Las pruebas, esa cosa machista

 

En el mismo periódico (llamémoslo así) en el que se publica el artículo vomitivo que comento en la entrada anterior, se ha publicado esto de Lidia Falcón, licenciada en Derecho y candidata a inquisidor.

Les voy a mostrar solo algunas perlas:

Se ha filtrado el borrador del Pacto de Estado Contra la Violencia de Género (como le llaman) (…)  No he leído las 70 u 80 páginas que llenan las 200 medidas, porque me parece que a mi edad no me lo merezco. (…) Pero tampoco las leerán los fiscales ni los jueces ni los policías ni las asistentes sociales ni los psicólogos ni los forenses a los que conciernen, porque eso es ilegible.

La señora Falcón sabe que algo que no ha leído es ilegible.

Como también que ahora se enterarán de que una mujer es víctima de maltrato sin necesidad de que vaya a la policía a denunciar, cosa que por lo visto hasta hoy no sucedía. Porque ¡tantas técnicas de igualdad, asistentes sociales, policías municipales, médicos, forenses, psiquiatras, y otros profesionales ad hoc, que pagamos, eran incapaces de saber que la mujer que acudía a su consulta con un ojo morado o un brazo roto no se había dado un golpe con una puerta o caído por la escalera!.

La señora Falcón ignora u oculta que todos esos funcionarios que menciona están obligados a dar parte al juez si observan indicios en la comisión de delitos (por ejemplo, porque una mujer presenta lesiones), y que de lo que se está hablando es de qué requisitos se han de cumplir para acreditar la posible existencia de una situación de maltrato a los exclusivos efectos de acceder a determinadas ayudas y servicios.

Todavía ni siquiera se han puesto de acuerdo en retirar el régimen de visitas, la custodia y la patria potestad de los desgraciados menores sometidos al poder omnímodo de machos maltratadores, violadores y asesinos, porque se deben seguir preservando los privilegios del patriarca.

“Machos maltratadores, violadores y asesinos”. Moderada, la articulista en el uso de las conjunciones copulativas.

Me repito, ¿era necesario escribir 200 párrafos de mala literatura para describir las desgracias de las mujeres …

Veremos enseguida que no es necesario. Que estos que están…

… fingiendo que se preocupaban mucho de la situación de la mujer y de la infancia.

… no se preocupan de los datos que maneja la señora Falcón con tanta soltura. Datos conforme a los cuales en los últimos siete meses, en España, se ha “… maltratado a millones  …” de mujeres porque “... cálculos internacionales...” afirman que solo denuncia el 10% de las víctimas reales. Naturalmente, todos sabemos quiénes son los culpables: la OTAN, el Ejército, los bancos, la Iglesia católica, las grandes corporaciones que significan “el mercado” y las Casas Reales, porque …

“… el Estado es un eufemismo que encubre a los partidos que gobiernan, y que como decía Marx [ese gran feminista], es el consejo de administración de El Capital.”

Ya sabemos que El Capital usa  una “maraña de legalismos y constitucionalismos“, pero es aún peor en el caso de la violencia contra la mujer, porque hacer lo correcto sería barato. Sí:

“… disponer de una ley que obligue al acusado a demostrar su inocencia y exonere a la víctima de aportar las pruebas, que ordene la detención y prisión de los maltratadores y los obligue a cumplir íntegras las penas, no cuesta dinero, no pone en dificultades al Capitalismo y apenas le da una patada al Patriarcado.”

Lo han leído bien: una ley que obligue al acusado a demostrar su inocencia. Quizás con una ordalía: echamos al puto machista de mierda al agua con unos pesos atados a las piernas y si flota es inocente.

No, no crean que se ha equivocado la articulista y ha escrito inocencia donde quería poner culpabilidad:

Como tampoco están dispuestos, ni dispuestas, a introducir la inversión de la carga de la prueba, no vaya a ser que los buenos y pobrecitos hombres sean acusados falsamente por las malvadas mujeres.

Los “buenos y pobrecitos”. Estupenda ironía: ya sabemos que todos los hombres acusados son culpables. Lo que me pregunto es cómo Falcón, tan generosa ella, admite que demuestren su inocencia. ¡Es imposible que ningún hombre sea inocente! ¡Es imposible que ninguna mujer acuse en falso! Nada de invertir la carga de la prueba: ahorremos. Que la denuncia se convierta en sentencia.

Y así seguimos. Personas con un discurso tan totalitario publican impune y alegremente. No hay problema: como están en el lado “correcto” de la historia, pueden vomitar una basura así sin pestañear. Total, quien las critique solo será un machista, un violador y un asesino. Algo que va de suyo y que no necesitan demostrar, claro.

 

Si compras esto, estás enfermo

 

Lo más pavoroso de este artículo es que su autor estará convencido de que dice mil verdades. Verdades como puños. Que no es un tarado haciendo comparaciones infamantes, y afirmaciones que demuestran que no tiene ni puta idea sobre responsabilidad y sucesión hereditaria. Sí, seguro que está convencido de que la verdad y la ética hablan por su boca.

