Pseudónimos

 

Unos tipos llevan tres días publicando la identidad real de algunos tuiteros jueces que usan pseudónimos. Como ese sitio quiere denunciar el supuesto anticatalanismo de esos jueces, es decir, como pretende señalarlos para que su grey sepa quiénes son, parece bastante obvio que es poco probable que se haya accedido legalmente a los datos que han permitido la identificación. Por tanto, es probable que alguien haya hecho algo irregular para obtenerlos, y también probablemente que ese algo sea delictivo. El sitio en cuestión afirma haberlos obtenido de un anónimo de esos a los que se la pone dura la careta de Guy Fawkes y que piensa que haciendo estas cosas a lo mejor folla con alguna Natalie Portman.

¿Hay interés público relevante en conocer la identidad de alguien que escribe en una red social con pesudónimo? Esto importa porque existe un derecho a su uso a la hora de publicar cualquier obra, y un tuit lo es. Por tanto, que un medio publique la identidad tras un pseudónimo, aunque la hayas obtenido de un tercero, puede ser un ilícito administrativo o civil. De hecho, obsérvese que no solo regulación sobre protección de datos da una base a este tipo de sanciones, sino que el propio Reglamento de Propiedad Intelectual restringe expresamente el acceso a los datos de quien publica bajo pseudónimo precisamente a quien demuestre interés directo en su conocimiento.La única manera, por tanto, de defender que se publique por un periódico la identidad de quien escribe bajo pseudónimo es el del interés informativo.

Como es obvio, cuando se trata de interés informativo, deberíamos preguntar por el caso concreto, pero, pese a ello, hay algunas generalizaciones interesantes.

Los autores que usan pseudónimo pueden obrar así por razones de lo más variopinto. Pero lo que importa no son tanto estas razones como el porqué de que sus opiniones, pese a su origen, adquieran notoriedad. No importa si los tuiteros truchos se avergüenzan de ellas, si tienen miedo a sus jefes, a sus parejas, a sus amigos, o a su madre, si quieren fantasear o renunciar a la alabanza ad hominem, si quieren demostrar algo sin estar presionados por su biografía. Lo que importa es por qué prestamos atención a lo que opine alguien que se hace llamar Mercutio, por ejemplo.

Todos sabemos que alguien en una red social que escribe con un pseudónimo puede hacerse pasar por quien no es. De hecho —permítanme el sarcasmo—, que se conozca tu identidad tampoco impide que intentes hacerte pasar por quien no eres. La mayoría de las biografías están construidas sobre décadas de esfuerzos para convencer a los otros de que eres lo que no eres. En todo caso, cuando se apunta uno directamente al pseudónimo, es perfectamente lógico que el interlocutor ponga aún más en entredicho eso que afirmas sobre cuestiones personales: por ejemplo, que eres un espía o que estás en Siria viendo como caen las bombas.

Sin embargo, hay personas que son capaces de mantener un discurso (insisto, quizás falso) que sea muy convincente pese al uso del pseudónimo. Puede que esa capacidad obedezca a la demostración de conocimientos, a la coherencia durante años, al uso de datos que puedan —más o menos— contrastarse. Pero también puede que sea solo producto de la inteligencia, del esfuerzo y del engaño. No hay garantías de que algún «genio del mal» no te esté estafando haciéndote creer sus mierdas.

Por tanto, lo primero que todos deberíamos considerar es lo siguiente: el uso honesto de un pseudónimo (salvo que estés haciendo literatura) debe implicar un esfuerzo añadido a la hora de argumentar. Alguien del que no sabemos nada arriesga menos que alguien que escribe con su nombre y apellidos. Da igual que el que usa pseudónimo lleve diez años «haciéndolo bien» y construyendo una especie de autoridad virtual: el uso de esa protección legítima le hace menos creíble, por definición y para siempre.

Como consecuencia de lo anterior, es muy difícil argumentar que pueda existir, en abstracto, un interés periodístico real por conocer quién está detrás de uno de esos nombres de pega. El tipo del pseudónimo es una especie de «embustero de entrada», ya que no nos dice quién es. Ese embuste, por definición, hay que extenderlo a todo lo que no podemos contrastar (su profesión, su estado civil, su capacidad para la cocina tradicional). Es alguien que decide poner una barrera para, en un sentido muy concreto, no hacer suyas sus propias opiniones. Con algunas salvedades:

1.- Que el que utiliza el pseudónimo esté haciendo uso de información cierta que no esté disponible para todos y esa información tenga relevancia.

2.- Que esté cometiendo delitos.

No se me ocurre otro caso en el que la identidad sea relevante. Salvo que pretendamos que es relevante todo lo que le sucede a alguien con interés público. Por ejemplo, a qué hora defeca o si le gusta el reguetón. Por tanto, si Pedro Sánchez utilizase un pseudónimo para escribir en tuiter, salvo que estuviera en el punto 1.- o 2.-, no habría interés público que justificase desvelar su identidad, porque no estaría escribiendo Pedro Sánchez sino @elpivotdelMaeztu. Y esto lo creo con independencia de las consecuencias que pudiera tener el hecho de que se hiciese pública esa identidad (por ejemplo, en la recusación de un juez).

Lo anterior, en lo que creo, sin embargo, es un desiderátum, por dos razones. Nos la cuelan en la vida real constantemente. Y nos la cuelan tipos con nombres y apellidos. A veces muy cercanos. A veces muy importantes. Esas mentiras a menudo no tienen consecuencias, por lo que hemos desprestigiado el honor como marca personal. Así que, como reacción ante este estado calamitoso de cosas, podemos caer en el error de terminar creyendo en personas que actúan bajo un nombre falso, solo por su simple apariencia, cuando lo inteligente es solo creer en lo que esas personas dicen por la fuerza de sus argumentos, sin construir prestigios a los que el propio autor renuncia al no hacer disponible su yo en la discusión.

