El hartazgo

 

La fiscal jefe de Barcelona dio ayer una rueda de prensa denunciando que la habían insultado.

No voy a hablar del incidente en sí. No tengo datos objetivos. Ni siquiera he escuchado las declaraciones. Me interesa más el problema de la prensa.

Me explico:

Veo esta noticia, con este titular:

El Govern justifica los insultos a la fiscal jefa de Barcelona por acusar a Artur Mas

¿Por qué se afirma eso? Porque, según el periodista, Neus Munté, portavoz del gobierno catalán, afirma que:

“En todo sueldo ha de entrar la aceptación de la crítica por las maneras de hacer”.

Luego busco en La Vanguardia y veo que titula:

Munté no ve delito en insultos a la fiscal y denuncia doble “vara de medir”

No obstante, hay una frase inquietante en la noticia. Esta:

“… Neus Munté, ha condenado hoy los insultos que recibió la fiscal jefa de Barcelona, Ana Magaldi, si bien los ha enmarcado dentro del derecho a la “libertad de expresión” …”

Si me quedo con lo que dicen ambos medios, parece que Munté sí ha justificado que la fiscal pueda ser insultada, porque eso se “enmarca” dentro de la libertad de expresión o porque eso equivale a una “crítica” que cabe “en todo sueldo”.

¿Pero saben qué?: hace mucho que no me fío de ningún medio de comunicación. DE NINGUNO.

Así que busco más. Y encuentro resúmenes más amplios en medios catalanes (algunos abiertamente secesionistas). Son básicamente coincidentes, por lo que voy a recoger solo uno: este. (Puede que cometa algún error, ya que no hablo catalán, pero por las expresiones utilizadas creo que no me equivoco; si es así, les ruego que me corrijan).

El titular:

Munté veu “poc gratificant” que els polítics hagin d’acceptar els insults perquè “va amb el càrrec” com diu Magaldi

El texto:

La consellera de Presidència i portaveu del Govern, Neus Munté, ha opinat aquest dimarts que és “molt poc gratificant” que la fiscal en cap de Barcelona, Ana María Magaldi, consideri que els polítics estan “acostumats” a rebre insults perquè “va amb el càrrec”. “En cap sou, públic o no públic, hauria d’entrar acceptar insults, sí la crítica per la feina feta, les maneres de fer o les declaracions”, ha opinat. Munté, a més, ha dit que no li consta cap “aldarull” durant cap dels dies que va durar el judici del 9-N la setmana passada.Així, ha opinat que la llibertat d’expressió s’usa de manera “antagònica” segons qui l’esgrimeix. Ha admès que els polítics són “susceptibles” de ser “fortament criticats” per allò que fan o deixen de fer, però els insults han de ser “rebutjats tots, vinguin d’on vinguin”.En referència directa als incidents del passat divendres, on un manifestant independentista va increpar Magaldi, Munté ha dit que, per les imatges que ha vist, no ha dictat “cap altra cosa que no formi part de la llibertat d’expressió”. En aquest sentit, i en referència velada al comunicat de la Fiscalia General de l’Estat d’aquest dilluns, ha dit que el Govern no pensa “tolerar que un moviment tant cívic i correcte” que s’ha manifestat tantes vegades al carrer, se’l pugui acusar d’insultar, coaccionar o amenaçar. “No és veritat, i no vull treure la llista d’insults gravíssims, que són constitutius de delicte que diferents polítics han hagut d’escoltar, i no ha passat res”, ha dit. “N’estem tips que la vara de mesurar sigui tant diferent, segons afecti uns barris o uns altres”, ha conclòs.Per tot això, ha recomanat “calma, cap fred i rigor”, com Magaldi, per abordar aquest tema. I si la fiscal en cap “s’ha sentit agredida per una mirada o una paraula d’un ciutadà, ja sap a quins mecanismes recórrer”. “Estem convençuts que els possibles insults, reprovables, d’una petitíssima minoria, no poden tacar la força democràtica i cívica dels que es van aplegar davant les portes” del TSJC, sobretot dilluns.

 

Es decir, según este medio:

1.- La portavoz critica a Ana María Magaldi por opinar que los políticos están acostumbrados a recibir insultos porque va con su “cargo” (les recuerdo que esto es lo que dice la portavoz: ignoro si es lo que dijo Magaldi).

2.- Munté, al contrario, cree que está mal que se justifique de alguna forma que alguien sea insultado por cobrar un sueldo, público o no. Y que, aunque los políticos son susceptibles de ser fuertemente criticados por su trabajo, eso no justifica en ningún caso el insulto.

3.- Munté afirma que otra cosa es la crítica por el trabajo, por cómo se hace o por ciertas declaraciones. Algo siempre admisible.

4.- Munté afirma que a ella no le consta altercado de ningún tipo, que tras examinar las imágenes no ve nada que no pueda enmarcarse dentro de la libertad de expresión.

5.- Munté afirma que los insultos, de existir, procederían de una minoría. Que los secesionistas (ella usa la palabra “soberanistas”) son mayoritariamente cívicos, y que la fiscal puede, de existir insultos, utilizar los mecanismo que conoce.

6.- Munté critica una “doble vara de medir”.

Tras leer lo anterior, resulta que:

A) Los medios dan versiones antagónicas de lo que dijo Munté.

B) Si lees El Confidencial, Munté justificó insultos (también se deduce de lo que dice La Vanguardia). Si lees Vilaweb, Munté no solo no los justificó, sino que expresamente los reprobó, criticando que la fiscal fuese demasiado laxa al admitirlos en el caso de los políticos.

¿A quién creo?

En otro tiempo habría buscado la intervención de la portavoz y la habría escuchado completa. Pero no lo voy a hacer. Estoy harto. Hasta los huevos de perder el tiempo para descubrir quién miente y quién dice la verdad en cada caso concreto.

Ya no hago excepciones. Eso han conseguido los medios en España. Que ya parta del supuesto de que me engañan y que, si el asunto me interesa especialmente, sepa que habré de bucear para intentar descubrir cómo me están engañando esta última vez.

Todo lo más, sigo teniendo fe en algún periodista concreto.

Aunque, para que vean que no me escondo, sospecho que Munté no justificó ningún insulto. Y que la noticia de El Confidencial es una manipulación. O mejor dicho, una mentira directa. Lo creo, pero no voy a comprobarlo.

Y nada de esto de lo que hablo tiene que ver con la realidad de los hechos. Con esos insultos denunciados. Con la actitud de la portavoz. Con el discurso secesionista. No hablo de eso, aunque sospecho que más de uno no lo entenderá y se irá por los cerros de Úbeda.

El puto espíritu de la pesadez

Pensaba hace un segundo en este blog (que arrastra y engulle lo que publiqué en otros) y en sus temas. He hablado sobre muchas cosas, pero, como los sargentos en el ejército, hay un asunto al que puedo llamar su columna vertebral: la verdad.

Los demás —la ley, el bien, el mal, sus obras, la gobernanza, la ciencia, los episodios, la música, la crítica política, la periodística, la flecha termodinámica, las buenas maneras, la memoria, la ironía—, todos los asuntos esparcidos, los mundanos, los trascendentes y los intrascendentes, los mínimos y los descomunales, bailan a su son.

Este exceso de “seriedad” produce rigidez e indigestión. Espanta la ligereza. Pero no veo que tenga remedio. A mi pesar. Hablo del asunto del blog, no del resultado, claro. Como ven, no puedo evitar estas aclaraciones reglamentarias.

 

Que no, que no se puede.

 

Hace tiempo ya expliqué por qué, en mi opinión, cualquier referéndum que plantee una pregunta sobre una posible secesión de una parte del territorio español (sin una reforma previa de la Constitución que lo permita) es inconstitucional. Incluso aunque el referéndum sea convocado por el presidente del Gobierno previa autorización del Congreso y se realice en toda España.

