Et in arcadia ego: el mundo prístino en el que los hombres eran libres y podían inscribir sus inmuebles en el Registro de la Propiedad sin pagar impuestos

 

Al azar he leído un texto de este club liberal. Me ha impresionado, por qué no decirlo. Así que lo traigo a mi blog, tal cual. Sin aditivos, sin comentarios, sin expurgar una sola de esas ideas que como puños seculares nos golpean sin compasión. Así es la verdad, inmarcesible, brutal, cristalina. Disfruten del texto:

Desde que el hombre se comprendió así mismo como un ser político y gregario, se puede palpar incluso en la historia más antigua, como se han librado luchas tanto intelectuales como sangrientas, las cuales han intentado detener el abuso del poder para salvaguardar al individuo de la tiranía.

Hoy en día esta lucha por preservar a la minoría más real y cierta –como lo son cada individuo– ha mutado, los que antes tomaron las armas para imponer sus ideas hoy se disfrazan de mansas palomas, prometiendo un mejor futuro e igualdad material para la humanidad.

Esta utopía es presentada en la actualidad como el Estado social, el cual tiene por fin último gestionar la “procura existencial”; esto no es más que un eufemismo, ya que en base a esa obligación que asume el Estado de proporcionar un estándar mínimo de vida a sus habitantes, puede excusarse para desconocer los derechos fundamentales de las personas como lo son la vida, la libertad y la propiedad; en consecuencia ese supuesto Estado de bienestar no es más que un arma a disposición de la política, que en cualquier momento puede accionarse contra las libertades individuales y desaparecerlas por completo.

Bajo ese “orden jurídico” que se impone con el welfare state, se pretende dar apariencia de legalidad a la destrucción de los derechos individuales, ya que de éste se desprende que la prioridad es el bien común o general de la sociedad, en consecuencia queda muy disminuido o en el peor de los casos desprovisto el individuo de medios para hacer valer en cada ámbito en que se desarrolle su interés particular frente a ese coloso que es el Estado benefactor.

Véase entonces, como esa organización política sirve para disolver al individuo en una abstracción como lo es el bien común; al asumir el Estado un rol activo tanto en economía, servicios etc, puede quien dirige todo aquel aparataje estatal destruir o manipular la democracia, bien sea activamente a través de amenazas de suspensión de beneficios –que en los regímenes más radicales se les otorga la calificación de derechos– o pasivamente a través de la exacerbada repartición de bienes o beneficios, con los únicos fines de permanecer en el poder.

.Otra grave consecuencia es la pérdida de la libertad de expresión –aunque no lo parezca–, pues cuando se intenta hacer ver las perversiones que conlleva el Estado social, más allá de las falacias ad homine típicas de los que defienden esas ideas, siempre se tropieza con la censura moral de que no se desea el bien para los demás y que en consecuencia se está defendiendo intereses “imperialistas” o “multinacionales”, así como otros argumentos falaces que no merecen la pena ni mencionar.

En esa misma minusvalía encontramos al derecho de propiedad, el Estado social es la excusa perfecta para desconocer absolutamente este derecho, con ella se pueden “legitimar” todo tipo de expoliación por parte del aparato del Estado, desde empresas hasta viviendas, todo ello basado en que es necesario asegurar tan cacareado bien común.

Un claro y actual ejemplo de cómo el Estado de bienestar no es más que un instrumento perverso con el cual las tiranías se disfraza, es el régimen venezolano, el cual se ha valido de él y de otras miles de falacias más para desconocer cualquier tipo de orden jurídico que proteja al individuo, para entregar “ayudas sociales” que van desde entrega de viviendas, electrodomésticos, divisas para viajes, hasta una perversión más grave como la de entregar comida a través de un sistema de identificación (carnet), para el cual es necesario entregar información sumamente personal y quien se atreva a contradecir el ideal “revolucionario queda execrado de todos estos “beneficios”.

Vemos pues, que esas pseudopolítcas, no son más que medios coercitivos para que las personas no puedan tener conciencia crítica, poder de decisión sobre su dinero y mucho menos sobre sus propiedades inmuebles, todo ello con la excusa de que es necesario controlar absolutamente todo para cumplir con los “derechos del pueblo”, ya que así lo ordena la Constitución, instrumento en el cual se dan los lineamientos del Estado social.

En conclusión, ya por sí mismo el poder y el estado son instrumentos que pueden acabar con la libertad, por lo tanto otorgarle más poder y más protagonismo en la vida de las personas, es entregar una poderosa arma para exterminar de forma definitiva la libertad, como ocurre en regímenes totalitarios como el de Venezuela, Cuba, Corea del Norte entre otros, donde reina la mentira y la tiranía en nombre del pueblo.

Nosotros, los elegidos

 

Como no me fío ni de mi fallecido progenitor, al leer que la autodenominada Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón, “rechaza” la donación efectuada por la Fundación Amancio Ortega para la adquisición de aparatos para el diagnóstico y prevención del cáncer, he pensado que a lo mejor se había malinterpretado y que simplemente querían hacer hincapié en la necesidad de una financiación pública mejor de la sanidad. Pero no, este es el comunicado. Extracto algunas frases (si tienen valor, léanlo entero):

(…) Nuestra Comunidad no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad. (…)

Hay que ser muy imbécil para decir algo así. Imbécil sin remisión. No voy a comentarlo. Hay que ser también muy imbécil para no darse cuenta de que esa frase solo la puede decir un imbécil.

Menos aún de quien siendo el mayor accionista de una de las mayores empresas y fortunas personales del Estado tendría que demostrar no su filantropía sino su obligación de contribuir al erario público de forma proporcional a sus beneficios y en la misma proporción que el resto de los contribuyentes.

El imbécil apuesta aún más alto, como ven. “Menos aún”, dice. ¿”Menos aún” que todos los demás, ya que no aceptan la generosidad o el altruismo de nadie? Todo para no decir la verdad, que les jode que el altruismo provenga de un señor que es muy rico. Esa es la estructura profunda de la frase, aunque no muy profunda, como ven —¿qué será eso de demostrar la obligación?—. Además, vienen a decir que ese señor no tiene que ser generoso, sino que tiene que pagar sus impuestos “en la misma proporción que el resto de los contribuyentes”. ¿En la misma proporción? ¿no más? ¡Joder, estos imbéciles quieren que pague aún menos dinero! Lo curioso es que —vean hasta qué punto son imbéciles— como no pueden decir que pague menos de lo que tiene que pagar según la puta ley democrática que resulta del voto del “resto de los contribuyentes” y de algunos que no contribuyen con nada, la consecuencia es que, aunque pague todo lo que tenga que pagar, no le admiten su “filantropía”. Es decir, que asumen que este señor, como es rico, no puede regalar nada y todo lo que quiera regalar es una obligación y hay que rechazarlo para que quede claro que es una obligación.

