Que vienen los rojos

 

Por lo que parece, el pacto entre Podemos e IU es cosa hecha. Las votaciones entre militantes de los dos partidos son favorables. Es un pacto algo raruno, ya que los que lo firman dicen que van a concurrir a las elecciones con los mismos programas con los que se presentaron en diciembre de 2015, pactando 50 “pasos” que denominan “documento programático común” en los que se obvian aquellas partes de los programas respectivos que son diferentes. Bueno, esto lo deduzco, pero no creo que me equivoque: si no existieran esas diferencias no firmarían ese documento.

Vamos, que la gente que vote a la coalición electoral sabrá a qué vota en algunas cuestiones, pero no en otras, ya que los votos van todos al mismo saco. No crean que esto me parece muy grave. Por un lado, unos y otros saben que, tras las elecciones —y siempre que den los números— habrá que pactar un nuevo documento, seguramente con el PSOE, que se llamará las “101 vías de progreso espiritual para el cambio sostenible por la gente”, o algo por el estilo y que este documento lo podrán usar todo lo más como borrador (es decir, que podrán escribir en la parte de atrás de los folios); por otra parte, programa ¿qué eres tú? Podemos lleva una ristra de programas de la leche en su corta vida, y ha cambiado en tantas cosas que se ha convertido en el paradigma del be water, my friend. De Izquierda Unida no puedo decir tanto: les he seguido lo justo y aunque les he leído algún programa electoral, algún mecanismo de supervivencia ha conseguido que lo olvide casi a la misma velocidad que lo leía. Además, no voy a reprochar a nuestros populistas-comunistas sus añagazas, cuando los programas del PP y el PSOE suelen tener menos rigor intelectual que la letra de una canción de Alex Ubago (la verdad es que no sé cómo son las letras de Alex Ubago, pero quería vengarme de él, porque hay una canción suya en la que tuvo los huevos de fusilar unos acordes de Schubert).

El caso es que me parece estupendo que vayan en coalición. Los beneficios son varios. En primer lugar, porque los españoles que por separado votaron a unos y otros podrán beneficiarse de los efectos electorales de la suma, si deciden repetir. En segundo lugar, porque ya no podrán llorar más hablando de los perversos efectos de la ley electoral. En tercer lugar, porque es tranquilizador que los líderes de los partidos políticos se comporten racionalmente (aunque sea por motivos interesados) y no como lunáticos. En cuarto lugar, porque minimiza la peligrosa deriva populista de Podemos, al demostrar que son lo que son, partidos de extrema izquierda. Eso del arriba-abajo expelía un tufo antisistema y fascistoide de consideración. Ahora el tufo será el de siempre, y ya ven, la tradición es la tradición. Sí, yo creo que los signos deberían haber sido evidentes y por eso me resulta incomprensible que tantos españoles les hayan votado, pero ahora el asunto es aún más claro. Va a resultar difícil que un votante de Podemos+IU diga que no sabía qué votaba y que le engañaron y creía que estaba votando al pueblo en movimiento o a la gente sin intermediarios. Ya sé que los dirigentes de los dos partidos seguirán jugando a eso, pero el que se lo trague y no sepa que está votando a comunistas recauchutados será, como mínimo, responsable in eligendo. Y si son muchos, habrá que decir que España es así.

Verán que no digo nada de las consecuencias en otros votantes o partidos. Realmente nadie debería plantearse cambiar su voto por esta coalición y los problemas que algunos partidos tengan como consecuencia de nuestro régimen electoral demuestran que siempre fue mentira el rollete ese de que se había pensado para favorecer el bipartidismo. Se pensó para favorecer la estabilidad y premiar a los partidos mayoritarios. Que ahora pueda serlo Podemos+IU no es, desde luego, consecuencia del sistema electoral, sino de los errores de los partidos tradicionales.

En cualquier caso, puede que haya gente que termine votando al PP, por miedo al “frente popular”, pero este riesgo ya existía en diciembre, y esto solo demostraría que eran votos “prestados” a otros que vuelven a casa. También puede que haya gente que crea que la mejor manera de evitar esta deriva es votar a Ciudadanos, un partido que ha demostrado que puede pactar con el PSOE, evitando un programa más radical a la izquierda. En cuanto a los votantes del PSOE, no parece que les dé asco una coalición con Podemos+IU, por lo que no veo por qué razón ese votante castigaría a su partido votando a los recién casados, y el PSOE puede intentar recuperar votantes “moderados”, que se consideran de izquierdas, pero que no quieren que les gobiernen los antisistema.

Lo que importa es que hay menos caretas. Seremos los españoles los que decidamos en qué jardines queremos meternos.

 

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