Menudo cuajo

 

Los obispos catalanes …

Estos

Nota de los obispos de Cataluña

 

… han escrito una nota, por eso de que esta es una época de conversión comunitaria (a saber qué mierda es eso de la conversión comunitaria).

El caso es que, como resulta de interés, yo les traslado las reflexiones, con algunos breves comentarios:

En este tiempo de Cuaresma, cuando se nos invita a la conversión personal y comunitaria, no podemos obviar los acontecimientos políticos y sociales que se han producido en los últimos meses en Cataluña.

Juro que no entiendo qué cojones tienen que ver la cuaresma y la conversión con los acontecimientos políticos. Así, a bote pronto, me da que querían largar del tema y han aprovechado esto de la cuaresma, como podían haber aprovechado la crítica de cine de Gru, mi villano favorito en la conocida revista Cinefórum episcoporum.

Desde esta perspectiva …

Ni puta idea de a qué perspectiva se refieren.

… los obispos de las diócesis catalanas dirigimos un llamamiento a todos para esforzarnos en rehacer la confianza mutua …

Que lleva sin existir un huevo de años.

… en el seno de una sociedad como la nuestra en la que se da una gran pluralidad cultural, política y también religiosa. La cohesión social, la concordia, la cercanía mutua y el respeto a los derechos de todas las personas que viven en Cataluña deben ser uno de nuestros objetivos prioritarios en este momento.

Completamente de acuerdo. También era objetivo prioritario antes de este momento, para evitar precisamente que se llegase a este momento.

No podemos ignorar ni menospreciar que en relación a Cataluña existe un problema político de primer orden que obliga a buscar una solución justa a la situación creada …

No digamos por quién, no sea que alguien acuse a los obispos catalanes de partidistas.

… que sea mínimamente aceptable para todos, con un gran esfuerzo de diálogo desde la verdad, con generosidad y búsqueda del bien común de todos.

Es imposible: no existe el bien común de todos. Como mucho (y es discutible) existe el bien común. Pero no es de todos. Meter a un violador en la cárcel no le hace al violador ningún bien (preguntemos al violador), salvo que creas en la parida hegeliana de que es el delincuente el que tiene derecho a que se le condene. Naturalmente, tras esto hay algo más profundo. La idea de que hay bienes colectivos y derechos colectivos, entes reales y no simples construcciones útiles para no matarnos y para no matar a los de la tribu de enfrente.

Por ello, tal como hemos pedido repetidamente, en palabras del papa Francisco con las que nos sentimos comprometidos, decimos a los católicos y a todos los que nos quieran escuchar que «es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones». (Evangelii Gaudium 239).

Es gracioso. Ya existe. Se llama democracia liberal y la Iglesia, tras condenarla agriamente durante mucho tiempo, se termino apuntando a regañadientes para no quedarse sin sitio en el carro.

El pasado 21 de diciembre se celebraron elecciones al Parlamento con gran participación de electores. Es necesario que, con voluntad de servicio, los parlamentarios elegidos impulsen los mecanismos democráticos …

¿Se referirán con eso de los mecanismos democráticos al cumplimiento de la ley? Quién lo sabe, maestros de la ambigüedad como son, los simpáticos obispos.

… para la formación de un nuevo gobierno de la Generalitat que actúe con sentido de responsabilidad para con todos los colectivos del país, y especialmente los más necesitados de superar las consecuencias de la crisis institucional, económica y social que vivimos. 

Observen: NO DICEN NADA. No explican qué son “mecanismo democráticos” y no aclaran qué es para ellos actuar “con responsabilidad”. Todo son vaguedades hasta que …

Queremos mencionar una cuestión concreta que nos preocupa. En cuanto a la prisión preventiva de algunos antiguos miembros del gobierno y de algunos dirigentes de organizaciones sociales, sin entrar en debates jurídicos, pedimos una reflexión serena sobre este hecho, en vistas a propiciar el clima de diálogo que tanto necesitamos y en la que no se dejen de considerar las circunstancias personales de los afectados.

Ay, qué pillines. Tampoco es que digan nada. Lean de nuevo el párrafo. “En cuanto a la prisión preventiva” piden “una reflexión serena” “en vistas a propiciar” “un clima de diálogo” considerando “las circunstancias personales de los afectados”. Vean, es una obra maestra. Es un gigantesco flatus vocis. Su única función es mencionar, entre un montón de vaguedades inconcretas que hay unos señores en prisión. Algo concreto (lo único concreto) que les preocupa.

Como ciudadanos de este país y pastores de la Iglesia que camina en Cataluña, nuevamente reafirmamos que, aunque no nos corresponde a nosotros optar por una determinada propuesta a los nuevos escenarios que en los últimos tiempos se han planteado, defendemos la legitimidad moral de las diversas opciones sobre la estructura política de Cataluña que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y sean defendidas de forma pacífica y democrática.

Puaj. Lean y vean. Ni una sola mención a la ley. Hablan de paz, de dignidad, de democracia y de moral; pero nada de mentar la bicha. Es obvio por qué: si mencionan la ley tienen que mencionar su incumplimiento. Tienen que hablar de eso que no les preocupa ni en concreto ni en abstracto: el intento de golpe de Estado en el que han intervenido algunos y que han apoyado muchos de sus feligreses (también algunos de los “pastores”), resultado final de tanta porquería supremacista y milenaria. ¿Y qué me dicen de eso de la dignidad de los pueblos, ese eufemismo bobo para justificar que la peña se pueda mear en la dignidad de los individuos que no quieren ser incluidos en “su” pueblo?

Finalmente, pedimos a los católicos que, descubriendo el paso de Dios por la vida en estos momentos de complejidad, seamos instrumentos de paz y reconciliación en medio de la sociedad catalana, y no dejemos de orar al buen Dios por la paz y la justicia en Cataluña.