La segunda razón es más prosaica: la gente que razona bien, que no miente, que usa datos contrastables, suele recibir atención. Y esto molesta a los que están en contra de sus argumentos o posiciones, que pueden terminar optando por jugar sucio. En primer lugar, porque nos encanta el argumento ad hominem y el pseudónimo nos lo jode. En segundo lugar, por hacerles daño y coaccionarlos. Ese sitio que revela la identidad de esos jueces, está, paradójicamente, demostrando su impotencia. A falta de razones, caza de brujas.

El uso del pseudónimo es legítimo precisamente porque decidimos en su momento que, en una sociedad libre, lo que importa es el intercambio libre de opiniones. Y por eso limitamos todas las trabas a lo más obvio: la actividad delictiva. Gracias a esto, muchas personas han podido contar con las explicaciones expertas de quienes, de otro modo, puede que no hubiesen escrito nada. Pero no necesariamente porque supiéramos que son jueces o fiscales —un juez o un fiscal también goza de libertad de expresión, por más que uno les recomiende cierta mesura, dada su función—, sino por alguna de esas razones personales que afectan a bomberos, directivos o autócratas dzúngaros.

Sí, una de esas razones personales que no son de su incumbencia, so cotilla.

 

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Apártate, que me tiznas

 

Me parece una pésima noticia que Vox y el PP hayan llegado a un acuerdo para que el candidato del PP pueda ser presidente de Andalucía.

Pésima.

Cómo no voy a decir esto si llevo años criticando que el PSOE haya llegado a pactos con Podemos y con los secesionistas, algo que, siendo generosos, es igual de malo.

Pero que los que han llegado a acuerdos con Podemos y con los secesionistas critiquen al PP y a Ciudadanos porque acepten los votos de Vox es un puto chiste. Sin gracia.

Lo que no es un chiste es que los que gobiernan con los votos de Bildu tenga los cojones de afear a nadie que acepte los votos de Vox.

Voy a recuperar parte de lo que escribí el 01/06/2018:

 

(…) Decía que había que hacer diferencias, porque, a pesar de todo, los secesionistas no son Bildu, aunque se hagan fotografías con Otegi.

Seguro que alguien me dirá: Sánchez no necesitaba los votos de Bildu. Claro, no los necesitaba, pero estos días se trataba de no hacer ruido. De ahí la bazofia intelectual sobre los «territorios» que quieren ser cosas. De ahí los asentimientos al portavoz de Puigdemont mientras este acusaba al PSOE de partido autoritario heredero del franquismo. De ahí las referencias al dolor y a lo que Sánchez «opina» sobre la condición de los golpistas encarcelados como «presos políticos». Por lo visto, el ya presidente del Gobierno opina que no lo son. Lo opina. Como opina que es mejor la tortilla de patatas con cebolla que sin ella. Joder, qué principios más arraigados los suyos.

Lo que yo esperaba, al menos, era que dijera a los herederos de la ETA y a los que toda su vida han estado aplaudiendo a los asesinos: «no quiero sus votos. No quiero ser presidente con sus votos. Son ustedes muy libres de votar sí, por supuesto. Pero, por mucho que me parezca mal lo que ha hecho Rajoy, antes me corto un brazo que entrar en la Moncloa de su mano. Y si no me diese la mayoría y necesitase sus votos, preferiría que continuase gobernando el PP. Para que les quede claro».

Sin embargo, el señor presidente del Gobierno se ha puesto a hablar de pensiones y de lo conforme que está con la portavoz de Bildu sobre la necesidad de derogar la llamada ley mordaza.

Esto es todo lo que Sánchez le ha dicho a la portavoz de Bildu, en sus dos intervenciones. No les pido que lo vean; no merece la pena. Lo pongo solo para que no tengan que creer mi palabra.

 

 

Imaginen a un candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno que recibiera el apoyo de un partido nazi.

Imaginen que el candidato le dijera al tipo en cuestión unas palabras sobre lo importante que es reformar la ley hipotecaria, pero olvidase eso de «da usted asco, amigo nazi, y se puede meter sus votos por el culo».

Sí, imaginad lo que andarían diciendo los intensos que llevan un día tan indignados porque Rajoy estaba en un bar y no por la amnesia repentina del candidato estos dos días.

Aunque quizás lo que le haya pasado a Sánchez y al PSOE no es que estén padeciendo amnesia. Sino lo contrario: que acaben de recuperar la memoria.

 

 

Contesten a las preguntas del final

 

Veo este tuit:

 

Abro el enlace, buscando una ENTREVISTA y me encuentro con un refrito de declaraciones. No hay preguntas y respuestas separadas. Ni siquiera está claro si ha existido la entrevista, ya que el vídeo que aparece al principio incluye declaraciones en momentos diferentes. La parte del principio del vídeo, una entrevista de Europa Press, es de julio de 2018, y más tarde se incluyen declaraciones efectuadas a Telemadrid en una fecha ignota.

Todo esto ha provocado que se active mi sentido arácnido y más tratándose de El País. ¿Ha existido la entrevista o Natalia Junquera se ha puesto a buscar trocitos que pudiera entrecomillar? Podría ser, ya que algunas de las cosas que aparecen las he encontrado en otros lugares. Aunque siempre cabría que aparezcan porque Díaz Ayuso las repita a todas horas. Además, en la «ENTREVISTA» se incluyen declaraciones de otras personas (como Aguirre, Garrido, Serrano y mi favorito: un «veterano cargo del PP madrileño»), por lo que más que una entrevista, parece un reportaje sobre la dirigente pepera.

En particular, me ha llamado la atención el propio titular:

Isabel Díaz-Ayuso, embajadora del PP sin complejos: “Para ser mejor mujer no tengo que ser feminista”

He buscado si Díaz Ayuso había dicho eso literalmente en algún otro lugar y no lo he encontrado. En la pieza que nos ocupa, en esa «ENTREVISTA», se dice que esto lo «declara a El País». Lo declara y en el artículo aparece de la siguiente forma:

«Lleva casi 15 años en política, pero sus polémicas declaraciones sobre Vox o el feminismo han disparado su protagonismo en los últimos días. “Para ser mejor mujer no tengo que ser feminista”, declara a EL PAÍS. Para ella, la ley es “mejorable”.»

