Enanos

 

Desde hace casi un año, sostengo que la única respuesta sensata a la cuestión de la gobernanza de España a medio plazo era una gran coalición. Y sostengo que no ha sido posible porque los que mandan en los partidos políticos que podían hacerlo posible son unos enanos. He discutido mil veces sobre esta cuestión y los argumentos en contra se han basado, casi constantemente, en cuestiones tácticas relacionadas con el futuro de los partidos. Es decir, para explicarme por qué no era la mejor solución, los que me contradecían me explicaban por qué no era posible. Como si yo no supiese que no era posible precisamente porque los que mandan en los partidos políticos son unos enanos. Es decir, por el motivo que se me discutía.

Este círculo vicioso, además, se habría roto si hubiéramos podido hacer el experimento y comprobar sus efectos. Es muy dudoso que los españoles (que llevan ahora diez meses asistiendo a un espectáculo lamentable) hubiesen castigado a los partidos que firmantes de un acuerdo así más duramente de lo que ya lo están haciendo en las elecciones. Para que el acuerdo fuera rentable electoralmente tendría que haber reunido ciertas características, pero esto era perfectamente posible hace un año. En ese momento, el PP no tendría a su favor la esperanza de que el caos le fuera a favorecer. En ese momento, tampoco era previsible o probable que Podemos y Ciudadanos fuesen a estancarse o retroceder. En ese momento, unas nuevas elecciones eran una apuesta muy dudosa. Y el PP venía de perder una mayoría absoluta, no de aumentar en número de escaños, como sucede ahora.

Un gran acuerdo, basado en compromisos claros, potente y regenerador, y con una participación proporcional en el Gobierno de, al menos, PP y PSOE, y quizás Ciudadanos, habría dado cuatro años a los socialistas para recuperar terreno. Les habría dado, además, una pátina de responsabilidad y el resorte esencial: el poder. Un acuerdo así habría contado con enormes mayorías absolutas en las dos cámaras y habría permitido incluso una reforma constitucional. Y ese acuerdo era posible precisamente porque todos tenían mucho que perder. Así sucedió en la transición. No crean en el mito de la generosidad: lo que llevó a los políticos de entonces al acuerdo fue la inteligencia y el miedo.

Por desgracia, los socialistas no solo dejaron pasar la oportunidad, sino que decidieron jugar la carta de convertirse en Podemos, aferrándose a un tiempo pasado, en el que eran la única oposición al PP. Lo hicieron hasta el extremo de no disimular ni por un momento. Su no ha sido tan rotundo y extremo, que han dejado al PP en la posición cómoda de no tener ni que entrar a negociar aquello en lo que podrían haber sido más vulnerables. El PP no tiene que justificar ninguna cesión, porque los dirigentes del PSOE han dejado permanentemente claro que ni siquiera van a sentarse a negociar.

Esta es la oportunidad perdida. Una más. En un momento capital, con los secesionistas degradando la ley momento a momento, en ese peligroso sainete del que nos reímos por no llorar, los políticos españoles —en particular, los socialistas— la han jodido bien jodida. Ahora puede que haya nuevas elecciones y que el PP termine salvando el relato, precisamente porque tendrá una parte muy sustancial de verdad. Y no tendrán demasiadas razones para corregir sus males endémicos. Total, para qué. Los otros les hacen el trabajo sucio.

La única solución sensata ya no está disponible. Los políticos llevan meses embadurnándose de mierda y ya no hay tiempo ni recursos para limpiarse.

Una vez más, nos invadirá la melancolía por lo que pudo ser y no fue.

Hasta una choza con techo de paja en este mundo tornadizo ha de transformarse en una casa de muñecas

 

