¡No ha llegado la hora de morir, sino la de matar!

 

Vi Blade Runner de estreno. Era un viernes, por la tarde. Mi hermano pequeño me había pedido que le acompañara al cine. La decisión de ir vino primero. Qué película era lo de menos. A él le gustaban (y le gustan), las películas de ciencia ficción, y además actuaba Harrison Ford, el tipo de La Guerra de las Galaxias, así que insistió en verla. Y le dije que sí. Yo tenía diecisiete o dieciocho años, y él cuatro menos.

Recuerdo muy bien el día. Fuimos a un cine que estaba en la calle de la Princesa, cerca de la plaza de España. Un cine algo cutre. Se estrenaba ese día, pero no había cola. No había sonado mucho, la verdad, y el cine estaba medio vacío.

Fue extraño. Una de esos días afortunados, en los que buscas todo lo más divertirte y se te presenta una oportunidad inesperada. Salí del cine, ya de noche, preguntándome cómo era posible que hubiese generado tan poco ruido. Me pareció extraordinaria, profunda, llena de belleza y patetismo. Mi hermano, viendo mi expresión, me repetía algo como “a que he acertado eligiendo esta película”. Hoy sigue venerando Blade Runner. Fue él quien, años más tarde, me regaló la novela de Philip K. Dick en la que se inspira y que en la edición se titulaba como la película (con un fotograma en la portada) y no ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que es su título original.

Pocos días después se lo conté a mi mejor amigo. Le hablé de mi hallazgo. Ya entonces era un apasionado de todo lo relacionado con el cine. Hoy sus conocimientos en la materia son enciclopédicos y tiene una colección de versiones de Blade Runner que incluyen la original, la del director, la extendida, la que tiene las escenas suprimidas, la especial para coleccionistas … Fue uno de los que encargaron no sé qué versión de lujo que se agotó por internet y no llegó a las tiendas.

En fin, reconozco que me molestó descubrir que (no sé si lenta o rápidamente) “mi hallazgo” se convertía en película de culto y todo el mundo hablaba y “reflexionaba” sobre ella, ¡como si la hubiesen visto de estreno en un cine semivacío!

Aunque, la verdad es que, cada vez que la veía de nuevo (incluso con los retoques, la desaparición de la horripilante escena final, de la voz en off, el sueño del unicornio) me parecía menos extraordinaria, más tramposilla. Quizás por eso hacía mucho tiempo que no la frecuentaba. Pero hace poco decidí volver a verla, con mis hijas.

Quizás no debía haberlo hecho. Sí, todavía están ahí algunos momentos brillantes (Nothing the god of biomechanics wouldn’t let you in heaven for), pero se perderán como lágrimas en la lluvia.

Recargada y falsamente profunda, llena de trucos para guiar al espectador, por momentos resulta incluso risible. Especialmente en la escena final, en la que Roy pretende rememorar a un lobo persiguiendo a su presa. Harrison Ford demuestra su capacidad para poner cara de imbécil permanentemente y solo está brillante en la famosa escena de la muerte del replicante. La obsesión del director por crear personajes únicos termina convirtiendo la película en una galería de monstruos que, además, reflejan los clichés del cine de detectives, pero sin profundidad. El jefe torpe y racista, el compañero lacónico y cínico, el millonario interesante y decadente, el científico infantil, la chica fría por fuera y ardiente por dentro, y el antihéroe, romántico y atormentado. Y los replicantes resultarían planos, si no fuera por algún detalle desperdigado (la gran interpretación de Brion James, por ejemplo) y, sobre todo, por la escena de Roy con su creador, la escena capital de toda la película.

Incluso el alabadísimo “ambiente” de la película rezuma polvo. Es patente el esfuerzo del director por mojar todo y llenarlo todo de humo, tanto que esperas que de repente aparezca Michael Jackson tocándose el paquete.

En fin, quizás me hago viejo.

 

3 comentarios en “¡No ha llegado la hora de morir, sino la de matar!

  1. Es que Blade Runner hay que verla con la voz de Constantino Romero, si no, es, efectivamente, como usted dice.
    Por lo demás, la infatería pelea, la flota se pasea.

  2. Hace poco volví a verla, aunque, después de su entrada, si soy sincero, no sé cuál versión de todas ellas es la que vi. Y lo hice tras leer la novela. Craso error, por supuesto, pero ésta es una piedra en la que quiero tropezar siempre: disfrutar de las páginas del libro y maldecir delante de la pantalla. A mí (ahora, en el 2016) la película me parece plana, aburrida, lenta, facilona, no así la novela, que es brillante, interesante, multiplanar y mucho más profunda que la película. De ésta, si exceptuamos (como Vd. dice) el encuentro de Roy con su creador y la banda sonora, es una pérdida de tiempo, un auténtico bodrio.

    Hace tiempo, sin embargo, era distinto, la película ‘molaba’, aunque no recuerdo el porqué.

  3. A mi me parece, igual ahora que cuando la vi algun tiempo despues de su estreno, una pelicula aceptable, sin más. En cambio, de lo que sí sigo disfrutando es de la musica de Vangelis.

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