se pueda decir, a la cara de los vecinos, «amigo das asco», si piensas que es un héroe alguien que pegaba tiros en la nuca y ponía bombas. La misma normalidad que nos permite decirle al nazi que es un repugnante nazi debería llevar a la gente a repudiar a los que hacen una pantomima de desinfección tras una concentración en la que se llama asesino a un asesino. Pero no, repudian a los concentrados.

Los que acusan a Rivera y Pagazaurtundúa de crispar son cómplices. A lo mejor, ni lo saben. Quizás no hayan hecho el esfuerzo de introspección necesario para salir de su burbuja infecta. Es tan difícil hacerlo, sobre todo si alrededor de una hoguera los miembros de la tribu cantan una triste canción sobre la culpa colectiva y te la crees porque te facilita el relato autobiográfico y el día a día.

Quizás el problema es ese. Demasiadas décadas en la zona gris. Como la madre que descubre que su hijo es un asesino múltiple y no puede dejar de quererlo, lo que nos dicen muchos es que no hagamos ruido, que tienen que convivir con gente con el cerebro lleno de mierda y nosotros no vivimos allí. Qué equivocación. Si algo nos enseña la historia es que en todas partes hay personas con el cerebro enmierdado. A veces, esas personas son tus padres o tus hijos o tus amigos de la infancia. Lo malo es que se reúnan y se organicen. Que encuentren una causa y líderes. Y que los demás se callen cuando sacan las antorchas y se ponen a desfilar.

* * * * *

Mucha gente ha comenzado a escribir un inmundo relato sobre el juicio en el Tribunal Supremo. La visión, día a día, de lo que sucedía en la sala, y el comportamiento de los magistrados y, en concreto, del magistrado Marchena, estaba complicando en exceso el escenario en el que el golpe de Estado no ha existido —casi un malentendido— y todos hemos de abrazarnos fraternalmente, darnos la paz, y pelillos a la mar. Así que se han inventado una conspiración en la que Marchena es un diabólico Fu Manchú que ha torcido la voluntad de la soberanía popular. La tesis es tan estúpida que solo la comprarán los pitonisos que anticipan el futuro. Una tesis que, por cierto, olvida que las decisiones las están tomando siete magistrados y, hasta el momento, lo están haciendo por unanimidad.

Y todo esto se aliña con el runrún. El nuevo presidente del Senado, hoy, afirma esto:

NOTA: desde aquí la entrada se ha cambiado al rectificar El País el texto de la entrevista (dejo lo incorrecto, tachándolo, y añado lo nuevo en color morado). Uno, como pueden ver, hace ,mucho que no efectúa análisis considerando los titulares. Ni siquiera los titulares entrecomillados.

P. ¿Cree que la situación en Cataluña no cambiará hasta que acabe el juicio y haya sentencia?

R. Me parece lo más probable. Hay un escenario que podría reconciliar todo reconsiderar esto, y es que hubiera una la sentencia fuera absolutoria. Bueno, es una posibilidad, yo no voy a entrar en eso. Si no es así, parece claro que generará una respuesta en Cataluña porque los sectores independentistas reaccionarán. Y es posible que esos mismos sectores intenten extraer un rendimiento electoral del malestar de la ciudadanía. Lo cierto es que actitudes moderadas por parte de las formaciones independentistas podrían penalizar a quien las tome y probablemente eso es lo que pasó con el veto de los partidos independentistas [ERC y Junts per Catalunya] a Iceta.

La tercera autoridad del país, antes de que los magistrados dicten sentencia aplicando la ley, afirma que «todo» «esto» se reconciliará reconsiderará si se absuelve a los acusados. Porque, en otro caso, los sectores «independentistas» reaccionarán. Por lo visto, este hombre ni se plantea, si hay una absolución, que los sectores no «independentistas» reaccionen y se radicalicen. No se lo plantea o simplemente actúa como si no existieran, como si esos millones de catalanes fuesen invisibles. Solo importa lo que hagan los secesionistas. Recordemos que se juzga a líderes secesionistas.