Toda mi vida he creído que la libertad de expresión se basa en la necesidad de no limitar, de ninguna manera, los mundos simbólicos (incluido su campo de juego compartido) que nos permiten crear algo completamente nuevo. En ese sentido, cualquier mundo simbólico debería poder estar sujeto a una acción genocida, a una masacre consciente, a una violación inmisericorde e injustificada, a una cruzada civilizatoria. La frase anterior parece un sinsentido, pero es deliberada. Con ella quiero expresar que todo lo inventado puede ser destruido siempre que esa destrucción sea también simbólica y no real. En el mundo ficticio está permitido cualquier “discurso del odio”. En el mundo real, no. Ojalá sean gaseados todos los esbirros de la Reina de Corazones es admisible; ojalá lo sean todos los judíos, no. Los judíos existen. Podemos exigir que se mantengan y respeten en el mundo real los objetos que encarnan los productos culturales (no quiero destruir ningún Buda gigante ni quemar libros en la plaza pública), a la vez que permitimos que nazcan nuevos productos culturales que los malbaraten en su propio mundo simbólico. Cuando yo ataco a una persona (vejándola o insultándola) estoy atacando a alguien. Cuando me río (incluso de manera ofensiva para esa persona) de sus ideas, ya no ataco a la persona sino a su mundo simbólico (mediato; tanto que precisa de la persona para su defensa). El insultado puede decir: me has hecho daño; la idea insultada no puede decir lo mismo: necesita de su sacerdote, es decir, necesita a aquel que la ha pensado o la venera, como intermediario. Por expresarlo de otra forma: solo somos libres si permitimos (mejor deportivamente) que los demás utilicen libérrimamente lo que pensamos y las formas que adoptan nuestros pensamientos.

He mencionado ex profeso las formas más agresivas de utilización de las ideas ajenas porque actúan en el límite de lo tolerable. La cultura se basa precisamente en la comunidad. La humanidad no habría progresado sin una comunidad de ideas compartidas. Normalmente esa comunidad produce un incremento del acervo, su profundización y un aumento de la sutilidad. Los hombres, como dioses que inventan multiversos, han sido capaces de crear de la nada universos ficticios que nos hacen más soportable la realidad y que la fecundan, transformándola, con productos imposibles sin esa capacidad fabulatoria. A la vez, desde el primer momento, esos mundos ficticios han intentado gobernar la realidad por intermedio de sus creadores, que obtenían sus buenos réditos. Para ello tenían que impedir que otros pudieran cuestionarlos. La idea de ideas “respetables” nace ahí. Es tan antigua como la humanidad. Las más potentes ideas respetables son las religiones. Las religiones tiene una pretensión de totalidad porque su manera normal de ser ficticias es negarse como producto de la mente. Pero no solo las religiones pretenden ser “respetables”. Por desgracia, esa infección se produce habitualmente. Cada vez que alguien sostiene que un texto, sagrado o no, un baile, una forma de vestir, un argumentario, una explicación del mundo, una canción, una teoría científica, un peinado, un ritual, una fiesta, una receta, un relato de experiencias inventadas, reales o no, son definitivos y no pueden ser bien o mal utilizados por otros, lo que pretende es fosilizar la inventiva de los demás. Dan igual sus razones. Sus razones también son un producto cultural y por eso pueden ustedes incluirlas en la lista de la frase anterior.

 

No tengo tiempo para saber si es verdad

 

Hace unos días apareció una noticia en muchos periódicos: una joven italiana se había suicidado como consecuencia de una historia que se había iniciado hace un año y que se originaba en unos vídeos caseros de contenido sexual. Pongo un enlace a un medio cualquiera, para que vean el “contexto” tal y como apareció en prácticamente todos aquellos en los que se pudo leer la noticia en España.

También hace unos días apareció en El Español la noticia de que todos o algunos (no queda claro) de los mensajes que había enviado Jaime García-Legaz a Francisco Nicolás no habían sido enviados por Jaime Garzía-Legaz, sino por el propio Francisco Nicolás. Esos mensajes, cuando salieron publicados, dieron lugar a una avalancha de noticias en prensa y de comentarios en redes sociales. La inmensa mayoría de esas noticias y comentarios no solo daban por auténticos los mensajes, sino que extraían consecuencias sobre su autenticidad (por ejemplo, exigían la inmediata renuncia del Secretario de Estado de Comercio).

Menciono estas dos noticias porque se relacionan. Al leer artículos y comentarios sobre la mujer que se suicidó pensé inmediatamente en dos aspectos: uno inevitable, la complejidad de la realidad, y otro inadmisible, la pereza de la prensa. Es evidente que la conexión causa-efecto entre algo que sucede y un suicidio es un asunto espinoso y una manera de razonar a menudo errónea, aunque es casi imposible evitar conclusiones así (estamos programados para ello). Esta es la primera parte. La segunda parte es, como he dicho, menos admisible. La noticia estaba plagada de errores y era incompleta: el novio (el cornudo del que también se rió Italia) no solo no era protagonista del vídeo, sino que es posible que no tuviera nada que ver con su difusión. Es posible que la joven —que dio versiones diferentes de lo sucedido— hubiese compartido los vídeos con una serie de personas y alguna de esas personas los hubiesen subido a internet (sin su consentimiento). La historia, toda ella, es —parece— una mierda y los gritos y rasgaduras de vestido por su trágico final no es sino más mierda añadida a la mierda acumulada. Es semejante a algunas con las que me he topado profesionalmente y que, por suerte, no han trascendido porque no se hicieron virales. También es una mierda que demos por buena la noticia de que los mensajes de García-Legaz son “falsos”. No porque la noticia sea falsa, sino porque podría serlo, como de hecho parece que lo son todas las que los dieron por auténticos.