Yo, estimado lector, simplemente le exhorto a que, si cree que algo, no ya la tesis principal —si se puede hablar de eso— de este desperdicio publicado en un periódico español, sino cualquiera de las colaterales que va dejando caer su perpetrador, es admisible, realice una profunda reflexión. Quizás esté aún a tiempo de curarse.

Por lo demás, qué joya esto: Lo ha dicho el Instituto Nacional de Estadística: desde el inicio de la presunta crisis económica –por otros llamada fraude– el porcentaje de suicidios en España ha crecido un 20%. Nosotros somos cinco hermanos: me toca uno. ¿Cómo me va a entristecer el suicidio cobarde de Miguel Blesa?

Y no tanto porque la afirmación sea falsa (para hacerla auténtica hay que torturar los datos, usando 2007 como punto de partida de la crisis y terminar en 2014, el año con mayor número de suicidios; si, por ejemplo, usamos 2008 y 2015 —los últimos publicados— el aumento de suicidios entre uno y otro año es de un 4,03% —3457 suicidios en 2008 y 3602 en 2015—), sino porque demuestra cómo razona el articulista. ¿Cómo vamos a tomar en serio nada de lo que opine alguien que afirma que un aumento de un 20% en el número de suicidios en España supone que haya nueve millones más de suicidas?

Y esa, sin embargo, es la menos necia de sus afirmaciones.

 

El respeto escrupuloso por la ley

 

He estado escuchando unas declaraciones de Pedro Sánchez en las que dice, resumidamente, que si la política consistiese solo en el respeto escrupuloso a la ley, gobernarían los jueces y no los políticos. Estas declaraciones las efectúa después de manifestar que, naturalmente, va de suyo que hay que respetar escrupulosamente la ley.

Como ven, la frase en sí parece irreprochable.

Sin embargo, démosle una vuelta. Imaginemos una frase que parece a simple vista mucho más escandalosa: “la política consiste solo en el respeto escrupuloso a la ley”. Si esta frase se sostiene, esto indica que la contraria puede presentar algún fallo (y quizás empezar a indicarnos cuál es ese fallo). Lo interesante es que, analizada, la frase que propongo se sostiene sin problema alguno. Eso sí, para ello es preciso saber en qué consiste respetar escrupulosamente la ley. Y ahí está la cuestión. Parto —no debiera ser preciso explicarlo, pero en los tiempos que corren no queda otra— de la única ley que merece ese nombre: la ley democrática.

Hay un prejuicio muy extendido: la ley, en el mejor de los casos, es un obstáculo justificado. Una especie de freno a la libertad individual y al cambio. No quiero meterme en ciertos jardines (por eso dejo para otro día explicar por qué me parece un prejuicio). La cuestión es que, en realidad, la ley no es un freno de ningún tipo. También forma parte de la ley (del ordenamiento jurídico en su conjunto) la posibilidad de cambio de la ley y las reglas para que ese cambio sea legal. No solo esto, también forma parte de la ley (en el sentido de que la ley delimita el campo de lo legal —admisible— y lo ilegal —inadmisible—) la propia actividad política. La actividad política puede ser legal o ilegal. Supongo que nadie refutará esto. La actividad política legal —y doy por sentado que es a esto a lo que se refiere Sánchez— es un ejemplo evidente de respeto escrupuloso a la ley.

Más aún, los jueces se encargan de hacer cumplir la ley (tras interpretarla, aplicarla y ejecutar, incluso de forma violenta y forzosa, sus resoluciones) cuando alguien no la cumple o cuando surgen discrepancias sobre su sentido recto. Los jueces son un último recurso del sistema. En un mundo perfecto (es decir, con un ley perfecta, sin ambigüedades, y formado por ciudadanos que voluntariamente cumplen la ley), los jueces estarían todo el día cruzados de brazos. Cumplir escrupulosamente la ley es algo que incumbe a todos. Un lugar en el que la política consiste solo en cumplir escrupulosamente la ley no es un lugar en el que los jueces gobiernan. En realidad, es un lugar fantástico en el que los jueces no tienen ningún trabajo.

La frase de Sánchez, tan irreprochable a primera vista, falla, una vez examinada la proposición contraria.

Sí, la política debería consistir solo en cumplir escrupulosamente la ley. ¿Saben por qué? Porque la ley democrática no es una traba, sino una garantía para los ciudadanos. La ley democrática no fija los contenidos de las políticas posibles, sino sus límites. Límites que, además, pueden cambiar legalmente, siempre que los cambios se efectúen conforme a sus reglas. “Mi” frase es mejor porque es la que establece los límites entre lo que debe y lo que no debe hacerse en política.

Voy a terminar con un acto de soberbia: creo que ese “solo” de la frase hará que muchas personas no estén de acuerdo conmigo y, a la vez, creo que habrá personas que estén de acuerdo conmigo por razones equivocadas.