El mensaje soterrado es manifiesto: a los que presuntamente se saltaron la ley penal mejor no les apliquemos las consecuencias previstas en ella, no vaya a ser que «reaccionen». ¿Que reaccionen cómo? ¿Quizás saltándose la ley, la penal y la que no lo es? En cuanto a los otros, que les den; seguro que tragarán con cualquier cosa .

Yo solo deseo que el tribunal dicte una sentencia ajustada a derecho y adoptada en conciencia. Qué tiempos aquellos en los que uno habría esperado que el presidente del Senado se limitase simplemente a decir esto mismo.

No, no os han dado la razón

 

La mesa del Congreso ha decidido declarar la suspensión de los cuatro diputados secesionistas procesados y presos.

Ha considerado, imagino, para ello, el informe de los letrados.

Personalmente —y al margen de  posibles consideraciones políticas en las que no entro—, creo que la presidenta del Congreso ha acertado en solicitar el informe a los letrados y falló gravemente al pedir inicialmente algo similar al Tribunal Supremo. Habría sido más sencillo pedir el informe a sus letrados desde el primer momento y no marear la perdiz.

No obstante, veamos cuál ha sido el comportamiento de Ciudadanos:

Comenzaron con esto:

Escritos similares fueron presentados por el PP y Vox.

Ahora, a partir de ese momento, se deslizaron por el tobogán de los mensajes enfáticos y populistas.

Por ejemplo:

O:

Y termina hoy con este mensaje:

Por cierto, ha sido borrado uno previo, más disparatado:

 

Tengo más tuits y opiniones de dirigentes de Ciudadanos y de personas afines al partido, bastante lamentables. Pero voy a resumir esta escalada con el siguiente tuit:

Nos dice Pedro Herrero que cómo va a haber filibusterismo del PP y Cs si el informe de los letrados dice «exactamente» lo que ellos pedían. Veamos lo que pedía Ciudadanos:

Como pueden observar, Ciudadanos pedía la suspensión por aplicación de los artículos 21.1.2º y 31.1.7º del Reglamento del Congreso.

Veamos qué dice el informe de los letrados sobre esto:

No es que el informe no diga exactamente lo mismo que pedía Ciudadanos, es que dice exactamente LO CONTRARIO.

Concluyo diciendo que los primeros días de oposición de Ciudadanos en el nuevo Congreso están siendo muy deficientes.

Ah, el asesinado es un hombre. Excelente noticia.

 

Esto es extraordinario. Es difícil encontrar una manifestación más cristalina de doble moral. Escúchenlo:

La misma persona dice que Madrid es una ciudad segura porque solo hubo 16 asesinatos en un año. Sin solución de continuidad, manifiesta lo preocupante que es que 5 fuesen mujeres.

Que haya 11 hombres es una señal de extraordinaria seguridad. Que haya 5 mujeres es motivo de alarma.

Naturalmente, todos los asesinatos nos parecen malos, pero hay razones para argumentar que, en una ciudad de casi cuatro millones de habitantes, la cifra de 16 asesinatos es muy pequeña. Que es, en ese sentido, una cifra excelente.

Pero, como no puede admitir que esto desemboque en la inevitable conclusión de que 5 mujeres asesinadas, en una población de casi dos millones, sea una estadística también —más aún— extraordinariamente baja, ya que esto podría poner en duda que los «feminicidios» sean una plaga, un problema de gravedad extrema y que nos esté «matando a todas» una subespecie del terrorismo, se produce la disrupción, el salto en el vacío y el abandono de la razón, y del uso de la estadística se pasa al inmediato «ni una más». A la tolerancia cero.

Los hombres pueden morir violenta e injustamente y que mueran pocos ser una buena noticia porque sigue siendo inevitable un cierto número de crímenes en poblaciones tan grandes; las mujeres, no.

Un todo es bueno. Una parte de ese todo es malo. El todo está definido por una característica: está formado por seres humanos. Las partes por otra: el sexo de esos seres humanos. Podría haber sido la raza o la clase social. Si la parte es mala, la única explicación es que las mujeres valen más que los hombres, que la vida de una mujer vale más que la de un hombre.

Con personas así no cabe la discusión civilizada. Están poseídas por una irracionalidad maligna.