Vean que no pretendo saber cuál es la realidad en ninguno de los dos casos. Constato simplemente que, en uno, ni siquiera miraron los antecedentes publicados en Italia y, en el otro, ni siquiera esperaron a saber si esos mensajes habían sido escritos por García-Legaz.

Ese es el nexo entre ambas noticias. Cuando algo reúne las características adecuadas, la turba se lanza sobre ella a engullirlo. El motor es la inmediatez, la necesidad de los medios de obtener visitas y la puta ociosidad. Los enemigos de ese comportamiento atroz son el análisis y el conocimiento de la realidad, pero son enemigos débiles. Necesitan tiempo, reposo, inteligencia y un cierto distanciamiento. Cuando parece que logran una victoria, han perdido la guerra. Antes lo viral fue una frase que muchos utilizaron para hacerse unas risas y que jodió la vida de una persona, y también unos mensajes que eran auténticos porque deseábamos que lo fueran. Ahora lo viral es la indignación frente a esa gentuza que utilizó el vídeo de la joven italiana para mofarse de ella, acosarla y hacerle la vida imposible. Sabemos que es viral porque, de nuevo, se basa en un análisis superficial de la realidad, aparentemente lleno de falsedades, que hace daño también: como consecuencia de esa nueva dentellada mucha gente responsabiliza a alguien que no grabó ese vídeo y que es posible que no tuviera nada que ver con que se subiera a internet. Y hoy lo viral es indignarse porque le “hayan” hecho una canallada así a García-Legaz cuando “sabemos” que los mensajes son falsos. Da igual que muchos de los que se indignan hoy se indignasen ayer por los mensajes. Y da igual que nuestro conocimiento de la autenticidad de los mensajes tenga la misma consistencia que nuestro conocimiento de su falsedad (en ambos casos, el que lo dice un periódico).

También han perdido la guerra los enemigos de la turba por otra razón: la turba siempre se alimenta de nueva porquería y siempre hay quien está presto a suministrársela. Todos los días presenciamos una nueva cacería. A veces, participamos.

En uno y otro caso, la realidad se diluye y se falsea. La realidad no ha cambiado, pero sus versiones groseras sí. Esas versiones groseras no nos hacen mejores ni más sabios. Rellenan nuestros tiempos muertos. Son relatos sencillos, fácil literatura que nos afianza en nuestras planas visiones del mundo y nos dan armas frente a los adversarios ideológicos o morales.

No se me ocurre moraleja para esto. Tampoco vislumbro una solución o un remedio.

 

 

¿A quién vais a creer, eh?

 

Sobre lo de las ventosas, lean esto de Antonio Villarreal. Como pueden ver, nos dice que no hay pruebas de que no sea un cuento chino. Y, como sabemos, en medicina, mientras no hay pruebas de que una terapia merezca ese nombre, esa terapia no es una terapia, sino un cuento chino.

Sin embargo, ¿a quién vamos a creer, a Antonio Villarreal o a todo un doctor que además sale en la tele? Y no en una tele cualquieta: ¡en TVE!

Vean esta noticia.

Un médico nos explica que esta terapia es cojonuda, eso sí siempre bajo supervisión médica. Vamos, que hace falta que un galeno cobre por colocar la ventosa, después de calcular el tamaño adecuado, su tiempo y qué tipo de vela aromática hay que usar.

Naturalmente, yo creo en la ciencia. Mucho más que en el periodismo. Y un médico escogido por la tele que pagamos todos para explicar la ventosa puesta de moda por personalidades tan conspicuas como Jennifer Aniston o Gwyneth Paltrow no puede ser un cantamañanas o un chorizo. La deontología de los de la tele impediría que cualquiera saliera diciendo bobadas y falsedades en una materia tan sensible como la salud.

Y efectivamente, su currículum es impresionante:

Naturalia

En fin, menos mal que tenemos la tele, porque si te fías de la sección de ciencia de El Español vas de cráneo.

