El Senado

 

El número de senadores en España varía según varía la población. Hay un número fijo (225, 4 por provincia peninsular, 4 por Ceuta y Melilla y 16 por las provincias insulares, además de 17 por las autonomías) y luego hay una parte que varía, son los senadores que corresponden a cada Comunidad Autónoma por cada millón de habitantes.

Por esta razón, el número ha variado incluso dentro de una legislatura, ya que las Comunidades Autónomas se fueron constituyendo y eligiendo sus parlamentos en fechas sucesivas.

Dicho esto, resulta que:

1.- En la primera legislatura tras la Constitución, UCD tuvo mayoría absoluta en el Senado.

2.- En la segunda legislatura, el PSOE tuvo mayoría absoluta.

3.- En la tercera legislatura, el PSOE tuvo mayoría absoluta.

4.- En la cuarta legislatura, el PSOE tuvo mayoría absoluta.

5.- En la quinta legislatura, nadie tenía mayoría absoluta, aunque el PSOE tuvo más senadores que el PP, y con el apoyo de los grupos nacionalistas en la práctica contaba con mayoría absoluta.

6.- En la sexta legislatura, el PP tuvo mayoría absoluta.

7.- En la séptima legislatura, el PP tuvo mayoría absoluta.

8.- En la octava legislatura, el PP se quedó muy cerca de la mayoría absoluta, pero todos los demás grupos le dieron la presidencia del Senado a Javier Rojo, senador socialista. Esa fue la tónica de la legislatura.

9.- En la novena legislatura, nuevamente el PP se quedó cerca de la mayoría absoluta, aunque perdió un senador en las elecciones generales. De nuevo todos los demás le dieron la presidencia del Senado a Javier Rojo, senador socialista. Y de nuevo, esa fue la tónica de la legislatura.

10.- En la décima legislatura, el PP tuvo mayoría absoluta.

11.- En la undécima legislatura, el PP ha tenido mayoría absoluta.

En seis de las once legislaturas, el Senado ha estado controlado por el PSOE y sus socios, en una por UCD, en cuatro por el PP.

¿Montado para la hegemonía de derechas? (Nota)

Nota: Pensaba, al ver estos datos, que realmente el Senado siempre ha estado en manos del partido que “controlaba” el Congreso. Hasta esta legislatura que acaba, que se ha visto abortada. El Senado nunca ha importado porque siempre estaba en manos del partido del Gobierno. Esa situación nunca vivida puede entorpecer la capacidad legislativa (retrasándola incluso con cierto filibusterismo) e incluso plantea la exigencia de mayorías absolutas en el Congreso para la aprobación de las leyes. Cómo de importante sea esto, es política ficción, puesto que aún no se ha dado. Al margen del bloqueo constitucional, que, aunque pueda parecer menos importante, ya que de por sí las mayorías en el Congreso son tan exigentes que prácticamente implican el acuerdo de al menos el primero y el segundo partido (hasta ahora), sin embargo podría serlo en el caso de que una coalición de partidos alcanzase en el Congreso las mayorías constitucionales. Con 89 senadores ya hay una minoría de bloqueo en el Senado. En el Congreso hacen falta 117. Una posible reforma de la LOREG para cambiar el sistema de elección de senadores siempre se encontrará con el obstáculo de las circunscripciones y el número fijo de senadores (fijados ambos en la Constitución) y nunca podrá alcanzar la proporcionalidad del Congreso.

 

El orinal debajo de la cama

 

Cuando comparamos otras sociedades con la nuestra, a menudo, las idealizamos, para bien o para mal. Tenemos una clara tendencia a la grandilocuencia y a la exageración. La dirección es lo de menos. Cualquiera sirve para equivocarse. Por eso casi es mejor no hacer comparaciones globales. Por desgracia, es difícil no hacerlas cuando se trata de escoger una dirección en la historia.