 

Carcasas vacías

 

Dice Carmen Calvo:

«Es que, antes lo estaba diciendo, la Constitución española en el artículo 14 solo dice que está prohibida la discriminación por sexo pero nuestra Constitución no tiene planteado todavía el principio fundamental de la igualdad entre hombres y mujeres como la tienen otras Constituciones europeas»

No, el artículo 14 de la Constitución Española dice algo más. Dice «Los españoles son iguales ante la ley«.

No hay ninguna manera de interpretar esa frase que no suponga que los hombres y las mujeres son iguales ante la ley. Ninguna.

El artículo continúa diciendo:

«… sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

La coletilla final es la cláusula de cierre. Lo anterior son los ejemplos concretos que se decidió considerar. Es decir que, para la Constitución española:

a) Los nacidos dentro del matrimonio y los nacidos fuera son iguales.

b) Los blancos, los negros, los asiáticos, los gitanos, lo [incluya su raza favorita] son iguales.

c) Los hombres y las mujeres son iguales.

d) Los ateos y los católicos y los musulmanes son iguales.

e) Los comunistas y los liberales son iguales.

Además, hay que tener en cuenta que (art. 9.2):

«Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social

Lo demás es retórica. Énfasis. Sí, en otras constituciones se dice de otra manera. ¿Y qué?

Vivimos una época en la que muchas guerras ideológicas y culturales ya no tienen sustancia. Son pura carcasa vacía. Guerra por la presencia utilizando polémicas imbéciles. O peor, en la que se pelea por imponer por la puerta de atrás la división social en grupos, en lobbies, a menudo inventados, para atribuirles derechos, intereses y padecimientos impostados, supuestas injusticias y estabular a la gente metiéndola en su cajita correspondiente conforme a su sexo, a su raza, a su condición social, a la lengua que usa o a la penúltima gilipollez que te permita identificar una tribu en la que puedas sentirte como en casa y con razón. Que permita a esta generación ociosa jugar a las naciones y a la atribución de maldad.

En realidad, esos movimientos no buscan la igualdad de los individuos, sino la aplicación de ingenierías. No quieren categorías que nos incluyan a todos. Palabras como ciudadano o ser humano o ser libre les producen alergias. Porque nos incluyen a todos y nos permiten identificar la injusticia concreta. Y ellos no quieren resolver injusticias concretas. Eso es muy aburrido. Es mucho más divertido formar parte de los elegidos.

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Hay algo pasmoso en esto:

AOC afirma que la 22ª enmienda se aprobó para evitar que Roosevelt fuera reelegido. Pero la enmienda no se presentó en el Congreso hasta 1947, es decir, dos años después del fallecimiento de Roosevelt

Claro, el asunto de los mandatos surgió en las anteriores elecciones; en particular, en la última reelección de Roosevelt, Dewey, el rival republicano alertó sobre el peligro de un mandato presidencial de 16 años (que no se completaron por la muerte de aquel). Pero era un argumento de campaña. Un argumento para que no se eligiera por cuarta vez al presidente demócrata. Un argumento que no le sirvió a Dewey para evitar la derrota.

Lo acojonante es que, cuando los congresistas republicanos, que en su campaña de 1946 (en muchos casos) habían prometido iniciar esta reforma plantean la iniciativa expresamente incluyeron una salvedad: que la enmienda no podía afectar al presidente en el cargo, que era demócrata:

Section 1. No person shall be elected to the office of the President more than twice, and no person who has held the office of President, or acted as President, for more than two years of a term to which some other person was elected President shall be elected to the office of the President more than once. But this Article shall not apply to any person holding the office of President when this Article was proposed by the Congress, and shall not prevent any person who may be holding the office of President, or acting as President, during the term within which this Article becomes operative from holding the office of President or acting as President during the remainder of such term.

Es decir, que esta enmienda no solo no podía tratar de evitar la reelección de Roosevelt, ya fallecido, sino que tampoco se habría aplicado a Truman, su sucesor. O al propio Roosevelt, de haber estado vivo.

Eso sí, aunque los datos no solo no confirman lo que dice Ocasio-Cortez, sino que la hacen quedar como una ignorante o una trolera, seguro que moralmente tiene razón.

