Sin mancharme las manos

 

Leo este artículo de Manuel Jabois que no deja a nadie huérfano y recuerdo esto que escribí. Y esto.

Como es obvio, yo no reprocho a Podemos que no facilitase un gobierno alternativo al del PP. Sus decisiones serán tácticamente erróneas o acertadas, pero pedirles responsabilidad institucional sería esquizoide. ¿Cómo van a favorecer la estabilidad del sistema parlamentario si quieren acabar con él? Por tanto, nada añadiré sobre su comportamiento, bien coherente con sus fines.

Lo interesante es lo que falta en el artículo de Jabois. En realidad, lo que falta en todos los análisis sobre los apoyos políticos al Gobierno o a los diferentes ejecutivos de las comunidades autónomas. Me refiero a la alternativa que enunciaba en las entradas enlazadas al principio. ¿Por qué nadie se pregunta en qué medida la situación ahora podría ser diferente de haberse constituido una gran coalición?

En la primera de esas entradas yo decía:

En primer lugar, sería preciso que se preparase y asumiese un programa de gobierno para una legislatura, en el que se detallasen no solo las medidas que se van a adoptar sino los objetivos básicos. Y sería de extrema utilidad que se publicasen los documentos de partida, de forma que quedase claro cuál es el programa de cada partido y a qué han renunciado para facilitar el acuerdo.

(…)

En segundo lugar, sería preciso que los partidos adoptasen, en ese acuerdo inicial, un sistema de comisiones de expertos en relación a reformas estructurales básicas: administraciones públicas, estado autonómico, sanidad, laboral, justicia, educación, fiscal, constitucional, etc. (…)

En tercer lugar, sería imprescindible que hubiese de entrada un acuerdo sobre transparencia, corrupción, contratación pública e independencia de la justicia. El fiscal general debería ser designado ya en ese acuerdo inicial y debería incluirse una dotación económica suficiente para la investigación y persecución de la corrupción política.

En cuarto lugar, el acuerdo debería distribuir entre los partidos firmantes las carteras del Gobierno, en proporción aproximada al número de diputados de cada partido. En ese gobierno deberían estar presentes los líderes de los partidos. La legislatura que empieza exige política, no tecnócratas.

Ahora imaginemos dos posibles escenarios:

1.- En el primero, el PSOE y Ciudadanos anuncian que están dispuestos a formar parte de un Gobierno encabezado por Rajoy, basado en esos puntos, y en el que líderes de Ciudadanos y el PSOE asumen determinados ministerios. Pongamos, por ejemplo, justicia e interior, ya que un reproche básico al PP (recuerden los debates) era precisamente el relativo a la corrupción. El PP se niega o se hace el remolón. Habría quedado retratado respecto de sus propios votantes.

2.- En el segundo, dado un escenario similar, el PP, acuciado por la necesidad de continuar en el poder y el miedo a unas segundas elecciones, acepta. Desde ese momento, Ciudadanos y el PSOE asumen el control de parcelas enormes de poder, participan de las deliberaciones y acuerdos del Consejo de Ministros, y se impulsan esas medidas (por ejemplo, la designación de un Fiscal general independiente). En este caso, todo lo que está apareciendo —lo del PP— seguiría siendo porquería del PP, pero los ciudadanos españoles podrían aceptar que desde el poder no se favorece la impunidad (o que esto, al menos, es mucho más difícil).

Naturalmente, ese escenario también habría tenido costes para Ciudadanos y el PSOE. Tendrían que haber admitido una parte del programa del PP, pero esa parte podría centrarse en cuestiones “neutrales” (fuera de la regeneración política). Tendrían que haber gobernado y asumido el desgaste correspondiente, pero ¿no se supone que es eso lo que quieren hacer, gobernar para ir aplicando las medidas que defienden? Y no podrían haber atacado al “Gobierno” en el momento en que apareciesen esos casos, por su actuación en ese momento (siempre que se cumpliesen los acuerdos), aunque podrían seguir haciéndolo por sus actos pasados, por sus responsabilidades pasadas.

Y esto es lo que no querían: no querían correr riesgos. No querían pagar costes. Por eso optaron por lo más absurdo: permitir un gobierno sin entrar en él, pensando (o, mejor, vendiendo) que podían controlarlo desde el parlamento (cuando todos sabemos que esto es bastante complicado), en vez de, simplemente, controlarlo desde dentro.

Gobernar pactando y, a la vez, explicar a los ciudadanos el contenido del pacto y la acción concreta de Gobierno (con sus errores inevitables) les pareció demasiado riesgo. Es una trola que les importe España por encima de todo. Por encima de todo les importan ellos mismos (a todos). Porque todos son unos enanos y porque creen que los españoles son tan imbéciles que era imposible que un número suficiente de ellos comprendiera y agradeciera el esfuerzo.

Esto que defiendo, lo sé, no lo piensa mucha gente. Así que, a lo mejor, hasta tenían razón.

 

No sé si Cristo rio, pero yo ayer me descojoné un rato

 

Ayer, mientras conducía, me puse a escuchar la radio y pillé, en Onda Cero, una especie de diálogo siniestro sobre Giordano Bruno.  Por favor, escúchenlo porque es extremadamente descojonante: las voces impostadas, serias, entristecidas; la música fúnebre de fondo; las máximas sobre la verdad y la ciencia. Su punto culminante se encuentra en el momento en el que, para ilustrar el proceso, contra Bruno, en el que intervino Belarmino, escuchamos de fondo el diálogo de una escena de la película El nombre de la rosa, justo ese en el que el monje Salvatore, el inculto, procaz y contrahecho Salvatore confiesa todos sus crímenes en su lengua pseudoadánica, a la vez que afirma que es un hombre inculto, un simple, que no entiende de cosas de teología. Ni entro a comentar la historia final, sobre ese supuesto desaparecido brasileño.

Naturalmente, que Bruno no merezca el nombre de científico (ni siquiera en términos laxos), pues fue un filósofo y teólogo; que las cuestiones cosmológicas fueran absolutamente secundarias en su condena; que Bruno no fuera ningún simple contrahecho, sino un tipo ilustrado, con posibles, y con muy buenos amigos y protectores en la Iglesia; que el caso de Giordano Bruno (a diferencia del caso de Galileo) no tengo nada que ver con la verdad científica (Bruno decía tantas trolas y era tan dogmático como el que más), ni desde luego con la libertad de pensamiento ni el progreso de la ciencia; y que Belarmino no fuera el “tonto’lhaba” que se vende desde hace siglos, sino un personaje interesante (muy de su época), con muy amplios conocimientos, no solo de teología y filosofía, sino de matemática y cosmología (la de entonces, claro); nada de eso, digo, le importa al que ha ideado y creado la cosa esa que ayer dramatizaron en ese programa de radio.

