Fuentes web
Entradas
Comentarios

Gonzalo de las Mercedes

Cuando era niño me pasaba, supongo que como a todos, que era incapaz de distinguir quién era el tío político y quién la tía carnal. Sentía el mismo cariño por ambos, tanto activo como pasivo. Es, supongo también, una manifestación de la inocencia. Recuerdo también cómo mi padre diferenciaba entre unos y otros. Es decir, entre hermanos y cuñados. Cosas que no entendía entonces.

Viene esto a cuento de la noticia de que el ayuntamiento de Sevilla quiere cambiar el nombre de la calle de Pilar Bardem por el de Virgen de las Mercedes. Y ustedes se preguntarán a cuento de qué viene.

El caso es que el nombre de la calle fue un auténtico trágala de la corporación anterior metida por la cuota alíquota del inefable Torrijos. Aunque Bardem la nacieran en Sevilla (lo que le da el privilegio de visitar el Alcázar y las Setas de la Encarnación por la patilla) poca o ninguna vinculación ha tenido con la ciudad. Y poco o ningún mérito se le conoce más que el de haber vocingerado. Cambios como ese, probablemente, expliquen el vuelco de mayo del 2011 que provocó el lamento típico de hemos trabajado para el pueblo pero el pueblo no ha sabido entenderlo. Madie puede llamarse a engaño, tampoco, de que pudiera ser uno de las primeras piezas que se cobrara la nueva corporación.

Si leen la noticia les quedará el regusto de que la muy fascista corporación municipal trata de homenajear al muy fascista militar. En Sevilla hay dos collaciones que recuerdan a dicho militar: el de san Gonzalo (el nombre de él) y el de santa Genoveva (el nombre de la ella de él), donde se sitúa la calle. Ambas collaciones lustran su nombre con la presencia de hermandades, que casualmente procesionan el lunes santo, y que atienden por el nombre de san Gonzalo y santa Genoveva.

De niño no podía imaginar que el nombre de tales barrios y hermandades proveniera de tal persona. Imaginaba advocaciones debidas a vaya usted a saber qué rito. Eran, por otra parte, nombres tan naturales como san Jacinto o san Leandro que abundan en el nomenclator. Después me enteré del origen pero nunca que veo al Cautivo de santa Genoveva me da por pensar, ni un poco, en la mujer del militar.

De niño he sabido que santa Genoveva procesionaba a la Virgen de la Mercedes (como también lo hace otra hermandad de la ciudad) y, además, lucían escudo mercedario en su hábito. Supongo incluso que habrá muchas Mercedes en esa collación santa Genoveva. Hoy me entero, gracias oh diario socialdemócrata, de por qué. Era el nombre de la madre de él. Bueno, sí y qué. ¿Le cambiamos el nombre a esas mozuelas?

El artículo no da cuenta de un hecho, bastante lamentable y anodino y que muetra que el cambio no es una excepción sino la regla de la ciudad: en un entorno de cien metros alrededor de la sede canónica de una hermandad existe una calle cuyo nombre coincide con el de algún titular de la hermandad. Récord y característica alcanzada durante los más de taitantos años de hegemonía socialista en la ciudad, tan proclive a dejar intacto el poder cofrade.


(Esta extraordinaria sátira la realiza mi amigo Fernando en su página sobre cine dentro del Diario de Alcalá. La copio porque, por alguna ignota razón, el link a la página concreta no funciona)


Gracias especiales y un abrazo para “El tipo de la barra”

[El texto de hoy fue escrito en junio de este año a raíz de la sugerencia de un amigo para un ezine que por circunstancias malhadadas no parece que se vaya a publicar. No encaja en el marco, apropiado para un medio de información, de los episodios de esta página porque habla de películas que no existen. Pero sirve para hacer una despedida del año un poco diferente (peligro: es de tamaño XXL). Hasta el 13 de enero, probablemente. Disfruten de unas felices vacaciones, Navidad, Janucá, Yule, inicio de año bisiesto, gordo de lotería divisado, verano austral, colas en un centro comercial o lo que sea que celebren.]

Diez grandes películas de ayer, hoy y mañana, que nunca existieron, basadas en obras literarias. No las busquen en IMDb.