Sobre algunas “Fundaciones filantrópicas” como la Fundación Amancio Ortega

Si tan preocupada está por la salud, teniendo en cuenta que su ropa se elabora en gran parte deslocalizada en países como Marruecos o Bangladesh, que mejore las condiciones de trabajo de las personas que directamente o mediante subcontratas trabajan en condiciones de explotación y grave riesgo para su salud y su vida, y que trabaje para corregir las violaciones de los derechos humanos que se producen en la cadena de producción textil. Todavía está muy fresco el recuerdo de la tragedia del Rana Plaza, cerca de Bangladesh, con 1.134 muertos y más de 2.500 heridos

Defendemos el derecho a la salud de todos y todas las personas. Y la salud depende de sus determinantes sociales, como la alimentación, el trabajo, la vivienda, el medio ambiente, etc.  Le sugerimos, que el lobby textil se una a la iniciativa legislativa recientemente aprobada en el Parlamento Europeo para obligar a los proveedores de esta industria  que abastecen a la Unión Europea, a respetar los derechos humanos de sus trabajadores en todo el mundo. Si quiere pasar por empresa ética es en ese nivel donde tiene que demostrarlo y no ofreciendo regalos a quienes no le aprietan las clavijas fiscales.

Estos dos párrafos son muy significativos. Imaginemos que asumiéramos lo que dicen, aunque son dos párrafos llenos de trampas: ¿qué tiene que ver esto con la donación de millones de euros para la sanidad española? Salvo que se quiera decir que puede donarlos gracias a que joden a los ciudadanos de otros países y que la sanidad española debería, a su vez, donar estos millones de euros a Marruecos o Bangladesh. ¿Es eso lo que quieren decir? Porque si no es eso, hay un mensaje alternativo perfectamente compatible, pero no imbécil: “agradecemos a la Fundación Amancio Ortega esta donación, a la vez que denunciamos que puede mejorar las condiciones de trabajo de las fábricas en países del Tercer Mundo de las empresas y sociedades de las que se nutre”. No se dice, porque su discurso es ideológico. Tanto lo es que hacen una exhibición:

Sobre la penetración de la ideología neoliberal en la utilización de la tecnología médica

En un contexto de presiones (publicación de estudios en los que se señala la gran obsolescencia de los equipos de diagnóstico, monitorización y terapia en la sanidad pública) por parte de la patronal de empresas de tecnología sanitaria, Fenin, surge el “Plan Renove” de Tecnología Sanitaria anunciado por la ministra de Sanidad (ya se está gestando en colaboración con el Ministerio de Hacienda).

En estas circunstancias, hay que valorar la oportunidad y necesidad de este Plan multimillonario y del “regalo tecnológico” del Sr. Ortega al SALUD aragonés. Si lo que interesa es la mejora de la salud, hay que tener en cuenta el impacto de los aceleradores lineales, mamógrafos y otro aparataje sobre la salud de las personas.  Hay despilfarro, mala utilización de la tecnología, bajo rendimiento y efectos adversos por exceso relativo.  Por eso, es necesario calibrar  su adecuada utilización y sobre todo, insistir en otras políticas de carácter social de las que depende en gran medida la salud, especialmente como consecuencia de la crisis económica, las políticas neoliberales y los factores demográficos.

Las máquinas, la tecnología, son malas. Por eso los ricos (los de todo el mundo), cuando tienen cáncer las usan. Porque son también imbéciles. Nada de tecnología: contra la enfermedad lo mejor es una buena dieta y lecturas adecuadas. Una buena lectura es el propio documento:

Sobre los Determinantes Sociales de la salud

En esta fase de desarrollo de nuestro Sistema Sanitario, éste solo contribuye en un 11% a la salud. El resto depende de la biología humana, el ambiente o el estilo de vida, la alimentación, la vivienda, el trabajo, las ayudas sociales, etc. condiciones cada vez más deterioradas con las políticas de recortes y con la creciente desigualdad producida por las políticas neoliberales.

No es de recibo que se siga incrementando la carrera de la tecnología, que se dediquen costosos recursos que casi solo favorecen a la industria, mientras que muchas familias carecen de lo más elemental para poder conservar su salud. Las inversiones más rentables son preventivas. Las autoridades sanitarias suelen cargar con los programas de cribado y la promoción de hábitos saludables, pero olvidan lo más importante, mejorar las condiciones de vida de las personas. En este sentido, son muchas las organizaciones que insisten en advertir de la influencia en la salud de la extensión y persistencia de la pobreza en nuestro país, la precariedad, la exclusión y el incremento de las desigualdades. El 1% de la población española con mayor patrimonio acaparaba en 2016 más de una cuarta parte de la riqueza del país, mientras que el 20% más pobre se quedaba con un 0,1%. Casi 700.000 hogares (1,3 millones de personas) no tienen ningún ingreso. El desempleo en 2016 era del 19,6%, el doble de la media de la CE y el mientras que el poder adquisitivo de los trabajadores ha bajado un 10%, el valor de las acciones empresariales se ha multiplicado por 5 en los últimos 25 años.

¿Ven? Esta gente no habla de la sanidad pública. Porque todos sabemos lo que es la sanidad pública. Algo bien concreto. No, los iluminados estos hablan del paraíso. Empiezan criticando que se donen aparatos de esos a los que se refiere la SEOR, —que describen un déficit de la sanidad española en una serie de aparatos específicos— para luego hablar del neoliberalismo, la malvada industria, la carrera tecnológica y la segunda venida de Cristo.

Sobre los recortes

Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón es instaurar medidas para recuperar el derecho universal a la salud perdido desde el RDL 16/2012 y el RD 1192/2012 e instar para ello al Gobierno Central (que retiró 873.000 tarjetas sanitarias además de otros recortes y copagos/repagos).  Esta reforma afectó y afecta en especial, a los grupos más vulnerables: inmigrantes en situación irregular, personas de escasos recursos con enfermedades crónicas, a desempleados y en paro de larga duración que permanezcan fuera del Estado español por más de 90 días.

¿Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón? No, hombre, eso es lo segundo. Lo primero que debe hacer es rechazar la pasta de la Fundación Amancio Ortega. De hecho, ya está tardando. Da igual que ese dinero a lo mejor libere recursos para después mejorar otras áreas de la sanidad aragonesa.

También nuestro Gobierno de Aragón debe solucionar de forma urgente las carencias que desbordan centros y profesionales, falta de material, bajas que no se reponen, no se cubren descansos, cierres de camas… y el fraude que supone que haya listas de espera de varios meses incluso de años, para determinadas pruebas o para determinadas consultas

Naturalmente, si la Fundación Amancio Ortega dona dinero para, no sé, comprar camas, o para contratar más enfermeras, tampoco le aceptaríamos esa pasta. Ya lo dicen al principio del comunicado.

Sobre la pretendida colaboración “público-privada”

Estamos hartos y hartas de escuchar el mantra de la “colaboración público-privada” como solución a los problemas sanitarios, cuando en realidad supone un encarecimiento de la sanidad por estos procesos privatizadores. Una muestra de esto la tenemos en el CASAR aragonés (fórmula público-privada) con la MAZ, que ha dejado una factura a pagar por las arcas públicas de unos 18 millones de euros, además de múltiples irregularidades en la gestión

¿Ven? De nuevo el problema ideológico. ¿Cómo se encarece la sanidad pública aceptando 320 millones de euros donados? ¿Por qué mezclan la velocidad con el tocino? Es simple, porque la sanidad pública les importa una mierda; ellos solo trabajan para que llegue el paraíso a la tierra, un paraíso sin carrera tecnológica, en el que se atarán perros con longanizas y la gente vivirá 150 años gracias a métodos de vida saludables y a un uso inteligente de las estadísticas (esas sociedades incipientes son fácilmente localizables: son esas en las que los problemas desaparecen porque siempre hemos estado en guerra con Eurasia). Esas en las que no hacen falta medicamentos.