Seré prudente. No es raro que en un programa de radio metan la gamba, cuando en uno escrito por personas que supuestamente sí saben de qué hablan, producen algo tan sonrojante como lo que pueden ver aquí  a partir del 16’15”:

 

El show

 

Este artículo de Rubén Amón me interesa por el asunto que plantea, aunque su aproximación, la del articulista, incida más en lo formal (reverencial) que en lo sustancial. En todo caso, en él se denuncia un exceso planificado y esa es la parte más divertida. La zafiedad de los políticos de algunos partidos no es resultado de que no sepan comportarse de otro modo (algo que ignoro), sino de la necesidad de mantener una imagen concreta. Creen que si se comportan así sus votantes podrán seguir viviendo en la ficción de que los tipos a los que votaron son “gente”, de que los profesionales de Podemos, por ejemplo, son realmente ciudadanos corrientes transitoriamente dedicados al bien común. Es decir, no solo no se esfuerzan en razonar mejor y en comportarse de una forma más pulcra, o al menos aparentarlo, sino que, siguiendo un guión de telerrealidad, ofrecen a su público lo que creen que su público reclama. Saben que se les observa. Tampoco es nuevo. Los políticos no cuidan su imagen, sino que la venden. Todos los políticos. Esta es la razón, por ejemplo, de que en el PP lleven un tiempo buscando jóvenes.

Me encantaría que se equivocasen, que se pasasen de frenada. Sería estimulante que los españoles sancionasen estos teatros y pudiésemos decir “nos han tomado ustedes por imbéciles y no consentimos este insulto”. Porque, como es obvio, las ideas políticas medianamente articuladas no deberían estar peleadas con un comportamiento que destacase y que fuese ejemplarizante. En un mundo perfecto un dirigente político debería destacar entre sus conciudadanos. Ser más honrado, más capaz, más ejemplar. Y su comportamiento nos debería servir a los demás para mejorar, para expresarnos mejor, para discurrir mejor, para ser más generosos, más sutiles, para defender más a los débiles, para aumentar nuestras defensas contra el engaño y la demagogia. A veces sucede algo así y el timón lo maneja eso que llamamos un hombre de Estado. Hay naciones a las que les sucede esto más a menudo y dudo que sea por suerte (aunque la suerte influya). Yo no diré que lo formal es una condición indispensable, pero me resulta muy difícil imaginar a alguien que, al menos públicamente y en ciertos lugares destinados al rito civil, se dedique a ventosear, a soltar mamarrachadas y exabruptos, a perder su individualidad, repitiendo consignas, y a la vez termine convertido en una de esas personas que facilitan las cosas, convenciendo a la gente para que deje de mirar sus miasmas y piense a largo plazo.

El círculo vicioso o virtuoso es ese. Ocurre igual en las relaciones personales. Podemos escoger rodearnos de personas grises, que se adapten a nosotros, que no nos discutan ni nos planteen dificultades. O podemos optar por personas que nos las planteen, que discutan nuestros argumentos, que solo te den la razón si realmente las convences de que la tienes. Si premiamos a los que dicen lo que queremos escuchar, aunque no crean en ello, terminaremos alimentando a los que carecen de principios. Sé que esto no es blanco o negro, que está lleno de matices. Los intereses, el egoísmo razonable, el aspecto profesional, el mal menor, todo influye. Lo mismo sucede con la mentira: admitimos cierta cantidad de mentira en el político, por muchas razones, como la admitimos en la publicidad. Cierta cantidad, no el obsceno comportamiento del que se enorgullece de mentir grosera y constantemente sobre los asuntos más importantes.

Nuestros políticos son un reflejo aproximado de lo que queremos que sean. Tan es así, que se ha reprochado a algunos diputados de Podemos que vistieran chaqueta y corbata. A ese grado de inanidad hemos llegado. A pensar que nollevarchaqueta es un uniforme.

Solo una cuestión más: carece de sentido el activismo —eso que hacemos cuando queremos influir en las instituciones— en un lugar como el Congreso. En el Congreso se aprueban las leyes y habla la nación. No se convence al adversario político mostrando carteles de un preso. Esto demuestra la maskirovka. El activismo de Podemos en el Congreso es impostado, publicidad dirigida al votante, campaña permanente. Esto, en sí mismo, es un insulto a los demás diputados y a los ciudadanos que votaron a esos otros diputados. Ese comportamiento demuestra que del proceso democrático solo les interesan las elecciones y la toma del poder. Naturalmente, ellos no solo afirman exactamente lo contrario, sino que esa fue su consigna principal.

Las buenas maneras se justifican por su finalidad, no en sí mismas. Ese es el aspecto sustancial. Cuando se afirma que algunos piensan que la democracia solo es votar cada cuatro años, como crítica, a veces el que la formula olvida que se vota cada cuatro años para elegir a los que se ocuparán de la cosa pública durante esos cuatro años. Unas elecciones no son un casting. No deberían serlo, al menos.

 

El diputado Iglesias

Hoy, en el programa de Carlos Alsina, Pablo Iglesias ha demostrado hasta qué punto es un irresponsable.

Y no tanto por su ignorancia. Ha afirmado que los hechos de Alsasua podrían ser una falta (por dos veces) o un delito de lesiones (“falta o delito lo que diga el juez”), cuando ya no existen las faltas de lesiones (tras la última reforma del Código Penal, las faltas de lesiones se convirtieron en delitos leves de lesiones), para después afirmar que sabía que las faltas ya no existían. ¿Lo sabía o no? Si no lo sabía es un ignorante y un mentiroso; si lo sabía, el uso de la palabra “falta” solo puede tener una finalidad, rebajar la gravedad de los hechos, trasladando a la gente la idea de que fue algo de poca importancia. En un momento de la entrevista llega incluso a utilizar la expresión “o, en este caso, un ilícito civil o penal”. Un ilícito civil, con un agente de la Guardia civil intervenido quirúrgicamente por una fractura.

No, señor Iglesias, ningún juez puede decir que un ilícito penal es una falta porque las faltas no existen.

Su irresponsabilidad es resultado de su biografía. Se ha acostado tanto tiempo con los mensajes de los filoetarras que se ha quedado embarazado y ha parido (él y muchos de su partido) una criatura deforme y siamesa en la que conviven la supuesta denuncia de los hechos (“fuimos los primeros”) y sus adversativas.