En esas ocasiones, los más sensatos, los más perspicaces, suelen quedarse sin bando. La mesura tiene mala prensa en esta patria nuestra, llena de naciones que, extraña mixtura, se dicen diferentes y, sin embargo, solo lo son por el color de una tela, el orden de unos pasos de baile o el nombre de un arbusto. Incluso esos individuos sensatos y perspicaces son típicamente españoles, envueltos en su melancolía y reacios a asociarse con otros, a los que acusarán, con más o menos injusticia, de venderse a las necesidades de la política concreta. A algunos, sin embargo, nos gusta su fracasada buena educación y esa labor que los llevó a etimologizar, a crear el derecho internacional y a defender una prosperidad basada en la iluminación de instituciones y usanzas.

Esos hombres suelen terminar en una frontera, con unas maletas y una enorme añoranza por la tierra llena de polvo que dejan atrás. O los asesina algún desalmado. acusándolos de algún delito fantasmagórico.

Somos adictos a las demostraciones de fuerza sin constancia y, por eso, siempre hay algún Mario que nos destroza después de habernos divertido montados sobre nuestros escudos. Y lo que es peor, los que sobreviven terminan recogiendo cosechas gracias al abono de los muertos.

Si la diferencia no es genética (y no puede serlo), la clave tiene que ser cultural, pero ¿cómo importas aquello que impide lo que más amamos? El príncipe de Salina le cuenta, al caballero Chevalley, lo que contestó a unos ingleses que preguntaban por los voluntarios garibaldinos que habían visto en Palermo: They are coming to teach us good manners, but won’t succeed, because we are gods (han venido a enseñarnos buenos modales; pero fracasarán porque somos dioses).

También nosotros somos perfectos. Lo somos incluso cuando decimos justo lo contrario, porque el diagnóstico sale como un exabrupto desde la superioridad moral de los que están solos frente al mundo. Esa imagen que recuerda Fernando Díaz Plaja: toda la plaza aplaude, pero un espectador se levanta y mueve el dedo y la cabeza diciendo que no; ese espectador no duda en enfrentarse a los demás, a esos ignorantes. Valientes y generosos, pero inconstantes. En caso de duda, siempre recordamos la bondad de las conductas que se quedaron grabadas: un “olé tus cojones” o un “genio y figura hasta la sepultura”.

No es extraño que nos cansemos de la moderación. Cuando hay un cataclismo de esos que se clavan en los recuerdos de una generación, hacemos propósito de enmienda, pero basta que las cosas mejoren un poco, un par de buenas cosechas y tres comidas al día, para que empiecen a cansarnos esos modelos afeminados. Volvemos a sacar los pies del tiesto y a jugar con fuego. Porque somos dioses. Hace muchos años escuché en un programa de “La clave”, aquella tertulia en televisión de Balbín, a un catedrático de algo, vasco él, esputar, tras reflexiones sosegadas y hasta inteligentes, que la causa de la envidia de los restantes españoles a los vascos era muy clara: “nos envidian porque comemos mejor”. Los vascos, esos españoles paradigmáticos, también son dioses.

En fin, no hagan caso de mi discurso algo deprimente. Seguramente esté moviendo el dedo de un lado a otro mientras digo: “no, no, no es así”. Y es que son ustedes unos ignorantes que no saben nada de las cosas de la vida y el arte.

 

Machacantes

 