 

Madama Espanto

 

Ayer fui al el Teatro Real, en teoría a ver y escuchar Madama Butterfly. Un horror infame. Dinero tirado. Además, un niño joputa de nacionalidad francesa estuvo dando por saco todo el rato. Pero no puedo desechar la posibilidad de que el infante solo estuviese defendiéndose de la agresión. Ante una legítima defensa de libro, uno se queda sin argumentos.

Me voy a consolar con música enlatada. Al menos, esto sí es música.

 

Entremeses

 

De esto de Espada, me ha hecho mucha gracia la frase: Leer está al alcance de cualquiera, y leer reseñas y contraportadas, específicamente, al alcance de la izquierda española. (Sobre la derecha nada debe decirse porque está claro que la derecha no lee, y cuando lee es que lee de verdad).

Por lo demás, el discurso de Fernández es correcto. Si a algunos les parece brillante sospecho que es por comparación. Esto explica alguna reacción airada que he visto contra el discurso, por lo demás tan moderado y crepuscular. Espada da en la diana: ¿se imaginan algo similar producido por Pedro Sánchez? Solo menciono al líder del PSOE porque Fernández es algo así como su antecesor.

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Racional, prudente y didáctico, Ignacio Gomá: aquí.

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El artículo 155 debería haberse utilizado ya. Hace al menos dos años que se dan sus supuestos de hecho. No se ha utilizado porque los españoles no tienen interiorizado que hay que respetar la ley siempre. Es así de simple. Hemos comprado todos los principios, nos hemos dado la pátina, pero solo nos separa una generación del hambre, como a Clarice Starling y se nota: nuestro bolso es caro, pero los zapatos nos delatan.

 

 

Papel para envolver pescado

 

Desde hace unos días me he hecho cargo de un asunto penal que está pendiente de juicio. No voy a dar muchos detalles y seguro que ustedes lo comprenden. Sí puedo, sin embargo, hablar de algo más general.

En asuntos de esta naturaleza siempre troceamos el negativo de la vida de unas cuantas personas, construimos un relato y, al hacerlo, empaquetamos aquellos pedazos. Si eres profesional, actúas con cuidado. Hace mucho que no aspiro a buscar la verdad. Hablaba hace poco con un familiar del acusado, hoy preso preventivo, y, ante sus protestas sobre la inocencia y rectitud de este, le explicaba que me daba igual: trabajo con los datos y, con ellos, con la parte que más me conviene, construyo versiones. Intento que resulten coherentes, rocosas, pero a menudo fracaso. Esto es lógico: mis versiones (cuando soy defensor) buscan exculpar y, a veces, son poco compatibles con la sombra de la realidad que llamamos pruebas. En todo caso, incluso en esos momentos en los que esa compatibilidad es muy alta, evito dar el paso de convencerme de que estoy contando la verdad. No todas las personas reaccionan igual cuando les explico esto. Estoy seguro de que muchas se preocupan. Pero es mi forma de ser sincero.

En todo caso, es un trabajo que me gusta. Busco fallos y los encuentro. Busco discordancias y las encuentro. Busco al entusiasta y al literato, y siempre lo encuentro. Estamos infectados por el énfasis y por la literatura. No es extraño que las personas que tienen alguna participación en un hecho criminal —como autores, como testigos, como investigadores— se dediquen a la creación. A veces a la microcreación. Cada vez que lo hacen nos facilitan el trabajo a los abogados, aunque lo ignoren.

También busco mi propio argumento. El argumento que lo será pronto de mi cliente, si me hace caso. Hay también un material de base inventado, un fondo que no utilizas completamente, precisamente para que parezca real. Un elemento esencial es el azar. Incluso el azar debe encajar. También el error. Una buena versión debe incluir pequeños errores inocuos (los demás también buscan mis pequeños fallos, así que es mejor que los cree yo para que, una vez los encuentren, desistan de buscar otros involuntarios).

Llevo pocos días con el asunto que comentaba al principio, pero he disfrutado. He creado una línea de defensa que quizás funcione cuando parecía un caso perdido. Además, tengo un plan B y un plan C. En todos ellos minimizo el daño y son muy potentes.

Los que se preocuparon cuando se encontraron con alguien que identificaron con un cínico, han empezado a olvidarse de si lo soy o no. Empiezan a convertirse voluntariamente en personajes del relato. Se ha abierto el telón y las tablas se han convertido en un plaza de Verona. La obra empieza con una introducción que es una biografía. Para ganarme al público, es preciso que el torpe, y a la vez avieso, criminal se transmute en un pobre hombre trastornado, víctima de décadas de abuso, un fracasado al que condenan las apariencias, hasta que excavas en su pasado y ves que pueden explicarse de otra forma. Si lo consigues es más fácil que compren tu argumentario, esas interpretaciones a veces rebuscadas de artículos o de principios generales.