Y esa bazofia intelectual se manifiesta en la manera que tiene de acortar la realidad y falsearla. Por ejemplo, al afirmar que es inadmisible que convirtamos cualquier agresión contra un policía o un guardia civil en el País Vasco en delito de terrorismo. Esa afirmación es falsa y la realidad está a la vista: hay sentencias por delitos de atentado dictadas por la Audiencia Provincial de Navarra y si fuera cierto lo que dice Iglesias no podrían existir.

Naturalmente, eso es falso. Un delito de atentado (pare ser más exactos, un delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra la Corona, de atentado y tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos,  y el apoderamiento de aeronaves, buques u otros medios de transporte colectivo o de mercancías) se convierten en delito terrorista no porque tengan lugar aquí o allí  o porque lo sean contra personas concretas, sino porque se hagan con la finalidad de:

1.ª Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo.

2.ª Alterar gravemente la paz pública.

3.ª Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional.

4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.

Como pueden ver, cuando Iglesias (el ignorante Iglesias o el mentiroso Iglesias) se pone a dar clases de derecho al periodista, solo menciona una de las ocho alternativas que se contiene en esos cuatro números, ocultando que también hay terrorismo si se pretende por ejemplo obligar al Estado, por medio de esos delitos, a que la Guardia Civil salga de Navarra. Solo una de las ocho.

Y además lo hace afirmando que no conoce el auto de procesamiento y que no sabe si fue una “pelea” o una agresión ni qué les pasó a los agentes que sufrieron esas lesiones.

No lo conoce, pero opina que es un exceso que los magistrados de la Audiencia —los magistrados, no el Gobierno, ni la policía— hayan calificado hasta ahora esos indicios como posible delito terrorista. No le creo. Yo creo que lo conoce.

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Las lesiones que se describen en el auto de procesamiento son las propias de un delito grave de lesiones (nunca de un delito leve, la antigua falta) porque una intervención quirúrgica es un tratamiento médico:

Artículo 147.

1. El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado, como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de tres meses a tres años o multa de seis a doce meses, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico. La simple vigilancia o seguimiento facultativo del curso de la lesión no se considerará tratamiento médico.

2. El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión no incluida en el apartado anterior, será castigado con la pena de multa de uno a tres meses.

3. El que golpeare o maltratare de obra a otro sin causarle lesión, será castigado con la pena de multa de uno a dos meses.

4. Los delitos previstos en los dos apartados anteriores sólo serán perseguibles mediante denuncia de la persona agraviada o de su representante legal.

Así que ya sabemos que Iglesias es un ignorante, un irresponsable y/o un embustero. Y su aparente preocupación por supuestos excesos judiciales son eso, mera fachada.

Porque sí existe una manera jurídica (y, en consecuencia, política) de abordar este asunto (algo difícil en mi caso, ya que no he podido leer el auto de conclusión del sumario ni los de la Sala que resolvían diferentes recursos, ni conozco los informes que se mencionan en ella). Esa manera necesariamente pasa por lo siguiente:

1.- Por plantear dudas sobre el delito de atentado, puesto que los agentes no estaban en el ejercicio de sus funciones.

2.- Por plantear dudas sobre la concurrencia de los delitos de odio del artículo 510 del Código Penal, puesto que resulta difícil su encaje en el tipo descrito en la norma.

3.- Por discutir esos informes policiales y las pruebas en que se apoyen sobre la existencia de esos grupos organizados, dotados de cierta estabilidad, que tienen esa finalidad (obligar al Estado a destinar a los guardias civiles fuera de Navarra) utilizando para ello el acoso, la intimidación, para obtener el aislamiento de los agentes y sus familias. A menudo estos informes presentan debilidades y se demuestran más como construcciones que como auténticas pruebas. Para eso, naturalmente, hay que leer esos informes y analizarlos.

Y todas esas críticas o dudas se pueden articular sobre la base de un discurso coherente que pretenda evitar un uso excesivo del tipo penal de terrorismo, algo perfectamente justificable, ya que las penas previstas para este tipo de delitos, y los miembros de esos grupos y organizaciones son mucho más duras. Sí, el Estado a veces se excede; a veces es arbitrario; a veces usa sus instrumentos de manera exagerada, provocando daños a los ciudadanos.

El problema es que yo no creo a Iglesias. No creo que esa sea su preocupación. Es el mismo hombre que mira hacia otro lado cuando un pseudotribunal encarcela más de diez años a un líder político en Venezuela vomitando una sentencia grotesca.

Y, por la misma razón, yo no tendría ningún inconveniente en que diputados españoles recibieran a las familias de unas personas encarceladas que protestan por una respuesta que dicen excesiva de las instituciones del Estado, si creyera que esa es su preocupación real. Y no por eso los llamaría amigos de los terroristas. Pero no les creo. No a las familias. Ignoro qué hicieron realmente los acusados. Ignoro qué sucedió y si, en su caso, tenían esa finalidad perseguida por la ley como terrorista. Y si piensan que una campaña pública puede ayudar a sus familiares es lógico que la emprendan. Ahora, si pretenden tener cierta credibilidad, es imprescindible que se basen en pruebas y en argumentos.

Cuando digo que no les creo, me refiero a los que los recibieron en el Congreso. Esa es la gente que lleva años comprando el discurso de mierda, el que se denuncia magníficamente aquí.

Ya termino. El retórico Iglesias, el de las preguntitas, muestra lo que es al preguntar a Carlos Alsina si cree que en el caso de que alguien agrediese al periodista porque no le gusta lo que dice o al propio Iglesias porque no le gusta lo que piensa, si, en ese caso, le parecería bien que se acusase a los agresores de delito terrorista y se juzgase en la Audiencia Nacional.

Eso ya pasó, diputado Iglesias. Y la respuesta es que sí, si con ello se pretende, por ejemplo, que los diputados de Podemos no puedan expresarse o se pretende coaccionarlos para que se queden en su casa o que tengan que salir a la calle escoltados. Sí, diputado Iglesias, si unas personas te agredieran con la intención de desestabilizar gravemente el funcionamiento del Congreso, o de obligarte a que no puedas emitir tu opinión libremente, o de alterar gravemente la paz pública, o de provocar un estado de terror entre los que te votan o entre los miembros o dirigentes de tu partido, naturalmente que sería terrorismo, y los ciudadanos normales y decentes querríamos que los autores de ese acto criminal fuesen castigados como terroristas y juzgados en la Audiencia Nacional.