Como veo que sigue habiendo gente que duda voy a tirar de autoridad. Con la ventaja de que se trata de la autoridad que ha de decidir sobre la constitucionalidad de cualquier medida. Esto dice la Sentencia del Tribunal Constitucional 103/2008:

En estos términos resulta indudable que plantea una cuestión que afecta al orden constituido y también al fundamento mismo del orden constitucional. Una afectación de esa naturaleza y con tal alcance es desde luego factible en nuestro Ordenamiento, toda vez que, en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución, según recordamos en la STC 48/2003, de 12 de marzo, FJ 7, «siempre y cuando no se defienda a través de una actividad que vulnere los principios democráticos o los derechos fundamentales», no hay límites materiales a la revisión constitucional, habiendo subrayado entonces que «[h]asta ese punto es cierta la afirmación de que “la Constitución es un marco de coincidencias suficientemente amplio como para que dentro de él quepan opciones políticas de muy diferente signo” (STC 11/1981, de 8 de abril, FJ 7)». Pero el respeto a esos procedimientos es, siempre y en todo caso, inexcusable. Es más, tratar de sortear, eludir o simplemente prescindir de esos procedimientos sería intentar una inaceptable vía de hecho (incompatible con el Estado social y democrático de Derecho que se proclama en el art. 1.1 CE) para reformar la Constitución al margen de ella o conseguir su ineficacia práctica. La Ley recurrida presupone la existencia de un sujeto, el «pueblo vasco», titular de un «derecho a decidir» susceptible de ser «ejercitado» [art. 1 b) de la Ley impugnada], equivalente al titular de la soberanía, el pueblo español, y capaz de negociar con el Estado constituido por la Nación española los términos de una nueva relación entre éste y una de las Comunidades Autónomas en las que se organiza. La identificación de un sujeto institucional dotado de tales cualidades y competencias resulta, sin embargo, imposible sin una reforma previa de la Constitución vigente. En realidad el contenido de la consulta no es sino la apertura de un procedimiento de reconsideración del orden constituido que habría de concluir, eventualmente, en «una nueva relación» entre el Estado y la Comunidad Autónoma del País Vasco; es decir, entre quien, de acuerdo con la Constitución, es hoy la expresión formalizada de un ordenamiento constituido por voluntad soberana de la Nación española, única e indivisible (art. 2 CE), y un sujeto creado, en el marco de la Constitución, por los poderes constituidos en virtud del ejercicio de un derecho a la autonomía reconocido por la Norma fundamental. Este sujeto no es titular de un poder soberano, exclusivo de la Nación constituida en Estado. Y es que, como recordamos en la STC 247/2007, de 12 de diciembre, FJ 4 a), con cita de la STC 4/1981, de 2 de febrero, FJ 3, «la Constitución parte de la unidad de la Nación española, que se constituye en Estado social y democrático de Derecho, cuyos poderes emanan del pueblo español en el que reside la soberanía nacional». El procedimiento que se quiere abrir, con el alcance que le es propio, no puede dejar de afectar al conjunto de los ciudadanos españoles, pues en el mismo se abordaría la redefinición del orden constituido por la voluntad soberana de la Nación, cuyo cauce constitucionalmente no es otro que el de la revisión formal de la Constitución por la vía del art. 168 CE, es decir, con la doble participación de las Cortes Generales, en cuanto representan al pueblo español (art. 66.1 CE), y del propio titular de la soberanía, directamente, a través del preceptivo referéndum de ratificación (art. 168.3 CE). La cuestión que ha querido someterse a consulta de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma del País Vasco afecta (art. 2 CE) al fundamento del orden constitucional vigente (en la medida en que supone la reconsideración de la identidad y unidad del sujeto soberano o, cuando menos, de la relación que únicamente la voluntad de éste puede establecer entre el Estado y las Comunidades Autónomas) y por ello sólo puede ser objeto de consulta popular por vía del referéndum de revisión constitucional. Es un asunto reservado en su tratamiento institucional al procedimiento del art. 168 CE. La que aquí nos ocupa no puede ser planteada como cuestión sobre la que simplemente se interesa el parecer no vinculante del cuerpo electoral del País Vasco, puesto que con ella se incide sobre cuestiones fundamentales resueltas con el proceso constituyente y que resultan sustraídas a la decisión de los poderes constituidos. El respeto a la Constitución impone que los proyectos de revisión del orden constituido, y especialmente de aquéllos que afectan al fundamento de la identidad del titular único de la soberanía, se sustancien abierta y directamente por la vía que la Constitución ha previsto para esos fines. No caben actuaciones por otros cauces ni de las Comunidades Autónomas ni de cualquier órgano del Estado, porque sobre todos está siempre, expresada en la decisión constituyente, la voluntad del pueblo español, titular exclusivo de la soberanía nacional, fundamento de la Constitución y origen de cualquier poder político.

Espero que con esto ya se den por contentos los que insisten en que sí se puede hacer el dichosos referéndum en toda España antes de reformar la Constitución..

¿Desobedecer nosotros? En qué cabeza cabe, hombre.

 

La causa penal contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau se puede ver desde dos puntos de vista: desde el estrictamente jurídico y desde el performativo.

El más divertido es el segundo. Los secesionistas están empeñados en lo que llaman “superar” la ley española. Para conseguir ese éxito personal (evoca la “lucha” contra la enfermedad) no les queda más remedio que hacer algo prosaico: incumplir la ley y, por tanto, desobedecer las decisiones de los tribunales adoptadas en cumplimiento de esa ley. Y precisamente por la función simbólica de un acto de esa naturaleza, lo normal es que uno diga que desobedece y simultáneamente desobedecer. Es lo que hace un desobediente de raza, permítanme la coña. Esto es lo que le permite al desobediente hablar tres horas ante el tribunal, terminar diciendo “estoy preparado para morir” y que no se descojone de él el público asistente.

Los líderes del secesionismo catalán, sin embargo, hacen justo lo contrario. Desobedecen las opresoras leyes españolas y las resoluciones de los opresores tribunales españoles, se aplauden a sí mismos por su astucia y arrojo, y cuando se les pregunta afirman que no han desobedecido. En cada ocasión que les escucho que ese líquido blanco, de origen biológico, con sabor idéntico a la leche, producido por vacas y envasado con el nombre “leche” no es leche, sino un proceso participativo autogestionado por voluntarios, se convierten en los más imaginativos defensores de la injusta y antidemocrática legalidad española. Porque claro, próceres como ellos solo desobedecerían leyes y resoluciones injustas.

No obstante, todo su esfuerzo por mantener la autoritaria legalidad española puede ser baldío. Me explico, y con ello paso al asunto jurídico. Los argumentos para negarse, no tres, sino las veces que hagan falta, son básicamente los siguientes:

1.- Que los “fiscales de Cataluña” no vieron ningún delito. Este argumento (de autoridad) es, a la vez, falaz e interesante, ya que nos lleva a preguntarnos por qué fue así. A preguntárnoslo, claro, después de dejar claro que el argumento, tal cual, además de falaz es falso. No fueron los “fiscales de Cataluña”, sino los que integraban la “Fiscalía Superior de Cataluña”, que no son los casi cuatrocientos fiscales catalanes, algunos de los cuales, según se cuenta, se globearon bastante cuando se los identificó con aquel órgano, ya que sí apreciaban indicios de delito en esto del 9N. En todo caso, y sin necesidad de entrar en esa cuestión, la pregunta continúa en el aire, ya que todos los tribunales que han intervenido tras la presentación de la querella han ido estableciendo que esta no solo tenía fundamento, sino que podía incluso desembocar en un juicio oral y de hecho así ha sucedido. Y esto ha ocurrido con la misma jurisprudencia usada por aquellos fiscales para concluir que no había delito.