Puesto que la declaración se considera tan importante como para servir de titular, lo lógico es que la periodista hubiera incluido literalmente toda la pregunta y la respuesta completa. Porque eso de que para ser mejor mujer no tiene que ser feminista suena muy raro, sobre todo considerando esto. Vayan al minuto 3’30” y escuchen desde ahí hasta el final:

Ella habla de lo que denomina «feminismo radical», «feminisimo exacerbado», «feminismo politizado», «feminismo malentendido», «feminismo enloquecido». Me remito a las explicaciones que da y que pueden ustedes escuchar en el vídeo sobre eso que no le gusta. De hecho afirma literalmente (5’10”) que «el feminismo entendido como la igualdad entre hombres y mujeres evidentemente quién no lo quiere».

Ahora, escuchado esto y vista la extraña naturaleza de la «ENTREVISTA» que publica hoy El País, les propongo dos preguntas:

La primera: ¿creen a la vista de lo anterior que ese titular de El País es una exposición fiel de lo que opina Isabel Díaz Ayuso?

La segunda: ¿creen ustedes que tengo razones objetivas para sospechar que alguien nos está contando una trola en forma de frase sacada de contexto y manipulada para poder vender que la señora esta —a la que acabo de conocer y escuchar y que, por cierto, dice cosas que me gustan más bien poco— es una troglodita?

 

El libre albedrío es un engaño y me han obligado a escribir un libro para denunciarlo

 

Este artículo es inconsistente y simplista, está repleto de contradicciones y utiliza definiciones infantiles y categorías propias de Liberalismo para dummies. De hecho, recuerda más al trabajo «brillante» de un estudiante de bachillerato que a la síntesis de la posición sobre el liberalismo, el libre albedrío y el futuro que nos acecha de un autor solvente.

Empiezo a explicarme el éxito de Harari.

Por cierto, esto es maravilloso:

«Es posible que este descubrimiento otorgue a los seres humanos un tipo de libertad completamente nuevo. Hasta ahora, nos identificábamos firmemente con nuestros deseos y buscábamos la libertad necesaria para cumplirlos. Cuando surgía una idea en nuestra cabeza, nos apresurábamos a obedecerla. Pasábamos el tiempo corriendo como locos, espoleados, subidos a una furibunda montaña rusa de pensamientos, sentimientos y deseos, que hemos creído, erróneamente, que representaban nuestro libre albedrío. ¿Qué sucederá si dejamos de identificarnos con esa montaña rusa? ¿Qué sucederá cuando observemos con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente y nos preguntemos de dónde ha venido

¿Qué sucederá? Nada, hombre, nada. No sucederá nada porque cómo va a suceder nada si el libre albedrío es una tomadura de pelo y yo he pinchado en el artículo de El País creyendo que lo hacía libremente, cuando en realidad estaba siendo manejado por los que quieren que compre libros de Harari.

Paladeen la frase:  «¿Qué sucederá cuando observemos con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente (…)?». A ver, Yuval, ¿quién va a observar con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente? ¿Hay alguien dentro de nosotros, Yuval? ¿Un Yuval chiquitito?

En fin, pensaba tirarme un rato con el artículo, pero tengo cosas mejores que hacer, así que me remito a esto.

 

Extremistas

 

Varias personas, a raíz de este artículo (lo llamo así en el propio texto porque no lo escribí para que fuera una entrada de un blog) me dijeron que quizás tuviera razón en alguna de las cuestiones que exponía, pero que el momento era equivocado, ahora que se ha convertido la cuestión de la legislación sobre violencia doméstica en materia de discusión política por la irrupción de Vox tras las elecciones andaluzas. Que abonar esta discusión equivale a dar argumentos a la extrema derecha. También alguien me comentó que el momento era inadecuado porque el día en que planteaba publicarlo había sido asesinada una mujer en un episodio aparentemente de violencia doméstica.

Siempre he sido muy tozudo con mis ideas. Sobre todo con las más queridas. Las defiendo aunque el momento pueda parecer inadecuado, porque casi siempre el mejor momento para defenderlas es cuando parece más inadecuado (no hay mejor manera de defender, por ejemplo, la presunción de inocencia que cuando protege al aparentemente más indigno y dañino de los hombres). Por otra parte, llevo más de una década diciendo cosas parecidas. La única diferencia es que antes sobre esto escribíamos tres.

Pero hay otra razón que ya expuse en ese articulo, sobre la que quiero volver, y que es de oportunidad. Si la gente razonable y moderada no se apropia del debate, dejando de lado posiciones ideológicas y descripciones definitivas y admite la discusión abierta y leal, con datos y sin apriorismos, vamos a ir de cráneo. Dentro del concepto «gente razonable» hay que incluir a personas que afirman cosas que no nos gustan o nos convencen, siempre que se atisbe en ellas predisposición para la discusión racional y para cambiar de opinión.

Por ejemplo, una persona irrazonable es nuestra vicepresidenta:

Irrazonable es afirmar esto:

«La violencia familiar existe, la violencia doméstica existe, la violencia machista es otra cosa. En el caso de los feminicidios determinados por el azar, es puro terrorismo ciego. En el caso de los asesinos que consideran que sus esposas son objetos de su propiedad, es la manifestación terrorista de una tradición criminal, que ha esclavizado, maltratado y excluido durante siglos a la mitad de la población a favor de la otra mitad. Aunque las cifras sean abrumadoras, no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Tratar todas las violencias de la misma manera es posicionarse a favor de la violencia machista, quitarle importancia, avalar las razones de los asesinos de mujeres.»

El problema es, de nuevo, de asimetría. Se ha impuesto, dentro de la «oficialidá», el discurso del que acabo de exponer dos muestras, que se ha terminado haciendo hegemónico. No solo se ha convertido en verdad oficial, sino que se ha despreciado a quienes lo discutían, introduciendo el más pequeño matiz, convirtiéndolos en cómplices de los criminales. Yo soy, para el discurso oficial, una persona que se posiciona a favor de la violencia machista, que le quita importancia y que avala las razones de los asesinos de mujeres. De los potenciales asesinos de mis dos hijas.