1 Hadji Murat de Leo Tolstoi.
Ficha: Año: 1929. Director: Sergei M. Einsenstein. Guion: Nunnally Johnson. Protagonistas: Douglas Fairbanks (Hadji Murat), Donald Crisp (Shamil), Lionel Barrymore (Vorontsov). Duración: 71 minutos.
Sinopsis: Chechenia, 1850. Para vengarse de Shamil, líder de los separatistas, el guerrillero musulmán Hadji Murat se une a los invasores rusos.
Crítica: “Producida por la UA durante el largo viaje de Einsenstein a Estados Unidos y México, no llegó a estrenarse por divergencias entre Fairbanks, que quería un final feliz, y Einsenstein, que al regresar a la URSS se llevó la única copia completa existente. Stalin, gran aficionado al cine, la prohibió por considerarla contrarrevolucionaria, pero la guardó en su poder. Esta joya muda se creía perdida, pero apareció en un sótano de la infame Lubyanka en 1992 y ahora se pone a la venta en DVD y Blu-ray completamente restaurada.” (La gaceta del cinéfilo moscovita)

2 Narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.
Ficha: Año: 1949. Director: John Huston. Guion: John Huston. Protagonistas: Montgomery Clift (Pym), John Wayne (Dirk Peters), Tim Holt (Augustus Barnard). Duración: 102 minutos.
Sinopsis: El joven Pym embarca como polizón en el ballenero Grampus, gracias a su amistad con Augustus, hijo del capitán. La simpatía del marinero Peters les salvará la vida tras un sangriento motín.
Crítica: “Clift y Wayne, unidos de nuevo tras su éxito el año anterior en Río Rojo, emprenden otro viaje inolvidable dirigidos por el mejor adaptador de literatura de la historia del cine (Dublineses, El hombre que pudo reinar, El halcón maltés, Fat City). Una de las mejores interpretaciones de Wayne: un marino ambivalente, como en Piratas del mar Caribe/El desafío del mar de Cecil B. de Mille.” (Nantucket Review of Films).

3 Que se mueran los feos de Boris Vian.
Ficha: Año: 1962. Director: Jean-Luc Godard. Guion: Boris Vian y Preston Sturges. Protagonistas: Alain Delon (Rock Bailey), Anton Walbrook (el doctor Schutz). Duración: 90 minutos.
Sinopsis: Rock Bailey quiere mantener su castidad a pesar de ser acosado por todas las mujeres que conoce. Una noche en Los Angeles es drogado y secuestrado por un científico loco que pretende utilizarle en una serie de experimentos genéticos.
Crítica: “La semilla de esta película nació en 1955 de un encuentro nocturno en París de Preston Sturges y Boris Vian, que trabajaron juntos de forma discontinua en un posible guion. La muerte de ambos en el verano de 1959 pareció poner un trágico fin a esta aventura, que se convierte en una leyenda maldita, pero tras estrenar Al final de la escapada Godard se hace con los derechos de producción y, gracias a financiación conseguida por Serge Silberman, rueda en apenas tres semanas, en un L. A. de retroproyección, una versión tan enloquecida como inolvidable.” (30.000 maniáticos)

4 Gran sertón: veredas de Joao Guimãraes Rosa
Ficha: Año: 1968. Director: David Lean. Guion: Dalton Trumbo y Michael Wilson. Protagonistas: Albert Finney (Riobaldo), Jean Seberg (Diadorín), Terence Stamp (Hermógenes), Alec Guiness (Ze Bebelo). Duración: 145 minutos.
Sinopsis: Al final de su vida, el hacendado Riobaldo cuenta sus correrías juveniles como jagunzo (entre mercenario y bandolero) en Mina Gerais hasta que, convertido en el líder de una partida, se enfrenta a vida o muerte a Hermógenes, su demoniaco rival.
Crítica: “El tema, de ecos melvillianos, las carismáticas interpretaciones y la espectacularidad de paisaje y combates compensan la pérdida de la inolvidable voz del narrador y de la fuerza del lenguaje, de resonancias faulknerianas. Es deseable que gracias a la adaptación del maestro Lean algunos espectadores se acerquen a esta obra maestra publicada en 1956″ (Oxbridge Mail)