Tú, diputado Iglesias, no harías lo mismo si el diputado agredido fuese del PP, o del PSOE, o de Ciudadanos. Por eso te haces esas preguntas de mierda.

 

 

La carta a los Reyes

 

Ya sé que hay gente ceniza que ha criticado a la Assemblea Nacional Catalana y a Òmnium por utilizar hasta las fiestas infantiles para sus fines políticos, mancillando las ilusiones de los niños (¡¿pero es que nadie piensa en los niños?!).

A mí, sin embargo, esta iniciativa me parece maravillosa:

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Los secesionistas catalanes les piden a los Reyes Magos que les traigan, en 2017, una “República Catalana”.

Sí, repítanselo de nuevo: los secesionistas, en una inteligente ampliación de la labor de visibilización de la causa secesionista en instancias internacionales, han dirigido una petición formal a los mágicos, ancianos y cristianos monarcas —hombres de reputado liderazgo espiritual— que cada año obran la hazaña de repartir, en una noche, miles de millones de regalos a niños y adultos: que les traigan una República. Imaginen a los secesionistas levantándose el 6 de enero, alborozados e ilusionados, esperando abrir las ventanas y recoger su regalo ansiado. Si no les emociona esto es que no tienen alma.

Por favor, que sigan politizando todo.

 

No compres lotería: compra Materialismo y empiriocriticismo

 

Cada Navidad aparecen los que intentan convencer a los ciudadanos de que la lotería es un impuesto, de que es usted imbécil si la compra y de que las probabilidades de ganar son tan insultantemente bajas que hacer cuentas sobre lo que uno haría de ganar es propio de una mente sin civilizar.

Hoy, por ejemplo, he leído este artículo (que por lo demás es moderado y cabal en comparación con otros) en el que, por ejemplo, me encuentro con este párrafo:

La lotería se aprovecha de que los humanos no somos robots racionales. Para verlo, respondamos a estas preguntas: a) ¿Qué preferimos: ganar 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o ganar un euro seguro? y b) ¿Qué preferimos: perder 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o perder un euro seguro? Si fuésemos fríamente racionales seríamos indiferentes en las dos cuestiones, porque el valor esperado en cada disyuntiva es el mismo (un euro). Sin embargo, la mayoría escogemos ganar 1.000 euros con una probabilidad baja en la pregunta a y perder un euro en la b. Estamos pues programados para comprar tanto boletos de lotería como seguros contra los imprevistos. Aunque los números no den.

El articulista concluye que lo racional es, en ambos casos, optar por una respuesta que no da. Fíjense, no dice qué respuesta sería la racional (y es inteligente, porque prefiere que rellene usted el espacio). Solo dice que deberíamos ser indiferentes. Y, efectivamente, ganar o perder un euro (aunque sea lo más probable) nos da igual a la mayoría. Puestos, si la alternativa remotísima a esa seguridad es ganar mil euros la gente opta por perderlo. Si la alternativa remotísima a no perder el euro es perder mil euros, la gente también suele optar por perder el euro. En ambos casos pierdes el euro (en ambos casos YA tienes el euro). La respuesta es la misma. ¿Seguro que esto no es racional? Sobre todo teniendo en cuenta que sí hay una probabilidad muy alta de que nos enteremos de que alguien con nombre y apellidos gana mil euros o pierde mil euros. Esa una de las razones por la que socializamos riesgos, por ejemplo. Porque he visto en la televisión a un señor llamado Antonio, que vive en Colmenarejo, que se ha hecho rico con la lotería: ¿se imaginan la probabilidad de algo así?

You know, the most amazing thing happened to me tonight. I was coming here, on the way to the lecture, and I came in through the parking lot. And you won’t believe what happened. I saw a car with the license plate ARW 357. Can you imagine? Of all the millions of license plates in the state, what was the chance that I would see that particular one tonight? Amazing!

Por cierto, lo del impuesto es algo que siempre me ha hecho gracia: impuesto es participio de imponer. Por tanto, un impuesto es, por definición, obligatorio. Si no es obligatorio comprar lotería no es un impuesto. Ni siquiera es algo “como” un impuesto o un impuesto “encubierto”. No, no se empeñen, la lotería no es un impuesto, como una donación tampoco es un impuesto, aunque ambos negocios jurídicos estén gravados con impuestos. Sin embargo, hay gruñones empeñados en vender que es eso, una obligación voluntaria. Y que eres gilipollas si compras lotería. Cuando además —aunque hay muy buenas razones para que haya juegos de azar legales, para que estén limitados y para que sean de titularidad del Estado— ni siquiera el Estado monopoliza ya las apuestas y puedes hacer rica a una empresa rusa en vez de al fisco español.

Como es obvio, gastamos nuestro dinero en cosas que incluso a nosotros nos parecen estúpidas (y no les digo a los demás). Constantemente. Si nos da un arrebato a la Savonarola, imaginen todo lo inútil, superfluo, vulgar e incluso dañino que querrían eliminar. Si yo tuviera que hacer mi lista, la lotería no estaría en los primeros lugares. Ni siquiera en las primeras páginas. No comprendo por qué se le tiene tanta manía. Solo se me ocurre que sea una muestra de soberbia intelectual. La lotería sería cosa de cuñados, de imbéciles incapaces de comprender que, en realidad, no te va a tocar nunca. Como si la gente no fuera consciente de que, efectivamente, no te va a tocar nunca y de que está comprando ficción autobiográfica. La misma que compra cuando lee una novela o ve una peli y siente que es protagonista, o la que compra cuando ve un partido de fútbol y suelta la pierna para rematar. Bueno, no la misma. No hay una lotería que te dé la remota posibilidad de ser Cristiano Ronaldo, descubrir la conjura del Opus Dei para ocultar que Cristo tuvo descendencia o traducir a unos extraterrestres con pinta de arbustos. 

 

Vamos a decir sandeces

 

Por culpa de Berta González de la Vega descubro que en El Mundo han entrevistado a un señor que no conozco, que se llama Robe Iniesta y que es roquero.

Cuando he visto esto …

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… he cometido un segundo error y he leído la entrevista.

No hay dos sin tres, así que veamos algunas afirmaciones:

1.- El mundo “Va a peor, sí. Muy a peor. No sé si soy un poco paranoico, pero si ves un telediario es como para hacer apuestas“. ¿Este señor vota? ¿A quién vota? (es una broma) Por lo visto, su manera de medir si el mundo va a peor o a mejor o si sigue por el espacio interestelar indiferente a la carrera musical del entrevistado es el “telediario”. Frente a esto qué más da que todos los estudios objetivos indiquen que todos los datos globales sobre bienestar, esperanza de vida, educación, etc. siguen mejorando .