Hay cosas que tiene valor real y otras que solo tienen valor porque se lo damos. Un pato tiene valor real. Haga la prueba: va usted a un parque, a ser posible concurrido, y allí, delante de los niños, dispare contra algún pato, capture la presa y salga a toda prisa corriendo con el botín. Habrá obtenido dos trofeos reales: los lloros horrorizados de los niños y el pato, que podrá, mejor pasados varios días, guisar y consumir. Un billete no tiene valor real. Decimos que vale porque los demás también dicen que vale. De ahí ese puntazo cavernícola que sentimos cuando nos dan, por vez primera, billetes de alguna moneda extranjera. Los miramos con desconfianza, como si nos dieran algo peor que gato por liebre, ya que el gato y la liebre también tienen valor real. Esto pasó incluso con el euro. Los primeros días todo el mundo andaba con cierta tirantez, como si una estafa cósmica se hubiese iniciado y un día fuésemos a descubrir que esos billetes de colores demasiado vivos eran simples estampitas que habían servido para desplumarnos, robándonos nuestras, esas sí, valiosísimas pesetas. Solo hay una excepción: el dólar. Hemos visto en tantas películas lo mucho que valen esos billetes verdes, que aún nos extrañamos cuando en alguna de ellas se produce un intercambio de maletines entre mafiosos o espías internacionales y, al abrir uno de ellos, vemos billetes rosados de quinientos euros. Nuestro yo interior grita en ese momento: ¡imbécil, te están timando con moneda del monopoly!

 

Coartadas

 

Hoy ha escrito Manuel Jabois un artículo sobre mundos imaginarios. No me ha gustado, pero no por la ficción. No pretendo hacer una crítica literaria. No me ha gustado por la incoherencia. Si existe Dios (y aquí ya paso a no saber de qué hablo porque nunca sé de qué me hablan cuando me hablan de “dios”, aunque sea Jabois el que me hable) y es eterno y omnipotente y creador del mundo, imaginar cómo sería un mundo sin él es absurdo. Es como imaginar cómo sería un artículo de Jabois sin Jabois. Así que he de pasar a la segunda posibilidad: Jabois no se imagina un mundo sin Dios sino un mundo sin gente que creyese en Dios.

Cree que ese mundo sería un mundo sin coartadas. Parece un creyente: identificando el origen del mal en las acechanzas del diablo. Porque el diablo no te obliga a hacer el mal, ya que tenemos libre albedrío: el diablo te da la coartada. Jabois cree que Dios (en la versión de este segundo párrafo: la gente que cree en Dios) es el origen de las coartadas, o reduciendo, la coartada única. Pero no. Dios. O la creencia en Dios. O la mala interpretación de su voluntad, en palabras de ese creyente que ajusta su catálogo de lo que es bueno al catálogo de Jabois (que tiene uno, ya que habla del bien y el mal); todos ellos no son fuente de coartadas. Son coartadas. La fuente es la mente de los hombres, su instinto y los discursos poderosos. Lo sería -una coartada- también una corriente desviada del Jaboistismo que dijera que puesto que la creencia en Dios es la coartada de tanto sufrimiento, lo mejor es acabar con los hombres que creen en Dios, porque sabido es que muchos, sin coartada, no delinquirán. Ese discurso, nacido de una interpretación errónea de las enseñanzas de Jabois, también sería una coartada para el mal. Porque él sabría, como lo sabe un creyente pacífico, distinguir entre lo que piensa o cree y el paso siguiente, el de obligar a otro a pensar o creer en lo mismo a golpes o degüellos. Cierto es que tanto el creyente pacífico como Jabois tienen un plan para hacer mejores a los hombres, pero es un plan solo levemente dañino, como todo plan socialdemócrata.

Lo mejor para acabar con el mal no es acabar con las coartadas. Es acabar con los hombres. Sin ellos no hay ni mal ni bien, ni coartadas. Ni jaboististas desviados, porque no habría artículos de Jabois.

 

Un GIL sin caspa

De aquí, extraigo un comentario:

