Las pruebas, esa cosa machista

 

En el mismo periódico (llamémoslo así) en el que se publica el artículo vomitivo que comento en la entrada anterior, se ha publicado esto de Lidia Falcón, licenciada en Derecho y candidata a inquisidor.

Les voy a mostrar solo algunas perlas:

Se ha filtrado el borrador del Pacto de Estado Contra la Violencia de Género (como le llaman) (…)  No he leído las 70 u 80 páginas que llenan las 200 medidas, porque me parece que a mi edad no me lo merezco. (…) Pero tampoco las leerán los fiscales ni los jueces ni los policías ni las asistentes sociales ni los psicólogos ni los forenses a los que conciernen, porque eso es ilegible.

La señora Falcón sabe que algo que no ha leído es ilegible.

Como también que ahora se enterarán de que una mujer es víctima de maltrato sin necesidad de que vaya a la policía a denunciar, cosa que por lo visto hasta hoy no sucedía. Porque ¡tantas técnicas de igualdad, asistentes sociales, policías municipales, médicos, forenses, psiquiatras, y otros profesionales ad hoc, que pagamos, eran incapaces de saber que la mujer que acudía a su consulta con un ojo morado o un brazo roto no se había dado un golpe con una puerta o caído por la escalera!.

La señora Falcón ignora u oculta que todos esos funcionarios que menciona están obligados a dar parte al juez si observan indicios en la comisión de delitos (por ejemplo, porque una mujer presenta lesiones), y que de lo que se está hablando es de qué requisitos se han de cumplir para acreditar la posible existencia de una situación de maltrato a los exclusivos efectos de acceder a determinadas ayudas y servicios.

Todavía ni siquiera se han puesto de acuerdo en retirar el régimen de visitas, la custodia y la patria potestad de los desgraciados menores sometidos al poder omnímodo de machos maltratadores, violadores y asesinos, porque se deben seguir preservando los privilegios del patriarca.

“Machos maltratadores, violadores y asesinos”. Moderada, la articulista en el uso de las conjunciones copulativas.

Me repito, ¿era necesario escribir 200 párrafos de mala literatura para describir las desgracias de las mujeres …

Veremos enseguida que no es necesario. Que estos que están…

… fingiendo que se preocupaban mucho de la situación de la mujer y de la infancia.

… no se preocupan de los datos que maneja la señora Falcón con tanta soltura. Datos conforme a los cuales en los últimos siete meses, en España, se ha “… maltratado a millones  …” de mujeres porque “... cálculos internacionales...” afirman que solo denuncia el 10% de las víctimas reales. Naturalmente, todos sabemos quiénes son los culpables: la OTAN, el Ejército, los bancos, la Iglesia católica, las grandes corporaciones que significan “el mercado” y las Casas Reales, porque …

“… el Estado es un eufemismo que encubre a los partidos que gobiernan, y que como decía Marx [ese gran feminista], es el consejo de administración de El Capital.”

Ya sabemos que El Capital usa  una “maraña de legalismos y constitucionalismos“, pero es aún peor en el caso de la violencia contra la mujer, porque hacer lo correcto sería barato. Sí:

“… disponer de una ley que obligue al acusado a demostrar su inocencia y exonere a la víctima de aportar las pruebas, que ordene la detención y prisión de los maltratadores y los obligue a cumplir íntegras las penas, no cuesta dinero, no pone en dificultades al Capitalismo y apenas le da una patada al Patriarcado.”

Lo han leído bien: una ley que obligue al acusado a demostrar su inocencia. Quizás con una ordalía: echamos al puto machista de mierda al agua con unos pesos atados a las piernas y si flota es inocente.

No, no crean que se ha equivocado la articulista y ha escrito inocencia donde quería poner culpabilidad:

Como tampoco están dispuestos, ni dispuestas, a introducir la inversión de la carga de la prueba, no vaya a ser que los buenos y pobrecitos hombres sean acusados falsamente por las malvadas mujeres.

Los “buenos y pobrecitos”. Estupenda ironía: ya sabemos que todos los hombres acusados son culpables. Lo que me pregunto es cómo Falcón, tan generosa ella, admite que demuestren su inocencia. ¡Es imposible que ningún hombre sea inocente! ¡Es imposible que ninguna mujer acuse en falso! Nada de invertir la carga de la prueba: ahorremos. Que la denuncia se convierta en sentencia.

Y así seguimos. Personas con un discurso tan totalitario publican impune y alegremente. No hay problema: como están en el lado “correcto” de la historia, pueden vomitar una basura así sin pestañear. Total, quien las critique solo será un machista, un violador y un asesino. Algo que va de suyo y que no necesitan demostrar, claro.