Ya no sigo. No les voy a la dar la murga con las farmacéuticas o la reforma laboral (sí también hablan de eso).

Al principio de esta entrada hay una pequeña trampa. He dicho que el documento está escrito por imbéciles. Es una forma de manipularles a ustedes, lectores. En realidad hay una explicación alternativa. Los que escriben el documento no son imbéciles; solo piensan que los imbéciles son ustedes y que no se darán cuenta de lo que pretenden decir en realidad: que no hay que aceptar ese dinero de Amancio Ortega porque lo que hay que hacer es quitárselo. Pero no una parte: todo. Y que hay que acabar con la puta propiedad privada, que es el origen de nuestros males, salvo cuando se trata de su peine o de una colección (modesta, eso sí) de discos de música popular albanesa. Lo que pasa es que no se atreven a decirlo tal cual, así que mienten, a ver si el mensaje cuela por la vía del resentimiento.

Naturalmente, el mensaje evangelizador y apocalíptico no se refiere a la sanidad. Como si a esta peña le importase que usted en concreto, o su madre, su padre, o alguno de sus hijos, o ese amigo del alma, padezcan cáncer y puedan curarse. Esa peña es mejor. Ellos no velan por un tipo concreto. No velan por la sanidad o el trabajo o la cultura o los niños. Ellos velan por la Humanidad. Así, en mayúsculas. Así, en abstracto. Y no dejan que un accidente los aparte de su objetivo.

Sí, el ocupa tiene derechos

 

Accedí a esta noticia por este tuit de Cristian Campos:

Voy a comentarla porque mucha gente la está retuiteando y observo el estupor en muchos comentarios escritos en respuesta al tuit original. Además, en una de esas respuestas me he encontrado con esto.

En realidad, la noticia contiene todos los datos que explican por qué es perfectamente correcta la actuación de la policía catalana.

Voy a explicarlo:

1.- Ocupar una propiedad ajena es delito en España. Hablo de ocupar o usurpar, no de entrar. Entrar también es delito cuando esa propiedad es la vivienda de alguien o el domicilio de una persona jurídica (o establecimiento mercantil o despacho u oficina, o local abierto al público, incluso fuera de sus horas de apertura). Me centraré en la usurpación porque es el tipo delictivo que se “ajustaría” más a lo que nos okupa (perdonen la coña, no he podido evitarlo). Lo regula el Código penal en su artículo 245:

1. Al que con violencia o intimidación en las personas ocupare una cosa inmueble o usurpare un derecho real inmobiliario de pertenencia ajena, se le impondrá, además de las penas en que incurriere por las violencias ejercidas, la pena de prisión de uno a dos años, que se fijará teniendo en cuenta la utilidad obtenida y el daño causado.

2. El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses.

Como pueden observar, hay dos modalidades. En la primera se utiliza violencia o intimidación, mientras que en la segunda no concurren ni la una ni la otra.

Ahora bien, la ocupación, para ser delictiva tiene que reunir una serie de requisitos, que han sido establecidos por los tribunales analizando el precepto. Así, partiendo de que el bien jurídico protegido es la protección de los derechos reales sobre inmuebles (propiedad, usufructo, uso, habitación), han especificado que es preciso:

a) Que se ocupe un inmueble sin violencia o intimidación, y que el inmueble no sea morada de nadie.

b) Que lleve consigo un riesgo relevante para el titular de los derechos, por lo que se viene exigiendo tradicionalmente que la ocupación no sea ocasional (es decir, sin vocación de permanencia).

c) Que la persone que ocupe no tenga un título jurídico. Ojo, el título jurídico no ha de ser de la misma naturaleza que el del perjudicado. Por ejemplo, un arrendatario no comete este delito, aunque no pague. Tampoco aquel que ocupó el inmueble por mera tolerancia del dueño (lo que tradicionalmente se conoce como precarista). Ya que, en tal caso, lo que ha de hacer el titular es acudir a la vía civil.

d) Que el titular del derecho real exteriorice su voluntad contraria a la ocupación puesto que la norma expresamente la exige.

e) Que, como siempre sucede, concurra dolo en el autor: es decir, conciencia de la ajenidad, de la ausencia de autorización y de la voluntad contraria del dueño al acto de desposesión inicial.

2.- Si se fijan en la noticia, se da la circunstancia de que los ocupantes llevan tres años en la vivienda. No me extrañaría (aunque el dato no consta) que estén empadronados en ella y que paguen los suministros. Aunque les parezca extraño, yo tengo clientes en esa situación. Más aún, la vivienda era propiedad de un banco y la venta se hizo (así se deduce de la noticia) especificando el banco que la vivienda estaba ocupada por una familia. No consta ninguna denuncia (en vía penal) efectuada por el banco (cuando tuviese conocimiento de la ocupación). O, si la hubo, fue sobreseída (y no puedo valorar por qué, ya que ignoro los detalles). Esa es la situación que se debe analizar, la previa a la compra, porque lo que está claro es que, tras tres años de posesión de una vivienda, frente al ocupante, la persona que compra (y que además conoce la existencia de la ocupación) no puede sostener que el acto de ocupación se efectuó contra su voluntad (ya que entonces no era dueño). Y el ocupante puede defender (con más o menos éxito) que es un precarista y que ocupó la vivienda por la tolerancia o la dejadez del propietario (el banco) o, al menos, sin que le constase su expresa voluntad de oposición a la ocupación.

3.- Lo que es indiscutible es que la vivienda es morada de los ocupantes. Y, por serlo, no se les puede desposeeer más que en ejecución de una resolución dictada por un juez competente. La policía no puede desalojar a personas que poseen un inmueble. Todo lo más, si se produce una situación de flagrante delito puede detener a esas personas, entregar la posesión a los que aparentemente sean sus legítimos poseedores y, más tarde, el juez de instrucción avalará o no esas medidas primeras. Pero sucede, en este caso, que la apariencia es favorable a los ocupantes, porque llevan allí tres años.

4.- El titular del derecho real (el nuevo propietario) no solo no puede ocupar la casa contra el derecho a la posesión de los ocupantes actuales (pues comete un delito), sino que tampoco puede utilizar contra ellos ninguna medida coactiva, pues la coacción y la realización arbitraria del propio derecho también son delitos. El nuevo propietario tiene, naturalmente, abierta la vía legal: acudir al procedimiento civil. Y si el ocupante carece de título del tipo que sea para ocupar la vivienda más allá de un cierto momento, la resolución judicial ordenará su desalojo, que será efectuado por la fuerza si el ocupante se opone a ello (pudiendo cometer un delito). Esa vía civil se abre desde el momento en que el propietario decide que no quiere que el mero ocupante siga ocupando lo que es suyo. También se abre cuando un arrendamiento se extingue o cuando el arrendatario no paga la renta, por ejemplo. Como es obvio, a falta de acuerdo, es un juez el que decide que cualquiera de esos supuestos concurre. 

Sí, leyendo la noticia descubrimos que el dueño ha de ser desalojado (aunque puede que no haya cometido el delito, ya que su ocupación fue esporádica) y que su poseedor actual tiene derecho a recuperarla, hasta que un juez (en vía civil) no diga algo diferente. Y, en todo caso, aunque el actual dueño escoja la vía penal (que parece desaconsejable) tampoco puede entrar en la casa y cambiar la cerradura, porque es el juez competente el que ha de decidir esto, si considera que se ha producido un delito (algo en este caso muy dudoso, como ya he explicado).