2.- Que en esto del 9N no hubo, tras la providencia del Tribunal Constitucional que suspendía el sarao, ninguna decisión administrativa que pudiese ser calificada como antijurídica. Sin embargo, tras la investigación nos hemos enterado de que el 14 de octubre (es decir, antes de la suspensión) la Generalitat había iniciado procedimientos administrativos necesarios para realizar la “consulta”, lo que en ocasiones suponía contratar (y pagar, claro) a contratistas privados. Así:

  • Se contrató el alta de la del dominio de la página web y cambio a servidores DNS propios de la Generalitat, y la construcción y publicación de esa web
  • Se contrató la fabricación del material para la votación y su transporte a los locales de la votación.
  • Se compraron siete mil ordenadores portátiles y se instaló en ellos unos programas precisos para la votación (esos ordenadores luego se repartieron entre colegios catalanes)
  • Se contrató publicidad institucional y se contrato el envío masivo de información.
  • Se suscribió un seguro de accidentes para los voluntarios.
  • Se realizaron reuniones con los directores de los institutos que iban a utilizarse para la votación.
  • Se acondicionó un local para el procesamiento de los datos y un centro de llamadas.
  • Se permitió que se “votase” desde el 10 al 25/11 en las sedes del Gobierno catalán de Berlín, París, Bruselas, Londres, Nueva York, Buenos Aires, Tokio, Sídney, Montreal, México D.F., San José -California-, Milán, Bogotá, Hong Kong, Sao Paulo, Copenhague, Santiago de Chile, Andorra y Perpiñán.

Y nos hemos enterado de que específicamente con posterioridad a la providencia del Tribunal Constitucional que acordaban la suspensión la empresa a la que habían contratado para las cuestiones informáticas (T-SYSTEMS) -aplicación web, apoyo técnico durante la recogida de resultados, soporte técnico al centro de procesamiento de datos, tanto sobre lo ya entregado como de lo pendiente de entregar, publicación de datos- solicitó del Centro de Telecomunicaciones y Tecnología de la Información (CTTI), una empresa pública de la Generalitad, instrucciones sobre el desarrollo de las actividades contratadas y si esas actividades estaban o no afectadas por la resolución del Tribunal Constitucional. ¿A que es gracioso que los directivos y abogados de una empresa rándom se preocupasen por el asunto y los hoy acusados, altos funcionarios y representantes con todo el aparato administrativo y jurídico de la Generalidad a sus espaldas, digan que no han desobedecido a nadie y que nadie les advirtió de nada? Pues bien, recibieron una respuesta y no de cualquiera: del consejero de presidencia, el señor Homs, que afirmó que, tras consultar los servicios jurídicos de la Generalidad, estos habían concluido que los trabajos contratados por T-SYSTEMS no se veían afectados por la suspensión acordada por el Tribunal Constitucional. El propio Homs reconoció más tarde que lo de la consulta a los servicios jurídicos era una invención suya..

Hemos sabido que los trabajos encomendados a FUTJISU (recepción de los ordenadores portátiles, instalación de los programas, distribución por los centros de votación, acondicionamiento de un centro de procesamiento de datos y de un centro de llamadas -incluido soporte técnico para el 9N-, recogida posterior de los portátiles y borrado de los programas), se realizaron en su mayor parte los días 7, 8 y 9 de noviembre .

Hemos sabido que MEDIA PLANNING GROUP SA, empresa contratada para la realización de una campaña institucional, continuó realizándola tras la suspensión y hasta el día de la votación.

Hemos sabido que UNIPOST, una empresa privada, utilizando los datos suministrados por el Instituto de Estadística de Cataluña, se encargó de remitir una carta dirigida por el presidente de la Generalidad a cada uno de los catalanes mayores de 16 años y que este envío, iniciado el día 3 de noviembre, continuó después de la suspensión acordada el día 4 de noviembre.

Hemos sabido que FOCUS, S.A., y la FIRA DE BARCELONA, contratadas para la adecuación del pabellón italiano de Montjuïc, lugar en el que se instaló un centro de prensa internacional, se dedicó a esa tarea los días 7 y 8 de noviembre y el día 10 lo desmontó.

Hemos sabido que el famoso CAC ratificó (el 4 de diciembre de 2014) las cartas previas remitidas por el secretario de comunicación del gobierno catalán, en las que se daba cuenta del “incumplimiento” por ONDA CERO, la CADENA SER y la COPE de la negativa a difundir gratuitamente la campaña informativa de anuncios y mensajes relativos al 9N. La finalidad de esa carta era la apertura de expedientes sancionadores contra esas empresas.

Es decir, hemos sabido que, no solo no se suspendió nada de lo que ya se había iniciado, sino que se realizaron actuaciones posteriores destinadas a facilitar que tuviera lugar eso que el Tribunal Constitucional había suspendido.

3.- Que, aunque hubiera actuaciones, eran periféricas, ya se habían acordado y pagado previamente, pretendían informar sobre hechos propios de la sociedad civil, la auténticamente protagonista, y que eso no es prevaricación.

En cuanto a esto, nada mejor que ver lo que ha dicho el Tribunal Supremo sobre el señor Homs cuando ha acordado su procesamiento:

… el delito de la prevaricación administrativa sanciona los abusos de poder que representan la negación del propio Estado de derecho, pues nada lesiona más la confianza de los ciudadanos en sus instituciones que ver convertidos a sus representantes políticos en los vulneradores de la legalidad de la que ellos son los primeros custodios. Por ello, la nota de arbitrariedad es un aliud diferente al control judicial de los actos administrativos por la jurisdicción contenciosa. La nota de arbitrariedad supone que un apartamiento de toda normativa, es la voluntad desnuda de las personas concernidas la que se erige en única fuente de la decisión .

… el delito de prevaricación no se refiere de modo expreso a resoluciones administrativas, sino a resoluciones arbitrarias dictadas en un asunto administrativo (…), tal resolución puede ser expresa o tácita, escrita, oral e incluso por gestos; siendo factible también la resolución por omisión (…)  y con independencia de la fase procedimental que corresponda, pudiendo tratarse de un acto de trámite o impulso o de un acto ejecutivo respecto del fondo principal del asunto, siempre que encierre una declaración de voluntad de contenido decisorio que afecte a derechos de los administrados o a la colectividad en general.

Es obvio que la convocatoria del “proceso de participación” y el impulso del mismo para la consecución de la consulta, integran un asunto administrativo; y que las actuaciones, tendentes a su desarrollo y buen fin descritas, integran actos de voluntad en aras de su logro, con obvia afectación general, en cuanto destinada a todos los vecinos de Cataluña. En cuya consecuencia, en nada afecta a tal calificación la inexistencia de una actuación jurídicamente formalizada de la convocatoria de consulta, ni que se invocara o pretendiera canalizar como una autogestión del voluntariado cuando el impulso y los ineludibles hitos necesarios para la consulta provenían del Govern; de modo, que las resoluciones y actuaciones objeto de suspensión llevadas a cabo fueren orales o de carácter estrictamente material, en cuanto que cada una de ellas, así como el conjunto, son manifestación inequívoca, activa y omisiva, de la voluntad de culminar el “proceso participativo”, a la vez que desatender la suspensión acordada por la Providencia del Tribunal Constitucional.

… en definitiva, con independencia del resultado final del proceso de impugnación, el “proceso de participación” en sí y cualquier actuación de la Generalitat de Cataluña vinculadas con la referida convocatoria, resultaban suspendidas, cualesquiera que fueren. Resultaba desapoderada la Generalitat, por el Tribunal Constitucional, órgano constitucional previsto expresamente para ello, de cualquier potestad para llevar a cabo, mientras la suspensión no se levantara (o el proceso concluyera en su caso con resultado desestimatorio): o actuaciones relativas a la convocatoria; o actos y actuaciones de preparación, realizados o procedentes, para la celebración de dicha consulta; o cualquier otra actuación aún no formalizada jurídicamente, vinculada a la referida consulta. Pues bien (…)  se recoge, como el aforado, además de: a) no adoptar ninguna suspensión en el ámbito de sus responsabilidades (…) b) siguió impulsando activamente en el ámbito de sus funciones (…)  el “proceso participativo” afirmando la inanidad de la resolución del Constitucional sobre la configuración e implantación de la estructura informática que posibilitaba la consulta, a la vez que ponía a disposición de los diferentes entes administrativos los servicios jurídicos de la Generalitat para exigir a las empresas contratadas el cumplimiento de las tareas encomendadas (…)  c) resolvió realizar ulteriores contrataciones para el buen fin de la consulta con posterioridad a la suspensión; y d) incluso en agotamiento de tal finalidad, denunció a los organismos sancionadores el incumplimiento por parte de concretos medios de comunicación la negativa a insertar la publicidad institucional.