[2] Bueno, hay cosas de las que dice Rosa Díez que no dicen los del Psoe o el Pp. Supongo que es resultado simplemente de que a estos dos el sistema electoral les sirve como está. Así que no llaman antidemócrata a nadie ni cosas por el estilo. Naturalmente, los del PSOE y PP hacen y dicen cosas muy criticables que no hace ni dice Rosa Díez (uso Rosa Díez como equivalente a UPyD porque creo que son lo mismo). Lo que pasa es que esas cosas son resultado del hecho de que gobiernan y manejan presupuestos. UPyD no manda en ninguna parte, así que no pueden presentar eso como un punto a su favor. En cuanto al mensaje, me centro en Rosa Díez por una razón. Podría dedicar mi tiempo a criticar a IU o al PNV, pero es más sencillo decir que no estoy de acuerdo ni con lo que dicen defender, así que no le digo nada si se trata de su comportamiento. No soy comunista, o marxista o anticapitalista; no soy nacionalista, ni creo en el humanismo cristiano. Les hago una enmienda a la totalidad. Pero con UPyD es diferente: ellos afirman defender el racionalismo, el espíritu crítico, la transversalidad, el imperio de la ley, la igualdad de los ciudadanos y otra serie de cosas con las que no estoy en desacuerdo, como principio. Por tanto, yo no voto a IU por lo que opinan, pero sí podría votar a UPyD por lo que se supone defienden. Mi crítica se centra en la distancia entre eso que dicen defender y el lenguaje populista y salvapatrias de Rosa Díez, a la que nadie en su partido osa criticar, y que desmiente que eso que defienden se lleve a la práctica. Es sencillo: si la líder se sobra así y no la critican, por qué he de pensar que, de gobernar, llevarían a cabo su programa. Me temo que entre la racionalidad y la ocurrencia de Rosa Díez, en UPyD se impondrá siempre la ocurrencia. Y sus ocurrencias -las que he copiado hoy, o las que he copiado estos días- me parecen acojonantes. Ya sé que las de Llamazares lo son; le vienen de fábrica. Lo que no sé es si la gente que ve en UPyD una alternativa, gente que creo, estaría en mi “cuerda” intelectual, considera de igual manera las de Rosa Díez, o las deja pasar, precisamente porque piensa que es una opción menos mala.

Por lo demás, lo he dicho ya muchas veces, no me gusta nada el discurso de Rosa Díez. Puedo mostrar ejemplos “objetivos” de por qué, pero admito que puede haber un punto de manía personal. En cualquier caso, siempre espero que alguien me discuta los ejemplos que pongo, pero últimamente no encuentro interlocutor.

Siempre es un error fiar un proyecto político que se pretende racional a una figura carismática o supuestamente carismática.

El líder patrimonializa el movimiento que lo apoya. Y, a menudo, prefiere destruir ese movimiento antes que dejar de dirigirlo.

Lo curioso es que UPyD, casi con absoluta seguridad, tiene mejores cuadros que Ciudadanos (un partido blandiblú en este momento) y lleva años realizando una labor de persecución de la corrupción que ahora puede resultar estéril.

Todo eso se va a perder por el miedo a que la criatura crezca.

Por cierto, a Ciudadanos le puede pasar algo muy parecido. Su éxito tiene un nombre, Albert Rivera, y la democracia de verdad se basa en un sistema de contrapesos, también la de los partidos.

Una de las ventajas de la unión de los dos partidos habría sido, precisamente, la necesidad de introducir cuotas de poder entre los que vendrían de uno y de otro, y eso habría diluido la enorme capacidad de decisión (y de equivocarse) que tienen sus líderes.

También de esto es responsable Rosa Díez y los que la apoyan sin fisuras.

Ciegos y esclavos de la soberbia, les espera, si no rectifican, acabar como espectros que clamarán desde los cementerios contra la corrupción del mundo visible.

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Leo, en El Mundo, que el juez Ruz ha dicho esto y aquello y lo de más allá sobre Bárcenas, la caja B del PP y la Atlántida.

Como no me fío del periódico me dispongo a leer el auto del juez del que sé, naturalmente, que no dice lo que titula el periódico: que el PP tuvo una “caja b”. Lo sé porque el juez no juzga y no puede, por tanto, decir eso.

En fin, veo un enlace del periódico que dice “PDF: Lea el auto del juez Ruz”

AAAA El Mundo

Pincho y sale esto. Tres folios, en vez de los casi doscientos del auto.

Lo que me pregunto es por qué me sigue extrañando que el periódico mienta a sus lectores.

ACTUALIZACIÓN

El link ya linka. Ahora sí se trata del auto.