Les cuento esto por dos razones: en primer lugar, les quería transmitir un esbozo de una de las partes más divertidas de mi trabajo. En Philadelphia, el abogado enfermo de SIDA, Andy Beckett, responde en el juicio que lo mejor de ser abogado es que, muy de vez en cuando, participas en un acto en el que se imparte justicia. Concuerdo: lo mejor de ser abogado es escribir un guión en el que un personaje dice esto y los demás se emocionan. A veces, ese guión parece escribirse solo; pero, aun así, si lo haces bien, termina pareciéndose al toque final del maestro relojero. En esas pocas ocasiones, muy de vez en cuando, eres poderoso.

Hay una segunda razón. Esta misma historia fue contada en un periódico. Casi el mismo día en que sucedieron los hechos. La noticia, tal y como se cuenta —basada en fuentes policiales—, no solo es la peor versión, la más perjudicial para mi cliente (algo quizás lógico), sino que incluye también una gran cantidad de literatura. La periodista no se limita a contar. También inventa. Solo que su invención es grosera. Hace más: especula abiertamente sobre el perfil criminal de alguien de quien no sabe nada, utilizando como argumento precisamente la ignorancia. Esa inmoralidad tan habitual: cuando no sabemos, rellenamos los vacíos, imaginando lo peor. Lo hace, por cierto, dando el nombre y los apellidos del acusado. Estoy absolutamente convencido de que la periodista ni se planteó, al hacerlo, que pudiera estar jodiendo —jodiendo mucho— a alguien con su literatura. Las personas suelen tener familias, amigos, vecinos, conocidos.

Un día quizás pueda mostrar una sentencia y pueda enlazar ese artículo de prensa, para que puedan juzgar. Si llega ese día, y quien tiene que autorizarme me autoriza, cuando enseñe ambos también sabrán ustedes los nombres y los apellidos. Pero no solo del hombre al que aun no han juzgado en un tribunal, aunque en la prensa aparezca como un depravado.

Como verán, no puedo ser más sincero. Ese día, si llega, leerán dos relatos. En uno de ellos habrán trabajado durante meses policías, abogados, fiscales, jueces y médicos. En el otro, habrá trabajado una periodista un par de horas, como mucho. Los dos serán falsos. Pero es seguro que uno de ellos lo será mucho más.

 

No es una consulta: es un referéndum ilegal

 

Leo este artículo de Víctor Lapuente en El País. Es un artículo que imagino gustará a muchas personas que buscan una especie de vía intermedia, equidistante o ecuánime (incluyo lo tres epítetos para que no se piense que prejuzgo) entre la postura secesionista y lo que perciben como inmovilismo del Estado. Por esa misma razón, imagino que es un artículo que desagradará a los secesionistas y a (usemos ese lenguaje) los inmovilistas.

Mi postura es muy clara; no es un secreto. No soy partidario de ningún referéndum de ningún tipo y en ningún ámbito territorial sobre la cuestión pretendida por los secesionistas. No lo soy por razones legales y por razones políticas. No obstante, de superarse las razones legales (constitucionales), solo me quedarían las razones políticas y ahí admito que mi posición puede ser perdedora: cabe que los españoles mayoritariamente admitan alguna fórmula que permita legalmente a los secesionistas plantear la secesión, bien a todos los españoles, bien exclusivamente a los habitantes de algún lugar de España. Me opongo, en consecuencia, a un cambio legal que permita esto, aunque admito naturalmente que existe esa posibilidad y acepto el resultado, siempre que sea constitucional.

Lo que no admito, en ningún caso, por ilegal, inconstitucional y antidemocrático, es un cambio que se base en procedimientos que se vistan como democráticos, pero que no lo sean en la medida en que eluden su regla clave: el respeto a la ley (no estamos en una situación de crisis democrática o en un momento de transición de un régimen no democrático a uno que lo pretenda ser, supuestos en los que podría ser necesario acudir a “estándares” o reglas genéricas). Y ese es el problema de muchas posiciones “intermedias”, que pretenden rebajar las exigencias para encontrar una fórmula que termina siendo una ruptura con el ordenamiento constitucional y, por tanto, con la democracia, y que implica, en la práctica, la concesión a los secesionistas, por vías inadmisibles, de lo que pretenden sustancialmente: la modificación del sujeto constituyente. Estas posturas cortan el nudo gordiano saltándose de forma encubierta la ley. No son peligrosas solo por esa razón; lo son en la medida en que admiten ese procedimiento como forma para la resolución de tensiones. Abierta la veda, ¿por qué no aplicarlo a todo?

Veamos el artículo en la parte que se refiere a esta cuestión.

Para ello, las Cortes Generales deberían permitir, primero, una consulta no vinculante en Cataluña sobre si sus ciudadanos desean un cambio en el modelo territorial o no. En el caso de existir una amplia respuesta afirmativa, se abriría un proceso participativo en el que se verían obligados a posicionarse hasta los más escépticos, como Ciudadanos y el PP.

La propuesta de Víctor Lapuente pasa por ese primer referéndum. Qué problemas veo:

1.- La consulta es un referéndum. No está de más que llamemos a las cosas por su nombre. El hecho de que se plantee como no vinculante no afecta a su naturaleza, ya que la mayoría de los referéndum previstos en la ley (con excepción de los de reforma constitucional y los de aprobación estatutaria) son precisamente no vinculantes.