Y además, el rojo de sus labios es poderosísimo.

Lastra es portavoz del PSOE

 

Adriana Lastra, portavoz del PSOE ha escrito un tuit que ha dado lugar a polémica y a una acusación de mentirosa.

Pero lo mejor es que vean la secuencia completa, porque tiene mucha gracia. Todo viene de una entrevista a Albert Rivera:

1.- Primero veamos qué dice Rivera. Por favor escúchenlo completo. Es obvio que Rivera cuando menciona que la gestación es «sin dinero de por medio» se está refiriendo precisamente al planteamiento inicial de Julia Otero: vientres de alquiler. Es decir, a que una mujer cobre una remuneración COMO PRECIO por gestar y dar a luz. Todos sabemos qué es eso. Yo, en mis presupuestos, explico que mis servicios como abogado valen XXX € y que, además y al margen, el cliente me pagará los gastos de hotel o de restaurantes o de transporte, pero no porque yo gane dinero con esto, sino para no perderlo. No sigo, que dar más explicaciones es como llamarle a usted, querido lector, idiota.

2.- Más tarde, esta tuitera —a la que no conozco— publica este tuit:

Es un tuit o imbécil o malintencionado. Pero que demuestra que ha escuchado la entrevista, porque esa expresión («dinero de por medio») surge en la entrevista. Por cierto, no la usa Rivera inicialmente, sino que se incluye en la pregunta de una periodista y es evidente que se refiere a la existencia de una remuneración. La tuitera, o sabe esto y manipula, o cae en el imbécil vicio del literalismo y salta: ¡que sí, que sí, que hay dinero y Rivera miente!

Lo curioso es que, al citar la proposición de ley, remarca en amarillo y borra alguna parte interesante de la propuesta de Cs.

Sí, no se ve eso de cubrir los gastos «estrictamente derivados de las molestias físicas, los de desplazamiento« y otras partes. Pero, vamos, que leyendo el resto, cualquier persona alfabetizada sabe de qué se trata, ya que se lee en el propio título que es de naturaleza altruista, que la compensación es resarcitoria (es decir, que resarce gastos, por lo que NO HAY BENEFICIO) y que hay que aprobar un reglamento que asegure que esto no sea un coladero que desvirtúe la naturaleza altruista de la gestación subrogada.

Vean también el detalle de que la tuitera menciona que «plantean una compensación económica», pero sin poner comillas, ya que no cita a Rivera. ESo es obra de ella.

3.- La portavoz Lastra retuitea a la tuitera, pero hace algo más, escribe su propio tuit, y ya no queda claro si ha escuchado a Rivera, porque dice que Rivera miente al negar que exista una «compensación económica»:

Sin embargo, Rivera no ha negado eso. En absoluto. Ojo, y dice QUE ES LO PEOR QUE HA DICHO. Algo que no ha dicho es lo peor que ha dicho. Así que, o Lastra miente y manipula o Lastra hace la del teléfono escacharrado y toma como literal lo que en el tuit anterior no es literal. Pueden escoger si es una irresponsable, si es una manipuladora o si es ambas cosas.

Más aún, Lastra conoce perfectamente el proyecto de ley. Perdón —qué tonto—, debería conocerlo, que uno ya no sabe lo que nuestros políticos saben. Sobre todo algunos.

Algo más, la captura con trozos ilegibles por la marca amarilla no es de Lastra, es de la tuitera.

4.- Y el final es que un montón de gente se lanza al cuello de la portavoz. Sobre todo gente de Cs o cercana a Cs. Y la acusa de poner las tachaduras en esos lugares aposta.

Que conste que se lo merece. Pero lo verdaderamente gracioso es que es posible que se trate de simple negligencia, por lo que he dicho: cualquier persona con dos dedos de frente y que sepa leer en español, leyendo lo que no está tachado, sabe que no se propone que se pague una renta por el alquiler de un vientre. Que es lo que se hace CUANDO SE ALQUILA ALGO, obtener un beneficio. Que se pretende compensar una labor altruista.