5 Neuromante de William Gibson
Ficha: Año: 1988. Directora: Kathryn Bigelow. Guion: Kathryn Bigelow y William Gibson. Protagonistas: Emilio Estevez (Case), Rae Dawn Chong (Molly), Lance Henrikksen (Armitage), J. T. Walsh (El finlandés). Duración: 117 minutos.
Sinopsis: Cuando está en lo más bajo de su descenso a los infiernos, el pirata informático Case es contratado para asaltar varios sistemas de datos.
Crítica: “Al no concretarse el proyecto de John Carpenter y Kurt Russell, Bigelow se hizo cargo de la realización y ayudó a reescribir el guion. Entretenida y contada con brío, capta muy bien la atmósfera que Gibson establece a la perfección en la primera frase del libro: ‘El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal muerto.‘ Como hace ya un cuarto de siglo de su estreno, hay gran expectación hacia el remake previsto para el año que viene, dirigido por Juan Carlos Fresnadillo y protagonizado por Sam Riley.” (Science Fiction-Double Feature)

6 Las puertas de Anubis de Tim Powers.
Ficha: Año: 1996. Director: Terry Gilliam. Guion: Terry Gilliam y Tom Stoppard. Protagonistas: Johnny Depp (Brendan Doyle/William Ashbless), Charles Dance (J. Cochran Darrow), Ben Kingsley (Doctor Romany), Rachel Griffiths (Jacky), Alfred Molina (Horrabin). Duración: 136 minutos.
Sinopsis: Un millonario descubre un medio para el viaje temporal y organiza la visita de un grupo al Londres de 1810. Contrata al profesor Doyle, especialista en literatura de la época, para que ilustre a los viajeros sobre Coleridge. Pero una vez allí (¿o una vez entonces?) algo sale mal.
Crítica: “El estilo visual minucioso, sobrecargado y surrealista de Gilliam convierte su Las puertas de Anubis en una pesadilla colorida y deslumbrante. Imaginen que Dickens hubiese sido adicto a los psicotrópicos y su camello fuera el mago Merlín. La dirección artística de Dante Ferreti (Y la nave va, Las aventuras del barón Munchausen, Casino) luce en todo su esplendor .” (The Old Curiosity Digital Shopper)

7 Tala de Thomas Bernhard.
Ficha: Año: 2000. Director: Roman Polanski. Guion: Roman Polanski y Gérard Brach. Protagonistas: Daniel Auteuil (T.), Emmanuelle Seigner (Joana), Bruno Ganz (el actor del Burgtheater). Duración: 101 minutos.
Sinopsis: T. se ve obligado a asistir a la cena de homenaje a un actor en casa de unos conocidos a los que llevaba veinte años sin ver. Incómodo, repasa sus relaciones con presentes y ausentes.
Crítica: “Es de agradecer el inmenso atrevimiento de Polanski y Brach para adaptar a Bernhard, en la que es una de sus obras más abordables, a pesar de las apariencias. Insuperable como crítica divertida y mordaz de la hipocresía y la pretenciosidad como motores de las relaciones sociales. La banda sonora compuesta por Carter Burwell logra transmigrar el ritmo y la musicalidad de la prosa de Bernhard.” (Pixel und Dixie)

8 El caballero y la muerte de Leonardo Sciascia
Ficha: Año: 2009. Director: Martin Scorsese. Guion: Roberto Saviano y Dennis Lehane. Protagonistas: Gabriel Byrne (el Vicecomisario), Delroy Lindo (el Comisario), Aurispa (David Strathairn), Greta Sccachi (la señora De Matis). Duración: 113 minutos.
Sinopsis: El Vicecomisario de policía, aquejado de un cáncer terminal, investiga el asesinato del abogado Sandoz, en lo que parece el ataque de un nuevo y extraño grupo terrorista.
Crítica: “La lucidez de Sciascia cada día se demuestra más premonitoria. Scorsese hace la película más despojada y dolorosa de su carrera sobre el poder y la corrupción, valga la redundancia. El controvertido traslado de la acción de la novela a Nueva Orleans funciona y prueba lo universal de la escritura de Sciascia.” (The New Knickerbocker)

9 Ancho Mar de los Sargazos de Jean Rhys.
Ficha: Año: 2012. Director: Abbas Kiarostami. Guion: Abbas Kiarostami y Frank Cottrell Boyce. Protagonistas: Audrey Tatou (Antoinette Cosway), Jude Law (Edward Rochester). Duración: 88 minutos.
Sinopsis: A mediados del siglo XIX una joven criolla de una familia arruinada de Jamaica se casa con un aristócrata inglés. Su estabilidad mental y su relación matrimonial se irán deteriorando en paralelo.
Crítica: “El galardonado director iraní da a la biografía de la juventud de la señora Rochester, personaje de Jane Eyre de Charlotte Brontë, el tono exacto, entre onírico y decadente, que define los sentimientos de distanciamiento y de enajenación. (…) Como el camino más seguro para que un actor o actriz gane el Oscar ® es alterar su peso (en este caso por adelgazamiento) y enloquecer en pantalla, Tatou tiene verdaderas posibilidades de alcanzarlo.” (Le poulet enchanté)

