Imposible

 

Hoy Jorge Galindo escribe sobre el futuro del PSOE. No entraré sobre la sustancia de lo que dice, aunque me parece un artículo demasiado superficial. Solo quiero dejar constancia de cómo, lo que vengo llamando “el relato”, se impone para justificar una decisión simplemente sectaria, aunque quizás racional.

Me refiero a esto:

110

La “imposibilidad” (ni siquiera improbabilidad) de llegar a un acuerdo con el PP se basa, según Galindo, en dos razones:

1.- La corrupción.

2.- Que el PP está demasiado escorado al conservadurismo clásico.

Lo interesante es que Galindo obvie la razón principal: es imposible llegar a un acuerdo porque el PSOE no está dispuesto ni siquiera a sentarse con el PP para hablar de esos dos escollos o de cualesquiera otros.

Esa es la razón principal y, además, esa razón no puede basarse en los escollos que apunta el articulista. Por dos razones.

En primer lugar, porque el PSOE es, al menos, tan corrupto como el PP. La historia de los dos partidos (y, en general, de todos los partidos que han gobernado en España o en zonas de España) nos indica que la corrupción es española y de los españoles, no solo de ciertos partidos. Más aún, el PSOE ha defendido a sus “corruptos” (uso esta expresión con toda la prudencia y con un simple afán simplificador) como el que más. Si con el PP no se puede pactar porque es corrupto, el PSOE debería ir pensando en disolverse para evitar una grave enfermedad mental.

En segundo lugar, porque ese conservadurismo (en la descripción que hace Galindo) es un punto de partida para una negociación. Imagino que al PP, el PSOE también le parece “muy” conservador (ya saben que hay quien dice que no hay nada más conservador que la socialdemocracia). Esa etiqueta, en realidad, no importa. Es una acusación “ad hominem”. Lo que importa es el programa que podrían pactar y eso no se sabe hasta que no te sientas con el adversario y empiezas a hablar. Da igual lo que sean PP y PSOE, importa lo que hacen.

El relato nos ha invadido. Y ha infectado a los más inteligentes y capaces.

Mientras tanto, las posibilidades para aplicar una (al menos) moderada agenda de reformas, con el apoyo de una mayoría absoluta de votantes y representantes políticos, se esfuma, abierta en canal por las “imposibilidades” autoimpuestas.

Sin embargo, frente a la imposibilidad del PSOE de pactar con el PP, seguro que a Galindo le parece posible que los palestinos y los israelíes, o el régimen sirio y sus enemigos también sirios, puedan llegar a un acuerdo. Es asombroso.

La distancia también ayuda. Cuanto más nos acercamos a nuestro ombligo peor nos parece el rival. Aunque el rival sea un partido democrático, constitucional, europeísta y que representa a casi un treinta por ciento de los votantes españoles.

 

No es periodismo; solo negocios

 

Conocí a Juan Luis Cebrián en 1982, pocos meses antes de que el PSOE ganase sus primeras elecciones, con aquellos famosos 202 diputados. Yo tenía entonces 16 años y acababa de llegar a un asociación cultural que, aunque era nominalmente de mi colegio, aún controlaban un par de antiguos alumnos. Llevaban meses intentando hacer una entrevista al director de El País y por fin lo consiguieron. Mi participación fue escasa: básicamente sujetar la grabadora, durante la media hora que nos concedió. Tocahuevos, como era ya, sin embargo, me reservé una pregunta, la última, que solté un poco a lo tonto. Mi pregunta fue: “¿qué piensa de los medios de comunicación como correas de transmisión de los partidos políticos?”. Mientras contestaba que le parecía bien, siempre que fuera algo explícito, me miraba como diciendo: “a ver si tienes huevos de preguntar lo que querías preguntar, si El País es correa de transmisión del PSOE”. Era tocahuevos, pero no tanto, así que no añadí nada más. Por lo demás, fue muy amable. Sobre todo considerando que concedía una entrevista a tres pringaos que publicaban, en un colegio, una especie de “periódico” que consistía en una hoja por dos caras (por cierto, esos mismos dos alumnos también viajaron a París a entrevistar a Cortázar; digamos que tuvieron su mérito).