Esto no solo es insultante, sino que es francamente estúpido.

No creo que Carmen Calvo o Almudena Grandes sean recuperables para la discusión racional. Pero imagino que muchas personas que crean que estoy totalmente equivocado en este asunto sean capaces de plantearse si no es mejor discutir con personas como yo, admitiendo al menos el debate y la posibilidad del paso atrás, antes de que esto se convierta en una guerra entre los «amigos de los asesinos de mujeres» y «los amigos de las feminazis», y tengamos que echarnos a llorar por la victoria de unos u otros.

 

Una comparación chunga

 

Hoy, mi querido Manuel Jabois, ha escrito esto

Hay comparaciones chungas y esta es una de ellas. Los proetarras no condenaban todas las violencias, sino que se negaban a condenar los crímenes de ETA porque estaban de acuerdo con ellos. Si Vox dice que un asesinato de un marido a manos de su esposa es igual al asesinato de una esposa a manos de su marido lo que afirma es tan robusto que Manuel va a tener difícil rebatirlo.

Para que se me entienda mejor, dos consideraciones:

La primera, a mí los asesinatos de ETA me parecían muy mal, como es natural. Los asesinatos por el terrorismo de Estado (sí, para mí lo fue), me parecían peor. ETA era una basura, pero me da mucho más miedo un Estado que mata que esos hijosdeputa, por organizados que estuvieran. Creo que ninguna persona de bien habría tenido problemas en condenar el asesinato de un guardia civil a manos de los etarras y condenar después el de Lasa y Zabala, a manos de un guardia civil. Vean que a los asesinados por un guardia civil les pongo apellidos de memoria. Es fácil, ETA mató a centenares de guardias civiles y muy pocos se acuerdan de sus nombres.

La segunda consideración: para comprobar si afinas moralmente con una comparación, nada mejor que intentar averiguar si se sostiene.

No hay crimen de ETA condenado por los proetarras mientras ETA actuaba. Condenados sin peros. Condenados diciendo ETA asesina. Vean que el cocinilla Otegi no se atrevió a condenar el terrorismo ni siquiera en esos últimos juicios en los que se le acusaba de cosas feas, a pesar de que, según nos cuentan, ya estaba «promoviendo» la paz. Para los etarras y sus amiguitos, los crímenes de ETA eran consecuencia del conflicto, un resultado no deseado de una violencia política nacida de la ausencia de democracia y de libertad. Sí, amigos, hemos estado comiendo esa asquerosa basura durante décadas. Y hasta había quien les compraba parte del discurso fuera de la secta.

Ahora vean esto: es lo que decía VOX en julio de 2016 sobre las decisiones que se estaban adoptando en el Congreso de los Diputados en materia de violencia doméstica. Díganme dónde dice Vox que los asesinatos de mujeres sean consecuencia de los asesinatos de hombres u otras víctimas vulnerables. Exacto, en ninguna parte. De hecho, dicen:

«Desde VOX estamos radicalmente en contra de este Pacto de Estado que no va a
erradicar la violencia que pretende combatir»

«1º El hecho de ampliar los supuestos de una violencia específica a todo caso de
violencia de los hombres contra las mujeres, aumenta la desigualdad jurídica entre
ciudadanos (…)»

«2º Las medidas extraordinarias de tratamiento de posibles víctimas de este tipo de
violencia, (…)»

«Los recursos asignados a erradicar esta violencia se malgastan en casos
instrumentales dejando desprotegidas a las mujeres en verdadera situación de
maltrato.»

«4º La ingente inversión en la última década de fondos públicos contra este tipo de
violencia no ha mejorado la situación, por lo que es evidente que se aplican medidas
ineficaces. La violencia contra la mujer en el ámbito de la pareja se ha incrementado o
disminuido aleatoriamente cada año al margen de la inversión pública destinada a
combatirla. El abordaje del problema ha de hacerse analizando, sin prejuicios
ideológicos, las causa.»

«5º La intromisión en los centros educativos de una ideología que criminaliza al
varón acusándolo de maltratador por su sexo y que olvida otras violencias, lejos de
facilitar el respeto entre los sexos, dificulta las relaciones de los menores, invisibiliza
otras víctimas de violencia y crea nuevas situaciones de injusticia.»

Como es evidente, te podrá gustar o no lo que proponen en esta materia y sus análisis, pero ¿dónde dice Vox que no hay asesinatos de mujeres y que no deban castigarse? ¿Dónde justifica Vox esos asesinatos hablando de legítima defensa —eso es «las violencias»—?

¿Dónde ha pedido Vox la amnistía para los asesinos de mujeres? ¿Dónde ha homenajeado Vox a un asesino de mujeres que sale de prisión con algún bailecito de mierda y aplausos de sus vecinos?

Exacto, en ninguna parte.

De hecho, es facilísimo para Manuel Jabois, que es periodista, demostrar su tesis: que le pregunte a cualquier dirigente de Vox si condena el último asesinato de una mujer a manos de su pareja o expareja y si apoya que el tipo se pudra en la cárcel.

 

NOTA: Me escribe Manuel y responde lo que viene a continuación:

Querido Tse, no sé si no encuentro la manera de dejar comentarios en tu blog o es que los has quitado, no me aclaro.

Como sabes, no suelo contestar desde hace años a las entradas de tu blog Las cuatroesquinas de Jabois. Primero porque me resulta difícil seguir el ritmo y, segundo,  porque he comprendido, después de leernos tanto, que hay ironías, figuras literarias o esquemas extremadamente sencillos que o bien no detectas o, simplemente, acaban convirtiéndose en algo más complejo de lo que son, otorgándome un talento oculto que no tengo: contestas la sandez del sabio que no soy en lugar de la ironía del chistoso por el que sí paso.