10 Esperando a Godot de S. Beckett.
Ficha: Año: 2015. Director: Quentin Tarantino. Guion: Quentin Tarantino. Protagonistas: Cheech Marin (Vladimir), Tommy Chong (Estragón), Uma Thurman (Lucky), Jeremy Irons (Pozzo), Takeshi Kitano (Godot-san). Duración: 170 minutos.
Sinopsis: Un día lluvioso dos vagabundos, Vladimir y Estragón, charlan sin fin mientras esperan junto al torii de un templo demolido la improbable llegada de Godot. Pero los que aparecen son el cruel Pozzo y su criado Lucky. Cuando aquél empieza a humillar a éste, desciende del cielo el todopoderoso Godot-san ataviado con refulgente armadura samurái autopropulsada y con su electrokatana de monofilamento corta la cabeza a Pozzo. Al lanzarla al aire la escena se convierte en una animación en la que dos equipos de niños japoneses con cabezas y ojos enormes juegan al fútbol con ella durante 90 minutos sin que la cabeza toque el suelo en ningún momento. Entonces Godot-san da fin al partido con un soliloquio sobre los valores nutritivos de la soja y después todos vuelven a escena y cantan y bailan una versión de 12 minutos de Always Look at the Bright Side of Life.
Críticas: “Tarantino rescata otra vez a estrellas entrañables y olvidadas de los años setenta (Cheech & Chong) y demuestra su inconmensurable talento para homenajear películas antiguas (Rashomon) y para los diálogos intrascendentes y absurdos.” (Hurly-burly Post). “La obra de un genio.” (Topical Twitters)


Lúcido. Esa palabra tiene mal fario. Cada vez que alguien dice de algo, de un comentario, de una crítica, de un pensamiento, que es lúcido, ¡corra!

Leído el auto por el que se transforman las diligencias previas en procedimiento abreviado y se abre la posibilidad de que se abra juicio contra Baltasar Garzón por cohecho impropio, les he de decir que es demoledor. Mucho dinero, una intervención activa del magistrado para obtenerlo, beneficios (para Garzón) como consecuencia de su obtención y una actitud de ocultamiento de los pagos por la propia universidad neoyorquina. Los detalles de cómo se obtiene el dinero, de cómo interviene activamente Garzón en su obtención (¡y en la reclamación de pagos pendientes!) son tremendos.

Creo que este asunto puede ser el que termine haciendo más daño a la imagen del juez. Banqueros y empresas gordas que dan dinero a un magistrado que se atreve a mencionar que él “no tiene jurisdicción” para aplacar las dudas de los que escuchan y que no controlan después qué pasó con ese dinero; certificaciones dictadas y corregidas, con cambios en conceptos; mezcla de pagadores; sobres y documentos con referencias a la condición del magistrado; un magistrado que cobra de dos sitios y lo oculta en los dos; todo eso tiene un tufo que va a resultar difícil de defender.

Sobre todo porque a Garzón se le va a acusar de cohecho impropio. Sí, el mismo delito por el que se juzgó a Camps. En el caso de Garzón, sólo varía el importe de la pasta, muy superior.

Esto es interesante: el magistrado no plantea una prevaricación; va por el camino del regalo hecho en consideración al cargo del magistrado. A ver cómo articulan la defensa del magistrado todos los que han estado señalando a Camps. Va a ser gracioso.

Por cierto, en el auto hay una expresión del magistrado que me parece acojonante. En un momento determinado, menciona cierta argumentación realizada por la defensa de Garzón y por el fiscal y que el magistrado instructor contradice, pero lo hace hablando de que es una “legítima estrategia defensiva” y, con esa expresión, se refiere tanto a la defensa de Garzón como a lo alegado por el Ministerio Fiscal. ¡Convierte al Fiscal en defensor de Garzón! Es posible interpretarlo como una expresión sin matizar, pero posteriormente el magistrado se refiere a la sintonía entre los argumentos de Garzón y los del fiscal. No había visto nunca algo así.

Esto traerá cola.