 

Si compras esto, estás enfermo

 

Lo más pavoroso de este artículo es que su autor estará convencido de que dice mil verdades. Verdades como puños. Que no es un tarado haciendo comparaciones infamantes, y afirmaciones que demuestran que no tiene ni puta idea sobre responsabilidad y sucesión hereditaria. Sí, seguro que está convencido de que la verdad y la ética hablan por su boca.

Yo, estimado lector, simplemente le exhorto a que, si cree que algo, no ya la tesis principal —si se puede hablar de eso— de este desperdicio publicado en un periódico español, sino cualquiera de las colaterales que va dejando caer su perpetrador, es admisible, realice una profunda reflexión. Quizás esté aún a tiempo de curarse.

Por lo demás, qué joya esto: Lo ha dicho el Instituto Nacional de Estadística: desde el inicio de la presunta crisis económica –por otros llamada fraude– el porcentaje de suicidios en España ha crecido un 20%. Nosotros somos cinco hermanos: me toca uno. ¿Cómo me va a entristecer el suicidio cobarde de Miguel Blesa?

Y no tanto porque la afirmación sea falsa (para hacerla auténtica hay que torturar los datos, usando 2007 como punto de partida de la crisis y terminar en 2014, el año con mayor número de suicidios; si, por ejemplo, usamos 2008 y 2015 —los últimos publicados— el aumento de suicidios entre uno y otro año es de un 4,03% —3457 suicidios en 2008 y 3602 en 2015—), sino porque demuestra cómo razona el articulista. ¿Cómo vamos a tomar en serio nada de lo que opine alguien que afirma que un aumento de un 20% en el número de suicidios en España supone que haya nueve millones más de suicidas?

Y esa, sin embargo, es la menos necia de sus afirmaciones.

 

Madama Espanto

 

Ayer fui al el Teatro Real, en teoría a ver y escuchar Madama Butterfly. Un horror infame. Dinero tirado. Además, un niño joputa de nacionalidad francesa estuvo dando por saco todo el rato. Pero no puedo desechar la posibilidad de que el infante solo estuviese defendiéndose de la agresión. Ante una legítima defensa de libro, uno se queda sin argumentos.

Me voy a consolar con música enlatada. Al menos, esto sí es música.

 

Entremeses

 

De esto de Espada, me ha hecho mucha gracia la frase: Leer está al alcance de cualquiera, y leer reseñas y contraportadas, específicamente, al alcance de la izquierda española. (Sobre la derecha nada debe decirse porque está claro que la derecha no lee, y cuando lee es que lee de verdad).

Por lo demás, el discurso de Fernández es correcto. Si a algunos les parece brillante sospecho que es por comparación. Esto explica alguna reacción airada que he visto contra el discurso, por lo demás tan moderado y crepuscular. Espada da en la diana: ¿se imaginan algo similar producido por Pedro Sánchez? Solo menciono al líder del PSOE porque Fernández es algo así como su antecesor.

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Racional, prudente y didáctico, Ignacio Gomá: aquí.

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El artículo 155 debería haberse utilizado ya. Hace al menos dos años que se dan sus supuestos de hecho. No se ha utilizado porque los españoles no tienen interiorizado que hay que respetar la ley siempre. Es así de simple. Hemos comprado todos los principios, nos hemos dado la pátina, pero solo nos separa una generación del hambre, como a Clarice Starling y se nota: nuestro bolso es caro, pero los zapatos nos delatan.

 

 

¿Tus padres, qué tal?

 

Soy la hostia. Y no sé si para bien o para mal. Siempre estoy en babia y la vida personal de los que me rodean es terra incognita. A veces, cuando caigo en ello, me obligo a interesarme. Otras veces son los demás los que deciden convertirme en confidente, y me parece bien, no porque mis consejos sean especialmente útiles, que no lo sé, sino porque es difícil que sea indiscreto. Esto también requiere una explicación, porque no es virtud. Pasa que si no me intereso por la vida de unos es poco probable que comparta esa poca información que obtengo con otros: tampoco me interesa la vida de esos otros. Más aún, es probable que los detalles que me parecen insustanciales (y son tantos) se me terminen olvidando, salvo que los conozca por motivos profesionales y los deba encajar en un relato. Así sucede, que tengo amigos de hace muchos años, personas que me caen muy bien, de los que ignoro casi todo lo que incluiría alguien en una biografía: lugar de nacimiento, estudios, número de hermanos, condición sexual, equipo preferido, estado civil, si tienen hijos o padres o mascotas. Yo qué sé. A veces, hasta el nombre. Sí retengo aspectos secundarios, como sus opiniones políticas, si son ordenados discutiendo, si les gustan los relojes mecánicos o lo que piensan de Dersu Uzala. Me interesan las personas, pero no sus circunstancias. Ya sé que suena muy raro.