 

 

Algo sobre la libertad

 

El problema que tengo con este artículo de Cristian Campos lo ha resumido él mismo en este tuit:

Cristian ha sentenciado y ha sido paternalista (como reconoce). Si se refiere a un concepto banal (y erróneo) de libertad, tiene razón. La jugadora no es libre porque ha crecido en una familia, en una sociedad, en un país —sigan añadiendo— que la ha influido hasta el punto de. Tras el “de” añadan lo que quieran. Ese concepto banal es aplicable a todas las sociedades, en mayor o menor grado, aunque es obvio que en las sociedades más abiertas hay más influencias entre las que escoger (y entre las que escogerán tus padres y los que te rodean) y, por definición, es menor la presión del grupo. Por ejemplo, ¿es realmente libre el Papa de ser el Papa y vestir de blanco y rezar y celebrar misas? ¿Si el Papa hubiera nacido en Mongolia o en China iría vestido de blanco? Desde este punto de vista, ¿hay alguien libre? ¿Hay alguien que se haya librado de influencias determinantes que no ha escogido?

Si Cristian utiliza un concepto más restringido y útil (en el tema que nos ocupa) de libertad, lo cierto es que su artículo no demuestra (ni intenta demostrar) que la jugadora sea libre o no. Es decir, que exista una coacción o una presión de una intensidad suficiente en su caso como para que consideremos que una persona media se ve obligada  a hacer algo que no quiere hacer. Yo no sé si concurre una presión así o no, pero veo que Cristian tampoco, ya que afirma …

Tiene suerte Elghobashy de que a ella lo que le guste sea el voley playa y no quitarse el hiyab y vestir un simple vestido a la moda occidental. Veríamos entonces si el hiyab le permitía a Elghobashy no vestir el hiyab.

… y resulta que la propia compañera de la jugadora, también egipcia, no llevaba esa prenda en los Juegos Olímpicos. Yo no sé por qué no la llevaba, y si se arriesga a algo por no llevarla, pero es bastante absurdo hacer presunciones si no puedes demostrar que esa prenda es, en ese caso concreto, producto de una imposición.

En realidad, yo creo que este tema se desenfoca. Hay que buscar una cierta utilidad en nuestros análisis. Sí creo que hay algo criticable en el uso de cierta indumentaria, pero no porque ese uso equivalga siempre a una ausencia de libertad, sino porque esa indumentaria es un símbolo de opresión. Yo, como he dicho, no sé si la jugadora egipcia es libre de ponerse o no el hiyab. Lo que sí sé es que las mujeres se encuentran sometidas en los países islámicos (en la mayoría de ellos su desigualdad es directamente legal) y que, entre las muchas limitaciones a su libertad, se encuentra la imposición de vestir de una determinada forma, en público. Naturalmente que un judío es libre (mientras la ley del país no lo impida) de ponerse una camiseta con una esvástica o un negro de ponerse un capirote blanco con la cruz del klan, pero también lo somos los demás de decir que, al ejercitar su libertad, están esparciendo la semilla de lo que podría provocar su propia destrucción o sometimiento. Por decirlo de otra forma, solo cuando en los países islámicos exista una igualdad formal y legal absoluta entre hombres y mujeres, y solo cuando se demuestre que en los países islámicos las mujeres pueden optar por otros modelos sociales diferentes sin sufrir por ello de forma permanente y continuada persecución, castigo y opresión, esas prendas de vestir dejarán de ser una prueba de las humillaciones a que se ven sometidas.

Ese día me dará igual el pañuelo de marras.

En cualquier caso, quizás en vez de preguntarnos si esa jugadora concreta es libre o no de vestir así, deberíamos centrarnos en el hecho evidente de que cientos de millones (quizás miles de millones) de mujeres no son libres sin ninguna duda en un montón de países del mundo. Centrarnos en la gangrena antes que en la fiebre.

 

El gran negociador

 

Todos los días leo y escucho, a pensadores de todo origen y pertenecientes a las más diversas tribus, decir que en España no hay una negociación política para formar gobierno porque nadie quiere negociar. Esta afirmación, tan válida como hipótesis como la contraria (que no hay negociación porque no hay dos o más que quieran negociar), descarrila en cuanto la contrastamos con los hechos.