Y sí, no tengo nada en contra de que la policía vigile que no se utilicen procedimientos extrajudiciales de naturaleza coactiva para la expulsión de los ocupas. Cómo no van a hacerlo, si les corresponde impedir la comisión de delitos.

Como es obvio, en gran medida la protección práctica (no teórica) de los derechos de titulares de inmuebles en España es deficiente. Pero esto no es consecuencia de nada de lo que cuenta esta noticia. Aunque fuese extraordinariamente eficiente, la respuesta legal habría sido (y debe ser) la misma. La cuestión es previa. Tiene que ver con la tolerancia (desde hace años) a la ocupación de viviendas propiedad de bancos (y de grandes empresas inmobiliarias), con la propia inactividad de los bancos (abrazados a papá Estado —socializando, por tanto, sus pérdidas—, a la vez que intentaban ocultar sus miserias), y con la enorme y desesperante lentitud de la justicia. Lo repito, con la tolerancia a la ocupación, porque el caso del deudor hipotecado que no puede pagar y que ve ejecutada su hipoteca es un caso diferente (de hecho la ley está permitiendo el mantenimiento en la posesión tras la subasta). Y tiene que ver con la tolerancia hacia ciertos movimientos sociales organizados, afines a determinadas organizaciones políticas. La solución no es nunca la tolerancia con la ocupación, por muchas razones, entre ellas por lo que supone precisamente de estímulo a la ilegalidad y, por tanto, a la aparición de mafias. El Estado debería facilitar la respuesta rápida a este tipo de situaciones. Lleva demasiado tiempo sin hacerlo.

Pero a la ilegalidad no se la combate con la ilegalidad.

Y por eso esta noticia no debería escandalizarnos. Insisto, esta noticia.

Sin mancharme las manos

 

Leo este artículo de Manuel Jabois que no deja a nadie huérfano y recuerdo esto que escribí. Y esto.

Como es obvio, yo no reprocho a Podemos que no facilitase un gobierno alternativo al del PP. Sus decisiones serán tácticamente erróneas o acertadas, pero pedirles responsabilidad institucional sería esquizoide. ¿Cómo van a favorecer la estabilidad del sistema parlamentario si quieren acabar con él? Por tanto, nada añadiré sobre su comportamiento, bien coherente con sus fines.

Lo interesante es lo que falta en el artículo de Jabois. En realidad, lo que falta en todos los análisis sobre los apoyos políticos al Gobierno o a los diferentes ejecutivos de las comunidades autónomas. Me refiero a la alternativa que enunciaba en las entradas enlazadas al principio. ¿Por qué nadie se pregunta en qué medida la situación ahora podría ser diferente de haberse constituido una gran coalición?

En la primera de esas entradas yo decía:

En primer lugar, sería preciso que se preparase y asumiese un programa de gobierno para una legislatura, en el que se detallasen no solo las medidas que se van a adoptar sino los objetivos básicos. Y sería de extrema utilidad que se publicasen los documentos de partida, de forma que quedase claro cuál es el programa de cada partido y a qué han renunciado para facilitar el acuerdo.

(…)

En segundo lugar, sería preciso que los partidos adoptasen, en ese acuerdo inicial, un sistema de comisiones de expertos en relación a reformas estructurales básicas: administraciones públicas, estado autonómico, sanidad, laboral, justicia, educación, fiscal, constitucional, etc. (…)

En tercer lugar, sería imprescindible que hubiese de entrada un acuerdo sobre transparencia, corrupción, contratación pública e independencia de la justicia. El fiscal general debería ser designado ya en ese acuerdo inicial y debería incluirse una dotación económica suficiente para la investigación y persecución de la corrupción política.

En cuarto lugar, el acuerdo debería distribuir entre los partidos firmantes las carteras del Gobierno, en proporción aproximada al número de diputados de cada partido. En ese gobierno deberían estar presentes los líderes de los partidos. La legislatura que empieza exige política, no tecnócratas.

Ahora imaginemos dos posibles escenarios:

1.- En el primero, el PSOE y Ciudadanos anuncian que están dispuestos a formar parte de un Gobierno encabezado por Rajoy, basado en esos puntos, y en el que líderes de Ciudadanos y el PSOE asumen determinados ministerios. Pongamos, por ejemplo, justicia e interior, ya que un reproche básico al PP (recuerden los debates) era precisamente el relativo a la corrupción. El PP se niega o se hace el remolón. Habría quedado retratado respecto de sus propios votantes.

2.- En el segundo, dado un escenario similar, el PP, acuciado por la necesidad de continuar en el poder y el miedo a unas segundas elecciones, acepta. Desde ese momento, Ciudadanos y el PSOE asumen el control de parcelas enormes de poder, participan de las deliberaciones y acuerdos del Consejo de Ministros, y se impulsan esas medidas (por ejemplo, la designación de un Fiscal general independiente). En este caso, todo lo que está apareciendo —lo del PP— seguiría siendo porquería del PP, pero los ciudadanos españoles podrían aceptar que desde el poder no se favorece la impunidad (o que esto, al menos, es mucho más difícil).

Naturalmente, ese escenario también habría tenido costes para Ciudadanos y el PSOE. Tendrían que haber admitido una parte del programa del PP, pero esa parte podría centrarse en cuestiones “neutrales” (fuera de la regeneración política). Tendrían que haber gobernado y asumido el desgaste correspondiente, pero ¿no se supone que es eso lo que quieren hacer, gobernar para ir aplicando las medidas que defienden? Y no podrían haber atacado al “Gobierno” en el momento en que apareciesen esos casos, por su actuación en ese momento (siempre que se cumpliesen los acuerdos), aunque podrían seguir haciéndolo por sus actos pasados, por sus responsabilidades pasadas.

Y esto es lo que no querían: no querían correr riesgos. No querían pagar costes. Por eso optaron por lo más absurdo: permitir un gobierno sin entrar en él, pensando (o, mejor, vendiendo) que podían controlarlo desde el parlamento (cuando todos sabemos que esto es bastante complicado), en vez de, simplemente, controlarlo desde dentro.

Gobernar pactando y, a la vez, explicar a los ciudadanos el contenido del pacto y la acción concreta de Gobierno (con sus errores inevitables) les pareció demasiado riesgo. Es una trola que les importe España por encima de todo. Por encima de todo les importan ellos mismos (a todos). Porque todos son unos enanos y porque creen que los españoles son tan imbéciles que era imposible que un número suficiente de ellos comprendiera y agradeciera el esfuerzo.

Esto que defiendo, lo sé, no lo piensa mucha gente. Así que, a lo mejor, hasta tenían razón.

 

No sé si Cristo rio, pero yo ayer me descojoné un rato

 

Ayer, mientras conducía, me puse a escuchar la radio y pillé, en Onda Cero, una especie de diálogo siniestro sobre Giordano Bruno.  Por favor, escúchenlo porque es extremadamente descojonante: las voces impostadas, serias, entristecidas; la música fúnebre de fondo; las máximas sobre la verdad y la ciencia. Su punto culminante se encuentra en el momento en el que, para ilustrar el proceso, contra Bruno, en el que intervino Belarmino, escuchamos de fondo el diálogo de una escena de la película El nombre de la rosa, justo ese en el que el monje Salvatore, el inculto, procaz y contrahecho Salvatore confiesa todos sus crímenes en su lengua pseudoadánica, a la vez que afirma que es un hombre inculto, un simple, que no entiende de cosas de teología. Ni entro a comentar la historia final, sobre ese supuesto desaparecido brasileño.