Esto es así casi siempre. Con los años me he ido volviendo un poco más “cotilla”, pero es una habilidad para la que no estoy dotado. Por esa razón, tampoco capto las señales. Un día descubro que es posible que alguien se haya enfadado conmigo (y suelo tardar mucho) y me pregunto por qué. Luego, tiempo después, me entero de lo que todo el mundo sabe: esa persona tiene una novia y quizás no fui muy amable con ella. Tal es mi torpeza en estos asuntos que hace poco hice algo totalmente inusual: envié un correo a alguien que me cae muy bien, en quien notaba cierta tirantez, para preguntarle si estaba molesto conmigo por algo. Es una novedad, un avance. Mi yo de siempre habría pasado totalmente del asunto y es mala cosa. Mi mujer se ríe mucho con estas taras: a la media hora de conocer a alguien a quien yo conozco hace años sabe mucho más de su vida de lo que yo habría sabido nunca por mí mismo.

Hoy, mientras venía de visitar a un preso, andaba pensando en las musarañas y he tenido un satori. Reacciones a las que no había prestado atención han encajado. He hecho unas comprobaciones y creo haber descubierto que soy como la mujer de Good bye Lenin. He estado un año en coma. Nadie me ha contado que el comunismo se ha ido a la mierda. Y lo sabe mucha gente.

Los que me lo han ocultado son un poco cabrones, pero, por otro lado, no sé si darles las gracias.  Y, total, no me importará mucho si he tardado un año en darme cuenta.

En fin, que soy la hostia.

 

Argumentos refinados

 

Les voy a resumir esta columna perpetrada por Girauta: dijo una parida en tuiter (una más), se lo echaron en cara, y ha decidido explicarnos lo enormemente mierdas y caducas que son las que discuten con él, con el Gran Legislador. Como ven, un argumento acojonante.

Va a ser cosa de esa “G” del apellido sonoro, la maldición que afecta a los segundos de a bordo.

Solo una cosa más: ¿la riada de la sociedad líquida? ¿En serio? Por favor.

 

Estamos de coña

 

Hay muchas personas que afirman que este artículo de Joaquín Reyes es genial. No conozco al autor como para poder asegurar que sea inteligente, pero esa sensación tiene uno. Así que lo he imaginado leyendo elogios y moviendo la cabeza alarmado. Incluso replicando a alguno de sus admiradores con un “no me jodas, solo era una puta broma, deja de decir que esta mierda es genial, que me hundes”.

Porque cualquiera puede comprender al fan incapaz de distinguir un artículo de calidad de una chorrada que no debería publicarse en un medio serio, pero es muy difícil pensar que alguien con un poco de criterio se confunda tanto —aunque la criatura alimenticia sea suya—, hasta el punto de creer que ha parido una especie de obra maestra de algo.

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Por fin he leído el editorial del New York Times que tanto ruido ha producido. Puede que sea erróneo, pero es bastante moderado, maneja buena información y por eso no comprendo la violencia de algunas críticas. Por si alguien quiere leerlo, es este:

 

 

Et in arcadia ego: el mundo prístino en el que los hombres eran libres y podían inscribir sus inmuebles en el Registro de la Propiedad sin pagar impuestos

 

Al azar he leído un texto de este club liberal. Me ha impresionado, por qué no decirlo. Así que lo traigo a mi blog, tal cual. Sin aditivos, sin comentarios, sin expurgar una sola de esas ideas que como puños seculares nos golpean sin compasión. Así es la verdad, inmarcesible, brutal, cristalina. Disfruten del texto:

Desde que el hombre se comprendió así mismo como un ser político y gregario, se puede palpar incluso en la historia más antigua, como se han librado luchas tanto intelectuales como sangrientas, las cuales han intentado detener el abuso del poder para salvaguardar al individuo de la tiranía.

Hoy en día esta lucha por preservar a la minoría más real y cierta –como lo son cada individuo– ha mutado, los que antes tomaron las armas para imponer sus ideas hoy se disfrazan de mansas palomas, prometiendo un mejor futuro e igualdad material para la humanidad.