Resoluciones arbitrarias, omisivas y activas, contrarias absolutamente a la Constitución, por cuanto desapoderada la Generalitat de la potestad para llevar a cabo la competencia que cuando menos tácitamente afirmaba sobre el “proceso participativo” que culminaba con la consulta; tales resoluciones y disposiciones, fuere cual fuere su contenido, contrariaban de modo grosero, el ordenamiento jurídico; y no sólo de legalidad ordinaria, sino el constitucional, al resultar carentes de todo soporte competencial, en ese momento inexistente, e imponer su propia voluntad sobre la del órgano constitucional, al que expresamente se le atribuye y obliga el dictado de la suspensión. Que además, suponían una suplantación del poder constituyente, al hacer prevalecer la voluntad propia (aún cuando se diga depositaria de un difuso mandato ciudadano, carente igualmente de ese carácter constituyente), con desprecio deliberado de la resolución que le suspende la potestad para desenvolver el “proceso participativo”, dictada por el órgano a quien el constituyente encomendó tal tarea y control. Resoluciones y disposiciones pues, injustas, contrarias a derecho, realizadas y dictadas, a sabiendas, con plena consciencia de su ilicitud,…

De otra, una jurisprudencia asentada del Tribunal Constitucional, impide sustentar, con un mínimo de juridicidad, el mandato de un difuso “clamor” del pueblo catalán, para eludir la resolución suspensiva del Tribunal Constitucional (…) por ello sólo puede ser objeto de consulta popular por vía del referéndum de revisión constitucional. Es un asunto reservado en su tratamiento institucional al procedimiento del art. 168 CE . (…) El respeto a la Constitución impone que los proyectos de revisión del orden constituido, y especialmente de aquéllos que afectan al fundamento de la identidad del titular único de la soberanía, se sustancien abierta y directamente por la vía que la Constitución ha previsto para esos fines. No caben actuaciones por otros cauces ni de las Comunidades Autónomas ni de cualquier órgano del Estado, porque sobre todos está siempre, expresada en la decisión constituyente, la voluntad del pueblo español, titular exclusivo de la soberanía nacional, fundamento de la Constitución y origen de cualquier poder político.

4.- También se argumenta que no puede haber desobediencia porque no se requirió personalmente a algunos de los acusados, porque no se les indicó las posibles consecuencias de negarse a acatar la resolución que acordaba la suspensión y porque no hubo una reiteración en el mandato que dimanaba del Tribunal Constitucional.

Nuevamente, en cuanto a esto, qué mejor que citar al Tribunal Supremo, que da cumplida respuesta a estas objeciones cuando acuerda el procesamiento del señor Homs:

Dicho delito, concorde a la jurisprudencia de la Sala Segunda (…) requiere la concurrencia de los siguientes elementos: a) Existencia de un mandato expreso, concreto y terminante de hacer o no hacer una específica conducta, emanado de la autoridad o sus agentes y que debe hallarse dentro de sus legales competencias. En el relato histórico, este requisito resulta cumplimentado por la Providencia del 4 de noviembre de 2014, del Tribunal Constitucional, (…)  respecto de actuaciones de la Generalitat de Cataluña relativas a una concreta convocatoria, que suspende las actuaciones de la Generalitat de Cataluña relativas a la convocatoria a los catalanes, las catalanas y las personas residentes en Cataluña para que manifiesten su opinión sobre el futuro político de Cataluña el día 9 de noviembre (y en los días sucesivos en los términos de la convocatoria), mediante un denominado “proceso de participación ciudadana”, contenidas en la página web http://www.participa2014.cat/es/index.html, y los restantes actos y actuaciones de preparación, realizados o procedentes , para la celebración de dicha consulta, así como cualquier otra actuación aún no formalizada jurídicamente, vinculada a la referida consulta. (…)  Suspensión omnicomprensiva, por tanto, de cualquier actividad relacionada con ese “proceso de participación”.

b) Que la orden, revestida de todas las formalidades legales, haya sido claramente notificada al obligado a cumplirla, de manera que éste haya podido tomar pleno conocimiento de su contenido. Además de la notificación formal y publicación en el Boletín Oficial del Estado, consta acreditado que a primera hora de la tarde de su dictado, es notificada al Presidente de la Generalitat por correo electrónico a través de la Subdirección General de Cuestiones Constitucionales del Gabinete Jurídico de la Generalitat, del Departamento de Presidencia; y conocida por el aforado, máximo responsable de los Servicios Jurídicos y miembro del Govern de la Generalitat. (…) Tal concreción del destinatario obligaba a la observancia de suspensión acordada por Tribunal Constitucional, necesariamente a quienes al menos de forma tácita afirmaban su competencia en el desarrollo de sus potestades administrativas para el logro de la consulta; y su pleno conocimiento de la misma, prácticamente desde el mismo momento de su dictado, obviaba la necesidad de cualquier requerimiento para cumplimentar el tipo de desobediencia, requisito no exigido por el tipo, relacionado con la viabilidad probatoria del pleno conocimiento de la obligatoriedad del mandato por parte del acusado. Conocimiento de su vinculación y obligada observancia por parte del aforado, ya reseñada.

c) Resistencia del requerido a cumplimentar aquello que se le ordena, lo que equivale a la exigible concurrencia del dolo de desobedecer, que implica que frente al mandato persistente y reiterado se alce el obligado a acatarlo y cumplirlo en una oposición tenaz, contumaz y rebelde. Precisamente lo acaecido en autos, donde el aforado, miembro del Govern, no sólo omitió suspender cualquier actividad desplegada para la consecución de la consulta convocada, ni siquiera aquellas contrataciones o encomiendas concertadas en el ámbito de su Departament; sino que impulsó el proceso en base exclusiva a su voluntad, (…)  El mandato de suspensión es notificado, es publicado en el BOE, se admite que vincula y que la consulta no puede celebrarse si no se alza al formular recurso de aclaración; y pese a ello, de manera abierta, obstinada y pertinaz, nada se suspende, sino que el “proceso” se sigue impulsando, entre otros por el referido aforado y la consulta se celebra. Nada empece a dicha conclusión que por parte del aforado, no se expresase su voluntad de ignorar el mandato del Tribunal Constitucional; (…) la jurisprudencia de esta Sala ha tenido ocasión de fijar el alcance de la expresión abiertamente. Tal idea ha sido identificada con la negativa franca, clara, patente, indudable, indisimulada, evidente o inequívoca (…) si bien aclarando que ese vocablo ha de interpretarse, no en el sentido literal de que la negativa haya de expresarse de manera contundente y explícita empleando frases o realizando actos que no ofrezcan dudas sobre la actitud desobediente, sino que también puede existir cuando se adopte una reiterada y evidente pasividad a lo largo del tiempo sin dar cumplimiento al mandato, es decir, cuando sin oponerse o negar el mismo tampoco realice la actividad mínima necesaria para llevarlo a cabo, máxime cuando la orden es reiterada por la autoridad competente para ello, o lo que es igual, cuando la pertinaz postura de pasividad se traduzca necesariamente en una palpable y reiterada negativa a obedecer (…)

O lo que es lo mismo, este delito se caracteriza, no sólo porque la desobediencia adopte en apariencia una forma abierta, terminante y clara, sino también es punible «la que resulte de pasividad reiterada o presentación de dificultades y trabas que en el fondo demuestran una voluntad rebelde» (…) . Una negativa no expresa, ya sea tácita o mediante actos concluyentes, puede ser tan antijurídica como aquella que el Tribunal a quo denomina expresa y directa. El carácter abierto o no de una negativa no se identifica con la proclamación expresa, por parte del acusado, de su contumacia en la negativa a acatar el mandato judicial. Esa voluntad puede deducirse, tanto de comportamientos activos como omisivos, expresos o tácitos… La concurrencia del delito de desobediencia, tal y como lo describe el art. 410.1 del CP , depende de que el sujeto activo ejecute la acción típica, no de las afirmaciones que aquél haga acerca de su supuesta voluntad de incurrir o no en responsabilidad. De otra parte, notificada a quien era parte del proceso (lo que determina la innecesariedad de requerimiento a estos efectos típicos) que era quien había convocado e impulsaba el proceso de consulta, la suspensión del mismo por parte del Tribunal Constitucional, el acatamiento devenía necesario.