ACTUALIZACIÓN
Así titula El País:


Convierte al magistrado que juzga a Garzón por lo de Gürtel en un “juez de Gürtel”. Qué asco.

Cuentos japoneses


Hace un par de días mi hija pequeña me contó la historia de Sadako Sasaki y las mil grullas. Habían estado hablando en el colegio de la bomba atómica y de pacifismo. Es pequeña y podría haberle dicho: “qué historia más bonita y sí, las guerras son muy malas”. Pasa que hace mucho me planteé, en la medida de lo posible, tratarlas conforme a su edad en lo relativo a derechos y obligaciones, pero como adultos cuando de información se trata. No les escondo mis opiniones en ningún tema. En realidad, este modelo falla no tanto porque no sea realizable, que lo es, sino porque, en general, tienen poco interés en mis opiniones y en su aparato “intelectual”. Una de las frases más habituales a la hora de la comida y la cena es: “ya van tres veces que intento contaros esto; vais a conseguir que un día no os explique nada”. En ese momento, normalmente, cuando me ven enfurruñado, me dicen “venga, papá, cuéntanos eso tan interesante”.

Así que, cuando mi hija terminó diciendo que los “americanos fueron unos brutos” al tirar la bomba atómica matando a tanta gente, le contesté “¿por qué?” “Porque mataron a mucha gente”. “Pero estaban en guerra y había que terminar la guerra”. “Sí, pero la gente que murió no tenía la culpa”. “No tendrían la culpa pero sí los que mandaban en Japón”. “Ya, pero ellos no tenían la culpa”. Le expliqué que los americanos calcularon millones de muertos en el caso de la invasión de Japón. Y ella me preguntó que por qué tenían que invadir Japón. Le expliqué que llevaban cinco años de guerra, que había muerto mucha gente y que los japoneses se habían comportado asquerosamente por toda Asia y había que acabar con su gobierno. Ella me contestó que le habían contado que tiraron la bomba porque los japoneses habían invadido unas islas de los americanos y habían muerto unos miles de americanos. “No, es justo al revés; los americanos invadieron unas islas japonesas y los japoneses se defendieron de tal manera que eso hizo pensar a los americanos que invadir Japón iba a ser muy costoso, que iba a haber muchas víctimas”. Añadí que los americanos habían bombardeado Tokio, con sus casa llenas de papel y madera, y habían muerto más personas que en Hiroshima, y que tras la primera bomba atómica habían pasado tres días y los japoneses no se habían rendido. Insistía, “ya, pero qué culpa tenía la gente, qué culpa tenían los niños”. Entonces le pregunté “¿cómo terminarías tú una guerra?” y le expliqué la masacre de Nankín, y como los japoneses mataban a niños y a mujeres embarazadas a bayonetazos.

No quedó muy convencida. Cuando le dije: “cuidado cuando te cuentan cuentos chinos”, me sonrió y me dijo “bueno, japoneses”, pero añadió, “aun así, fueron unos brutos”.

Me gusta discutir así. Los niños, y más si no tienen especial respeto por tus opiniones son muy duros discutiendo. No dan nada por sentado fácilmente y tienes que afinar los argumentos. Es cierto que es fácil engañarles con algún dato falso y que son extrañamente inmunes al argumento “objetivo”. Su apelación a los sentimientos es en ellos un estímulo, porque en ellos no es impostado. Lo que en un adulto te sacará de tus casillas, en un niño se convierte en una oportunidad para cambiar el aceite de tus opiniones.

Por si alguien quiere entrar en la discusión, que empiece por aquí. Antes de la charla, hay que terminar los deberes (aquí una jetilla).


Hay muchas personas cabreadas por la absolución de Camps. Bien. La pregunta es ¿cómo opinar de un juicio como éste sin haber ido? Digo como éste porque hay juicios que se basan fundamentalmente en la prueba. Aquí no se discutía si una norma se debe interpretar así o de otra manera, sino si Camps y Costa recibieron unos regalos por sus cargos públicos. La única manera de opinar en casos así es contar con una buena información. Eso es lo que uno esperaría de los periódicos. Yo seguí, más o menos, el caso, a través de El País. Por desgracia, sus periodistas dejaron muy claro que Camps debería ser condenado desde el primer día. Su desfachatez llega al punto de que ayer, en un artículo ¡que se denomina análisis! un pseudoperiodista se atreva a titular “Un tribunal profesional no habría absuelto a Camps”, haciendo un ejercicio irreprochable de afirmación imposible de probar. Este señor no es el padre de una “víctima” explicando que la sentencia es una porquería y los jurados unos lerdos; es un periodista que se pone a hacer afirmaciones sobre un universo paralelo.