Esta utopía es presentada en la actualidad como el Estado social, el cual tiene por fin último gestionar la “procura existencial”; esto no es más que un eufemismo, ya que en base a esa obligación que asume el Estado de proporcionar un estándar mínimo de vida a sus habitantes, puede excusarse para desconocer los derechos fundamentales de las personas como lo son la vida, la libertad y la propiedad; en consecuencia ese supuesto Estado de bienestar no es más que un arma a disposición de la política, que en cualquier momento puede accionarse contra las libertades individuales y desaparecerlas por completo.

Bajo ese “orden jurídico” que se impone con el welfare state, se pretende dar apariencia de legalidad a la destrucción de los derechos individuales, ya que de éste se desprende que la prioridad es el bien común o general de la sociedad, en consecuencia queda muy disminuido o en el peor de los casos desprovisto el individuo de medios para hacer valer en cada ámbito en que se desarrolle su interés particular frente a ese coloso que es el Estado benefactor.

Véase entonces, como esa organización política sirve para disolver al individuo en una abstracción como lo es el bien común; al asumir el Estado un rol activo tanto en economía, servicios etc, puede quien dirige todo aquel aparataje estatal destruir o manipular la democracia, bien sea activamente a través de amenazas de suspensión de beneficios –que en los regímenes más radicales se les otorga la calificación de derechos– o pasivamente a través de la exacerbada repartición de bienes o beneficios, con los únicos fines de permanecer en el poder.

.Otra grave consecuencia es la pérdida de la libertad de expresión –aunque no lo parezca–, pues cuando se intenta hacer ver las perversiones que conlleva el Estado social, más allá de las falacias ad homine típicas de los que defienden esas ideas, siempre se tropieza con la censura moral de que no se desea el bien para los demás y que en consecuencia se está defendiendo intereses “imperialistas” o “multinacionales”, así como otros argumentos falaces que no merecen la pena ni mencionar.

En esa misma minusvalía encontramos al derecho de propiedad, el Estado social es la excusa perfecta para desconocer absolutamente este derecho, con ella se pueden “legitimar” todo tipo de expoliación por parte del aparato del Estado, desde empresas hasta viviendas, todo ello basado en que es necesario asegurar tan cacareado bien común.

Un claro y actual ejemplo de cómo el Estado de bienestar no es más que un instrumento perverso con el cual las tiranías se disfraza, es el régimen venezolano, el cual se ha valido de él y de otras miles de falacias más para desconocer cualquier tipo de orden jurídico que proteja al individuo, para entregar “ayudas sociales” que van desde entrega de viviendas, electrodomésticos, divisas para viajes, hasta una perversión más grave como la de entregar comida a través de un sistema de identificación (carnet), para el cual es necesario entregar información sumamente personal y quien se atreva a contradecir el ideal “revolucionario queda execrado de todos estos “beneficios”.

Vemos pues, que esas pseudopolítcas, no son más que medios coercitivos para que las personas no puedan tener conciencia crítica, poder de decisión sobre su dinero y mucho menos sobre sus propiedades inmuebles, todo ello con la excusa de que es necesario controlar absolutamente todo para cumplir con los “derechos del pueblo”, ya que así lo ordena la Constitución, instrumento en el cual se dan los lineamientos del Estado social.

En conclusión, ya por sí mismo el poder y el estado son instrumentos que pueden acabar con la libertad, por lo tanto otorgarle más poder y más protagonismo en la vida de las personas, es entregar una poderosa arma para exterminar de forma definitiva la libertad, como ocurre en regímenes totalitarios como el de Venezuela, Cuba, Corea del Norte entre otros, donde reina la mentira y la tiranía en nombre del pueblo.

Nosotros, los elegidos

 

Como no me fío ni de mi fallecido progenitor, al leer que la autodenominada Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón, “rechaza” la donación efectuada por la Fundación Amancio Ortega para la adquisición de aparatos para el diagnóstico y prevención del cáncer, he pensado que a lo mejor se había malinterpretado y que simplemente querían hacer hincapié en la necesidad de una financiación pública mejor de la sanidad. Pero no, este es el comunicado. Extracto algunas frases (si tienen valor, léanlo entero):

(…) Nuestra Comunidad no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad. (…)

Hay que ser muy imbécil para decir algo así. Imbécil sin remisión. No voy a comentarlo. Hay que ser también muy imbécil para no darse cuenta de que esa frase solo la puede decir un imbécil.

Menos aún de quien siendo el mayor accionista de una de las mayores empresas y fortunas personales del Estado tendría que demostrar no su filantropía sino su obligación de contribuir al erario público de forma proporcional a sus beneficios y en la misma proporción que el resto de los contribuyentes.