Lo que no puede aceptarse es que entre una y otra opción se construya artificialmente una vía intermedia que estaría integrada por aquellas otras resoluciones judiciales que, pese a estar revestidas de todas las formalidades legales, son discutibles o cuestionables por los servicios jurídicos de quien resulta jurídicamente obligado a su acatamiento. Nuestro sistema constitucional ha querido, como garantía de su propio equilibrio y existencia, que la función jurisdiccional alcance la plenitud de lo resuelto. No es difícil imaginar los efectos asociados a una doctrina, con arreglo a la cual, la ejecución de lo acordado en cualquier proceso jurisdiccional, quedara condicionada a que el requerimiento formulado resultara ulteriormente avalado por quienes asumen la defensa jurídica del requerido“.

Además, ninguna reiteración resulta exigible en autos; cronológicamente, porque el mandato emitido el día 4 de noviembre, exigía su observancia inmediata y en todo caso antes del día 9 de noviembre, pues de otra forma la desobediencia devenía irreversible; y desde otra perspectiva, por razón del origen de donde emanaba, el órgano constitucional a quien se encomienda una capacidad normativa negativa, la declaración de inconstitucionalidad de aquella actividad impugnada y asociada a ella, una suspensión cautelar. No es dable que la norma, aún con ese limitado matiz y esa naturaleza cautelar, pero con un preciso destinatario, quien desarrollaba esa actividad impugnada, deba ser reiterada para su efectivo y cabal acatamiento.

No sé qué sentencia dictará el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, ni la que dictará, en su día, el Tribunal Supremo. Ahora, de momento, en esto de la batalla de argumentos, los acusados pierden por goleada.

 

 

 

La tribu

Hoy dice Puigdemont en una entrevista:

¿Pondrán las urnas aunque el Constitucional impugne la convocatoria del referéndum?

Cuando pongamos las urnas, lo haremos amparados en todas las garantías legales. Pero lo importante de un referéndum es si los ciudadanos lo declaran válido o no. Podría ser acordado y que la gente no participara. Un referéndum que pueda tener sólo el acuerdo del Parlament de Catalunya, pero en el que la gente participe, es perfectamente válido porque la gente es precisamente quien le confiere validez.

Esta respuesta es paradigmática de la mentira secesionista. Los secesionistas llevan años intentando engañar a muchas personas y en parte lo han conseguido. Las urnas no se pueden “poner” amparadas en “todas” las garantías legales porque las urnas se ponen para algo y ese “algo”, en este caso, es inconstitucional. Tan inconstitucional es que lo sería incluso si se tratase de un referéndum en toda España con ese mismo objeto, convocado por el Gobierno con acuerdo del Parlamento, saltándose la previa reforma constitucional. Imaginen su inconstitucionalidad tratándose de un referéndum solo en Cataluña y convocado solo por un acuerdo del parlamento catalán. Y eso lo sabe el señor Puigdemont perfectamente.

Por tanto, la primera frase es una mentira destinada a tranquilizar la conciencia de los ciudadanos que temen a la ilegalidad, pero a los que gusta la idea de secesión.

Pero eso no es lo más grave. Lo peor es el recurso a la falsa democracia sin ley. La idea de que lo que importa para que un referéndum sobre cualquier cosa sea “válido” es la “participación” de la “gente”.

En una democracia real solo son actores los ciudadanos. En una democracia de verdad no hay “gente”. La “gente” no vota. Gente o pueblo son los animalitos preferidos de los autócratas y los populistas. Apelando a la gente o al pueblo, como apelando a la patria o a la historia o al paraíso que viene, es como se han cometido los peores crímenes.

El ciudadano no le gusta ni a los autócratas ni a los populistas. Tampoco le gusta mucho al político común, no nos engañemos. La razón es sencilla: ciudadano es un concepto legal que lleva implícito algo peligrosísimo para el poder y para los conductores de hombres, el de sujeto con derechos y obligaciones. Y va unido también a otro previo: el de conjunto de ciudadanos. Un ciudadano lo es porque hay otros ciudadanos del mismo Estado.

La potencia de ese concepto es extraordinaria. El ciudadano individual se protege de la arbitrariedad del poder y de la arbitrariedad de sus compatriotas precisamente por su condición, por el paquete completo. Ni el poder ni los otros pueden excluirlo de su condición de ciudadano salvo por los propios medios nacidos en el momento de su definición. No hablo de algo abstracto. La historia está llena de furia y dolor, y ha parido con suerte (si te ha tocado vivir en uno) Estados democráticos. La cuestión es que, una vez alcanzado ese punto, es estúpido discutir la definición, porque eso supone reabrir la situación previa y arriegarnos a más furia y dolor.

Los autócratas y los populistas, sin embargo, constantemente fuerzan los límites. Apelan al “pueblo” o a la “gente” para saltarse la definición legal, que si es razonablemente completa incluye las reglas para su modificación y evolución. Lo hacen precisamente porque no admiten los límites que impone la democracia a su comportamiento. No hay democracia sin ciudadanos. No hay ciudadanía sin ley. No hay ley sin reglas para su modificación. No hay reglas para la modificación de la ley sin una definición sobre el conjunto de ciudadanos y sobre el procedimiento para que emitan su voluntad. Es un círculo virtuoso.

En realidad, estas personas quieren cometer “su” ilegalidad. Para conseguir que se haga realidad lo que consideran un destino manifiesto, están dispuestos a saltarse la ley. La de verdad, la democrática. Están dispuestos a vulnerar los derechos de los ciudadanos (a saltarse mis derechos, por ejemplo, como ciudadano español). Para ellos es más importante su sueño, su visión colectiva, que la prevalencia de la ley y la democracia. En el mejor de los casos, creen que solo tienen que saltarse la ley una vez y que merece la pena correr el riesgo de que nos acostumbremos. Y que, para que la buena gente no se escandalice, basta con vestir el crimen de democracia popular y sostener que está avalado por un parlamento que no tiene competencias para ello. Como no lo tendría el parlamento español para condenarme a muerte.

Es la vieja tensión entre las “argucias” legales y la “verdad” popular. Somos muy sensibles a este argumento: qué hay de malo en votar, en preguntar a la “gente”. O por qué hay que ser tan exquisito con los derechos de un criminal espantoso que ha matado a no sé cuántos niños.

No quieren darse cuenta de que es mucho más importante el edificio legal que cualquier destino nacional o cualquier acto de supuesta justicia concreta. El edificio legal existe porque acoge a ciudadanos. Cuando lo derribas, solo queda la tribu a la intemperie y luego hay que llorar lágrimas de sangre para volver a construirlo.

Hoy millones de ciudadanos de España han comprado de forma egoísta una mercancía averiada y peligrosa. Han decidido excluirnos a los demás de nuestra condición de ciudadanos y al hacerlo no se dan cuenta de que ellos mismos sientan las bases para que cualquier decisión que les afecte se pueda justificar, en el futuro, simplemente apelando a la gente, en la que hoy se incluyen, pero de la que puede que no formen parte en el futuro, según cambien los vientos del discurso ilegal.

Y lo compran por nada. Por el destino histórico. Ebrios, ciegos e irresponsables.