Hace mucho tiempo conocí a un abogado que se intitulaba “el gran negociador”. Se trasladó al común ese autoapodo gracias a un antiguo compañero de despacho algo cabroncete. Su estrategia siempre consistía en negarse a negociar de entrada. No niego que esto pueda servir a veces, pero si lo pensamos con calma, veremos que la mejor manera de no negociar —si ese es tu objetivo— es empezar a negociar algo y luego empantanar la discusión hasta que aparezca eso que los cursis llaman tu ventana de oportunidad. Si te niegas a iniciar una negociación, gastas tus balas, por lo que más te vale que la ventana esté allí, delante, abierta a un prado feliz y el otro se baje los pantalones automáticamente. Si te niegas a negociar y luego negocias, sin embargo, ya le estás diciendo al otro que tu fortaleza era una impostura. Ceder se convierte en una rendición. Para el que admite iniciar una negociación, sin embargo, ceder es un acto procesal natural y cada cesión un despliegue de trebejos.

Todo esto viene a cuento de lo que sigue: el PSOE nunca, en la anterior legislatura, quiso sentarse a hablar con el PP. El PP sí quiso hacerlo con el PSOE. Aclaro, para los que vendrán con matices, que me refiero a lo que dijeron abiertamente y con profusión de énfasis. Si el PSOE no quería negociar nada, hizo lo correcto. Luego hubo elecciones, ya sabemos lo que pasó y se repiten sus respuestas. En cuanto a Ciudadanos, no sé bien qué pretenden sus dirigentes. Afirman que no negocian nada (nada que tenga que ver con formar gobierno), pero a la vez conceden —como el sacerdote que hace una ofrenda— la abstención. Parece que se trata de hacer lo mismo que el PSOE: contentar a sus votantes con un mínimo. Es decir, abrir y cerrar el proceso con un solo acto que les etiquete, en vez de influir de verdad. Para el PSOE el acto equivale a un nunca con la derecha (ahora las derechas), para Ciudadanos es un nunca con Rajoy.

Si esto es así, y vuelvo al principio, efectivamente no hay negociación, pero no porque nadie quiera, sino porque el PSOE y Ciudadanos no quieren. No podemos afirmar esto del PP. No hay ningún test que demuestre que el PP se niega a negociar, puesto que afirma estar dispuesto a formar un gobierno de gran coalición. Solo podríamos afirmar esto si se iniciasen unas negociaciones y viéramos que la posición del PP, de tan intolerante y tan exigente (considerando su propia fuerza parlamentaria en comparación con las de otros), es una prueba de que realmente no tiene interés en negociar. Nada de esto ha ocurrido.

La razón fundamental es puramente dramática. La llamada negociación no es, en este momento, más que una función teatral abortada. Hay tres autores (bastante malos, por cierto) de la obra, pero no se ponen de acuerdo en la trama porque tienen miedo a los abucheos del público, de partes diferentes del público. Todos quieren adueñarse del relato, pero solo hay un relato, el del PP, en el que es posible negociar.

Decir que Rajoy es también culpable de que no se negocie cuando los otros ni siquiera están dispuestos a discutir la posibilidad de un acuerdo es absurdo. No, es algo peor: es un ejercicio de equidistancia.

Cuando, además, sería fácil poner la cara colorada al PP y a Rajoy si es cierto que no quieren realmente negociar. Bastaría con hacerlo.

Como ni el PSOE ni Ciudadanos hacen esto, yo me limito a no ir más allá con mis interpretaciones y creer exactamente lo que dicen. No quieren negociar con el PP, Ciudadanos se abstendrá, el PSOE votará no, habrá terceras elecciones y estaremos durante unos meses soportando el coñazo de los que quieren vender sus ficciones como realidades.

Salvo que descubramos que la obra es, en realidad,  una comedia francesa de esa con puertas que se abren y cierran, en la que uno de los personajes se cree un gran negociador. En tal caso, las risas estarán garantizadas y la obra seguirá en cartel muchos años, con abundante éxito entre las clases medias y la población adulta.

 

Ver para saber de qué hablamos

 

Cada vez que se produce algún hecho espantoso como el de ayer, en particular cuando la muerte es resultado de un crimen o de la guerra, nos ponemos a discutir sobre si es o no correcto que nos muestren las imágenes de los cuerpos destrozados, de los niños despanzurrados, de la sangre, las vísceras, de la amputación.

Yo ya no necesito una sola imagen, una vez he visto una cualquiera que me sirva de icono. Puedo representarme a los muertos de ayer sin necesidad de verlos, porque los he visto antes, muchas veces, y los detalles accidentales no añaden nada.

Eso sí, creo que hay que verlas al menos una vez en la vida. Las consecuencias de la muerte, la inanición, la mutilación, el horror, la ausencia de libertad, el trato inhumano. No las versiones falsas del cine, que no nos asustan porque sabemos que lo son. Y hay que mascar y deglutir los datos, reflexionando hasta que nos sangren los pensamientos. Más aún, debería formar parte de la educación de los jóvenes, porque tenemos la obligación de enseñarles la realidad.