El imbécil apuesta aún más alto, como ven. “Menos aún”, dice. ¿”Menos aún” que todos los demás, ya que no aceptan la generosidad o el altruismo de nadie? Todo para no decir la verdad, que les jode que el altruismo provenga de un señor que es muy rico. Esa es la estructura profunda de la frase, aunque no muy profunda, como ven —¿qué será eso de demostrar la obligación?—. Además, vienen a decir que ese señor no tiene que ser generoso, sino que tiene que pagar sus impuestos “en la misma proporción que el resto de los contribuyentes”. ¿En la misma proporción? ¿no más? ¡Joder, estos imbéciles quieren que pague aún menos dinero! Lo curioso es que —vean hasta qué punto son imbéciles— como no pueden decir que pague menos de lo que tiene que pagar según la puta ley democrática que resulta del voto del “resto de los contribuyentes” y de algunos que no contribuyen con nada, la consecuencia es que, aunque pague todo lo que tenga que pagar, no le admiten su “filantropía”. Es decir, que asumen que este señor, como es rico, no puede regalar nada y todo lo que quiera regalar es una obligación y hay que rechazarlo para que quede claro que es una obligación.

Sobre algunas “Fundaciones filantrópicas” como la Fundación Amancio Ortega

Si tan preocupada está por la salud, teniendo en cuenta que su ropa se elabora en gran parte deslocalizada en países como Marruecos o Bangladesh, que mejore las condiciones de trabajo de las personas que directamente o mediante subcontratas trabajan en condiciones de explotación y grave riesgo para su salud y su vida, y que trabaje para corregir las violaciones de los derechos humanos que se producen en la cadena de producción textil. Todavía está muy fresco el recuerdo de la tragedia del Rana Plaza, cerca de Bangladesh, con 1.134 muertos y más de 2.500 heridos

Defendemos el derecho a la salud de todos y todas las personas. Y la salud depende de sus determinantes sociales, como la alimentación, el trabajo, la vivienda, el medio ambiente, etc.  Le sugerimos, que el lobby textil se una a la iniciativa legislativa recientemente aprobada en el Parlamento Europeo para obligar a los proveedores de esta industria  que abastecen a la Unión Europea, a respetar los derechos humanos de sus trabajadores en todo el mundo. Si quiere pasar por empresa ética es en ese nivel donde tiene que demostrarlo y no ofreciendo regalos a quienes no le aprietan las clavijas fiscales.

Estos dos párrafos son muy significativos. Imaginemos que asumiéramos lo que dicen, aunque son dos párrafos llenos de trampas: ¿qué tiene que ver esto con la donación de millones de euros para la sanidad española? Salvo que se quiera decir que puede donarlos gracias a que joden a los ciudadanos de otros países y que la sanidad española debería, a su vez, donar estos millones de euros a Marruecos o Bangladesh. ¿Es eso lo que quieren decir? Porque si no es eso, hay un mensaje alternativo perfectamente compatible, pero no imbécil: “agradecemos a la Fundación Amancio Ortega esta donación, a la vez que denunciamos que puede mejorar las condiciones de trabajo de las fábricas en países del Tercer Mundo de las empresas y sociedades de las que se nutre”. No se dice, porque su discurso es ideológico. Tanto lo es que hacen una exhibición:

Sobre la penetración de la ideología neoliberal en la utilización de la tecnología médica

En un contexto de presiones (publicación de estudios en los que se señala la gran obsolescencia de los equipos de diagnóstico, monitorización y terapia en la sanidad pública) por parte de la patronal de empresas de tecnología sanitaria, Fenin, surge el “Plan Renove” de Tecnología Sanitaria anunciado por la ministra de Sanidad (ya se está gestando en colaboración con el Ministerio de Hacienda).

En estas circunstancias, hay que valorar la oportunidad y necesidad de este Plan multimillonario y del “regalo tecnológico” del Sr. Ortega al SALUD aragonés. Si lo que interesa es la mejora de la salud, hay que tener en cuenta el impacto de los aceleradores lineales, mamógrafos y otro aparataje sobre la salud de las personas.  Hay despilfarro, mala utilización de la tecnología, bajo rendimiento y efectos adversos por exceso relativo.  Por eso, es necesario calibrar  su adecuada utilización y sobre todo, insistir en otras políticas de carácter social de las que depende en gran medida la salud, especialmente como consecuencia de la crisis económica, las políticas neoliberales y los factores demográficos.