2.- Un referéndum no vinculante en Cataluña para plantear si sus ciudadanos desean un cambio en el modelo territorial o no es, en mi opinión, ilegal por inconstitucional. En mi opinión y en la opinión del Tribunal Constitucional.

3.- Un referéndum de esa naturaleza reconocería de hecho la existencia de un sujeto soberano formado por los ciudadanos de Cataluña, ya que ellos, con independencia del resto de los españoles, decidirían sobre la apertura de la cuestión territorial. 

4.- Si se me dice que ese referéndum es no vinculante y que por eso no es cierto lo que indico en el punto anterior, simplemente dejo constancia de que “se abriría un proceso participativo en el que se verían obligados a posicionarse hasta los más escépticos, como Ciudadanos y el PP“. El propio articulista admite que ese supuesto carácter no vinculante es una ficción, como ven. De hecho, uno de los argumentos más utilizados para atacar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña es que ya había sido votado por los catalanes y que es distorsionador que se llame al pueblo a referéndum y luego unas élites (llámese a esas élites partidos o tribunales) decidan no someterse a la voluntad popular.

5.- Ese referéndum no solo es de hecho vinculante, sino que plantea un problema de legitimidad. ¿Qué sucede si el resto de los españoles desean no abrir la cuestión territorial y los catalanes sí? No sucede nada si lo evitamos, claro (soy irónico). Véase que el articulista comienza su proceso por un referéndum solo en Cataluña. ¿Por qué no plantea un referéndum en toda España, ya que se puede saber el resultado por comunidades? Yo creo que se referéndum también sería inconstitucional, pero al menos se estaría llamando a todo el pueblo soberano. No voy a juzgar intenciones, pero de hecho, la solución propuesta implica que existe un sujeto soberano independiente en Cataluña, ya que por la simple decisión de los catalanes hay que abrir paso a una reforma constitucional. El conjunto de los españoles no se podría oponer a lo que decide una parte.

6.- Por cierto, si el referéndum lo es sobre sobre si los catalanes “desean un cambio en el modelo territorial o no”, como propone el articulista, ¿cómo interpretamos una respuesta afirmativa? A lo mejor desean un Estado sin autonomías, totalmente centralizado. ¿Cómo lo sabemos? Porque el problema no es de deseos abstractos sino de modelos territoriales. Es una frivolidad preguntar a los ciudadanos sin exponerles con total claridad sobre el modelo que se les pregunta. En ese sentido, un referéndum que plantee si desean un Estado independiente o no, al menos es claro. La pregunta que propone el articulista no es clara, solo es una puerta trasera ilegal para dar por sentado que hay que poner sobre la mesa dos propuestas bien concretas: una que suponga una supuesta “tercera vía” (esa propuesta de relación territorial con Cataluña, que podría incluir un pacto fiscal y algunas delegaciones de competencias) y la simple independencia.

7.- Como vemos, la llamada consulta no vinculante sería un camino para que obligatoriamente las Cortes tuvieran que proponer un cambio de lo que hay. Cambiarlo mediante una reforma constitucional, no nos engañemos. Y que tuvieran que hacerlo porque una parte de los españoles lo deciden, sin que se consulte al resto. Porque de las Cortes no podría salir una “propuesta de relación territorial con Cataluña” que supusiese, por ejemplo, la desaparición de la Comunidad Autónoma de Cataluña, ¿a que no? No, tiene que salir algo en la línea que está ya proponiendo, por mencionar a alguien, el PSOE. Si alguien me dice que suprimir la Comunidad Autonóma de Cataluña es inconstitucional, yo recuerdo que cambiar la Constitución de hecho por una puerta trasera también lo es. ¿O solo podemos jugar a la “ley blanda” en cierta dirección?

8.- Más aún, el referéndum dual (la consulta ya se ha convertido en referéndum) también es inconstitucional. Es curioso que el autor no nos explique si ese referéndum sería vinculante o no. Hay constitucionalistas que admiten que ese referéndum sería válido como referéndum no vinculante. Yo discrepo. En las entradas que antes enlacé explico por qué. Pero lo que es obvio es que como referéndum vinculante sería ilegal. Previamente haría falta una reforma constitucional del 168 CE. ¡Y lo que plantea el articulista es que esta pueda ser una de las preguntas, si abrir o no esa vía! Por tanto, aunque no dicho expresamente, doy por sentado que su postura es la de plantear un referéndum no vinculante. Bien, en tal caso, sería preciso que, tras el referéndum, las Cortes abrieran el proceso de reforma, que se obtuviesen las mayorías exigidas por la Constitución, que se disolviesen las Cortes, que las nuevas aprobasen la reforma y que se sometiese esta a un referéndum, esta vez SÍ vinculante. Imaginemos que el proceso encalla en alguno de esos puntos. Recuérdese que el proceso de reforma constitucional no tiene que referirse exclusivamente a la cuestión territorial. Puede que contemple otras partes de la Constitución; y se vota completa: con un sí o un no. Y recuérdese que hay unas elecciones generales obligatorias. ¿Qué hacemos si por la razón que sea el proceso no llega a su fin? Quien crea que eso supondría una “desactivación” de la opción rupturista es un ingenuo: los catalanes ya habrían votado en referéndum y su opinión se convertiría en vinculante. De hecho los secesionistas buscan esencialmente esto. Una vez admitido que los catalanes pueden abrir el melón territorial, aunque el resto de los españoles no quiera, la posición expresada por el conjunto de los españoles en las urnas de que todo siga igual deviene inadmisible. ¿Quiénes somos para oponernos a lo que ya han expresado en las urnas? De hecho, ya, simplemente por encuestas, manifestaciones, una “consulta” ilegal y sin garantías, y una mayoría absoluta en un parlamento autonómico (sin siquiera mayoría de voto, no ya del censo) los secesionistas hablan en nombre de la “nación catalana”. Y, de hecho, el propio articulista plantea su artículo en clave política: los “inmovilistas” tendrían que hacer concesiones para evitar ese escenario (un escenario que se da precisamente porque el primer paso es consultar a los catalanes).