Yo propongo que esta exhortación se vote en la iglesias catalanas. Más aún, que se vote poniendo urnas de cartón. Sería la leche de democrático.

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El último comentario de mi blog

 

Acabo de recibir este comentario. Por su interés, lo publico.

Me alegro de que ya no acepte comentarios, don Tsevan. ¿Para qué?

Así podrá recluirse, ponerse a buen recaudo, mecerse en su autosuficiencia. Ya no tendrá que enfrentarse a algún comentario que no quiere leer, y mucho menos contestar. Podrá seguir discutiendo con los más tontos, sin contrariar su costumbre: nacionalistas catalanes, podemitas, femilocas, vascos que sólo ligeramente ocultan ser apologetas del terrorismo y la yihad equidistaní que todo lo impregna con su repugnante olor. Y para esto lo mejor es er tuister. Allí podrá derrotarlos a todos haciendo el mínimo gasto de energía, en menos de 280 caracteres, escogiendo de entre todos al más tonto de ellos: «¡miren, fologüers, mire, mi fiel Mercucio, lo que ha dicho esté mermao iupodemitavenesolanoflexiveganososialistanasionalistagandalú de CI <85! Jijiji ;)».

Le será fácil, estoy seguro de ello. Podrá «debatir» acerca de qué sistema electoral proporcional es el mejor y más conveniente, si el dichoso e injustamente vilipendiado d’Hondt o el recién desenterrado Saint-Laguë (qué nombre tan cool y refrescante, qué sofisticado), si el de cociente o el de resto mayor, &c. Del mayoritario ni hablar, sólo una vaga referencia inaudible a que es el de su preferencia. Pero todos representan igual, ojo, que nadie se llame a engaño. Qué sabrá ese despendolado de Gerhard Leibholz. Era un criptomermao de esos.

Cataluña bien y todo bajo control kelsenianamente. Siguiendo el procedimiento, además, es admisible que España se rompa. A España la creó el santísimo procedimiento, y también él la puede romper, en buena lógica, procediendo adecuadamente por el dédalo de lo que los sabios doctores tengan a bien tener por Derecho, tras arduas cogitaciones y ucases mediante. Si me permite la desfachatez de darle un consejo: haga el favor de ir mitigando las críticas al nacionalismo catalán; o, mejor aún, distinga entre uno fetén y otro, el de estos últimos años, bárbaro e inaceptable. Viene de arriba: lo manda la superioridad (sic). Será más fácil aceptar entonces la absolución, el indulto, la derogación del tipo de sedición, la amnistía o/y la bula «pro futuro», todo dentro del más exquisito respeto a la ley y al Estado de Derecho® (que Dios lo tenga en su gloria), que les llegará con seguridad a los fingidores secesionistas. Son una patita más de nuestro sistema político, la patita rota, y habrá que mimarla. Vaya preparándose, que no lo pille en bragas el volantazo que se atisba.

De verdad que causa dolor verlo en estas condiciones. Destila usted inteligencia y buen juicio por los cuatro costados. Sus análisis jurídicos y su búsqueda desapasionada de la objetividad son encomiables. Es usted una referencia en ese aspecto, que es, además, el más importante y lo que justifica seguirlo en todas sus intervenciones. Pero en materia política no puede estar usted más equivocado, y uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible.

El Derecho es la puerta de entrada al conocimiento de la política, aderezado con muchos otros, sí, como los de la Historia, la Sociología, la Psicología social, &c. Pero el Derecho es en esto lo principal. Y yo no creo que se pueda saber Derecho sin saber también de política. Por eso creo que es usted igualmente, como los nacionalistas catalanes y salvando todas las distancias que haya que salvar en su favor, un fingidor. Finge no saber lo que una lista de partidos es (encerrándose, aunque lo aburra, como a todos, en la estéril discusión sobre sistemas electorales, siempre proporcionales, por supuesto), y cómo desconecta al electo de los electores, vinculándolo servilmente con la cúpula del partido que lo nombra. De ahí que voten los parlamentarios siempre en bloque, siguiendo las directrices de su partido («por mandato imperativo», según declararon impúdicamente los psoístas en la investidura de Rajoy, a fin de justificar su abstención; véase el art. 67.2 CE). Finge también usted que hay separación de poderes, y que el ejecutivo no da órdenes a la mayoría parlamentaria que formalmente lo ha puesto en el Gobierno (en realidad, el ha puesto al legislativo al designar las listas; y ha pactado con la cúpula de otro partido en caso de que no haya mayoría absoluta). Finge usted que hay independencia judicial, cuando el CGPJ (enésimo disfraz de las cúpulas de los partidos) elige a todos los cargos judiciales desde el Presidente de las Audiencias Provinciales hasta el TS. Y el TC, también designado por los partidos, es otro invento del bobalicón de Kelsen que sólo tienen Estados que atravesaron por la crisis del Estado liberal rindiéndose a un totalitarismo, padeciendo tras ello una dictadura. No hay policía judicial (porque, aunque depende funcionalmente de los jueces, orgánicamente, que es lo más importante, esto es, a efectos de su carrera profesional, la policía depende del Ministerio del Interior o de las Consejerías Autonómicas). Y los fiscales son perros del Gobierno, redundantes con el Cuerpo de Abogados del Estado cuando se dirime en los tribunales casos de relevancia política. Los verdaderos órganos del Estado son los partidos políticos, y el resto es un atrezzo.

Dirá usted que esto es así en toda Europa. Es cierto. ¿Y? ¿Qué complejos son esos? No hay en Europa ninguna democracia. La diferencia con EE.UU. es abismal. Y eso que ellos tampoco tienen independencia judicial. Pero tienen representación política (defectuosa, sin doble vuelta) y separación de poderes (atenuada por el veto, incompresiblemente). Estos datos elementales, que usted conoce perfectamente, elige ignorarlos cada vez que trata algo acerca de la política. Yerra adrede a cada paso. No quiere mostrarse en franca discrepancia con el sistema político vigente en su país. Comprensible, pero entonces para qué opinar en público. Para posar. Para salir guapo en la foto.