Otras veces me has dado en los morros y aprendo, que es como mejor se aprende, a golpes; te lo agradezco. Esas veces son por datos que yo desconocía; las otras, en las que te me pierdes, es por el sentido que tú le das a mis frases y el sentido que le doy yo. Ninguno es el caso de hoy, creo, así que van unas líneas.

Como sabes, el 95% de los condenados por violencia en la pareja son hombres. Además, prácticamente el 100% de los agresores sexuales son hombres. Observo una constante; llámalo algo estructural, llámalo tendencia. Cuando Vox dice que hay que suprimir las leyes de violencia de género y sustituirlas por una ley de violencia intrafamiliar que considere igual de víctimas a mujeres y hombres, sin distinción de género, yo digo en la radio que eso es apartar el foco de un problema y disolverlo al modo en que los proetarras, efectivamente, no querían condenar a ETA sino “a todas las violencias” para no tener que señalar la gravedad de una violencia concreta. Puedes estar de acuerdo o no, y podemos discrepar en que cada crimen pese más o menos, que discrepamos.

¿Pero es tan difícil de entender la comparación? Pues mira tu respuesta:

Como es evidente, te podrá gustar o no lo que proponen en esta materia y sus análisis, pero ¿dónde dice Vox que no hay asesinatos de mujeres y que no deban castigarse? ¿Dónde justifica Vox esos asesinatos hablando de legítima defensa —eso es «las violencias»—?

¿Dónde ha pedido Vox la amnistía para los asesinos de mujeres? ¿Dónde ha homenajeado Vox a un asesino de mujeres que sale de prisión con algún bailecito de mierda y aplausos de sus vecinos?

Exacto, en ninguna parte.

De hecho, es facilísimo para Manuel Jabois, que es periodista, demostrar su tesis: que le pregunte a cualquier dirigente de Vox si condena el último asesinato de una mujer a manos de su pareja o expareja y si apoya que el tipo se pudra en la cárcel.

Me preguntas dónde dice y pide Vox todo eso y respondes que en ninguna parte. Ahora te pregunto dónde digo yo todo eso que atribuyo a Vox: exacto, en ninguna parte.

Para mí, como periodista, hubiera sido facilísimo demostrar una tesis que no expongo. Para ti, como abogado, hubiera sido mucho más fácil no construir un hombre de paja que no cabe por la puerta de un juzgado.

El abrazo y la admiración de siempre, y felices fiestas, si sigues en ellas.

M.

 

No eres Laura. Estás viva.

 

Hay algo curioso en este tuit:

Lo escribe una periodista con muchos años de experiencia, que ocupa una de las corresponsalías más importantes. Hay que presumir, por tanto, que a) es una persona muy capaz y b) es una persona especialmente informada.

Estas son las estadísticas de homicidios dolosos en España de 2016 del Ministerio del Interior:

La comparación no es perfecta, porque usa datos de 2013 y 2014 para otros países, pero no puede ser mucha la desviación.

En todo caso, la evolución, en esta materia, desde 2005 es bastante evidente (y, en 2005, España ya era uno de los países con menos homicidios dolosos del mundo):

He leído muchas críticas al tuit que comparan estas estadísticas con las de la ciudad de Nueva York (solo en la ciudad de Nueva York hubo más homicidios dolosos que en toda España en 2016; concretamente 335, un 3,4 por 100.000 habitantes, es decir, 5,4 veces más que en España). En parte, las críticas son injustas: la periodista no afirma que Nueva York sea más segura. Sin embargo, el tuit encierra algo perturbador y ese es el motivo de esta entrada.

Los sentimientos colectivos son peligrosos. No solo sirven para esclavizar a la gente, sino que suplantan al análisis racional y solo el análisis racional nos permite abordar problemas complejos. Hay pocos problemas más complejos que el de lograr un equilibrio entre libertad individual y seguridad en sociedades con millones de habitantes. De hecho, es curioso que se hable siempre de seguridad colectiva cuando se aborda el crimen, porque ese término parece más apropiado para conflictos en los que de verdad la seguridad de la mayoría se pone en peligro (por ejemplo, una guerra, o una situación de inexistencia real del Estado, a pesar de su existencia nominal). La expresión seguridad colectiva solo debería utilizarse fría, estadísticamente. Cada año, en España, una persona de cada 160.000 será asesinada (la gran mayoría serán hombres, por otra parte). Una de las más bajas cifras del mundo. De hecho, es milagroso que la civilización haya llegado aquí, si examinamos las sociedades del pasado. Estas cifras pueden retorcerse. En el análisis de las agresiones sexuales se retuerce cuando se utiliza la expresión «una mujer cada ocho horas es violada en España» porque, para hacer hincapié en el sufrimiento de la víctima y enfatizar la gravedad de los datos, se opta por una visión que encubre que las violaciones en 2015 ascendieron a 1.127, un 2,42 por cada 100.000 habitantes o 4,76 si solo consideramos la población femenina. 1.127 de 23.692.000 suena bien diferente de una mujer es violada cada ocho horas. Como el añejo uso de los campos de fútbol como medida, el número de víctimas por hora, sin mostrar el dato de la población incluida en la medida, es un espejo deformante.

Cuando se exponen los datos, siempre contesta alguien: «un solo caso es terrible». Y ahí es donde entra el peligro de sustituir la razón por los sentimientos. Esta entrada no es una apología del señor Spock. No voy a discutir la la importancia de los sentimientos en nuestra vida personal. De hecho, en gran medida la gobiernan, para bien o para mal. Pero lo que puede incluso ser positivo en la vida individual es siempre un error gravísimo a la hora de gobernarnos. Los sentimientos privados, individuales, tienen corto alcance. Mi enamoramiento o mi odio, mi exaltación al escuchar esa pieza de Bach o mi tristeza delante de ese cuadro de Velázquez, poco daño pueden hacer a un señor que vive en Cádiz. De hecho, los sentimientos individuales son de adición o resta complicadas porque suelen ser complejos, con perfiles propios. Sin embargo, en ocasiones se simplifican y empiezan a sumarse a los de otros. Es algo conocido: en un concierto en el que hay cien mil personas o en un estadio de fútbol, vemos a miles llorar o reír o excitarse al unísono. Y el hecho de verlos nos lleva a sincronizarnos con ellos, a «no ser menos». Esos sentimientos son además especialmente intensos porque la sensación —no la idea— de que los míos tienen razón, de que somos mejores, provoca un placer físico. Esa suma, esa ola de sentimientos, se basa necesariamente en la simplificación.