Luego, durante muchos años, el ente Cebrián/Polanco fue la encarnación del mal para mucha gente y auténticos héroes para otros. El País era una fiesta, ya lo explicó admirablemente Pepe Albert de Paco, aunque yo me la perdí en gran medida. Hasta que nos colonizó internet no leía asiduamente periódicos. Si se hubiera publicado uno que me hubiese permitido exclamar “Dios mío, los italianos invaden Etiopía”, quién sabe, pero no (no, al menos, en ese formato). Me atraía la perspectiva y me aburría la actualidad. Como me he ido haciendo viejo, la actualidad empieza a ser la perspectiva y la perspectiva empieza a ser el tiempo que no tengo.

Hoy Cebrián se ha convertido otra vez en una encarnación del mal. Lo divertido es que antes lo fue para los de derechas y hoy lo es para los de izquierdas.

El motivo es lo de menos: al parecer ha despedido a un joven periodista que se había atrevido a publicar unas informaciones (ignoro si falsas o auténticas) sobre el líder de Spectra. Naturalmente, yo estoy de parte de ese joven y desconocido periodista que empieza, y que ha visto como ya no puede publicar sus opiniones e informaciones. Quizás un día ese joven, talentoso como debe de ser, se convierta en alguien con influencia, capaz de manejar los hilos del cuarto poder; alguien duro, vengativo e injusto, que caiga en la tentación de cortar cabezas y proclamar su autoridad. Sin embargo, mientras tanto, le envío mi abrazo y comprensión.

Decía que el motivo es lo de menos. Cebrián se merece todas las críticas. ¿Se han fijado en la cara de malo que tiene?

Los renglones torcidos de la verdad

 

Pablo Iglesias me parece un sujeto peligroso. Su partido me parece un partido peligroso. Ambos tienen una relación indiscutible con regímenes liberticidas y sus formas e ideología están empapados (digámoslo suavmente) por una pulsión totalitaria. Cualquiera que me lea sabe que no digo nada nuevo.

Por esta razón, es especialmente sangrante que quien reproche la “cal viva” a Felipe González sea Iglesias.

Sin embargo, ¿pueden Pedro Sánchez y el PSOE quejarse porque se les recuerde el pasado? Yo comprendería que le hiciesen a Iglesias y a Podemos la misma crítica con la que inicio esta entrada. O que se le recordasen sus amoríos con Bildu y la gentuza cercana a ETA. El problema, claro, es que resulta terrible, para la coherencia, acusar de algo así a Podemos y luego pactar y querer pactar con ellos, llamándolos “fuerza del cambio”. ¿Cambio hacia dónde? ¿Hacia Irán? ¿Hacia Venezuela? Sí, esto es grueso, pero está ahí, en el pasado, no reciente, sino inmediato, de la cúpula podemita. No son pecados de juventud.

Dicho esto, si hoy Pedro Sánchez ha repetido algo reiteradamente en Onda cero, ha sido que Iglesias le ha acusado “a él” de tener las manos manchadas de cal viva.

No. Esto es falso. Radicalmente falso. Iglesias no acusó a Sánchez.

El PSOE y su líder actual se hacen los ofendidos por las menciones a la cal viva. Es lamentable. El GAL y la cal viva fueron una creación nacida dentro del Estado. Nació cuando gobernaba el PSOE, cuando gobernaba Felipe González, y todo el mundo, salvo el que esté cegado por el sectarismo, sabe que los responsables fueron los socialistas que gobernaban España.

Sánchez miente, al acusar a Iglesias, y Sánchez, con sus grititos, demuestra que el PSOE sigue sin ser capaz de asumir las consecuencias políticas e históricas por los gravísimos crímenes cometidos por afiliados y dirigentes de su partido, por el terrorismo de Estado, por la peor forma de terrorismo.

Lo diga Agamenón, su porquero, o Pablo Iglesias.