NOTA: Añado esto. Me ha parecido interesante. Aunque, en fin, basta con leer habitualmente sobre el tema, para saber que “… qué más da que todos los estudios objetivos indiquen que todos los datos globales sobre bienestar, esperanza de vida, educación, etc. siguen mejorando.”

2.- “No, pero a lo mejor ahora soy más consciente. No sé si hace 10 años había más hambre en África que ahora pero sí que había una amenaza concreta, que era la Guerra Fría y salvar las ballenas. Ahora eso se ha multiplicado: ya no hay una guerra fría sino que estamos en muchas guerras calientes, incluida la Guerra Fría, porque esa sigue: aunque no entre la URSS y Estados Unidos. Hay muchos conflictos“. No sabe si había hace diez años más hambre en África. Es hilarante: mide la evolución de la humanidad en escalas de diez años de telediarios. En todo caso: ¿hace diez años el conflicto era la Guerra Fría? ¿En 2006? Por otra parte, ¿hay muchos conflictos? Sí, claro. Algunos son además terribles. ¿Pero hay más o menos? De nuevo, cualquier comparación entre el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI o cualquier análisis de la evolución de los últimos 50 años demuestra que el número de víctimas ha descendido de manera notable. Y si nos fijamos en los últimos 25 años veremos que ahora el número de víctimas es algo más alto que la media, pero ni siquiera es el momento más alto (el período 1993-1996 es cinco veces peor).

3.- La Guerra Fría. “No, no se ha enfriado del todo porque ha habido otros componentes. Hay muchos más países con armamento nuclear. Coño, que es difícil ver una noticia buena en política, ver que se pongan de acuerdo. Las emisiones de CO2, por ejemplo. “Pues se han reunido todos los países. No se ha llegado a ninguna solución, pero han pasado allí unos días”. Creo que la cosa está mucho peor porque no se arregla nada.” ¿MUCHOS MÁS países con armamento nuclear? El Tratado de no proliferación nuclear es de 1970. En ese momento había cinco potencias nucleares reconocidas y una que seguramente posee armas atómicas (Israel). La India las posee desde 1974. Pakistán inició su programa en 1972 y las posee oficialmente desde 1998. El programa de Corea del Norte se remonta también, al menos, a la década de los ochenta, aunque oficialmente es potencia nuclear desde hace diez años. En realidad, en los últimos 25 años lo que hay es MENOS POTENCIAS NUCLEARES. En primer lugar, porque Sudáfrica, que era potencia nuclear, dejó de serlo al ratificar el Tratado de no proliferación nuclear a principios de los noventa. Y porque Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania, a mediados de los noventa, entregaron todas las armas nucleares heredadas de la URSS a Rusia.

4.- Sobre el aumento de la civilización: “Lo de civilizando habría que verlo. Ir de traje no tiene que ver. Hablas de la Edad Media y… Yo me refiero a los instintos. Siguen existiendo los mismos instintos. El egoísmo. Para mí. Para mi familia. Para los de mi pueblo. Para nosotros. Siempre barriendo para casa” y “Claro. Lo demás sigue evolucionando. Y lo de más civilizados… Sí: “usted, ¿me deja pasar?“. Extraordinario dato: no ha variado el genoma de los seres humanos desde la Edad Media. En cualquier caso, con una población mundial de 7.400 millones de habitantes, los porcentajes de CUALQUIER ÍNDICE que se quiera utilizar sobre los efectos prácticos de esos instintos en la vida de la gente demuestran que el egoísmo tribal y el nacionalismo influyen ahora mucho menos que en cualquier otra etapa previa de nuestra historia.

5.- “Desde luego que sí. No es éste un disco de rendirse y sí de cabreo, de ya está bien. Al final, hay cosas que no puedes decir. No puedes decir: “Creo que lo mejor será una guerra nuclear”. Está el cabreo ese de: bueno, vamos a reaccionar, ya está bien. Y, de algún modo, estás diciendo: como ya hemos hablado mucho de esto, se está agotando el tiempo. En el medio ambiente estamos llegando a un punto de no retorno, porque se están perdiendo especies“. Un “disco de rendirse” 🙂 Lo de que se “esta llegando” a un punto “de no retorno” porque “se están perdiendo especies” es maravilloso. Por lo visto, una vez que se alcance un porcentaje de especies extinguidas que no podemos calcular exactamente (ya que no conocemos el número de especies), habrá un punto de no retorno. Lo que no sabemos es de no retorno a qué.

6.- “Sí, puede ser, puede ser. Tengo una idea como de catástrofe inminente. Como que ya no me sorprende nada. Veo en un telediario lo peor y digo: “Bueno, normal. Tenía que llegar. ¿Ha salido Trump? Claro, con tantos millones de subnormales…”. Parece una visión catastrofista, pero es realista. Estamos aquí pensando que es todo muy estable y mira lo que pasó en la sala Bataclan. Estaban en el concierto y creían que era un día más y que era imposible que pasara nada raro. El que no iba a follar pensaba que no iba a follar, y el que iba a follar que qué bien, pero todo lo demás era inamovible. Y, de repente, se fue todo a la mierda. Cada vez veo menos cosas inamovibles. Todo parece estar pendiente de un hilo, de volcar. En cualquier sitio. El entrevistado descubre (de nuevo por el telediario) que existen la muerte y el mal y que eso demuestra que nada es estable (como si la muerte y el mal no demostrasen precisamente que la vida y el bien son bastante estables e incluso aumentan). Cada vez ve “menos cosas inamovibles” (por ejemplo que un día a lo mejor no follas aunque pensabas que sí, que ibas a follar). Eso sí, pese a esos pensamientos la hostia de profundos regala un “subnormales” a los votantes de Trump.

7.- Sobre la esperanza. “Sí, por eso tampoco este disco es un rollo de tirar la toalla y decir no puedo. Hay un poco de enfado, como digo, pero en más de una canción hay otra visión, aunque seguramente sean menos llamativas“. Un día ibas a follar y llega un islamista y te pega un tiro en una sala de baile y ya no follas, pero no es tan grave porque él ha escrito una canción.

8.- Sobre qué hacer con el mundo. “Sí, pero también se pueden hacer ayudas. Por lo que tú decías antes de que las canciones las escucha mucha gente y va a darles muchas vueltas“. Sin duda se pueden hacer ayudas, como se demuestra a diario en el baloncesto profesional, pero lo importante es que la Guerra Fría y las guerras calientes y el punto de no retorno por la pérdida de especies se pueden revertir si le das vueltas a las canciones de este señor.