 

Lo único que nos distinguirá

A lo largo de mi vida he visto cómo, recurrentemente, todo lo bueno, lo estable, lo civilizado está a punto de desaparecer. No, no lo he visto. Lo he escuchado. Amigos cenizos que me aseguraban que el fin de los tiempos estaba cerca y que vivíamos una era bajoimperial. Siempre veían a los bárbaros asomar por alguna esquina. Las suyas eran vidas de colonos cercados por los indios. Puede que fuera simple dispepsia, pero entiéndanlo, esto acaba afectándole a uno, por optimista que sea. La amenaza de la hecatombe nuclear se ha transmutado en la inminente invasión de millones de musulmanes locos que tienen más cojones que nosotros, aderezado con americanos e ingleses alternativos, chinos enamorados del vil metal y  europeos a punto de fallecer en una orgía transalgo ahogados en su vómito.

Quién sabe. Quizás tengan razón. El romano Sidonio Apolinar, yerno del emperador Avito nació en un imperio todavía vigoroso. Fue lo que eran los elegidos de su época: funcionario con Mayoriano y Antemio, y luego obispo en Auvernia. Allí, en su villa, conversaba también con los difuntos, contemplando su biblioteca. Allí apoyó la alianza con los visigodos en los cincuenta, empezó a dudar en los sesenta sobre la quinta columna bárbara y despreció en los setenta a los funcionarios que venían de la cada vez más lejana Roma, acusándolos de cobardía al regalar Auvernia para conservar Provenza (la que perderían poco después). Casi rendido, en los ochenta, rodeado por los visigodos de Eurico, que pronto tomarían su ciudad, volvió a escribir una de sus cartas. Hoy, dieciséis siglos después, Sidonio es el difunto que nos habla del fin de los tiempos: cuando todo se desvanece, la única prueba de nobleza que sobrevive es el conocimiento de las letras, escribió.

Sus cartas han quedado. Eurico es solo un nombre: quien lo conoce lo conoce porque conoce las letras. Y la alta cultura se ríe.

 

Yo ya lo dije

 

Leo en El País esto:

Frente a la afirmación de Trillo de que las únicas quejas recibidas antes del siniestro se referían a incomodidades o retrasos, el dictamen subraya la importancia del informe secreto del Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército (CISET) que, el 28 de abril de 2003, casi un mes antes del accidente, advertía: “Se están corriendo altos riesgos al transportar personal en aviones de carga fletados en países de la antigua URSS, su mantenimiento es como mínimo muy dudoso”.

Defensa intentó descalificar este informe alegando que su autor no tenía “ningún conocimiento en seguridad aeronáutica o mantenimiento de aeronaves”, pero el Consejo de Estado replica que esa advertencia era suficiente para desencadenar “una comprobación o verificación” de su denuncia. “Desgraciadamente los hechos se encargaron de demostrar que sus valoraciones no estaban alejadas de la realidad, cualquiera que sea la opinión sobre los conocimientos del autor”, se lamenta.

No voy a opinar sobre el asunto concreto del que habla la noticia, ya que no he podido leer el informe completo. Lo traigo porque me llamó mucho la atención ayer y porque hoy mismo, al leer cierta deposición en la que alguien se encontraba muy orgulloso de una predicción, volví a pensar en esa afirmación tan dudosa: “los hechos se encargaron de demostrar”.

La mayoría de ustedes conocerá la falacia Post hoc ergo propter hoc: que algo siga a algo no implica que este algo sea causa de aquello. Esta falacia perniciosísima —sobre todo por ser difícilmente atacable— es la fuente de constantes estafas, engaños y errores. Es la causa fundamental, por ejemplo, del prestigio e influencia de pseudociencias y de falsos métodos de curación. También lo es del prestigio e influencia —estos normalmente más transitorios— de tipos que han acertado. No usaré la expresión, tipos con suerte, por no caer en esa misma falacia. Cuando se trata de predecir el futuro (no toda su complejidad, basta con algún hecho más o menos discreto) siempre, entre toda la maraña de personas que se dedican a tan antiquísima labor, habrá gente que acierte. Incluso habrá personas que acierten varias veces. Ni siquiera hablo de manipulación, aunque esta es posible. Cuenta John Allen Paulos en una de sus obras (disculpen, no recuerdo exactamente en cual) una de esas posibles estafas: alguien escoge a 10.000 posibles inversores y envía a la mitad de ellos una carta prediciendo que cierto valor va a subir en bolsa y a la otra mitad les dice lo contrario. Si el valor sube, envía una segunda carta, solo a la primera mitad de ellos, dividiéndolos en dos grupos y de nuevo prediciendo la subida y la bajada de cierto valor bursátil. Suba o baje, selecciona a los 2.500 adecuados y continúa el proceso. Cuando ha repetido, por ejemplo, seis veces la jugada, 156 posibles inversores han visto cómo el tipo acierte siempre. En ese momento, les pide dinero.

Esta manipulación es posible también con los opinadores: ¿quién se ocupa de hacer un inventario de todo lo que alguien publica para contrastar su grado de acierto? Casi nadie, y además esos inventarios suelen perderse entre el ruido. Y, si el tipo es hábil, siempre dará altavoz a sus aciertos y casi nunca (salvo que tratemos con alguien especialmente honesto) recordará sus errores. Sobre todo si puede exhibir algún acierto especialmente “espectacular”. Vuelvo atrás: un acierto “espectacular” no es prueba de nada. Entre los millones de opiniones y predicciones que se efectúan la probabilidad de que “alguien” (casi al azar) acierte suele ser muy alta. Recuerden: a alguien le toca la lotería. ¿Convierte, ese acierto, a esa persona en alguien que realiza juicios especialmente bien encaminados, que maneja información mejor o que cuenta con alguna suerte de intuición avanzada? En absoluto. Personalmente, yo sospecharía. Una solución aberrante me parece sospechosa precisamente porque puede ser síntoma de una mente que no razona bien, que no maneja buena información o que se ve afectada por esa enfermedad del discurso llamada disonancia cognitiva. La opinión “media” de los expertos suele ser la correcta. Es posible que esa media sea simple acomodo. De vez en cuando hay alguna “revolución” auténtica, pero estas son más raras de los que pensamos y exigen pruebas abrumadoras antes de imponerse.

Sin embargo, en esta época en la que vamos a toda hostia y en la que cualquier oscuro sujeto en cualquier esquina del mundo puede reclamar su lugar bajo el sol y conseguirlo a fuerza de RTs, atrae especialmente el gurú instantáneo. El tipo que “acertó” en algo que escribió en su página de facebook, aunque su acierto fuese simple casualidad y aunque sus razonamientos fuesen completamente erróneos o estúpidos.

Los hechos, por desgracia, no demuestran nada. Una demostración es otra cosa. Que se estrellase un avión por falta de mantenimiento (algo que, por lo que parece, ni siquiera es el caso) no es prueba de que tuviera razón quien dijo que ese avión padecía falta de mantenimiento. Si esa persona no tenía conocimientos sobre el mantenimiento de aviones no hay acierto. Solo hay coincidencia. No puede haber acierto cuando dices algo pero no sabes por qué lo dices o tus razones no son las razones que servirían para afirmar que ese juicio es un razonamiento basado en el conocimiento.

Sin embargo, constantemente damos púlpitos a los que han acertado. Los más habilidosos aprenden pronto el oficio de tertuliano u opinador profesional, dejan de hacer afirmaciones peligrosas y se apuntan al mensaje sentimental o generalista. Los que se creen sinceramente tocados por el aliento divino siguen haciendo predicciones hasta que meten la pata escandalosamente y todo el mundo se ríe de ellos. Lo malo es que, mientras tanto, los necesitados de profetas beben sus afirmaciones como si vinieran del mismo Dios de Abraham. ¿Por qué? Porque es el que ha acertado. Luego, cuando se equivoca, lo cambian por el “nuevo” que ha acertado.