 

 

 

 

 

Mentiras que quedan

 

Veo esta noticia en El Mundo:

1

Y veo que en El Español siguen la misma línea:

2

Ambos medios se remiten a unas declaraciones del señor Fonseca, efectuadas a una radio panameña que reproduce la Cadena Ser.

El titular de ambos medios es falso: basta con leer el cuerpo de la noticia para darse cuenta de que lo que dice ese señor es que ÉL no tiene ni puta idea de quién está detrás de la sociedad original. Si no lo sabe ¿cómo afirma que es Ignacio González es el dueño? Porque lo están investigando en España. Fonseca, como vemos, lee la prensa española. Las declaraciones son irrelevantes.

Curiosamente, la Cadena Ser no manipula la noticia. Esto me lleva a preguntarme: ¿los periodistas de El Mundo y El Español mienten o es que, simplemente, son cortos de entendederas?

Eso sí, mientras nos hacemos preguntas, cientos de miles de españoles creerán que ya no hay duda de que González se “autocompró” un apartamento: lo ha dicho un tío de Panamá.

Los ricos también opinan

 

En cuanto alguien se hace famoso, todo el mundo intenta preguntarle qué piensa sobre cualesquiera de las mil facetas de la realidad. Puede que sea simple curiosidad. O que realmente la gente piense que, por ser un cantante conocido o una figura de la televisión, las opiniones de esa persona sobre cualquier cosa son especiales y nos deberían importar. Alguna cualidad especial tendrán para haber llegado ahí, barrunta, imagino, el llamado hombre de la calle, sin seguramente darse cuenta de que esa cualidad suele tener que ver precisamente con cantar y presentar. Sin embargo, este mes pesimista en el que ando me empuja a escoger una tercera opción: se trata de saber qué piensa para poder despellejar a ese sujeto tan afortunado. Es el “precio de la fama”, dicen muchos, y no deja de ser esta la forma mendaz de un te vas a enterar. De ser cierto que la fama tiene un precio, el famoso debería pagarlo en lo que fuera inevitable: ser conocido y reconocible, y la crítica de lo que hace y que le ha hecho famoso. Sin embargo, la gente escarba en su vida para hacerle pagar un precio extendido. El famoso lo sabe, no es un ingenuo. Por eso se adelanta y regala cachitos de una biografía inventada, manipulados para parecerse en la medida de lo posible a lo que el hombre de la calle aprobará. Como el hombre de la calle no existe, sino que es una media de grises, el famoso va ajustándose al modelo más aceptable para su grey y el que menos rechazo produce. Si el famoso se conforma con un pedazo pequeño del pastel, puede que opte por un nicho de mercado reducido y sea un “radical”. Esto también funciona; solo hay que preocuparse por ser coherente en la exhibición de etiquetas. Toda una vida de fabricación de un personaje puede estropearse si te sales del tiesto. Naturalmente, el famoso con instinto sabe que este modelo incluye su evolución: una evolución que siempre será paralela a la de la mayoría de los miembros de su tribu.

Esta perversidad se retroalimenta: el tipo que destaca, pero que a la vez produce rechazo en la mayoría de tribus (siempre por razones diferentes para cada una de estas) prosperará mucho menos y es difícil que sea una figura de conocimiento general. El tipo que se ajusta a uno de esos modelos, aunque cause rechazo en algún otro, prosperará por el doble impulso del amor de los suyos y del odio de los otros, y nunca hará nada que pueda producir el perverso efecto de que los suyos le quieran un poco menos y de que los otros ya no le odien tanto. Para la mayoría, lo peor es un tipo al que no pueden odiar por alguna razón evidente o al que no pueden considerar uno de los suyos. Alguien así suele ganarse el odio universal por la mejor de las razones: la incomprensión.

Al final, este juego es pura impostura. La gente quiere que el famoso de turno opine para poder llamarle oligofrénico y el famoso se presta al rito. El más inteligente y cínico sale bien parado, porque al final nunca hace ni dice nada comprometido. El más torpe da un titular y las masas rugen.

