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Ayer leía a algunos amigos y vi cómo acusaban a un candidato de VOX de homófobo por, al parecer, ser contrario al matrimonio homosexual. El candidato se comportó con una enorme torpeza y, con él, los amigüitos de partido que vinieron en su ayuda. Eran incapaces de decir dos cosas perfectamente defendibles: que un homófobo es el que, al menos, odia a los homosexuales, y que negar el matrimonio homosexual no es negar derechos a los homosexuales por serlo, mientras que el matrimonio homosexual sí implica la creación de derechos nuevos. Es decir, que negar el matrimonio homosexual no implica afectar al principio de igualdad ante la ley.

Lo divertido del asunto es que esa incapacidad es la demostración de que o están en contra de la homosexualidad por otras razones (esas que tienen que ver con la “ley natural”) y aunque no quieren decirlo expresamente enseñan la patita o simplemente son pelín analfabestias. No sé qué es mejor.

Yo leía hoy la conversación y pensaba en los colegas y me decía -con soberbia, claro: “si os pillo a algunos os hago un traje”. El de VOX, liberal en el peinado él, ya había desaparecido de la ecuación.

Es gracioso. He descubierto que un periodista (que me seguía desde hace mucho), en una columna de hace unos días, ha -casi seguro- copiado un tuit mío. Bueno, ha insertado la idea usando unos términos que me llevan a esa conclusión. Lo gracioso no es esto: twitter es un bareto y lo que allí se larga es de dominio público. Lo gracioso es que hace también muy poco critiqué agriamente algo que había publicado. Hoy he mirado si aún me sigue: ya no. Parece que le cabreó bastante lo que dije. En fin, espero que esté suscrito a una lista en la que me hayan metido y pueda seguir aprovechando mis ideas: ¡es evidente que le gustan!

POSDATA: Hace ya bastante tiempo, estaba escuchando una tertulia del arradio y otro periodista -diferente del enfadado- estaba hablando de un asunto de actualidad y diciendo alguna barrabasada jurídica. Según hablaba comencé a tuitear criticando sus opiniones, en particular porque se trata de alguien bien sensato. Hubo un corte de publicidad de unos minutos. A la vuelta, el opinador comenzó a rectificarse velozmente justo en el sentido de mis tuices. Pensé “habrá sido casualidad”. Hasta que recibí un MD del robot que, tras aplicar un algoritmo de su autoría, en pocos milisegundos concluyó que había sido asaz descojonante. La verdad es que debe de ser la rehostia no solo tener que opinar sobre mil cosas diferentes, casi de forma automática, e intentar no desbarrar, sino encima mirar cómo, en directo, un montón de insectos se dedican a picotearte, y, pese a todo, tener que mantener la compostura. No les arriendo la ganancia.

 

¿Se habrá dado cuenta Cristina Fallarás de lo que ha hecho en su columna de hoy? Léanla porque sospecho que no, que no se da cuenta.

Dice que se usa la expresión “violencia machista” o “violencia de género” porque “es muy cómodo” y porque lleva “implícita una justificación del acto criminal, una explicación, un estado de cosas” y que hay que cambiar los sujetos y dejar de decir “700 mujeres muertas por violencia de género” y cambiarlo por “700 hombre asesinaron a otras tantas mujeres en la última década”.

¡Excelente idea! Me parece atinadísimo. Que de ahora en adelante se atribuya a cada autor la responsabilidad de sus crímenes. Yo no pido otra cosa, ya que creo en la responsabilidad personal.

Por esa misma razón, no estaría de más que la propia autora se aplicara el cuento y no cayera en lo que denuncia ya que cuando dice  

Parece como si lo hombres no tuvieran mucha importancia en todo este asunto, como si fueran actores secundarios de un drama repugnante. Ahí están, en segundo plano, detrás, fuera de los datos. Mujeres y pasiva. Nada es inocente.

… y cuando añade …

 A las mujeres no las amenaza, atemoriza, esclaviza, etcétera, la “violencia de género”. A las mujeres las matan los hombres. 