No lo llames violencia, llámalo “hombres”

 

¿Se habrá dado cuenta Cristina Fallarás de lo que ha hecho en su columna de hoy? Léanla porque sospecho que no, que no se da cuenta.

Dice que se usa la expresión “violencia machista” o “violencia de género” porque “es muy cómodo” y porque lleva “implícita una justificación del acto criminal, una explicación, un estado de cosas” y que hay que cambiar los sujetos y dejar de decir “700 mujeres muertas por violencia de género” y cambiarlo por “700 hombre asesinaron a otras tantas mujeres en la última década”.

¡Excelente idea! Me parece atinadísimo. Que de ahora en adelante se atribuya a cada autor la responsabilidad de sus crímenes. Yo no pido otra cosa, ya que creo en la responsabilidad personal.

Por esa misma razón, no estaría de más que la propia autora se aplicara el cuento y no cayera en lo que denuncia ya que cuando dice  

Parece como si lo hombres no tuvieran mucha importancia en todo este asunto, como si fueran actores secundarios de un drama repugnante. Ahí están, en segundo plano, detrás, fuera de los datos. Mujeres y pasiva. Nada es inocente.

… y cuando añade …

 A las mujeres no las amenaza, atemoriza, esclaviza, etcétera, la “violencia de género”. A las mujeres las matan los hombres. 

… se olvida del número. Sí, los que no son actores secundarios en este drama son unos hombres concretos y no “los hombres” y los que matan a algunas mujeres no son “los hombres”, sino gente con nombre y apellido.

Por eso sospecho que la propia autora no sabe muy bien en qué jardín se ha metido. No se usan esas expresiones porque sea cómodo o para justificar u ocultar un estado de cosas. Qué va. Salvo, en el mejor de los casos, cuando se trata de expresiones meramente descriptivas, se utilizan precisamente para unir causas y efectos, para determinar que esas muertes no son resultado de un acto concreto del que es responsable una persona concreta. Es decir, para teñir este asunto de ideología, sobre la base de tesis no demostradas basadas en un modelo que convierte a todos los hombres en responsables de baja intensidad, en herederos de un pecado original. Es decir, para hacer lo mismo que hace la autora en esas frases que he entresacado, para convertir a 700 asesinos en 700 asesinos y todos los hombres.

Qué putada, verdad. No caben las dos explicaciones: no puede indignarse la autora porque no se llame a las cosas por su nombre, para después incurrir ella en lo mismo que denuncia, en que esos sujetos de ese “drama repugnante” ya no sean personas concretas, numerables, sino “hombres”, ese universal que nos incluye a usted y a mí, estimado lector.

Sí, es injusto que se diluyan esos crímenes bajo etiquetas como “violencia de género”. También lo es que esa dilución, que esa causa genérica, sirva para meternos en ella a todos, a los autores y a los que simplemente hemos nacido machos humanos. 

Digamos que sospecho que Cristina Fallarás ha intentado un ventajismo al cuadrado por negligencia temeraria. Puede, no obstante, que me equivoque y que ella comparta conmigo que a todos los ciudadanos se les debe aplicar la ley por igual, con independencia de su sexo, y que las mismas conductas deben recibir las mismas sanciones. 

Nah. Seguro que no.

 

Teólogos

 

Hay un tipo de gente que vive a la espera de cualquier desgracia para incluirla en su libro de afrentas. Gozan con el mal porque les permite echar en cara a los demás sus momentos de risa y felicidad y porque su labor es equidistante entre la búsqueda de culpas y el plan para un mundo mejor, un mundo en el que el dolor ya no podrá existir por prescripción visionaria. Cuentamiserias les llamo.

Dicen otra cosa, pero se justifican por la fe. Son como teólogos en la muerte.

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton, le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les sucede lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo: “He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe”. Esas cosas les decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron ese discurso lo abandonaron.