Una vez leí que Jacinto Benavente, en la época en que todas sus obras teatrales triunfaban, solía extender el rumor de que padecía una enfermedad incurable. Era su manera siniestra de alimentar la mala baba, para que la mala baba no lo devorase. Al final todo se resume en eso: cuídate, famoso, de los idus de marzo. Lo traduzco: ni de coña des a entender que sabes qué son los idus de marzo.

Anda, Rivera, vete a esparragar

 

Hoy

“… y no es cierto que no haya petición de reunión o que no se quiera reunir con el Partido Popular [el PSOE] … porque esa carta salió firmada por el señor Hernando y el señor Girauta pidiéndole al señor Hernando que nos sentemos a trabajar”

(Albert Rivera) 16’25”

Ayer

30-03-2016 2

Ayer

30-03-2016

19/03/2016

19-03-2016

10/03/2016

10-03-2016

08/03/2016

08-03-2016

01/03/2016

01-03-2016

23/02/2016

23-02-2016

04/02/2016

04-02-2016

03/02/2016

03-02-2016

29/01/2016

29-01-2016

16/01/2016

16-01-2016

08/01/2016

08-01-2016

06/01/2016

06-01-2016

29/12/2015

29-12-2015

23/12/2015

23-12-2015 El País

23/12/2015

23-12-2015

 

Yo también me habría ido del pleno

 

Gracias a las críticas de Percival Manglano a un concejal del PCE nos enteramos de que en el pleno del Ayuntamiento de Madrid andan condenando la invasión soviética a Hungría de 1956.

Algo tan extraño ha de obedecer a alguna razón. Eso piensa uno. Así que he buscado. Y lo primero que me he encontrado ha sido este artículo de Esperanza Aguirre del 21 de marzo de este año.

Como en la historia de la Humanidad ha habido muchas matanzas, infamias y heroísmos uno nuevamente se pregunta por qué ese artículo y por qué esa discusión en el pleno hoy.

Una de las explicaciones la da el texto de la señora Aguirre:

Por eso, para que los ciudadanos españoles conozcamos su gesta y recordemos a esos héroes, creo que es una magnífica idea la de levantar en Madrid, ahora que se cumplen los 60 años de la rebelión, algún monumento en recuerdo de aquellos húngaros que dieron su vida por la libertad.

En un momento en que el neocomunismo disfrazado de populismo se ha convertido en una opción aceptada por un número no desdeñable de compatriotas, a los españoles que siempre vamos a defender la libertad nos parece que ese monumento sería un acto de justicia para los que murieron en Hungría y un motivo de reflexión para los que tengan la tentación de coquetear con partidos políticos que se consideran a sí mismos herederos de esa ideología comunista, que tanta miseria material y moral ha llevado donde han logrado llegar al poder.

No se puede decir que la razón no sea diáfana: hay que levantar un monumento antiPodemos para que los españoles nos enteremos de lo malos que son los comunistas. La cosa tiene —perdonen la expresión— huevos. Sectarismo en estado puro.

Sin embargo, hay algo más. No basta con explicar que la señora Aguirre le quiere tirar una estatua a la cabeza a la señora Carmena (en correspondencia a la infamia sectaria que arranca placas y le quita calles a falsos espías —esto es una doble coña—). Hay que explicar el origen de la iniciativa, ya que el señor Manglano se ha ocupado de explicar que provenía de la embajada húngara, y uno supone que el señor embajador no se dedica a inmiscuirse en la política interna.

Así que he investigado y me he encontrado con esto1Como pueden ver, la iniciativa de la comunidad húngara española y de la embajada húngara existe, y es el PP el que ha decidido darle impulso, siguiendo, imagino, el discurso de la señora Aguirre, tan preocupada por educar a los madrileños, usando estatuas al modo medieval, del peligro de Podemos.