Lo dicho, una pena. Una mente válida que elige seguir en el estado de servidumbre voluntaria, actitud quizá azuzada porque ya dispone de libertad personal, económica, como profesional liberal de éxito: para qué meterse en ‘fregaos’ en aras de conquistar esa vagarosa libertad colectiva que es la libertad política. Total: nadie parece quererla. Una mente lúcida obnubilada por una pasión de liberto. ¿Para qué escribir sobre política sin atreverse a decir ni una sola verdad profunda? ¿Para tratar con esa plebe de los sentidos constituida por los ya mentados podemitas, nacionalistas, la berdadera hiskierda y otros pobres imbéciles y víctimas de la LOGSE? ¿Para que el tirano de turno no sea un tontarrón podemita filochavista o un psoecialista, y sí uno igual de tonto pero que parezca de derechas? ¿Por qué se respeta usted tan poco como para ser un tierno socialdemócrata? Sin libertad política no se puede ser de derechas ni de izquierdas, sólo socialdemócrata, nombre formal y de gala de los inveterados progres de culo ‘cagao’ de siempre. La ideología del gris, del todo vale, del doblepensar. El pensamiento líquido y la postmodernidad.

Usted también doblepiensa. No es usted de derechas, por más que así lo crea y se precie de ello. Es un socialdemócrata, la ideología genérica que sobre su piel y su cerebro ha impreso su tiempo. En el siglo de Oro español sería usted católico; en la Alemania weimariana, un nazi. Hoy toca socialdemócrata. Mañana quizá se haga usted incluso podemita, si se adecentan un poco y se echan colonia. Por esto no soporto leerle nada de lo que escribe acerca de política. Note que no le reconozco la posibilidad de estar legítimamente equivocado: lo acuso de obrar de mala fe, de conocer el sistema político en que se encuentra, la oligarquía, y de justificarlo conscientemente. Sus buenos análisis en materia jurídica lo delatan: uno no puede ser muy bueno en ellos y pésimamente malo, casi subnormal, en sus juicios políticos. Sería algo extravagante, incomprensible.

Reciba un cordial saludo a modo de despedida. 😉

Aparentar que somos mejores, para ver si lo vamos siendo

 

Soy partidario de que todos los que escriban algo en internet estén identificados por el sistema. Entiéndase esto en el sentido de que exista siempre un rastro que lleve a un nombre y unos apellidos. Un rastro difícil de falsificar, pero a la vez protegido. De esta forma, la discusión es más libre, pero sin los enormes grados de irresponsabilidad actuales.

No obstante, admito que mi opinión se enfrenta con el mismo problema que la permisión del tráfico de drogas estupefacientes (de la que soy partidario). Es difícil defender esto, cuando en la misma red actúan tipos desde países pirata en los que no hay control o, incluso peor, en los que la falsificación y el volcado de mierda es política de Estado.  Además, esto solo sería aplicable a democracias con un grado de calidad, en cuanto tales, mínimo.

De lo anterior se deduce por qué no soy partidario de la existencia de un derecho al anonimato en internet. Me explico: no exijo que sea obligatorio que los perfiles públicos incluyan datos identificativos, pero no veo por qué hay que dar el paso de exigir que los otros no puedan decir que tú eres tal o cual persona (siempre que no se trate de datos sensibles). No entro en el modo de acceso a esa información: ese es un hecho independiente que ha de juzgarse de forma independiente.

De hecho, la facilidad que dan las redes sociales al mensaje anónimo provoca un efecto pernicioso. Internet se ha convertido en un remedo del panfleto. El mensaje tosco, a menudo falso, pero eficaz por su enorme fuerza bruta. Ya sabemos que a muchas personas no les interesa tener razón, en el más noble sentido de la palabra, sino aplastar al que discrepa. A esas personas no les interesan los razonamientos, les interesa la eficacia. Si son sutiles, apostarán por la falacia sutil y difícil de desmontar. Si no lo son, apostarán por la avalancha masiva y el orgasmo que produce en los necios. El anonimato no es condición sine qua non, pero favorece el “panfletismo”.

Dicho esto, hay algo muy plebeyo en la caza y captura del que te toca los huevos en internet. El que participa en eso es turba cobarde. Dan igual las justificaciones. Si el acosado es tan dañino —como dirás para justificarte—, que actúen las autoridades. Si además tienes poder o influencia, la caza te convierte en aprendiz de tirano.

Hay algo más profundo tras esto. Si crees en la libertad, eres individualista en el mejor sentido. Es decir, crees que hay un reducto en todo ser humano, más o menos amplio, que es intocable, cualquiera que sea la razón o el bien que se aduzca. Y, por esta razón, no admites los procesos de “autocrítica”, ni las cazas de brujas, ni los linchamientos. Tampoco en una forma light. Hay muchos, sin embargo, que piensan que el señalamiento del enemigo y su muerte civil, por el procedimiento que sea, es admisible porque el otro es eso, un miembro de otra tribu. Estas personas creen que la comunidad vale más que el individuo y que, por tanto, no hay bien individual, por íntimo que sea, que nos deba frenar cuando el bien de la tribu nos exige actuar. Como somos tribales por instinto, es fácil que se nos convenza para participar en la cacería. Basta con hacernos creer que estamos en el bando justo, que el otro es menos que un ser humano (es una cucaracha, un traidor a la patria, un enemigo del pueblo) y que “se merece” que con él no seamos civilizados, porque la civilización es para los nuestros.

La triste noticia es que si la civilización es solo para los nuestros, ya no es tan civilizada.