9.- Ni siquiera los españoles en su conjunto (a través de sus representantes en el Congreso y el Senado, o directamente en referéndum) pueden modificar la Constitución sin cumplir con sus reglas. Un enemigo de la pena de muerte puede legítimamente oponerse a que el Congreso y el Senado o el 51% de los españoles en referéndum puedan aprobar una ley que admita la pena de muerte en tiempo de paz. No solo no hay ninguna razón para que no se pueda cambiar la prohibición de la pena de muerte y sí los artículos de la Constitución sobre su propia reforma, sino que esto sería incluso aún más grave, ya que supone un cambio en el propio sujeto de soberanía.

No aspiro a convencer a nadie. Creo que muchas personas están empeñadas en facilitar un proceso porque creen sinceramente que hay que encontrar un punto intermedio entre los secesionistas y los inmovilistas (sigo admitiendo ese lenguaje; total, también soy inmovilista en la prohibición de la pena de muerte). Como si esos puntos de vista fuesen iguales, cuando uno es ilegal (no hablo de la aspiración, sino del proceso sin reforma constitucional), mientras que el otro se basa en la ley. Yo digo abiertamente que soy contrario a ese proceso y que prefiero hacer todo lo posible para entorpecerlo. Dicho esto —y asumo que no se me crea—, aunque fuese partidario —y vive dios que he sentido la tentación, de lo cansino que es esto— nunca admitiría hacerlo saltándonos la ley, torciendo la ley, cometiendo un fraude de ley.

Y esta es la clave. Solo hay un camino. La reforma constitucional. Que los partidos favorables la incluyan en sus propuestas políticas. Que se abra una comisión constitucional si hay mayorías. Que se vote un texto concreto. Que se alcancen las mayorías constitucionales en votación. Que se disuelvan las Cortes. Que se vote la reforma. Y si sale que sí y es constitucional, que se vote la secesión.

Ese orden no es baladí. Ese orden es el que decidieron los españoles al aprobar la Constitución.

Ese orden es el que yo reclamo. Yo, individualmente, como ciudadano. Es mi derecho. Y aunque estén en contra todos los demás españoles. A ver si así se entiende.

¿Tus padres, qué tal?

 

Soy la hostia. Y no sé si para bien o para mal. Siempre estoy en babia y la vida personal de los que me rodean es terra incognita. A veces, cuando caigo en ello, me obligo a interesarme. Otras veces son los demás los que deciden convertirme en confidente, y me parece bien, no porque mis consejos sean especialmente útiles, que no lo sé, sino porque es difícil que sea indiscreto. Esto también requiere una explicación, porque no es virtud. Pasa que si no me intereso por la vida de unos es poco probable que comparta esa poca información que obtengo con otros: tampoco me interesa la vida de esos otros. Más aún, es probable que los detalles que me parecen insustanciales (y son tantos) se me terminen olvidando, salvo que los conozca por motivos profesionales y los deba encajar en un relato. Así sucede, que tengo amigos de hace muchos años, personas que me caen muy bien, de los que ignoro casi todo lo que incluiría alguien en una biografía: lugar de nacimiento, estudios, número de hermanos, condición sexual, equipo preferido, estado civil, si tienen hijos o padres o mascotas. Yo qué sé. A veces, hasta el nombre. Sí retengo aspectos secundarios, como sus opiniones políticas, si son ordenados discutiendo, si les gustan los relojes mecánicos o lo que piensan de Dersu Uzala. Me interesan las personas, pero no sus circunstancias. Ya sé que suena muy raro.