He buscado más y he dado con esa iniciativa. Por fin iba a saber la razón que hace tan urgente y conveniente esa estatua y no una que, por ejemplo, condene los crímenes de Pol Pot o el genocidio armenio. La razón es esta:

Nunca olvidaremos que en el 56, sólo un país nos ofreció asistencia militar en apoyo en la lucha contra la intervención soviética, y ese país fue España. Confío de corazón en que el próximo año 2016, con motivo de la conmemoración de la Revolución, la excelentísima alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y los representantes del pleno municipal, hagan posible que podamos alzar un monumento en la capital madrileña a los mártires de la Revolución húngara.

Dejemos de lado el pie del que cojea el gobierno húngaro y analicemos ese texto. La razón para que en Madrid se erija ese monumento es que Madrid es la capital del país que prometió a Hungría ayuda militar contra el ejército de la URSS. El que prometió eso (aprovecho para prometer promediar 45 puntos por partido si los Lakers de Los Ángeles me fichan) era un autócrata criminal, de nombre Francisco Franco, que mientras prometía ayudar a los sometidos húngaros, sometía —aquí sí realmente— a sus ciudadanos de una forma brutal.

Y van los del PP y en vez de decirle a los húngaros amablemente algo como “no jodan, hombre, con sus iniciativas”, montan el circo, contratan los enanos y venden entradas.

Qué inanidad. Qué mediocridad.

 

Y estos nos iban a salvar

 

Ciudadanos ha empezado una campaña:

Constitución española:

Artículo 101

1. El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria previstos en la Constitución, o por dimisión o fallecimiento de su Presidente.

2. El Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno.

Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno:

Artículo 21. Del Gobierno en funciones.

1. El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales (…).

2. El Gobierno cesante continúa en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno, con las limitaciones establecidas en esta Ley.

3. El Gobierno en funciones facilitará el normal desarrollo del proceso de formación del nuevo Gobierno y el traspaso de poderes al mismo y limitará su gestión al despacho ordinario de los asuntos públicos, absteniéndose de adoptar, salvo casos de urgencia debidamente acreditados o por razones de interés general cuya acreditación expresa así lo justifique, cualesquiera otras medidas.

4. El Presidente del Gobierno en funciones no podrá ejercer las siguientes facultades:

a) Proponer al Rey la disolución de alguna de las Cámaras, o de las Cortes Generales.

b) Plantear la cuestión de confianza.

c) Proponer al Rey la convocatoria de un referéndum consultivo.

5. El Gobierno en funciones no podrá ejercer las siguientes facultades:

a) Aprobar el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado.

b) Presentar proyectos de ley al Congreso de los Diputados o, en su caso, al Senado.

6. Las delegaciones legislativas otorgadas por las Cortes Generales quedarán en suspenso durante todo el tiempo que el Gobierno esté en funciones como consecuencia de la celebración de elecciones generales.

Ayer todo el mundo, con razón, se reía de este disparatado tuit:

Los tuits de Ciudadanos no tienen, en su estructura profunda, nada que envidiar al tuit de Teresa Rodríguez: hacer responsable a alguien que cumple la ley, de cumplirla. Puestos, prefiero el de Teresa Rodríguez: es tan estúpido que la evidencia de su mendacidad está al alcance de cualquiera. Además, es uno, y en defensa de un colega. Los de Ciudadanos forman parte de una campaña, pensada por alguien, diseñada por alguien y aprobada por sus máximos dirigentes.

Lo de Ciudadanos es mentira en serie. Basura en serie.

 

 

Esperando a Sánchez

 

Esta mañana he escuchado la entrevista de Carlos Alsina a Mariano Rajoy. Les recomiendo que lo hagan. No hay, en ella, más que enormes cantidades de sentido común. No hablo de la opinión que yo tenga de Rajoy o de su partido. Lo he dicho muchas veces: Rajoy debió dimitir como presidente del Gobierno y yo hubiera preferido que no fuera candidato. Sin embargo, nada de esto tiene que ver con las gigantescas obviedades que enumera. Solo algunas (en mis palabras):

1.- Que el PP ganó las elecciones.