No es extraño que haya personas partidarias, por su ideología, del escrache, de la persecución, del linchamiento, del acoso. Creen estar del lado bueno de la historia. Creen ser los perseguidos (por los ricos, los poderosos, los ajenos, los vectores de la enfermedad, los adoradores de algún ídolo pagano) que ahora persiguen al perseguidor. Estas personas no ven a los individuos. Menos aún son capaces de juzgar solo los actos de los individuos. Estas personas solo ven categorías abstractas, cajas para clasificar. Y ni siquiera están obligados a la sinceridad: como el buen musulmán que bebe alcohol entre infieles, asumirán falsamente las cáscaras vacías del discurso ajeno para acabar con él.

Tampoco es extraño que muchos otros compren esa mercancía. Se ajusta como un guante a nuestros instintos.

Por eso es tan difícil el discurso civilizatorio. Exige explicación, perseverancia y frenos. No nos satisface, salvo intelectualmente, y para eso hay que llegar a comprenderlo. ¡Y es tan difícil comprender por qué un violador y asesino de niños merece ser tratado como un individuo dotado con derechos inalienables y una parcela íntima que no debemos invadir bajo ningún concepto!

No hablo de absolutos. No creo en el derecho natural o en la moral natural. Mis motivaciones son seculares y prácticas. Quizás también estéticas. Tienen que ver con una hermosa aristocracia de las ideas y de las buenas costumbres. Con una cierta forma de ser hombres.

 

No más eslóganes, por favor

Venía escuchando la radio, camino del despacho, y he cogido a media faena una conversación sobre hombres, mujeres y feminismo. Es un tema candente; en occidente y sobre occidente, claro. Esto me resulta llamativo. Las grandes ideas civilizatorias deben estar siempre presentes, por mucho que nos hayamos acercado a un ideal, como creo que sucede en las sociedades avanzadas. Aclaro que sostengo esta opinión porque mi feminismo tiene que ver esencialmente con dos pilares: la igualdad jurídica absoluta y el respeto a la libertad, algo que se relaciona con discursos que pretenden victimizar a cualquier persona por el hecho de serlo o de tener determinadas características. Como es obvio, al feminismo le queda mucho recorrido: hay sociedades en el planeta en las que se sigue tratando a las mujeres, legal y moralmente, como ciudadanas de segunda o como simples objetos. Pero, como sucede a menudo, organizamos grandes espectáculos de ombliguismo, mientras, al otro lado del escaparate, gentes hambrientas y ateridas de frío nos ven engullir los dones que nos regala nuestra prosperidad. Es inevitable. Los ricos también tenemos derecho a sufrir y a reclamar un momento de gloria.

La discusión, por lo demás, viene bien si es racional y no nos dedicamos a golpear al personal con nuestros dogmas, caricaturizando las posiciones que nos nos gustan y esparciendo mentiras. Para evitar esto, deberíamos ser un poco más científicos, analizar si no llevamos años dedicados a la recolección de cerezas, admitir las preguntas incómodas y estar dispuestos a perder la fe. Intentar empezar casi de cero, sabiendo que es imposible, pero como propósito de año nuevo. Hacer algo así, al menos serviría para identificar a los fanáticos y a los aprovechados. A los que van con su biblia a todas partes y a los que viven de vender esas biblias. Y los que quedasen (ojalá, quedásemos), podríamos buscar un espacio común, unos mínimos que permitan que no nos insultemos, llamándonos criminales en potencia o histéricos. Un buen punto de partida es tratarnos como adultos.

En esa conversación radiofónica que mencionaba al principio he escuchado a una contertulia —no sé quién era— una reflexión sobre algo que, al parecer, se afirma por algunos: lo difícil que es ser hombre hoy. Esa afirmación equivale —ha continuado diciendo— a preguntarnos si es difícil para el esclavista dejar de serlo por el hecho de que los esclavos se hayan sublevado. Yo no sé si se puede afirmar que hoy es más difícil ser hombre, ya que esto depende del término para la comparación, pero si consideramos lo que sucedía hace cien años, por ejemplo, es muchísimo mejor ser hombre hoy. Hay menos guerras, vivimos más, nuestros trabajos son menos exigentes, gozamos de más derechos, podemos acceder a mejor información y cultivarnos más fácil e intensamente. Es perfectamente racional, incluso, defender que es mejor ser una persona de clase media en Reino Unido hoy, que ser aristócrata inglés en el siglo XIX. Piensen en la calidad y esperanza de vida de uno y otro. Ahora bien, si la pregunta se relaciona con el hecho de que hay “más” competencia, es evidente que sí. Ahora competimos, en muchos sectores, con la mitad de la humanidad —las mujeres—, y con personas de razas y clases sociales que antes no podían siquiera acceder a competir con nosotros. Lo estúpido es creer que esto hace nuestra vida “peor” o “más difícil”: las sociedades en conjunto se han enriquecido y, aunque compartamos el pastel con más personas, el pastel se ha hecho mucho más grande. El único pero a esto se daría en el momento en que existiese una discriminación por ser hombres. O por ser blancos. O por ser ricos. En este terreno soy bastante beligerante. Porque creo que ciertos discursos introducen peligrosas quiebras. Por poner un ejemplo, la eugenesia dirigida e impuesta, por benéfica que pueda parecer, abre la puerta a los demonios. Con la discriminación formal pasa algo parecido. Empiezas condenando a más pena de prisión a alguien por ser hombre y no por su conducta, y entreabres la puerta a la injusticia. No obstante, aunque esto es así, y esa solución es una mala solución que deberíamos evitar, las protestas por la desigualdad material y las preguntas sobre sus causas son legítimas. Hay que escucharlas, atenderlas, intentar aprender, admitiendo los escenarios incómodos si se sostienen en la evidencia, y pensar en si se puede y cómo minimizarla.