A las pocas semanas, los muebles empezaron a afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Además, las paredes del aposento se mancharon de cal y el piso de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. Seguía, sin embargo, escribiendo, pero como persistía en la negación de la caridad, lo trasladaron a un taller subterráneo, donde había otros teólogos como él. Ahí estuvo unos días encarcelado y empezó a dudar de su tesis y le permitieron volver. Su ropa era de cuero sin curtir, pero trató de imaginarse que lo anterior había sido una mera alucinación y continuó elevando la fe y denigrando la caridad. Un atardecer sintió frío. Entonces recorrió la casa y comprobó que los demás aposentos ya no correspondían a los de su habitación en la tierra. Alguno estaba repleto de instrumentos desconocidos; otro se había achicado tanto que era imposible entrar; otro no había cambiado, pero sus ventanas y puertas daban a grandes médanos. La pieza del fondo estaba llena de personas que lo adoraban y que le repetían que ningún teólogo era tan sapiente como él. Esa adoración le agradó, pero como alguna de esas personas no tenía cara y otros parecían muertos, acabó por aborrecerlos y desconfiar. Entonces determinó escribir un elogio de la caridad, pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción.

Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo y éste los engañaba con simulacros de esplendor y serenidad. Apenas las visitas se retiraban, reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes.

Las últimas noticias de Melanchton dicen que el mago y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

(Del libro Arcana coelestia, de Emanuel Swedenborg.)

 

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Este tuit …

… dice que los bancos españoles han recibido cien mil millones. Al respecto, quiero decir que el relato que antes he incluido es de Jorge Luis Borges.

 

 

 

Amos ya, coño

Ayer, como consecuencia de la tarjeta roja mostrada por el turco Cuney Cakir al jugador del Manchester United, Nani, surgió una discusión acerca de si esa entrada, en cuanto “juego peligroso” con contacto era tarjeta roja.

Copio algunos de los tuices en cuestión:

tuit 1
tuit 2
tuit 3
tuit 4

Así que, para aclarar algunas cuestiones he mirado el reglamento de la FIFA y sus reglas de interpretación.

Básicamente pretendía saber hasta qué punto obedecen a un cierta sistemática basada en principios generales sancionatorios, si de haberla es coherente y, luego, aclarar algunas cosas como, por ejemplo: ¿cabe el “juego peligroso” con contacto? y ¿exige la tarjeta roja voluntariedad?

Mis conclusiones son éstas:

En general, parece existir una cierta sistemática, de la que resulta que, en principio, el caso fortuito está excluido de sanción, la conducta imprudente se sanciona con falta y tiro directo o penal (o indirecto si se trata de “juego peligroso” sin contacto), la temeridad se sanciona con tiro directo (o tiro penal) y tarjeta amarilla, y la tarjeta roja sólo se puede aplicar en casos en los que existe voluntariedad.

Veamos de dónde lo deduzco:

Esta materia aparece regulada en la regla 12 del reglamento. En la pág. 34 se dice lo siguiente:

“Tiro libre directo

Se concederá un tiro libre directo al equipo adversario si un jugador comete una de las Siguientes siete infracciones de una manera que el árbitro considere imprudente, temeraria o con el uso de fuerza excesiva:

• dar o intentar dar una patada a un adversario
• poner o intentar poner una zancadilla a un adversario
• saltar sobre un adversario
• cargar sobre un adversario
• golpear o intentar golpear a un adversario
• empujar a un adversario
• realizar una entrada contra un adversario”

Es muy llamativo, por cierto, que se considere tiro directo (o penal si se comete en el área) la tentativa de agresión.

Como vemos, la conducta ha de ser imprudente, temeraria o con uso de fuerza excesiva. En mi opinión “uso de fuerza excesiva” se refiere a una conducta siempre voluntaria. Resulta a contrario de lo que la propia norma establece en su Hoja 112:

Manera imprudente, temeraria o con uso de fuerza excesiva:

“Imprudente” significa que el jugador muestra falta de atención o consideración al jugar contra un adversario, o que actúa sin precaución.