Naturalmente, que Bruno no merezca el nombre de científico (ni siquiera en términos laxos), pues fue un filósofo y teólogo; que las cuestiones cosmológicas fueran absolutamente secundarias en su condena; que Bruno no fuera ningún simple contrahecho, sino un tipo ilustrado, con posibles, y con muy buenos amigos y protectores en la Iglesia; que el caso de Giordano Bruno (a diferencia del caso de Galileo) no tengo nada que ver con la verdad científica (Bruno decía tantas trolas y era tan dogmático como el que más), ni desde luego con la libertad de pensamiento ni el progreso de la ciencia; y que Belarmino no fuera el “tonto’lhaba” que se vende desde hace siglos, sino un personaje interesante (muy de su época), con muy amplios conocimientos, no solo de teología y filosofía, sino de matemática y cosmología (la de entonces, claro); nada de eso, digo, le importa al que ha ideado y creado la cosa esa que ayer dramatizaron en ese programa de radio.

Seré prudente. No es raro que en un programa de radio metan la gamba, cuando en uno escrito por personas que supuestamente sí saben de qué hablan, producen algo tan sonrojante como lo que pueden ver aquí  a partir del 16’15”:

 

El show

 

Este artículo de Rubén Amón me interesa por el asunto que plantea, aunque su aproximación, la del articulista, incida más en lo formal (reverencial) que en lo sustancial. En todo caso, en él se denuncia un exceso planificado y esa es la parte más divertida. La zafiedad de los políticos de algunos partidos no es resultado de que no sepan comportarse de otro modo (algo que ignoro), sino de la necesidad de mantener una imagen concreta. Creen que si se comportan así sus votantes podrán seguir viviendo en la ficción de que los tipos a los que votaron son “gente”, de que los profesionales de Podemos, por ejemplo, son realmente ciudadanos corrientes transitoriamente dedicados al bien común. Es decir, no solo no se esfuerzan en razonar mejor y en comportarse de una forma más pulcra, o al menos aparentarlo, sino que, siguiendo un guión de telerrealidad, ofrecen a su público lo que creen que su público reclama. Saben que se les observa. Tampoco es nuevo. Los políticos no cuidan su imagen, sino que la venden. Todos los políticos. Esta es la razón, por ejemplo, de que en el PP lleven un tiempo buscando jóvenes.

Me encantaría que se equivocasen, que se pasasen de frenada. Sería estimulante que los españoles sancionasen estos teatros y pudiésemos decir “nos han tomado ustedes por imbéciles y no consentimos este insulto”. Porque, como es obvio, las ideas políticas medianamente articuladas no deberían estar peleadas con un comportamiento que destacase y que fuese ejemplarizante. En un mundo perfecto un dirigente político debería destacar entre sus conciudadanos. Ser más honrado, más capaz, más ejemplar. Y su comportamiento nos debería servir a los demás para mejorar, para expresarnos mejor, para discurrir mejor, para ser más generosos, más sutiles, para defender más a los débiles, para aumentar nuestras defensas contra el engaño y la demagogia. A veces sucede algo así y el timón lo maneja eso que llamamos un hombre de Estado. Hay naciones a las que les sucede esto más a menudo y dudo que sea por suerte (aunque la suerte influya). Yo no diré que lo formal es una condición indispensable, pero me resulta muy difícil imaginar a alguien que, al menos públicamente y en ciertos lugares destinados al rito civil, se dedique a ventosear, a soltar mamarrachadas y exabruptos, a perder su individualidad, repitiendo consignas, y a la vez termine convertido en una de esas personas que facilitan las cosas, convenciendo a la gente para que deje de mirar sus miasmas y piense a largo plazo.

El círculo vicioso o virtuoso es ese. Ocurre igual en las relaciones personales. Podemos escoger rodearnos de personas grises, que se adapten a nosotros, que no nos discutan ni nos planteen dificultades. O podemos optar por personas que nos las planteen, que discutan nuestros argumentos, que solo te den la razón si realmente las convences de que la tienes. Si premiamos a los que dicen lo que queremos escuchar, aunque no crean en ello, terminaremos alimentando a los que carecen de principios. Sé que esto no es blanco o negro, que está lleno de matices. Los intereses, el egoísmo razonable, el aspecto profesional, el mal menor, todo influye. Lo mismo sucede con la mentira: admitimos cierta cantidad de mentira en el político, por muchas razones, como la admitimos en la publicidad. Cierta cantidad, no el obsceno comportamiento del que se enorgullece de mentir grosera y constantemente sobre los asuntos más importantes.

Nuestros políticos son un reflejo aproximado de lo que queremos que sean. Tan es así, que se ha reprochado a algunos diputados de Podemos que vistieran chaqueta y corbata. A ese grado de inanidad hemos llegado. A pensar que nollevarchaqueta es un uniforme.

Solo una cuestión más: carece de sentido el activismo —eso que hacemos cuando queremos influir en las instituciones— en un lugar como el Congreso. En el Congreso se aprueban las leyes y habla la nación. No se convence al adversario político mostrando carteles de un preso. Esto demuestra la maskirovka. El activismo de Podemos en el Congreso es impostado, publicidad dirigida al votante, campaña permanente. Esto, en sí mismo, es un insulto a los demás diputados y a los ciudadanos que votaron a esos otros diputados. Ese comportamiento demuestra que del proceso democrático solo les interesan las elecciones y la toma del poder. Naturalmente, ellos no solo afirman exactamente lo contrario, sino que esa fue su consigna principal.

Las buenas maneras se justifican por su finalidad, no en sí mismas. Ese es el aspecto sustancial. Cuando se afirma que algunos piensan que la democracia solo es votar cada cuatro años, como crítica, a veces el que la formula olvida que se vota cada cuatro años para elegir a los que se ocuparán de la cosa pública durante esos cuatro años. Unas elecciones no son un casting. No deberían serlo, al menos.

 

El diputado Iglesias

Hoy, en el programa de Carlos Alsina, Pablo Iglesias ha demostrado hasta qué punto es un irresponsable.

Y no tanto por su ignorancia. Ha afirmado que los hechos de Alsasua podrían ser una falta (por dos veces) o un delito de lesiones (“falta o delito lo que diga el juez”), cuando ya no existen las faltas de lesiones (tras la última reforma del Código Penal, las faltas de lesiones se convirtieron en delitos leves de lesiones), para después afirmar que sabía que las faltas ya no existían. ¿Lo sabía o no? Si no lo sabía es un ignorante y un mentiroso; si lo sabía, el uso de la palabra “falta” solo puede tener una finalidad, rebajar la gravedad de los hechos, trasladando a la gente la idea de que fue algo de poca importancia. En un momento de la entrevista llega incluso a utilizar la expresión “o, en este caso, un ilícito civil o penal”. Un ilícito civil, con un agente de la Guardia civil intervenido quirúrgicamente por una fractura.

No, señor Iglesias, ningún juez puede decir que un ilícito penal es una falta porque las faltas no existen.

Su irresponsabilidad es resultado de su biografía. Se ha acostado tanto tiempo con los mensajes de los filoetarras que se ha quedado embarazado y ha parido (él y muchos de su partido) una criatura deforme y siamesa en la que conviven la supuesta denuncia de los hechos (“fuimos los primeros”) y sus adversativas.