Por la misma razón, aunque creo que es mejor ser hombre hoy que hace cien años, creo que también lo es ser mujer (hablo de nuestras sociedades, claro), y que hay algo ofensivo en el ejemplo del esclavista, que revela ese germen del fanatismo, quizás de forma inconsciente: el esclavista que protesta lo es. Es decir, es alguien que tiene o ha tenido esclavos, que querría seguir teniéndolos y que no cree en la igualdad de derechos. Equiparar al esclavista con el hombre que se queja (o la mujer que comparte esta posición) supone dar a entender que cualquier análisis de la realidad (también los análisis equivocados) que plantee un exceso en determinadas posiciones feministas supone no creer en la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, qué pocas personas abiertamente afirman esto en nuestras sociedades.

Yo creo que hay que rebajar la intensidad y el énfasis. Bajar la voz. Discutir sin ventajismos, sin hombres de paja, sin miedo a los tabúes, apoyándonos en los datos y con espíritu constructivo.

Superar, en suma, el puto psicodrama en el que vivimos.

 

Vamos a dejar sin sueldo

 

El 14 de noviembre hubo una votación en la mesa del Congreso de los Diputados que dio lugar a una serie de noticias en prensa. Por ejemplo, esta.

Yo me enteré a través de tuiter. Varios dirigentes de Ciudadanos publicaron tuits en los que se dejaba constancia del voto en contra de los restantes grupos con representantes en la mesa. Veamos algunos:

Las referencias al “PPSOE” y a la soledad del partido Ciudadanos me llevaron a echar un vistazo a las noticias que se enlazaban. En ellas descubrí que se había pedido, sobre la cuestión, un informe a los servicios jurídicos de la cámara.

Como no me fío de los periodistas, ni me fío de los políticos, y existía un documento realizado por profesionales, pregunté al diputado Toni Cantó qué decía el informe y si se podía leer en algún lugar, no fuera a ser que, como parecía insinuarse en algunos medios, resultase que los letrados no apoyaban la pretensión de Ciudadanos de privar a determinados diputados de sus “sueldos”.

Esta fue la respuesta que recibí del señor Cantó:

Insistí en pedirle un enlace que me permitiera leer el informe (aunque mis tuits ya no están, porque, como sabrán, suelo borrarlos).

Sin entrar en detalles, he de aclarar que Toni Cantó quiso contactar conmigo para darme explicaciones, comprometiéndose a enviarme después el informe. Yo insistí en que quería leer primero el informe y que luego estaría encantado de escuchar lo que se me quisiera explicar. No se admitió lo que pedía y por eso no tuvo lugar esa conversación.

Lo explico por dos razones: la primera, para dejar claro que el señor Cantó se ofreció a explicarme personalmente el asunto, aunque conforme a “sus tiempos”, lo que le agradezco, y la segunda que soy un tanto bruto en algunas cuestiones. Quería tener primero una opinión (algo para lo que necesitaba el informe). Me parecía la única forma de mantener después una conversación que sirviera para algo. Y por eso dije que no.

También soy obstinado, así que he dado bastantes vueltas para hacerme con el dichoso informe, que parece más secreto que el quinto protocolo. Incluso lo pedí oficialmente al Congreso (y se me denegó también oficialmente por razones bastante surrealistas). Al final he podido conseguirlo de una forma que no explicaré.

Ahora que lo he leído y que voy a explicar cómo lo veo, así como si esos tuits estaban justificados, si a Toni Cantó le apetece explicar algo, no a mí en concreto, sino a los lectores de este blog, tiene, por supuesto, abiertas las puertas de esta casa.

No creo que el informe sea, como dice Toni Cantó, ambiguo. Al contrario, me parece muy claro y detallado.

1.- Así, explica que el 20/09/2017 durante la sesión de control al Gobierno, los diputados de ERC y el PDeCat abandonaron el hemiciclo y un diputado del PDeCat (el señor Campuzano) manifestó que los diputados de su grupo se estaban planteando abandonar la cámara. También que la Sra. Capella de ERC manifestó que esa no era la posición de su grupo. Y menciona que no constan otras manifestaciones en otro sentido.

2.- El 22/09/2017 tanto los diputados de ERC como algunos del grupo mixto retiraron proposiciones (de ley y no de ley) e interpelaciones previstas para ese día, y mociones consecuencia de interpelaciones que se discutirían el 10 de octubre.  En las restantes sesiones plenarias se mantuvieron todas las iniciativas de esos grupos.

3.- El 20/10/2017 el grupo parlamentario de Ciudadanos presentó una solicitud a la mesa del Congreso para que, en aplicación del art. 99 del Reglamento de la cámara, se adoptase, respecto de los diputados de ERC y PDeCat (integrados en el Grupo Mixto), la medida de la privación de la asignación económica prevista en el art. 8. El artículo 99 del Reglamento del Congreso dice:

Artículo 99

1. El Diputado podrá ser privado, por acuerdo de la Mesa, de alguno o de todos los derechos que le conceden los artículos 6º. a 9º. del presente Reglamento en los siguientes supuestos:

1º. Cuando de forma reiterada o notoria dejare de asistir voluntariamente a las sesiones
del Pleno o de las Comisiones. (…)

2. El acuerdo de la Mesa, que será motivado, señalará la extensión y la duración de las
sanciones, que podrán extenderse también a la parte alícuota de subvención contemplada en el artículo 28 del presente Reglamento.

4.- Como consecuencia de esa solicitud, el 24/10/2017 la mesa acordó pedir el informe que estoy explicando a los letrados de la Cámara.

5.- El informe empieza analizando la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y los precedentes. En cuanto a esto, lo más interesante es que, en 1991, se suspendió a unos diputados de Herri Batasuna por su notoria y reiterada inasistencia (algo parecido sucedió en esa misma época con senadores del mismo partido). La suspensión fue primero por un año y luego por otro más; en ambos casos, tras la apertura de un expediente sancionador (con plazo para alegaciones y pruebas) y acuerdos de sanción ulteriores adoptados por la mesa. También en 1999 hubo un amago (no formalizado) de sanción respecto de Felipe González. La mesa en esa ocasión simplemente dejó constancia de la diferencia con el caso de los diputados de Herri Batasuna, porque no había una voluntad manifestada de inasistencia y el control correspondía a los grupos parlamentarios.