Otras cosas.

La primera: se insiste en que el tema de los trajes es un tema menor, ridículo, que ha costado mucho dinero al contribuyente. Me desagrada ese punto de vista. Entonces, ¿qué hay que hacer? ¿Dejar de aplicar el código penal considerando el coste de los procesos o de la policía?

La segunda: lo de la honorabilidad. Las preguntas de Cospedal sobre reparaciones me parecen acojonantes, porque son falsas. Ella quiere otra cosa: extrapolar.

La tercera: he escuchado a Camps en la cosa de Herrera. Es un personaje que tiene un discurso mesiánico que me desagrada sobremanera. Su lectura del veredicto se hace en consonancia con ese discurso. Mezclando su proceso con sus victorias electorales. Ya sabemos que el caso ha sido utilizado políticamente por sus contrincantes. Sin embargo, el veredicto que le absuelve tiene el alcance que tiene. Que no se ponga otras medallas. Ha sido absuelto de cohecho impropio por las razones que constarán en la sentencia, nada más o nada menos. Tenía derecho a un juicio y lo ha ejercido. Lo demás sigue ahí y las preguntas continúan. La principal es derivado del hecho de que era el Presidente de la Generalidad valenciana estos años de atrás. Justo los años en los que esos señores gürtelianos hacían pasta, presuntamente, sin incrementar el valor añadido mediante el uso del I+D+i.

La cuarta: el jurado. Entre los que ahora se meten con el jurado (institución que no me gusta demasiado) estarán los mismos que pedían una justicia popular y democrática para Garzón a las puertas del Supremo. Es el problema de impugnar las formas para obtener una “justicia material” caso a caso. Al final sólo hay un camino serio: fijar un sistema y respetarlo. Si no funciona, cambiarlo. Sabiendo que el análisis sobre si funciona o no tiene que ser casi estadístico. Un análisis serio, vamos, no como el que publica El País.


ACTUALIZACIÓN:

Ayer saqué esta fotografía. ¡Garzón!¡Pantuflos de calidad!



Antes de que otros reputados comentaristas se adelanten a la hora de efectuar un análisis de urgencia sobre la decisión adoptada por el tribunal del jurado que ha absuelto a Camps, he decidido ser el primero para que mi voz se escuche con claridad en estos momentos de confusión general y de comentarios encontrados.

Cinco ciudadanos presentes durante el juicio, a los que “apoderamos” para hacer justicia se han opuesto a la visión de otros cuatro que reunían las mismas características.

El pueblo ha hablado. ¡Viva el pueblo! ¡Todos somos el pueblo! ¡Al pueblo se la pela si falta una coma o no!

Venga, ya pueden citarme en todas partes.


Leo esta noticia que se refiere a alguien que es definido como “abogado experto en derechos humanos” (lo digo así no porque dude de que sea cierto; pasa simplemente que no conozco al entrevistado).

Este señor dice:

La investigación de crímenes de lesa humanidad por parte de cualquier juez jamás, jamás puede constituir una conducta delictiva.

Esa frase define su concepto de justicia y el mío. Yo no creo en la justicia fuera de la ley.

Mi frase sería ésta:

La investigación de crímenes de lesa humanidad por parte de cualquier juez nunca, nunca es suficiente por sí sola para excluir que sea delictiva.

Mi concepción del Derecho, naturalmente, es la civilizada. Justo la que sienta los cimientos de una ley que evite los crímenes de lesa humanidad.