Y esa bazofia intelectual se manifiesta en la manera que tiene de acortar la realidad y falsearla. Por ejemplo, al afirmar que es inadmisible que convirtamos cualquier agresión contra un policía o un guardia civil en el País Vasco en delito de terrorismo. Esa afirmación es falsa y la realidad está a la vista: hay sentencias por delitos de atentado dictadas por la Audiencia Provincial de Navarra y si fuera cierto lo que dice Iglesias no podrían existir.

Naturalmente, eso es falso. Un delito de atentado (pare ser más exactos, un delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra la Corona, de atentado y tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos,  y el apoderamiento de aeronaves, buques u otros medios de transporte colectivo o de mercancías) se convierten en delito terrorista no porque tengan lugar aquí o allí  o porque lo sean contra personas concretas, sino porque se hagan con la finalidad de:

1.ª Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo.

2.ª Alterar gravemente la paz pública.

3.ª Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional.

4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.

Como pueden ver, cuando Iglesias (el ignorante Iglesias o el mentiroso Iglesias) se pone a dar clases de derecho al periodista, solo menciona una de las ocho alternativas que se contiene en esos cuatro números, ocultando que también hay terrorismo si se pretende por ejemplo obligar al Estado, por medio de esos delitos, a que la Guardia Civil salga de Navarra. Solo una de las ocho.

Y además lo hace afirmando que no conoce el auto de procesamiento y que no sabe si fue una “pelea” o una agresión ni qué les pasó a los agentes que sufrieron esas lesiones.

No lo conoce, pero opina que es un exceso que los magistrados de la Audiencia —los magistrados, no el Gobierno, ni la policía— hayan calificado hasta ahora esos indicios como posible delito terrorista. No le creo. Yo creo que lo conoce.

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Las lesiones que se describen en el auto de procesamiento son las propias de un delito grave de lesiones (nunca de un delito leve, la antigua falta) porque una intervención quirúrgica es un tratamiento médico:

Artículo 147.

1. El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado, como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de tres meses a tres años o multa de seis a doce meses, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico. La simple vigilancia o seguimiento facultativo del curso de la lesión no se considerará tratamiento médico.

2. El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión no incluida en el apartado anterior, será castigado con la pena de multa de uno a tres meses.

3. El que golpeare o maltratare de obra a otro sin causarle lesión, será castigado con la pena de multa de uno a dos meses.

4. Los delitos previstos en los dos apartados anteriores sólo serán perseguibles mediante denuncia de la persona agraviada o de su representante legal.

Así que ya sabemos que Iglesias es un ignorante, un irresponsable y/o un embustero. Y su aparente preocupación por supuestos excesos judiciales son eso, mera fachada.

Porque sí existe una manera jurídica (y, en consecuencia, política) de abordar este asunto (algo difícil en mi caso, ya que no he podido leer el auto de conclusión del sumario ni los de la Sala que resolvían diferentes recursos, ni conozco los informes que se mencionan en ella). Esa manera necesariamente pasa por lo siguiente:

1.- Por plantear dudas sobre el delito de atentado, puesto que los agentes no estaban en el ejercicio de sus funciones.

2.- Por plantear dudas sobre la concurrencia de los delitos de odio del artículo 510 del Código Penal, puesto que resulta difícil su encaje en el tipo descrito en la norma.

3.- Por discutir esos informes policiales y las pruebas en que se apoyen sobre la existencia de esos grupos organizados, dotados de cierta estabilidad, que tienen esa finalidad (obligar al Estado a destinar a los guardias civiles fuera de Navarra) utilizando para ello el acoso, la intimidación, para obtener el aislamiento de los agentes y sus familias. A menudo estos informes presentan debilidades y se demuestran más como construcciones que como auténticas pruebas. Para eso, naturalmente, hay que leer esos informes y analizarlos.

Y todas esas críticas o dudas se pueden articular sobre la base de un discurso coherente que pretenda evitar un uso excesivo del tipo penal de terrorismo, algo perfectamente justificable, ya que las penas previstas para este tipo de delitos, y los miembros de esos grupos y organizaciones son mucho más duras. Sí, el Estado a veces se excede; a veces es arbitrario; a veces usa sus instrumentos de manera exagerada, provocando daños a los ciudadanos.

El problema es que yo no creo a Iglesias. No creo que esa sea su preocupación. Es el mismo hombre que mira hacia otro lado cuando un pseudotribunal encarcela más de diez años a un líder político en Venezuela vomitando una sentencia grotesca.

Y, por la misma razón, yo no tendría ningún inconveniente en que diputados españoles recibieran a las familias de unas personas encarceladas que protestan por una respuesta que dicen excesiva de las instituciones del Estado, si creyera que esa es su preocupación real. Y no por eso los llamaría amigos de los terroristas. Pero no les creo. No a las familias. Ignoro qué hicieron realmente los acusados. Ignoro qué sucedió y si, en su caso, tenían esa finalidad perseguida por la ley como terrorista. Y si piensan que una campaña pública puede ayudar a sus familiares es lógico que la emprendan. Ahora, si pretenden tener cierta credibilidad, es imprescindible que se basen en pruebas y en argumentos.

Cuando digo que no les creo, me refiero a los que los recibieron en el Congreso. Esa es la gente que lleva años comprando el discurso de mierda, el que se denuncia magníficamente aquí.

Ya termino. El retórico Iglesias, el de las preguntitas, muestra lo que es al preguntar a Carlos Alsina si cree que en el caso de que alguien agrediese al periodista porque no le gusta lo que dice o al propio Iglesias porque no le gusta lo que piensa, si, en ese caso, le parecería bien que se acusase a los agresores de delito terrorista y se juzgase en la Audiencia Nacional.

Eso ya pasó, diputado Iglesias. Y la respuesta es que sí, si con ello se pretende, por ejemplo, que los diputados de Podemos no puedan expresarse o se pretende coaccionarlos para que se queden en su casa o que tengan que salir a la calle escoltados. Sí, diputado Iglesias, si unas personas te agredieran con la intención de desestabilizar gravemente el funcionamiento del Congreso, o de obligarte a que no puedas emitir tu opinión libremente, o de alterar gravemente la paz pública, o de provocar un estado de terror entre los que te votan o entre los miembros o dirigentes de tu partido, naturalmente que sería terrorismo, y los ciudadanos normales y decentes querríamos que los autores de ese acto criminal fuesen castigados como terroristas y juzgados en la Audiencia Nacional.

Tú, diputado Iglesias, no harías lo mismo si el diputado agredido fuese del PP, o del PSOE, o de Ciudadanos. Por eso te haces esas preguntas de mierda.

 

 

La carta a los Reyes

 

Ya sé que hay gente ceniza que ha criticado a la Assemblea Nacional Catalana y a Òmnium por utilizar hasta las fiestas infantiles para sus fines políticos, mancillando las ilusiones de los niños (¡¿pero es que nadie piensa en los niños?!).

A mí, sin embargo, esta iniciativa me parece maravillosa:

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Los secesionistas catalanes les piden a los Reyes Magos que les traigan, en 2017, una “República Catalana”.