Esto es así casi siempre. Con los años me he ido volviendo un poco más “cotilla”, pero es una habilidad para la que no estoy dotado. Por esa razón, tampoco capto las señales. Un día descubro que es posible que alguien se haya enfadado conmigo (y suelo tardar mucho) y me pregunto por qué. Luego, tiempo después, me entero de lo que todo el mundo sabe: esa persona tiene una novia y quizás no fui muy amable con ella. Tal es mi torpeza en estos asuntos que hace poco hice algo totalmente inusual: envié un correo a alguien que me cae muy bien, en quien notaba cierta tirantez, para preguntarle si estaba molesto conmigo por algo. Es una novedad, un avance. Mi yo de siempre habría pasado totalmente del asunto y es mala cosa. Mi mujer se ríe mucho con estas taras: a la media hora de conocer a alguien a quien yo conozco hace años sabe mucho más de su vida de lo que yo habría sabido nunca por mí mismo.

Hoy, mientras venía de visitar a un preso, andaba pensando en las musarañas y he tenido un satori. Reacciones a las que no había prestado atención han encajado. He hecho unas comprobaciones y creo haber descubierto que soy como la mujer de Good bye Lenin. He estado un año en coma. Nadie me ha contado que el comunismo se ha ido a la mierda. Y lo sabe mucha gente.

Los que me lo han ocultado son un poco cabrones, pero, por otro lado, no sé si darles las gracias.  Y, total, no me importará mucho si he tardado un año en darme cuenta.

En fin, que soy la hostia.

 

Mejor lean a Juan Claudio. Es menos deprimente.

 

Al final de este artículo de Juan Claudio de Ramón se habla del mejor abrazo de la historia del cine. Al leerlo, me ha venido inmediatamente al recuerdo la secuencia final de Como un torrente, la extraordinaria película de Vincente Minelli (¡miren cómo cae Shirley MacLaine!):

Luego, he ampliado el foco, y he pensado que no hay abrazo como el abrazo al recién muerto. He pensado si la metáfora de la vida, del alma, que se va, tan ubicua, no es resultado de la percepción del instante en que se produce un cambio de sentido y dejamos de consumir energía para pasar a convertirnos en combustible. Sinatra abraza el frágil y maravilloso organismo disipativo que lleva un conejo por bolso, porque siente que se ha roto. Deja de consumir energía eficientemente y empieza a fundirse con el fondo de la escena.

 

Negroblanco

 

Esta noticia.

Hace tiempo habría gastado más tiempo en esta noticia, para demostrar hasta qué punto la información que se da en los medios (venga, diré en algunos medios) sobre ciertos asuntos es pura manipulación. Pero estoy muy cansado, así que voy a ser muy escueto:

1.- Primera mentira del titular: “Ascensión, la víctima del robo de bebés”. Para ser una víctima tendría que poder demostrar que lo es. Al menos empezar a demostrarlo.

Esto dice la sentencia que resolvió su recurso de apelación:

“La recurrente no ha acreditado, ni tan siquiera de forma mínimamente indiciaria, la adopción ilegal que falsamente y a sabiendas de su inexactitud, o al menos con temerario desprecio a la verdad, atribuye a la perjudicada, por cuanto la apelante a pesar de conocer el expediente de adopción comprobando la verdad mantuvo sus falaces manifestaciones. (…) Es mas en una entrevista en el canal interalmeria transcrita, folio 23, la acusada de manera consciente llego a declarar que todo lo que había dicho previamente lo tenia documentado, habiéndose por tanto representado sin duda la fiabilidad y viabilidad de la información proporcionada.

2.- Segunda mentira del titular: No fue condenada por injurias, sino por calumnias. Es decir, por imputar a otro un delito a sabiendas de su falsedad. Esto es tan importante que, de haber demostrado el ilícito no se la habría condenado.

3.- Tercera mentira del titular: no pagar 43.000 € no aboca a una prisión de cinco meses. Para empezar, para evitar la prisión basta con que pague 3.000 € (es decir la multa). Para que quede claro, la sentencia es de septiembre de 2015 y hablamos de 300 € mensuales durante 10 meses. Han pasado casi dos años desde la sentencia. 

Porque, los 40.000 € restantes son de indemnización. Y esto puede importar a efectos de una posible suspensión de la pena salvo que la condenada sea realmente insolvente. Me pregunto por qué no nos cuentan nada acerca de esto en la noticia. A ver si es que la señora sí tiene patrimonio.

Para seguir, el artículo 53 permite sustituir la responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago (la prisión de 1 día por cada dos días de multa) por trabajos en beneficio de la comunidad. Todo esto al margen de los mil remedios que se prevén en el Código Penal (los hechos además son anteriores a la reforma de 2015) y que se pueden incluso pactar en ejecutoria para evitar el ingreso en prisión, insisto, siempre que hablemos de auténtica insolvencia. No me voy a poner a explicarlo, que esto ya me aburre.