… se olvida del número. Sí, los que no son actores secundarios en este drama son unos hombres concretos y no “los hombres” y los que matan a algunas mujeres no son “los hombres”, sino gente con nombre y apellido.

Por eso sospecho que la propia autora no sabe muy bien en qué jardín se ha metido. No se usan esas expresiones porque sea cómodo o para justificar u ocultar un estado de cosas. Qué va. Salvo, en el mejor de los casos, cuando se trata de expresiones meramente descriptivas, se utilizan precisamente para unir causas y efectos, para determinar que esas muertes no son resultado de un acto concreto del que es responsable una persona concreta. Es decir, para teñir este asunto de ideología, sobre la base de tesis no demostradas basadas en un modelo que convierte a todos los hombres en responsables de baja intensidad, en herederos de un pecado original. Es decir, para hacer lo mismo que hace la autora en esas frases que he entresacado, para convertir a 700 asesinos en 700 asesinos y todos los hombres.

Qué putada, verdad. No caben las dos explicaciones: no puede indignarse la autora porque no se llame a las cosas por su nombre, para después incurrir ella en lo mismo que denuncia, en que esos sujetos de ese “drama repugnante” ya no sean personas concretas, numerables, sino “hombres”, ese universal que nos incluye a usted y a mí, estimado lector.

Sí, es injusto que se diluyan esos crímenes bajo etiquetas como “violencia de género”. También lo es que esa dilución, que esa causa genérica, sirva para meternos en ella a todos, a los autores y a los que simplemente hemos nacido machos humanos. 

Digamos que sospecho que Cristina Fallarás ha intentado un ventajismo al cuadrado por negligencia temeraria. Puede, no obstante, que me equivoque y que ella comparta conmigo que a todos los ciudadanos se les debe aplicar la ley por igual, con independencia de su sexo, y que las mismas conductas deben recibir las mismas sanciones. 

Nah. Seguro que no.

 

En 1986 nació Izquierda Unida. La formaron (con diferente peso, claro) el Partido Comunista de España (PCE), el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), el Partido de Acción Socialista (PASOC), Izquierda Republicana (IR), la Federación Progresista (FP), el Partido Humanista y el Partido Carlista. Más tarde se une el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y el Colectivo de Unidad de los Trabajadores-Bloque Andaluz de Izquierdas (CUT-BAI) y unos “independientes” sobre los que no digo nada para no liar el asunto.

Poco después el Partido Humanista fue expulsado por no sé que rollos sectarios (sectarios de los otros), la Federación Progresista cometió seppuku y los carlistas hicieron lo de costumbre, continuar con su imparable ascenso hacia la nada. Los del PCPE, más consecuentes, también desparecieron, pero dentro del PCE.

Mientras tanto, el PSUC, que formaba parte de IU, pero que tenía su propia coalicióin catalana (Unió de l’Esquerra Catalana), formada junto con la Entesa dels Nacionalistes d’Esquerra, decidieron crear con un tercer partido, el Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC) una federación llamada Iniciativa per Catalunya. Al poco, algunos de los que mandaban en el PCC, unidos a otros que mandaban (es un decir, no sé qué había que mandar) en Bandera Roja (BR) y en el Partit del Treball de Catalunya (PTC-UC) se metieron de golpe en el PSUC y los que quedaban en el PCC se cabrearon y se fueron de IC. Y, visto lo visto, los del PSUC pensaron que lo mejor era autodisolverse en IC y fueron haciéndolo. Algo parecido, con el apoyo de Antonio Gutiérrez, el mandamás de CCOO entonces, intentaron en IU algunos del PCE y el PASOC, pero se votó que no y se continuó con la sopa de letras.