Sí, repítanselo de nuevo: los secesionistas, en una inteligente ampliación de la labor de visibilización de la causa secesionista en instancias internacionales, han dirigido una petición formal a los mágicos, ancianos y cristianos monarcas —hombres de reputado liderazgo espiritual— que cada año obran la hazaña de repartir, en una noche, miles de millones de regalos a niños y adultos: que les traigan una República. Imaginen a los secesionistas levantándose el 6 de enero, alborozados e ilusionados, esperando abrir las ventanas y recoger su regalo ansiado. Si no les emociona esto es que no tienen alma.

Por favor, que sigan politizando todo.

 

No compres lotería: compra Materialismo y empiriocriticismo

 

Cada Navidad aparecen los que intentan convencer a los ciudadanos de que la lotería es un impuesto, de que es usted imbécil si la compra y de que las probabilidades de ganar son tan insultantemente bajas que hacer cuentas sobre lo que uno haría de ganar es propio de una mente sin civilizar.

Hoy, por ejemplo, he leído este artículo (que por lo demás es moderado y cabal en comparación con otros) en el que, por ejemplo, me encuentro con este párrafo:

La lotería se aprovecha de que los humanos no somos robots racionales. Para verlo, respondamos a estas preguntas: a) ¿Qué preferimos: ganar 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o ganar un euro seguro? y b) ¿Qué preferimos: perder 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o perder un euro seguro? Si fuésemos fríamente racionales seríamos indiferentes en las dos cuestiones, porque el valor esperado en cada disyuntiva es el mismo (un euro). Sin embargo, la mayoría escogemos ganar 1.000 euros con una probabilidad baja en la pregunta a y perder un euro en la b. Estamos pues programados para comprar tanto boletos de lotería como seguros contra los imprevistos. Aunque los números no den.

El articulista concluye que lo racional es, en ambos casos, optar por una respuesta que no da. Fíjense, no dice qué respuesta sería la racional (y es inteligente, porque prefiere que rellene usted el espacio). Solo dice que deberíamos ser indiferentes. Y, efectivamente, ganar o perder un euro (aunque sea lo más probable) nos da igual a la mayoría. Puestos, si la alternativa remotísima a esa seguridad es ganar mil euros la gente opta por perderlo. Si la alternativa remotísima a no perder el euro es perder mil euros, la gente también suele optar por perder el euro. En ambos casos pierdes el euro (en ambos casos YA tienes el euro). La respuesta es la misma. ¿Seguro que esto no es racional? Sobre todo teniendo en cuenta que sí hay una probabilidad muy alta de que nos enteremos de que alguien con nombre y apellidos gana mil euros o pierde mil euros. Esa una de las razones por la que socializamos riesgos, por ejemplo. Porque he visto en la televisión a un señor llamado Antonio, que vive en Colmenarejo, que se ha hecho rico con la lotería: ¿se imaginan la probabilidad de algo así?

You know, the most amazing thing happened to me tonight. I was coming here, on the way to the lecture, and I came in through the parking lot. And you won’t believe what happened. I saw a car with the license plate ARW 357. Can you imagine? Of all the millions of license plates in the state, what was the chance that I would see that particular one tonight? Amazing!

Por cierto, lo del impuesto es algo que siempre me ha hecho gracia: impuesto es participio de imponer. Por tanto, un impuesto es, por definición, obligatorio. Si no es obligatorio comprar lotería no es un impuesto. Ni siquiera es algo “como” un impuesto o un impuesto “encubierto”. No, no se empeñen, la lotería no es un impuesto, como una donación tampoco es un impuesto, aunque ambos negocios jurídicos estén gravados con impuestos. Sin embargo, hay gruñones empeñados en vender que es eso, una obligación voluntaria. Y que eres gilipollas si compras lotería. Cuando además —aunque hay muy buenas razones para que haya juegos de azar legales, para que estén limitados y para que sean de titularidad del Estado— ni siquiera el Estado monopoliza ya las apuestas y puedes hacer rica a una empresa rusa en vez de al fisco español.

Como es obvio, gastamos nuestro dinero en cosas que incluso a nosotros nos parecen estúpidas (y no les digo a los demás). Constantemente. Si nos da un arrebato a la Savonarola, imaginen todo lo inútil, superfluo, vulgar e incluso dañino que querrían eliminar. Si yo tuviera que hacer mi lista, la lotería no estaría en los primeros lugares. Ni siquiera en las primeras páginas. No comprendo por qué se le tiene tanta manía. Solo se me ocurre que sea una muestra de soberbia intelectual. La lotería sería cosa de cuñados, de imbéciles incapaces de comprender que, en realidad, no te va a tocar nunca. Como si la gente no fuera consciente de que, efectivamente, no te va a tocar nunca y de que está comprando ficción autobiográfica. La misma que compra cuando lee una novela o ve una peli y siente que es protagonista, o la que compra cuando ve un partido de fútbol y suelta la pierna para rematar. Bueno, no la misma. No hay una lotería que te dé la remota posibilidad de ser Cristiano Ronaldo, descubrir la conjura del Opus Dei para ocultar que Cristo tuvo descendencia o traducir a unos extraterrestres con pinta de arbustos. 

 

Vamos a decir sandeces

 

Por culpa de Berta González de la Vega descubro que en El Mundo han entrevistado a un señor que no conozco, que se llama Robe Iniesta y que es roquero.

Cuando he visto esto …

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… he cometido un segundo error y he leído la entrevista.

No hay dos sin tres, así que veamos algunas afirmaciones:

1.- El mundo “Va a peor, sí. Muy a peor. No sé si soy un poco paranoico, pero si ves un telediario es como para hacer apuestas“. ¿Este señor vota? ¿A quién vota? (es una broma) Por lo visto, su manera de medir si el mundo va a peor o a mejor o si sigue por el espacio interestelar indiferente a la carrera musical del entrevistado es el “telediario”. Frente a esto qué más da que todos los estudios objetivos indiquen que todos los datos globales sobre bienestar, esperanza de vida, educación, etc. siguen mejorando .

NOTA: Añado esto. Me ha parecido interesante. Aunque, en fin, basta con leer habitualmente sobre el tema, para saber que “… qué más da que todos los estudios objetivos indiquen que todos los datos globales sobre bienestar, esperanza de vida, educación, etc. siguen mejorando.”

2.- “No, pero a lo mejor ahora soy más consciente. No sé si hace 10 años había más hambre en África que ahora pero sí que había una amenaza concreta, que era la Guerra Fría y salvar las ballenas. Ahora eso se ha multiplicado: ya no hay una guerra fría sino que estamos en muchas guerras calientes, incluida la Guerra Fría, porque esa sigue: aunque no entre la URSS y Estados Unidos. Hay muchos conflictos“. No sabe si había hace diez años más hambre en África. Es hilarante: mide la evolución de la humanidad en escalas de diez años de telediarios. En todo caso: ¿hace diez años el conflicto era la Guerra Fría? ¿En 2006? Por otra parte, ¿hay muchos conflictos? Sí, claro. Algunos son además terribles. ¿Pero hay más o menos? De nuevo, cualquier comparación entre el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI o cualquier análisis de la evolución de los últimos 50 años demuestra que el número de víctimas ha descendido de manera notable. Y si nos fijamos en los últimos 25 años veremos que ahora el número de víctimas es algo más alto que la media, pero ni siquiera es el momento más alto (el período 1993-1996 es cinco veces peor).