2.- Que solo hay dos maneras de formar Gobierno: o uno de gran coalición o uno con el PSOE y Podemos (con el concurso o pasividad de otros).

3.- Que el declinó la posibilidad de presentarse a la investidura porque tenía más votos en contra que a favor. Y esto era indiscutible.

4.- Que la investidura es para intentar que un presidente sea elegido y no para hacer estúpidas metáforas “horológicas”. Y que, de no haber candidato posible, las cortes podrían haber hecho una declaración en ese sentido (ya que el vacío constitucional no puede implicar que el gobierno permanezca en funciones por los siglos de los siglos).

5.- Que la candidatura de Sánchez fue una pantomima.

6.- Que el concurso de Ciudadanos en un pacto puede ser aconsejable, pero que nunca es decisivo. Por tanto, reunirse con Rivera no sirve para desbloquear ningún acuerdo, si el PSOE mantiene su actitud intransigente.

7.- Que el PSOE desde el día mismo de las elecciones mantiene que no va a pactar ni con el PP ni con Rajoy. Por tanto, mientras el PSOE no cambie de opinión, es imposible formar un gobierno de gran coalición.

8.- Que después de la reunión anunciada de Iglesias y Sánchez, y a la vista de su resultado, volverá a hablar con Sánchez, para examinar si él mismo y su partido mantienen o no su posición.

Todo esto es indiscutible. Vean que el entrevistador intenta (hábilmente) introducir la cuestión de la supuesta pasividad de Rajoy, pero que ese intento no resulta fructífero porque esa pasividad es resultado de las manifestaciones repetidas e inequívocas del PSOE. Por eso resulta tan gracioso el propio planteamiento: Rajoy sería responsable de no haber intentado que el PSOE cambie de opinión sobre su negativa incluso a sentarse con Rajoy para explorar un posible acuerdo de gran coalición. Es decir, Rajoy es responsable de las decisiones soberanas de otros que se suponen responsables y mayores de edad. Es tan disparatado que solo se explica o por simple vacío informativo y cansancio, o porque se ha impuesto la idea de que Sánchez (con sus 90 diputados) ha de gobernar a toda costa, incluso contando con los votos de montones de españoles que no le han votado y a los que el propio Sánchez y su partido desprecian.

Tan acojonantemente llena de sentido común está la entrevista que solo he visto dos reacciones: las de los que se regodean en asuntos tan trascendentales como que Rajoy no recuerde el nombre de un libro que acaba de leer o que equivoque el nombre de pila de Andrea Levy y esta. El artículo que les enlazo, de Rubén Amón, es fastuoso. Vean por qué:

Un camino en el campo. Un árbol. De tarde. He aquí las únicas instrucciones escénicas que Samuel Beckett dispuso para el estreno de Esperando a Godot y que podrían ubicar a Mariano Rajoy en su inmovilismo, pasividad y ensimismamiento.

Mariano Rajoy espera, igual que hacen Vladimir, Pozzo y Estragón en la tragicomedia existencial de Beckett. Espera que los hechos se manifiesten por sí solos [Amón confunde hechos con actos: la voluntad del PSOE de no sentarse a hablar con el PP no es un hecho, es un acto voluntario. Además olvida que sentarse a esperar hechos es, a veces, la mejor manera de demostrar si uno tiene o no razón en sus planteamientos. Naturalmente, Amón, silencia las razones de Rajoy, tan poderosas que solo las menciona por el qué dirán, como veremos]. Espera que se desfiguren sus rivales [Exactamente lo mismo que hacen todos los políticos desde que el mundo es mundo, con éxito y sin él] Espera que se vayan sofocando las hormonas de la nueva guardia pepera [Esto es gracioso. Hay bastantes más hormonas exhibidas —léase disensión— en los otros partidos] Espera que se amortigüen los escándalos de corrupción [¡Pues claro!]. Y adopta como dogma propio, terapéutico, sistemático. la doctrina budista de la creatividad pasiva. No hacer como manera de hacer. Y emular el desenlace de Godot, cuyos protagonistas deciden moverse in extremis a condición de no hacerlo [Vamos, que Rajoy no le hace caso al autor del artículo y eso le jode].