Durante los años 90 hubo algún episodio singular, como la coalición de los de IU en Canarias con unos nacionalistas de allí, o las movidas entre los comunistas (que seguían siendo el núcleo duro) y unos llamados Nueva Izquierda que eran como más cool y modernos cuales socialdemócratas (había peña conocida entre ellos) o unos tipos llamados Izquierda Alternativa que como venían de la Liga Comunista Revolucionaria (no me digan como aparecen aquí sin haber sido citados antes) supongo que eran más rojos y revolucionarios. Los de Nueva Izquierda pronto harían su partido, el Partido Democrático de la Nueva Izquierda

A todo esto, los de IC se habían unido a Els Verds – Confederació Ecologista de Catalunya, nacida de la fusión de Els Verds, Moviment d’Esquerra Nacionalista (MEN), Alternativa Verda – Moviment Ecologista de Catalunya (AV-MEC) y Alternativa Ecologista de Catalunya (AEC), y esta coalición funcionó bien hasta que se montó un pollo de cojones en una asamblea en 1998 que produjo una ruptura de la que, en suceso casi mitológico, nacerían varios partidos y movimientos ecologistas, Els Verds – Opció Verda, Els Verds – Esquerra Ecologista, Els Verds – Alternativa Verda y Els Verds – Ecopacifistas, algunos de los cuales se presentarían en coalición con ERC.

Habíamos dejado a los de IU con algunas corrientes telúricas. Sigamos. A finales de los 90, los gallegos de IU se coaligaron con los del Partido Democrático de la Nueva Izquierda (que por cierto terminarían en el PSOE). Los del Partido este terminarían expulsados de IU y los gallegos se escindieron. Los que habían pactado con los cool terminarían formando Esquerda de Galicia, un invento que duró poco. También algunos de IC decidieron que estaban mejor en IU y crearon el PSUC viu, que se coaligaría, dentro de IU, con otros partidos [Partit dels Comunistes de Catalunya (PCC) -sí, los de antes, que, por cierto, se habían metido en IC por segunda vez y se habían vuelto a pirar-, Partit d'Acció Socialista de Catalunya (PASOC), Col·lectiu per una Esquerra Alternativa y Partido Obrero Revolucionario (POR)] con el nombre Esquerra Unida i Alternativa (EUiA).

En 1998 el Partido Obrero Revolucionario (POR), la sección española de la Unidad Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Izquierda Revolucionaria (PRT-IR) y Nuevo Claridad (partido esencial habida cuenta el follón de siglas) se unen a IU también.

Por otra parte, en esos últimos noventa y primero del dos mil, como los de IU tenían a los de EUiA, los de IC no iban coaligados con los de IU en Cataluña. También en Cantabria los de IU (los mandamases) se piraron y formaron la Izquierda Democrática Cántabra (IDCAN), una peña muy cercana al PSOE.

Entonces aparece Gaspar Llamazares que, con algunas broncas con Frutos, jefazo del PCE, consiguió juntar IU con IC, que se había recuperado de varios años de broncas, escisiones y disoluciones varias. A partir de ese momento, los de IU y los de IC se coaligan, y van incluyendo en algunas elecciones a otros partidos, como el Bloque por Asturies (BA) o los Socialistas Independientes de Extremadura (SIEX), Izquierda republicana, la Red Verde, los Verdes de Asturias, el Bloque Regeneración de Cantabria, Aralar, la Unión Demócrata Ceutí, el Bloc Nacionalista Valencià, Izquierda Republicana, el Partit Socialista de Mallorca-Entesa Nacionalista, Esquerra Republicana de Catalunya y la Coalición por Melilla. También hay alguna corriente díscola como Corriente Roja y en Valencia se formó un lío descomunal con unos que habían constituido un partido llamado Iniciativa del Poble Valencià (IdPV) que terminó pirándose y que luego formaría parte de Compromís.