9.- “Antes estaba borracho y podía decir lo que quisiera, pero ahora ya te tienes que pensar las cosas un poco más porque luego te avasallan. Yo creo que eso es lo malo de la democracia, que todo el mundo pueda votar. Creo que eso está mal. No todo el mundo debería poder votar. No digo que yo esté capacitado, ¿eh? Pero del mismo modo, no todo el mundo está capacitado para votar.¿Habría que pasar un examen previo? Habría que pasar varios exámenes. Estamos diciendo que la Historia nos tiene que valer para algo, y que la experiencia, estos miles de años que llevamos viviendo en el planeta, nos tiene que servir para algo. Nuestra propia Historia, la guerra que hemos tenido, todo lo que nos ha pasado tiene que servir para avanzar. Pero ¿cómo puede votar un tío que no sabe quién fue Napoléon? ¿Por qué puede votar? ¿Cómo puede votar gente que no tiene ni puta idea de Historia?Todo este párrafo es pura basura. Lo trágico es que esto mismo, a pesar de “nuestra propia historia”, lo piense tanta gente.

10.- ¿Sugiere que sea una aristocracia, una élite, la que vote?, le preguntan: “Es que así era la democracia primera. No era todo el mundo a votar, venga. “A ver, tú, el más tonto, ¿tú quién dices?”. No puede ser. Ya sé que es políticamente incorrecto, pero lo pienso. A lo mejor mañana pienso otra cosa y cuando me digan: “Tú dijiste esto”, lo negaré. Pero ahora lo pienso. No todo el mundo está capacitado para votar. Esa gente que está pensando nada más que en comer donuts y en ponerse más gorda de lo que está, ¿esa gente va a votar?” Sí, en Atenas no votaba todo el mundo. Por ejemplo, las mujeres no votaban. Tampoco los esclavos. Naturalmente, Atenas tampoco era una democracia. El sistema que propone el señor roquero no se ha aplicado nunca. Los sistemas de democracia limitada nunca se han basado en la capacidad, sino en el sexo, en la renta, en la ciudadanía. Nunca ha existido una democracia en la que solo hayan votado los más capaces (idea imbécil donde las haya por otro lado). Lo más parecido solo existió en los sueños totalitarios de Platón y en la paliza que le dio al autócrata de Siracusa.

En fin, el mundo mejora. No hay duda. Aquí me ven discutiendo las afirmaciones de un cantante, como si tuvieran alguna importancia. Qué mayor prueba de riqueza de lujo.

 

 

Una vez más

 

Nunca veo programas de debate en La sexta. Las pocas veces que me lo ha planteado o he caído por casualidad en uno, después de medio minuto escuchando gritos y consignas he cambiado de canal.

Ayer, en tuiter, descubrí que le estaban arreando a Eduardo Inda por no pagar las pensiones alimenticias a sus hijos. No voy a hablar de Inda, ya lo he hecho en muchas ocasiones: cuando publica algo, necesito siete fuentes independientes y haberlo visto personalmente para creerlo. Lo interesante, sin embargo, es comprobar cómo (con el cadáver de la cueva afgana aún caliente) la turba, dirigida por los que mandan en Podemos y coreada por algunos opinólogos y tuiteros estrella, dio por buena una noticia que es una porquería.

La Justicia ha dictado el embargo del salario, sueldos y otros ingresos de Eduardo Inda en La Sexta por incumplir sus obligaciones económicas con sus hijos …

Voy a aclarar algo: un embargo en un proceso de ejecución no implica que el embargado deba nada. Básicamente porque el embargo es automático cuando se acredita el cumplimiento de determinados requisitos. Por ejemplo, que hay una sentencia de separación o divorcio o de guarda o custodia que dice que tiene alguien que pagar XXX € al mes y que el que presenta la demanda de ejecución afirma que se le debe dinero. ¿Lo ven? Basta con que el demandante lo afirme para que se embargue. Luego, en el proceso de ejecución, el ejecutado se puede oponer y a lo mejor resulta que no debe nada y que la demanda era infundada. Podría ser, claro está, que el periódico supiera que ya se ha resuelto la oposición y la deuda existiese sin ninguna duda. Pero yo creo que no: que el periódico no tiene ni puta idea y no lo digo porque ya no me crea ni la fecha de un panfleto como Público, sino por lo que viene a continuación:

… según la ejecución forzosa difundida por las redes sociales y que ha sido dictada por el Juzgado de Primera Instancia número 4 de Alcobendas (Madrid). Público ha recogido la sentencia tras confirmarla con fuentes judiciales y comprobar su impacto entre la opinión pública, donde las redes han convertido en trending topic la información sobre la cadena de Atresmedia y su colaborador estrella.

¿Cómo me voy creer eso de que Público ha confirmado no sé qué con “fuentes judiciales” cuando dice que “ha recogido la sentencia”? Para empezar, en un proceso de este tipo no hay ninguna sentencia. Para seguir, lo que publica Público es un recordatorio de un oficio. Es decir, para decirlo con llaneza el recordatorio de una carta. Por no ser, no es ni siquiera la resolución que acuerda el embargo (que, como digo, es prácticamente automática). Sin embargo, como tiene una “pinta” imponente hablan de sentencia. Es imposible tomarse a esta gente en serio. Continúa:

La resolución establece que el director de OK Diario sólo podrá disponer cada mes del mínimo legal establecido en este tipo de ejecuciones hasta que satisfaga los 13.344,44 euros que el juzgado ha sentenciado que debe a su ex esposa y a sus hijos, así como el pago de otros 4.000 euros adicionales en concepto de los intereses devengados y de las costas procesales.

Como pueden deducir de lo que he dicho antes, eso de que “el juzgado ha sentenciado” que debe no resulta en absoluto de ese recordatorio de un oficio. Pero es que, además, el propio texto de la noticia demuestra que el que la escribe como mínimo no tiene ni zorra idea de lo que habla: los 4.000 € no son para pago de costas y de intereses devengados. Los 4.000 son una cantidad presupuestada para eso. La ley permite que con tu demanda ejecutiva, a lo que tú dices que se te debe por por principal, añadas hasta un 30% por si en su momento te dan la razón y el ejecutado tiene que pagar costas e interesas (y así se asegura el cobro). ¿Ese recordatorio de un oficio demuestra que Inda tenga que pagar algo por costas e intereses y en su caso cuánto? Pues no, claro que no.

Todo, como ven, es porquería a carretadas, esparcida desde un partido político contra un periodista incómodo para ellos.