Esos sentimientos colectivos, tribales, están en el origen del nacionalismo y el racismo. Han sido fuente de las peores tragedias de la humanidad. Por eso lentamente fuimos colocando barreras, procedimientos, instituciones. Para responder a la inflamación no hay nada como la sala de espera de un médico. Eso son nuestras instituciones, salas de espera para las malas pasiones.

Por desgracia, estas cosas se olvidan recurrentemente. Casi nadie se da cuenta de que la gente que sustituye la razón por los sentimientos —aunque los disfrace de razones— siempre cree que «tiene razón». También cuando habla del «enemigo». Sí, el enemigo también cree que tiene razón y te percibe a ti como enemigo. Y, como la posición de unos y otros no se basa en el análisis racional, sino en los sentimientos, todos son inmunes a la posibilidad de cuestionárselos.

Todo esto se complica cuando usamos la razón y los procedimientos, cuando analizamos, con todos los marcadores éticos que queramos, la realidad relativizándola. Decir «un solo caso es terrible» es, desde este punto de vista, una estupidez. En una sala en la que se razona, al que dice eso, se le quita la palabra. Las medidas solo se pueden adoptar tras un diagnóstico serio, tras medir su coste —los recursos son limitados y hay límites infranqueables, como esos tan olvidados que tienen que ver con la libertad y la dignidad— y tras intentar prever sus consecuencias. Sí, es un coñazo hacer todo esto y, además, muchos nos perderemos. Resulta que, en ocasiones, te tienes que fiar del experto porque ni siquiera eres capaz de entender sus cálculos.

Pero es que, además, las olas sentimentales no solo no sirven para resolver nada, sino que a menudo provocan efectos terribles por su resonancia. Si repetimos constantemente que hay que tener miedo, que hay que hacer algo, que el mal está a punto de engullirnos, si reforzamos esto con millones de mensajes simplistas que repiten consignas y hashtags para lograr esa suma que nos sitúa en el bando de los buenos, podemos terminar provocando la venida del año mil y el fin de los tiempos. Los sentimientos colectivos producen efectos reales: te hacen creer que Alemania perdió la guerra por una conspiración judía mundial como dice el tipo ese del bigote y que es buenos matar a millones para lograr la aparición del reino de los cielos en forma de paraíso comunista.

En estos juegos peligrosos caerán los ciudadanos corrientes. Lo triste y terrible es que caigan personas informadas y con opiniones influyentes. Sobre todo cuando suponemos que esas personas no quieren que la ola sentimental sea utilizada por algún líder sin escrúpulos, como ya ha ocurrido en el pasado.

Por desgracia, el énfasis en el uso de los sentimientos colectivos se utiliza en las democracias por todos los partidos. Pero son nocivos. Siempre. Sí, también cuando se refieren a una mujer asesinada.

 

El precio

 

Los escritos de acusación de los fiscales y de los abogados del Estado me interesan, pero no tanto por la calificación jurídica como por la fijación de los hechos en que fundamentan sus acusaciones.

Se suele olvidar que se acusa por la participación en hechos indiciariamente delictivos y que la calificación de esos hechos, no solo durante la fase de instrucción, sino también en los escritos de acusación es provisional, instrumental.

Si fuéramos racionales, aplicaríamos el manual. Lo importante en el escrito de acusación es fijar las fronteras fácticas: los hechos no incluidos en él solo en casos muy concretos pueden añadirse tras el juicio en la acusación definitiva e influir en la condena contenida en la sentencia (*).

La cuestión es que la decisión, incluso la provisional, incumbe a un jurista. A alguien con formación que se supone hace su trabajo basándose solamente en su propio análisis jurídico de los hechos. La guitarra es suya y puede que no te guste cómo la toca, pero él es el artista invitado.

Lo inadmisible es la intrusión. El Gobierno del PSOE lo es porque contó con el apoyo de los batasunos y de los secesionistas. Es decir, con el apoyo de los que quieren acabar con España. Nadie en sus cabales, que no sea un embustero, negará esto.

La pregunta que nos hicimos todos el día en que el PSOE echó a Rajoy fue: ¿a qué precio? Ellos negaban haber pagado ninguno. Hoy sabemos —como sospechábamos entonces— que es mentira. Que estamos en manos de personas sin escrúpulos que han puesto a la venta el Estado para seguir ocupándolo.

Habrá un juicio: podremos presenciar las pruebas, escuchar a acusados, testigos y peritos. También a abogados y fiscales. Y podremos analizar la sentencia que se dicte. La que sea. También la absolutoria. Pero ya nadie puede negar que el precio se está pagando, torpemente, a trompicones.

Quizás en un momento dejen de pagar y vuelva Sánchez a envolverse en la bandera. Por cálculo. No porque la ley y las instituciones le importen. Así es esta desgracia que nos ha caído encima.

 

 

NOTA:

Dice el Tribunal Supremo:

«De acuerdo a reiterada jurisprudencia en esta Sala, el principio acusatorio aparece íntimamente unido al derecho de defensa, de manera que la acusación debe ser comunicada a la defensa con antelación suficiente para que ésta pueda preparar su participación en el proceso en defensa del imputado. Esto excluye acusaciones sorpresivas que lesionen o impidan el derecho de defensa. Por otra parte, el objeto del proceso -decíamos en nuestras  SSTS 1143/2011, 28 de octubre  (RJ 2012, 1280)  ;  651/2009, 9 de junio  (RJ 2009, 4901)  y  777/2009, 24 de junio  (RJ 2009, 4713)  – es de cristalización progresiva. Las conclusiones provisionales (art. 650 LECrim (LEG 1882, 16)) permiten definir los términos de los debates del juicio oral. Pero son las conclusiones definitivas las que delimitan el objeto del proceso, tanto en su dimensión objetiva como subjetiva. Y son precisamente tales conclusiones definitivas, formuladas una vez practicada las pruebas en el juicio oral, las que han de ser tomadas como referencia para determinar la ineludible correlación entre la acusación y el fallo, presupuesto inderogable del principio acusatorio.