En 2009 IU e IC intentaron eso de refundar la izquierda y a fe que iba haciendo falta, visto lo visto. Por desgracia para los que queremos entender algo del asunto, se ha conseguido a medias. IU, que es una coalición, e IC, que es otra se han unido a Izquierda Republicana, Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), Chunta Aragonesista (CHA), Socialistas Independientes de Extremadura (SIEX), Batzarre, Los Verdes, Gira Madrid-Los Verdes (GM-LV), Els Verds del País Valencià (EVPV), Els Verds – Opció Verda (EV-OP), Canarias por la Izquierda, Iniciativa por El Hierro (IpH) y el Partido Democrático y Social de Ceuta (PDSC) para formar la megahipersupercoalición Izquierda Plural.

Supongo que ahora lo tendrán más claro y que, sobre todo, les habrá tranquilizado esta evidente capacidad de la izquierda más representativa a la izquierda del PSOE para ir construyendo una alternativa cada vez mayor, con principios fuertes, sin personalismos y fácil de comprender para el ciudadano.

Y además es bonita esa capacidad para generar lugares y oportunidades en los que votar y votar y participar y participar. Estoy por federarme yo también con ellos, mediante el PdrReta, una vez limpiado de elementos espurios (estoy hasta los huevos del otro).

Vamos, que democracia es que en España apliquemos la ley de Canadá. ¿Y por qué no la de Estados Unidos? ¿O la de Francia? ¿O la de Alemania? O, ya puestos ¿por qué no la española?

Hace un par de días ha escandalizado que Ada Colau se convirtiese en una “gorda” para un periodista. El apelativo además se suponía que era el corolario de un pseudoargumento racional: cómo se atreve a hablar de hambre en España una señora más bien rolliza -Rojo, un hombre conocido por la finura de sus ironías, dixit. Curiosa manera de pensar: cómo si no pudiera un rico denunciar que hay mucha pobreza en el mundo. Pronto salieron de paseo los tópicos habituales. Entre ellos, naturalmente, los biográficos. Y no me refiero a los cambios metabólicos de Colau, sino a su propia historia con los adjetivos. Ada Colau es muy faltona, aunque hay que admitir que las injurias siempre hay que verlas con el cristal local y, bien en serio lo digo, es mucho peor en España que te llamen gordo a que te llamen asesino. Hemos hecho realidad el mundo de Thomas de Quincey y al no dar importancia que se llame asesinos y terroristas a unos que no han sido ni condenados ni acusados de serlo, hemos terminado por llamar gorda a una señora. De ahí que nuestros queridos izquierdistas, siempre tan preocupados por la coherencia y la tradición, hayan puesto el grito en el cielo. Los imagino por los pasillos de sus casas, gritando enfurecidos que es intolerable que se confundan libertad y libertinaje.

Hay, no obstante, una parte divertida de esto. Vean la noticia que hoy publica El Mundo. Y sobre todo esta frase maravillosa:

Sin embargo, el personaje en cuestión merece un capítulo aparte. Su foto debería aparecer en todos los diccionarios junto a la palabra desagradable. Cabeza pequeña, cuerpo inmenso, déspota, reloj y cadena de oro.

Claro, pensará Jacobo G. García, con el cerdo cabrón este que “obligaba” a “jovencitas” a “tener sexo con sus 150 kilos de grasa” no hay problema. Esa bestia inicua (que debiera estar en un zoo) es hombre, político, mejicano (ergo me pilla lejos) y tiene todos los rasgos visibles de lo desagradable: cabeza pequeña, cuerpo inmenso, reloj, cadena de oro y -pásmense- “déspota”. Y es que, ¿quién al ver su foto no tendría claro que es un déspota?

Seguro que Ada Colau piensa lo mismo.

Me divierte mucho ver las reacciones y las interpretaciones a la excelente sentencia del Tribunal Constitucional sobre la autocoronación napoleónica catalana. De repente, a un montón de gente le ha dado un ataque de kremlinología o de postestructuralismo y se han puesto a “deconstruir” lo obvio. Lo más asombroso del asunto es que lo obvio es tan obvio que al final la realidad se impondrá como el hueso del jamón que es. La secesión catalana solo cabe por dos caminos divididos por un océano: o la reforma constitucional previa con disolución de las Cortes, mayorías reforzadas y referéndum nacional o el salto al vacío ilegal. No habrá nadie, nadie, nadie, nadie, serio, que diga otra cosa. Esto es lo que dice el Tribunal Constitucional.