Pero hay más. He visto el vídeo que aparece aquí. La señora Bescansa es diputada. Eso es lo que me acojona. Porque a mí Inda no me representa. Pero la diputada Bescansa sí. Juzguen ustedes mismos. Por cierto, las explicaciones de Inda serán falsas o auténticas, pero al menos no son prima facie una porquería como la noticia del periódico.

Termino: gracias a los bufidos de la señora diputada me he enterado de esta ley del parlamento balear. En ella se ha basado la diputada para decir que “lo de Inda” es violencia machista.

He mirado y me he encontrado con esto:

Artículo 65

Definición

1. A los efectos de esta ley, se entiende por violencia machista aquella que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre estas por el hecho mismo de ser mujeres.

2. La violencia a la que se refiere esta ley comprende cualquier acto de violencia por razón de sexo que tenga como consecuencia, o que pueda tener como consecuencia, un perjuicio o sufrimiento en la salud física, sexual o psicológica, e incluye las amenazas de estos actos, la coerción y las privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada.

3. A los efectos de esta ley, también se consideran víctimas las hijas y los hijos de la madre víctima de violencia.

4. A los efectos de esta ley, se considera violencia machista:

a) Violencia física, que incluye cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de las mujeres, con resultado o riesgo de producir lesión física o daño, ejercida por quien sea o haya sido su cónyuge o por quien esté o haya estado ligado a ella por una relación de análoga afectividad, aun sin convivencia. Asimismo, tienen la consideración de actos de violencia física contra las mujeres los ejercidos por los hombres en su entorno familiar o en su entorno social o laboral.

b) Violencia psicológica, que incluye cualquier conducta, verbal o no verbal, que produce en las mujeres desvalorización o sufrimiento, a través de amenazas, humillaciones o vejaciones, exigencia de obediencia o sumisión, coerción, insultos, control, aislamiento, culpabilización o limitaciones de su ámbito de libertad, ejercida por quien sea o haya sido su cónyuge o por quien esté o haya estado ligado a ella por una relación de análoga afectividad, aun sin convivencia. Asimismo, tienen la consideración de actos de violencia psicológica contra las mujeres los ejercidos por los hombres en su entorno familiar o en su entorno social o laboral.

c) Violencia económica, que incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de las mujeres y de sus hijas y sus hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.

d) Violencia sexual, abusos sexuales y agresiones sexuales, que incluyen cualquier acto de naturaleza sexual forzada por el agresor o no consentida por las mujeres: la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, la imposición, mediante la fuerza o con intimidación, de relaciones sexuales no consentidas, y el abuso sexual o cualquier acto que impide a las mujeres ejercer libremente su sexualidad, con independencia de que el agresor tenga relación conyugal, de pareja, afectiva o de parentesco con la víctima o no.

e) Violencia simbólica, que incluye iconos, representaciones, narrativas, imágenes, etc., que reproducen o transmiten relaciones de dominación de los hombres respecto de las mujeres, así como desigualdades de poder entre sexos y de segregación.

f) Feminicidio, asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres, al margen de que exista o haya existido relación de pareja.

g) Mutilación genital femenina: cualquier procedimiento que implique o pueda implicar una eliminación total o parcial de los genitales femeninos o produzca lesiones en los mismos, aunque exista consentimiento expreso o tácito de la mujer o de la niña.

Para empezar, he de decirles que ni siquiera con lo que dice ese artículo puede la diputada Bescansa acusar a Inda de ejercer violencia machista. Primero porque es una norma que se aplica solo en las Islas Baleares. Y segundo, y sobre todo, porque el propio artículo dice:

“c) Violencia económica, que incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de las mujeres y de sus hijas y sus hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.

¿Sabe la diputada Bescansa si Inda ha privado a sus hijos de sus pensiones? ¿Sabe si, en su caso, tenía una causa legal para hacerlo? Ya sabemos que no. Que no lo sabe.

Dicho esto y para terminar, qué norma más excesiva y errada. Al final, se degrada la violencia, la violencia real, convirtiendo todo en violencia (como se degrada el terrorismo o el genocidio convirtiendo todo en terrorismo o genocidio). En último lugar aparece la mutilación genital. Compárenlo ustedes con eso que llaman “violencia simbólica” o la “ecónomica” que aparece antes. En fin, no sigo, no sea que alguien termine diciendo que ejerzo violencia machista en la modalidad “simbólica” por decir que eso me parece no solo falso, sino además estratégicamente equivocado. Es lo que tiene la pretensión de ajustar la realidad a mi discurso ideológico, que al final el que critica ese discurso no solo es un machista, sino un violento.

Vivan las cadenas

 

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill se encontraba, aparentemente, en la cumbre de su poder. Nadie simbolizaba como él la resistencia frente al nazismo.

Sin embargo, en el Reino Unido hubo elecciones y las perdió. Como de costumbre, las simplificaciones terminan amontonando los votos de forma binaria y la gente confunde las sumas con las razones. La más usual dice que los británicos no creían que el hombre que les había mandado en la guerra fuese el más adecuado para mandar en la paz; otros creen que pasaron factura a los conservadores por los errores previos a la contienda. A saber. Sobre todo, a saber si se puede saber. Lo importante es que da igual: los votantes le dieron una patada en el culo. Y eso, además, no impidió que volviera a ser Primer Ministro cuatro años más tarde. Como es evidente, no hay ninguna razón para pensar que eso que llaman “las oligarquías” o la “casta” prefiriesen el gobierno de los laboristas. También los británicos, ya ven, se ciscaron en las explicaciones sobre el control de las élites del proceso político.

Así de raras son las democracias. La gente vota y le vuela la cabeza “figuradamente” a cualquiera. Dan igual los méritos. En particular, dan igual los méritos históricos.

Por eso me repugnan tanto las portadas sobre Fidel Castro. Gente de todo tipo hablando de la importancia de un sujeto que siguió mandando porque no hubo una sola ocasión en la que los cubanos pudieran votar. Fíjense: es posible que de haber podido votar, hoy Castro no apareciera más que en la necrológica de algún periódico de una Cuba libre.

¿Saben por qué no hay gobernantes democráticos que estén cinco décadas en el poder? Porque a la gente se la sudan los destinos históricos, los fines de siglo, los pilares de la civilización y las luces y las sombras. Cuando la gente decide, decide sin pensar en los libros de historia y en las masturbaciones de lo intelectuales.

Antes de entrar a discutir las mentiras de los hagiógrafos del tirano, la reflexión es esta: ¿no os da asco, en pleno siglo XXI, alabar la figura de un tipo que nunca permitió a su pueblo darle la patada?