O, para que se comprenda, en Canadá, pagar un vientre de alquiler te puede llevar a la cárcel 10 años, pero se admite la gestación subrogada y el pago de lo siguiente:

  • travel expenditures, including for transportation, parking, meals and accommodation
  • expenditures for the care of dependents
  • counselling services
  • legal services
  • drug costs, as defined in Section 2 of the Food and Drugs Act
  • expenditures for products or services that are provided to assess, monitor and provide healthcare to a woman during her pregnancy, delivery or the post-partum period
  • maternity clothes
  • costs related to the delivery
  • costs for health, disability or life insurance coverage
  • costs for obtaining or confirming medical or other records

Esto es lo más divertido: una vez más Lastra actúa y uno no sabe con qué versión quedarse. Yo creo que no tiene escrúpulos, que es manipuladora, que tiene la estructura de un cubo de playa y que no comprende un porcentaje elevadísimo de las cosas sobre las que habla. El cóctel es tremendo y es una apuesta arriesgadísima optar por una u otra versión de la génesis de los hechos.

 

Ojalá sea solo un timo más

 

El PSOE, en su programa electoral para estas elecciones, incluye este disparate:

Dejaré de lado eso de que la supresión del delito de abuso sexual —algo que, además, es mentira con seguridad, solo van a cambiar el nombre: las conductas no se «suprimen» como delito— no transmite «adecuadamente» el carácter coactivo de los delitos contra la libertad sexual —cuando el abuso precisamente es un delito CONTRA LA LIBERTAD sexual—; por lo visto hay que hacer un código penal con dibujitos, marionetas, vídeos o alguna putamierda de hashtag.

Voy a centrarme en eso de que el consentimiento en cualquier relación sexual deba ser «explícito» y que «si una mujer no dice que sí, todo lo demás es no».

Hay dos maneras de entender esto:

La primera: cuando usan la palabra «dice» y hablan de consentimiento explícito se refieren a cualquier forma de expresión. Puede ser hablada, escrita, por lengua de signos, por gestos o por comportamientos inequívocos. Por ejemplo, ella no verbaliza nada, ni escribe sí en una libreta o en un correo electrónico, pero a la pregunta de él acerca de si le apetece mantener una relación de índole sexual, sin decir ni mu, le baja la bragueta a él y le hace una felación. Vamos, que explícito incluye también implícito. Es implícito porque la conducta que ella realiza incluye el consentimiento, sin expresarlo. Pues bien, si se refieren a esto, NO HAY QUE CAMBIAR NADA. La ley actual ya habla de ausencia de consentimiento (que se presume inexistente en niños o en una persona inconsciente) o de un consentimiento viciado en los casos de abusos. Ya está. Por tanto, lo que se promete es una trola para que las mujeres crean que cambia algo.

La segunda: que es la que más se ajusta a la literalidad de lo que afirman, que solo se considerará que una mujer dice sí cuando diga sí. Y si no dice que sí, TODO LO DEMÁS ES NO y no hay consentimiento. En este caso, en el ejemplo que he expuesto, él habría cometido un delito.

Analicemos esta segunda opción. En primer lugar, resulta contrario a una serie de principios básicos en materia penal. Por ejemplo, al de que debe buscarse la verdad material. Es decir, debe procurarse saber si ella consintió; no saber si consintió explícitamente. Lo segundo, que la norma penal solo debe castigar conductas que afecten a un bien jurídico. En el caso de los delitos contra la libertad sexual, EL BIEN JURÍDICO PROTEGIDO ES PRECISAMENTE LA LIBERTAD SEXUAL. Solo una conducta que afecte a la libertad de las mujeres —hablo y seguiré hablando de mujeres porque, aunque parezca acojonante, el programa habla SOLO de mujeres— debe ser delictiva. En tercer lugar, que las presunciones, en general, y más aún si son iuris et de iure, en materia penal, son un recurso incivilizado salvo en circunstancias extraordinarias y muy justificadas (como lo es presumir que un bebé de dos años no puede prestar un consentimiento válido para una actividad sexual, por ejemplo). Por tanto, presumir, sin posibilidad de prueba en contrario, que un consentimiento para mantener relaciones sexuales no existió por no ser explícito en esos términos atenta contra esa regla básica.