Por eso es lícito y quizás necesario que podamos ver los cuerpos de los niños muertos. No para alimentar algún bajo instinto o para echar gasolina al odio, sino porque quizás alguien lo necesite para representarse de qué hablamos cuando hablamos de un camión que golpea con violencia el cuerpo de un pobre crío y lo revienta. Quizás esas personas necesiten verlo o incluso acercarse a él y poder tocarlo y olerlo, para dejar hacer chistes …

chiste

… o para pensar primero en ese pobre crío y en sus familiares, antes de culpar a alguna construcción ideológica del dolor y del mal. O quizás lo necesiten para seguir comportándose así y para que los demás certifiquemos que no tienen solución y que son imbéciles morales sin coartada.

Comprendo a los que dicen que la presencia constante de las consecuencias de la violencia nos entumecerá y hará insensibles, pero ese es el precio que pagamos al pasar de la infancia a la madurez. La violencia existe y sus frutos no desaparecen porque apaguemos la televisión. También comprendo a los que se asquean por el negocio del morbo, pero el pus es un producto de la infección; poco podemos hacer para evitarlo, salvo señalar a los que se pasan de la raya y despreciarlos.

Yo voy a evitar ver las imágenes si puedo, porque no necesito verlas, pero quizás haya quien necesite verlas. Incluso aunque sea para mostrarse como lo que son. Para eso han de estar disponibles.

 

No matarás

 

Esta noticia y sus reflexiones es curiosa, sobre todo si consideramos el tuit con el que el medio la publicita:

Es interesante incluir el tuit, que utiliza la palabra asesinar, porque creo que pone en evidencia lo que hay detrás, el discurso que hay detrás (por cierto, la policía asesina y el francotirador mata).

La idea de que un robot se acerque al que debería ser detenido y lo mate, nos repugna. Nos parece más propio de una situación de guerra que de una situación de orden público. Pero esa repugnancia exige un análisis racional posterior. Si nos damos cuenta, todos admitimos que el delincuente (usemos esta expresión) pueda ser reducido. Incluso que pueda morir, ya que partimos de que la ley le exige su rendición y sometimiento a las fuerzas policiales, y se legitima el que estas se “defiendan”, evitando en lo posible arriesgarse. Si admitimos esto, ¿qué diferencia hay con una situación en la que, en vez de unos policías, el que se acerca al delincuente es un robot? Desde el punto de vista del delincuente, ninguna: todos consideramos lógico que el delincuente pueda ser abatido por un policía “humano”. La única diferencia se da desde el punto de vista del policía: desaparece el riesgo de muerte.

Es como si echásemos de menos una “buena lid”. La muerte del delincuente como precio admisible por el riesgo para el policía.

Sin embargo, este concepto, un refugio romántico de la literatura mundial sobre la guerra (el caballero que se enfrenta a su igual  y que evita el sufrimiento de terceros, jugando al juego de la guerra en un cuadrilátero escogido), siempre fue falso, una referencia literaria (falso y, además, una “superestructura” justificativa del predominio de las élites guerreras). Y lo es más aún cuando la guerra se “democratiza”. Los ejércitos ciudadanos, con cientos de miles de efectivos, que usan la tecnología moderna para desplazarse, organizarse y matar, y que se fundamentan en los valores de la nación en armas (y más tarde de la civilización en armas —como petición de principio partidista, claro—), basculan desde el noble oficio de la guerra a la nobleza del fin perseguido. Eso justifica el bombardeo masivo y, al final, la búsqueda de la máxima protección para el soldado profesional.

Por eso, al final, la cuestión desnuda es si había o no riesgo para las personas y los bienes, y cuánto hay que esperar para que un delincuente se rinda, si resulta que está armado hasta los dientes y puede llevar explosivos. Salvo que pensemos que el riesgo para la vida del policía puede funcionar como un freno para la arbitrariedad y el exceso. Este último argumento, sin embargo, es de doble filo: el riesgo puede frenar el exceso o actuar como acelerante.

Es decir, la conclusión final es que no hay cuestión general. Solo importa si la medida estuvo justificada y no el método.

En la repugnancia inicial asoma el argumento del miedo a “ser Dios”. La conclusión es, sin embargo, la misma que con la ingeniería genética: no importa qué puedas hacer; importa lo que hagas. Sobre todo porque ya lo hemos hecho antes.