6.- El informe continúa analizando los elementos de hecho exigidos por la norma, no para la imposición de una sanción, sino para la apertura de un expediente (erróneamente el escrito del Grupo de Ciudadanos pide la imposición de la sanción y no la apertura del expediente sancionador, por lo que parece difícil que el día de los tuits se pudiese “quitar sueldo alguno” ). Esos elementos son:

a) La falta de asistencia: tras diversas consideraciones, se considera que la simple presencia física en un momento de la sesión (del pleno o de las comisiones) cumple ese deber, no bastando la manifestación de que no se va a asistir o que el diputado se marche tras haberse personado.

b) La reiteración o notoriedad: basta que se dé o una u otra. Lógicamente es una cuestión de hecho cuándo se traspasa el umbral que lleva a la reiteración, o cuando una inasistencia es notoria, especificándose que la manifestación pública de que se pretende inasistir, seguida de la inasistencia, puede completar el requisito.

c) La voluntariedad: fundamentalmente el informe, en este punto, analiza si se puede considerar excluida la voluntariedad por la existencia de una causa de justificación (por ejemplo, un compromiso con sus votantes) y se concluye (utilizando al efecto la jurisprudencia constitucional) que no, porque se trata de uno de los deberes más intensos y sustanciales de la actividad parlamentaria. Se admiten, lógicamente, otras causas de justificación: enfermedad, accidentes, cumplimiento de otros deberes (pensemos en miembros del Gobierno), etc.

7.- El informe, más adelante, analiza los diferentes hitos del procedimiento sancionatorio y el posible contenido de las sanciones. No me extiendo en esta parte por no hacer esto demasiado extenso. Solo especificaré que no puede ser retroactiva, que caben apercibimientos, y que se analizan supuestos en los que la sanción se ajusta a la duración del incumplimiento de los deberes, pues ha de ser proporcional, algo que, como veremos se relaciona obviamente con el presente caso.

8.- Aplicando lo anterior al caso concreto, se comienza por examinar las intervenciones de diputados de ERC y el PDeCat a partir del 20/09/2017, y se deja constancia de intervenciones, preguntas votaciones, de diputados de esos grupos los día 21, 27 y 28 de septiembre, los días 11, 17, 18, 19, 24 y 25 de octubre, y el 7 y 8 de noviembre. Solo se menciona que no constan intervenciones ni votaciones de diputados de esos grupos los días 26 de septiembre y 10 de octubre. Lógicamente, que no conste no equivale a que se considere acreditada la inasistencia.

Como es evidente, el informe no le dice a la mesa lo que debe hacer. Simplemente informa de los precedentes, de cuál es el procedimiento sancionador, de cuáles son las posibles sanciones (expresamente introduce matices sobre sus límites), de cuándo puede considerarse que concurren los elementos de hecho y de los datos que obran en su poder sobre asistencia de los diputados supuestamente infractores.

El informe no es ambiguo en absoluto ni “deja la decisión a los partidos”, como dice Cantó. De hecho, el informe es claro, detallado y preciso, en mi opinión. Y no es que deje nada a la decisión de la mesa: es que la decisión es de esta, aunque sujetándose a la legalidad (salvo que nos parezca bien lo que han hecho los secesionistas con las advertencias de los letrados del parlamento catalán, por ejemplo).

Y, por la misma razón, esos tuits que copio al principio me parecen desafortunados (y parto de la laxitud predicable de un mensaje en tuiter). Porque no se trata de que el Congreso, o la mesa, voten “dejar sin sueldo” a esos diputados. La mesa no podía votar eso. Podía votar iniciar un expediente sancionador, y tras las alegaciones y pruebas, y motivando la decisión podía imponer determinadas sanciones proporcionales con determinados límites (no, desde luego, “dejar sin sueldo”).

Más aún, a la vista del informe, la decisión adoptada me parece racional, considerando el espíritu del informe. Al margen de las salidas de pata de banco de un diputado concreto, el informe deja claro que:

a) Los diputados de ERC manifestaron que no pretendían dejar de asistir e intervenir.

b) Un diputado del PDeCat manifestó que los diputados de su grupo estaban pensando hacerlo, no que lo hubieran decidido.

c) Consta, a lo largo del mes siguientes una relación detallada de intervenciones, preguntas, iniciativas y votaciones de diputados de esos grupos. De hecho, en el pleno que abandonaron ostensiblemente el 20/09 habían intervenido, porque, como ya he dicho antes, basta la presencia física en cualquier momento para considerar cumplido el deber de asistencia. No he entrado en detalles, pero el informe recoge todas y cada una de esas intervenciones, que son evidentemente mayoritarias en relación a las dos únicas en las que “no consta” intervención y presencia.

Vistos los antecedentes (diputados de Herri Batasuna que anuncian que no van a asistir nunca y que de hecho no asisten durante años) más que descabellada o escandalosa, la decisión de la mesa parece la más ajustada a derecho.

Y, naturalmente, concluyo que Ciudadanos solo trataba de echar porquería injustificada sobre el PP, el PSOE y Podemos.

Tampoco me sorprende: es lo normal entre partidos políticos.

 

A mirarse al espejo

Ya no me callo más.

Ese tuit (y es el último de muchos por el estilo) después de esto:

Así que en las elecciones de este domingo, cortocircuitadas por las cloacas del estado, se vota algo que va mucho más allá del corto plazo. Se vota siglo XVII o siglo XXI. Caciquismo o libertad de empresa. Policía política o separación de poderes. Corte o burguesía. Nepotismo o liberalismo. Se vota la posibilidad de romper con 500 años de miseria, molicie y fracaso. Se vota la posibilidad de encarrilar España, por medio de una sacudida política descomunal, en la vía de la productividad y el progreso..