Las máquinas, la tecnología, son malas. Por eso los ricos (los de todo el mundo), cuando tienen cáncer las usan. Porque son también imbéciles. Nada de tecnología: contra la enfermedad lo mejor es una buena dieta y lecturas adecuadas. Una buena lectura es el propio documento:

Sobre los Determinantes Sociales de la salud

En esta fase de desarrollo de nuestro Sistema Sanitario, éste solo contribuye en un 11% a la salud. El resto depende de la biología humana, el ambiente o el estilo de vida, la alimentación, la vivienda, el trabajo, las ayudas sociales, etc. condiciones cada vez más deterioradas con las políticas de recortes y con la creciente desigualdad producida por las políticas neoliberales.

No es de recibo que se siga incrementando la carrera de la tecnología, que se dediquen costosos recursos que casi solo favorecen a la industria, mientras que muchas familias carecen de lo más elemental para poder conservar su salud. Las inversiones más rentables son preventivas. Las autoridades sanitarias suelen cargar con los programas de cribado y la promoción de hábitos saludables, pero olvidan lo más importante, mejorar las condiciones de vida de las personas. En este sentido, son muchas las organizaciones que insisten en advertir de la influencia en la salud de la extensión y persistencia de la pobreza en nuestro país, la precariedad, la exclusión y el incremento de las desigualdades. El 1% de la población española con mayor patrimonio acaparaba en 2016 más de una cuarta parte de la riqueza del país, mientras que el 20% más pobre se quedaba con un 0,1%. Casi 700.000 hogares (1,3 millones de personas) no tienen ningún ingreso. El desempleo en 2016 era del 19,6%, el doble de la media de la CE y el mientras que el poder adquisitivo de los trabajadores ha bajado un 10%, el valor de las acciones empresariales se ha multiplicado por 5 en los últimos 25 años.

¿Ven? Esta gente no habla de la sanidad pública. Porque todos sabemos lo que es la sanidad pública. Algo bien concreto. No, los iluminados estos hablan del paraíso. Empiezan criticando que se donen aparatos de esos a los que se refiere la SEOR, —que describen un déficit de la sanidad española en una serie de aparatos específicos— para luego hablar del neoliberalismo, la malvada industria, la carrera tecnológica y la segunda venida de Cristo.

Sobre los recortes

Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón es instaurar medidas para recuperar el derecho universal a la salud perdido desde el RDL 16/2012 y el RD 1192/2012 e instar para ello al Gobierno Central (que retiró 873.000 tarjetas sanitarias además de otros recortes y copagos/repagos).  Esta reforma afectó y afecta en especial, a los grupos más vulnerables: inmigrantes en situación irregular, personas de escasos recursos con enfermedades crónicas, a desempleados y en paro de larga duración que permanezcan fuera del Estado español por más de 90 días.

¿Lo primero que debe hacer el Gobierno de Aragón? No, hombre, eso es lo segundo. Lo primero que debe hacer es rechazar la pasta de la Fundación Amancio Ortega. De hecho, ya está tardando. Da igual que ese dinero a lo mejor libere recursos para después mejorar otras áreas de la sanidad aragonesa.

También nuestro Gobierno de Aragón debe solucionar de forma urgente las carencias que desbordan centros y profesionales, falta de material, bajas que no se reponen, no se cubren descansos, cierres de camas… y el fraude que supone que haya listas de espera de varios meses incluso de años, para determinadas pruebas o para determinadas consultas

Naturalmente, si la Fundación Amancio Ortega dona dinero para, no sé, comprar camas, o para contratar más enfermeras, tampoco le aceptaríamos esa pasta. Ya lo dicen al principio del comunicado.

Sobre la pretendida colaboración “público-privada”

Estamos hartos y hartas de escuchar el mantra de la “colaboración público-privada” como solución a los problemas sanitarios, cuando en realidad supone un encarecimiento de la sanidad por estos procesos privatizadores. Una muestra de esto la tenemos en el CASAR aragonés (fórmula público-privada) con la MAZ, que ha dejado una factura a pagar por las arcas públicas de unos 18 millones de euros, además de múltiples irregularidades en la gestión

¿Ven? De nuevo el problema ideológico. ¿Cómo se encarece la sanidad pública aceptando 320 millones de euros donados? ¿Por qué mezclan la velocidad con el tocino? Es simple, porque la sanidad pública les importa una mierda; ellos solo trabajan para que llegue el paraíso a la tierra, un paraíso sin carrera tecnológica, en el que se atarán perros con longanizas y la gente vivirá 150 años gracias a métodos de vida saludables y a un uso inteligente de las estadísticas (esas sociedades incipientes son fácilmente localizables: son esas en las que los problemas desaparecen porque siempre hemos estado en guerra con Eurasia). Esas en las que no hacen falta medicamentos.

Ya no sigo. No les voy a la dar la murga con las farmacéuticas o la reforma laboral (sí también hablan de eso).

