El malo, el bueno y el tonto

EL MALO

El malo se llama plasmodium: es un protista que vive en el mosquito anopheles, pero que, de cuando en cuando, se da un tour por los seres humanos provocando la malaria. Les encantan los fetos humanos, debido a la ausencia de un sistema inmunitario desarrollado.

Aquí tenemos una estupenda fotografía del resultado de un viaje de nuestro maligno protagonista por el torrente sanguíneo. Se come literalmente las proteínas de la hemoglobina hasta que los glóbulos rojos explotan. El enfermo de malaria padece en ese momento episodios de fiebre terribles. Si se trata de un niño, lo normal es que muera.

Este asesino de niños está extendido prácticamente por todos los continentes. Sin embargo, un mapa nos aclara más cosas.

 

EL BUENO

El bueno es el diclorodifenil-tricloroetano, también conocido por su nick DDT. Se lo debemos a un estudiante, Othmar Zeidler, que en 1874 mezcló un somnífero, “Las gotas fulminantes” o “Mickey Finns”, con clorobenceno en ácido sulfúrico. Tuvieron que pasar cincuenta años hasta que los suizos de la Geigy, en 1939, se dieran cuenta de que mataba a los insectos. Churchill lo llamó polvo excelente cuando se empezó a utilizar en las selvas birmanas por el ejército. Esta molécula abre un canal en las membranas celulares que permite a los átomos de sodio circular libremente. Las células nerviosas se disparan continuamente y el insecto muere exhausto.

Entre sus víctimas las pulgas de la peste, los piojos del tifus y el mosquito anopheles.

Durante treinta años se fabricaron más de tres millones de toneladas.

EL TONTO

El tonto es el ser humano.

En 1948 se empezó a usar DDT en Ceilán. Había 2.500.000 casos de malaria en la isla en aquel momento. En 1962 sólo hubo 31 casos.

Sin embargo, 1962 es también la fecha de publicación de La primavera silenciosa. Su autora, Rachel Carson, en esta obra, biblia del ecologismo, llamaba al DDT elixir de la muerte.

Tamaña acusación se basaba en que la afirmación de que el DDT mataba la vida salvaje, causaba cáncer en los seres humanos y se acumulaba, al no ser biodegradable. Los químicos analíticos comprobaron que el DDT estaba por todas partes, en el suelo, en el agua, en la comida, en los tejidos humanos.

Empezó una batalla que ganó el miedo. Se dejó de usar en Ceilán en 1964. En 1969 se produjeron 2.500.000 casos de malaria, de nuevo.

Pero ¿es cierto que el DDT era tan malo? Para empezar, la afirmación de que causaba cáncer nunca fue probada. Más aún, la OMS considera como nivel seguro máximo el de 225 mg/año. En el momento de mayor uso del DDT, la exposición máxima era de unos 25 mg/año. Está probado, además, que se pueden beber de golpe 4.000 mg. sin consecuencias nocivas.

Además, el estudio en que se basaba la afirmación de la persistencia del DDT en el suelo estaba mal diseñado. Se aplicaba a una parcela una cantidad diez veces superior a la normal de DDT. Luego se dejaba seca y a oscuras. En esas condiciones el DDT no se degradaba. Sin embargo, en un suelo normal, los microorganismos digieren el DDT y sus efectos duran apenas dos semanas (lo desactivan eliminando un átomo de cloro). En el agua salada ocurre igual. En un mes desaparece el 90 % del DDT.

La única razón para dejar de utilizarlo era la aparición de insectos que habían desarrollado la capacidad de producir una enzima que lo hacía inocuo (hoy hay alrededor de 500 especies resistentes). Sin embargo, debería haberse seguido utilizando hasta que se hubiese probado su ineficacia. Quizás antes hubiera terminado con el malo de nuestra película.

Somos extraños los seres humanos. Llamamos elixir de la muerte a la sustancia química que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Es verdad que los que disfrutaron de una década bendita viendo crecer a sus hijos sin fiebres eran negros, negros de África y de Asia . Y que la causa de la guerra contra el DDT era ecológicamente justa. ¿Qué pesa más en la balanza, la posible muerte de los pájaros de nuestros bosques y el posible cáncer de los longevos hombres blancos y las longevas mujeres blancas de nuestras opulentas sociedades, o la muerte cierta de millones de hombres, mujeres y niños de piel oscura?

Si tiene duda, consulte el dinero gastado para encontrar una cura para el alzheimer y el que se ha gastado para encontrar una vacuna contra la malaria.

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Un comentario en “El malo, el bueno y el tonto

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