El dilema es el mismo que existía cuando un primate afiló una piedra o un agricultor domesticó una planta. Solo hay una pequeña diferencia de grado y el excedente que nos permite el lujo de discutir.

 

Por qué pagó Messi o el tertuliano ignorante

 

Veo esto en tuiter:

He leído otros comentarios similares. Por lo visto es inexplicable que el jugador hubiese pagado lo que debía (en realidad faltaban por pagar algo más de 25.000 €, aunque esto no es nada en relación al importe defraudado) antes del juicio y que, pese a todo, haya sido condenado.

Por lo visto, Messi no es el único que se apunta a la “ignorancia deliberada”. Un montón de tertulianos y periodistas —véase Juan Cruz— siguen su ejemplo. Porque es facilísimo explicar lo que parece tan inexplicable. Yo, que soy un tío enrollado, lo voy a hacer, para que no caigan en el vicio del que se acusa al astro del Barcelona.

La explicación:

1.- A Messi se le acusa de defraudar IRPF en los ejercicios de 2007 (más de un millón de euros defraudado), 2008 y 2009 (más de un millón y medio de euros defraudado en cada año). Es decir de tres delitos del artículo 305 del Código Penal.

2.- A Messi no se le aplica el artículo 305 del Código Penal vigente en ese momento porque una redacción posterior es más beneficiosa para él. Efectivamente, si se le aplica la redacción actual, la pena por cada delito es de un mínimo de dos años. En la redacción vigente cuando defraudó lo sería de dos años y medio por cada delito.

3.- Es decir, en principio, a Messi se le acusaba de delitos que, como mínimo, implicaban una condena de SEIS AÑOS DE PRISIÓN.

4.- Messi no regularizó a tiempo. El Código Penal permite evitar el delito siempre que se haga:

“… antes de que se le haya notificado por la Administración tributaria la iniciación de actuaciones de comprobación tendentes a la determinación de las deudas tributarias objeto de regularización, o en el caso de que tales actuaciones no se hubieran producido, antes de que el Ministerio Fiscal, el Abogado del Estado o el representante procesal de la Administración autonómica, foral o local de que se trate, interponga querella o denuncia contra aquél dirigida, o cuando el Ministerio Fiscal o el Juez de Instrucción realicen actuaciones que le permitan tener conocimiento formal de la iniciación de diligencias”.

5.- Los abogados de Messi, con buen criterio (ya ven, a veces se asesora bien —sí, estoy de chufla—), aconsejaron al jugador PAGAR. Pagar todo, lo antes posible. ¿Por qué? Porque la ley atribuye consecuencias favorables a dicho comportamiento. Efectivamente, el Código Penal establece, en su artículo 21, que es circunstancia atenuante:

(… )

5.ª La de haber procedido el culpable a reparar el daño ocasionado a la víctima, o disminuir sus efectos, en cualquier momento del procedimiento y con anterioridad a la celebración del acto del juicio oral.

Vean ahora. El tribunal ha determinado que, en el caso de Messi, esa atenuante es muy cualificada (parece razonable, dada la reparación). Al ser muy cualificada, el tribunal rebaja la pena en uno o dos grados. Si la rebaja hubiera sido de UN GRADO, A MESSI LE HABRÍAN CONDENADO AL MENOS A TRES AÑOS DE PRISIÓN. Es decir, habría ingresado obligatoriamente en prisión.

Sin embargo, el tribunal (discrecionalmente) ha decidido rebajar la pena EN DOS GRADOS. Es decir, que lo que al principio eran dos años por cada delito (es decir, un mínimo —MÍNIMO— de seis años), se convierten en siete meses por cada delito. Por tanto, al final, la pena es de 21 meses, POR LO QUE ES LEGALMENTE POSIBLE NO INGRESAR EN PRISIÓN.

Resumamos: Messi no ha pagado porque sea muy majo, sino porque HA OBTENIDO UN BENEFICIO MUY IMPORTANTE DEL PAGO. De no haber pagado y haber sido condenado, la sentencia lo llevaría de cabeza a la cárcel. Ahora puede que la evite. El tribunal (una vez que lo considera responsable de los tres delitos) ha sido todo lo generoso que podía ser con la ley en la mano. Podría haber sido menos generoso (recordemos que el fraude en esos tres años es superior a 4.000.000 de euros —solo contando las cuotas y sin incluir multas e intereses) y, pese al pago, haberlo condenado a tres años de prisión como mínimo, lo que habría implicado su ingreso en la cárcel.