Al principio de esta entrada hay una pequeña trampa. He dicho que el documento está escrito por imbéciles. Es una forma de manipularles a ustedes, lectores. En realidad hay una explicación alternativa. Los que escriben el documento no son imbéciles; solo piensan que los imbéciles son ustedes y que no se darán cuenta de lo que pretenden decir en realidad: que no hay que aceptar ese dinero de Amancio Ortega porque lo que hay que hacer es quitárselo. Pero no una parte: todo. Y que hay que acabar con la puta propiedad privada, que es el origen de nuestros males, salvo cuando se trata de su peine o de una colección (modesta, eso sí) de discos de música popular albanesa. Lo que pasa es que no se atreven a decirlo tal cual, así que mienten, a ver si el mensaje cuela por la vía del resentimiento.

Naturalmente, el mensaje evangelizador y apocalíptico no se refiere a la sanidad. Como si a esta peña le importase que usted en concreto, o su madre, su padre, o alguno de sus hijos, o ese amigo del alma, padezcan cáncer y puedan curarse. Esa peña es mejor. Ellos no velan por un tipo concreto. No velan por la sanidad o el trabajo o la cultura o los niños. Ellos velan por la Humanidad. Así, en mayúsculas. Así, en abstracto. Y no dejan que un accidente los aparte de su objetivo.

Sí, el ocupa tiene derechos

 

Accedí a esta noticia por este tuit de Cristian Campos:

Voy a comentarla porque mucha gente la está retuiteando y observo el estupor en muchos comentarios escritos en respuesta al tuit original. Además, en una de esas respuestas me he encontrado con esto.

En realidad, la noticia contiene todos los datos que explican por qué es perfectamente correcta la actuación de la policía catalana.

Voy a explicarlo:

1.- Ocupar una propiedad ajena es delito en España. Hablo de ocupar o usurpar, no de entrar. Entrar también es delito cuando esa propiedad es la vivienda de alguien o el domicilio de una persona jurídica (o establecimiento mercantil o despacho u oficina, o local abierto al público, incluso fuera de sus horas de apertura). Me centraré en la usurpación porque es el tipo delictivo que se “ajustaría” más a lo que nos okupa (perdonen la coña, no he podido evitarlo). Lo regula el Código penal en su artículo 245:

1. Al que con violencia o intimidación en las personas ocupare una cosa inmueble o usurpare un derecho real inmobiliario de pertenencia ajena, se le impondrá, además de las penas en que incurriere por las violencias ejercidas, la pena de prisión de uno a dos años, que se fijará teniendo en cuenta la utilidad obtenida y el daño causado.

2. El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses.

Como pueden observar, hay dos modalidades. En la primera se utiliza violencia o intimidación, mientras que en la segunda no concurren ni la una ni la otra.

Ahora bien, la ocupación, para ser delictiva tiene que reunir una serie de requisitos, que han sido establecidos por los tribunales analizando el precepto. Así, partiendo de que el bien jurídico protegido es la protección de los derechos reales sobre inmuebles (propiedad, usufructo, uso, habitación), han especificado que es preciso:

a) Que se ocupe un inmueble sin violencia o intimidación, y que el inmueble no sea morada de nadie.

b) Que lleve consigo un riesgo relevante para el titular de los derechos, por lo que se viene exigiendo tradicionalmente que la ocupación no sea ocasional (es decir, sin vocación de permanencia).

c) Que la persone que ocupe no tenga un título jurídico. Ojo, el título jurídico no ha de ser de la misma naturaleza que el del perjudicado. Por ejemplo, un arrendatario no comete este delito, aunque no pague. Tampoco aquel que ocupó el inmueble por mera tolerancia del dueño (lo que tradicionalmente se conoce como precarista). Ya que, en tal caso, lo que ha de hacer el titular es acudir a la vía civil.

d) Que el titular del derecho real exteriorice su voluntad contraria a la ocupación puesto que la norma expresamente la exige.

e) Que, como siempre sucede, concurra dolo en el autor: es decir, conciencia de la ajenidad, de la ausencia de autorización y de la voluntad contraria del dueño al acto de desposesión inicial.