(…) La posibilidad de modificación de conclusiones al formularse la calificación definitiva a la vista del resultado probatorio viene ofrecida por el  artículo 732   de la  Ley de Enjuiciamiento Criminal  (LEG 1882, 16), siendo en esta definitiva calificación donde queda fijado el objeto del proceso y se establece la exigencia de correlato entre acusación y fallo. Es por ello que la ley habilite la posibilidad de suspender el enjuiciamiento para tomar conocimiento de una modificación de las conclusiones definitivas que suponga una alteración del objeto del proceso, quedando vedado a la acusación una modificación que supongan alteración sustancial del objeto dentro del proceso como precisamente por la adhesión al derecho de defensa. (…)

La correspondencia con ese hecho es el tipo penal objeto la acusación por lo que la inclusión en la acusación sin una modificación fáctica, sino jurídica, de algo que ya ha sido objeto de prueba en el desarrollo del juicio oral no supone una alteración sustancial del escrito de calificación causante de indefensión. En todo caso, la cuestión que ahora se plantea pudo, y debió, ser objeto de análisis en el momento procesal oportuno conforme dispone el artículo 732 y el 788.4 de la Ley procesal penal , que posibilita la concesión del aplazamiento de la sesión para preparar adecuadamente las alegaciones y, en su caso, aportar elementos probatorios de descargo que estimen conveniente y eso fue lo que ocurrió. (…)

En la  STS 58/2018, de 1 de febrero  (RJ 2018, 300), recordamos que nada impide introducir un nuevo titulo de condena y no se produce un apartamiento del objeto procesal por introducir en el debate esa novedosa perspectiva jurídica.

El Fiscal en el trámite de conclusiones definitivas sin apartarse del objeto de la causa (los hechos punibles que resulten del sumario) puede extender, con ciertos límites, la acusación a hechos distintos pero conectados, así como ampliarla subjetivamente frente a quienes ya están imputados y acusados. Y también -y esto es lo que sucede aquí- puede introducir nuevas alternativas de subsunción jurídica siempre que no comporte alteraciones competenciales o procedimentales (en cuyo caso habrían de hacerse algunas matizaciones) o no haya sido ya definitivamente excluida (v.gr. por haberse estimado un recurso contra el procesamiento). No sería posible más que con condiciones muy estrictas la introducción de unos hechos nuevos ajenos a la fase de investigación. Pero si se trata de conductas investigadas, objeto del proceso y no excluidas del mismo, no hay obstáculo para modificar el título de imputación o efectuar otras alteraciones de esa índole.

(…)  STS 1185/2004 de 22 de octubre  (RJ 2004, 6850), con cita de abundantes precedentes, enseña que… “si el condenado tuvo ocasión de defenderse de todos y cada uno de los elementos que componen el tipo de delito señalado en la Sentencia… no existe indefensión”, ya que ningún elemento nuevo sirve de base a la nueva calificación. (…)

Abunda en esas ideas la  STS de 5 de diciembre de 2005  (RJ 2005, 10184)  en la que leemos: «…carece de todo fundamento legal y doctrinal la alegación de que la modificación de las conclusiones acusatorias efectuadas en el acto del Juicio Oral, signifique una reducción de los derechos de defensa del acusado. Dicho trámite, como es notorio, está previsto tanto en el art. 732 como en el 793.6  LECrim  (LEG 1882, 16), y, en términos generales, su inexistencia convertiría poco menos que en inútil toda la actividad procesal que se desarrolla en el acto trascendental del Juicio Oral y que constituye la fase esencial de todo el proceso (…). De ahí que en dichas resoluciones se haya mantenido que el verdadero instrumento procesal de la acusación es el escrito de conclusiones definitivas, por lo que la sentencia debe resolver sobre ellas y no sobre las provisionales. (…)  El conocimiento de la acusación se garantiza inicialmente mediante las conclusiones provisionales y, una vez finalizada la actividad probatoria en el acto del juicio oral, mediante las definitivas en las que, naturalmente, se pueden introducir las modificaciones fácticas y jurídicas demandadas por aquella actividad, siempre que se respete la identidad esencial de los hechos que han constituido el objeto del proceso. (…)

En la jurisprudencia del Tribunal Constitucional también encontramos afirmaciones generales sobre la posibilidad de modificación de las conclusiones provisionales. Por todas, la  STC 40/2004, de 22 de marzo  (RTC 2004, 40)  enseña lo siguiente: “…Por ello, hemos sostenido que una modificación de los hechos y de la calificación jurídica del escrito de calificaciones provisionales, al fijar las definitivas, puede ocasionar la lesión del derecho de defensa contradictoria, “pues si, como acabamos de recordar, no puede contradecirse lo que se desconoce y la defensa se ejerce primeramente en el juicio oral, el acusado no habrá podido ejercer de forma plena su defensa, respecto de las modificaciones fácticas y jurídicas introducidas en las calificaciones definitivas, al final del juicio oral” (  STC 33/2003, de 13 de febrero  (RTC 2003, 33) , FJ 4).