3.- La Guerra Fría. “No, no se ha enfriado del todo porque ha habido otros componentes. Hay muchos más países con armamento nuclear. Coño, que es difícil ver una noticia buena en política, ver que se pongan de acuerdo. Las emisiones de CO2, por ejemplo. “Pues se han reunido todos los países. No se ha llegado a ninguna solución, pero han pasado allí unos días”. Creo que la cosa está mucho peor porque no se arregla nada.” ¿MUCHOS MÁS países con armamento nuclear? El Tratado de no proliferación nuclear es de 1970. En ese momento había cinco potencias nucleares reconocidas y una que seguramente posee armas atómicas (Israel). La India las posee desde 1974. Pakistán inició su programa en 1972 y las posee oficialmente desde 1998. El programa de Corea del Norte se remonta también, al menos, a la década de los ochenta, aunque oficialmente es potencia nuclear desde hace diez años. En realidad, en los últimos 25 años lo que hay es MENOS POTENCIAS NUCLEARES. En primer lugar, porque Sudáfrica, que era potencia nuclear, dejó de serlo al ratificar el Tratado de no proliferación nuclear a principios de los noventa. Y porque Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania, a mediados de los noventa, entregaron todas las armas nucleares heredadas de la URSS a Rusia.

4.- Sobre el aumento de la civilización: “Lo de civilizando habría que verlo. Ir de traje no tiene que ver. Hablas de la Edad Media y… Yo me refiero a los instintos. Siguen existiendo los mismos instintos. El egoísmo. Para mí. Para mi familia. Para los de mi pueblo. Para nosotros. Siempre barriendo para casa” y “Claro. Lo demás sigue evolucionando. Y lo de más civilizados… Sí: “usted, ¿me deja pasar?“. Extraordinario dato: no ha variado el genoma de los seres humanos desde la Edad Media. En cualquier caso, con una población mundial de 7.400 millones de habitantes, los porcentajes de CUALQUIER ÍNDICE que se quiera utilizar sobre los efectos prácticos de esos instintos en la vida de la gente demuestran que el egoísmo tribal y el nacionalismo influyen ahora mucho menos que en cualquier otra etapa previa de nuestra historia.

5.- “Desde luego que sí. No es éste un disco de rendirse y sí de cabreo, de ya está bien. Al final, hay cosas que no puedes decir. No puedes decir: “Creo que lo mejor será una guerra nuclear”. Está el cabreo ese de: bueno, vamos a reaccionar, ya está bien. Y, de algún modo, estás diciendo: como ya hemos hablado mucho de esto, se está agotando el tiempo. En el medio ambiente estamos llegando a un punto de no retorno, porque se están perdiendo especies“. Un “disco de rendirse” 🙂 Lo de que se “esta llegando” a un punto “de no retorno” porque “se están perdiendo especies” es maravilloso. Por lo visto, una vez que se alcance un porcentaje de especies extinguidas que no podemos calcular exactamente (ya que no conocemos el número de especies), habrá un punto de no retorno. Lo que no sabemos es de no retorno a qué.

6.- “Sí, puede ser, puede ser. Tengo una idea como de catástrofe inminente. Como que ya no me sorprende nada. Veo en un telediario lo peor y digo: “Bueno, normal. Tenía que llegar. ¿Ha salido Trump? Claro, con tantos millones de subnormales…”. Parece una visión catastrofista, pero es realista. Estamos aquí pensando que es todo muy estable y mira lo que pasó en la sala Bataclan. Estaban en el concierto y creían que era un día más y que era imposible que pasara nada raro. El que no iba a follar pensaba que no iba a follar, y el que iba a follar que qué bien, pero todo lo demás era inamovible. Y, de repente, se fue todo a la mierda. Cada vez veo menos cosas inamovibles. Todo parece estar pendiente de un hilo, de volcar. En cualquier sitio. El entrevistado descubre (de nuevo por el telediario) que existen la muerte y el mal y que eso demuestra que nada es estable (como si la muerte y el mal no demostrasen precisamente que la vida y el bien son bastante estables e incluso aumentan). Cada vez ve “menos cosas inamovibles” (por ejemplo que un día a lo mejor no follas aunque pensabas que sí, que ibas a follar). Eso sí, pese a esos pensamientos la hostia de profundos regala un “subnormales” a los votantes de Trump.

7.- Sobre la esperanza. “Sí, por eso tampoco este disco es un rollo de tirar la toalla y decir no puedo. Hay un poco de enfado, como digo, pero en más de una canción hay otra visión, aunque seguramente sean menos llamativas“. Un día ibas a follar y llega un islamista y te pega un tiro en una sala de baile y ya no follas, pero no es tan grave porque él ha escrito una canción.

8.- Sobre qué hacer con el mundo. “Sí, pero también se pueden hacer ayudas. Por lo que tú decías antes de que las canciones las escucha mucha gente y va a darles muchas vueltas“. Sin duda se pueden hacer ayudas, como se demuestra a diario en el baloncesto profesional, pero lo importante es que la Guerra Fría y las guerras calientes y el punto de no retorno por la pérdida de especies se pueden revertir si le das vueltas a las canciones de este señor.

9.- “Antes estaba borracho y podía decir lo que quisiera, pero ahora ya te tienes que pensar las cosas un poco más porque luego te avasallan. Yo creo que eso es lo malo de la democracia, que todo el mundo pueda votar. Creo que eso está mal. No todo el mundo debería poder votar. No digo que yo esté capacitado, ¿eh? Pero del mismo modo, no todo el mundo está capacitado para votar.¿Habría que pasar un examen previo? Habría que pasar varios exámenes. Estamos diciendo que la Historia nos tiene que valer para algo, y que la experiencia, estos miles de años que llevamos viviendo en el planeta, nos tiene que servir para algo. Nuestra propia Historia, la guerra que hemos tenido, todo lo que nos ha pasado tiene que servir para avanzar. Pero ¿cómo puede votar un tío que no sabe quién fue Napoléon? ¿Por qué puede votar? ¿Cómo puede votar gente que no tiene ni puta idea de Historia?Todo este párrafo es pura basura. Lo trágico es que esto mismo, a pesar de “nuestra propia historia”, lo piense tanta gente.

10.- ¿Sugiere que sea una aristocracia, una élite, la que vote?, le preguntan: “Es que así era la democracia primera. No era todo el mundo a votar, venga. “A ver, tú, el más tonto, ¿tú quién dices?”. No puede ser. Ya sé que es políticamente incorrecto, pero lo pienso. A lo mejor mañana pienso otra cosa y cuando me digan: “Tú dijiste esto”, lo negaré. Pero ahora lo pienso. No todo el mundo está capacitado para votar. Esa gente que está pensando nada más que en comer donuts y en ponerse más gorda de lo que está, ¿esa gente va a votar?” Sí, en Atenas no votaba todo el mundo. Por ejemplo, las mujeres no votaban. Tampoco los esclavos. Naturalmente, Atenas tampoco era una democracia. El sistema que propone el señor roquero no se ha aplicado nunca. Los sistemas de democracia limitada nunca se han basado en la capacidad, sino en el sexo, en la renta, en la ciudadanía. Nunca ha existido una democracia en la que solo hayan votado los más capaces (idea imbécil donde las haya por otro lado). Lo más parecido solo existió en los sueños totalitarios de Platón y en la paliza que le dio al autócrata de Siracusa.

En fin, el mundo mejora. No hay duda. Aquí me ven discutiendo las afirmaciones de un cantante, como si tuvieran alguna importancia. Qué mayor prueba de riqueza de lujo.