• No será necesaria una sanción disciplinaria adicional si la falta se considera imprudente.

“Temeraria” significa que el jugador realiza la acción sin tener en cuenta el riesgo o las consecuencias para su adversario.

• Un jugador que actúa de manera temeraria deberá ser amonestado.

“Con uso de fuerza excesiva” significa que el jugador se excede en la fuerza empleada, corriendo el riesgo de lesionar a su adversario.

• Un jugador que emplee fuerza excesiva deberá ser expulsado.

Como vemos, imprudencia equivale a nuestro concepto jurídico. Se trata de una actitud culposa, de falta de cuidado. Temerario equivale a nuestro “dolo eventual” y exige algo más que falta de cuidado: se trata de una acción en la que el jugador ignora el riesgo para él o su adversario. A contrario, y puesto que vamos de menos a más en el grado de culpabilidad, no puede sostenerse que “uso de la fuerza excesivo” implique menos que “imprudente” o “temerario”. En mi opinión -aunque con técnica no muy depurada- la norma castiga un acometimiento voluntario que puede lesionar a un contrario. Otra interpretación me parece simplemente absurda.

Veamos otros de los puntos planteados por @percivalesco y @kalakahua, si el juego peligroso sin contacto se castiga con tarjeta amarilla y si cabe “juego peligroso” con contacto o no.

Ambos están equivocados.

En la página 35 de las normas se dice:

Se concederá asimismo un tiro libre indirecto al equipo adversario si un jugador, en opinión del árbitro:

• juega de forma peligrosa

Esto parece dar la razón a @kalakahua ya que la sanción es tiro libre indirecto, por lo que parece limitar el juego peligroso a una acción sin contacto físico.

Sin embargo, en la pág. 117 de las normas de la FIFA (son las disposiciones interpretativas) se dice:

Jugar de forma peligrosa

Jugar de forma peligrosa consiste en que un jugador, al tratar de jugar el balón, ponga en peligro a alguien (incluso a sí mismo). Esta acción se comete con un adversario cerca e impide que este juegue el balón por miedo a lesionarse.

Están permitidas jugadas de “chilena” o “tijeras”, siempre que, en opinión del árbitro, no constituyan ningún peligro para el adversario.
Jugar de forma peligrosa no implica necesariamente un contacto físico entre los jugadores. Si se produce un contacto físico, la acción pasa a ser una infracción sancionable con un tiro libre directo o un tiro penal. En caso de contacto físico, el árbitro deberá considerar detenidamente la gran probabilidad de que se haya cometido igualmente un acto de conducta antideportiva.

Medidas disciplinarias:

• Si el jugador juega de forma peligrosa en un duelo “normal”, el árbitro no tomará ninguna medida disciplinaria. Si la acción se realiza con obvio riesgo de lesión, el árbitro amonestará al jugador.

Como puede observarse, expresamente prevé la norma juego peligroso con contacto, sólo que la sanciona con tiro libre directo o tiro penal. En cuanto a la objeción de @percivalesco de que “juego peligroso sin contacto es amarilla” y, por tanto, con contacto es roja, se equivoca. La norma lo que dice es que, sin contacto, es indirecto, con contacto es tiro directo o tiro penal, y específicamente que, en este caso, puede que haya un acto de conducta antideportiva, añadiendo a continuación que si se produce en un “duelo normal” no habrá amonestación y si se hace con “obvio riesgo de lesión” el árbitro amonestará al jugador.

Es decir, aunque haya juego peligroso “con contacto”, ni siquiera en ese caso, si se trata de un lance normal y sin riesgo de lesión, la tarjeta amarilla es obligatoria. Si en un caso así, con contacto, la amonestación no es obligatoria ¿cómo va a serlo sin contacto?

Más aún, en la pág. 36 de las normas de la FIFA se dice:

Un jugador será amonestado y se le mostrará la tarjeta amarilla si comete una de las siguientes siete infracciones:

• ser culpable de conducta antideportiva

Es evidente que para un supuesto como el expresamente señalado: juego peligroso con contacto con riesgo de lesión, la norma castiga con amonestación.