De obligada lectura


Seguro que ella no lo esperaría tan temprano. Ni siquiera sospecharía que fuera a regalarle aquel anillo que hacía más de un año había señalado con un juguetón dedito índice de su mano derecha, acodada grácilmente en el mostrador de una exclusiva joyería. Era una mujer de costumbres y a aquella hora de la tarde gustaba de sentarse en el salón de la biblioteca a leer justo hasta las ocho, momento en el que comenzaba a preparar la cena. Y hasta allí se dirigió su marido procurando no hacer ruido. Lo primero que le alarmó fue aquella risita. Jamás había oído reírse a su mujer mientras leía. Jamás. Cuando la risa arreció ya no tuvo dudas de que algo andaba mal.
La peculiaridad de los libros que descansaban en los anaqueles del recinto era que todos y cada uno de ellos habían sido escritos por él. Casi dos mil libros que se ocupaban de la geografía, de la historia y de la filosofía, que se adentraban en el mundo científico, que penetraban en el campo de las matemáticas y del álgebra, que estudiaban la música clásica y la moderna, sin olvidarse de la medicina general y la forense. Por supuesto, la ficción también formaba parte del extenso caudal intelectual vertido en la imprenta. Las novelas históricas y policíacas eran las más abundantes, pero no las únicas, ya que no había podido resistirse a elaborar también libros infantiles y juveniles.
Recordaba la primera vez, cuando ella corrió hacía él y le contó embelesada lo mucho que había disfrutado tras acabar de leer su primer libro. Por supuesto, él se había mostrado dispuesto a disipar todas sus dudas sobre los aspectos más procelosos del texto que ella no hubiera entendido, que en aquella ocasión no fueron pocos. Todavía no se habían casado. Tan solo eran buenos amigos unidos por el amor a la lectura y separados por una diferencia de edad de cuarenta años. Acabaron enamorándose y decidieron casarse dos años después. La boda del sabio y conocido escritor fue portada en muchos diarios.
Habladurías y rumores apuntaban a acuerdos prematrimoniales descabellados.
A sus setenta y ocho años debía armonizar con prudencia equilibrio y sigilo si quería ajustar sus pasos con apoyos seguros para que su acercamiento no fuera percibido. La manilla de la puerta fue bajando lentamente sin hacer ningún ruido, lo que le permitió introducirse en el salón de la biblioteca un par de metros sin que ella lo notara. No podía verla porque el enorme sillón de orejas en el que descansaba se hallaba de espaldas. Se detuvo a tomar resuello: aquella risa que no cesaba le estaba provocando jaqueca. Recuperadas las fuerzas se armó de valor para avanzar un poco más. Ya podía ver una de sus piernas bailotear en el aire. Parecía que se lo estaba pasando en grande. Cuando llegó a escasos metros del sillón pestañeó durante unos instantes para centrar su cansada vista y luego se acomodó las gafas en una posición óptima para poder ver con claridad.
-¡Traición! – gritó, sobresaltando a la mujer que se levantó dejando caer un libro en el sillón.
– Puedo explicártelo, cariño…
– No, no puedes. Acabas de incumplir el acuerdo prematrimonial que te impedía leer libro alguno sin antes acreditar haber disfrutado de todos los escritos por tu marido. ¡Y por un vulgar “Sin noticias de Gurb”!


Quería comentar brevemente esta noticia por dos razones.

Standard & Poor’s dice que la deuda española realmente tiene un precio de bono basura y que por eso la rebaja de calificación no influye, ya que la A que le han dado es muy superior a la BB que correspondería. En la noticia se indica que esto, sin embargo, contrasta con el hecho de que Portugal, que sí tiene una BB, pague un 14 % frente a los tipos de España, del 5,1% (ahora). Naturalmente, esta explicación se rebate muy fácilmente: también lo de Portugal está por encima de la calificación real, que debería ser de, no sé, CCC, por ejemplo. Sería como lo de la famosa hora boliviana. Me enteré de que existía a través de un amigo. Al parecer, en Bolivia sólo eres un maleducado si llegas más de una hora tarde. Esta costumbre se estaba intentando erradicar por razones bien evidentes. Una de ellas era que mucha gente llegaba mucho más de una hora tarde, ya que “descontaba” el retraso del otro. Por tanto, si España tiene una A, pero debería tener una BB, y Portugal tiene una BB, habrá que considerar que Portugal debería tener una calificación “corrida” en consecuencia, al nivel de bono apestoso y repugnante, por ejemplo.

La segunda razón tiene que ver con Standard & Poor’s y las otras agencias. Nos dicen que están siendo tela generosos. ¿Tan generosos como con Lehman Brothers o más? Lo pregunto porque esa declaración, más que hacerme suspirar de alivio por la generosidad de los calificantes, me reafirma en que básicamente son instituciones inútiles, precisamente por su influencia. Es tanta, que los factores objetivos terminan corregidos y después justificados y gracias a esas justificaciones nos enteramos del apaño.

Yo diría que Myriam Fernández de Heredia, al reconocer que la calificación que le dan a España es muy superior a la que creen que le corresponde, acaba de rebajar la calificación de S&P a la de BBB+.

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.