Así, a los que lo critican por señalar el camino para la secesión catalana, manifestando que es innecesario y superfluo, basta con recordarles que también es función del Tribunal Constitucional, como máximo órgano intérprete de la Constitución, la de dictar sus resoluciones motivándolas y explicando que la Constitución es fundamentalmente una regla suprema para la convivencia y la paz y que, por tanto, puede modificarse en cualquier sentido que se nos pueda ocurrir siempre que se respeten sus propias reglas. Es importante saberlo, porque hay quien, aun diciendo que sí, piensa que no, y que hay cosas intocables, cuasidivinas. Con un poco de suerte, en un tiempo que yo desearía corto, nuestra Constituación se tendrá que autodegradar, a través de una reforma que la convertirá en algo parecido a un Estatuto de Autonomía. Cuando eso suceda, la España soberana y la soberanía del pueblo español habrán desaparecido.

En cuanto a los que hablan de que existen caminos intermedios (como una consulta a través de la vía del artículo 92 de la Constitución), se olvidan de que carece de sentido sondear a una parte de los españoles, aunque esa votación se suponga que tiene simple carácter consultivo, para saber formalmente su “opinión”, si su “opinión” es inconstitucional. España es una democracia y nuestra Constitución es una constitución democrática. Saltársela para que se formalice (o al menos se visualice) una voluntad popular “informe” es volver al momento previo, predemocrático, de puro poder. Y esto solo es admisible precisamente demostrando que la Constitución o la ley fundamental en cuestión no es democrática. Más aún, el Tribunal Constitucional lo dice claramente: solo hay un camino para que pueda hablarse de soberanía del pueblo catalán, la reforma previa. Hay un orden y ese orden hay que respetarlo y hay un orden con puertas que se abren o se cierran. Si alguna de ellas se cierra, termina el proceso dentro de la ley.

Y este, el del salto predemocrático, es el otro camino. Al margen de los riesgos -enormes- y de los perjuicios seguros, este camino es por definición ilegal. Puede convertirse o no en una asonada, pero se basa en la ruptura radical con la ley, también con la que ha dado forma a las instituciones catalanas que ahora andan jugando con fuego. Por eso son tan risibles los argumentos de algunos de los partidarios de la secesión que han querido ver en la sentencia un camino transitable hacia lo que llaman “derecho a decidir”. No porque no exista, sino precisamente porque el único camino admisible se basa en postulados que contradicen absolutamente los suyos. Cada palabra elogiosa hacia la sentencia es una descalificación de su discurso. Pueden, naturalmente, intentar ocultarlo con la verborrea habitual, pero es un trabajo imposible, destinado a la melancolía.

La única reacción coherente ha sido precisamente la de quienes niegan al Tribunal Constitucional toda legitimidad. Son coherentes con su ensimismada naturaleza asamblearia y utilizarán las instituciones catalanas mientras no las vean como traidoras a la causa. Porque en cuanto vean que flaquean las calificarán de instituciones españolas, impuestas por una constitución extranjera y negarán que representen al auténtico pueblo catalán. Ignoro cuánta gente de verdad está por jugárselo todo por los objetos inanimados que tanto emocionan a muchos y por esos “golems” a los que hacen bailar, cantar y declamar. Siempre he sospechado que son menos de los que creemos y que simplemente coquetean con los símbolos mientras su vida no se haga más dura. No obstante, si me equivoco, nada de eso cambia el análisis: tendrán que salir fuera, más allá de la ley, y rogar que entre ellos haya gente que sepa lo que hace y que tenga capacidad para llevarlos a la tierra prometida.

Yo de momento no los veo, pero claro, dirán, qué sé yo de Cataluña, si no soy catalán.

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