En cuanto a la noticia en sí, me parece una enorme caca. Lean simplemente algunas de las cosas que se dicen en la sentencia de apelación:

“Se declara probado que la acusada Edurne desde el mes de octubre de 2.013, como Presidenta de la Asociación “SOS Bebes robados” de Almería, en el contexto de programas de televisión y entrevistas en prensa realizadas a consecuencia de los supuestos casos y noticias de niños robados y adopciones ilegales, e identificando con nombre y apellidos a Doña Lorena (se trata de la monja), religiosa, Hermana de la Caridad y Presidenta de la Asociación Nuevo Rumbo, ha hecho las siguientes manifestaciones: ” La monja Lorena organizó mi adopción por 250.000 pesetas (La Voz de Almería de fecha 26/10/2013), “Sor Lorena , sobrina de mi padre adoptivo organizó mi adopción por la que se pagó 250.000 ptas.”. “En Sevilla hay varias madres que a rman que Sor Lorena fue la monja que se llevó a sus hijos recién nacidos” (Teleprensa de fecha 25/10/2013); “Es que no existe solamente una Sor Erica , sino que en cada ciudad hay una Sor Erica y es una trama que lleva todos sus tentáculos por todas partes a todos los rincones. Hoy sí puedo decir que Sor Lorena es la monja que organizó mi adopción y por la que se pagaron 250.000 pesetas del 64. Es más, es la persona que sabe quién es mi familia biológica y bueno, pues llevo casi 50 años intentado que me lo diga y sistemáticamente se siega a decírmelo”… “Una de ellas, pues, es una mujer que ya tenía siete hijos, era la primera vez que daba a luz en un hospital y la respuesta de la monja fue que por qué lloraba sí ya tenía Siete, que se dedicara a ellos y que se olvidara de éste” (Programa de televisión “Abierto hasta el atardecer de fecha 28/10/2013); “De hecho, mi madre, que ella en ese momento no quería ser madre, se enteró que me iban a adoptar una semana antes porque recibe una llamada de Sor Lorena, Hija de la Caridad, y sobrina de mi padre adoptivo. Ella estaba en el Hospital de las Cinco Llagas en ese momento y le dice: veniros para Sevilla que hay una que está al caer. Mi madre cuando llega mi padre a casa le pregunta que qué sígni caba eso y le dice que van a Sevilla porque no saben Si van a adoptar una niña o un niño y estaban esperando una semana a que yo nazca. Pagaron por mi 250.000 pesetas…. Sor Lorena. En El hospital de las Cinco Llagas hay otras madres que han reconocido a ella como la monja que se llevó a su hijo en el momento de nacer”. (Entrevista dada en Telecinco en el programa “Niños Robados” de fecha 23 de octubre de 2.013)

Más:

Partiendo pues de la colisión con la libertad de expresión, que no de información como invoca el recurrente, la imputación que recoge los hechos probados de la sentencia, de adopción ilegal del art 221 cp , no puede ser justificada invocando el derecho a la libertad de expresión , uno de cuyos límites es precisamente la imputación calumniosa tipificada en el art. 205 que aquí se aplica. Ello se sitúa en un plano exorbitante respecto del ámbito y límites del derecho fundamental aludido.

Más:

En este caso el simple análisis de la sentencia recurrida y de la grabación en que se refleja el resultado del juicio celebrado, llevan a la conclusión de que la convicción judicial acerca de la ocurrencia de los hechos que se relacionan como probados se encuentra lógicamente apoyada en la prueba practicada, explicándose clara y razonadamente su inferencia, pues la Juez de lo Penal, viene a relatar los hechos probados de su sentencia, apoyada en los testimonios de la perjudicada y en la abundante documental aportada, asi como las manifestaciones de la acusada Sra. Asunción, (…)  En efecto tanto de los recortes de periódico de la voz de Almeria, teleprensa como de la cinta de grabación de la entrevista en televisión, telecinco, resulta la imputación falsa de un delito de adopción ilegal que se pone de manifiesto en relación con el expediente de adopción que obra en Autos, folios 39 y ss.

Y más:

En el supuesto de autos se dan todos los elementos referidos como razona la sentencia de instancia, y la claridad de las expresiones utilizadas excluye, desde luego la posibilidad de que la acusada no fuera consciente de su significado, pues son expresiones perfectamente entendibles para cualquier persona, llegando en el plenario a decir que “quizas no se explico bien por su falta de cultura” pero encontramos que las expresiones utilizadas son claras y fácilmente entendibles. Se dice que la finalidad era averiguar su identidad y la de sus padres, pero ante el expediente de adopción solo cabe concluir que esta fue legal pese a lo cual siguió diciendo que en la misma intervino dinero, 250.000 pts en concreto.

Las expresiones no se ven amparadas por el derecho a la crítica ni a la información que alega la defensa, por cuanto es doctrina reiterada la de que este no puede justificar sin más el empleo de expresiones atentatorios para la honorabilidad de aquél cuyo comportamiento o manifestaciones se critican, pues la Constitución no reconoce el derecho al insulto o a la imputacion falsa de delitos.

Esto escribí en 2010. Yo no tengo ni puta idea de la vida de esta persona. Pero está feo contar trolas para que la percibamos como una víctima, cuando hasta ahora y por lo que consta, la única víctima ha sido una señora a la que han acusado de cometer delitos muy graves y a la que, quizás por ser monja, parece que podemos tratar como a la mierda, sin aportar ni una sola prueba.