Naturalmente, entre todos estos hombres del momento están los que han acertado porque de verdad conocen la materia, manejan buena información y son capaces de articular razonamientos auténticos. En mi opinión hay síntomas que suelen (vean que digo suelen) identificarlos: no recuerdan constantemente que acertaron, y admiten que pudieron equivocarse entre otras razones porque ya se han equivocado antes y porque son conscientes de la inmensa complejidad de lo real. Este tipo de gente es un coñazo, eso sí. Dan malos titulares, piensan antes de hablar y titubean todo el rato.

Tributo al campeón

El ajedrez se ha convertido en algo muy especial con la llegada de la computación.

Ha cambiado la forma en la que se juega, obligando a que las partidas se terminen al momento, sin posibilidad de que los jugadores abandonen un recinto controlado.

Ha cambiado la forma en la que se ve.

El aficionado sabe más que el jugador y suspira porque su jugador favorito haga la jugada que está viendo. Que está viendo gracias al ordenador.

La partida va por otro derrotero: dos cabezas pensando sin ayuda. Construyendo un relato, una táctica, una idea por donde desarrollar las piezas y hacer fluir el juego o el contrajuego.

Los fallos se ven al instante. Los aciertos parecen menos. Y así ha transcurrido todo el mundial.

Las partidas largas han sido en general bastante precisas. Creo que recordar que sólo dos fallos de los gordos: Magnus buscando una victoria improbable cuando tenía tablas decentes y Sergei perdiendo una oportunidad de tablas y perdiendo.

Las tres últimas partidas rápidas de anoche han explotado todo el potencial del juego.

En la primera Magnus ha tenido una posición abrumadora con ordenadores cantando mate en 10 jugadas o algo así. No ha sabido construir el relato, entender la posición, o asignar las casillas correctas a sus piezas. Ha desaprovechado una ocasión ventajosa. Sergei ha hecho todo lo contrario. Encontrar su relato, su fortaleza y sacar unas increíbles tablas por ahogado.

En la siguiente partida Magnus simplemente ha destrozado a Sergei. Hay un movimiento crítico 29… Bxf6 que todos los ordenadores y comentaristas del mundo han cantado como malérrima. Todos preferían gxf6 porque abría la columna g para el ataque de Magnus. El siguiente movimiento de Magnus 30… e4 ha dejado boquiabiertos a casi todos los que criticaron Bxf6: ha abierto la gran diagonal negra. Frente a un ordenador no habría ganado pero frente a Sergei fue suficiente. Hizo crack.

La última partida era épica por su trascendencia pero muy desequilibrada. A Magnus, con blancas, le bastaban las tablas para seguir siendo campeón. Sergei tenía que ganar sólo para seguir jugando. Era demasiada ventaja. Sergei sólo ha podido complicar buscando más que nada el error del adversario.

La partida ha dado un momento bellísimo. Los comentaristas cantando una línea aguda, peligrosa pero digna de una traca final de mundial. Y, esta vez, el ajedrecista ha dado con ella, que la ha preferido a un movimiento más calmado, suficiente, anodino y seguro.

Así fue en chess24 en inglés con Peter Svidler y Jan Gustafsson. Peter jugó el torneo de candidatos (la prefinal del mundial). Es como tener a uno de los mejores jugadores de un deporte comentando la final del mismo deporte. En un momento Jan llega a decir que Peter es el mejor ordenador en estos momentos (la partida rápida) porque piensa más o menos como quienes están jugando la partida. Peter se da cuenta de la línea y de su último movimiento y estalla con un wooo. Prácticamente descarta que esa línea vaya a ocurrir por lo arriesgado del momento. Lo que ocurrió después le sorprendió

Y así fue en chess24 en castellano.

Fue una gran noche.

Orgullo y responsabilidad

 

Arrecian los análisis sobre el auge del populismo y las post-truth politics, y se multiplican los datos y la interpretación de los datos. Todo a una enorme velocidad. Tanta, que resulta imposible creer que se hayan digerido los resultados de la elecciones estadounidenses hasta el punto de variar los análisis previos. Hay un punto de frivolidad bastante notable en esto. También de necesidad de soltar lo antes posible una explicación, no sea que el analista o el medio que compite por nuestro espacio y nuestra influencia se adelante. Esto, sin embargo, es ya lo de menos. La cuestión interesante es la de la respuesta al populismo.

Sobre esto, es preciso recordar que no hay nada sustancialmente nuevo. El mundo es mucho más próspero que hace cien años. Hay mucha más gente lejos de la pobreza. Muchas más personas tienen acceso a la información y a la cultura. Hay más democracias y más posibilidades de escapar de un lugar en el que te oprimen. Las respuestas populistas pueden tener que ver con el reparto de la tarta, que, en términos relativos, nos está dejando a los que fuimos dueños del mundo con una porción inferior del pastel. Ahora, esa porción inferior es mucho más grande cuantitativamente que la que disfrutaban nuestros antepasados. Un inglés medio de 1850, en ese momento en que el inglés era casi como el romano del siglo segundo e.c., vive mucho peor y es mucho más pobre y menos libre que un inglés actual. Aunque él, a lo mejor, no lo sepa y aunque su nación ya no pueda mandar una cañonera y humillar a los que mandan en China. Por tanto, el problema es de percepción, no real. Los que anticipan que nuestros hijos vivirán peor que nosotros, porque ya no somos los amos del universo, olvidan esta enseñanza histórica. Solo vivirán peor si terminan liándose a hostias en una guerra como las que arrasaron Europa y medio mundo en el siglo XX. Incluso en este escenario tampoco eso es seguro: un alemán medio en 1990 vivía mucho mejor que un alemán medio en 1910, pese a las dos guerras mundiales.

Por otro lado, el populismo y el uso masivo de la mentira y de las emociones en la política son muy viejos. Sin irnos demasiado lejos, es importante recordar que en la década de los treinta Europa estaba llena de regímenes autoritarios y que incluso los que eran democráticos estaban sitiados por partidos y movimientos de corte populista (echen un vistazo por ejemplo a la Francia de entreguerras). Es cierto que hoy estamos peor que hace quince años, pero es que hace quince años casi vivíamos en un oasis (hablo solo de Europa). Mantengamos una cierta perspectiva, por tanto. Este no es un fenómeno nuevo. Simplemente, el “enemigo” se ha hecho tan listo como nosotros mismos, ya que el “enemigo” es como nosotros mismos. Ahora tenemos más datos y más información, pero también más capacidad de manipular esos datos de forma rápida y potente. Si hay una enseñanza, la enseñanza es que nuestros abuelos no eran más idiotas porque no tuvieran acceso a internet. Se dejaron engañar como nos dejamos engañar. No nos creamos, por tanto, más listos porque podemos buscar en google qué significa populismo. El mal utiliza todos los instrumentos a mano.

Sin embargo, sí creo que hay algo relativamente nuevo. La política que surge tras la segunda guerra mundial se centró en un discurso unificador de aquellos que creían en que la prosperidad no tiene que ser a costa de otros, en la primacía de la ley y en la necesidad de conseguir un trato digno universal para los seres humanos. El horror de la guerra y de sus obras produjo una catarsis que nos ha durado setenta y cinco años, pero que empieza a resquebrajarse. Una de las razones, en mi opinión, es la fragmentación. Los discursos políticos en democracia tienen que ser dominantes para obtener el poder. Como existía un acuerdo profundo sobre las bases de una sociedad justa y digna, los políticos, cada vez en mayor medida, fueron olvidando al ciudadano medio como objetivo de sus discursos y fueron intentando ocupar nichos de interés. Esto le sucedió a todas las corrientes políticas que se situaban dentro del sistema (conservadores, democratacristianos, liberales, socialdemócratas). La fragmentación dejó de lado la apelación (salvo de forma rutinaria y sin emoción) a los valores esenciales y se centró en los secundarios que, por intereses y apetencias, pasaron a convertirse en los favoritos de muchas personas. El triunfo de esas políticas sectoriales (el jubilado, el ecologista, la feminista, el joven, el urbanita, el agricultor, el empleado público —añadan lo que quieran—) supone una renuncia que puede parecer lógica cuando ciertas cosas se dan por sobrentendidas, pero que tiene su propia inercia. Al identificarse con una parcela mínima de nuestra existencia e intereses reales, nacen los excesos: toda la realidad se interpreta utilizando instrumentos de análisis que la distorsionan. Y llegamos al esperpento. Hay miles de ejemplos: discursos inanes nacidos de intereses legítimos que son producto del horror vacui.