No se ha movido en 100 días [Excelente noticia para su partido. Con el paso del tiempo y cuando se termina el ruido de los juegos florales de los demás, va estableciendo la idea de que él ha sido más serio que el resto]. No va a moverse en los 100 siguientes [Falso con los datos de que disponemos. No se moverá salvo que los demás se muevan: desde el primer día afirmó que estaba dispuesto a negociar con el PSOE].

Es la conclusión que se desprende [este “se desprende” es gracioso. Para mí, por ejemplo, no se ha desprendido eso] de la entrevista que concedió a Carlos Alsina este martes. Un acto preliminar de campaña cuyo titular tiene un valor informativo y conceptual en el marianismo: “Vamos a esperar” [Es muy divertido que se acuse a Rajoy de “actos de campaña”, cuando toda la pantomima de la investidura de Sánchez ha sido un gigantesco acto de campaña, lleno de estruendosos ejemplos de propaganda, como la firma “solemne” de un “pacto de gobierno” que no servía para formar gobierno]. Porque no ha llamado a Pedro Sánchez [Recuérdese, Sánchez y su partido siguen afirmando que nunca formarán gobierno con el PP y Sánchez se va a reunir, de nuevo, con Pablo Iglesias. Sin embargo, el culpable de esto es Rajoy, porque no llama a Sánchez y no Sánchez, por no llamar a Rajoy]. Ni ha llamado a Albert Rivera [Recuérdese, el PP más Ciudadanos no suma una mayoría; pero esto parece dar igual: Rajoy tiene que hacer teatro con Rivera y ¿para qué? ahora lo veremos]. Ni los va a llamar de momento (¿?), aferrado como está en su papel de candidato autoproclamado del PP a los comicios del 26-J [Esto es genial: candidato autoproclamado. Hombre, no parece que vaya muy descaminado].

Es la razón por la que ha eludido cualquier actitud de persuasión [“actitud de persuación”. Maravilloso. Por lo visto Rajoy tiene que desplegar “actitudes de persuasión”. En todo esto hay un risible intento de repartir culpas, en las que la actitud sectaria del PSOE siempre se va de rositas]. Rajoy no quiere intervenir en el rechazo del PSOE ni aspira a cuestionarlo [no me digan que esto no es acojonante]. Se resiste a abrir cualquier expectativa de negociación [“Se resiste”, el muy cabrón, a pesar de que los otros le hayan dicho que es un puto apestado. Y va y se resiste]. Es verdad que se recrea en el prosaísmo y en la pedagogía de un Gobierno de unidad nacional y que se jacta de mencionar las costumbres europeas al respecto [aquí tienen ustedes el “qué dirán” que mencionaba antes: “se recrea” —¡se recrea!— en un montón de argumentos repletos de sentido común], pero se abstiene de fomentarlo [Analicen la estructura profunda: Rajoy no cree en el acuerdo y no lo fomenta porque los demás no quieren ni sentarse a hablar con él y él va y actúa conforme a los actos de los demás]. Se aferra a la línea roja del PSOE —“no a Rajoy, no al PP”— como si fuera la defensa propia [Esto ya es de marcha triunfal: la “línea roja” del PSOE es la defensa a la que se “aferra” Rajoy. La defensa de Rajoy es aquello que —de entrada y sin más prolegómenos— impide que se forme un gobierno en el que Rajoy fuera presidente. Qué tío, Rajoy. Ha conseguido —pasivamente, eso sí— que el PSOE no pacte con el PP para tener una defensa a la que aferrarse. Me recuerda a esos que decían que los del PP del País Vasco añoran a ETA porque el hecho de que los asesinasen de un tiro en la nuca les venía de puta madre]. Incluso demora y demora un encuentro con Rivera, acaso porque la expectativa de un gran pacto requeriría el sacrificio de sí mismo [Ya les decía que Rajoy tiene, en esta enloquecida visión de la realidad, que hacer teatro con Rivera para algo: ¡claro, para que Rajoy cometa seppuku! Como ven, todo este montón de borborigmos solo tiene una finalidad: Rajoy tiene que irse pese a que más de siete millones de españoles lo han votado]. Y sería un caso de ingratitud. Rajoy no cree merecerse el ostracismo después de habernos salvado y redimido. [Ya, Rubén, ya sabemos que Rajoy no te mola, pero te olvidas del hecho de que ha ganado las elecciones y de que más de siete millones de españoles han votado a su partido].