Y esto:

Nacho Vidal contra el osado micropene español.

Ya no callo ni un segundo más con los pirómanos y los excesivos, con los que regalan la honestidad intelectual por una frase “molona”.

Cristian, que alimentó el monstruo, el que firmaba esos artículos, hoy acusa a Rajoy de “cargarse el Estado de Derecho”.

En él pensaba cuando escribí esto. Ya puestos, voy a ser claro. Porque le vi -entre otras cosas- esparcir estadísticas de mierda de racistas norteamericanos para defender la penúltima de sus ideas fuerza, de esas que parece lo alimentan durante un rato, voluble y enamorado de sus “hallazgos”.

Pero esto ya excede lo tolerable. Estoy de frívolos hasta los huevos. Rajoy no se está cargando nada: se lo están cargando esos a los que hace algunos años animaba Cristian con sus gracietas.

Pero él a lo suyo.

 

 

¿Engañarme a mí? ¿Con lo listo que soy?

 

Leo en El País este artículo. Este hombre, del que no sé nada, y al que voy a presumir sincero, dice no estar abducido. Las negritas son mías:

1. Dos circunstancias hicieron que cambiara de opinión en torno a la cita electoral por el referéndum impugnado por el Tribunal Constitucional. Las dos colmaron mi paciencia de ciudadano en Cataluña, un ciudadano que había decidido no participar con su voto en el referéndum no acordado, urdido con una mayoría simple (cuando lo pertinente hubiera sido una cualificada dada la trascendencia de lo propuesto a aprobar) en el Parlament de Cataluña el último 6 de septiembre.

Trato de hacerme una idea de cómo personas tan poco sospechosas de fervor independentista como Eduard Punset, por citar un ejemplo muy difundido por las redes, pudieron ser narcotizados por el nacionalismo. He visto a Punset en televisión haciendo programas de divulgación científica de excelente calidad y me cuesta mucho, muchísimo, ver en la solidez de su discurso el más mínimo rasgo de enajenación ideológica; trato de descubrir algo sospechoso y observo que su mirada no acusa ese brillo desmedido y alucinante del que no procede de este planeta (según nos enseñaron las novelas de ciencia-ficción), producto de la abducción a que fuera sometido por las instituciones catalanas.

Sé que mi amigo y excelente columnista y poeta Antoni Puigverd concurrió a votar (donde vio, por cierto, eso que no debió ver nunca en un recinto electoral, probablemente el lugar más sagrado de una democracia que se precie de tal). He hablado y hablo con él de literatura, política y nuestros nietos. Y nunca noté en él ningún inquietante síntoma de abducción ideológica.

Leí el último libro de Francesc Serés (La pell de la frontera) y tampoco hallé nada que me hiciera ver que su eximia literatura esté imbuida de ninguno de las perniciosas ideas que pululan por la atmósfera de Cataluña.

Leo a Josep Ramoneda y a Joan B. Culla en este mismo diario y en el Ara y me pasa lo mismo. Claro que sus ideas sobre lo que ocurre en Cataluña no están siempre en concordancia con lo uno pueda pensar sobre lo mismo, pero de ahí a defender a capa y espada que están abducidos por lo que sea (puestos a estar abducidos, da lo mismo quienes son los agentes abductores), es ya estar no solo equivocados sino también a no utilizar toda la inteligencia, la sensibilidad y la buena fe necesarias para analizar un asunto tan complejo como es la grave colisión entre Cataluña y el Gobierno del Partido Popular y sus activos colaboradores de C´s en estos despropósitos.

2. Mi conversión hacia el voto del 1 de octubre pasado, se reforzó inesperadamente el 20 de septiembre. Ese día pasaron cosas muy graves. Se intervino la Generalitat en su área financiera, mientras se invadía el Departamento de Economía mediante un grupo de guardias civiles que no sabían hacer la O con un canuto en materia no solo financiera, sino incluso informática. Aquí primó, como en el resto de todas las actuaciones de la Guardia Civil y la Policía Nacional hasta el día 1, el paripé en la línea más agresiva del ya tristemente famoso “a por ellos”.

El resto ya lo conocemos. Movilizaciones de masas narcotizadas o abducidas; desembarco de efectivos de guardias civiles a los cuales los manifestantes le arrojaban claveles; y por fin, el domingo negro de la democracia española de los últimas décadas: golpes, sangre, tortura (romperle a una chica los cinco dedos de su mano con absoluta premeditación y conciencia del extremo daño que se infligía, a esto yo lo llamo tortura), asalto y agresión a poblaciones rurales con menos de 500 habitantes, y vejaciones a mujeres. Me fue muy difícil no ir a votar a las seis de la tarde, después de la perplejidad y la indignación que fui incubando en los días anteriores al referéndum no acordado e impugnado por el TC.

3. Es mentira que la sociedad catalana esté partida o enfrentada. No me dio esta sensación cuando estuve visitando colegios electorales el domingo, además del mío. Vi gente votando de mi barrio (Guinardó) y de mi escalera que nunca me hubiera imaginado votando en circunstancias tan anómalas. Gente de habla castellana, gente que no comparte incluso el referéndum, gente de distintos extractos sociales e ideológicos, todos votaban, sabiendo incluso que vendrían a por ellos.

4. La izquierda se debe recomponer. Y si queda tiempo, habría que hacer que nuestra derecha fuera un poco más progresista. Y perdonen el oxímoron.