Y esto sin tener en cuenta otras cuestiones como el error de hecho o el que las agresiones sexuales solo son delitos si son dolosas (es decir, voluntarias). En la segunda versión, el dolo exigible implicaría que un hombre comete un delito al admitir mantener relaciones sexuales con una mujer incluso estando seguro de que ella quiere (por ejemplo, deduciéndolo de su comportamiento) e incluso aunque estuviese conforme con esa apreciación cualquier tercero objetivo en abstracto, por la circunstancia de que ella no lo hubiese dicho explícitamente, y por el hecho de saber esto y aun así seguir adelante.

Es decir, en vez de atender a la realidad tal y como la percibiría cualquier observador objetivo, atenderíamos a la voluntad de la víctima (no antes, en el momento de la relación sexual —en el que es indiscutible que solo importa su libertad—, sino después, a la hora de que se decida si es o no delictiva); es decir, podría decidir si algo es o no delito en su esfera interna y con independencia de sus actos. Esto abriría la puerta a que algo no fuese delito en el momento de los hechos (ella consiente en su fuero interno y lo sabe), pero que pasase a serlo cuando denuncia (al no existir un consentimiento explícito y hacerlo valer).

Incluso se podría dar el supuesto de que ella denunciase y que, más tarde, reconociera haber consentido (solo implícitamente) y, por tanto, haber actuado libremente. Este reconocimiento carecería de valor alguno, ya que se trata de delitos semipúblicos, no disponibles por la víctima, una vez denuncia. Y él debería ser condenado.

En realidad, esta reforma anunciada es tan descabellada (en su versión b) que solo puede interpretarse en un sentido más prosaico, pero igual de grave. Dirán que estoy ridiculizando y que por supuesto que cualquier consentimiento claro que resulte de la conducta de una mujer es válido y que eso es lo que significa explícito y que el ejemplo que pongo es una caricatura. Añadirán que el problema lo tenemos con situaciones dudosas en las que él puede haber creído que sí, pero en las que ella dice que no existió consentimiento. Y que, en estos casos, lo que hay es que partir de que no existió el consentimiento. Véase, de entrada, que esto no es lo que se anuncia, sino otra cosa.

Lo malo es que el problema sigue siendo peliagudo porque existe un principio civilizado básico en derecho penal que es el de presunción de inocencia. Se presume la inocencia y el que acusa ha de probar. Esto no implica que se presuma el consentimiento, sino que no se presume el delito. Es decir, implica que quien acusa a otro de haber realizado una conducta (sexo sin consentimiento) ha de probar que el sexo existió y ha de probar de alguna forma admitida en derecho que no fue consentido. Y esto segundo es preciso porque LAS PERSONAS MANTIENE RELACIONES SEXUALES CONSENTIDAS CONSTANTEMENTE. Es decir, el asunto se convierte en un problema no de fijación de la conducta penada, sino en un problema de prueba. En el viejo problema de prueba. De hecho, y aunque a veces se diga que no, la prueba testifical de la víctima, por sí sola, puede ser —y es, a veces— prueba de cargo suficiente en nuestro derecho para condenar (en una práctica que personalmente me preocupa mucho como jurista).

¿Qué es lo que hay aquí, por tanto? O un timo o la cuadratura del círculo o una renuncia a uno de los principios más sagrados de la civilización: la inversión de la carga de la prueba sobre uno de los elementos centrales del delito, la ausencia de consentimiento. Se busca un comodín, un yo sí te creo, una carta de «salga usted de la cárcel»: si ella afirma «hubo consentimiento», aunque no fuese explícito, no hay problema; si ella dice «no hubo consentimiento», se invierte la carga de la prueba y es él quien ha de demostrar que hubo un sí explícito porque cualquier otra cosa es un no, aunque esa otra cosa equivalga a un consentimiento PARA CUALQUIER TERCERO OBJETIVO.

Esta es la deriva.

Lo gracioso es que los del PSOE acusan a Vox de ser un peligro público —con razón—, cuando ellos también lo son cuando promueven cosas así.