Más claro, aún, aparece en la pág. 118:

Amonestaciones por conducta antideportiva.

Existen diferentes circunstancias en las cuales se amonestará a un jugador por conducta antideportiva; por ejemplo, si el jugador:

• comete de forma temeraria una de las siete infracciones sancionables con un tiro libre directo

Termino. Para que fuera tarjeta roja, sería preciso que, como dice la pág. 37 …

Infracciones sancionables con una expulsión

Un jugador, un sustituto o un jugador sustituido será expulsado si comete una de las siguientes siete infracciones:

• ser culpable de juego brusco grave.
• ser culpable de conducta violenta (…)

Dejemos de lado la conducta violenta, que se produce con un contrario o un espectador o el árbitro sin balón en disputa. Hablemos del juego brusco grave.

La pág. 121 dice que:

Juego brusco grave

Un jugador será culpable de juego brusco grave si emplea fuerza excesiva o brutalidad contra su adversario en el momento de disputar el balón en juego.

Una entrada que ponga en peligro la integridad física de un adversario deberá ser sancionada como juego brusco grave.

Todo jugador que arremeta contra un adversario en la disputa del balón de frente, por un lado o por detrás, utilizando una o ambas piernas con fuerza excesiva y poniendo en peligro la integridad física del adversario, será culpable de juego brusco grave.

(…)

Se expulsará a todo jugador culpable de juego brusco grave, …

¿Qué sucede?, que esta norma no se puede interpretar sin considerar la voluntariedad. El acometimiento ha de ser voluntario, sabiendo que allí está el jugador contrario. Lo sabemos porque una conducta similar realizada temerariamente sólo recibe una amonestación.

Al final se trata de saber si el jugador del Manchester United vio o no al jugador del Real Madrid a tiempo de apartarse. Es decir, una cuestión de opinión. Lo que yo decía desde el principio. Yo creo que no lo vio a tiempo (en la toma primera se ve como sigue el balón con la mirada cuando ya está en el aire con la pierna estirada); pero es igual. Eso no es lo más importante. Lo más importante es que las normas hay que leerlas en su integridad e interpretarlas en su conjunto, para no caer en lecturas interesadas y literales contrarias a su propia lógica y espíritu.

Y que no, el Reglamento no dice lo que decían que decía.

ACTUALIZACIÓN

Hay algo que apunta Silvia y que me parece importante. Lo que sí podía haber hecho el árbitro es sacar primero tarjeta amarilla y luego sacar la roja por doble amonestación.

En la página 117 de las normas FIFa se dice que es susceptible de amonestación el jugador que:

• intenta engañar al árbitro simulando una lesión o pretendiendo haber sido objeto de infracción (simulación)

Se trata de dos acciones diferentes y consecutivas (no se estaría castigando dos veces la misma acción). Doble amarilla y, por tanto, expulsión, si el árbitro considera que está simulando una lesión (cosa que parece evidente).

Appellavitque Adam nominibus suis cuncta pecora et universa volatilia caeli et omnes bestias agri

Internet es divertido. ¡Y útil! Estaba mirando una cosa en un periódico cuando me he acordado de algo que me ha llevado a otro periódico y de ahí a un blog y de ahí a un tipo que dice que es “apatheist”. Aunque me he imaginado por dónde iban los tiros, he buscado y me he encontrado con los apateos, pero lo mejor no es eso, sino que entre los agnósticos fuertes, los teístas sin fronteras y los creyentes hiperactivos, me he topado con los ignósticos.

Y ya ven, casi cincuenta años más tarde, he descubierto que, gracias a Dios, mi enfermedad tiene nombre.

Bueno, casi. Porque, eso de que el ignóstico espera, me ha cortado un poco el rollo. Yo no espero nada. Y menos definiciones de sprtunys, fognjuian o dios.

No obstante, mola. Es como ser un 1% de groupie.