Dos cosas:

a) Pensar que personas con estudios, simpáticas y amables, con cachorritos y nietos, esos con los que uno habla de ópera, cuartetos, poesía medieval y filosofía, precisamente por esto no pueden ser engañadas y abducidas es tan naíf que me enternecería si la cosa no fuera tan grave. Me recuerda el autor del artículo a aquel senador de los Estados Unidos al que engañó el estafador supestamente parapsicólogo Uri Geller y que, cuando el mago James Randi le demostró la estafa, se negaba a admitir lo que veían sus ojos: cómo me van a engañar a mí, todo un senador, farfullaba el pobre desgraciado. Las personas que dicen cosas así no han abierto un puto libro de historia. La historia está llena de inteligentes, de genios, de personas sobresalientes en sus propios campos, engañados y abducidos. No voy a poner ejemplos. Para qué; llenaría cien blogs. Más aún, a veces son las personas sin estudios, los miembros de las clases populares, los más refractarios a ciertos engaños. Huelen ciertas estafas porque sus vidas son peores. A ciertos engaños, digo.

b) El no abducido, por otra parte, demuestra hasta qué punto lo han engañado y sigue sin darse cuenta. Su artículo demuestra hasta qué punto está intoxicado por la propaganda que no admite consumir. Podría haber existido un caso de tortura o de agresión sexual de agentes de policía y eso no tendría que afectar al análisis salvo que fuera masivo o generalizado, algo que habría que demostrar. Podría, porque los hombres a veces son malos y hacen el mal, y no por eso uno apoya un golpe de Estado. Podría, pero el hombre que se ha mirado al espejo, como se mira el esquizofrénico que niega su enfermedad después de hacerse un diagnóstico y concluir que ese Napoleón con el que charla es tan real que puede verlo, este hombre, construye su tesis sobre cinco dedos rotos con “premeditación” y “conciencia” (¿cómo lo sabe?), y sobre “vejaciones” a mujeres, cuando la mujer que denunció esa “tortura” y que dijo que había sido agredida sexualmente al día siguiente tenía cuatro de sus dedos intactos.

Este hombre, que dice que la sociedad catalana no está partida o enfrentada, también afirma que no está abducido.

Naturalmente, qué sabré yo de esto. No vivo en Cataluña. ¿Verdad? Ahora, ¿y si resulta que sí lo estás, que lo estás pero no te das cuenta?

Dramatis personae

Ayer tocaba hablar del responsable del fracaso del Estado, y ese responsable era Rajoy (y su partido). Después de meditar más sobre lo sucedido y de leer y escuchar opiniones de todo tipo, mantengo lo dicho.

No hablé ayer de otros. No lo hice para no contaminar lo que quería dejar bien claro. Ayer había alguien al mando. Pero hoy es otro día.

Podemos. Podemos (y su líder) quieren acabar con la democracia española. Cada paso, cada respuesta, cada ladrillo de su discurso me han ido convenciendo de esto. No hace falta ser un lince, por otra parte: está escrito en la vieja estrategia comunista. Utilizan la democracia parlamentaria para crear las condiciones que permitan la instauración de lo que llaman auténtica democracia, eso que todos conocemos bien. Llevamos más de un siglo padeciendo el totalitarismo comunista, como para no conocerlo. Más aún, no hace falta ser un lince porque refulge en las propias biografías de sus líderes, y en esas declaraciones que parecen añejas, pero que apenas tienen cuatro o cinco años. Cuando habla Pablo Iglesias de democracia y de derechos humanos, yo solo veo a un tipo siniestro que usa conscientemente las palabras “buenas” porque decir dictadura del proletariado no vende. A su modo, Iglesias (personalizo en él, pero no es el único) no es un traidor: como los dobles agentes —o como esos musulmanes que beben alcohol, fuman y fornican alegremente en los países de los infieles— se mimetiza con la normalidad, se hace pasar por un buen ciudadano, para engañarnos por su buena causa. Usted sabrá si es tan estúpido para picar el anzuelo (salvo, claro está, que sea usted como Iglesias).

PSOE. Lo del PSOE es otra cosa. Es auténticamente insoportable (sobre todo en personas a las que respeto) tener que escuchar que ayer Pedro Sánchez hizo una gran intervención. Por lo visto, una gran intervención consiste en solicitar al Gobierno constitucional, legal y legítimo que pacte con los que acaban de dar un golpe de Estado y de cometer delitos en masa. Y por lo visto, una gran intervención consiste en acusar al PP de ser el responsable histórico de esta situación, cuando el PSOE lleva años demonizando al PP y casi situándolo fuera del sistema; cuando el Estatuto, ese frankenstein, es una creación socialista; cuando fue un gobierno del PSOE en Cataluña el que encabezó una manifestación contra una sentencia del Tribunal Constitucional, es decir, una manifestación contra el edificio institucional; y cuando hasta hace un mes chillaba si se mencionaba el uso del artículo 155 de la Constitución Española. Esto último es lo más grotesco. El PP no ha querido utilizarlo, pero al menos no dijo que no procediera. El PSOE, sin embargo, siempre se reservó la bala de la deslegitimación: si el PP lo hubiera utilizado hace dos años, el PSOE habría estallado en grititos de indignación y luego habría intentado recoger la cosecha. Hoy todo el mundo se apunta al “yo habría hecho”. Pero algunos no pueden. Aún no han pedido perdón por su enorme responsabilidad en lo sucedido.

Ciudadanos. Siempre he sido muy crítico con el partido en el que milite hace ya muchos años. Con los que mandan en él. No me gusta ni aquel ni estos. De hecho, nunca he llegado a votar a Ciudadanos (me fui antes de tener ni siquiera la oportunidad de hacerlo). Pero no quiero ser injusto ni dejarme llevar por mis fobias. No son responsables de lo sucedido, de ninguna forma. Han sido una voz a favor de la ley en Cataluña. Han apoyado al Gobierno de una forma esencialmente leal. Ayer mismo seguían haciéndolo, a pesar de que podían haber iniciado un camino propio.

Así lo veo.