Quiere despecharse el 26-J [Esto es sensacional: Rajoy como Fu Manchú mueve los hilos sin mover un músculo para despecharse en unas nuevas elecciones]. Y ha conseguido la sumisión de su partido, incluso prolongado la autocracia hasta los últimos estertores [Aquí el articulista directamente insulta a los afiliados y dirigentes del PP por no pensar como él]. Rajoy es el sucesor de Rajoy. Rajoy antepone su conveniencia particular al interés del PP y a las responsabilidades del estadista [Naturalmente, el interés del PP es el que decide el articulista, que para eso los del PP son unos gilipollas dominados por el autócrata Mariano. Lo del estadista es otra forma de chantaje moral: si Rajoy no se pira, ya no es un estadista. Tampoco creo, no obstante, que pase nada: no parece que ninguno de los que mandan en los otros partidos sea tampoco un estadista]. Es una temeridad prolongar el Gobierno en funciones hasta septiembre [Sin duda. Sánchez tiene una solución para esto: negociar un gobierno de gran coalición], como es pintoresco abstraerse de la propia decadencia [bla bla bla], pero la naturaleza política de Rajoy consiste precisamente en arañar semanas y semanas al calendario en actitud contemplativa [eso; en vez de desarrollar “actitudes de persuasión”. Esto no es un análisis, es un chiste] Un camino en el campo. Un árbol. De tarde. Ya lo dice Estragón: “Mientras se espera, nada ocurre” [Estragón es el que está tentado de marcharse y no esperar a Godot. Yo le recuerdo a Amón, en este juego absurdo, lo que dice Vladimir: cuando Estragón quiere marcharse aquél insiste en seguir esperando a Godot, porque si Godot viene y no están, los castigará, pero si están, ah, si están, estarán salvados].

 

Matteotti

 

El once junio de 1924 murió el diputado socialista Giacomo Matteotti. Tenía 39 años. Había sido elegido por tercera vez.

Mussolini, tras la marcha sobre Roma, había formado gobierno, con la indecente complicidad de Victor Manuel III. La reforma de la ley electoral y las fraudulentas elecciones (Potevo fare di questa Aula sorda e grigia un bivacco di manipoli) convirtieron la cámara de diputados en un redil lleno de fascistas.

Matteoti pronunció dos discursos en los que denunció fogosamente el incumplimiento de la ley y el fraude. El último de ellos, de 30 de mayo de 1924, fue aplaudido con rabia por sus compañeros socialistas. Matteotti, al sentarse, dijo: Io, il mio discorso l’ho fatto. Ora voi preparate il discorso funebre per me.

La historia si se repite, se repite como farsa. En este caso, al menos, porque el precedente es inseguro y todo supura mala literatura. Se cuenta que Enrique II, conde de Anjou, conde de Maine, duque de Normandía, duque de Aquitania, conde de Nantes, señor de Irlanda y rey de Inglaterra, harto de su antiguo amigo, Tomás Becket, susurró esa pregunta: Who will rid me of this troublesome priest?

Dicen que Benito Mussolini, ese payaso aupado en los hombros de tantos intelectuales ahítos de sueños húmedos sobre el poder y la acción, le dijo a su perro: Cosa fa questa Ceka? Cosa fa Dumini? Quell’uomo dopo quel discorso non dovrebbe più circolare…

El 10 de junio, Matteotti fue secuestrado y asesinado. Su cadáver fue descubierto casi dos meses después.