Ahora piensen, por un instante, que el que hubiese defraudado los 4.000.000 € hubiese sido otro. No pongo nombres, escojan a su personaje odiado favorito.

La ley llegó a Cádiz

 

Leo en Libertad Digital que el alcalde de Cádiz (su Junta de Gobierno) ha aprobado unos presupuestos para el año que viene, apoyándose en una “argucia”: utilizar la disposición adicional decimosexta de la Ley de Bases del Régimen Local que introdujo esta ley y que ha sido declarado nula e inconstitucional por el Tribunal Constitucional en esta sentencia (la segunda sobre la materia) que aún no se ha publicado en el BOE.

El diario llega a decir que “Kichi da un golpe municipal”.

La noticia me interesa por dos razones:

La primera tiene que ver con la manipulación. Ya saben, una de mis obsesiones. Cuando Libertad Digital explica la maniobra de los podemitas gaditanos publica supuestamente parte de la sentencia (que sí, es de 9 de junio, pero se conoce desde el 29):

Kichi

Hay más. Al final de la noticia, el periódico incluye este párrafo:

Kichi2

La manipulación que realiza Libertad Digital se comprueba con facilidad. Busquen el párrafo entrecomillado (dentro de la noticia) como de la sentencia. Yo no lo he encontrado en la sentencia. Pero esto es lo de menos, porque lo que más importa no es lo que publican, sino lo que falta.

Lo más parecido en la sentencia a lo que han publicado es esto:

f) Procede, en consecuencia, declarar la inconstitucionalidad y nulidad de la disposición adicional 16ª LBRL, introducida por el art. 1.38 LRSAL. De conformidad con el art. 40.1 LOTC, esta declaración “no permitirá revisar procesos fenecidos mediante sentencia con fuerza de cosa juzgada” en los que se haya hecho aplicación de la mencionada disposición. Correspondiendo a este Tribunal precisar los efectos de la nulidad (STC 45/1989, de 20 de febrero), razones de seguridad jurídica (art. 9.3 CE) imponen en este caso acotar todavía más esos efectos: la declaración de inconstitucionalidad y nulidad de la disposición controvertida habrá de producir efectos ex nunc, a partir de la publicación de la presente Sentencia, sin que, por tanto, resulten afectados por ésta los presupuestos, planes y solicitudes ya aprobados por juntas de gobierno locales ni los actos sucesivos adoptados en aplicación de los anteriores, hayan o no devenido firmes en la vía administrativa.

Fíjense ahora en que la propia sentencia establece los efectos de la declaración de nulidad e inconstitucionalidad. Lo repito:

“… la declaración de inconstitucionalidad y nulidad de la disposición controvertida habrá de producir efectos ex nunc, a partir de la publicación de la presente Sentencia, sin que, por tanto, resulten afectados por ésta los presupuestos, planes y solicitudes ya aprobados por juntas de gobierno locales ni los actos sucesivos adoptados en aplicación de los anteriores, hayan o no devenido firmes en la vía administrativa.

Es decir, los señores de Libertad Digital, entrecomillan una parte del texto de la sentencia que yo no encuentro en la sentencia (a ver si ustedes tienen más suerte) y se olvidan justo de la parte del texto de la sentencia que expresamente dice que los presupuestos aprobados por la Junta de Gobierno de Cádiz son válidos porque esta no se ha publicado en el BOE.

Ahora vayamos a la segunda parte, que es graciosísima. Los podemitas gaditanos se ajustan a la ley, a pesar de saber que están aplicando una norma que ya se ha declarado nula e inconstitucional. Además, ¡es una ley del PP, de la casta! Una ley que permitía a los de la casta, a los que gobiernan, aprobar presupuestos (siguiendo los dictados de Merkel, la Troika, el FMI y los Señores del Mundo) en contra de la gente. Porque ¿quién es la gente? ¡La gente es la que está representada en el pleno! Recordemos que los actuales ayuntamientos españoles fueron elegidos tras el despertar de la gente y que, gracias a las últimas elecciones municipales, llegó la democracia a España (Carmena dixit).

Sin embargo, el Excelentísimo Señor D. José María González Santos, aka “Kichi”, usa una norma moribunda, pronto ilegal por inconstitucional, además de antidemocrática y pepera, con nocturnidad, alevosía, disfraz y en compañía de otros, para saltarse la voluntad democrática expresada en el pleno municipal.

Es maravilloso.

Sí, la ley obra milagros.