2.- Si se fijan en la noticia, se da la circunstancia de que los ocupantes llevan tres años en la vivienda. No me extrañaría (aunque el dato no consta) que estén empadronados en ella y que paguen los suministros. Aunque les parezca extraño, yo tengo clientes en esa situación. Más aún, la vivienda era propiedad de un banco y la venta se hizo (así se deduce de la noticia) especificando el banco que la vivienda estaba ocupada por una familia. No consta ninguna denuncia (en vía penal) efectuada por el banco (cuando tuviese conocimiento de la ocupación). O, si la hubo, fue sobreseída (y no puedo valorar por qué, ya que ignoro los detalles). Esa es la situación que se debe analizar, la previa a la compra, porque lo que está claro es que, tras tres años de posesión de una vivienda, frente al ocupante, la persona que compra (y que además conoce la existencia de la ocupación) no puede sostener que el acto de ocupación se efectuó contra su voluntad (ya que entonces no era dueño). Y el ocupante puede defender (con más o menos éxito) que es un precarista y que ocupó la vivienda por la tolerancia o la dejadez del propietario (el banco) o, al menos, sin que le constase su expresa voluntad de oposición a la ocupación.

3.- Lo que es indiscutible es que la vivienda es morada de los ocupantes. Y, por serlo, no se les puede desposeeer más que en ejecución de una resolución dictada por un juez competente. La policía no puede desalojar a personas que poseen un inmueble. Todo lo más, si se produce una situación de flagrante delito puede detener a esas personas, entregar la posesión a los que aparentemente sean sus legítimos poseedores y, más tarde, el juez de instrucción avalará o no esas medidas primeras. Pero sucede, en este caso, que la apariencia es favorable a los ocupantes, porque llevan allí tres años.

4.- El titular del derecho real (el nuevo propietario) no solo no puede ocupar la casa contra el derecho a la posesión de los ocupantes actuales (pues comete un delito), sino que tampoco puede utilizar contra ellos ninguna medida coactiva, pues la coacción y la realización arbitraria del propio derecho también son delitos. El nuevo propietario tiene, naturalmente, abierta la vía legal: acudir al procedimiento civil. Y si el ocupante carece de título del tipo que sea para ocupar la vivienda más allá de un cierto momento, la resolución judicial ordenará su desalojo, que será efectuado por la fuerza si el ocupante se opone a ello (pudiendo cometer un delito). Esa vía civil se abre desde el momento en que el propietario decide que no quiere que el mero ocupante siga ocupando lo que es suyo. También se abre cuando un arrendamiento se extingue o cuando el arrendatario no paga la renta, por ejemplo. Como es obvio, a falta de acuerdo, es un juez el que decide que cualquiera de esos supuestos concurre. 

Sí, leyendo la noticia descubrimos que el dueño ha de ser desalojado (aunque puede que no haya cometido el delito, ya que su ocupación fue esporádica) y que su poseedor actual tiene derecho a recuperarla, hasta que un juez (en vía civil) no diga algo diferente. Y, en todo caso, aunque el actual dueño escoja la vía penal (que parece desaconsejable) tampoco puede entrar en la casa y cambiar la cerradura, porque es el juez competente el que ha de decidir esto, si considera que se ha producido un delito (algo en este caso muy dudoso, como ya he explicado).

Y sí, no tengo nada en contra de que la policía vigile que no se utilicen procedimientos extrajudiciales de naturaleza coactiva para la expulsión de los ocupas. Cómo no van a hacerlo, si les corresponde impedir la comisión de delitos.

Como es obvio, en gran medida la protección práctica (no teórica) de los derechos de titulares de inmuebles en España es deficiente. Pero esto no es consecuencia de nada de lo que cuenta esta noticia. Aunque fuese extraordinariamente eficiente, la respuesta legal habría sido (y debe ser) la misma. La cuestión es previa. Tiene que ver con la tolerancia (desde hace años) a la ocupación de viviendas propiedad de bancos (y de grandes empresas inmobiliarias), con la propia inactividad de los bancos (abrazados a papá Estado —socializando, por tanto, sus pérdidas—, a la vez que intentaban ocultar sus miserias), y con la enorme y desesperante lentitud de la justicia. Lo repito, con la tolerancia a la ocupación, porque el caso del deudor hipotecado que no puede pagar y que ve ejecutada su hipoteca es un caso diferente (de hecho la ley está permitiendo el mantenimiento en la posesión tras la subasta). Y tiene que ver con la tolerancia hacia ciertos movimientos sociales organizados, afines a determinadas organizaciones políticas. La solución no es nunca la tolerancia con la ocupación, por muchas razones, entre ellas por lo que supone precisamente de estímulo a la ilegalidad y, por tanto, a la aparición de mafias. El Estado debería facilitar la respuesta rápida a este tipo de situaciones. Lleva demasiado tiempo sin hacerlo.

Pero a la ilegalidad no se la combate con la ilegalidad.

Y por eso esta noticia no debería escandalizarnos. Insisto, esta noticia.