Ahora bien, como también afirmábamos en esta Sentencia, ha de recordarse que dicha vulneración no se produce con carácter automático por la mera introducción de cualquier modificación en el escrito de calificación definitiva, sino que se requiere que dichas modificaciones sean esenciales respecto de la concreta figura delictiva por la que finalmente se condena, porque las diferentes garantías conectadas con el principio acusatorio se asientan en la inalterabilidad de los elementos esenciales del hecho constitutivo de infracción penal a partir de la fijación formal de la acusación en las calificaciones provisionales (…). En consecuencia, la existencia de diferencias sobre elementos no esenciales del hecho constitutivo de delito entre las calificaciones provisionales y las definitivas no suponen la vulneración del derecho de defensa (STC 33/2003, de 13 de febrero  (RTC 2003, 33) , FJ 4).

E incluso en el supuesto de que se introduzcan modificaciones que incidan sobre elementos esenciales del hecho constitutivo de delito o que impliquen una nueva calificación jurídica, para declarar vulnerado el derecho de defensa hemos exigido que el acusado ejerza las facultades que le otorga la Ley de enjuiciamiento criminal (…), solicitando la suspensión del juicio, para poder articular debidamente su defensa (…), exigencia que responde a la aplicación de la doctrina general de que la indefensión constitucionalmente proscrita es la que deriva de la actuación del órgano judicial y no la que ocasiona la falta de diligencia procesal de la parte en la defensa de sus intereses (…)

 

Artículo franco emparedado

 

He escuchado esta mañana a Pablo Iglesias hablar de los bolsonaros españoles (o algo así). Me congratula comprobar que ya podemos introducir de nuevo claves internacionales en el discurso político patrio y que no se nos acusará de sacar a Venezuela a pasear.

Eso sí, Bolsonaro es una promesa, Maduro una realidad. De lo mismo.

Sobre esto, leí el otro día que Bolsonaro era la respuesta de muchos brasileños al miedo a que su país se convirtiera en Venezuela. Menudos ilusos: para evitar la tiranía y el liberticidio, eligen a un prototirano liberticida. A un Maduro.

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El País se ha convertido en un agregador de noticias sobre Franco. Lo más gracioso es que la mayoría de las noticias las crea el propio periódico con un procedimiento que recuerda a la maravillosa máquina de creación de textos posmodernos, solo que la máquina del periódico es mucho más burda, ya que la randomización no más utiliza Franco, franquismo y algún otro término equivalente, lo que produce cierta indigestión.

Esto es la versión especular, por cierto, de lo que hacía la dictadura franquista. En alguna ocasión, he contado que viendo Las sandalias del pescador descubrí que la versión doblada incluía una escena en la que a un operario que realiza trabajos en el Vaticano se le había cambiado el nombre: dejó de ser Franco y pasó a ser Paolo, o algo similar.

Como el divertimento no puede fundamentarse en la combinación, tan paupérrima ella, se limita a la conexión disparatada. No me extrañaría que hubiera en la redacción del medio un premio a la inclusión más descacharrante. Podríamos, incluso, convertirlo en un concurso nacional; un «ponga a Franco en la sopa».

Estoy por participar. Escribir una entrada en la que ponga Franco en cada párrafo, y obligarles a ustedes a consumir el engrudo.

Voy a ser franco: como me caen bien, mejor les evito el mal trago.

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Hoy Rivera le ha preguntado a Sánchez machaconamente si ha prometido el indulto a los golpistas secesionistas para el caso de condena.

Sánchez se ha amparado en su derecho constitucional y ha decidido no incriminarse.

 

Expertos en periodismo

 

He leído el auto que confirman la conclusión del sumario contra los dirigentes secesionistas que encabezaron el golpe de Estado del año pasado en Cataluña (también se ha dictado auto de apertura del juicio oral).

Son resoluciones sin especial importancia, que solo revelan los intentos desesperados de los abogados por retrasar el juicio. El auto reproduce las ingentes diligencias que se piden. No puedo juzgar la relevancia de todas ellas ya que no conozco la causa, pero de muchas se puede decir que obviamente solo buscan inundar el procedimiento para más tarde alegar infracciones de derechos fundamentales, en particular dada la naturaleza de la fase en la que nos encontramos, en la que no es precisa la existencia de una prueba plena y en la que la sala únicamente ha de considerar si la narración del magistrado instructor en el auto de procesamiento es típica (es una especie de juicio formal de encaje en los diferentes tipos de delito por los que se abre el juicio), algo similar a lo que se pedía a los famosos jueces de Schleswig Holstein (con la diferencia de que el juicio de tipicidad de estos se refiere al derecho alemán, no al español).

Si escribo esto es solo porque, aunque hay muchas diligencias solicitadas que son pintorescas, hay dos solicitadas por el abogado de Jordi Cuixart tan lisérgicas que no quería que muriesen ahí, entre las toneladas de palabras del legajo, sin que los amables lectores de este blog tuviesen la oportunidad de conocer de su existencia. Son estas:

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Hoy también hemos sabido que el Tribunal Supremo ha decidido archivar la causa contra la senadora del Partido Popular Pilar Barreiro. Dice la nota de prensa:

Tras practicar todas las diligencias posibles, analizar la documentación que obra en la causa, así como las testificales celebradas, la magistrada concluye que la instrucción está terminada y que no se ha consolidado un principio de prueba que de vigor a “las sospechas de corrupción contra la investigada”.

En un auto, la instructora afirma que la “precariedad de los indicios” acumulados contra la investigada sobre el concierto para desarrollar a través de la contratación pública una trama defraudatoria que pudiera encajar en el delito de fraude (artículo 436 del Código Penal) imputado como primera infracción, arrastra al resto de delitos.

De acuerdo con el criterio del fiscal, la magistrada explica que acuerda esta decisión debido a que “el débil, equívoco, y ambivalente material probatorio” carece de toda aptitud para generar un mínimo de certeza que justifique la continuación de la instrucción. Añade que sin perjuicio de que las actuaciones puedan ser reabiertas en un futuro contra la investigada, si se añadieran nuevos elementos de incriminación y sin que esta decisión trascienda respecto a las demás investigaciones realizadas en la causa que se sigue en el juzgado central de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional.

Ya ven: “precariedad de los indicios” y “débil, equívoco, y ambivalente material probatorio”.

Naturalmente, esto ya no importa nada.