Joder, cincuenta años mandando. Y va a seguir mandando, a través de su hermano, después de muerto. Pero esto no les llama la atención. Al parecer, el pecado original es menos importante que sus erecciones juveniles.

Hay que ser imbécil.

Las razones de nuestros padres

 

Asistimos estos días a polémicas adanistas sobre nuestra constitución en la que los argumentos se centran en las condiciones materiales existentes cuando se aprobó (primero en un parlamento democrático y posteriormente en referéndum).

Son divertidas porque reproducen uno de los errores más comunes sobre la democracia. Un sistema democrático no es aquel que garantice que se adopte la mejor solución posible (si es que esa decisión pudiera identificarse sin discusión). Tampoco es aquel que garantice que los que adopten una decisión lo hagan de forma absolutamente libre y ajena a lo que les rodea. La democracia no nos hace más sabios, ni más valientes, ni más objetivos.

Esencialmente, la democracia (la representativa) es el sistema más simple y eficiente de los que podemos imaginar capaz de garantizar que las decisiones se remitan a la voluntad de los ciudadanos expresada en secreto a la vez que asegura la más alta cota de paz social para el mayor número de ciudadanos. Podemos imaginar sistemas que garanticen aparentemente más paz social (uno autoritario), pero esta paz es aparente porque no alcanzará al mayor número: los discrepantes en esos regímenes son tratados a golpes para que la paz se mantenga. Podemos imaginar un sistema en el que la decisión sea hipotéticamente más “sabia”, pero para ello hay que limitar el voto o establecer correcciones que impliquen que el más capaz o el que tenga más conocimientos decida “más”. Un sistema así es estúpido porque es muy difícil de diseñar, y porque su complejidad y necesidad de ajustes permanentes son la semilla de su autodestrucción. Podemos imaginar un sistema basado en el principio “un hombre, un voto” que implique una permanente participación del ciudadano en la toma de decisiones. Pero ese sistema sería ineficiente y se sometería a una constante tensión como consecuencia de la tiranía populista (en la que prevalece la opción más fácil de vender instantáneamente, por lo que la complejidad siempre está proscrita).

La democracia no es el camino para la felicidad o el acierto. Sin embargo, como sistema capaz de obtener a largo plazo el máximo posible de paz y progreso es indiscutible. Es preciso no olvidar nunca ese componente realista y algo deprimente.

Las votaciones no son la formulación de un discurso coherente. Son un agregado que no se basa en las mismas razones o sentimientos. Más aún, una vez que se expresa, hay que intentar romper con las causas de ese mandato. En primer lugar, porque solo se pueden expresar de una manera tan simplificada que pueden llegar al punto de ser falsas (el error constante de buscar una especie de voluntad mayoritaria, cuando cada voto es producto de procesos independientes); en segundo lugar, porque la utilidad del voto es la justificación del poder y el poder exige sus propias dinámicas. La simplicidad del sistema se basa en un doble mecanismo: el de un voto abstracto que se suma y el del castigo en el siguiente ciclo electoral.

Cuando alguien pretende desvirtuar el voto ciudadano basándose en, por ejemplo, el “miedo” o en la existencia de una supuesta única opción comete ese error. En todas las elecciones hay factores materiales que pueden llevar a una prevalencia de sentimientos como el miedo, el odio o el egoísmo. También hoy (tras décadas de democracia) esos sentimientos influyen en el voto. Es posible que votos al PP sean votos del miedo: del miedo a Podemos. Es posible que votos a Podemos sean votos del odio: odio a un sistema que creemos nos ha defraudado. ¿Son libres esos votos? También hoy (a pesar de que nos creemos más listos que nuestros ascendientes y más informados) el voto puede basarse en la ignorancia y la mentira (hay ejemplos para aburrir). Esto es una simplificación también, pero la uso porque parece que los españoles que votaron abrumadoramente sí a la Ley para la Reforma Política y más tarde a la Constitución eran unos seres acobardados, y que los españoles de hoy en día son el paradigma de la racionalidad y la libertad.

Esto mismo se puede decir de los dirigentes de los partidos políticos de aquella época. No pretendo comparar. La situación era excepcional, pero no por ello la decisión adoptada fue más estúpida o estaba más afectada por los sentimientos. Entre otras razones, porque los que ahora la juzgan lo hacen sin sus experiencias vitales y sin sus expectativas. 

Frente a esos juicios ahistóricos que exigen contrafácticos imposibles, lo único sensato es analizar unos cuantos datos y ver si encajan dentro de ciertos paradigmas:

1.- ¿La Ley para la Reforma Política imponía alguna limitación que no fuese puramente formal?: No.

2.- ¿La aprobaron los españoles?: Sí, abrumadoramente.

3.- ¿Cualquier partido pudo presentarse a las primeras elecciones?: Sí, aunque fuera bajo el paraguas de coaliciones.

4.- ¿Las primeras Cortes eran democráticas?: Sí.

5.- ¿Podían esas Cortes haber aprobado cualquier tipo de Constitución?: Sí. No había ningún límite legal. También podrían haber establecido que España era una república.

6.- ¿La aprobaron los españoles?: Sí, abrumadoramente.

7.- ¿Con posterioridad —durante más de 30 años— ha habido alguna limitación a la puesta en entredicho del sistema constitucional?: No. Esto, por cierto, demuestra hasta qué punto es falaz el discurso de los que dicen que el sistema del 78 vino impuesto. Ese mismo sistema ha permitido décadas de gobiernos que representaban a la inmensa mayoría de los españoles y es el que permite que ahora lo discutan partidos y políticos que representan también a muchos españoles, aunque no sean mayoritarios. Hay una legitimidad de uso evidente

Algo más: la crítica al sistema también es un input que pretende mover al voto generando sentimientos y poniendo en circulación una información sesgada. ¿Nos olvidamos también de las condiciones materiales existentes como consecuencia de la crisis económica de los últimos años?

Yo tengo mi opinión: el saldo de las decisiones que se adoptaron tras la muerte de Franco es casi prodigioso. Nos sacó del agujero con un coste irrisorio. No voy a jugar a la ficción y a imaginar qué habría sucedido si el camino escogido hubiera sido otro. Pero tampoco deberíamos hacer ningún caso a los que se empeñan en decirnos que llevamos cuarenta años en una democracia tullida para vendernos su poción mágica.

Puestos a ser frívolos, la única frivolidad que me voy a consentir es imaginar si estos tipos se la habrían colado a nuestros padres. Yo creo que no.