La ciudadanía, la democracia representativa, la libertad individual, se convierten en fantasmas. El que ha sido atrapado por una secta desea convertir su pequeño sector en el centro de la discusión pública con una intransigencia risible si no fuera tan perturbadora. Renace además una visión autoritaria de la política, centrada en excesos regulatorios, a veces asfixiantes, a menudo contradictorios e incompatibles, producto de la necesidad de atender cada vez más agendas particulares.

Hay otra consecuencia perversa de la renuncia a situar en primera línea esos ideales centrales —renuncia por los movimientos políticos que se supone defienden el sistema—: que eludimos lo que nos puede servir de pegamento. Me explicaré. Nunca debemos suprimir la razón o colocarla en segundo plano a la hora de abordar el análisis de los problemas sociales y su solución. Sin embargo, los seres humanos somos tribales y la inmensa fuerza de las emociones es tan real que no creo que nadie pueda discutirla, ya que nos lleva incluso a hacernos daño y sacrificarnos. Si renunciamos a mostrar un ideal del que sentirnos orgullosos, alguien ocupará ese espacio. Si fragmentamos los problemas y los convertimos en el centro de batallas permanentes, como si no hubiese nada más y el resto se diera de suyo, alguien dirá que no se hace caso a la “gente” y que los que mandan son una “élite” que solo se guía por sus intereses. Más aún, ese alguien encontrará una versión falsa y simple de la realidad, identificando el problema en otros a los que acusará de ser la razón de sus males. Y ese ciudadano comprará un mensaje que emocionalmente le satisfará, sobre todo por la ausencia de cualquier otro.

Es imprescindible recuperar los fundamentos torales de la civilización occidental y hacer que la gente se sienta orgullosa de ellos. El ciudadano medio tiene que identificarse con el discurso político del sistema, pero no porque le interpele como miembro de un grupo, sino porque lo reclame como hombre libre, orgulloso y capaz. Tenemos que recuperar los problemas centrales de las sociedades humanas: la libertad, el acceso a los recursos, la educación, la igualdad de oportunidades, la igualdad jurídica, la responsabilidad. Muchas personas exageran sus males cotidianos porque nadie les recuerda hasta qué punto son más prósperos, libres, educados y sanos que sus antepasados. El populista constantemente quiere que nos sintamos mal, porque quiere captar nuestros peores instintos. Sin embargo, las personas estamos constantemente deseando demostrar que somos mejores de lo que nos creemos.

La contrapartida es que empecemos a relativizar eso que tanto nos ha preocupado en los últimos tiempos. Que dejemos, además, de torcer el significado del lenguaje. Hemos sido infantiles niños de papá y convertido gilipolleces en terrorismo, genocidio, crimen y fascismo. Hemos dado bola a demasiadas chorradas por un exceso de tiempo libre y de opulencia.

No sé qué recorrido tienen estas amenazas sobre nuestros sistemas políticos. Soy optimista, porque, a la larga, la Humanidad sigue una línea ascendente hacia más libertad y más riqueza compartida.

Pero mejor evitémonos disgustos y costes.

 

Tierra de promisión

 

El 06/11/2008 publiqué esta entrada. La recupero apenado y esperando que Estados Unidos recupere el rumbo. Qué diferentes eran aquellos dos candidatos.

 

(Para Voyeure,

con afecto envenenado)

 

Estoy contento por dos razones que demuestran que soy un hombre moderno, lleno de complejidades y contradicciones, que es lo que hay que ser. Ya saben que para que una serie o una peli se convierta en una serie o una peli de culto, el héroe tiene que tener un lado oscuro, barba de varios días y no llorar (recuerden que siempre podemos hacer que lluevaalobestia y le corran chorretones de agua por la cara).

En fin, siempre me desvío del asunto. Decía que son dos las razones: la una es que ha ganado Obama; la otra es que Voyeure está mosqueada porque ha ganado Obama, al que compara con Zapatero. Más aún: incluso afirma que Sarah Palin le gusta, adoptando el papel de corifeo de un grupo terrible de presión que me manda correos electrónicos airados. ¡Sí, me alegro de que se mosquee(n) y poder llevarle(s) la contraria!

Al menos podremos discutir sobre cosas que nos motivan. Podremos discutir sobre candidatos serios, con un pasado magnífico a sus espaldas (¡salvo Palin, coño!). Sobre instituciones prestigiosas. Sobre discursos en los que se mencionan muchas veces las palabras ciudadano y democracia. En los que la alabanza al otro forma parte de las formas.

Les molesta (sí, sí, reconocedlo) que Obama sea un símbolo de la progresía. ¡Ah! qué poco americanos son.

La realidad es que muchos son los focos de la civilización y muchos son los frutos del trabajo de los hombres. Y el eurocentrismo nos lleva a la ignorancia, al desconocimiento y, lo que es peor, al desprecio. Pero esa idea es una idea que nace en la propia civilización occidental. La única que tiene una determinada pulsión universal. Esa pulsión deriva de una semilla extraordinaria que se hace fuerte en las polis griegas y en el Estado romano. Y que se nutrirá de la fuerza del comunitarismo germánico. La idea de ley y de ciudadano con derechos y deberes.

Por eso sí hay que afirmar que hay algo superior en la civilización occidental. Su sistema jurídico-político es mejor, es más grande y nos inspira más. Nace y crece entre las piedras de Europa y se hace verdaderamente en el mundo anglosajón. Es hora de reconocerlo. Hace pocos años, sólo cien apenas, los ingleses y los americanos fueron los custodios de un mundo amenazado por construcciones totalitarias mezcla de un nacionalismo perverso, fundado en el espíritu de un pueblo, un creación romántico-medieval y un falso racionalismo que se apartó de la finalidad ilustrada: la búsqueda de la felicidad como derecho individual.

Los discursos de Obama y de McCain, magníficos ejemplos de buenas maneras y de optimismo, pueden rozar a menudo una visión excesivamente idílica del mundo y estar cargados de un voluntarismo alejado de la realidad material. Pero es cierto que el nacionalismo americano se inspira en ideas peligrosas, porque no todos podemos pertenecer a la nación entendida como efluvio de la tierra, o ser de la raza correcta escogida por Dios, pero sí podemos ser de esa nación de ciudadanos libres que deciden, también libremente, qué quieren para el futuro, cómo construirlo.

¡Qué idea más poderosa! Más aún cuando la oímos en la voz de un negro y coincide con la voz del hijo de un almirante, que acalla los abucheos, hablando del futuro, diciendo a los que desconfían del socialista con nombre árabe, que ese es su presidente y que los americanos no se rinden porque construyen su historia. Y ves los gestos de los que seguramente odian a Obama, pero están orgullosos de pertenecer a una nación que es capaz de elegirlo.

Sí, estoy encantado porque, remedando a Kennedy, yo también soy un estadounidense .Y sonrío cuando escucho a Zapatero decir que Obama tiene en España un amigo; porque no ha entendido nada. Obama quizás no sepa que Obama no es nadie; que es solo un servidor público, el principal, pero solo eso. Y que un Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica no tiene amistad con otras naciones. Pero si tuviera que apostar diría que sí, que sí lo sabe; que es muy poderoso, pero lo sabe.

Obama nos defraudará porque las expectativas son infundadas. Pero lo que no nos puede defraudar es el pasado. Hace tiempo lo dije. Estas palabras …

Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad.

… son disolventes; disuelven los propios postulados en los que se basan. No explican el mundo, sólo nos dicen qué hacer para cambiarlo. A cada uno de nosotros.